AP3779-2015(45569)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP3779-2015  

Radicación N°. 45569  

(Aprobado Acta N°. 225)  

Bogotá, D. C., primero (1°) de julio de dos  mil quince (2015).   

MOTIVO DE PRONUNCIAMIENTO  

          Procede  la  Sala a desatar el recurso de apelación interpuesto por  la  defensa técnica del implicado Pablo Alfonso Correa  Peña, en contra de la decisión del Tribunal Superior  de  Bogotá,  proferida  el día 4 de marzo del año que transcurre, mediante la  cual  negó  la solicitud de nulidad presuntamente generada por la ruptura de la  unidad procesal decretada por la Fiscalía.   

HECHOS  

          En  el  pliego  acusatorio,  los  hechos  se plasmaron en más de 20  folios, los cuales resume la Sala así:   

          La  Corporación Eléctrica de la Costa Atlántica S.A. ESP CORELCA,  durante  1988,  amplió  sus  redes  generando  servidumbres  de  conducción de  energía  en  predios  de propiedad, posesión y tenencia de terceros, a quienes  no les adelantó el proceso respectivo, ni los indemnizó.   

          Como  consecuencia de ello, 63 de los afectados iniciaron proceso de  responsabilidad   civil  contra  CORELCA  S.A.  E.S.P.,  el  cual  culminó  con  sentencia  condenatoria,  en la que se ordenó pagar suma superior a los Catorce  mil  millones  de  pesos  a  los actores, lo que generó la interposición de 13  procesos ejecutivos contra la misma entidad.   

          Posteriormente  el  gerente  de la accionada, realizó un acuerdo de  pago  en  el  que  se  involucró  un  lote  de 34 hectáreas de extensión, que  comprende  una  parte  continental y otra insular, de propiedad de la accionada,  ubicado  en  el sector de Mamonal en Cartagena, todo sin la debida autorización  de la Junta Directiva de la entidad.   

          En  las  actividades posteriores tendientes a formalizar el presunto  acuerdo,   se   involucraron   abogados  representantes  de  los  accionantes  –  acreedores,   el   gerente  de  CORELCA  S.A.  E.S.P.;  así  como  funcionarios  judiciales,  notariales  y  terceros  como  la  persona  jurídica CONEQUIPOS, y  algunos  de  sus  funcionarios  del  más  alto  nivel; a pesar de todo ello, no  habían  logrado  consolidar la propiedad del inmueble en cabeza de quienes así  aspiraban.   

          Ya   en  relación  con  la  presunta  participación  de  los  acá  investigados,  se aduce que tuvo su génesis en la interposición de una acción  de  tutela, en la que, -según el escrito de acusación- se manipuló el reparto  para  que  correspondiera  al Juzgado 29 Civil Municipal de Bogotá, del que era  juez   el   acusado   Pablo   Alfonso  Correa  Peña,  conducta   en  la  que  resultaron  involucradas  dos  empleadas  de  la  Oficina  de  Reparto  de los juzgados civiles, laborales y de  familia de Bogotá.   

          Menciona  el  plenario  acusatorio,  que el precitado juzgado avocó  conocimiento,  a  pesar  de  la  vulneración  de  las reglas de competencia del  Artículo  37  del  Decreto  2591  de  1991,   ya  que  territorialmente la  presunta   afectación   de  derechos  sucedía  en  Cartagena  y  además,  las  decisiones   a   materializar  se  derivaban  de  una  orden  impartida  por  un  funcionario  de  superior  jerarquía  –  el  Juez 1º Promiscuo del Circuito de  Mompóx   –   y  por  último,  la  acción  de  tutela  se  enfiló  contra  la  Superintendencia  de  Notariado y Registro, la Oficina de Registro de Cartagena,  y contra la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cartagena.   

                     

          No  obstante, luego de variar la radicación interna del despacho de  la     acción     de     tutela,    pasando    de    la    2011    –  01717 a la 2012-00001, el 25 de enero  de  2012,  el  funcionario  en  mención, profirió decisión de fondo en la que  amparó  parcialmente los derechos alegados como conculcados, y emitió la orden  de  inscribir  en  el registro, el Oficio No. 382 de 4 de marzo de 2011 y el 585  de  15  de  abril  del  mismo  año,  provenientes del Juzgado 1º Promiscuo del  Circuito de Mompóx.   

