AP4089-2016(47507)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado Ponente  

AP4089-2016  

Radicación N°47507  

(Aprobado  Acta  No.194)   

Bogotá  D.C.,  veintinueve (29) de junio de  dos mil dieciséis (2016).   

Se pronuncia la Sala sobre la admisión de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor  de  JULIO CÉSAR DÍAZ GUARNIZO  contra  la sentencia dictada por el Tribunal Superior  de  Bucaramanga  el  19 de  octubre  de 2015, mediante la cual confirmó la proferida por el Juzgado Décimo  Penal  del Circuito con Funciones de Conocimiento de esa ciudad el 7 de abril de  2014,  que  lo condenó por el delito de actos sexuales abusivos con menor de 14  años.   

Hechos  

El   15   de  octubre  de  2011,    al  promediar  la mañana, en el  centro  de  la  ciudad de Bucaramanga, el agente de la  policía   JONATHAN  CARREÑO  APARICIO  dio   captura   al   señor     JULIO    CÉSAR    DÍAZ   GUARNIZO,   cuando  era  perseguido  y  atacado  por  varias  personas,  luego  de que la  señora  NOP  lo  sindicara  de  haberle  mostrado  el  miembro   viril   a  su  hija  I.C.M.O,  de   13  años  de  edad,  en  plena  vía  pública.  Escuchada  la  menor,  manifestó  que  la  persona  detenida se le  acercó  por detrás con el  miembro  afuera  y  se  lo  restregó     en     la     cola,     abrazándola,    y    tocándole    la  vagina.     

Actuación procesal relevante  

1.  El  16  de  octubre  de  2011,  ante  el  Juzgado  Noveno  Penal  Municipal con Funciones de  Control  de Garantías de la ciudad de Bucaramanga, se realizaron las audiencias  de  legalización  de  la  captura, formulación de la imputación e    imposición   de   medida   de   aseguramiento   de   detención  preventiva  en  establecimiento carcelario.     

2.   El  2  de  diciembre   siguiente   la  fiscalía  registró  escrito  de  acusación  y  el  18  de enero de 2012 acusó  formalmente  a  JUIO  CÉSAR  DÍAZ  GUARNIZO  por  el  delito de actos sexuales  abusivos  con menor de catorce años, tipificado en el artículo 209 del Código  Penal  (modificado  por  el  artículo  5°  de  la  Ley  1236  de 2008), con la  circunstancia  de  menor  punibilidad  prevista en el artículo 55.1 del Código  Penal (carencia de antecedentes penales).   

3.  El  Juzgado  Décimo  Penal  del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Bucaramanga  adelantó      el  juicio  oral,  y  mediante  sentencia fechada el 7 de  abril  de 2014 condenó a JULIO CÉSAR DÍAZ GUARNIZO a la pena principal de 110  meses  de prisión y la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas por el mismo término, como autor responsable del delito  por el cual había sido acusado.    

4.  Apelado este  fallo  por  el  procesado  y su defensor para pedir la  absolución  por  considerar que existían dudas probatorias sobre la existencia  del  hecho,  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,  mediante  el suyo de 19 de octubre de 2015, que ahora  la   defensa   recurre  en  casación,  lo  impartió  confirmación.   

La demanda  

Con  fundamento en la causal prevista en el  numeral  tercero  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  el    recurrente   presenta   tres  cargos  contra  la  sentencia  impugnada,  por  violación  indirecta   de  la  ley  sustancial,  debido  a  errores  de  hecho  por  falsos  “juicios”  de raciocinio y falsos juicios de identidad en la apreciación de  las pruebas.   

Cargo primero  

Sostiene  que  los  juzgadores de instancia  desecharon    desacertadamente    el   testimonio         de        la        señora        MSGC,           “toda   vez   que   no   apreciaron   circunstancias   fácticas  sustanciales  del  contenido  del  testimonio”,  lo  cual  motivó  que  fuera  desechado,    siendo    conclusivo    de   la   no  responsabilidad penal del procesado.   

En   su   criterio,   los   juzgadores  “desatendieron   lo   dicho   por   la   sincera   deponente”,  quien     sostiene     que   vio  al  joven  bajar  y  pararse  frente  a  una  columnita  con  la  intención de hacer “chita” (orinar), y  que  inmediatamente  después  sintió que una señora bajaba y gritaba, y se le  abalanzó  al  joven,  pero  que  el  joven “ni siquiera orinó porque no hubo  ‘chita’ ni hubo nada”, y que ella creía  que ni siquiera se había alcanzado a bajar el cierre.   

