AP4419-2015(41248)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP4419-2015  

Radicación N°41248  

(Aprobado   Acta  No.271)   

Bogotá  D.C., cinco (5) de agosto de dos mil  quince (2015).   

Se pronuncia la Sala sobre la admisión de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor  de  ROSA INÉS GALINDO RUBIANO  contra  la sentencia dictada por el Tribunal Superior  de  Buga  el  18    de    febrero   de   2013, mediante  la      cual     confirmó     la     proferida  por  el  Juzgado Primero Penal  Municipal  con  Funciones de Conocimiento de Palmira el 19 de noviembre de 2012,  que  condenó a               la          procesada    por  el  delito de extorsión agravada en el grado de tentativa.   

Hechos  

El  29  de  junio  de  2011,  en    las    primeras    horas    de   la   mañana,   CARLOS   DANIEL   RAMÍREZ   VILLEGAS   se  presentó  a  las  instalaciones  de  la  Policía  de  Palmira  (Valle)  para  informar  que desde el día 25 de ese mes venía siendo víctima de una serie de  llamadas  telefónicas  de carácter extorsivo, en las  que     le    exigían  pagar  la suma de cinco millones de pesos a cambio de  su  tranquilidad y la de su familia, y que en vista de  la   gravedad   de   las   amenazas  había  acordado  pagar  la  suma  de  tres  millones.    

El  GAULA de la Policía Nacional coordinó  con   la   víctima   el  procedimiento  que  debía  seguir frente a las nuevas  llamadas  extorsivas  que se presentaran en las horas  siguientes,  y lo asesoró  para            que            concertara una  cita    con    los    extorsionistas   en  un  lugar  público  con  el  fin de  hacer   la  entrega   del  dinero,    lo    cual   se   logró,   acordándose     para    tal    fin    el    parque    principal                  de                  Palmira.     

Con   dicho  propósito  se  simuló  un  paquete  con dinero y se  dispuso  un  operativo por  parte   del   GAULA,  obteniéndose   la  captura  de  ROSA  INÉS  GALINDO RUBIANO, quien descendió   de  una  motocicleta  que  conducía  un  sujeto   no   identificado,     se     dirigió    directamente  a  CARLOS  DANIEL  RAMÍREZ  VILLEGAS,  le  pidió   el   encargo   y  se  regresó en  busca    al    parecer    del    sujeto   que   la  acompañaba,  pero  como  la  motocicleta  había  abandonado      el      lugar,      decidió   tomar   un   taxi,   siendo  capturada   en   esos  momentos.   

Actuación procesal relevante  

1. La fiscalía  imputó  cargos  a  ROSA  INÉS  GALINDO  RUBIANO  por  el  delito de extorsión  agravada,  en  grado  de  tentativa,  conforme  a  lo  previsto  en los artículos 244 y 245.3 del Código  Penal  (modificados  por los artículos 5° y 6° de  la  Ley  733  de 2002), con los incrementos punitivos  establecidos   en   el  artículo  14  de  la  Ley  890  de  2004,  y    el    25   de   noviembre   de   2011   la   acusó  formalmente  en  audiencia  por el  referido    delito.   

2. El juicio se  rituó    en    el    Juzgado   Primero  Penal  Municipal  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Palmira,  que    mediante    sentencia    de    fecha    19    de    noviembre    de  2012,    consecuente  con    el    sentido   del   fallo,   condenó  a  ROSA  INÉS GALINDO RUBIANO a la pena principal de 96  meses  de  prisión  y multa de 2000 s.m.l.m.v., y la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  término  de  la pena privativa de la  libertad,  como  autora  responsable del delito de extorsión agravada, en grado  de tentativa.   

3. Apelado este  fallo   por   la  defensa  para  pedir  su       revocatoria,   por   considerar   que   la  prueba  aducida   en  su  contra  no  lograba  desvirtuar     la     presunción     de     inocencia,    el    Tribunal    Superior  de  Buga,  mediante el suyo de 18 de febrero de 2013, que  ahora  el  mismo sujeto procesal recurre en casación, lo confirmó en todas sus  partes.   

La demanda  

Contiene dos cargos por violación directa  de  la  ley  sustancial,  con  fundamento  en  la  causal prevista en el numeral  primero  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004. El primero como  principal  y  el  segundo  en  el  carácter de subsidiario.   

