AP4215-2016(44160)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP4215-2016  

Radicación N° 44.160  

(Aprobado Acta Nº 194  

Bogotá D.C., veintinueve (29) de junio de dos  mil dieciséis (2016)   

VISTOS  

          Decide  la  Corte  sobre la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el defensor de GVM, contra la sentencia del 12 de mayo de 2014,  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Tunja.     

I. HECHOS  

En la ciudad de Tunja, para julio de 2009, la  entonces  adolescente  PAJL,  en  jornada extra-escolar, solía vender empanadas  preparadas  por su progenitora. A finales de ese mes, GVM, esposo de una tía de  la  menor, por intermedio de su hija J le hizo a aquélla un pedido a domicilio.   

          A  fin  de  entregarle las empanadas, PAJL concurrió, en compañía  de  J y de V, una amiga suya de 12 años de edad, a la residencia del señor VM,  ubicada  en  la  calle  (…)  del  barrio Santa Rita. Aquél envió a su hija a  llevar  mercado  a  la  casa  de  su  mamá.  En  ese  momento, PAJL quiso salir  también,  pero  G,  indicándole que su madre la recogería después, cerró la  puerta  con  seguro.  Acto  seguido,  empezó  a  molestarla, diciéndole que le  gustaba  y  que  “quería estar con ella”.  Pese  a que PAJL se negó a ello y le manifestó que la dejara  quieta,  increpándolo  por  haber  abusado  de  ella  cuando tenía 9 años, la  manoseó,  la llevó al borde de su cama y, luego de quitarle el pantalón de la  sudadera,  la  cogió  por la fuerza para accederla carnalmente. Producto de esa  relación sexual, PAJL quedó embarazada.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

          Por  los referidos hechos, el 5 de mayo de 2011, ante el Juzgado 1º  Penal  Municipal  con  Función  de Control de Garantías de Tunja, la Fiscalía  imputó  a  GVM,  como  posible  autor, la comisión del delito de acceso carnal  violento  en concurso material homogéneo. Tras no haber aceptado los cargos, el  juez   le   impuso   medida   de   aseguramiento  de  detención  preventiva  en  establecimiento carcelario.   

          Radicado  el  escrito de acusación, en audiencia del 5 de diciembre  de  dicha  anualidad,  ante  el  Juzgado  5º Penal del Circuito con Función de  Conocimiento  de  esa  ciudad, el señor VM fue acusado como autor del delito de  acceso  carnal  violento  agravado,  en concurso homogéneo y sucesivo (arts. 31  inc.  1º, 205 y 211-6 del CP). Así mismo, la fiscal imputó las circunstancias  genéricas  de  mayor  punibilidad de que tratan los numerales 5 y 7 del art. 58  ídem.    

          El   acusado   optó   por   ejercer   su   derecho  a  ser  juzgado  públicamente.  Concluido  el debate y emitido sentido de fallo condenatorio, la  sentencia   se   dictó   el  16  de  agosto  de  2013.  Habiendo  declarado  la  responsabilidad  penal  del  señor  TZ  por  los  cargos  imputados, el juez lo  condenó  a  la  pena de 25 años y 6 meses de prisión, así como a la sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas   por   lapso   de   20  años.  De  otro  lado,  negó  tanto  la  suspensión  condicional  de la  ejecución de la pena como la prisión domiciliaria.   

          La  defensa  interpuso  el  recurso de apelación contra el fallo de  primer  grado,  el  cual fue decidido por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Tunja  mediante  sentencia  del  12  de  mayo  de  2014. De un lado, decretó la  nulidad  parcial  de la actuación, a fin de excluir de la acusación los hechos  acaecidos   entre  2002  y  2003,  consistentes  en  que  GVM  habría  accedido  carnalmente  a  PAJL cuando ésta tenía 9 años de edad. En su criterio, por no  configurarse  ninguna  hipótesis  de  conexidad procesal, la investigación por  tales  supuestos  fácticos  ha  de  adelantarse  independientemente,  bajo  las  ritualidades    de    la    Ley    600   de   20001.   

          De  otro  lado,  considerando que la declaratoria de responsabilidad  penal  por  el  delito  de acceso carnal violento agravado -en relación con los  sucesos  acaecidos  en julio de 2009- ha de mantenerse, modificó el numeral 1º  de  la  sentencia  impugnada,  a  fin  de  redosificar  la  sanción  penal. Por  consiguiente,  condenó al acusado a pena de prisión por 19 años y 6 meses. En  lo demás, confirmó el fallo de primera instancia.   

          Dentro   del  término  legal,  el  defensor  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y allegó la respectiva demanda, lo que motiva el  conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          Al  amparo  del  art.  181-3  de la Ley 906 de 2004 (CPP), el censor  formula  un  único  cargo  por  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas de  producción  y apreciación probatoria sobre la cual se ha fundado la sentencia.  Denuncia  la  infracción  indirecta  de  la ley sustancial por errores de hecho  consistentes   en   falso  raciocinio,  derivado  de  la  transgresión  de  los  principios  de  la  lógica y las reglas de la experiencia, en la valoración de  las  pruebas  que soportan la condena. El escrutinio probatorio efectuado por el  Tribunal,  dice,  por  desconocer  los criterios legales para la apreciación de  las  pruebas,  se  ofrece  caprichoso,  superficial  y  carente  de aptitud para  demostrar   la   corrección   del   análisis  efectuado  por  el  a quo.   

          Los  falladores,  alega,  estimaron  cumplidos los presupuestos para  condenar   sin   aplicación   del   in   dubio  pro  reo  e  irrespetando  el  principio  lógico de razón  suficiente.  En  su criterio, el acervo probatorio surgido del juicio no permite  acreditar  la  autoría ni la  responsabilidad del acusado.  Ello,   por   cuanto   “en  el  proceso”  existen  dudas  insalvables  que  impiden arribar a un grado de  certeza,     dada     la     valoración     distorsionada    de    la prueba.   

