AP4068-2015(45372)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Eyder Patiño Cabrera  

Magistrado ponente  

AP4068-2015  

Radicación N° 45.372.  

(Aprobado Acta No. 249)  

Bogotá, D.C., veintidós (22) de julio de dos  mil quince (2015).      

I. MOTIVO DE LA DECISION     

Se    pronuncia    la   Sala  sobre la admisibilidad de la demanda de  revisión   presentada   a   su   propio  nombre  por  el  abogado  Víctor  Manuel  Baquero Sáenz contra la  sentencia  del  13  de  febrero  de  2013  de  la  Corte Suprema de Justicia que  confirmó  el  fallo  condenatorio  proferido  el  19  de septiembre de 2012 del  Tribunal  Superior  de  Neiva por el delito de falsedad ideológica en documento  público.      

I. HECHOS     

2.1.  En anterior  oportunidad,   la   Corte   los   narró   de  la  siguiente  manera1:   

«El  21  de marzo de 2001, la Fiscalía 26  Seccional  de  Pitalito (Huila) inició investigación penal en contra de Alirio  Ordóñez   Muñoz   y   otros,  por  los  presuntos  delitos  de  peculado  por  apropiación,  violación  al régimen legal o inconstitucional de inhabilidades  e incompatibilidades y falsedad en documento público.   

Previa orden, el citado Ordóñez Muñoz fue  capturado  el  21  de  mayo  de  2001, su indagatoria recepcionada el 24 de mayo  posterior  y  su  situación  jurídica resuelta el 29 de los mismos mes y año,  con  la  aplicación  de  medida  de  aseguramiento de detención preventiva sin  derecho a excarcelación.   

Múltiples  peticiones  elevadas  por  el  defensor  del  sindicado  debió  resolver  el fiscal instructor en el curso del  proceso,  de las cuales se destaca la de libertad provisional por vencimiento de  términos,  que  fue  despachada  desfavorablemente  mediante resolución del 21  noviembre de 2001.   

Poco  después,  el  29 de noviembre de esa  anualidad,  el Juzgado Segundo Penal Municipal de Pitalito declaró improcedente  la  petición de hábeas corpus que impetró directamente el procesado Ordóñez  Muñoz, aduciendo también vencimiento de términos.   

El 31 de diciembre de 2001, la Fiscalía 26  Seccional   de   ese   municipio  calificó  el  mérito  sumarial,  profiriendo  resolución   de   acusación   en   contra  de  Ordóñez  Muñoz  –y  otros- por las referidas conductas  punibles.   Ratificó,   entonces,  que  no  se  hacía  merecedor  a  beneficio  excarcelatorio alguno.   

Desconociendo  la  emisión  del  proveído  acusatorio,  al conocer de la apelación del pronunciamiento del 21 de noviembre  anterior,  denegatorio  de  la  libertad,  la Fiscalía Segunda delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Neiva  dictó  providencia de segunda instancia el 10 de  enero  de  2002,  revocando la citada decisión y disponiendo, por consiguiente,  la libertad provisional de Ordóñez Muñoz.   

En  esa  misma fecha y bajo el entendido de  que  el superior funcional no conocía del proferimiento del vocatorio a juicio,  la Fiscalía 26 Seccional revocó la orden de excarcelación.   

A  raíz  de  ello,  el  acusado  Ordóñez  Muñoz,   estimando  vulnerados  sus  derechos  al  debido  proceso  y  libertad  personal,  el 11 de enero de 2002 presentó acción de tutela ante la oficina de  reparto  de  los  Juzgados  Civiles  Municipales  de Pitalito, para esa semana a  cargo  del  Juzgado Primero, cuyo titular, doctor VÍCTOR MANUEL BAQUERO SÁENZ,  en  las  horas  de  la  tarde  de  ese  día  recibió la visita de su homólogo  Segundo,  doctor  ABRAHAM PÉREZ VARGAS, quien le solicitó que no repartiera el  asunto  en mención, sino que se lo asignara directamente a su despacho, a pesar  de que el turno correspondía precisamente al Juzgado Primero.   

Aceptada  la  anterior  propuesta,  los dos  funcionarios,  junto  con  la  Jueza  Tercera  Civil Municipal de esa localidad,  doctora  Naydú  Burbano  Montenegro,  suscribieron en la misma fecha el acta de  reparto  N°  002,  en  la  que  consta que el asunto atinente a la solicitud de  tutela  promovida  por  Alirio Ordóñez Muñoz contra la Fiscalía 26 Seccional  de      Pitalito,      fue      “Repartido     al     Juzgado     2”.   

Así  las  cosas,  en  su  calidad  de Juez  Segundo  Civil  Municipal  de  Pitalito,  el  doctor  PÉREZ  VARGAS dictó auto  admisorio  de  tutela y culminó el trámite respectivo mediante fallo del 24 de  enero,  en el que si bien descartó la violación del derecho al debido proceso,  tuteló  el  de  la  libertad  personal del accionante, aduciendo vencimiento de  términos  y  sosteniendo  que la resolución acusatoria dictada en este caso no  podía  enervar  la  posibilidad de excarcelación, puesto que no había quedado  ejecutoriada.   