Asegura     que    los    juzgadores  desatendieron   también   lo   relatado    por   la   testigo   sobre  las  circunstancias  modales y espaciales que acompañaron los hechos, cuyo contenido  transcribe,    porque  en    los    fallos  de      manera      inconsulta      sostienen  que  su  relato  es  producto  de la imaginación, cuando la testigo fue clara en  manifestar  que  había  visto  los  hechos,  de suerte que “desde el punto de  vista  lógico  no es dable advertir los dichos producto de la imaginación como  ligeramente lo extraen los juzgadores”.   

Sostiene que los  fallos  incurren  igualmente  en  una contradicción  lógica   al  sostener,  refiriéndose  a  la  tesis  expuesta  por  la  defensa  en  el  sentido de que el  procesado  solo  pretendía  orinar,  que  esa historia a simple vista aparecía  inverosímil  porque “como se sabe, el realizar las  necesidades  fisiológicas  en  la calle a la vista pública está completamente  prohibido  con miras a preservar la salud pública y la convivencia ciudadana, y  tampoco  es  usual  que  el ser humano con algo de sentido común y respeto para  consigo   mismo   y  los  demás,  proceda  a  hacer  tal cosa a plena luz del  día  y  sin  ningún  recato  a  sabiendas  que  mucha  gente  lo puede ver”.   

Manifiesta     que     la  forma  de  argumentar del tribunal  (que  el  relato  es inverosímil porque hacer las necesidades en la calle está  prohibido,  y  que  no es usual que un ser humano haga tal cosa porque puede ser  visto),  es  abiertamente  criticable  a  la  luz  de  la  lógica, y  que  las reglas de la experiencia lo  que   indican,   por   el  contrario,  es  que  “el  nivel  educativo  y de  cultura   ciudadana   en  Colombia  hacen  recurrente  este  tipo  de  conductas  inciviles”.   

Tal    es    el    desacierto    del  argumento   del   tribunal   en  el  análisis  del  testimonio    de    la   señora   MSGC,  que  aplicado  al  testimonio  de la menor implicaría  concluir  que  éste es  igualmente  inverosímil porque hacer tocamientos a menores de  edad  en  la  vía pública está prohibido, y que no es usual que el ser humano  haga tal cosa porque puede ser visto.   

Los   juzgadores   desecharon  también  el  testimonio  de  la  señora  MSGC asegurando  que  la  experiencia  judicial  enseña  “que  una  situación   como  esa,  por  lo  general  desarrollada  por  los  indigentes  o  habitantes  de  la  calle,  y  el procesado no lo es, a lo sumo lo que genera es  fastidio  y  no  lleva  a reaccionar a una persona mentalmente sana como se dice  que  lo  hizo  la progenitora de la menor, máxime que su actividad de vendedora  ambulante  la lleva a tolerar muchas cosas poco agradables que suelen suceder en  la  calle”,  argumentos  que  resultan  absurdos  porque  los declarantes son conclusivos en señalar que  varias   personas   persiguieron   y   agredieron   al  procesado,  lo  que  indica,  por el contrario, que se generó una confusión,  pero  lo  cierto  es  que  esta  forma  de  razonar  desconoce  la  regla  de la  experiencia  que  indica  que  no  solo los habitantes de la calle cometen estos  actos inciviles.   

Otro    razonamiento    de  los  juzgadores  que  pone    al   descubierto   el   falso  “juicio”  de raciocinio, radica en considerar que  “de  ser  cierto lo señalado por el mismo acusado  en  su  declaración,  en el sentido de que tan solo se disponía a realizar una  necesidad  fisiológica  en  el  paredón  cercano  a  unos  establecimientos de  comercio,   no   entiende   por  qué  emprende  la  huida”,  porque es evidente que cualquier persona  que  está siendo agredida y señalada de tan injustos calificativos de abusador  en   plena  vía  pública,  no  va  a  permitir  ser  objeto  de  linchamiento,  siendo  falso, por tanto,  el   raciocinio  del  juzgador cuando asume que solo entendería que orinaba  si no hubiera corrido.   

