AP4063-2016(46393)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS  ANTONIO  HERNÁNDEZ  BARBOSA   

Magistrado ponente  

AP4063 – 2016  

Radicación n° 46393  

(Aprobado  Acta No.  194)   

Bogotá D.C., veintinueve (29) de junio de dos  mil dieciséis (2016).   

VISTOS:  

Decide la Sala si admite o no las demandas de  casación  presentadas  por  los  defensores  de  los  procesados CÉSAR AUGUSTO  TAVERA  CARDONA,  RUBÉN  DARÍO CHAVARRÍA GONZÁLEZ, HORACIO DURANGO BENÍTEZ,  JOSÉ  HILARIO GUISAO ROJAS, GILBERTO DE JESÚS PÉREZ PINO y JHON ÉDGAR ÚSUGA  MUÑOZ.   

HECHOS:   

Los   falladores   declararon  probada  la  siguiente situación fáctica:   

El 26 de abril de 2005 el entonces mayor del  Ejército  CÉSAR  AUGUSTO TAVERA CARDONA recibió   información   en   el   sentido  de  que  en  la  vereda  “La   Pipiola”   del  municipio  de  Tarazá  (Antioquia)  se  hallaban  miembros  de  las denominadas  autodefensas  cobrando  un  peaje  y  realizando  la  compra  de  base  de coca.   

Por  lo  anterior,  el  oficial  en mención  desplegó  el operativo de verificación de rigor, en compañía de los soldados  profesionales  RUBÉN  DARÍO  CHAVARRÍA  GONZÁLEZ,  HORACIO DURANGO BENÍTEZ,  JOSÉ  HILARIO GUISAO ROJAS, GILBERTO DE JESÚS PÉREZ PINO y JHON ÉDGAR ÚSUGA  MUÑOZ.  Una  vez  en el lugar indicado y sin que mediara combate alguno, dieron  muerte  a  Julio  César Cardona Jiménez y a Nefer Ney Jaramillo Jarsy, quienes  hacían parte de la agrupación armada ilegal.   

ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.    Iniciada    la    correspondiente  investigación,  se  vinculó  mediante  indagatoria  a  CÉSAR  AUGUSTO  TAVERA  CARDONA,  RUBÉN  DARÍO  CHAVARRÍA  GONZÁLEZ, HORACIO DURANGO BENÍTEZ, JOSÉ  HILARIO  GUISAO  ROJAS,  GILBERTO  DE  JESÚS  PÉREZ  PINO y JHON ÉDGAR ÚSUGA  MUÑOZ,  a quienes la Fiscalía oportunamente les resolvió situación jurídica  y  el  18  de  abril  de  2011 los acusó por los delitos de homicidio agravado,  homicidio    en    persona   protegida,   tortura   en   persona   protegida   y  tortura.   

2.  Tramitado  el juicio, el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Antioquia, mediante sentencia del 18 de  junio  de 2014, condenó a los procesados a las penas principales de 40 años de  prisión,  5.500  salarios mínimos legales mensuales de multa e inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por 20 años, únicamente  por el delito de homicidio en persona protegida   

3. La defensa apeló ese pronunciamiento y el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  a  través del fallo impugnado en casación,  proferido   el   12   de   diciembre   siguiente,  le  impartió  confirmación.   

LAS  DEMANDAS:   

LA  PRESENTADA  A  NOMBRE DE CÉSAR AUGUSTO  TAVERA   CARDONA,   RUBÉN   DARÍO   CHAVARRÍA  GONZÁLEZ  Y  HORACIO  DURANGO  BENÍTEZ:   

Cargo  único.  Violación  indirecta  del  principio     in    dubio    pro    reo.   

          Para  el  demandante,  el error de los falladores consistió, por un  lado,  en  dar  por  ciertos  y  plenamente  probados  los  hechos  conforme los  relataron  los  amigos  de los occisos, supuestos testigos presenciales, quienes  manifestaron  que  no  existió  combate.  Por el otro, en descartar la versión  ofrecida  por  los  militares,  corroborada  por  dos desmovilizados de las AUC,  acorde  con  la cual las muertes se produjeron en el momento en que los miembros  del Ejército fueron atacados por los paramilitares.   

