AP4139-2016(47552)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP4139-2016  

Radicación N° 47552  

(Aprobado acta N° 194)  

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de junio de  dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda  de  casación presentada por la defensa de Ana  Cecilia  García  Peñuela  y  Luis   Gonzalo  Urrego  García  contra  la  sentencia  dictada  el  13  de noviembre de 2015 por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá,  que  revocó la de carácter absolutorio proferida el 21 de agosto del  mismo  año  por el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de la capital, para, en su  lugar,   condenarlos,   en   calidad   de   coautores,   del  delito  de  estafa  agravada.   

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal de la siguiente forma:   

2.1.  Los  hechos  motivo de investigación  penal  se  originaron  en la denuncia formulada por el Dr. Armando Riaño León,  en  nombre  y  representación  de  la señora Ana Dolores Martínez de Penagos,  quien   dio   a   conocer   que   en  el  mes  de  julio  de  2007  Ana    Cecilia    García    Peñuela,  propietaria  del  inmueble  ubicado en la carrera 80 N° 9-31 sur de Bogotá, le  solicitó   un  préstamo  de  $10.000.000.oo  a  Martínez  de  Penagos,  deuda  garantizada  mediante  promesa  de  constitución  de hipoteca, para lo cual fue  exhibida   la   escritura   de   compraventa   N°   1655  de  10  de  julio  de  1999.   

2.2. Posteriormente la deudora Ana   Cecilia   García   Peñuela   le  manifestó  a  su  acreedora  Ana  Dolores  Martínez  de Penagos su interés de  vender  el  inmueble  cuya hipoteca había prometido, y le propone la compra del  mismo,  a  lo  que  esta  última  accedió,  por  lo  que pagaría un precio de  $100.000.000.oo.  La  promesa  de  compraventa  fue  suscrita el 23 de agosto de  2007,  en  la  que pactan como parte del precio los $10.000.000.oo adeudados, la  entrega  de  un  automotor Chevrolet Steem, valorado en $20.000.000.oo, mientras  que  el  saldo  de  $70.000.000.oo sería cancelado al momento de la firma de la  escritura  pública de compraventa, cuya fecha definieron para el 14 de enero de  2008 a las 10:00 a.m. en la Notaría 54 de Bogotá.   

2.3.  Sin  embargo,  en septiembre de 2007,  Ana     Cecilia    García    Peñuela   y   su   hijo   Luis  Gonzalo  Urrego  García  solicitaron  a  Ana  Dolores  Martínez  la  entrega  de $3.000.000.oo, garantizados con un cheque del banco Davivienda y que  en  caso  de  no  ser  pagados,  los  abonarían  a la compra de la vivienda. En  octubre   del   mismo   año   García   Peñuela   y  Urrego  García  pidieron  $10.000.000.oo,  y  en  noviembre  de  2007 dos préstamos más de $2.000.000.oo  cada  uno,  garantizados  con  la  expedición  del  respectivo  título valor y  respaldados con la compraventa de la vivienda.   

2.4. El 10 de diciembre de 2007 Ana    Cecilia   García   Peñuela   y  Luis Gonzalo Urrego García  informaron  a  Ana  Dolores  Martínez  la  existencia  de una hipoteca sobre el  inmueble  de  la carrera 80 N° 9-31 sur de Bogotá y un proceso hipotecario que  ellos  desconocían,  por  lo que requerían sanear el predio, motivo por el que  demandaron  nuevos préstamos, para una cantidad final de $82.000.000.oo, que se  abonarían a la compraventa de la casa.   

2.5.    Sin    embargo,    [Ana  Dolores  Martínez  afirmó  que] la  prometiente  vendedora no se presentó a firmar la respectiva compraventa (…),  como   había   pactado   en  la  promesa  correspondiente,  incumplimiento  que  García    Peñuela   y  Urrego  García atribuyeron  a   Ana   Dolores   Martínez,   a   quien   dijeron  no  devolverle  el  dinero  entregado.   

2.6.  Posteriormente  Ana Dolores Martínez  averiguó  que  el  bien prometido en venta figuraba a nombre de Carmen peñuela  (sic)  de  Delgado,  madre  de  Ana  Cecilia  García  Peñuela,  el  cual  hacía parte de una sucesión no  liquidada.1    

2.  Teniendo  en  cuenta  que  Ana    Cecilia    García    Peñuela   y  Luis  Gonzalo Urrego García,  inicialmente,  fueron  renuentes  a comparecer a la audiencia de formulación de  imputación  convocada,  para el 24 de junio de 20092    y    el   22   de   julio  siguiente3,  por  los  Jueces  41  y  17  Penales Municipales con funciones de  control  de  garantías  de  Bogotá,  el   27 de agosto del mismo año, su  homólogo  12,  por  solicitud  del  Fiscal 184 de dicha ciudad, los declaró en  contumacia  y  legalizó  la  imputación  por  el  delito  de  estafa  agravada  –artículos  246  y 267.1  del   Código   Penal-,   a  título  de  coautores4.   

3. El 25 de septiembre posterior se presentó  el        escrito        de        acusación5,  y su formulación se surtió  el      11      de      marzo      de      20106,   a  instancia  del  Juzgado  Cuarto    Penal   del   Circuito   con   funciones   de   conocimiento   de   la  capital.   