La  decisión en comento, que fue impugnada  por  el fiscal accionado, el 28 de febrero siguiente fue revocada por el Juzgado  Tercero  Civil  del  Circuito  de  Pitalito,  despacho  que  igualmente  dispuso  compulsar  copias  para  que  los  funcionarios  en  comento fueran investigados  disciplinariamente   por   la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  del Huila, en donde a su vez se ordenó, el 28 de  enero  de  2004,  que  a  los  mismos  se  les  investigara penalmente por estos  hechos.»   

     

I. ACTUACIÓN PROCESAL     

3.1. Con base en las copias expedidas por la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo Seccional de la Judicatura del  Huila2,  la  Fiscalía Primera delegada ante el Tribunal Superior de Neiva  dispuso   la   apertura   de   investigación   previa,   el  30  de  agosto  de  2004.   

3.2.  El  7  de septiembre de 2007, la misma  dependencia  ordenó  la  apertura  de  la instrucción y la vinculación de los  jueces   civiles  municipales  de  Pitalito,  Víctor  Manuel     Baquero     Sáenz     y    Abraham  Pérez  Vargas,  quienes  fueron  escuchados  en diligencias de indagatoria el 1° de octubre y 26 de noviembre de  esa anualidad, respectivamente.   

3.3.  Clausurada la fase instructiva el 4 de  noviembre  siguiente,  la  Fiscalía  calificó  su  mérito el 15 de febrero de  2010,  profiriendo  resolución  de acusación en contra de ambos procesados. Al  Juez  Víctor Manuel Baquero  Sáenz  por  el ilícito de falsedad ideológica  en  documento  público, tipificado en el artículo 286  del  Código  Penal,  y  a  Pérez Vargas   por   el  mismo  delito,  en  concurso  heterogéneo  con  el  de  prevaricato  por  acción,  previsto en el artículo 413 de la misma codificación.   

3.4.  Apelado  dicho proveído, la Fiscalía  Quinta   delegada   ante   esta   Corporación  lo  confirmó  el  29  de  julio  posterior.   

3.5.  El  19  de  septiembre de 2012 la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Neiva, dictó sentencia  declarando  la  responsabilidad penal de Víctor Manuel  Baquero  Sáenz  e imponiendo la sanción principal de  50  meses  de  prisión  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones    públicas    por    65    meses    y    concedió    la    prisión  domiciliaria3.   

3.6   Contra   el   fallo   del  Tribunal,  interpusieron  y sustentaron oportunamente el recurso de apelación el sindicado  Baquero   Sáenz   y   los  defensores   de  ambos  procesados,  el  cual  fue  confirmado  el  13   de   febrero  del  2013  (radicado40.254), advirtiéndose en el  texto  de  la  parte  resolutiva  que  contra  esa  determinación  no procedía recurso alguno.   

     

I. DE              LA          DEMANDA.     

4.1. Mediante   libelo   interpuesto   a   su   propio   nombre  por  el  abogado   Víctor  Manuel  Baquero     Sáenz,    luego    de    enunciar  la  actuación  procesal  cuya  revisión  se  demanda  y la conducta punible que motivó la decisión, sustenta  su  petición  en la causal prevista en el numeral 3 del artículo 220 de la Ley  600 de 2000.   

4.2.   Señala  dentro  de los fundamentos de hecho y de derecho que fue la persona que dejó en  conocimiento  del  Fiscal  26  Seccional  sobre  “la  actitud  o  comportamiento  que  tuvo  el  doctor Abraham Pérez Vargas el 11 de  enero  de  2002  en desarrollo del acto de reparto de tutela que hizo,  no  conmigo  sino  con mis empleados  José   Ramiro   Soto   Salas,   David   Muñoz   Rojas   y   Reinaldo  Imbachí  Anacona;  y  gracias a ello y a la recomendación que  le  hice  de  ponerle ojo, cuenta o cuidado a ese funcionario, el doctor Abraham  Pérez  Vargas,  como Juez Segundo Civil Municipal de  Pitalito,  quedó  descubierto  en  la  comisión del punible de PREVARICATO POR  ACCIOM,  con  ocasión  de  la  decisión  ilegal  que  adoptó  en  el trámite  constitucional.”4   

4.3.  Sostiene  que    fue    Abraham  Pérez  Vargas  quien  incurrió  en  el  citado error  administrativo  y  judicial  por  el que se le condenó, quien en retaliación o  venganza,      con     ayuda     de     sus     abogados,     engañó  a la justicia y de mala fe, en claro  fraude      procesal,      “Me     hizo   víctima   de   dos   terribles  montajes   de   linaje  delictual”,   tanto  en  el  proceso  disciplinario  2002-0057-00,  como  penal 2010-00224-00.   

Para  el efecto, manifiesta que fue tildado  de  codelincuente  y  en  concierto criminal sobre el  reparto    de    la   tutela,   ésta   que    finalmente    nunca    tuvo    en    sus    manos, ni entregó  al  referido  Pérez Vargas,  como  se  dijera  en  juicio  por  José  Ramiro Soto  Salas    y    concluye    en    que   los  jueces  frente  al  reparto, “no  son más que simples firmones de actas de reparto”.   