          A  la hora de concretar los reproches, cuestiona el mérito suasorio  que  el Tribunal le confirió al testimonio de PAJL y al de las sicólogas Sonia  Yolanda   Lizarazo   y   Lina   Milena   Rodríguez.   Al   haber   inferido  que  la relación sexual objeto  de  investigación fue violenta y no consentida, sostiene, se viola el principio  de  razón  suficiente. Pues existe prueba testimonial  indicativa  de  que  entre  PAJL y el acusado hubo una  relación   sentimental,   en   cuyo   marco   las  relaciones  sexuales  fueron  consentidas.  Empero,  dice, como G no accedió a comprarle a aquélla una casa,  que   le   pidió   cuando   se   enteró   de   su   embarazo,   lo   denunció  penalmente.   

          De    la    valoración   del   material  probatorio, insiste, salta a  la     vista     la     conclusión    –reconocida  por  el  Tribunal-  de que  existió  un  noviazgo  entre  el  procesado  y  PAJL.  Por  ello, cuestiona, es  incomprensible  que  se  crea  la  versión de la víctima al negar la relación  sentimental,  con  el  fin  de incriminar injustamente a aquél. En ese sentido,  afirma,  PAJL  en  el interrogatorio la existencia de la relación con G V, pero  los    falladores    de    instancia   pasaron   por  alto ese aspecto.   

          Además,  prosigue,  los juzgadores se empeñaron en “pasar  por encima” de los derechos de su  representado,  dando  credibilidad al testimonio de la supuesta víctima, pese a  que    ésta    incurrió   en   una   “serie   de  contradicciones   sin  sustento  fáctico”.  Con  el  propósito   de   sustentar   tal   aserto,   y   a   fin  de  que  sean  analizados  conforme a derecho y a la luz de las reglas de la  sana  crítica  y  la  experiencia,  trae  a colación  apartes  de  lo  declarado  por aquélla, así como por otros testigos, de donde  surgen  aspectos, según su entender contradictorios, que hacen poco creíble el  dicho de PAJL.   

          En  primer  término,  pone  de  presente  que  aquélla aprendió a  vender  empanadas  a su regreso a Tunja, después de una estancia en Bogotá, no  a los ocho años, como pretendió hacer creer posteriormente.   

          En  segundo lugar, subraya, al contrastar el dicho de PAJL con el de  su  progenitora,  en  punto de la celebración de sus quince años, ofrecida por  el  procesado  en  el  barrio  Santa  Rita, se advierte que ambas mienten porque  existe discordancia entre sus versiones.   

          En  tercer  orden,  resalta,  en desarrollo del contrainterrogatorio  PAJL  afirmó  que  vendía  empanadas  entre las nueve y las once y media de la  mañana,  pese  a  que con anterioridad había dicho que estudiaba en la jornada  de la mañana.   

          Como  cuarto  aspecto, continúa, la presunta víctima manifestó en  el  juicio que el día de los hechos la acompañó una niña -quien habría sido  objeto  de  tocamientos  libidinosos  por  el  procesado-.  Sin  embargo, en las  declaraciones  previas, rendidas ante funcionarios de Medicina Legal y Bienestar  Familiar,  no la mencionó. Ya en el contrainterrogatorio, añade, PAJL señaló  que  sí  se refirió a su amiga, sin que los entrevistadores la hubieran tenido  en  cuenta.  Además, enfatiza, PAJL sostuvo haber sido entrevistada por primera  vez  en  la  sede  de  CAIVAS,  lo  que  contraría la realidad, pues la noticia  criminal  data  del 3 de diciembre de 2009 y el dictamen sexológico se realizó  al día siguiente.   

          Por  último, pone de presente que la víctima, al decir que ella no  se  ha  metido  con  nadie  más  y que G “le pintó  pajaritos”,   reafirmó  que   tuvo   una   relación   amorosa   con  aquél.   

          Recapitulando,    expone,    a   partir   de   las   “graves    contradicciones”   en   que  incurrió  PAJL  al  rendir  testimonio,  es  evidente  que la investigación se  fundamenta  en  una  falsa  denuncia.  Además  de que sí existió un noviazgo,  dice,  en  las  entrevistas aquélla afirmó que su última relación sexual fue  voluntaria,  de  donde colige que el supuesto acceso carnal no consentido fue un  episodio más dentro de ese vínculo amoroso.   

          En  ese  sentido,  trayendo  a  colación  apartes del testimonio de  PAJL,  en  lo  referente  a  la actitud que ella asumió ante el supuesto acceso  carnal         violento         –“yo solamente lo empujaba con las manos  pero  él  me  cogía  contra él (sic), pero no más-,  puntualiza  que  no  es  dable predicar la realización de tal conducta punible,  por  haber  sido  la relación un acto consentido, tanto así que su amiga de 12  años los sorprendió cuando tenían relaciones sexuales.   

          De   otro  lado,  destaca,  al  realizar  el  informe  pericial,  la  sicóloga  Sonia  Yolanda  Lizarazo  Cordero,  adscrita al Instituto Nacional de  Medicina  Legal  y Ciencias Forenses, omitió plasmar las contradicciones en que  incurrió  la  presunta  víctima  al  rendir  testimonio.  En  lugar  de  ello,  cuestiona,  la  perito aseveró que la entonces menor no se contradijo, sino que  apenas  mostró  discordancias  menores  en  algunos  detalles que no afectan la  coherencia  interna  ni externa de su relato. Adicionalmente, habiendo concluido  la    sicóloga    forense    que    PAJL   presentó   síntomas   de   estrés  postraumático   -también  compatible  con  otras causas diversas al abuso  sexual-,  así  como  sentimientos de culpa, se cuestiona ¿por qué si aquélla  dice la verdad tendría que sentirse culpable?   