4. La audiencia preparatoria se llevó a cabo  el       4      de      marzo      de      20137,   y   el   juicio   oral  se  desarrolló  en  siete  (7)  sesiones  (5 de febrero8,   6   de   junio9  y 4 de julio  de    201410;        12       de       febrero11,   3  de  marzo12     y  2113    y    23    de    julio   de   201514).  Al cabo de la última, se  anunció que el sentido del fallo era absolutorio.   

5.  De conformidad con lo anterior, mediante  sentencia  del  21  de  agosto  de  2015,  el  Juez  cognoscente absolvió a los  acusados15.   

6.   Inconforme  con  esta  decisión,  el  representante   de   los   herederos   de   la  víctima  la  apeló16  y el 13 de  noviembre  posterior  fue  revocada  por  la Sala Penal del Tribunal Superior de  Bogotá.   

En  consecuencia,  condenó  a  Ana    Cecilia    García    Peñuela   y  Luis     Gonzalo     Urrego     García,  en calidad de  coautores  del injusto de estafa agravada, a las penas principales de cuarenta y  seis  (46) meses de prisión, multa de doscientos cuarenta y cinco punto ochenta  y  dos  (245.82)  salarios mínimos legales mensuales vigentes, y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por  lapso  igual a la sanción privativa de la libertad. En todo caso, les concedió  la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena17.   

7.  La  defensa  interpuso  oportunamente el  recurso      extraordinario     de     casación18  y  presentó, en tiempo, el  libelo       que       hoy      se      examina19.   

LA DEMANDA  

Tras   identificar   a   las   partes   e  intervinientes,  el  censor  sintetiza  la  cuestión  fáctica,  la  actuación  procesal  y  las  sentencias  y  manifiesta  tener  legitimación para incoar el  recurso  por razón del desconocimiento de la presunción de inocencia por parte  del Tribunal.   

Enseguida,  anuncia  la  postulación  de un  único  cargo  al amparo de la causal tercera del artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  en el que acusa la violación indirecta de la ley sustancial por error de  hecho,  en  las  modalidades  de  falso  raciocinio, falso juicio de identidad y  falso  juicio  de  existencia,  reproches  que  desarrolla  de  la  manera  como  sigue:   

1.  Parte  por  señalar que se incurrió en  falso  raciocinio  porque  el  Tribunal le dio a la Escritura Pública No. 01655  del  9  de noviembre de 1999  de  la  Notaría  27  del  Círculo  de  Bogotá  un  valor  que vulnera la sana  crítica.   

Al  respecto,  luego  de  precisar que dicho  instrumento  público  es completamente diferente al mencionado en la promesa de  compraventa  suscrita  entre  la  denunciante  y  la  acusada,  asegura  que  el  ad quem erró al estimar que  es   espurio,   pues   no  se  hizo  un  cotejo  por  parte  de  un  experto  en  documentología forense que así lo concluyera.   

Así  mismo,  considera  que  la  escritura  introducida  al  juicio  por  el  policía Juan Carlos Gómez Roa «no     sirve     de     nada     para     este    asunto»20,   pues   no   es   la  que  correspondía incorporar.   

En  este  punto,  agrega que, «si  era  del  caso exponer una falsedad ideológica en la promesa de  compraventa,  eso  es  diferente,  pues  el  Tribunal debió haber buscado si la  hechura   del  documento  contrato  de  compraventa21   fue   elaborado  por  los  inculpados»22;  sin embargo, descarta esta  posibilidad,  teniendo  en  cuenta  que  Ricardo  Salazar  Conde, testigo de ese  negocio  jurídico,  narró  en  el  juicio  que  quien elaboró el contrato fue  Álvaro  Ruiz  Chacón,  abogado  de  la  señora  Ana Dolores Martínez vda. de  Penagos.   

Como  el  letrado  es  de  la  opinión  que  «[e]n  el Sistema Penal Acusatorio, se requiere de la  utilización  de  todos  los mecanismos técnicos, tecnológicos y científicos,  para  determinar  si  existe  (sic) un documento es dubitado o indubitado, si es  espurio     o    no»23  y en el caso de la especie,  el  juez  colegiado  afirmó  que  la  Escritura Pública 01655 del 10  de julio de 1999 de la Notaría 27 del  Círculo   de   Bogotá   es   falsa,   sin  haber  sido  aportada  al  proceso,  «ese documento es inexistente en le (sic) expediente,  entonces  no  se  puede  llegar a conclusiones de ese tenor, pues lo que se debe  analizar  es  jurídicamente,  sin  llegar  a  conclusiones  que  obedecen  a la  técnica  y la experticia»24.   

Entre  las  hipótesis  posibles,  el censor  contempla  las  que  indican  que  el  abogado  de  la  ofendida se equivocó al  elaborar  la  promesa  de  compraventa  o  actuó de mala fe. Lo que no se puede  aseverar,  aduce,  es  que el instrumento del 9 de noviembre de 1999, mencionado  en   el   contrato,   es   espurio   –porque   no   se   obtuvo-   y   que  quien  lo  falsificó  fue  la  procesada.   

2.  Denuncia,  asimismo,  un falso juicio de  identidad  respecto  de la prueba de referencia, consistente en la entrevista de  Ana  Dolores Martínez vda. de Penagos –quien  falleció  antes  del  juicio-,  la  cual acusa de haber sido  alterada  por  el  ad  quem  cuando  estimó  que la enjuiciada le mostró a ella la Escritura Pública 01655  del    10   de   julio   de   1999   –falsa-  como  artimaña,  al  punto  que  apareció  enunciada en el  contrato de promesa, siendo que, la víctima jamás mencionó eso.   