Agrega  que  los  juzgadores  incurrieron  también  en  un  falso  “juicio”  de  raciocinio  en la apreciación de los  dichos   de   la   menor   I.C.M.O  y  de  su  mamá  NOP,    porque  las  reglas  de  la  experiencia enseñan con vocación de  universalidad,  y  así  lo  reconocen  la  doctrina  y  la     jurisprudencia,  que  estos  ataques  sexuales  se  realizan  de manera encubierta,  escondida  o  secreta,  sin  testigos,  por  lo  que  resultaba contrario a las  reglas  de  la  sana crítica y al instinto de conservación del ser humano, que  una  persona  como el procesado, sin problemas mentales, hubiera decidido atacar  sexualmente  a  una  menor  a plena luz del día, estando a “dos pasitos de la  señora madre y de otros familiares”.   

La  menor  incurre    además    en    la    misma   mentira   en   que   incursiona    su    mamá,   quien  afirmó que el procesado llevaba  el  pene  por fuera cuando echó a correr, incluso cuando estaba en presencia de  las   autoridades   policiales,   mentira   que  es  destacada  por  el  juez  cuando sostiene que “no  desconoce    que    la    madre    de    la    menor    ofendida,   NOP,  sobredimensiona  los  hechos que  son  materia  de  juzgamiento  al  señalar que el acusado fue capturado por los  vigilantes  del  sector  y  un funcionario de la policía nacional cuando tenía  los  genitales aún por fuera de su ropa y a la vista  de  cualquier  persona, afirmación que no es corroborada por estas personas…,  pero  esta situación no resta el poder suasorio que  tiene la declaración rendida por la menor víctima”.   

Argumenta que en  sentir    de    los  juzgadores,   si   se  presenta  una  mentira  como  la  de  la  declarante,  tal  proceder  no  le resta poder suasorio al relato  de  la  menor,  pero  que  esto    no  se compadece con las reglas de la sana crítica, por cuanto lo  que  demuestra  es  la  contaminación y sugestión realizada por la madre, dado  que  la  menor  también  miente  en este aspecto cuando manifiesta “entonces  ahí  mi mamá se volteó pa el otro lado del burro y  le  vio  el chichi del señor por fuera y él empezó a correr y no era capaz de  meterse  el  chichi  al  pantalón empezó a correr y a correr y los celadores y  los  loquitos  de  por  ahí  del  centro empezaron a pegarle en la cabeza y por  todos lados”.   

Reitera      que      frente  a  las  reglas  de la sana crítica no es creíble que una  situación      como      esta      se     haya     presentado,     independientemente   de   que   obre   el  testimonio  del  perito  siquiátrico  y  el  perito  sicológico  que  lo  da  como  creíble,  pues  lo  importante     es    tener    presente  “que la  credibilidad,  como  bien  se  sabe se encuentra en cualquier relato de un menor  que  no  contradiga  las  leyes  de la naturaleza de la física o  realidad  conocida,  es  decir,  la  credibilidad  de  cualquier  narración que no sea en  extremo  absurda, fantasiosa, incoherente, distinto es que el relato sea veraz o  sea  verdadero  que  es  lo que debió (sic) valorar conforme a la sana crítica  los juzgadores de instancia”.   

Asegura que de acuerdo con el relato de la  niña,  cuyo  contenido  transcribe en lo pertinente, inicialmente vio un hombre  con  el  pene  afuera,  y  nada  le  dice a su señora madre, tan solo cambia de  puesto,  y  se  pasa a la parte de atrás, “debiéndose suponer que cuando iba  en  la  parte  de  adelante  vio al hombre con el pene por fuera, o lo que es lo  mismo,  la madre debió haber visto lo ocurrido, y sin embargo, nada vio, lo que  indica  que  el  relato  no  es cierto, aspecto que demuestra el falso juicio de  raciocinio  en  tanto  lógicamente  no es posible que la menor estando adelante  del  ‘burro’,  viera  al hombre con el pene por  fuera  y  solo  pidiera  cambiar  de puesto a la parte de atrás, y que la madre  nada viera”.   