Cargo principal  

Sostiene  que  la sentencia viola en forma  directa  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo  29 del  Código Penal, que define  al autor de la conducta punible.   

Reproduce   in extenso las consideraciones  del  tribunal  donde  analiza  la  prueba  que  compromete a la procesada en los  hechos,  para destacar que, de acuerdo con ella, el ad quem es claro en precisar  que ROSA INÉS actuó en condición de AUTOR.   

Afirma que esta  conclusión  viola  en forma directa la ley sustancial, por aplicación indebida  del  artículo 29, puesto que le imputa la condición de AUTOR, “edificando su  accionar  en  medio  de una presunta coautoría, incluso con la intervención de  otros  terceros,  como  menciona  (sic) a   PABLO   ANDRÉS   JIMÉNEZ,   pero  soslayando  la  exigibilidad  judicial, de edificar el por qué sería autora, o  en  el  caso  particular, coautora de una conducta en la que la prueba determina  la     intervención    de    una    pluralidad    de    sujetos”.    

Y  más  grave  aún,  soslaya  también que en el caso de marras la  prueba  demuestra  que  ROSA INÉS fue un INSTRUMENTO, “al que utilizaron para  los  protervos  propósitos  de un hombre de atrás, que la fiscalía finalmente  admite,  pero  evitó  ventilar a profundidad, para hacer más fácil su trabajo  incriminatorio,  avalado  por  la  inercia judicial del juez a quo, y fatalmente  patrocinado   por   el   juez   ad   quem,   vulnerando  directamente  la  norma  sustancial”.   

En   la  parte  resolutiva  se  condena  a  ROSA  INÉS  como  AUTOR,  “cuando  en  toda  la  actuación  la  trata como coautora, que en asocio de otros edificó la conducta  delictiva.  En  conclusión,  podríamos  preguntarnos  el  tribunal consideró:  ¿ROSA  INÉS  GALINDO  RUBIANO  es coautora, al obrar de consuno con los otros,  pero  se  condena como mera autora, soslayando su estado de instrumentalización  que arrojó la prueba?”.   

El  tribunal  incurrió  de  esta forma en  violación  directa  de la ley sustancial,  por  indebida  aplicación  del artículo 29 inciso segundo del  Código  Penal, puesto que efectuó una falsa adecuación de los hechos probados  a  los supuestos que contempla la disposición.    

Esta violación es trascendental, “en la  medida  que  nadie  que no haya sido realmente autor de una conducta, podrá ser  condenado  como  tal,  pues  así  se  vulnera  el  principio  de legalidad y en  consecuencia  las garantías fundamentales del procesado, lo que da pie a romper  la sentencia aquí demandada”.   

Agrega que a la procesada se la  trata  como  una  más  de un grupo  plural  de  personas  que  materializaron  la  conducta  punible,  es decir como  coautora,  lo cual colocaba en cabeza de la fiscalía la carga de establecer que  en  realidad  fue  coautora,  y  que  en  ella  concurrían todas las exigencias  doctrinales  para serlo, así se le denomine autora.   

Cita  doctrina  y  jurisprudencia sobre el  concepto   de   autor   y   los   elementos   de   la  coautoría  frente  a  la  legislación  interna, e insiste en que el tribunal,  al  estudiar la situación fáctica y procesal, afirmó que ROSA INÉS actuó de  consuno  con  otros,  y la trata como coautora, pero sin ocuparse de analizar la  situación  material objetiva, ni las subjetivas, que le permitieran deducir que  tuvo  acuerdo común, o que participó o intervino en la división de trabajo, y  que su aporte fue esencial.   

Sumado  a  este  vacío  argumentativo del  Tribunal  sobre  la  condición de autora de ROSA INÉS, es evidente la falta de  demostración    de   las   exigencias   normativas  de        la  coautoría,  de  sus  elementos,  pues se la condena  como   autora   a   partir   de  considerar  “que  su  estado  de  captura  en  flagrancia  determina la  materialidad  de la acción delictiva, nada más conclusivo de lo que en derecho  penal  hemos llamado de vieja data la responsabilidad objetiva, ya proscrita por  el legislador”.    