Resalta  que,  a la pregunta que indagaba si  ella  verificó  que  los  indiciados  fueran  los  legítimos  propietarios del  inmueble,  respondió  que  ellos  le  decían  que su mamá estaba muerta y que  existían  dos  hermanos.  Igualmente,  relieva,  frente  al  tema de registro y  certificado  de  libertad,  la  denunciante  contestó  que  al  solicitar  este  documento  ante la oficina respectiva encontró que figuraba como propietaria la  mamá       de      doña      Cecilia.   

Insiste  en que el abogado de la señora Ana  Dolores  se  equivocó  en  la  elaboración  de  la  promesa  al  consignar una  escritura  inexistente, no falsa, luego, no se le puede atribuir a la vendedora,  «que  ella  colocó  eso  en  el contrato, y que ella  exhibió  documentos  espurios de escritura y certificados de tradición, de los  cuales  ninguno  de esos documentos espurios se encuentran aportados, aducidos y  debatidos   en   juicio»25.   

Aquí,  destaca  que la denunciante admitió  que   la   acusada   le   entregó  un  local,  y  se  pregunta:  «¿un     engañador     o    estafador    entregaría    un    local  comercial?»26.  Así mismo, si ella sabía  que  la  propietaria  del  inmueble  era  la  madre de los implicados, cuestiona  «cuál  es el engaño, a sabiendas que infiere que un  abogado     le     hizo     los    trámites    para    la    compra»27.   

Enfatiza,  también,  que  el  ad  quem no advirtió que no es cierto lo  dicho  por  la víctima en el sentido que la vendedora no fue a la Notaría 54 a  firmar  la escritura –hecho  no  probado  por  la  Fiscalía-  pues  la  defensa acreditó que la acusada sí  compareció,  el  29  de  febrero  de  2008,  a  esa  oficina  mientras  aquella  no.   

3. Postula un falso juicio de existencia que  hace  recaer  en la Escritura Pública 01655 del 10 de  julio  de  1999  y un certificado de tradición falso,  que   no   obran   en   la   actuación   y,   sin   embargo,  fueron  empleados  especulativamente  por  la  colegiatura  para  sostener  que estos documentos le  fueron  mostrados  –en una  fecha incierta- a la denunciante por la encartada.   

Además, dice, tampoco existe «ninguna   certeza  de  los  argumentos  de  la  denuncia»28   porque   la  señora  Ana  Dolores  no  compareció  al juicio «para confrontar y  aclarar  en  que (sic) forma, manera, lugar y fecha ocurrió dicho acto de haber  visto  documentos espurios.»  29   

Igualmente, afirma:  

De  acuerdo a la sana lógica, y a la verdad  que  debe relucir, en este asunto, el Tribunal en el punto 6.4.5. asevera que un  certificado   de  tradición  y  libertad  igualmente  adulterado  reflejaba  la  inscripción  de  dicho  documento público, estos son pruebas inexistentes, que  rayan   con   falsa  motivación  en  el  pronunciamiento  que  inculpan  a  mis  defendidos.   

4.  Acusa  un  falso  juicio  de  existencia  respecto  de  «un despliegue patrimonial por parte de  ANA   DOLORES   MARTÍNEZ  VDA.  DE  PENAGOS  hacia  los  inculpados»30,  producto de afirmar que la  ofendida      entregó      dinero     a     los     procesados     –según la acusación $77.000.000-, sin  que se encuentre probatoriamente acreditado en el plenario.   

5.  También  postula  otro  falso juicio de  existencia  frente  a  las  «convenciones  o acuerdos  comerciales»31,  consistentes en tomar como  abono   al  precio  del  inmueble  el  valor  de  los  préstamos  realizados  a  Luis  Gonzalo  Urrego García  por  la señora Ana Dolores Martínez Vda. de Penagos, teniendo en cuenta que no  hay  ninguna  prueba  que  documente  ese  pacto  y él sólo participó como un  testigo de la venta y no como vendedor.   

Es  así  que  se  pregunta  «¿[q]uién  recibió  esos  dineros?,  ¿[l]os  cheques son negocios  independientes?,  ¿si  la  vendedora  entregó  dineros,  por  qué  razón  se  garantizarían  con  cheques  verdaderos?»32.   

6.  Se incurrió, asimismo, dice el letrado,  en  falso juicio de identidad al distorsionar los cheques de Davivienda, girados  por    Luis   Gonzalo   Urrego   García  a  favor de la denunciante, toda vez que no era viable afirmar que  constituían   abono  al  precio  pues  nada  se  sabe  acerca  de  las  razones  comerciales antecedentes.   

Arguye  que, «[a]l  parecer  y  haciendo  conjeturas,  existió  un  contrato de mutuo, esto es unos  prestamos  (sic), pero ello no tendría relación para nada sobre la compraventa  del      inmueble»33.   

Además,  destaca,  los  títulos valores no  eran  falsos  porque  fueron  girados  contra  una cuenta real de Davivienda, al  punto  que  la  señora  Martínez  vda.  de  Penagos procuró su cobro por vía  ejecutiva.  Así  que «estos son temas de préstamo de  mutuo,  de carácter civil, y no existe prueba de acuerdos de abonos»34.   