          Los  sentenciadores  resolvieron  condenar  sin  obrar en el proceso  pruebas  que  confirmen  una  u  otra  hipótesis,  las  cuales  no  se  podían  descartar.  No procedía, bajo esa circunstancia, declarar la responsabilidad de  los acusados.   

          Los  testigos  de  cargo Julio Escolástico Hoyos Morales y Hélmuth  Ruiz  Vargas son declarantes  con   “intereses”,  el  primero  porque  era  empleado de los occisos o hacía parte de la organización  armada  ilegal  y el segundo por cuanto en su condición de conductor tenía que  pagar   peaje   para   cruzar   por  ese  sector,  lo  cual  indica  que  estaba  intimidado.   

          El   juez   de  primera  instancia  dejó  de  valorar  las  pruebas  debidamente   aportadas   cuando  concluyó  que  los  militares  realizaron  el  operativo  de  verificación sin previa orden superior. La indagatoria del mayor  TAVERA        CARDONA         y  el documento  “Misión     táctica     Avante”  demuestran  que  éste  recibió  orden  verbal  y escrita para el  efecto.   

De  otra  parte,  los  testimonios  de José  Reinaldo  Hernández Daza y José Arturo Correa Torres  comprueban   que  los hoy occisos hacían parte de una organización al margen de  la  ley,  mientras  los  rendidos  por Hélmuth Ruiz Vargas, Arquimedes Arroyave  Jaramillo,  Yovani  Zuleta  Arenas e Iván Darío Vásquez Espinosa acreditan la  ocurrencia de un  enfrentamiento.   

Tras  transcribir apartes de las deponencias  antes  mencionadas, el demandante reiteró que ni la hipótesis de la acusación  ni  la  de  la defensa se lograron probar plenamente y en esa medida se presenta  una  duda razonable que debe ser resuelta en favor de los procesados. Por tanto,  solicitó  casar  la  sentencia impugnada y, en su reemplazo, proferir decisión  absolutoria.    

         

DEMANDA PRESENTADA A NOMBRE DE JOSÉ HILARIO  GUISAO   ROJAS,  GILBERTO  DE  JESÚS  PÉREZ  PINO  y  JHON  ÉDGAR  ÚSUGA MUÑOZ.            

Cargo único. Violación indirecta de la ley  sustancial    derivada    de    error    de    hecho   por   falso   juicio   de  existencia.   

          Según  el  actor, el ad quem dejó  de  apreciar  las  declaraciones ofrecidas por CÉSAR AUGUSTO  TAVERA  CARDONA,  HORACIO DURANGO BENÍTEZ y RUBÉN DARÍO CHAVARRÍA GONZÁLEZ,  conforme   a   las   cuales   DURANGO   dio    de    baja    a   Nefer   Ney   Jaramillo   Jarsy,   mientras  CHAVARRÍA  hizo  lo propio  con  Julio  César  Cardona  Jiménez,  cuando  el  primero  de  éstos intentó  atacarlos con un arma de fuego y el segundo efectivamente lo hizo.   

El  yerro  es  trascendente  a  juicio  del  defensor  porque  de no haberse omitido esos medios de prueba los sentenciadores  hubiesen  concluido  que  los  homicidios  los  causaron dichos militares en las  circunstancias  por  ellos  relatadas  y,  por  tanto,  habrían  absuelto a sus  representados.   

Le  solicitó  a  la Corte, en consecuencia,  casar el fallo impugnado y proveer en el sentido indicado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

          Las  demandas  no  satisfacen  las  exigencias  establecidas  en  el  numeral  3º  del artículo 212 de la Ley 600 de 2000, conforme al cual en ellas  se  debe  enunciar  la  causal  de  casación  y  formular el cargo o cargos con  indicación  clara  y  precisa de sus fundamentos y de las normas que se estimen  infringidas.   Las  razones  para  arribar  a  esta  conclusión  se  exponen  a  continuación.   

DEMANDA  PRESENTADA  A  NOMBRE  DE  CÉSAR  AUGUSTO  TAVERA  CARDONA,  RUBÉN  DARÍO CHAVARRÍA GONZÁLEZ Y HORACIO DURANGO  BENÍTEZ:   

          Se  recuerda que en el único cargo postulado la defensa afirmó que  el    Tribunal    vulneró   indirectamente   el   principio   de   in dubio pro reo.   