Sostiene que la evidencia lo que demuestra  es  que  ROSA  INES,  sin  tener  conocimiento  del  hecho  delictivo,  recibió  instrumentalizada   el   paquete,   y   que   luego   esperó  por  un       tiempo      aproximado  de  10  o 15 minutos a que  PABLO    ANDRÉS   JIMÉNEZ,   con   quien   había  llegado,  la  recogiera,  hechos  que  por  sí solos no edifican un estado de  flagrancia que devengue responsabilidad penal.   

Lo demostrado, por tanto, es que ROSA INÉS  fue  un  instrumento,  utilizado por un “hombre de atrás”, quien de consuno  con  PABLO  ANDRÉS  JIMÉNEZ  hicieron  uso  de ella y del afán que vivía ese  fatídico  día,  en  el que resultó involucrada en un acontecer cuyo carácter  delictivo  desconocía, lo cual fue soslayado por los  fallos.   

La  prueba  existente  en  la  foliatura,  muestra  la  naturalidad con que actuó la procesada en el lugar de los hechos y  la  existencia  de  inferencias  que indican que fue instrumentalizada, y que al  recibir  el  paquete  desconocía  su  contenido  delictivo, lo cual descarta su  condición de autora inmediata.    

Remata   diciendo   que   el   cargo  es  trascendental  porque  los  juzgadores  no lograron desvirtuar la presunción de  inocencia  de  ROSA  INÉS,  y  pide  a la Sala, por  tanto,  casar la sentencia impugnada y absolverla de los cargos formulados en la  acusación,  “por  ser  violatoria  de manera directa de la ley sustancial por  aplicación  indebida  del artículo 29 de la Ley 599 de 2000, al determinar que  la  acusada  fue  autora,  y  tratada como coautora, cuando fuera utilizada como  instrumento en una conducta revestida de autoría mediata”.   

Cargo subsidiario  

Asegura  que  la  sentencia viola en forma  directa    la    ley    sustancial   por   indebida   aplicación   del   aumento   general  de  penas  previsto  en el artículo 14  de  la Ley 890 de 2004, de  cara  a  la  línea  jurisprudencial acogida en la sentencia de 27 de febrero de  2013 (radicado 33254).   

Reproduce   los   apartes   pertinentes   de   la   dosificación  punitiva  realizada por la  juez  de  instancia, para afirmar que de su contenido  se  establece  con  claridad que la sanción se tasó a partir del mínimo de 12  años,  al cual se aplicó el incremento del artículo 14 de la Ley 890 de 2004,  para un total de 192 meses.   

Agrega  que hoy día, sin embargo, de cara  al  criterio jurisprudencial sentado por esta Sala en sentencia de 27 de febrero  de  2013,  dicho incremento resulta inaplicable para  los          casos         tramitados  por  el sistema acusatorio  por  el  delito  de  extorsión,  por  desconocer la  garantía    fundamental    de    proporcionalidad de la pena.    

Cita  apartes del referido pronunciamiento  e  insiste en que los juzgadores, al aplicar al caso  el    referido   incremento,    violaron   de   manera   directa   la   ley  sustancial,  y  por esta  vía  el  principio de proporcionalidad, por resultar  el  mismo   “incompatible con la finalidad de  la  resolución  de  casos sometidos al sistema penal acusatorio”.     

Argumenta   que   la   violación   es  trascendental  porque afecta las garantías fundamentales de la procesada, y que  si  bien  es  cierto  el  error  de  los juzgadores antecedió al nuevo criterio  jurisprudencial  de  la  Corte,  de  todas  formas  se evidencia la  ausencia de producción judicial en los despachos que  conocieron  del  caso.   

Sustentado   en   estas  consideraciones  solicita    a    la    Sala    casar   parcialmente  la  sentencia  impugnada  por  ser  claramente violatoria de la ley    sustancial    y    redosificar   la  pena  eliminando  el  incremento  previsto  en  el  artículo  14 de la Ley 890 de 2004, con     el     fin     de     restablecer     el    principio    de  proporcionalidad.   

SE  CONSIDERA   

La  Sala inadmitirá la demanda de casación  que  se  estudia por no cumplir los requisitos mínimos de orden formal exigidos  para  su  estudio de fondo, ni satisfacer los presupuestos básicos de idoneidad  sustancial  necesarios  para  la  realización  de  los  fines  del recurso. Por  separado se analizarán las censuras propuestas.    