Bajo  la premisa del Tribunal, en el sentido  que  el  monto  de  los  préstamos  constituyó un abono al precio de venta, el  jurista  invita  a  la  Corte  a preguntarse «por qué  razón  se  tenían  que girar unos cheques. Desde cuando (sic) la víctima hace  girar   cheques   a   los   victimarios»35,    y  «por  qué  razón  no cobró por vía ejecutiva esos  dineros    la    señora    ANA   DOLORES   MARTÍNEZ   DE   PENAGOS»36.   

7.  El último yerro censurado corresponde a  un  falso  raciocinio  proveniente de conferirle a la prueba de la comparecencia  de    Ana   Cecilia   García   Peñuela  a  la  Notaría 54 de Bogotá, «un valor  que  vulnera la sana crítica al dar conclusiones que no obedecen a la práctica  comercial  de compraventa sobre inmuebles»37.   

Reprueba  que  la magistratura haya estimado  que  la  asistencia  de  la  procesada a esa oficina el 29 de febrero de 2008 no  descarta  la  responsabilidad  de  los  enjuiciados  sobre  la  base que para la  tradición  del  inmueble  se  requería  además  que  la  vendedora tuviera la  capacidad  de  transferir el inmueble, lo que en el caso no ocurría no obstante  haber  argüido  ella,  al  amparo  de  una  escritura  pública  falsa,  ser la  propietaria del mismo.   

Resalta   que,   acatando  «las    buenas    costumbres    civiles   y   comerciales»38,  su representada se acercó  a  la Notaría para satisfacer su deber comercial.  Si no lo hubiera hecho,  sostiene,  además  del  incumplimiento  civil  se habría expuesto a un indicio  grave de naturaleza penal.   

Insiste  en  que  la  defensa probó que la  denunciante  mintió  al  señalar que la vendedora no asistió a la Notaría y,  por   el  contrario,  aquella  no  se  presentó.  No  obstante,  «el  Tribunal comete un agravio, al interpretar un raciocinio, que no  obedece  a  las  sanas prácticas de cumplimiento de las presentaciones ante las  notarías  por lo que allí debió habérsele dado una consecuencia diferente en  su     hipótesis.»39   

Finalmente, aduce que la sana crítica y los  postulados  y  estudios  criminológicos dictan que después de que un estafador  ha  realizado  ardides para apropiarse de dineros, «ya  para  que  (sic),  tiempo  después  se  va  a  acercar  a  la  Notaría para el  cumplimiento       de      las      obligaciones      contractuales.»40   

Cierra   señalando   que  de  la  prueba  documental  «se  desprenden  consecuencias  civiles y  ambas  partes proceden a demandar ante la jurisdicción civil por resolución de  contrato    y    pago   de   perjuicios»41.   

Solicita  casar el fallo demandado y, en su  lugar,    dejar    en    firme    la    absolución    proferida    en   primera  instancia.   

         CONSIDERACIONES   

1. Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad  «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º del  canon  184  ejusdem  fijó  las  reglas  mínimas de  admisión  de  la correspondiente demanda, estableciendo que no se seleccionará  aquella  en la que i) el impugnante carezca de interés para acceder al recurso,  ii)  no  se  invoque  la causal conforme a la cual se edifica el reproche de las  contempladas  en  el  artículo 181 ibidem,  iii)  omita  desarrollar  los  cargos  correspondientes  o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer  que  no  se  requiere  de la sentencia para  cumplir  las  referidas finalidades; lo anterior, salvo que alguno de esos fines  permita  superar  los  defectos  técnicos  que  exhiba  el  libelo y decidir de  fondo.   

También tiene decantado la jurisprudencia  que,  la demanda debe ser íntegra en su formulación,  suficiente  en  su  desarrollo  y eficaz en la pretensión, de tal suerte que se  debe  soportar  en  los  principios  que  rigen  el  recurso  extraordinario, en  especial,  los  de  claridad,  precisión, fundamentación debida, prioridad, no  contradicción,  corrección  material, crítica vinculante, razón suficiente y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a  la  manera  de  un alegato de  instancia.    

La proposición de los cargos exige escoger  adecuadamente  la  causal  y el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

2. El libelo que nos ocupa, no satisface los  requisitos  mínimos  que  exige  el  referido  precepto  184 para su admisión,  empezando  porque  no  identifica  la finalidad perseguida con el recurso de las  descritas  en  la  mencionada  disposición  180  y,  por lo tanto, no puede ser  seleccionado. Las razones son las siguientes:   

No   obstante   que  el  censor  acudió  adecuadamente  a la causal tercera, que corresponde a la violación indirecta de  la  ley  sustancial,  para denunciar presuntos errores de hecho por falso juicio  de  existencia, identidad y  raciocinio,    en    su   propuesta   no   solo   no  satisfizo  los presupuestos  demostrativos  de  cada  una  de  las sendas de ataque  seleccionadas    para  cuestionar   puntuales   aspectos   probatorios,   sino  que  dejó  de  atender  –como   lo   exige  la  jurisprudencia-,     aspectos    específicos    de  los  postulados de  trascendencia  y  corrección  material  que  rigen este  mecanismo de impugnación.   