          Se  trata  de  una  censura  con  falencias. El actor no precisó la  clase  de  error ni tampoco su modalidad. Como lo tiene dicho la jurisprudencia,  la  violación  indirecta  de  la  ley  proviene de error de hecho o de derecho,  expresándose  el  primero en los yerros denominados falso juicio de existencia,  falso  juicio  de  identidad  y  falso  raciocinio, mientras el segundo en falso  juicio de legalidad y falso juicio de convicción.   

          En  realidad,  el  demandante  en el desarrollo del reproche no hizo  sino  controvertir  el  alcance  asignado  por los juzgadores a los elementos de  juicio   incorporados  a  la  actuación,  señalando  que  éstos  no  revisten  capacidad  para  demostrar  la  responsabilidad  de los acusados, contrario a lo  concluido  por aquéllos, para quienes los hechos no ocurrieron en desarrollo de  un combate.   

Pretendió  la  defensa  de  esa forma hacer  valer  su  personal  criterio  al  respecto, con lo cual olvidó que ese tipo de  cuestionamientos  probatorios  no  son pertinentes en sede de casación, dada la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  que está dotada la decisión  impugnada,  a  cuyo tenor la apreciación del Tribunal prevalece sobre la de los  sujetos procesales.   

          Es  cierto  que  el impugnante, en uno de los apartes de la demanda,  censuró  al  juez  de  primer  grado  por  no  valorar  las pruebas debidamente  aportadas  a  la  actuación  cuando  concluyó  que los militares realizaron el  operativo  de verificación sin orden superior previa. Y al respecto aludió, en  concreto,    a    la    indagatoria   del   mayor   TAVERA   CARDONA     y  al   documento  “Misión  táctica    Avante”,    medios    de   convicción  demostrativos de que la orden sí existió.   

          Pareciera,  de  la  anterior forma, denunciar la incursión en error  de  hecho por falso juicio de existencia, yerro que se configura cuando, como lo  tiene  decantado  la  jurisprudencia de la Sala, el sentenciador, al apreciar el  conjunto  probatorio,  omite  valorar  algún medio de convicción obrante en el  proceso o supone otro inexistente.   

          No  obstante,  advierte  la Corte que el actor atribuyó el yerro al  juzgador  de  primera instancia, olvidando que en sede de casación la decisión  objeto  de  impugnación es la de segundo grado, de manera que el ataque lo debe  dirigir contra esta última.   

          De  todas  maneras,  es  necesario señalar que el Tribunal apreció  los  medios  de  convicción  echados  de  menos  por  el  defensor,  sólo  que  consideró  irrelevante  si  hubo  o  no orden superior previa para adelantar el  operativo,  pues  –precisó  la  corporación judicial- “lo que importa es lo que  sucedió  esa  mañana  cuando  el  ejército  se  encontró  con unas personas,  dándose  de  baja  a  dos  de  ellas  en  extrañas  circunstancias en donde no  existió          combate          armado”1.   

Para   el   ad  quem,   por  tanto,  así  el  operativo  se  hubiera  ejecutado  mediando orden superior, ninguna justificación existía para que los  militares  dispararan sin que se suscitara combate. Es claro que esa conclusión  no  se desvirtúa con la sola argumentación del censor orientada a demostrar la  expedición del mandato previo.    

DEMANDA PRESENTADA A NOMBRE DE JOSÉ HILARIO  GUISAO   ROJAS,  GILBERTO  DE  JESÚS  PÉREZ  PINO  y  JHON  ÉDGAR  ÚSUGA MUÑOZ:            

          En  el  único  cargo  que  formuló, el actor denunció también la  violación  indirecta  de la ley sustancial, precisando que la misma se originó  en error de hecho por  falso juicio de existencia.   

Al efecto, reprochó la falta de apreciación  de  las  declaraciones  rendidas  por  CÉSAR  AUGUSTO  TAVERA  CARDONA, HORACIO  DURANGO  BENÍTEZ  y  RUBÉN  DARÍO  CHAVARRÍA  GONZÁLEZ,  quienes  en lo que  interesa  manifestaron  que  los  homicidios se produjeron como consecuencia del  ataque  de  que  fueron objeto los militares por parte de una de las víctimas y  de la inminente agresión proveniente de la otra.    