          En  relación  con  el testimonio de LYRJ, prima de PAJL, quien hizo  alusión  a supuestos actos de abuso cometidos contra ella por el acusado, alega  que  sus afirmaciones son mendaces y únicamente pretenden inculpar a aquél sin  ninguna  base  probatoria.  En  la  misma dirección, prosigue, el testimonio de  MRL,  madre  de la supuesta víctima, constituye un relato insensato e inducido,  presentado  con  el  propósito  de  acomodarlo  a  la  versión de su hija. Tal  conclusión,      subraya,      deriva     de     múltiples     “contradicciones”    evidenciadas   al  contrastar  los  testimonios,  referentes al motivo por el cual PAJL visitaba al  procesado,  a  la  edad  de  aquélla para la fecha en que habrían ocurrido los  hechos,  a  la  permanencia de su hija en casa en las noches, a las advertencias  que  otras personas le hicieron sobre las malas intenciones de G y a la fecha en  que  presentó la denuncia. Además, pone de presente que la testigo únicamente  conto  la  verdad  en  la sesión de juicio de la tarde, porque en la mañana le  dio vergüenza, situación que, en su criterio, muestra mendacidad.   

          Todo  ese entramado, resalta, indica que la presunta víctima tenía  toda  la intención de causar daño y muestra animadversión hacia el procesado,  situaciones  que  el  Tribunal  niega,  pese  a  que  la testigo de descargo ALM  aseveró  que  PAJL, en la plaza del sur, le dijo a G que si no le daba una casa  lo    “demandaba    por    violación”.  Adicionalmente, subraya, dicha testigo manifestó que la menor  frecuentaba  al acusado y una vez los vio tomando en un bar del barrio Asís. Es  más,  destaca,  la  víctima  le indicó a la sicóloga forense que ella tenía  novio  y  su  mamá  la  regañó  cuando  le  contó.  Ello,  a su modo de ver,  constituye  fundamento  suficiente  para concluir que PAJL se valió de mentiras  para  perjudicar  a su defendido, por no acceder a sus pretensiones económicas.   

          La  sumatoria  de  tales  yerros,  concluye,  demuestra  que  no  se  realizó  una valoración probatoria conforme a derecho ni ajustada a las reglas  de  la  sana crítica y (sic) de la experiencia, subsistiendo entonces dudas que  debieron  justificar  la  aplicación del in dubio pro  reo,  por  no  haberse  desvirtuado  la presunción de  inocencia.  Antes  bien,  agrega,  “lo que es plena  prueba  en  el  proceso”  es  que hubo una relación  sentimental  entre  el  acusado  y  una  menor  de  edad,  quien  comprendía la  situación.   

          Bajo  ese entendido, estima infringidos por aplicación indebida los  arts.  205,  211  y  58-5  del  CP,  así como los arts. 7º, 381 y 404 del CPP,  razón  por  la  cual  solicita a la Corte casar el fallo de segunda instancia y  dictar sentencia absolutoria de reemplazo.   IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

          4.1                       De acuerdo con el art. 183 del CPP, la admisión  de      la      demanda      de     casación     supone     su     debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de manera precisa y concisa tanto las causales invocadas  como    sus    fundamentos.   Ello   implica   acreditar   la   afectación   de  derechos  fundamentales  y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación, de cara al cumplimiento de  alguno   de  sus  fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos y unificación de la jurisprudencia).   

   

          Ese  propósito no se consigue de cualquier manera. A voces del art.  184  inc. 2° ídem, no será admitido el libelo cuando el demandante carezca de  interés,  prescinda  de  señalar  la  causal o no desarrolle adecuadamente los  cargos  de sustentación. Tampoco, si se advierte la irrelevancia del fallo para  cumplir los propósitos del recurso.   

          Tales   exigencias  derivan  de  la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación,  enraizada  en  la  presunción  de  acierto y legalidad  inherente  a los fallos de instancia. A partir de esta presunción, se asigna al  censor  la  carga  de  acreditar  que  con  la  sentencia  se causó un agravio,  apoyándose   para   ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas  en  la  ley.   

          De  ahí  que,  como  pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la  Corte,        la       debida       sustentación         implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de  derechos  fundamentales,  la idoneidad sustancial de la demanda  significa  que sus cargos no sólo han de estar debidamente sustentados desde la  perspectiva  formal.  Los  reproches  deben ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o  parcial  de  la  sentencia,  en el  entendido  que,  de  no  haberse  materializado  el  yerro, otra habría sido la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a asumir una postura  jurisprudencial   unificada  alrededor  del  tema  debatido,  en  cuanto  logren  evidenciar   la   violación   de   una   norma   sustancial   o  una  garantía  procesal.   

          Si  la  demanda  incumple  con las aludidas exigencias formales para  estudiarla   de  fondo  o  se  establece  de  entrada  su  falta  total  de  idoneidad,  de  cara a los fines  inherentes a la casación, la decisión debe ser la inadmisión.   

          4.2                       Ahora  bien,  de  acuerdo  con el art. 181-3 del  CPP,  la  casación procede cuando se afecten garantías fundamentales, producto  del  manifiesto  desconocimiento  de las reglas de producción y apreciación de  la  prueba  sobre la cual se ha fundado la sentencia de segunda instancia. Allí  se  encuentra  consagrada  la modalidad de infracción indirecta o mediada de la  ley  sustancial,  por  errores  en  la  construcción de la premisa fáctica    del   silogismo   jurídico.   

          Cuando   en  esta  sede  se  acude  a  la  violación  indirecta   de  la  ley  sustancial,  por  errores  de  hecho  en  las  fases  de  observación  o  valoración  de  la  prueba,  ha  de  acreditarse el  desconocimiento  de una situación fáctica, producto de la incursión en falsos  juicios    de    existencia,   identidad   o   falso  raciocinio.   

