AP4314-2016(47394)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

Magistrado ponente  

AP4314 – 2016  

Radicación 47394  

(Aprobado  Acta No.  204   )   

Bogotá  D.C.,  seis  (6) de julio de dos mil  dieciséis (2016).   

VISTOS:  

Decide  la  Sala  el  recurso  de reposición  interpuesto  en  contra  de  la  providencia  del  2 de marzo del cursante año,  mediante  la  cual  la  Corte,  en  Sala  de Conjueces, inadmitió la demanda de  revisión  presentada  por  el  defensor  de  RAÚL  EMILIO  PEÑARANDA ALVARADO  respecto  de la sentencia de segunda instancia, a través de la cual el Tribunal  Superior  de  Bogotá  revocó  la  absolución  proferida por el Juzgado Quinto  Penal  del  Circuito  de la misma sede y, en su lugar, lo condenó por el delito  de peculado por apropiación agravado.   

  HECHOS:  

          En  el  proceso  objeto  de  revisión  se  dio  por  demostrada  la  siguiente situación fáctica:   

          El  14  de  noviembre  de  1997  y  ante la Inspección de Trabajo y  Seguridad  Social,  Regional  Cundinamarca,  el  abogado  Luis  Emilio  Alvarado  Estepa,  en  representación  de RAÚL EMILIO PEÑARANDA ALVARO, Hernando Rafael  Díaz  Mejía y otros, suscribió con la apoderada del Fondo de Pasivo Social de  la  Empresa  Puertos  de  Colombia, en liquidación, acta de conciliación en la  cual  acordaron  el  pago  de  $104.402.522,70  por  concepto  de indemnización  moratoria,     prestación    a    la    cual    no    tenían    derecho    los  reclamantes.   

          Dicho   pago,   en  efecto,  lo  realizó  el  director  general  de  Foncolpuertos  el 13 de abril de 1998, para lo cual expidió el día anterior la  resolución 0483.   

  ANTECEDENTES  RELEVANTES:   

          1.  Tramitado el juzgamiento con sujeción a los trámites de la Ley  600  de  2000,  el  29  de  febrero de 2012 el Juzgado Quince Penal del Circuito  absolvió  a  RAÚL  EMILIO  PEÑARANDA ALVARADO, Hernando Rafael Díaz Mejía y  Luis   Emilio   Alvarado   Estepa   respecto  del  delito  de  estafa  agravada.   

2.  Por  vía  de apelación, el Tribunal de  Bogotá  revocó  dicha decisión mediante fallo del 2 de julio de 2014 y, en su  lugar,  condenó  a  los prenombrados a título de determinadores del punible de  peculado por apropiación agravado.   

          3.  El  25  de  mayo  de  2015  la  Corte  inadmitió  la demanda de  casación  presentada  por  los  defensores  de  PEÑARANDA  ALVARADO y Alvarado  Estepa.   

4.  A  través  de  apoderado,  RÚL  EMILIO  PEÑARANDA  instauró  demanda  de  revisión,  por  considerar configuradas las  causales  primera,  segunda  y sexta previstas en el artículo 220 de la Ley 600  de 2000.   

Sobre  la primera, adujo que el sentenciador  no  podía  condenarlo  a  título  de determinador, sin previamente enjuiciar y  condenar  al  autor.  Además,  consideró  imposible  predicar la existencia de  peculado  cuando  las  reclamaciones  formuladas por PEÑARANDA ALVARADO estaban  ajustadas a la ley.   

          Respecto   de  la  segunda,  señaló  que  entre  la  fecha  de  la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación y aquella en que se profirió la  sentencia   de  segundo  grado  transcurrieron  más  de  los  cinco  (5)  años  requeridos   para  que  operara  el  fenómeno  de  la  prescripción.  Incluso,  añadió,  pasaron  más  de  los  seis  (6) años impuestos como sanción en el  fallo, antes de que se inadmitiera la demanda de casación.   

          Finalmente,   en   cuanto  a  la  sexta,  sostuvo  que  el  Tribunal  interpretó   erróneamente  la  jurisprudencia  de  la  Corte  referida  a  los  requisitos  exigidos  para  variar la calificación jurídica en sede de segunda  instancia,  sorprendiendo  al  actor  con la atribución de un delito que no fue  objeto de debate durante la audiencia pública.   