Para      mayor      comprensión,   la  Corte  no  seguirá  el  mismo orden propuesto por el recurrente, sino que  examinará  los  presupuestos  de lógica y debida  argumentación  de  las siete censuras –atomizadas  por  el  actor  en un único  cargo-  según la especie de  cada reproche.   

2.1. Así, frente  a   los   falsos  juicios  de  existencia  propuestos,  inicialmente,   impera  recordar  que  correspondía   al   demandante   demostrar   que   el  sentenciador  desatendió  el  contenido  fáctico  de una prueba debidamente incorporada a la  actuación   o   supuso  un  medio  de  persuasión  no  allegado  al  plenario,  confiriéndole entidad probatoria.   

Para  acreditar  esta  clase  de  error, el  casacionista  tenía  la  carga  de  señalar  el  medio  suasorio materialmente  omitido  o  supuesto  e  indicar,  cómo  de haber sido valorado o no apreciado,  según  fuera  el  caso,  al tiempo con los demás elementos de convicción, las  conclusiones  adoptadas  en  el fallo habrían sido sustancialmente diferentes y  favorables a su pretensión.   

El  defensor  no acató estos lineamientos,  pues,  desde su particular punto de vista, de espaldas al fallo de segundo grado  y  contrariando  el  principio  de  corrección  material, acusa al ad  quem  de  suponer  algunos  hechos  e  instrumentos  de  persuasión,  concretamente,  la  Escritura Pública 01655 del  10  de  julio  de 1999 de la  Notaría  54  de  Bogotá,  un  certificado de tradición falso, “un   despliegue  patrimonial»42   de   la  procesada  hacia  los implicados y las «convenciones o  acuerdos   comerciales»43 mediante los cuales el valor  de  los préstamos realizados por la denunciante a Luis  Gonzalo  Urrego García debían imputarse al precio del  inmueble,  cuando  lo  cierto  es que la referencia a tales circunstancias tiene  soporte probatorio en el proceso.   

Es  así  que,  el  Tribunal  explicó  que  habiendo  sido  debidamente  incorporada  a  la  actuación  la única Escritura  Pública  del  año  1999  que  bajo  el  No. 01655 reposa en la Notaría 54 del  Círculo    de    Bogotá    de    fecha    9    de  noviembre,  cuyo  compareciente  es  Delio  Luengas  y  objeto  contractual  la actualización de la nomenclatura de un predio, es claro  que  la mencionada en el contrato de promesa de compraventa con el mismo número  y    notaría    pero    distinta   fecha   (10   de  julio),   a  través  de  la  cual  supuestamente  la  procesada adquirió el bien inmueble, es obviamente ilegítima.   

Entonces,  no  es  que se haya valorado una  prueba  que  no  reposa  en  el  expediente,  pues,  como  resulta  lógico,  el  ad  quem  es  consciente de  que,  no pudo ser llevada al proceso, justamente, porque no existe en la mentada  oficina  notarial.  Lo que afirmó es que el instrumento público reseñado  en  el aludido negocio jurídico debe ser espurio en tanto no corresponde al que  verdaderamente  obra  en  la  Notaría, razón que lo llevó a inferir que aquel  –el citado en la promesa-,  no  correspondiendo al original, sirvió de vehículo para engañar a la señora  Ana Dolores Martínez vda. de Penagos.   

De  la  misma  manera,  no es cierto que la  colegiatura   haya  evaluado  un  certificado  de  tradición  falso,  sino  que  constató  que  la propietaria del inmueble prometido en venta inscrita, para la  época  de los hechos, en el registro de instrumentos públicos, era la madre de  la  acusada,  información que, evidentemente, no concuerda con la consignada en  la promesa de venta.   

Tampoco  tiene  asiento  en  la realidad la  afirmación  del  letrado,  según  la  cual,  se tuvo por probada la entrega de  dineros  por  parte de la denunciante a los acusados, y el acuerdo entre aquella  y  estos  para que el valor de los préstamos se imputara al precio del inmueble  en  caso  de  que aquel no fuera pagado, sin que existiera prueba en el plenario  de  tales  hechos,  pues  la  Sala  Penal no solo se apoyó en la versión de la  señora  Martínez  vda.  de  Penagos  y  en los múltiples cheques –sin  fondos-  girados por el acusado a  favor  de  ella,  sino en el dicho de Ricardo Salazar quien manifestó saber que  Ana  Dolores  entregó  a  los  vendedores varias sumas de dinero como parte del  precio.   

Y si de lo que se trataba era de cuestionar  las  inferencias lógicas del juez plural, no ha debido postular, en este punto,  un  falso juicio de existencia por suposición por violación de las leyes de la  lógica  sino  que  estaba  impelido  a  cuestionarlo  por  la  senda  del falso  raciocinio.   

2.2.   Ahora,  cuando  se  predica  un  error  de hecho de la última  especie   mencionada,   se  debe  demostrar  que  el  ejercicio  valorativo  del  funcionario  judicial  es  trasgresor  de  los  postulados de la lógica, de las  leyes  de  la  ciencia  o  de  las  reglas  de  la experiencia, es decir, de los  principios    de    la    sana    crítica    como   método   de   apreciación  probatoria.   