          4.2.1                      Esta  última  modalidad de error, que fue la  invocada  por  el  libelista,  se configura cuando el  Tribunal  observa  la prueba en su integridad, pero al  valorarla   desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica,  es  decir,  una  concreta ley científica, un principio lógico o una  máxima de la experiencia.   

          A  efectos  de  acreditar  la  existencia del yerro, tiene dicho la  Sala,  el  censor ha de señalar la prueba o inferencia  en  la  cual  recayó  el  error.  Posteriormente, debe identificar el principio  lógico,  la máxima de experiencia o el postulado científico que, en concreto,  el   juzgador   desconoció   en  el  proceso  de  valoración  probatoria,  con  indicación  clara  y  precisa  de  las  razones  por  las cuales su aplicación  resultaba  necesaria  para  la  corrección  de la conclusión cuestionada en el  caso concreto.   

          Adicionalmente,    es    menester    demostrar    la   trascendencia   del  error  desde  el  punto  de  vista  jurídico,  esto  es,  que frente a la  valoración  conjunta  de  la prueba realizada por el  Tribunal  o  las  instancias  (según sea el caso), su  exclusión    debería   conducir   a   adoptar   una   decisión   sustancialmente     diversa    a    la  recurrida.   

          Ahora,  en tanto referente de valoración  probatoria,  cabe  precisar, las reglas de la experiencia no pueden invocarse de  cualquier  manera.  La  construcción  de  una  máxima  fundada en el ordinario  devenir  de  los  acontecimientos  de  la  vida  en  sociedad  requiere  de  una  estructura  general  y  abstracta,  definida  por  la  Corte  en  los siguientes  términos2:   

[L]a  experiencia  forma conocimiento y los  enunciados     basados     en     ésta     conllevan    a    la    generalización,   lo   cual  debe  ser  expresado    en   términos   racionales   para   fijar   ciertas   reglas  con pretensión de universalidad,  por  cuanto  comunican determinado grado de validez y facticidad, en un contexto  socio histórico específico.   

En ese sentido, para que ofrezca fiabilidad  una   premisa  elaborada  a  partir  de  un  dato  o  regla  de  la  experiencia  ha   de   ser   expuesta,   a   modo   de   operador  lógico,  así:  siempre  o  casi  siempre  se  da A,  entonces sucede B.   

          Bien  se  ve,  por  lo  tanto,  que  el punto de partida formal para  analizar  la  incursión  en  falso  raciocinio,  por  desconocimiento  de  las máximas de la experiencia, es  la  formulación  de  una  proposición  con  estructura de regla, apta para ser  aplicada  en términos generales y abstractos, con pretensión de universalidad.  Sólo  a  partir  de  tal  referente  de  valoración  es dable verificar si, al  analizar  el mérito de las pruebas, el razonamiento del juzgador deviene falso.   

          De  otro lado, como lo ha destacado la Sala (CSJ AP 25.03.2015, rad.  45.235),  la  lógica  concierne  a  la  corrección  del  proceso  completo del  pensamiento.  Tal  disciplina  comprende, entonces, el estudio de los métodos y  principios  que  se  usan  para  distinguir el razonamiento bueno (correcto) del  malo                   (incorrecto)3.  Los errores de razonamiento,  en  términos  de lógica formal, se denominan falacias o silogismos aparentes o  sofísticos,  los cuales no implican cualquier yerro en el raciocinio o una idea  falsa,    sino    errores   típicos   en    las    relaciones   lógicas   entre   las   premisas   y   la  conclusión4.   

          A   su  vez,  como  componente  de  la  sana  crítica,  la  ciencia  corresponde       a       un      “conjunto  de  conocimientos obtenidos mediante la observación y el  razonamiento,  sistemáticamente estructurados, de los que se deducen principios  y            leyes            generales”5.  Como  lo ha puntualizado la  Sala  (CSJ  SP 15.09.2010,  rad.   32.488),   tales  máximas  científicas,  a  partir  de  las  cuales  se  generalizan   e   interpretan   los   fenómenos,  permiten  su  explicación  y  comprensión  en  sus  distintos ámbitos,  a  partir  del  cómo  y  el  por  qué  un  hecho  se realiza de  determinado  modo,  pues  su  función  no se reduce simplemente a su registro y  acumulación  de  datos.  Para que el sistema de conocimientos en un área de la  ciencia   deduzca   una   ley  o  un  principio  con  carácter  universal,  los  métodos   cognoscitivos   dirigidos   a    ese    fin    deben   encontrar          fundamento  en  conceptos exactos, cuya veracidad sea comprobable y  demostrable6    mediante   métodos   aceptados   y  estandarizados.   

          4.2.2                       Pues  bien,  contrastada  la sustentación del  libelo  con  las  anteriores premisas, salta a la vista que de la argumentación  expuesta  por  el  censor no se extrae la estricta formulación de ninguna regla  de  la  experiencia  o  principio  científico supuestamente quebrantado por los  juzgadores,  sino  la  simple  referencia  a  apreciaciones  subjetivas sobre la  manera  en  que  valoraron  el  conjunto  de  pruebas  practicadas en el juicio.   

          En  efecto, a la hora de cuestionar el crédito probatorio que se le  dio  al  testimonio  de  la  víctima,  el  libelista no señala cuál postulado  general,  abstracto y aplicable con pretensiones de universalidad, extraído del  ordinario  devenir de los acontecimientos de la vida en sociedad, fue infringido  por los falladores en el escrutinio probatorio.   