          En   la   postulación   del   yerro,  sin  embargo,  el  demandante  desconoció  el  principio  de  corrección  material,  acorde  con  el cual las  razones,  fundamentos  y  contenido del ataque deben corresponder en un todo con  la  realidad  procesal  (Cfr.  CSJ  AP,  2 may de 2012, Rad. 26846). Lo anterior  porque  no es cierto que el Tribunal haya dejado de valorar las declaraciones en  mención.  Por  el contrario, las ponderó ampliamente, incluso en el aspecto en  que  los  procesados  pretendieron hacer ver que los decesos ocurrieron en medio  de un enfrentamiento.   

          Obsérvese  cómo,  luego de transcribir en lo medular las versiones  de  los  declarantes  echados  de  menos por el impugnante e incluso las de JHON  ÉDGAR  ÚSUGA  MUÑOZ  y  GILBERTO  DE  JESÚS  PÉREZ  PINO,  el  ad  quem  reflexionó  en  los siguientes  términos:           

“Estas declaraciones se contraponen con lo  expresado  por  Arquimedes  de Jesús Arroyave, quien fue muy claro que vio a su  hermano  vivo  inicialmente  y  hace  relación  a  lo  sucedido  con  Nefer Ney  Jaramillo,  lo  cual  se  confirma  con la declaración de Hélmuth Ruiz Vargas,  quien  no  solo  rindió  declaración  en  la  procuraduría,  sino que además  declaró  ante la justicia penal militar, en ambas manifestó que la persona con  un  buzo  rojo, el cual ayudó a cargar unos insumos, lo metieron en un matorral  en  donde  se  escucharon  los disparos y luego se dio cuenta que era la persona  que  había  cargado  los insumos quien se encontraba muerta en ese mismo lugar,  además  el  28 de noviembre de 2006 ese mismo declarante manifestó que no hubo  intercambio  de  disparos,  sino  una  representación  ya  que  los únicos que  dispararon      fueron      los     militares”2.   

          Para más adelante concluir con lo siguiente:   

“En estos términos, debemos recalcar que  Julio   César   Cardona   Jiménez   y  Nefer  Ney  Jaramillo  eran personas protegidas, porque se entiende  no  tenían  posesión  de  armas en el momento en que fueron capturados, uno de  ellos  fue  atacado  sin  que mediara respuesta a los militares y el otro había  sido  retenido  previamente  a  los  hechos,  sin  orden  escrita  de  autoridad  competente.  Su  muerte  se  ha  tratado de justificar en un enfrentamiento y en  combate,    sin    que   existiera   el   mismo”3.   

          El  ad quem, por  tanto,  sí  apreció  las  declaraciones  cuya  omisión  se  aduce,  sólo  que  no les asignó el mérito  suasorio  querido  por  el  impugnante. Por esa razón, si pretendía oponerse a  esa  valoración probatoria, le correspondía acudir al error de hecho por falso  raciocinio,  demostrando  la vulneración de los principios de la sana crítica,  a lo cual se sustrajo la defensa.   

Por  tanto, por su inadecuada sustentación,  quedan  al  descubierto  falencias de naturaleza argumental incompatibles con el  rigor    de    la    casación,    imponiéndose    la    inadmisión   de   las  demandas.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que la obliguen a intervenir oficiosamente en orden a  preservar su intangibilidad.   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR        las  demandas  de  casación  presentadas  por  los defensores de CÉSAR AUGUSTO TAVERA  CARDONA,  RUBÉN  DARÍO  CHAVARRÍA  GONZÁLEZ, HORACIO DURANGO BENÍTEZ, JOSÉ  HILARIO  GUISAO  ROJAS,  GILBERTO  DE  JESÚS  PÉREZ  PINO y JHON ÉDGAR ÚSUGA  MUÑOZ.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Página 33 del fallo de segunda instancia.   

2  Páginas 26 a 37 del fallo de segunda instancia.   

3  Página 43 ibídem.     

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