Dice  que  la  única  prueba  directa  que  incrimina  al  procesado  es la declaración de la  presunta   víctima,   la  cual,  como  se  ha  dejado  visto, está teñida de errores lógicos no vistos  por   los   juzgadores   de   instancia,   quienes   tampoco  observaron  la  variación  y  adición  de  sus  relatos, que se van dando en cada una   de   sus  entrevistas,    todo    lo   cual,   analizado  frente  a las   reglas   de   la   sana  crítica  testimonial,  determina  que  pierda  valor  suasorio,  quedando su      historia            maculada     por    la    duda.   

Cargo segundo  

Sostiene que los  juzgadores             incurrieron  en  un  error de hecho por falso  juicio   de   identidad  en  la  apreciación  del  testimonio  de  MSGC,  por  cercenamiento  total de su  contenido  material,  al  sostener que la testigo no  pudo  ver  los  hechos  de  manera  clara porque se interponían elementos en el  proceso de percepción visual.   

Dice       que      esta    afirmación    secciona  el  relato  de  la  testigo,  porque  ésta,             contrario   a  lo  sostenido  por  los  juzgadores,   manifestó  que  el  local tenía  vidrios  de  arriba  hasta  abajo,  ventanales  grandes del techo al piso, y que  desde   adentro    podía   ver  totalmente.  Y  al            ser            interrogada  por  la  defensa  si  el  procesado  había  realizado  tocamientos  a  la  menor,  manifestó     tajantemente:     “Jamás.  Nunca.  Es  que  él  bajaba, la señora bajaba con la  nena   y   él   estaba   ahí  de  espalda  y  nada  más,  él  no  hizo  más  nada”.  Y a  la  pregunta  del  juez  de si había  perdido       la       vista       de       los       hechos,       respondió:       “Ahí  en  el  momento yo vi todo, él bajó normal, él iba normal  caminando  no corriendo,  porque   la   señora   iba   detrás   de   él  corriendo,  entonces  él  iba  corriendo”.   

Argumenta  que la percepción visual de la  testigo  terminó  cuando  el  procesado  salió corriendo, puesto que no podía  dejar  solo  el local, como ella misma lo afirma, pero que de la interpretación  íntegra  de  su  declaración  se extrae que vio los hechos con total claridad,  por  lo  que no se explica en qué momento sucedió lo que se dice que ocurrió,  surgiendo  clara, en consecuencia, la configuración  del error de hecho por falso juicio de identidad.   

Manifiesta  que  la  testigo  describió  con coherencia el lugar de  los  hechos,  la  posición  del  procesado,  el  lugar  de donde procedían los  protagonistas   y  los  tiempos  en  que  ocurrieron,  todo  lo  cual  demuestra  sinceridad  y  naturalidad,  y  que  el  tribunal,  en consecuencia, cercenó el  contenido  de  su  relato  “con  el  argumento  de que se trataba tan solo de  una          testigo          ‘amañada’,    cuando   lo   cierto   es   que   la   señora   SG,  demostró  ser  una  trabajadora  incansable, a quien le constan los hechos por ella depuestos”.   

Cargo       tercero    

Asegura  que  el  tribunal incurrió en un  error  de hecho por falso juicio de identidad, por tergiversación del contenido  material      del      testimonio      de      la      señora      MSGC,  al  sostener,     refiriéndose     a    lo  afirmado  por     ella     en     su     relato:            “refiere  que  desde  su  sitio  de  trabajo,  que  tiene ventanas,  NO  PUDO  OBSERVAR que el  joven  que  se  desplazaba  por  el andén, que es el  mismo  que  se  encuentra  en la Sala a quien reconoce, hubiese realizado algún  tocamiento a la menor”.   

Lo    anterior,    porque         la        testigo    manifestó   que  el  local tenía ventanales que permitían ver con claridad y  que  el  procesado  NUNCA  había  realizado tocamientos a la menor, afirmación  que  es distinta de la de los juzgadores, quienes aseguran que NO PUDO OBSERVAR,  siendo  evidente, por el contrario, que SÍ        OBSERVÓ.     

SE CONSIDERA  

La   Sala   inadmitirá   la  demanda  que  se  estudia  por  no  cumplir  las  exigencias  mínimas de orden formal requeridas para su estudio de  fondo,   ni   satisfacer  los  presupuestos  básicos  de  idoneidad  sustancial  necesarios   para   la   realización  de  los  fines  del  recurso.    Por    separado    analizará   cada   uno   de   los   cargos  propuestos.   