          En  lugar  de  poner  en  evidencia cuál máxima de experiencia fue  quebrantada,  el censor, prevalido de su particular comprensión “del   material  probatorio”-  a  partir del cual sostiene que entre el acusado y PAJL existió  un  noviazgo-,  estima  incomprensible  que se hubiera  creído  la versión incriminatoria ofrecida por aquélla. Pues, en su criterio,  la   testigo   incurrió  en  “contradicciones  sin  sustento  fáctico”, concernientes a la época en que  aprendió  el  oficio  de  vender  empanadas  y  al  horario en que lo hacía, a  pormenores  de  la  celebración  de  sus  quince  años,  al  hecho de no haber  mencionado  en  las declaraciones previas a la amiga que la acompañó a la casa  del  acusado, a la fecha en que rindió una entrevista y al comentario según el  cual  G  “le pintó pajaritos en el aire”,  de  donde colige que sí hubo un nexo amoroso en cuyo contexto  las relaciones sexuales debieron ser consentidas.   

          De  igual  manera,  sin  contrastarlo  de  ninguna manera con alguna  regla  de  la  experiencia desatendida por los falladores en su apreciación, el  censor  cuestiona  la  valoración  del testimonio de MRL, madre de la víctima,  cuyo   “contradictorio”  relato  pretende  descalificar,  por  una  parte,  a partir de la invocación de  circunstancias  particulares  de  los  acontecimientos  referidos  por  la  testigo,  los  cuales,  según  su  entender,  no concuerdan con  lo  relatado por PAJL; por otra, tildándolo de insensato, inducido y acomodado.  En  la misma dirección, tacha al testimonio de LYRJ de mendaz y “carente    de    base    probatoria”.   

            Bien  se  ve, entonces, que los aludidos reproches lejos están de  satisfacer  los estándares formales mínimos exigidos para el falso raciocinio,  por  infracción  de las reglas de la experiencia. Sin haberse formulado ninguna  proposición  general  y  abstracta con estructura de regla, a la luz de la cual  se  cuestione  el  raciocinio  del  juzgador, no es dable admitir la corrección  formal  del  reproche.  En sede de casación, la simple denuncia de inconsistencias  internas  y  externas en  los  testimonios,  en  forma de un típico alegato de instancia, es insuficiente  para  estudiar  de fondo el reclamo. Es más, como se advierte en la demanda, el  libelista      no      pone      de      manifiesto     ninguna     contradicción:  ésta se presenta cuando  alguien  afirma y niega algo  al  mismo  tiempo y bajo el  mismo  respecto.  Empero,  lo  que  destacó  el censor de los testimonios de la  víctima     y     de     su    progenitora    apenas    muestra    divergencias      o      discordancias,   no  contradicciones  en  estricto  sentido,  que la Corte no está llamada a atender con el propósito de  efectuar    una    nueva  valoración  probatoria,  orientada  por  la  lectura  propuesta  por el censor.   

          Por  otra  parte, en tanto el ataque dirigido al testimonio pericial  de  la  sicóloga Sonia Yolanda Lizarazo Cordero se basa en el supuesto yerro de  no  haber  entendido  como  discordancias  lo  que eran contradicciones y en una  inquietud  del  censor  sobre  los  sentimientos  de  culpa  evidenciados  en la  víctima,   es   clara  la  ineptitud  del  reclamo  para  constituir  un  falso  raciocinio.  Tratándose  una prueba pericial, cuyas conclusiones se soportan en  observaciones  e  inferencias  sustentadas  en la aplicación de metodologías y  principios  de  la  ciencia  de  la  sicología, el demandante no determina cual  regla  científica  o  estándar  especializado  desconoció  la  perito  en sus  observaciones  y  análisis  o  infringieron  los  juzgadores  al  valorar dicha  prueba.  Tampoco,  valga destacar, invoca el reproche ningún otro componente de  la  sana  crítica  que  haya sido desatendido en la apreciación de la pericia.   

          4.2.3                       Desde  luego,  el  libelista también funda el  falso    raciocinio    en    la    vulneración   del   principio   lógico  de  razón  suficiente.  Empero,  como  se  verá,  la  referencia  a  dicho componente de la lógica carece en el  presente  caso  de  aptitud  formal  para  acreditar una hipótesis admisible de  falso raciocinio.   

          Como  lo ha clarificado la Corte (CSJ AP 27.08.2014, rad. 44.036), a  la  luz  de  dicho  principio,  una  afirmación debe ser capaz de sustentarse o  explicarse   por   sí   misma.   Expresado  en  términos  de  lógica  formal,  “si  algo  existe,  [debe  haber]  una  razón  o  explicación suficiente de su  ser”  o bien, de manera correlativa, “si  no  hay una razón o explicación suficiente para que algo sea,  entonces   [ese  algo]  no  existirá”7.   Por  ello,  el  mencionado  principio  lógico  encuentra  fundamento en que sólo se puede dar por conocido  aquello      que      se     explica     con     un     número     mínimo  de  razones  que,  con   plausibilidad,   lo   justifiquen.   

          De  ahí  que,  para  la  Sala  (CSJ SP 26.10.2011, rad. 34.491), el  principio  de  razón  suficiente  se  viola  cuando el argumento judicial no se  basta  a  sí  mismo  para justificar determinada conclusión. En el ámbito del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  ello  tendría  lugar  si,  en  la valoración de una determinada  prueba       o       en       la       construcción       de       inferencias   probatorias,  el  juzgador  arriba  a  conclusiones  incapaces  de  explicarse  argumentativamente  por  sí  mismas.   

          Mas  cotejado  el reproche con los anteriores supuestos, es evidente  la  incorrección formal de los reclamos formulados por el censor. El fundamento  de  la  supuesta  violación  del  principio  de  razón  suficiente no recae en  ninguna  inferencia  probatoria  en  estricto  sentido, sino en un  aspecto  concerniente  a  la  fase  de observación de la prueba, regido por una lógica diversa.   