4.4.  Afirma  que  el  error  del  Tribunal  Superior  de  Neiva,  consistió  en  dejar  de  apreciar  y  valorar  las  pruebas presentadas por la  defensa    y/o    tergiversar   algunas,   y,   dar   credibilidad   a   los   dichos   de   Pérez        Vargas, ante la deficiencia en su defensa.   

Aduce  que  en  su  proceso se desconoció  el  artículo  9  de la Ley 599 de 2000,  los  artículos 2, 15, 21 y 29 de la  Constitución     Política     y    su  calidad  de  inocente,  por su actuación honesta y recta, que  fue      calificada      de      dolosa      en     la     sentencia.   

4.5. Asegura que  es  falso  e  ilegal  el  testimonio  de  Reinaldo  Imbachí         Anacona,        “-quien mantenía jugando billar con  el     Doctor     PEREZ    VARGAS-”,  aducido de  mala  fe  por  el Fiscal Tercero Delegado ante el Honorable Tribunal Superior de  Neiva  el  29  de abril de 2008, al presentarlo como citador del Juzgado Segundo  Civil  Municipal  de  Pitalito sin serlo y con el fin  de ubicarlo en el reparto del 11 de enero de 2002.   

4.6.          Igualmente,  advierte que no   se  tuvo  en  cuenta,  a)  la  declaración  de  Margarita  Pizo Bermeo rendido el 14 de  junio  de 2006-en el proceso disciplinario-, en la que señaló que “su  jefe  antes  del 11 de enero de  2002   –se  adjudicaba  asuntos  de  los  juzgados  civiles  municipales  de  Pitalito  sin someterlos a  reparto,  más  que  todo  despachos  comisorios”.  b).  El  acta  de  reparto  No. 12 de 10 de abril de  1997,  emanada  del  Juzgado  Segundo  Civil Municipal de Pitalito, en el que se  cometió  un error no corregido hasta hoy, al dejar en turno o puerta de reparto  de  tutelas  al  Juzgado  Tercero Civil Municipal de  Pitalito  cuando  correspondía  al  Juzgado Segundo  Civil  Municipal; c). Las Actas de reparto No. 4, 5,  6,  7  y  8  de febrero y marzo de 1997, de la cual se derivó que se tuviera al  Acta   1   de   enero   11   de   2002,  la  que  registraba  el  histórico  de  repartos.   

Aduce que con violación al debido proceso  y  a  su derecho de defensa, se le aplicó jurisprudencia que no tiene carácter  de   doctrina   probable,   las  cuales  afianzan  el  aspecto  objetivo  de  la  estructuración  material  del  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público    y    por    ende,   desconociéndole   en   su   caso   el   aspecto  subjetivo.   

4.7. Presenta la  conculcación  a  su  derecho  a  la  igualdad, en la  actuación  de  la  Sala  del  Tribunal  Superior de  Neiva,  que no condenó a  la   Juez   Tercera   Civil   Municipal  de  Pitalito,  pese  a  que  ella  también  firmó  el Acta 2 de  enero   11   de   2002,  que   originó   la   investigación,  y,  ordenó  la  compulsa  de  copias,  cuando el delito ya estaba prescrito.   

Asegura   que   el  error  judicial  del  Tribunal,  como  de  la  Corte  en  segunda  instancia,  se  debió  a las omisiones, imprecisiones en la  valoración  de  diferentes  testimonios,  unos  recepcionados  en la actuación  disciplinaria   como   en   la  penal,  por  lo  que  se  llegó  a  su  injusta  condena.   

4.8. Como hechos  nuevos,  señala  que se  encuentra  el  testimonio  de la señora Vilma Sotelo  Cerón-esposa    del   co-condenado   Pérez     Vargas-     y  Margarita Pizo Bermeo- Secretaria del  Citado-,      de      la      primera      quien      señaló      “que lo dicho contra mi (sic) por su  esposo  en  el  proceso penal, fue cosa de su abogado de San Agustín, que no le  atendió   el  proceso  y  lo  dejó  condenar  ”,  de    la    segunda   refiere   que   “el  11  de enero de 2002, el doctor  Abraham  Pérez  Vargas  le  manifestó a ella cuando llegó al juzgado después  del  reparto,  fue él quien pidió la tutela repartida en esa fecha, obviamente  de  manera voluntaria”5.   

Ante   la   imposibilidad   de   obtener  el          testimonio          extrajuicio    de   la   esposa   de  Pérez     Vargas  (artículo     33     Constitucional)             –“por  la   consecuencias   para  su  esposo”-,   se  obtuvo,   en   ese   sentido,  la  declaración  de  las  señoras  Luz    Emilia   Bahamon   Cuellar   y  Rubiela Aroca Vargas el 5  de   febrero  de  2015,  solicitando  se  ratifique  vía  comisión.   

4.9.  Peticiona  una   vez   se   surta   el  trámite  se  declare  fundada  la  causal  de  revisión  y en consecuencia,  frente  a  su  asunto, se deje sin valor la sentencia de septiembre 19 de 2012 y  se  dicte  providencia  declarando  su  absolución.  En  subsidio, se remita al  Tribunal   de   Neiva  para  que  proceda     de     conformidad     y     se    decrete    su    libertad  provisional.   