5.  La  Corte,  en  auto  del 2 de marzo del  cursante año inadmitió el libelo.   

Para  el  efecto, empezó por referirse a la  causal  segunda,  encontrando  que el demandante omitió aportar las constancias  de  ejecutoria  tanto  de  la  resolución de acusación como de la sentencia de  segunda   instancia,   documentos   necesarios  para  contabilizar  el  término  prescriptivo.  Adicionalmente,  juzgó contradictorio y confuso el planteamiento  del  actor,  pues  predicó  la  prescripción  de la acción antes del fallo de  segundo  grado  y después del mismo, invocando, por demás, al mismo tiempo las  normas  reguladoras  de  la  prescripción  de  la  pena.  De  todas maneras, no  evidenció  la configuración de ese fenómeno en el curso del juzgamiento, como  quiera  que  para  el  efecto  se  requerían  diez (10) años, los que sólo se  cumplirían en el 2018.   

Respecto  de  la  causal primera, echó de  menos  la  aportación  de  las  sentencias  en las cuales se condenó, en otros  procesos,  a  las personas contra quienes se emitió decisión de esa naturaleza  en  el  fallo  objeto  de la acción de revisión. Adicionalmente, expuso que el  demandante  se  dedicó  a cuestionar la valoración probatoria efectuada por el  Tribunal,  sin  demostrar  que el delito de peculado por apropiación sólo pudo  ser  cometido  por  un  número  menor  a  quienes  se condenaron en la referida  sentencia.  Más  aún, estimó que esa decisión da cuenta suficiente sobre los  autores determinados por los sentenciados.   

Por  último, en lo concerniente a la causal  sexta,  censuró  al actor por no demostrar la existencia de una nueva decisión  de  la  Corte,  en  la  cual,  además, haya cambiado favorablemente su criterio  respecto  a  la  variación  de  la  calificación  en el juicio, limitándose a  denunciar  la  existencia  de  vicios  procesales  ocurridos  con ocasión de la  decisión  del Tribunal de ordenar dicha mutación, cuestionamiento que, para la  Sala  de  Conjueces, debió plantearse en el curso del proceso, a través de los  recursos ordinarios y en sede de casación.   

          6.  En  memorial  que antecede, el apoderado del condenado interpuso  recurso  de  reposición  contra  la  decisión  de  la Corte, insistiendo en su  pretensión  de  remover  la condición de cosa juzgada que reviste el fallo del  Tribunal Superior de Bogotá.   

Fundamentó  el  recurso,  cuestionando a la  Sala  por  exigir  el  allegamiento  de  las  constancias  de  ejecutoria  de la  resolución  de  acusación  y  del  fallo de segundo grado. En su criterio, ese  requisito  choca,  de  una  parte,  con  lo  dispuesto  en el inciso segundo del  artículo  187  de  la  Ley 600 de 2000, acorde con el cual las providencias que  resuelven   los   recursos   de   apelación   o   de  queja  contra  decisiones  interlocutorias,  la  consulta  y  la casación, quedan ejecutoriadas el día en  que  sean  suscritas  por  el funcionario correspondiente. Y, de la otra, con el  principio  a  cuyo  tenor  el  derecho  sustancial  prevalece  sobre  las formas  procesales.   

De todas maneras, manifestó su imposibilidad  de  aportar  tales  constancias,  pues  aun  cuando  las  solicitó  al despacho  judicial correspondiente, no se las han expedido aún.   

Rechazó,  de  otra  parte, la censura de la  Corte  en  el  sentido  de  que confundió las figuras de la prescripción de la  acción  y  de  la  pena. Para el recurrente, en la demanda de revisión siempre  alegó  que en el proceso seguido contra PEÑARANDA ALVARADO la ejecutoria de la  acusación  se  produjo  el 20 de junio de 2008, luego para cuando se emitió la  sentencia  de  segundo grado, que cobró ejecutoria el 25 de mayo de 2015 con la  inadmisión  de  la  demanda  de  casación,  habían transcurrido los cinco (5)  años  exigidos  para  que  operara  el  fenómeno  de  la  prescripción  de la  acción.   

Finalmente,  atribuyó  a  la  providencia  recurrida  contener  apreciaciones  erradas  que  condujeron  a  la decisión de  inadmitir  la  demanda de revisión. Así, en primer lugar, afirmar que tanto la  Fiscalía   como  el  Ministerio  Público  apelaron  la  sentencia  de  primera  instancia  cuando,  en realidad, el ente acusador nunca procedió en ese sentido  sino,    contrariamente,    solicitó    la    absolución   de   RAÚL   EMILIO  PEÑARANDA.   