Cargo primero  

En   este   reproche   el   casacionista  plantea   un   error  de  raciocinio  en  la  apreciación         del         testimonio         de        la        señora        MSGC           (testigo  de  la defensa) y en   la   apreciación  de    los    testimonios   de   la   menor   I.C.M.O.   y   de   su   mamá   NOP  (testigos de la fiscalía).   

En   el   primer   caso,   por     considerar     que     los    juzgadores              desatendieron    su    contenido   con  argumentos  absurdos  que envuelven contradicciones lógicas y desconocen reglas  de    la    experiencia.    Y    en   los  restantes,  por  acoger      su      relato, no siendo  creíble,  y haber           menospreciado   las   contradicciones  e  inconsistencias  en  que  incurren.   

La    Sala    ha   sido   reiterativa      en      sostener  que  el  error  de  raciocinio  se presenta cuando el  juzgador  desconoce  los principios de la lógica, las máximas de experiencia o  los  postulados  de  la  ciencia  en  la  valoración  de  las  pruebas, o en la  construcción  de las inferencias lógicas, y que su demostración presupone, en  consecuencia,  (i)  precisar  cuál de estos componentes de la sana crítica fue  desconocido  o  aplicado  indebidamente,  (ii) señalar por qué se presentó su  inobservancia   en   el  caso  concreto,  y  (iii)  probar  que  el  error  tuvo  implicaciones  sustanciales  en las conclusiones probatorias del fallo, adversas  a los intereses de la parte impugnante.    

Este marco demostrativo no es el que sirve  de  soporte  al  cargo,  pues  aunque el casacionista se esfuerza por ajustar su  discurso  a  los  requerimientos  lógicos  de  la  causal  invocada,  lo que se  advierte  es  que  buena  parte  de  las argumentaciones en que apoya la censura  responden  a  apreciaciones personales de la prueba que no consultan la realidad  objetiva,  y  que  el  ataque  termina  reduciéndose  a  la descalificación de  algunas   argumentaciones   aisladas   del  tribunal  que  no  tuvieron  ninguna  trascendencia sustancial en la definición del caso.   

Revisada   la   actuación  procesal  se  establece  que  el  debate probatorio en este asunto giró alrededor de dos  versiones  fácticas  contrapuestas.  La  de  la  menor,  quien  afirma  que  el  procesado  le  exhibió  los  órganos  genitales  y  se  los  restregó  por la  “cola”.  Y la del procesado, quien sostiene que cuando se disponía a orinar  en  un paredón, una señora empezó a insultarlo, a decirle que pagara baño, y  después   se le abalanzó a atacarlo, por lo que se asustó y salió   corriendo, siendo alcanzado por unos celadores.   

La primera, apoyada en parte por la señora  NOP,  mamá  de  la  menor,  quien sostiene que no se dio cuenta de lo sucedido,  pero  que  escuchó  el  grito de su hija y sorprendió al sujeto subiéndose la  bragueta.  Y  la segunda, respaldada por el relato de la señora MSGC, vendedora  de un almacén, quien dijo haber presenciado los hechos.    

En la valoración de estos dos relatos los  juzgadores  decidieron  darle  crédito  a  la  menor  I.C.M.O.  por  considerar  que   resultaba  espontáneo  y  encontraba  sólido  respaldo  en,  (i) el  informe  rendido  por  la  sicóloga  MARÍA MARGARITA GÓMEZ CIFUENTES, (ii) la  valoración   realizada  por  el  siquiatra de Medicina Legal EDMUNDO JOSÉ  GÓMEZ  DURÁN,  (iii)  la  declaración  de  su  progenitora  NOP,  y  (iv) las  versiones  del  agente  de  la  policía  JONATTAN  CARREÑO  APARICIO  y de los  celadores   RAFAEL  AUGUSTO  VELASCO  DUARTE  y  JUAN CARLOS SOLANO JAIMES,  quienes  participaron  en  la  persecución y aprehensión y dieron cuenta de la  reacción   violenta   de  la  mamá  de  la  menor  en  contra  del  capturado.   