Anexa   como  pruebas,  además  de  las  sentencias   de  instancias  con  su  constancia  de  ejecutoria,  las declaraciones extrajuicios rendidas  en     la    Notaría    Segunda    de    Pitalito  (Huila),    de    las    señoras    Rubiela  Aroca  Vargas,  Luz Emilia Bahamon de Cuellar  y  Margarita Pizo Bermeo calendadas el 5 de febrero de 2015.   

V. CONSIDERACIONES  

    

1. Procedimiento aplicable     

El caso que ocupa la atención de la Sala se  tramitó  y decidió con fundamento en el sistema procesal establecido en la Ley  600  de  2000,  por lo que el procedimiento aplicable en materia de revisión es  el regulado en ese estatuto.   

En  efecto,  los  hechos  por  los cuales se  inició   el   proceso   penal   datan   de  11  de  enero  de  20026,  conforme el  recuento  fáctico,  es  decir en vigencia del anterior Código de Procedimiento  Penal.   

    

1. Competencia     

La  Corte es competente para conocer de esta  acción,   de   acuerdo   con   el   artículo  75,  numeral  2º,  ejusdem,  por  estar  dirigida contra una  sentencia   dictada  en  segunda  instancia  por  esta  Corporación,  que  hizo  tránsito a cosa juzgada.   

En  el  presente  asunto,  la condena contra  Víctor Manuel Baquero Sáenz  fue  emitida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Neiva  el 19 de  septiembre  de 2012 y confirmada en apelación por la Sala de Casación Penal en  decisión de 13 de febrero de 2013 dentro del radicado 40.254.   

    

1. De  la  causal de revisión.     

          5.3.1.  En  atención  al  carácter  extraordinario  que ostenta la  revisión  y la finalidad de remover los efectos de la cosa juzgada judicial, la  ley  ha  sido  en  extremo exigente en la configuración de las causales y en la  precisión de las exigencias mínimas requeridas para su admisión.   

         

Como la Sala lo ha señalado con insistencia,  ésta   especialísima   acción   no  está  consagrada  para  revivir  debates  concluidos   en   las  instancias  respecto  de  un  determinado  tema,  con  la  expectativa   de   que   sean   acogidos   en   esta   sede,  sino  —se         destaca—, para reparar la injusticia material  cometida  en  la  sentencia  amparada en la cosa juzgada. (CSJ AP196-2015. 21 de  enero de 2015. Rad. 43677)   

          5.3.2.       Es       el       artículo       222      ibídem.,  el  que señala los requisitos  formales  que  se  deben  cumplir  para  efectos  de  la  procedencia del libelo  demandatorio,  v.  gr.,  aportar  con  el  líbelo  copia  o  fotocopia  de  las  decisiones  de  primera  y  de  segunda instancia y constancia de su ejecutoria,  según  el  caso,  indicar  la causal que se invoca junto con los fundamentos de  hecho  y  de  derecho  en  los  que  se apoya la solicitud y la relación de las  pruebas   que   se   aportan   para   demostrar   los   hechos  básicos  de  la  petición.   

5.3.3. La demanda interpuesta a nombre propio  por     el    exjuez    Víctor    Manuel    Baquero  Sáenz, se ampara en el numeral 3 del artículo 220 de  la  Ley 600 de 20000, que se refiere a la procedencia de la acción de revisión  contra    sentencias    ejecutoriadas,   entre   otros   casos,   «[c]cuando  después  de  la sentencia condenatoria aparezcan hechos  nuevos  o  surjan pruebas no conocidas al tiempo de los debates, que establezcan  la  inocencia  del  condenado, o su inimputabilidad».   

La Corporación frente al criterio de prueba  nueva   trascendente   que   debe   esgrimir   el  peticionario,  sostuvo,  (CSJ  AP2855-2015. 25 may. 2015. Rad. 45725)   

Sobre la mentada causal relacionada con el  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000, se ha explicado por esta Corte que la  prueba nueva es,   

«…aquel  mecanismo  probatorio  (documental,  pericial,  testimonial)  que  por cualquier  causa  no se incorporó al proceso, pero cuyo aporte ex novo tiene tal valor que  podría  modificar  sustancialmente  el juicio positivo de responsabilidad penal  que  se  concreta  en  la condena del procesado. Dicha prueba puede versar sobre  evento  hasta  ahora desconocido (se demuestra que fue otro el autor del delito)  o  sobre  hecho  conocido  ya  en  el  proceso (muerte de la víctima, cuando la  prueba  ex novo demuestra que el agente actuó en legítima defensa), por manera  que  puede  haber  prueba  nueva  sobre  hecho  nuevo  o  respecto  de variantes  sustanciales  de  un  hecho procesalmente conocido que conduzca a la inocencia o  irresponsabilidad  del  procesado»  (CSJ.  AP 22 Jun  2005. Rad. 22402-cita AP.18 Feb 1998 Rad. 9901).   