Con  tal  fin, el demandante debe señalar,  con  exactitud,  el  medio  de  prueba  sobre el que recae el yerro, identificar  aquello  que  expresamente  dice  y  se  deduce  de  él,  el mérito persuasivo  otorgado  al  mismo  por  el  juzgador,  indicar y desarrollar con precisión la  regla  lógica,  la  ley  de  la ciencia o la máxima de la experiencia aplicada  erradamente  al  realizar el proceso valorativo, así como la que apropiadamente  le  debió  servir  de  apoyo, la norma de derecho sustancial que indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada  o  interpretada  y,  finalmente,  demostrar  que,  de  no  haberse  incurrido  en  el  defecto,  el  sentido de la  decisión adversa habría sido sustancialmente opuesto.   

En el caso de la especie, los dislates del  defensor        son        profusos.   En   efecto,   el  censor  entiende  vulnerada  la sana crítica, particularmente, los postulados de la lógica, pero  no  indica  cuál  de  ellos,  ni  explica  con suficiencia por qué las estimaciones del Tribunal se apartan  de los criterios de la razonabilidad.   

Nótese  cómo, el libelista afirma, en lo  que  no  es  más  que un alegato de instancia, que el  Tribunal  se  equivocó  al  considerar  que la Escritura Pública No. 01655 del  9  de  noviembre de 1999 de  la  Notaría 54 de Bogotá es espuria, pues, opina, ha  debido  practicarse  una  pericia que así lo declarara; no obstante, ignora que  tal    pretensión,    además    de   contraer  un  imposible      material      fenomenológicamente  hablando,  impone  una  tarifa legal proscrita en los  sistemas  procesales  actuales  e  ignora que en un sistema de partes, el sujeto  interesado   en   recabar   o   controvertir   una   prueba   es  el  llamado  a  procurarla.   

Y  es  que,  si  como lo verificó el juez  plural  la  única  escritura válida es la obtenida de la Notaría 54,  de fecha 9  de  noviembre  de 1999, en  la  que  el  señor Delio  Luengas    es    el  contratante,  no  podría  pretenderse  que  se  le  confiriera   exacto   valor  a  la  mencionada  en  la  promesa  de  compraventa  –de   fecha  10  de  julio  del  mismo  año-  cuyo    soporte    es  necesariamente falso.   

Es por ello que el Tribunal se pronunció  de la siguiente manera:   

6.4   Del   recuento   de  las  pruebas  practicadas   en   el   juicio  oral,  realizado  en  precedencia,   resalta   que   en   el   contrato   de  promesa  de  compraventa  suscrito  por Ana Cecilia  García  Peñuela  como  prometiente  vendedora y Ana Dolores Martínez Viuda de  Penagos,     como     prometiente     compradora44, incorporado como parte de  una         estipulación         probatoria45,  en  su cláusula segunda  prevé:   

“Garantiza  la  PROMETIENTE  VENDEDORA  (Ana    Cecilia    García    Peñuela)   que   el   inmueble   objeto  de  este  contrato  es  de  su  exclusiva  propiedad  por haberlo adquirido por compra  que   le   hizo   a   la  señora  Carmen  Peñuela  de  García,  según consta en la escritura pública  N°  01655 de fecha 10 de  julio  de  1999  de la Notaría 27 del Círculo de Bogotá, debidamente inscrita  en  el  folio  de  matrícula  inmobiliaria  N°  50S-382291  de  la  oficina de  Registro   de   Bogotá,   zona  sur…”46   

6.4.1. Sin embargo, a través del policial  Juan         Carlos        Gómez        Roa47   fue   incorporada   al  contradictorio    la    escritura   pública   N°  0165548.      Revisado      este     instrumento,     no     obstante  fue  elevado ante la Notaría  27  del  Círculo de Bogotá, data del 9 de noviembre de 1999, fecha diferente a  la  consignada  en  la promesa de compraventa (10 de julio de 1999). Además, la  escritura  allegada  al  juicio fue extendida por Delio Luengas y versa sobre la  actualización  de  la  nomenclatura  de  un  predio,  de donde se extrae que el  compareciente  y  el  objeto  son diametralmente distintos a los de la escritura  pública a la que hace alusión la promesa de compraventa.   

6.4.2.  De lo anterior se advierte que la  escritura  aducida  al  juicio  y  la  reseñada  en  el  contrato de promesa de  compraventa,  se identifican con al (sic)  mismo  consecutivo (01655) de igual Notaría (27 del Círculo de  Bogotá),  situación  que  no  resulta  viable, pues la misma notaría no puede  emitir  dos escrituras públicas con similar consecutivo, mucho menos con cuatro  meses  de  diferencia, de donde se infiere que uno de los instrumentos públicos  es espurio.   

6.4.3.  En  este orden de ideas, toda vez  que   la  escritura  pública  N°  01655  de  9  de  noviembre  de  1999,  otorgada  por  Delio  Luengas,  fue remitida por la propia  Notaría    27    del    Círculo    de   Bogotá49,  refulge  claro que dicho  instrumento  público  es  el  original,  mientras que el citado en la cláusula  segunda  del  contrato  de  promesa  de compraventa no es legítimo.50 (Subrayas  originales)   

De  otro lado,  el  letrado asegura que su representada no fue quien  elaboró  la  promesa  de compraventa sino un abogado  que   asesoraba   a  la  víctima,  pero  ignora  que el Tribunal jamás desconoció esa circunstancia  y,  lo reprochado fue que,  para  la  elaboración de la promesa, los vendedores,  aquí  juzgados,  en  presencia  de  la denunciante,  le                    suministraron  al referido profesional  del    derecho   unos  documentos   –así  lo  contó  Ricardo Salazar-,  que  constituyeron la base  del  referido contrato, en el que la acusada da fe de  ser  la propietaria exclusiva del bien prometido en venta por haberlo comprado a  su madre, siendo esto mentira.   