En lo sustancial se dijo, (i) que la menor  había  sido  consecuente en los relatos suministrados en el examen sexológico,  la  evaluación  sicológica,  la valoración siquiátrica y el juicio, (ii) que  las  valoraciones sicológica y siquiátrica fueron coincidentes en concluir que  se  estaba frente a una versión espontánea, coherente, consistente y creíble,  (iii)  que  ambas  pericias evidenciaron manifestaciones afectivas y emocionales  que      afianzaban     su     dicho     (llanto,  angustia),  (iv)  que  la  valoración  siquiátrica  diagnosticó  la existencia de una perturbación síquica permanente derivada de  esta  vivencia  traumática,  (v)  que  no  existían motivos para pensar que la  menor  hubiese  creado  una  historia  para perjudicar un inocente o que hubiese  sido  manipulada  con  idénticos  propósitos,  (vi)  que  la mamá de la menor  corroboraba  en  parte  su  dicho,  (vii)  que  el  agente  de la policía y los  celadores  que  participaron  en  la  aprehensión  informaban  de  la reacción  violenta  de  la  mamá de la menor y los adjetivos que utilizaba para referirse  al      capturado      (abusivo,     pervertido,  depravado),  comportamiento que no hubiera asumido de  no  ser ciertos los hechos, (viii) que la historia suministrada por el procesado  y  la señora MSGC no encontraba respaldo probatorio, (ix) que la visibilidad de  esta   testigo   era   limitada   porque   se  hallaba  en  el  interior  de  un  establecimiento  de  comercio  y  no  en  la  vía pública donde ocurrieron los  hechos,  y  (x)  que  esta historia era inverosímil porque realizar necesidades  fisiológicas  en  la  vía  pública  estaba  prohibido, y no era usual que una  persona  con  sentido  común  hiciera  tal cosa a la luz del día y sin ningún  recato.   

El   casacionista  cuestiona  el  juicio  negativo  de  credibilidad  que los juzgadores realizaron del testimonio de MSGC  por  considerar que desde “el punto de vista lógico” no es posible sostener  que  sea  producto  de  la  imaginación, pero no indica en concreto cuál regla  lógica  quebrantaron en su apreciación, ni qué trascendencia tuvo el error en  el    proceso    valorativo    que   condujo   a   la   desestimación   de   su  relato.      

En  el  desarrollo de la censura lo único  que  acierta a argumentar, relacionado con la naturaleza del error que denuncia,  es  que  el  tribunal  incurrió en una contradicción lógica al afirmar que la  versión   de   la   testigo   es   inverosímil   porque  realizar  necesidades  fisiológicas  en  la  calle  está  prohibido,  y porque no es usual que un ser  humano  mentalmente  sano  lo  haga  a la vista pública, pero no demuestra qué  incidencia  tuvieron  estas  construcciones  inferenciales  en  las conclusiones  finales de los fallos de instancia.   

Esta   precisión   era  necesaria  para  complementar  el  ataque,  porque,  como  ya  se dejó visto, los argumentos que  sirvieron  de  fundamento  a  los juzgadores para acoger la versión de la menor  fueron  múltiples, dentro de los cuales las construcciones inferenciales que el  libelista  cuestiona  cumplieron  solo  un  papel  secundario,  de simple plus o  refuerzo  argumentativo,  que  de  ser  eliminadas  ninguna  incidencia negativa  tendrían       en       las       conclusiones       que       la       demanda  controvierte.       

Los  otros  argumentos  expuestos  por  el  recurrente,  en  los  que tilda de absurdos y contrarios a las reglas de la sana  crítica   los   razonamientos   de   los   juzgadores   donde  afirman  que  un  comportamiento  como  el  que  plantea  la  defensa con apoyo en el relato de la  testigo  (que  el procesado solamente se disponía a  orinar  contra  un  muro), no tenía la virtualidad de  desencadenar  una  reacción  tan violenta, como la que se había presentado, ni  explicaba  la huida del procesado, corresponden a interpretaciones personales de  la   prueba,   que  dejan  al  descubierto  una  inconformidad  con  el  proceso  valorativo,      pero      que     no     acreditan     ningún     error     en  concreto.       

Lo  mismo  sucede  cuando sostiene que los  ataques  sexuales,  de  acuerdo  con  las reglas de experiencia, se presentan de  manera  encubierta,  escondida o secreta, no a plena luz del día, como ocurrió  en  este  caso,  y  que  la versión de la menor es por tanto inverosímil, pues  olvida,  en  el empeño de negar a toda costa el hecho, que esta clase de reglas  no  contienen  verdades  absolutas,  sino solo aproximaciones de situaciones que  suelen  ordinariamente  presentarse,  pero  que  no siempre ocurren.     