En  lo  que se relaciona con las exigencias  que  debe  observar  la  demanda de revisión frente a la causal 3 del artículo  220   ibídem.,  se  viene  explicitando por la Corte:   

«    La  jurisprudencia  tiene  establecido que el ejercicio de la acción con fundamento  en  la  causal  tercera  del  artículo  220  del estatuto procesal penal, exige  acreditar  el  cumplimiento  de  los  siguientes presupuestos: a) surgimiento de  hechos  nuevos  o  de  pruebas  no  conocidas  al  tiempo  de los debates en las  instancias  ordinarias del trámite; b) que el acontecer fáctico esté ligado a  la  conducta  punible  materia  de  investigación  y  juzgamiento; y c) que las  pruebas  aducidas  sean  aptas  para establecer en grado de certeza la inocencia  del  procesado  o  su  inimputabilidad,  o  de tornar cuando menos discutible la  verdad   declarada   en   el   fallo,  haciendo  que  no  pueda  probatoriamente  mantenerse.   

No se trata entonces, de aducir cualquier  clase  de  medio probatorio, sino solamente aquellos que apunten a establecer la  inocencia  del  procesado  o  su  inimputabilidad,   pues  la revisión, en  cuanto  a  esta  causal  se  refiere,  no ha sido instituida para dar lugar a la  continuación  del  juicio  que culminó con la providencia que hizo tránsito a  cosa  juzgada,  o revivir el debate jurídico-probatorio que se llevó a cabo en  el   fenecido  proceso,  sino  para  postular  un  cuestionamiento  serio  a  la  declaración  de  justicia  que  selló definitivamente la controversia procesal  con la decisión inmutable.   

Por  esta  razón,  como  presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio  de  la  revisión, cuando de la causal  tercera  se  trata,  establece  la  ley  la  obligación  para  el accionante de  relacionar  “las  pruebas que se aportan para demostrar los hechos básicos de  la  petición”,  esto  es, allegarlas con la demanda y acreditar al tiempo que  tienen  la  virtualidad de modificar el sentido del fallo, es decir, que reúnen  los  dos  extremos  mencionados en precedencia: la novedad y trascendencia, pues  de  no  cumplirse esta carga, ha de entenderse que lo pretendido es prolongar el  debate  de modo inútil e impertinente como si el juicio no hubiera fenecido con  la  ejecutoria  de  la decisión cuya revisión se demanda,  imponiéndose,  en  consecuencia,   la  inadmisión  del libelo.»  (CSJ AP 3 dic. 2003. Rad. 21404)   

5.3.4.  Frente al presente asunto y de cara  los  supuestos  enumerados en la jurisprudencia, se verifica por la Corte que la  demanda  y  las  pruebas  a  ella  aducidas,  si bien cumplen con el criterio de  novedad  por  ser  posteriores a la sentencia del Tribunal Superior de Neiva del  19  de  septiembre de 2012 en la que se condenó al accionante y la que confirma  el  fallo  emitida  por  la  Sala  de Casación Penal el 13 de febrero de 2013 e  igualmente  se  relacionan  con  la conducta punible objeto de juzgamiento, pues  así  se  infiere  de  la  manifestación  de las declarantes, no se verifica su  trascendencia.   

En efecto, las pruebas testimoniales que se  aducen  novedosas, como son las declaraciones de Rubiela Aroca Vargas, Margarita  Pizo  Bermeo  y  Luz  Emilia Bahamon de Cuellar, materialmente no hicieron parte  del  proceso cuya revisión se demanda, ya que es el mismo peticionario es quien  refiere  que  aparecieron  en  el  año  2014 y 20157;  aunado  a  que  no  existen  elementos  de  juicio para concluir que, habiéndolas conocido, el actor hubiese  renunciado voluntariamente a su descubrimiento.   

5.3.5.  No  obstante,  las  manifestaciones  extra  juicio  atrás  referidas,  recepcionadas  el  5 de febrero de 2015 en la  Notaría       Segunda       de       Pitalito8,   carecen   de   la  entidad  suficiente  para  remover  el  principio  de  cosa  juzgada, ya que no tienen la  trascendencia  necesaria  para iniciar el proceso de revisión de las sentencias  demandadas  de  injustas  por no inferirse de ellas que el condenado en la causa  es inocente del cargo imputado y otro fue el autor del ilícito.   

Así,  con la declaración extra-proceso de  Rubiela  Aroca Vargas y Luz Emilia Bahamon de Cuellar, se pretende desvirtuar el  acuerdo  que presuntamente tuvieron los penados Víctor  Manuel  Baquero  Sáenz y Abraham Pérez Vargas, cuando  en  calidad  de  Jueces  Primero  y  Segundo  Civiles  Municipales  de Pitalito,  respectivamente,  accedieron  a  modificar  el  orden  de  reparto,  para que al  último  descrito,  le  correspondiera  el  trámite  de la acción de tutela de  Alirio Ordóñez Muñoz contra la Fiscalía.   