          Agrega   el  escrito  de  acusación  que  al  no  haber  satisfecho  integralmente  las  pretensiones de los actores, éstos impugnaron la decisión,  medida   procesal   a  la  que  también  acudió  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos  Públicos  de  Cartagena;  el  asunto  correspondió al Juzgado 35  Civil   del   Circuito,  en  cabeza  del  Doctor  Luis  Guillermo  Bolaño Sánchez, con nueva intervención en  el reparto de la misma empleada de la Oficina Judicial.   

          Extraña   el   escrito   de   acusación   que   este  funcionario,  desatendiera  por  completo  la  impugnación  de  la  Oficina  de  Registro, en  relación  con  la  cual  no  hizo  pronunciamiento alguno; así como tampoco se  expresó  en  relación con la petición de nulidad propuesta por algunos de los  representantes  de  los  63  demandantes, que deprecaban la falta de competencia  territorial;  en su lugar,  el ad quem,  confirmó  la  decisión  de  primera  instancia  y  la adicionó  disponiendo  también la inscripción del Oficio 1515 de octubre de 2011, porque  el   juez  a-quo  “olvidó  hacerlo”.   

          Inconformes  los  actores con la decisión, solicitaron su adición,  por  lo  que el 21 de marzo de 2012, el Juzgado del Circuito, sin argumentación  válida  alguna,  -según aduce el escrito de acusación- accedió a lo pedido y  dispuso  que la inscripción del Oficio 1515 de 9 de octubre de 2011, se hiciera  en  los  folios de matrícula inmobiliaria números 060-253536 y 606-253509, que  corresponden  a  los  lotes  1 y 3 en que se había fraccionado el lote inicial;  igualmente  ordenó a la Oficina de Instrumentos Públicos de Cartagena levantar  el  bloqueo  o  congelamiento  de  los  folios números 060-253536, 060-253809 y  060-253808,  es  decir  de  los  lotes  1,  2  y  31.   

          Agrega   el   escrito   de   acusación,   que   conforme   con   la  interceptación  de  llamadas  que  dispusiera  la  delegada  fiscal,  se logró  establecer   que   los   funcionarios   judiciales  solicitaron  “una    fuerte    suma    de    dinero2” a cambio de pronunciarse en  la  forma  en  que lo hicieron, caudal que fue entregado por los accionantes. En  razón  de  esto  último  se involucraron dos particulares a la investigación.   

          Finalmente,  conforme  con  el plenario acusatorio, en el proceso se  dio  captura,  entre  otros,  al  juez  promiscuo del circuito de Mompóx, al ex  gerente  de  Corelca, al abogado litigante, al Notario 10 de Barranquilla y a la  Registradora de Instrumentos Públicos de Cartagena.   

          A   los  funcionarios  judiciales  Bolaño  Sánchez     y    Correa  Peña,  se  les  acusa  de incurrir en prevaricato por  acción  (Artículo 413 del Código Penal), Cohecho Propio (Artículo 405 ídem)  y   al   último  de  los  nombrados  además,  como  determinador  de  Falsedad  Ideológica  en  documento  Público,  agravada por el uso (Artículos 287 y 290  Op. Cit.)   

LA PETICIÓN DE NULIDAD  

          En  desarrollo  de  la  audiencia  de  formulación de acusación la  Fiscalía,  el  Ministerio  Público,  la  representación  de las dos víctimas  reconocidas  y  el  defensor  del  segundo  implicado,  afirmaron  no  encontrar  causales de incompetencia, impedimento, recusación o nulidad.   

          A  su turno la defensora del acusado Correa  Peña,   formuló  petición  de  nulidad  de  la  actuación  a  partir  de la presentación del escrito de acusación, fundada en  que  la  ruptura  de  la  unidad  procesal efectuada por la Fiscalía, afecta el  derecho  de  defensa  de  su  prohijado,  ya que éste no es un aforado, pues la  norma  del  artículo  34-2  de  la  Ley  906  de 2004, es de simple competencia  especial,  por  tanto,  no  debe  romperse la unidad procesal sino que el asunto  debe  ser conocido -en su integridad- por el funcionario de más alta jerarquía  con competencia, vale decir, el Tribunal.    

          Agrega  la  togada,  que  el  derecho de defensa de su cliente se ve  conculcado  por  la  decisión  de  romper la unidad procesal en razón a que no  podrá  defenderse  de  hechos en los cuales no tuvo participación alguna; cita  otras  circunstancias en las cuales, según la defensora, se invertirá la carga  de  la  prueba  poniendo  a  su  representado  a demostrar que no conocía a los  demás  coacusados  o a pronunciarse sobre la falsedad de una escritura pública  que se hizo varios años atrás.    