          Para          el          censor,         la         “inferencia”    realizada    por   los  falladores  sobre  el  carácter  violento y no consentido del denunciado acceso  carnal  carece de una justificación suficiente desde el plano argumentativo, en  la   medida   en   que,  dice,  “existe  prueba  testimonial” indicativa de que  entre  PAJL  y  el  acusado  hubo  una  relación sentimental, en cuyo marco las  relaciones  sexuales  fueron consentidas. Sugiere así la censura que los jueces  de  instancia  omitieron,  inobservaron  o  desconocieron por completo la  existencia de  una  prueba –testimonio de  ALML- que habría permitido fijar una premisa fáctica  diversa.  Mas  con  tal  razonar  desborda los límites argumentativos del falso  raciocinio  y  discurre  -incumpliendo  también  los  criterios  mínimos  de corrección formal pertinentes-  por  los  senderos  del  falso juicio de existencia por omisión, sin mostrar de  ninguna  manera  como  se  construyó  la  supuesta inferencia probatoria con un  déficit de razones que permitieran predicar una tal conclusión.   

          Lo    que    el    censor    comprende    como    una   inferencia,  en  verdad,  no  lo  es.  La  premisa  fáctica  consistente en que el acusado accedió a PAJL en contra de su  voluntad,   valiéndose  de  violencia,  no  es  una  elaboración  construida por los falladores a partir de  la  articulación  de  las  pruebas, sino que corresponde, como más adelante se  mostrará,     a     evidencia     testimonial     suministrada     directamente     por    la    víctima.   

          Al  afirmar,  por  otra parte, que el principio de razón suficiente  se  ve quebrantado debido a que la actividad probatoria ejercida en el juicio no  permite  acreditar  la  responsabilidad  del acusado, en razón de la existencia  “en el proceso” de dudas  insalvables,  el  censor  no  cuestiona  un  error de raciocinio relacionado con  ninguna  prueba  o  inferencia  probatoria  en  particular, sino que reniega, en  términos  generales, de la valoración conjunta de los medios de prueba y de la  motivación  en  la  construcción  de  las premisas fácticas de las decisiones  confutadas.   

          Con  ello,  no  sólo  pasa  por  alto  que su propia lectura de las  pruebas   no  puede  sobreponerse,  sin  más,  a  las  consideraciones  de  las  sentencias  de  instancia,  que  vienen  cobijadas  por  la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  sino  que  nuevamente  rompe  con  la unidad lógica del  reproche,  pues salta al terreno de la causal 2ª del art. 181 del CPP, atinente  al  desconocimiento del debido proceso. Pues, en el fondo, lo que plantea es una  eventualidad    de    motivación    incompleta   o  deficiente,   enjuiciable  en  casación  como  error  in  procedendo  sancionable  con la nulidad de la decisión (CSJ SP 12.12.2005, rad. 24.011).   

          En  todo caso, si lo que quería significar el libelista era que los  falladores  no  argumentaron por qué no le daban credibilidad a los testimonios  de     descargo,    para    así    concluir    con  suficiencia  que  la versión ofrecida por la víctima  es  digna  de  crédito probatorio, un simple repaso de la estructura probatoria  de  la  unidad  decisoria compuesta por las sentencias de instancia muestra algo  diferente.   

          En  la  sentencia  de  primer  grado (fl. 157 C. 3), el juez puso de  manifiesto  que,  de  acuerdo  con  el  testimonio  de  PAJL, ésta fue accedida  carnalmente  por  el  acusado  cuando  tenía 15 años de edad. En esa ocasión,  destacó,  quiso  marcharse  de  la  casa  de  aquél,  donde  se  encontraba en  compañía  de  su  amiga  V,  pero  “le dio cosa”  salir,  porque  G había cerrado con seguro la puerta.  Él  procedió  a cogerle la cara, le dijo que le gustaba, le manoseó el cuerpo  y  ella  le  dijo  que  la  dejara quieta; mientras tanto, su amiga –de  12  años  de  edad– le dijo que se  fueran.   Luego,   el   acusado   le   bajó   los  pantalones,  “cogiéndola”    al   borde   la   cama   con   fuerza.  El  acceso  carnal,  aseveró,  fue  contra  su voluntad, sin que  hubiera  hecho algo para evitarlo porque GV -con quien  niega  haber tenido una relación sentimental, pero le atribuye haber abusado de  ella  cuando  tenía  9 años- era muy fuerte y tenía  miedo  de  gritar. A su amiga también “la    morboseó    (sic)   tocándole  los  senos”, por lo que les  ofreció  dinero  para  que  no  contaran nada. Ella no aceptó la plata, pero V  sí.   

          En  declaración previa rendida por la víctima ante la Defensora de  Familia,  se  lee en el fallo de primera instancia, aquélla relató que en esos  momentos  lloró  y  le  decía  al  acusado que no le hiciera nada, pero él la  forzó.  Mientras  que  a  la  sicóloga  Yolanda  Lizarazo le manifestó que el  procesado,  quien  era  “gordo y macizo”,   empezó  a  “cogerla”,  la  tomó  de  las  piernas  y  la apretó duro contra él, lo  quitó  diciendo  que no quería, porque él la había abusado cuando era niña,  la  “cogió” al borde de  la cama y derramó sangre.   

          Del  examen sicológico forense practicado a PAJL, se enfatiza en la  sentencia  del  a  quo,  es  dable  afirmar afectación de aquélla en el área emocional y sicológica, dada  la  existencia  de  estrés  postraumático  reconocible en el temor a volver al  sitio  donde  laboraba el agresor, aumento de la ansiedad, síntomas depresivos,  dificultades  para mantener la atención, alteración del sueño, desconfianza y  rechazo  hacia figuras masculinas, sentimientos de estigmatización, vergüenza,  pérdida  de  valor,  rechazo  a  su  cuerpo y sentimientos de marcación por la  experiencia,  con  temor  a  que  los demás se enteren y sea rechazada por eso.  Dicha  sintomatología,  compatible  con  la  experiencia de abuso sexual, no se  habría  presentado  si  la  afectada  no  hubiese  experimentado  la situación  relatada.   