Sin embargo, en atención a lo dicho por la  señora Aroca Vargas, quien depone en su testimonio extra juicio,   

   

«  …  como  también  conozco al doctor  VÍCTOR  MANUEL  BAQUERO SÁENZ quien en el año 2014, me comentó que la esposa  del  Doctor  ABRAHAM  PÉREZ  VARGAS,  señora  VILMA  SOTELO  CERÓN, le había  expresado  en  la oficina del Diario La Nación en Pitalito, que lo dicho por su  esposo  Doctor ABRAHAM PÉREZ VARGAS contra él dentro del proceso penal, había  sido  cosa  de  su  abogado de San Agustín, que no lo atendió el proceso (…)  Que  el  doctor  VÍCTOR  MANUEL  BAQUERO  SÁENZ, los primeros días del mes de  septiembre  de  2014, me pidió el favor de hacerle llegar un memorial al doctor  ABRAHAM PÉREZ VARGAS, (…)»   

En  consecuencia,  encuentra  la  Corte sin  valor  suasorio la manifestación que hiciera la deponente Rubiela Aroca Vargas,  sobre  la  ajeneidad  del  accionante  Baquero  Sáenz  en  la conducta punible por la cual fue condenado, por  tratarse  en  primer  lugar, de un comentario que recibió del ahora demandante,  y,  no  fue  percibido  por  ella directamente, es decir, que lo escuchara de la  esposa  de  Pérez  Vargas;  en  segundo lugar y más importante, el relato nada  trascendente  aporta  sobre los hechos de juzgamiento, al no especificarse sobre  circunstancias  de  modo,  tiempo  o  lugar del testimonio o de lo que se quiere  referir.   

Similar   situación   acontece   con  el  testimonio  de Luz Emilia Bahamon de Cuellar, el cual no refiere haber percibido  lo  expuesto  por  la  señora  Vilma  Sotelo  Cerón,  sino  que  da cuenta del  descontextualizado comentario del condenado.   

Luego,  las  pruebas que pretende el censor  incorporar  para  el  trámite  de  la  revisión,  no son más que –itérese-  los  comentarios  que  les  hiciera   el   ex   juez   Víctor   Manuel   Baquero  Sáenz a éstas.   

5.3.6.  Además  que  de  por  sí,  tales  manifestaciones  no  derrumban  la sentencia, por cuanto la misma se fundamentó  principalmente  en  la  confesión  del  doctor Baquero  Sáenz,   quien  de  manera  consciente  y  voluntaria  reconoció  que  firmó  el  acta  espuria,  pretendiendo  enrostrar la conducta  irregular en Pérez Vargas.   

En  efecto,  el A  quo  sostuvo en la sentencia condenatoria, como soporte  de prueba,   

“que  enseñan  las  reiterativas  y  explícitas  confesiones  calificadas  de  los  incriminados;  por consiguiente,  será  a  partir  de  las  mismas  que  se  trazará el eje gravitacional de los  injustos y la corresponsabilidad penal.   

En  ese  sentido, se aprecia que el doctor  Víctor   Manuel   Baquero   Sáenz   convino,  concilió,  concordó  y  cohonestó la adulteración del  contenido  del  acta  de  reparto  No. -02 del 11 de enero de 2002, al punto que  permitió   concretar   “la   voluntad   libre  y  voluntaria  (sic)  que  tuvo  el Juez Segundo Civil Municipal Dr. ABRAHAM PËREZ  VARGAS  de llevar asignada la tutela a su despacho”.  Es  más,  como  lo  advirtió  el  último, si el doctor Baquero Sáenz hubiere  ajustado   su   comportamiento   a  derecho  la  realización  del  reato  seria  imposible.   

Adujo  que  se  trató  del reparto de una  tutela  que  le  correspondía  en  turno  a su Juzgado Primero Civil Municipal.  Pero,  que se repartió al Juzgado Segundo civil Municipal, esto porque, el Juez  ABRAHAM  PÉREZ  VARGAS,  “manifestó  el deseo de  conocer  esa  tutela  quizás  porque  no tenía muchos asuntos al despacho para  resolver  o  no  sé  porque motivo…, de ese hecho tuvieron conocimiento todos  los  empleados  del  Juzgado  Primero  Civil  Municipal  y la secretaria del Dr.  ABRAHAM  PÉREZ”,  expreso  que  su proceder fue de  buena  fe,  desconocía si el Doctor Pérez “estaba  obrando  con  temeridad  o mala fe…mi proceder vuelvo y repito fue de absoluta  buena  fe,  no  fue  a  escondidas,  no  fue  por  debajo de la mesa, no fue con  acuerdos  malévolos,  fue  público,  repito fue conocido por lso empleados del  Juzgado   Primero   Civil   Municipal   y   por   la  Secretaria,…”.   

El      doctor      Baquero  Sáenz  calificó su confesión  pretendiendo  transferir  íntegramente  la responsabilidad del injusto penal al  doctor    Abraham   Pérez   Vargas,   porque  éste  solicitó la entrega de la tutela y, así generó la  adulteración  del  contenido  del  reparto  en  el  acta 002 del 11 de enero de  2.002,  propuesta  inicialmente  formulada  a sus empleados, – que por cierto su  secretario  José  Ramiro Soto Salas desechó-. Sin embargo, reiterada ante él,  lo  convenció  y  accedió  a  su  entrega  sin  fundamento  jurídico  alguno;  igualmente,  desplazó su responsabilidad en su que elaboró el acta redargüida  de  falsa  porque  no  consignó  en  su  texto  tal  variación de asignación,  olvidando  que  de  haberlo  hecho ello en modo alguno desvirtuaba el reato dado  que  de todas maneras el acta 002 de enero/02 desconoció  (…)PREGUNTADO:  ¿Usted  no  cree que se afectó la fe pública al consignar un hecho que no era  cierto  en  el  acta  de  reparto  002  de  enero 11 de 2002, máxime, cuando ni  siquiera se dejó constancia del cambio en el reparto?   