Cargo principal  

      

Reiterados  han sido los pronunciamientos de  esta  Sala  en  los  que  ha dicho que cuando se plantea en casación violación  directa  de  la  ley  sustancial,  no  le es permitido al demandante discutir la  declaración  que  los  juzgadores hicieron de los hechos, ni la valoración que  realizaron  de la prueba, porque esta forma de infracción exige aceptar que las  conclusiones  en  relación  con estos aspectos son correctas, y que el error se  presenta   en  la  selección  o  interpretación  de  las  normas  sustanciales  aplicables al caso.   

El  ámbito  de alegación en esta causal se  reduce   al   plano  puramente  jurídico,  pues  en  virtud  del  principio  de  intangibilidad  de  las  conclusiones  fácticas y probatorias de los fallos, el  demandante  debe  limitarse  a  demostrar,  o  que  los  juzgadores aplicaron  al   caso   una   norma   sustancial   que   no   corresponde  (aplicación    indebida),  o dejaron  de  aplicar  la  llamada  a  regularlo (falta   de   aplicación),     o     le    dieron  a  la  correctamente  seleccionada  un  sentido o alcance que no  tiene   o   no   causa  (interpretación  errónea).   

Si  el  cargo  se  construye  a  partir  del  desconocimiento  de  las  conclusiones fáctico probatorias de las sentencias, o  de  su  refutación,  o  de  una  verdad  distinta  de la declarada en ellos, la  violación  no será directa, sino indirecta, que se presenta cuando el juzgador  incurre  en  errores  de hecho o de derecho en la apreciación de la prueba, que  lo  llevan  a conclusiones equivocadas, y por causa de estos errores marra en la  selección  de  las  normas  sustanciales  que  deben  presidir la solución del  caso.    

En  esta  hipótesis,  los  requerimientos  demostrativos  varían  sustancialmente,  porque  será  carga  del casacionista  acreditar  que  las  conclusiones probatorias de los juzgadores de instancia son  incorrectas,   lo   cual   exige  indicar  con  precisión  la  clase  de  error  cometido1,  la  prueba o la construcción inferencial en la cual se presentó  el  error, los hechos que prueban su existencia, y las implicaciones que tuvo el  error en el sentido del fallo o en sus consecuencias jurídicas.   

En  el  caso  que  se analiza, la censura se  construye  sobre varias premisas, de contenido totalmente distinto, (i) que ROSA  INÉS  GALINDO  RUBIANO  fue condenada como AUTOR, no obstante que a lo largo de  las  sentencias  se  la considera COAUTORA, (i) que los juzgadores soslayaron la  obligación  de explicar por qué es coautora, y (ii) que también soslayaron la  prueba  que  indica  que  no  conocía el contenido del paquete, ni el carácter  delictivo   de   su   acción,  y  que  fue  utilizada  como  instrumento.    

Esta  variedad de cuestionamientos dentro de  una  misma  censura,  impide  determinar  su  verdadero alcance, pues no permite  establecer  con  precisión  si  lo  que  se  está planteando es una violación  directa  de  la ley sustancial, como se afirma categóricamente en el enunciado,  o  un defecto de motivación, como pareciera inferirse de la primera parte de su  desarrollo,  o  una  violación indirecta, como podría  desprenderse de la  última parte del escrito, o todas ellas a la vez.    

Al  margen  de esto, de suyo suficiente para  inadmitir  el  reproche,  las  afirmaciones  que lo sustentan, o no consultan la  realidad  procesal,  como  ocurre  con  los  ataques  por  falta de precisión y  defectos  de  motivación  en la determinación de la forma de participación, o  no  son demostradas conforme a la directrices que impone la lógica del recurso,  como  acontece  con  el reparo donde se plantea la tesis de la autoría mediata.   

Revisados  los  fallos  de  instancia  se  establece  que ROSA INÉS fue condenada en condición de AUTORA, no obstante que  en  la  parte  considerativa  de la sentencia de primer grado, que la de segunda  instancia  confirmó  en  todas sus partes, se analizó su conducta frente a los  requerimientos  de la teoría del dominio funcional del hecho, para concluir que  todos  sus  elementos concurrían, como quiera que la prueba recogida acreditaba  que  había  tomado  parte  en la ejecución de la conducta típica, que lo hizo  con  dominio  funcional,  y  que  su  aporte  fue  esencial,  análisis  que  se  identifica    con    los    elementos    estructurantes    de    la   coautoría  impropia.   