          Para  el  juez  (cfr.  fls.149-150 C.3), el relato de la víctima es  digno  de  crédito  probatorio  por  cuanto  en él existe coherencia interna y  externa:  las diversas manifestaciones en diferentes etapas del procedimiento, a  su  juicio,  se  armonizan  y complementan en lo esencial, sin que la omisión o  supresión  de  algunas  circunstancias  o detalles comporte una alteración del  “núcleo   central   de   los   hechos”,  que  mine  la credibilidad de la testigo. Antes bien, resalta,  existió  persistencia en la incriminación sin contradicciones, salvo pequeños  detalles,  intrascendentes  frente  a  la claridad, espontaneidad y capacidad de  percepción  y  evocación  que  demostró  la  víctima. Además, resaltó, esa  narración  es  compatible con los signos sicológicos hallados en la víctima y  percibidos  por  la  progenitora de la entonces menor, constatando la existencia  de una agresión sexual.   

          Aunado    a    lo    anterior,    el   a  quo   descartó   la   presencia   de   motivos   de  animadversión  en  PAJL,  que  la  hubieran  llevado  a  sindicar falsamente al  acusado:  “no se evidencia ningún resentimiento de  la  menor  víctima hacia su agresor que llevara (sic)  a  inferir  la  existencia  de  un  posible  rencor o  enemistad   que   pusiera   en   entredicho   la   aptitud   probatoria   de  su  declaración”.   

          Por  otra parte, dice la sentencia, confrontadas esas razones con la  información  proporcionada  por  los  testigos  de descargo (fls. 146-148 C.3),  quienes,  en  síntesis,  aseveraron  que  el  acusado  y  PAJL  sostuvieron una  relación  amorosa,  el  juez  negó  credibilidad  a  estos  últimos por haber  encontrado   interés   de  favorecimiento  basado  en  vínculos  familiares  o  laborales.  Adicionalmente,  porque  a  ninguno  le  consta  la  existencia  del  supuesto  noviazgo,  sino  simplemente  encuentros  en  las  plazas  de mercado,  explicables  en  el  oficio de venta de empanadas ejercido por la víctima en la  época.   

          Ahora,  según  el fallo, si bien la testigo Alba Lucía L, de quien  no  es  predicable  ningún  vínculo  familiar  o  de trabajo con el procesado,  afirmó   haber   visto   a   éste   con   la   menor   en  un  “tomadero”   y   haber   escuchado  las  exigencias  de  PAJL a G V para que le comprara una casa como condicionante para  no  denunciarlo,  también  es  verdad,  según  el  juez, que el propio acusado  declaró en juicio que nunca hubo sugerencias de un tal arreglo.   

          Sobre  este  último  particular, apoyado en la jurisprudencia de la  Sala8,   el   juez   antepuso   la   siguiente   regla   de  experiencia:  “en   las   controversias  judiciales…los  seres  humanos  de  modo general mantienen apego a la realidad que conocieron y así lo  transmiten  a  sus  semejantes,  en  aquellos  aspectos  que  no comprometen sus  intereses,  pero, es un comportamiento de fácil explicación sicológica que se  anteponga  un  sesgo,  a  veces inconsciente, que bien procure mejorar la propia  condición  o  la  de  aquella  persona  que  no  es  cercana  a  los  afectos o  simpatías,  ora  que  se  tergiverse  para  agravar  o involucrar a quien no es  adverso,  cuando  se  trate  de  revelar  episodios que entrañen algún tipo de  responsabilidad,   en   particular   si   es   de   carácter  penal”.   

          Por  tales razones, descartó la existencia de dudas insalvables que  conminaran  a  aplicar el in dubio pro reo.   Por   el   contrario,   estimó   alcanzado   el   estándar  de  convencimiento  para  condenar,  previsto en el art. 381 del CPP. En tal virtud,  declaró  la  responsabilidad  penal  del acusado por acceso carnal violento, enfatizando que, desde el plano  de  la tipicidad objetiva, la conducta encontró plena realización, descartando  el   consentimiento  de  la  afectada.  Pues:  i)  ésta  rechazó  al  acusado,  diciéndole  además  que  no  quería estar con él porque anteriormente había  abusado  de  ella,  pero  aquél  la  llevó  con  fuerza  hacia  su cuerpo para  accederla    carnalmente    contra   su   voluntad;  ii)  GVM  cerró  con  seguro la puerta; iii) la menor  sintió  miedo;  iv) el acusado manoseó a V y v) por la contextura y diferencia  de  edades,  la  superioridad  en  fuerza  del  agresor  en  comparación con la  víctima  era  indiscutible. Todo ello, sostuvo, produjo un efecto intimidatorio  en  la  víctima  –de 15  años  de  edad-  que  le  impidió defenderse de otra  manera  y  logró  el  sometimiento  de  su voluntad9    (cfr.    fls.    150-152  C.3).   

          A  este  respecto,  el  Tribunal  puso de presente que el escrutinio  probatorio   efectivamente  permite  afirmar  que  la  víctima  accedió  a  la  relación    sexual    bajo    presión,  no  de  manera  voluntaria  como  lo sugiere la defensa. Luego de  validar  los  razonamientos  probatorios  expuestos  en  la sentencia de primera  instancia,  en  relación  con  la  credibilidad  del  testimonio  de PAJL (fls.  243-245  C.3),  añadió  que  una  falsa  sindicación  no  es  plausible en el  presente  caso,  dado  que no se probó ninguna animadversión predicable de los  familiares  de  la  menor  hacia GVM. Antes bien, se subraya en la sentencia del  ad   quem,  aquéllos  le  permitían  a  la  adolescente  que  lo buscara para venderle empanadas (fl. 242  ídem).   