En  el  afán  de  dar  sustento  a  sus  cuestionamientos,  el  casacionista  termina desconociendo también el principio  de  corrección  material,  que exige que las afirmaciones en que se sustenta la  censura  consulten  la realidad procesal,      pues con  el  fin de estructurar una contradicción entre los relatos de la menor ofendida  y  su  mamá,  que la prueba no revela, ubica a la menor en un lugar distinto al  que   realmente   tenía  cuando  el  procesado  empezó  a  acercársele  y  la  “saboteó”.1   

También   descalifica   el   análisis  probatorio  de  los  fallos  de instancia con el argumento de que la mamá de la  menor  miente cuando asegura que el procesado llevaba el miembro viril por fuera  durante  la  persecución,  comoquiera  las  persones  que  participaron  en  su  aprehensión  no  dan cuenta de este hecho. Pero esta crítica carece de sentido  porque  la  referida  circunstancia no fue tenida en cuenta por el tribunal como  fundamento del fallo.   

Y  si  lo  pretendido  era  cuestionar  la  credibilidad  de  su  testimonio, el ataque termina siendo insubstancial, porque  la   declarante,  contrario  al  entendimiento  del  casacionista,  dio  amplias  muestras  de imparcialidad al manifestar que no se dio cuenta del ataque sexual,  sino  solo  del  grito de la menor y la actitud del sujeto, y porque su dicho no  fue,   por   los   mismos  motivos,  soporte  fundamental  de  la  decisión  de  condena.      

En  síntesis, el casacionista ensaya toda  una  cadena  de  críticas  a  la valoración que los juzgadores hicieron de las  pruebas,  a  partir  de  apreciaciones  personales  de la misma, sin atender los  lineamientos  demostrativos  del  error  que  denuncia,  que  exigen, como ya se  precisó,  indicar con claridad el componente de la sana crítica que los fallos  desconocieron  en  dicho  proceso,  acreditar  su  inobservancia, y demostrar su  trascendencia  en  las conclusiones de los fallos.        

    Asegura   que   los  juzgadores  incurrieron  en  errores  violatorios de la lógica y las reglas de experiencia,  pero  no  indica  cuáles  de estas fuentes del conocimiento fueron quebrantadas  por  ellos  en  la  apreciación  de  las pruebas, y adicionalmente omite, en la  generalidad  de  los  casos,  demostrar  su trascendencia o incidencia frente al  conjunto  probatorio  que sirvió de fundamento para declarar la responsabilidad  del  procesado,  dejando  la  acreditación  del ataque a mitad de camino.    

Cargo segundo  

En este cargo el libelista sostiene que los  juzgadores  incurrieron  en  un  error  de identidad por cercenamiento total del  contenido  material  de  la  declaración  de MSGC, al sostener, contrariando la  versión  de  la  testigo,  que su visibilidad era limitada, y que su dicho y el  del procesado se denotaban amañados.   

Los desaciertos en el planteamiento de este  cargo  son  evidentes. Lo primero que debe decirse es que el cercenamiento total  del  contenido material de una prueba equivale a la omisión de la prueba misma,  y  que  cuando  esto  ocurre, el ataque debe encauzarse por la vía del error de  hecho  por  falso  juicio  de existencia por omisión, que se presenta cuando el  juzgador              la             ignora             como             entidad  probatoria.          

También   incurre   en  una  confusión  conceptual  en  el  proceso  de demostración del error que denuncia, por cuanto  parte  del  supuesto  de que los juzgadores cercenaron el contenido material del  testimonio   de  la  señora  MSGC,  pero  lo  que  realmente  cuestiona  es  la  valoración  que  realizaron de su mérito, planteamiento que nada tiene que ver  con el error que denuncia.      

La Sala ha sido persistente en sostener que  el  error  de hecho por falso juicio de identidad se presenta cuando el juzgador  le  atribuye a la prueba afirmaciones o negaciones que no contiene (distorsión  por  adición),  o  ignora  apartes  importantes de su contenido (distorsión por  cercenamiento), o cambia su literalidad (distorsión   por   trasmutación   o  tergiversación),  haciendo  que  exprese lo que no materialmente dice.    