Así  mismo, el impugnante no  indica  cuál  postulado  racional  infringió  el  juez  plural  cuando  consideró que no  bastaba   para   exculpar   a   los   procesados  la  comparecencia   de   la   vendedora  a  la  Notaría  54  de Bogotá en la fecha y hora señaladas para la  firma  de la escritura pública sino que se requería  que      tuviera     capacidad     jurídica     para     hacer     la        tradición    del    inmueble,    pues  se  limita a señalar  que  no  se  atendieron  «las sanas  prácticas  de cumplimiento de las presentaciones ante las notarías»51    sin   establecer   la  incidencia    real    de    tal    comportamiento    contractual,   de cara al juicio de reproche.   

Y  es  que,  si  bien  afirma que la sana  crítica  –no precisa si  la  experiencia,  la  lógica  o  la  ciencia-  y  los  estudios criminológicos  –tampoco  los reseña-  indican  que obtenido el desplazamiento patrimonial de víctima a victimario, el  estafador  no  intenta  cumplir  sus  obligaciones contractuales, deja al margen  que,  tras la ejecución consumativa del      iter     criminis,  en  veces,  el  agente  puede desplegar conductas aparentemente  acordes  con  la  ley  contractual que ya  no  apuntan  a obtener una ventaja económica sino a mantener al  sujeto  pasivo  de la infracción en engaño a efecto de evitar ser descubierto.   

Con  todo,  si  se  desechara    el  argumento    del   ad  quem,  o,  incluso,  en  contra,  se  argumentara  que  la  venta  de  cosa  ajena es válida  de acuerdo con el ordenamiento civil colombiano, es palmario que  esta  sólo  es posible si  no  se perjudican los derechos del dueño de la cosa vendida, que no es el caso,  además     que,     subsisten    otras       tantas      razones  de  naturaleza incriminatoria  –vistas    atrás-  que    no    fueron  verdaderamente  rebatidas  por el censor.   

Igualmente,   si  como  lo  sugiere  el  impugnante en uno de los  acápites    dedicados    a   acreditar   los   falsos   raciocinios,     el     ad    quem    habría    inadvertido    que    la    señora    Ana  Dolores faltó a la verdad cuando  dijo  que  los promitentes vendedores no se presentaron a suscribir la escritura  pública,   estaba  obligado  a  postular  un  falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento   respecto   de   la   prueba  de  referencia  contentiva  de  sus  entrevistas,  censura que, de cualquier modo habría estado destinada al fracaso  si   se   observa  que,  de  acuerdo  con  la  cita  de    la  versión de la víctima, traída   por   el  defensor  en  la  demanda,  no  es  claro  que  ella necesariamente se estuviera refiriendo al 29 de  febrero  de  2008,  establecida en el otro sí de la  promesa,  como  fecha de  suscripción    de   la   escritura,   pues, antes  se  había  pactado  otra  distinta.   

2.3.     Ahora    bien,  siendo  el  falso  juicio  de  identidad un defecto de naturaleza eminentemente objetiva, su  proposición  exige  acreditar  que el sentido literal de un medio de prueba fue  cambiado  para  ponerlo  a  decir lo que no revela.  Ello puede ocurrir por  tergiversación,  si se varía el contenido material de la prueba; por adición,  cuando  se  agregan  aspectos  o  resultados  fácticos  no  comprendidos por el  elemento   de   convicción;   o   por  cercenamiento,  si  se  suprimen  hechos  fundamentales del instrumento probatorio.   

En  cualquier caso, la postulación de este  tipo  de  yerro,  exige del casacionista el deber de identificar la prueba sobre  la  que  recae,  revelar  en  términos  exactos  tanto lo que dimana de ella de  acuerdo  con  su estricto contenido material, así como la comprensión objetiva  del  fallador  plasmada  en  la sentencia, y concretar el tipo de desfiguración  (adición,  supresión  o  tergiversación)  en  que haya incurrido el juzgador,  para  lo  cual  es  necesario  efectuar  el correspondiente cotejo entre los dos  textos   y  rematar  enseñando  la  incidencia  del  defecto  en  la  decisión  final.   

El  sometimiento  a  tales  exigencias  es  indispensable,  por  cuanto  se trata de una anomalía, se insiste, de carácter  eminentemente  objetiva,  que para su comprobación requiere la constatación de  la  alteración  del  medio de prueba por parte del fallador, la cual, por ende,  excluye  cualquier  reparo de índole deductivo del funcionario judicial que, de  existir,  debe  ser  postulado  por  la  senda  del  error  de  hecho  por falso  raciocinio.   

El   actor   no  acató  los  precedentes  presupuestos,  pues aunque acusó la alteración de la entrevista rendida por la  denunciante  porque  el  Tribunal señaló que la procesada le mostró a ella un  documento  falso  -la  Escritura Pública 01655 del 10  de  julio de 1999-, cuando ella no dijo nada de esto en  su    declaración,    inadvierte    que    el    ad  quem  en parte alguna de la providencia afirma que tal  inferencia  la  extrajo  de  la  versión  de  Ana Dolores. Por el contrario, se  observa  que  esta  deducción  surge  del análisis conjunto de otros medios de  prueba:  la promesa de compraventa, la escritura pública 01655 del 9  de noviembre de 1999 y el testimonio de  Ricardo Salazar.   