          Es  más,  para  los falladores de segunda instancia, aun admitiendo  hipotéticamente  que  pudiera haber existido una relación sentimental entre el  procesado  y  la  víctima,  ello no desvirtúa la relación sexual violenta  y  no  consentida que dio origen al juzgamiento (cfr. fl. 240  C.3).  En esa dirección, pusieron de manifiesto que los testigos de la defensa,  adecuadamente  valorados  por  el  a quo,  por  la  cercanía con el procesado quisieron justificar que no se  pudo  haber  presentado  un  acceso carnal violento, porque había una relación  sentimental.  Mas  tal  apreciación carece por completo de fundamento, en tanto  no  percibieron directamente los hechos materia de investigación, lo que denota  su ánimo de proteger al acusado (fl. 241 ídem).   

          Tal  reseña  muestra, indiscutiblemente, que la construcción de la  premisa  fáctica  consistente  en que GVM accedió carnalmente a PAJL contra su  voluntad     fue    suficientemente    motivada,  contrario a lo afirmado por el libelista. Lo que advierte  la  Corte  es  que  la  estructura probatoria edificada en las instancias no fue  refutada  adecuadamente  ni  con  cumplimiento  de  las  exigencias formales que  demandan  la  causal  de  casación  y  la  modalidad  de error invocadas por el  demandante   –violación  indirecta de la ley sustancial por falso raciocinio-.   

          El  censor,  desconociendo  tanto  la  naturaleza extraordinaria del  recurso  de casación como los fundamentos probatorios de los fallos confutados,  pretende  que  la Corte convalide su lectura probatoria del caso, en desmedro de  las  premisas  fácticas, argumentativas y probatorias fijadas en las sentencias  dictadas  en  las  instancias. Pasa por alto que, en sede de casación, se está  obligado  a  destruir  la  doble presunción de acierto y legalidad que cobija a  las  sentencias  objeto  de censura. Ello implica que al demandante le asiste el  deber  de  desarrollar un ejercicio de deconstrucción  de  los  fundamentos  probatorios de las sentencias de  instancia,  que  conforman una unidad decisoria (cfr.,  entre  otras,  CSJ  AP  24.06.2015, rad. 45.594; AP 24.02.2016, rad. 43.017 y AP  30.03.2016, rad. 42.397).   

          En  síntesis, los reproches formulados por el libelista, como viene  de  verse,  constituyen  apenas  argumentos  propios de un alegato de instancia,  carentes  de  aptitud  para ser atendidos en casación bajo la óptica del falso  raciocinio.  Pues,  como  lo  tiene  dicho  la  Sala, no hay lugar a predicar la  configuración  de  dicho  yerro cuando simplemente se presenta una apreciación  probatoria  que  no  se comparte. La mera disparidad de criterios en ese aspecto  no  habilita para acudir al recurso de casación (CSJ AP 03.12.09, rad. 27.264).  En   la   misma   dirección,  ha  puntualizado  que  la  simple  oposición  de  apreciaciones  subjetivas contra los razonamientos probatorios efectuados por el  juez  o  la  postulación de críticas a la actividad valorativa, formuladas con  la  amplitud  propia  del  ejercicio de contradicción de las instancias, sin el  debido   planteamiento  técnico,  conduce  a  la  inadmisión  del  recurso  de  casación (CSJ AP 16.06.2010, rad. 33.697).   

          4.3                                      En   consecuencia,   no   habiéndose  presentado  los  reclamos  en  casación  con  respeto de los estándares mínimos para su estudio de fondo, es  innegable  su  indebida  fundamentación. Ello constituye razón suficiente para  inadmitir la demanda.   

          Además,   la   Sala   no   advierte   la   presencia  de  supuestos  justificantes  para  superar  los  defectos  del  libelo  con  el  propósito de  decidirlo  de  fondo  o  emitir  un  pronunciamiento  oficioso  en casación, de  conformidad con el art. 184 inc. 3º del CPP.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte  Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada en nombre de GVM.    

          ADVERTIR   que,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  art.  184  inc. 2º de la Ley 906 de 2004, contra la presente  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  con atención de las reglas  definidas jurisprudencialmente por la Sala.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

11  Efecto  para el cual compulsó copias  de  la  actuación con destino a la Dirección Seccional de Fiscalías de Tunja.   

2 CSJ  SP 07/12/11, rad. N° 37.667.   

3 COPI  M.,   Irving   y  COHEN,  Carl.  Introducción  a  la  lógica,  8ª  edición,  México,  Limusa, 1997, pp.  17-19.   

4  Al  respecto,  cfr.,  entre  otros,  ídem, pp. 125-126 y KLUG, Ulrich. Lógica   Jurídica,   Bogotá:  Temis,  1990.   

      5  Diccionario Esencial de  la lengua española, Real Academia Española, 2006.   

      6 La Ciencia, M.B. Kédrov  y A. Spirkin; Ediciones Grijalbo.   

7 AUDI,  Robert.  Diccionario  Akal  de  Filosofía,  Ed.  Akal, Universidad Autónoma de  Madrid, 2ª edición, 1999.   

8 CSJ  SP 20.02.2008, rad. 23.561.   

9  Análisis  que  articuló  con  la jurisprudencia de la Sala (CSJ SP 17.09.2008,  rad.  21.691),  en  punto  de  la necesidad de verificar desde un punto de vista  objetivo   y  ex  ante  la  aptitud  de  los  medios  empleados  por  el  sujeto  activo de la conducta para  quebrar la autodeterminación de la víctima.     

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