(…) CONTESTA: Doctor, que el empleado no  haya  dejado  la  constancia, desafortunadamente la pasó por alto, pero,    no   por   eso   yo   cometí   delito   contra   la   fe  pública.  El escribiente plasmó lo que sucedió ese  día,   la   voluntad  que  tuvo  el  Juez  Segundo  Civil  Municipal  de  tener  incrementado   su   trabajo.   Vuelvo   y   repito   al   Doctor,   el  Doctor  ABRAHAM  PÉREZ  solicito  verbalmente  ante  mí y en  presencia  de  los empleados del juzgado de dejar la tutela para su juzgado y yo  accedí  a  esa  petición libre de él, que desgraciadamente el escribiente que  elaboró  el  acta no plasmó la situación en el acta. Es la primera vez que se  presentaba  esa  situación,  nunca  en  mi  vida  me  había  pasado  eso  y le  reitero,  mi  petición  estuvo  motivada por ningún  consenso  delictivo,  la  expresión  mía  en el momento estuvo rodeada de toda  buena  fe,  no  por  eso  estaba  yo  cohonestado  y  patrocinando  ningún  delito  y como dije en un principio estaba convencido que  por  ser  una  carga  extra del juzgado y que la competencia interna radicaba en  cualquier  juez  o  magistrado del país, por la presión y adaptación laboral,  no   pensé  que con esa actitud se violara delito alguno (…).»   

En forma, por más reiterada la Corte adujó  en  el  fallo  de  segunda instancia, frente a la responsabilidad del accionante  Baquero Sáenz:   

«A  raíz  de  ello, el acusado Ordóñez  Muñoz,   estimando  vulnerados  sus  derechos  al  debido  proceso  y  libertad  personal,  el 11 de enero de 2002 presentó acción de tutela ante la oficina de  reparto  de  los  Juzgados  Civiles  Municipales  de Pitalito, para esa semana a  cargo  del  Juzgado Primero, cuyo titular, doctor VÍCTOR MANUEL BAQUERO SÁENZ,  en  las  horas  de  la  tarde  de  ese  día  recibió la visita de su homólogo  Segundo,  doctor  ABRAHAM PÉREZ VARGAS, quien le solicitó que no repartiera el  asunto  en mención, sino que se lo asignara directamente a su despacho, a pesar  de que el turno correspondía precisamente al Juzgado Primero.   

BAQUERO  SÁENZ,  quien absurdamente adujo  bloqueo  mental producto de las vacaciones y cansancio físico por haber acabado  de     subir     cuatro    pisos    –argumento  ad absurdum que no merece respuesta alguna de la Corte-,  accedió  al  pedimento  y acordó con el juez segundo que dicho asunto le fuera  repartido  a  su  juzgado,  para  luego  serle  compensado  con otro de la misma  naturaleza que llegara al conocimiento de esas oficinas.   

(…)  

El  documento en mención fue suscrito por  los  titulares  de  los tres Juzgados Civiles Municipales de Pitalito, es decir,  por  los citados Jueces Primero y Segundo, BAQUERO SÁENZ y PÉREZ VARGAS, y por  la    Jueza    Tercera    de    esa   especialidad,   doctora   Naydú   Burbano  Montenegro.   

(…)  

Y precisamente por haber sido dicho reparto  el  resultado  de  un  pacto  previo celebrado entre los jueces BAQUERO SÁENZ y  PÉREZ  VARGAS,  es  que se descarta otro de los argumentos defensivos expuestos  por  el  primero,  quien  asegura que lo aquí ocurrido obedece a la enemistad y  animadversión  que se profesan. De ser eso cierto, por lo menos para el momento  en  que  los  hechos  sucedieron,  lo  lógico  habría  sido  que  rechazase la  propuesta de su colega.   

En  conclusión,  le  asiste  razón  al  Tribunal  al  afirmar que el comportamiento desplegado por ambos enjuiciados fue  doloso  y producto de un acuerdo criminal, e insistir en la configuración de la  conducta  punible  falsaria,  por  cuanto  alteraron  la  verdad contenida en un  documento público.»   

Conforme  lo  esbozado,  es  claro  que  la  responsabilidad  penal  en este asunto, se configuró principalmente en la misma  confesión  del  accionante,  y  reforzada  en  los  demás  elementos de prueba  aducidos  al  proceso;  responsabilidad  que  no  alcanza  a ser refutada por la  prueba nueva en la que se soporta la demanda.   

Lo anterior, por cuanto lo expuesto por las  señoras     Rubiela     Aroca     Vargas    y    Luz    Emilia    Bahamon    de  Cuellar,          -itérese- corresponde  a  lo  que  les  fue comentado por el mismo penado ahora accionante, de donde se  infiere la escasa trascendencia frente a la alegada inocencia.   