Esto  presupone,  (i)  indicar  qué  dice  realmente   la   prueba,   (ii)  precisar  qué  expresiones  fueron  agregadas,  cercenadas  o trasmutadas por el juzgador, y (iii) y explicar qué la pusieron a  decir,   requerimientos   mínimos   que   el   casacionista   no  cumple.    

Simplemente  sostiene  que  los juzgadores  cercenaron  su contenido porque la testigo dijo haber visto los hechos con total  claridad,   mientras  los  juzgadores  afirman que no pudo verlos porque su  visibilidad  era  limitada y su dicho devenía amañado. Pero esto no estructura  el  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  que propone, porque los  juzgadores  no  pusieron  a  decir  a  la  prueba  lo  que  no dice, sino que la  desecharon por falta de credibilidad, lo cual es distinto.   

El  demandante  incumple  igualmente  la  obligación   de   demostrar  la  trascendencia  del  error  que  denuncia,  que  implica   realizar  complementariamente  un  examen objetivo de las pruebas  que  sirvieron  de  sustento  a la decisión de condena, con el fin de demostrar  que  de  no  haberse presentado el error, la decisión sería distinta, omisión  que  aparejada a las inconsistencias de fundamentación ya referidas, impiden la  admisión del cargo.   

Cargo tercero  

El casacionista sostiene que los juzgadores  incurrieron  en  un  error  de  identidad por tergiversación al sostener que la  señora  MSGC,  en  su  testimonio,  refirió que desde su sitio de trabajo, que  tiene  ventanas,  NO  PUDO  OBSERVAR  que  el procesado hubiera realizado algún  tocamiento  a  la  menor,  cuando  lo  dicho por ella fue algo muy distinto: que  desde  su  sitio  de  trabajo  PUDO  OBSERVAR  que el procesado nunca tocó a la  menor.   

         En  esta  censura el demandante acierta en la selección del error,  pero  reduce  la  propuesta  de  ataque  al simple enunciado, sin argumentación  complementaria  alguna  encaminada  a acreditar que la variación del sentido de  la  expresión  por  parte de los juzgadores terminó incidiendo adversamente en  las conclusiones probatorias de los fallos, o en su sentido.   

Aunque   esto,  de  suyo,  determina  su  inadmisión,  es  importante  agregar  que  del  contenido  del fallo de primera  instancia  se establece que el juzgador utilizó la expresión tergiversada para  significar  o  dar  a entender lo mismo de la expresión original, es decir, que  la  testigo  manifestaba  que  el procesado no había realizado ningún atentado  contra  la libertad, integridad y formación sexuales, y que solo se disponía a  orinar,   lo   que   pone   de   presente   la   absoluta   intrascendencia  del  cargo.   

Decisión  

Visto,  entonces, que la demanda no cumple  los  requisitos  mínimos  de  orden  formal  ni  sustancial  exigidos  para  su  selección  a  estudio,  se la inadmitirá a trámite y se ordenará devolver el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no  advirtiendo  violaciones  a garantías  fundamentales  que  la  Sala  esté  en el deber de proteger de manera oficiosa.   

Insistencia  

Contra   esta   decisión   procede   la  insistencia  por parte del casacionista, de conformidad con lo establecido en el  artículo  184  inciso  segundo  ejusdem,  en  la oportunidad, forma y términos  precisados  por  la  Corte en jurisprudencia reiterada (CSJ, SP, 12 de diciembre  de  2005,  radicado  24322; CSJ, SP, 28 de septiembre 2011, radicado 33181; CSJ,  SP, 17 de octubre 2012, radicado número 34946).   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         

         RESUELVE:   

         

         INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el defensor de  JULIO     CÉSAR     DÍAZ     GUARNIZO.   

Contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

             FERNANDO      ALBERTO     CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 La  menor  fue  insistente  en sostener que ella iba delante de los burros de madera  que  utilizan  para  la  venta  de  la  mercancía, y su mamá detrás, pero que  decidieron  cambiar,  porque  estaba  cansada,  y  que  fue  después  de  haber  realizado  el  cambio  que  el  procesado se le acercó intempestivamente con el  pene afuera y se lo restregó en la cola.      

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