          Además,   sostiene   que  el  escrito  de  acusación  no  contiene  Elementos  Materiales  de  Prueba  en  contra  de  su defendido y presenta otras  falencias, por lo cual, reitera su petición de nulidad.   

          Escuchados  los argumentos de la defensora, el Tribunal concedió el  uso  de  la palabra sobre el tema propuesto a los demás partes e intervinientes  procesales,  quienes  al  unísono  pidieron  no  atender  el  pedimento  de  la  defensora del Señor Correa Peña.   

          Sustentan   las  manifestaciones  en  aspectos  tales  como  que  la  defensora  no  analizó  los  principios rectores de las nulidades los cuales no  concurren  en  el  presente  asunto  (La Fiscalía); que no es posible anular un  acto  de  parte  como  es  el  escrito  de acusación (El defensor del coacusado  Bolaño Sánchez); que aunque  los  delitos  de los seis implicados son conexos y lo ideal es que se juzguen en  un  solo  juicio, no se avizora cómo, al hacerlo separadamente para los jueces,  se  vulnera el derecho de defensa (El Ministerio Público);  que los jueces  son  aforados  legales,  fuero  que se da en razón de la función cumplida y no  por  la  calidad  de la persona, por tanto el juez natural para los funcionarios  judiciales   es   el   Tribunal   (Representante  de  Corelca);  finalmente,  el  representante  de  la  Rama  Judicial  coadyuvó  los planteamientos anteriores.   

DECISIÓN IMPUGNADA  

          Se  pronuncia  el  Tribunal en relación con la solicitud de nulidad  invocada  por  la defensa de Correa Peña, y  argumenta  que  éste  es  un juez de la república; por tanto la  competencia  para  su juzgamiento corresponde por mandato del artículo 34-2 del  Procedimiento  Penal, al Tribunal Superior, lo que parece aceptado por la citada  profesional,  por  lo  que  su  argumento se torna confuso; además, teniendo en  cuenta  la  naturaleza  de  los  delitos  por  lo  que  se  ha  investigado a su  prohijado,  Prevaricato  por  Acción,  Cohecho  propio  y  Falsedad documental,  éstos  corresponderían por competencia al juez del circuito, pero en este caso  prevalece       el       factor       subjetivo3,  derivado de la condición de  juez del implicado.   

          En  relación  con  la  ruptura  de  la unidad procesal, el Tribunal  recuerda   que  el  artículo  53-1  ídem  resuelve  el  asunto,  al  expresar  que  no se conserva la unidad  procesal  cuando en la comisión de una conducta intervenga una persona amparada  por  fuero  constitucional  o  legal,  como  es  el caso que ocupa su atención,  puesto  que  se  trata de uno legal, no siendo entonces de recibo que se tramite  bajo   una   misma  cuerda  a  los  aforados  con  los  no  aforados4.   

          En  relación  con los supuestos errores contenidos en el escrito de  acusación,  corresponde  a  una función constitucional de la Fiscalía General  de  la  Nación  en  desarrollo de sus funciones constitucionales y legales, que  consiste  en  presentar  escrito  de  acusación  para  dar  inicio  a un juicio  público, concentrado con inmediación de las pruebas.   

          Con  fundamento  en  lo  anterior,  si  -según  la defensora- no se  cuenta  con  elementos  de  prueba  contra  su  prohijado, eso forma parte de la  estrategia  del  Ente  Acusador y la misma fiscal le ripostó a la defensora, en  el  sentido  que  más  valiera que la Fiscalía no contara con los elementos de  prueba  necesarios,  con lo cual debería haber pedido la preclusión por alguna  de las causales.   

          Agrega  el  Tribunal,  que  echa  de  menos la defensora el elemento  demostrativo  de la calidad de juez de su prohijado, a lo que le responde que no  puede  pronunciarse  sobre el particular, so pena de incurrir en quebrantamiento  de  su  imparcialidad  y que si ello es así,  será objeto de otra etapa a  desarrollarse más adelante.   

          Concluye  la Sala que no se encuentra causal de nulidad alguna y que  por   ende   se   esté  transgrediendo  el  derecho  del  acusado  Pablo     Alfonso    Correa    Peña.5   

DEL RECURSO  

1.-  Interpuesto  el  recurso por la señora  defensora   del   procesado  Correa  Peña,  lo  sustenta  diciendo  que la Sala no accedió a la solicitud de  nulidad  en  consideración  a  que  lo que tiene Pablo  Alfonso  Correa es un fuero legal, de lo cual disiente,  porque  el  artículo  34  del  Código Penal (sic) no contiene un fuero sino un  establecimiento de competencia especial.   