Y, en segundo lugar, sostener que el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  advirtió  al  comienzo de la  audiencia  pública  que  su  convocatoria  tenía  como  propósito  debatir lo  relacionado  con  la  variación  de la calificación jurídica. En su opinión,  pese  a  lo  anunciado  por el despacho judicial, lo cierto es que no se corrió  traslado  a  los  sujetos  procesales  ni  se  suspendió  la audiencia para ese  efecto,  pues  la  Fiscalía  se  abstuvo  de atribuir el delito de peculado por  apropiación,  no  obstante que así lo dispuso el Tribunal en el auto del 10 de  marzo de 2011.    

          De   esa   manera,   solicitó  reponer  la  providencia  objeto  de  impugnación y, en su lugar, admitir la demanda de revisión.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

El  recurso  de  reposición  tiene como fin  obtener  que  el  mismo  funcionario  o  corporación  judicial  que emitió una  decisión  examine  nuevamente  el  asunto  y, bajo una óptica distinta, varíe  total   o   parcialmente  el  criterio  con  sustento  en  el  cual  adoptó  el  pronunciamiento   inicial,   o   simplemente  lo  aclare  o  lo  adicione.    

          Desde  luego,  en  el  caso  de  pretenderse  la modificación de la  determinación,   es  necesario  que  el  impugnante  suministre  suficientes  y  poderosos  elementos  de  juicio  que  conduzcan  a  infirmar  o  desvirtuar los  fundamentos  de  la  providencia, pues sólo de esa manera resultará exitosa la  censura.     

          En  el  caso materia de análisis, se advierte que en la providencia  impugnada  se  inadmitió  la  demanda  en  lo  referente a las tres causales de  revisión  propuestas  allí  por  el  actor.  No  obstante,  en  el  recurso de  reposición  sólo  mostró  inconformidad  con respecto a dos de esas causales,  esto  es,  la  segunda  y  la  sexta, lo cual significa que frente a la primera,  también  invocada,  no  cumplió  la carga de rebatir los fundamentos expuestos  por la Corte.   

          Ahora  bien, en lo relativo a la causal segunda, la Sala le halla la  razón  al  recurrente  cuando  sostiene  que  las  providencias que deciden los  recursos  de  apelación  o  de  casación  cobran ejecutoria el día en que son  suscritas  por  el  funcionario  respectivo.  Sin embargo, no la tiene en cuanto  argumenta  que  por  ese  motivo  no  está  obligado a allegar la constancia de  ejecutoria  de  la  sentencia, pues, acorde con el fallo C-641 de 2002 proferido  por  la  Corte Constitucional, para que las providencias referidas por el inciso  segundo  del  artículo  187  de  la  Ley  600  de 2000 cobren ejecutoria con su  suscripción,  es  necesario  que, en todo caso, sean notificadas, de suerte que  sin ese requisito no alcanzarán firmeza.   

Por  lo  anterior,  en tanto la sentencia de  segundo  grado  emitida  en contra de PEÑARANDA ALVARADO fue objeto del recurso  de  casación,  la  providencia  mediante  la  cual  se inadmitió la respectiva  demanda  debía  notificarse  para  que  cobrara  ejecutoria  en  la fecha de su  suscripción,   trámite  cuya  demostración  le  correspondía  al  accionante  mediante la aportación de la correspondiente constancia.   

Distinta  situación, eso sí, ocurre con la  resolución  de  acusación.  Si  bien  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal  Superior  confirmó  la  determinación  en  ese  sentido  proferida  en primera  instancia,  lo  que  producía  su  ejecutoria en la fecha de suscripción de la  providencia   de   segundo   grado,   no   era   necesario  aquí  acreditar  su  notificación,  pues  el  adelantamiento del respectivo juzgamiento hace suponer  que dicho trámite se cumplió en su oportunidad.   

De  todas  maneras,  aprecia  la Sala que el  anterior  tema  no  fue  el  único que cimentó la inadmisión de la demanda de  revisión  en lo tocante a la causal segunda. También se cuestionó al actor la  falta  de  claridad y precisión en la configuración del libelo, tanto respecto  a  la confusión generada al aducir simultáneamente prescripción de la acción  penal  y  prescripción  de  la  pena, como en lo relativo a la determinación y  contabilización  de  los  términos  requeridos  para que operara el primero de  esos fenómenos.   