5.3.7. Finalmente, en lo que hace relación  con  la  declaración de Margarita Pizo Bermeo, secretaria para la época de los  hechos  del Juez Segundo Penal Municipal de Pitalito-Huila, nada nuevo aporta al  caso,  pues lo único que señala es lo probado en las instancias, que el exjuez  Pérez  Vargas  solicitó  el trámite de la tutela que correspondía al Juzgado  Primero  Civil  Municipal  de  Pitalito,  y,  que  eleva  aún más la irregular  actuación,  por  cuanto  como lo sostuvo la Corte, fue orquestada por los otros  Jueces homólogos de su municipalidad.   

5.3.8.  Luego, la alegación presentada por  el  censor,  frente  a la violación de su debido proceso, la prueba testimonial  de   Imbachi   Anacona  la  cual  sostiene  fuera  aducida  ilegalmente,  la  no  valoración  de  pruebas o la tergiversación de su contenido y/o un presunto un  error  histórico en el reparto, son argumentos que demuestran claramente que lo  pretendido   es   continuar  el  debate  jurídico  probatorio  agotado  en  las  instancias  y  que  desconoce  el objeto de la acción de revisión. Ha dicho la  Corte,   

«  Al  respecto,  preciso  es recordar el  criterio  de  la  Sala conforme al cual la acción de revisión no se instituyó  para  revivir  el  debate probatorio surtido al interior del proceso penal, pues  la  discusión  al  respecto  fenece una vez se agotan los recursos ordinarios y  extraordinarios  de los cuales disponen los sujetos procesales en el curso de la  actuación  procesal,  y  la respectiva sentencia hace tránsito a cosa juzgada.   

        Encuentra  la  Sala  que  la  demanda  objeto  de  examen pretende,  precisamente,  utilizar el mecanismo excepcional de la revisión para cuestionar  el  valor  persuasivo  que  el  fallador  de segunda instancia asignó al caudal  probatorio  incorporado  al  proceso, a partir del cual arribó a la conclusión  acerca   de  la  responsabilidad  penal  de  la  señora  (…).»  (CSJ AP 14 sep. 2011. Rad. 34943)   

Conforme la jurisprudencia en referencia, se  tiene  que  el  demandante pretende prolongar la controversia probatoria allende  las   fronteras   correspondientes   al   fallo   ejecutoriado   y  las  pruebas  (testimoniales)  carecen  de  la relevancia para soportar la causal de revisión  invocada,  pues,  se repite, la condena tuvo como cimiento la voluntaria y libre  confesión  del  penado  sobre la que se edificó la culpabilidad del tipo penal  de   falsedad  ideológica  en  documento  público,  en  atención  a  que  las  declaraciones   de   los   demás   testigos  reafirmaron  lo  que  Baquero  Sáenz venía reconociendo en sus  diversas entradas procesales.   

5.3.9.  En  conclusión,  por no contar los  elementos  que  el  demandante  anexa  como nuevos de la trascendencia requerida  para  dejar  sin  efecto  la  cosa  juzgada,  ni  ser ésta acción el escenario  propicio  para  presentar  nuevas perspectivas sobre situaciones ya resueltas, y  como  tampoco una oportunidad para dar paso a un debate probatorio propio de las  instancias,  se  dispondrá la inadmisión de la demanda de revisión presentada  por    Baquero    Sáenz.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

VI.  RESUELVE:   

Inadmitir   la  demanda  de  revisión  presentada  personalmente  por  el  abogado Víctor Manuel Baquero Sáenz.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase.  

Eugenio Fernández Carlier.  

Magistrado  

Eyder Patiño Cabrera.  

Magistrado  

Patricia Salazar Cuéllar.  

Magistrada  

José Francisco Acuña Vizcaya.  

Conjuez  

Guillermo Ángulo González.  

Conjuez  

Fabio Espitia Garzón.  

Conjuez  

Ricardo Posada Maya.  

Conjuez  

Juan Carlos Prias Bernal.  

Conjuez  

Hugo Quintero Bernate.  

Conjuez  

Nubia Yolanda Nova García.  

Secretaria.  

    

1  Sentencia   de  única  instancia  del  25  de  octubre  de  2000, radicado  15273.   

2 Dicho  proceso  disciplinario,  vale  aclarar,  culminó el 23 de marzo de 2007, con la  declaratoria     de    extinción    de    la    acción    disciplinaria    por  prescripción.   

3  Condenó  por  el  concurso  de  delitos  de  falsedad  ideológica  en  documento  público  y  prevaricato  por  acción, al enjuiciado  ABRAHAM  PÉREZ  VARGAS  a  las  penas  principales  de  70  meses  de prisión,  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por 85  meses,  y  multa  por  el  equivalente  a 16 salarios mínimos legales mensuales  vigentes y negó los subrogados penales.   

4 Cfr.  Folio 4. Demanda de revisión   

5 Cfr.  Folio 7 Ibídem.   

6 Tal  como   se  adujo  en  los  hechos  jurídicamente  relevantes  de  la  sentencia  condenatoria de primera instancia. Cfr. Folio 17 cuaderno Corte.   

7 Cfr.  Numeral  10  del  acápite de fundamentos de hecho y de derecho de la demanda de  revisión.   

8 Los  fallos  de primera y de segunda instancia, fueron proferidos el 19 de septiembre  de 2012 y el 13 de febrero de 2013, en su orden.     

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