Pero  esta  disparidad  resulta  totalmente  insubstancial,   porque calificar de autor a un coautor no entraña ningún  contrasentido,  si  se  tiene en cuenta que la coautoría presupone concurrencia  de  autores,  y  que  todo  coautor  tiene  por  tanto la condición de autor. Y  resulta   también    intrascendente,  porque  esta  disconformidad  no  le  reportó  ningún  plus  punitivo  a  la  implicada, ni un sorprendimiento en la  imputación,  como  pareciera  sugerirlo el demandante, porque la juez de primer  grado  analizó  su  conducta  frente a los elementos de la coautoría impropia,  dando          de          esta          manera          oportunidad          de  contradicción.          

El  otro  ataque,  donde  se afirma que los  juzgadores  soslayaron  también  la  prueba que acreditaba que la implicada fue  utilizada  como  instrumento,  parte  de  desconocer  la verdad declarada en los  fallos,  en  los  que  se  concluyó  ROSA  INÉS  era consciente de su accionar  delictivo,  según  se  desprendía  de  las  circunstancias   que  habían  rodeado  su aprehensión en flagrancia y de las inconsistencias de su relato, al  igual  que  de  las  inconsistencias  del  relato suministrado por PABLO ANDRÉS  JIMÉNEZ ANGULO en el juicio.   

Siendo  este  el  fundamento  del cargo, el  casacionista    debió  seleccionar  como  vía  de  ataque  la  violación  indirecta,  por  las  razones atrás indicadas, y demostrar que las conclusiones  probatorias  de  los  fallos de instancia en este punto eran equivocadas, porque  respondían  a errores de hecho o de derecho trascendentes en la apreciación de  la  prueba,  pero  el  libelista  no asume esta carga demostrativa, y la Sala no  advierte  que  errores  de esa especie se hubiesen presentado.      

Cargo subsidiario  

La  Sala  ha  dicho  que  el nuevo criterio  jurisprudencial  acogido  en  la  sentencia  de  27  de  febrero de 2013, que el  casacionista  solicita  aplicar,  exige  el cumplimiento de dos condiciones, (i)  que  el  procesado  se  haya  allanado  a  cargos,  y  (ii) que no haya recibido  descuentos   ni   beneficios   por   este  motivo.2   

Estos presupuestos no se cumplen en el caso  en  estudio,  pues el proceso, como se dejó reseñado en el resumen que se hizo  de  la  actuación  adelantada,  no  concluyó  con  ocasión de las figuras del  allanamiento  unilateral  a  cargos, o de preacuerdos con la fiscalía, sino con  el agotamiento del juicio.   

Frente  a  esta  realidad  procesal,  la  pretensión  del  libelista  de  que  se  elimine el incremento general de penas  previsto  en el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, carece de fundamento, por no  cumplirse  los condicionamientos fáctico procesales requeridos para hacerlo, de  acuerdo  con  lo  consignado  en  la  sentencia  citada,  y porque el proceso se  tramitó  con  arreglo  al  modelo procesal implementado por la Ley 906 de 2004,  que impone su aplicación.      

Decisión  

Visto, entonces, que la demanda estudiada no  cumple  las  condiciones mínimas de orden formal ni sustancial exigidas para su  selección  a  estudio,  se  la  inadmitirá  a  trámite, en cumplimiento de lo  dispuesto  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, y se ordenará devolver el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no  advirtiendo  violaciones  a garantías  fundamentales   que   la   Sala   esté  en  el  deber  de  proteger  de  manera  oficiosa.    

Insistencia  

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia por parte del casacionista, de conformidad con lo establecido en  el  artículo  184  inciso segundo ejusdem, en la oportunidad, forma y términos  precisados  por  la  Corte en jurisprudencia reiterada (CSJ, SP, 12 de diciembre  de  2005,  radicado  24322; CSJ, SP, 28 de septiembre 2011, radicado 33181; CSJ,  SP, 17 de octubre 2012, radicado número 34946).   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  ROSA     INÉS     GALINDO     RUBIANO.    

Contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

                   FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Si  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia, falso juicio de identidad o falso  raciocinio;  o  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad o falso juicio de  convicción.   

2  CFR.  CSJ,  SP,  27  de febrero de 2013, radicado 33254. CSJ, SP, 19 de junio de  2013,  radicado  39719.  CSJ,  SP5197-2014, 30 de abril de 2014, radicado 41157.     

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