          Si  bien  de  alguna  forma  el  demandante aclaró en el recurso de  reposición  que  está  invocando  la  prescripción de la acción penal, es lo  cierto  que  el  sustento  ofrecido  en torno a los términos aplicables en este  caso  sigue siendo impreciso, empezando porque de manera errónea argumentó que  dicho  fenómeno  ocurrió transcurridos cinco (5) años desde cuando se produjo  la   ejecutoria   de   la   resolución   de   acusación,   lo   cual   no   es  correcto.   

Lo anterior porque, salvo algunas excepciones  no  aplicables  aquí,  la  prescripción de la acción penal, de acuerdo con el  artículo  83  del  Código Penal, ocurre en un  tiempo igual al máximo de  la  sanción  privativa  de  la  libertad  fijada  en la respectiva disposición  legal,  sin ser inferior a cinco (5) años ni exceder de veinte (20), lapso que,  de  conformidad  con  el  artículo 86 de la misma codificación, se reduce a la  mitad  a  partir  de la ejecutoria de la resolución de acusación, caso en cual  tampoco   puede   ser   inferior   a   cinco   (5)  años  ni  exceder  de  diez  (10).   

Como  la  pena  máxima  para  el delito por  razón  del  cual  se  condenó  a  PEÑARANDA  ALVARADO  asciende  a 270 meses,  conforme  quedó definido en el fallo de segundo grado, significa ello que en la  etapa  del juicio el término a tener en cuenta para efectos de la prescripción  de  la  acción  penal  corresponde  a  diez  (10)  años,  no  a cinco (5) como  equivocadamente  se  empecinó en aducirlo el actor. Aquel lapso estuvo lejos de  cumplirse  en  el  proceso  seguido al prenombrado, por cuanto la resolución de  acusación  cobró  ejecutoria  el  20 de junio de 2008, mientras la providencia  inadmisoria  de  la  demanda  de  casación  se profirió el 25 de mayo de 2015.   

Finalmente,  advierte la Corte que el único  argumento  ofrecido  por el impugnante en relación con la causal sexta es el de  persistir  en  sostener  que en el trámite de la variación de la calificación  jurídica  se  cometieron  por  los  juzgadores  yerros procesales. Sin embargo,  ningún  esfuerzo  realizó por rebatir el sustento con el cual se inadmitió la  demanda,  es  decir,  no  demostró  la  existencia de una nueva decisión de la  Corte,    en    la    cual,    además,    haya   cambiado   favorablemente   el  criterio.   

Al  respecto, recuérdese que, acorde con la  jurisprudencia  de  la  Corte,  la  invocación  de la causal sexta de revisión  requiere   demostrar:   i)  que  la  acción  se  dirija  contra  una  sentencia  condenatoria  ejecutoriada,  ii)  que  el  fallo  sea  proferido  por  un juez o  Corporación  Judicial,   iii)  que la Sala Penal de la Corte, en decisión  posterior,  haya  variado  la  concepción  normativa  aplicada en el fallo cuya  revisión  se  pide, y iv) que el nuevo criterio jurídico expresado por la Sala  sea    favorable,   en   cuanto   de   mantenerse   el   anterior   comportaría    una    clara    situación    de    injusticia  (CSJ  SP,  18  feb.  2015, rad.  42643).   

Los dos últimos presupuestos en mención no  los  acreditó  el  demandante,  y  así  lo  puso  de  presente  la Sala cuando  inadmitió  la  demanda de revisión, sin que el recurrente, insiste      la      Corte,     ofreciera   argumento   alguno  orientado  a  refutar  tal consideración.   

Basten los anteriores razonamientos para que  la Sala no reponga la providencia recurrida.     

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:   

         NO    REPONER    la   providencia   del  2   de   marzo   de  la  anualidad  en  curso,  mediante  la cual se  inadmitió  la  demanda de revisión  presentada   por   el   apoderado   de  RAÚL EMILIO PEÑARANDA ALVARADO.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

Magistrado  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado  

RICARDO POSADA MAYA  

Conjuez  

ALEJANDRO APONTE CARDONA  

Conjuez  

DIEGO EUGENIO CORREDOR BELTRÁN  

Conjuez  

ALFONSO DAZA GONZÁLEZ  

Conjuez  

WILLIAM MONROY VICTORIA  

Conjuez  

HUGO QUINTERO BERNATE  

Conjuez  

JULIO ANDRÉS SAMPEDRO ARRUBLA  

Conjuez  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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