Tampoco  es  como  lo pretende hacer ver el  letrado  que,  en su entrevista, la señora Martínez vda. de Penagos afirme que  conocía  de  antemano  que  el  inmueble no era de la acusada sino de su madre,  pues,  como  surge  del  mismo  libelo, ella manifiesta, sin referencia temporal  alguna,  que  sacó  un  certificado de tradición y ahí se enteró que el bien  estaba     a     nombre     de     la     mamá     de     doña    Cecilia,  y  que  supo  que  dicha señora  estaba   muerta  y  que  existían  dos  hermanos,  luego,  no  se  advierte  la  desfiguración  achacada  por el libelista al fallo de segunda instancia que, al  respecto  señaló que, la víctima fue llevada a error al suscribir el contrato  de  promesa  de  compraventa  del bien, desconociendo que la vendedora no era su  propietaria.   

Por último, es  claro  que  el  jurista  no  demuestra  que  la  sentencia de segundo grado haya  distorsionado  el  contenido  suasorio de los cheques girados por el procesado a  favor   de   la   ofendida   pues,   antes   que   acreditar   que  tergiversó   dichos   títulos   valores,  la  inconformidad  del  defensor   se   dirige   a   reprochar  el  juicio  de  valor  del  ad   quem,  según    el    cual,  estos  y el testimonio de  Ricardo    Salazar,  prueban  que  la denunciante le hizo unos préstamos  al  acusado,  cuyo valor de no ser pagado, sería imputable al precio de la casa  negociada,  lo que sitúa  el  reparo  en  el  ámbito  de  una  mera  divergencia  frente  al criterio del  fallador,  que  debía  ser  discutida  a través del  falso raciocinio.   

3.   Ahora,  es  necesario  destacar  que no se observan flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento de fondo frente al expediente en  razón de las finalidades de la casación.   

4.  En todo caso, es indispensable recordar  que,  al  amparo del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide  no  darle  curso a una demanda de casación, es procedente la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el  auto  del  12  de diciembre de 2005, radicación 24.322 y precisadas en auto  CSJ AP, 25 jun. 2014, rad. 42.597.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por   la  defensa  de  Ana  Cecilia García Peñuela y  Luis  Gonzalo Urrego García,  contra  la  sentencia  dictada  el 13 de  noviembre   de   2015   por   la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior   de  Bogotá.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  folios  11-12  del  cuaderno del Tribunal.   

2  Cfr. folio 21 de la carpeta  del juicio.   

3  Cfr. folio 33 ibidem.   

4  Cfr.    folio    51-53  ibidem.   

5  Cfr.    folios    1-8  ibidem.   

6  Cfr. folio 91 ibidem.   

7  Cfr.   folios   190-192  ibidem.   

8  Cfr.   folios   242-243  ibidem.   

9  Cfr.   folios   249-250  ibidem.   

10  Cfr.   folios   258-259  ibidem.   

11  Cfr.  folios  18-21  de la  carpeta de la sentencia de primera instancia.   

12  Cfr.    folios   36-48  ibidem.   

13  Cfr.    folios   76-81  ibidem.   

14  Cfr.    folios   85-87  ibidem.   

15  Cfr.   folios   89-101  ibidem.   

16  Cfr.   folios   103-111  ibidem.   

17  Cfr.  folios  10-29  del  cuaderno del Tribunal.   

18  Cfr. folio 31 ibidem.   

19  Cfr.      folios  34-49   

20  Cfr. folio 39 ibidem.   

21 La  Corte  precisa  que  verdaderamente  se  trata  de  un  contrato  de  promesa de  compraventa y no de uno de compraventa.   

22  Cfr. folio 39 del cuaderno  principal.   

23  Cfr. folio 40 ibidem.   

24  Ibidem.   

25  Cfr. folio 42 ibidem.   

26  Ibidem.   

27  Cfr. folio 43 ibidem.   

28  Cfr. folio 44 ibidem.   

29  Ibidem.   

30  Ibidem.   

31  Ibidem.   

32  Cfr. folio 45 ibidem.   

33  Cfr. folio 46 ibidem.   

34  Ibidem.   

35  Ibidem.   

36  Ibidem.   

37  Cfr. folio 47 ibidem.   

38  Ibidem.   

39  Cfr. folio 48 ibidem.   

40  Ibidem.   

41  Ibidem.   

42  Cfr. folio 44 ibidem.   

43  Ibidem.   

44  Folios 254 a 257, cuaderno 1.   

45  Sesión   de   4   de   julio   de  2014,  archivo:  L11001600004920080492700_110013109001_001_001, record: 5:00   

46  Folio 256, cuaderno 1   

47  Sesión   de   12  de  febrero  de  2015,  archivo:  11001600004920080492700_110013109003_3, record: 3:00   

48  Folios 271 a 272, cuaderno 1.   

49  Folio 273, cuaderno 1.   

50  Cfr.  folios  17-19  del  cuaderno del Tribunal.   

51  Cfr. folio 48 ibidem.     

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