Agrega  que  al  mirar  la  norma  citada en  relación  con  los  delitos  especiales,  se  está  frente  a  competencia  de  conocimiento  reservada  el  Tribunal,  por  tanto, no tienen un fuero y hay una  violación al derecho de defensa, como ya lo había dicho.   

Manifiesta  que  existe  la  posibilidad  de  violar  el  derecho  de  defensa  de su prohijado porque éste ha sido vinculado  como  determinador  de  unas  conductas,  y  si  no participa en las pruebas que  demuestren  tales  delitos,  ¿Cómo  se va poder defender de ello?, entonces se  pregunta  ¿Cómo  trasladar esas pruebas al proceso? Agrega que lo que busca es  que  no se den sentencias contradictorias y que se evite una vulneración de los  derechos fundamentales de su protegido.   

Sobre la nulidad aduce que no está pidiendo  la  nulidad  del  escrito  de  acusación,  sino  de la decisión de declarar la  ruptura  de la unidad procesal, ya que insiste, su acudido no es un aforado sino  una  persona  con  competencia  especial  la cual acepta, radica en el Tribunal.   

          2.- La Fiscal 3ª  Delegada  ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, descorrió  el  respectivo  traslado y adujo en su oportunidad, que los argumentos expuestos  por  la  defensora  no  tienen  la  virtualidad  de socavar los expuestos por el  Tribunal, por tanto, pide se confirme la decisión.   

          Dice  que el a-quo  partió  de  la  exposición  de  la  defensora  que  acepta  la competencia del  Tribunal,  por  ende,  pedir  la  nulidad en esas condiciones es contradictorio,  porque  la  ruptura  del  artículo 53 que se leyó, no constituye una causal de  nulidad   como   lo   pide   la  señora  defensora6.   

Además,  siendo el escrito de acusación un  acto  de  parte  y  no  siendo éste el escenario para discutir los elementos de  prueba,  los  argumentos que fundamentan la apelación no son de recibo y quizá  no  alcanzan a llenar esos requisitos para que un recurso pueda concederse, pues  al  insistir  en  los mismos argumentos sin traer unos que ataquen la decisión,  no  ha  sustentado  debidamente  el  recurso, por tanto, en caso que se conceda,  pide a la Corte se confirme la decisión.   

El   defensor   del  acusado  Luis   Guillermo   Bolaño   Sánchez,  se  expresa                   conforme7.   

El    Ministerio    Público8   pide   la  confirmación  de  la  decisión  por cuanto se ajusta a la ley, ya que se está  frente  a dos procesados que ostentan fuero legal, lo que otorga una competencia  especial  en  razón a la dignidad del cargo, la que está atribuida al Tribunal  Superior de Bogotá.   

En  segundo  lugar,  sobre  la  ausencia  de  elementos  de  juicio  personalizados  para  el procesado, debería ser algo que  alegrara  a  la  defensora, porque si no hay elementos de juicio que impliquen a  su  defendido, sería una falencia de la Fiscalía; lo mismo que la pregunta que  se  hace  la  defensora  en  relación a ¿Cómo se va a condenar a su prohijado  como  determinador  por  una conducta que no se ha demostrado?, pues es algo que  le  compete a la Fiscalía probar en el juicio, y todo ello no afecta el derecho  de   defensa   del   implicado  Pablo  Alfonso  Correa  Peña.   

Así,  independientemente  de  hablar de fuero,  hay  una  competencia  especial  y  autónomamente  a  que  se demuestre o no la  materialidad  de  la  conducta  por  la que se acusa como determinador al doctor  Pablo  Alfonso  Correa Peña,  ese   tema   también   debe   preocupar   a  la  Fiscalía,  pero  per   sé  no  constituye  una  causal  de  nulidad,  por  tanto, concluye  pidiendo la confirmación de la decisión.   

El   apoderado   de   CORELCA9 pide a la Sala  de  Casación de la Corte Suprema de Justicia se confirme la decisión recurrida  por estar ajustada a derecho y ser legal.   

Afirma el profesional, que son dos los puntos  en  puga,  el  primero  que  es de competencia, la cual la acepta la impugnante,  pero  pide  la  nulidad por la ruptura de la unidad procesal porque no acepta el  fuero legal.   

En  cuanto  al segundo punto el apoderado en  mención,  se  adhiere  a  lo  expresado  por  el  Ministerio  Público sobre la  estrategia  de la Fiscalía y concluye pidiendo la confirmación de la decisión  recurrida.   

El  representante  legal de la víctima Rama  Judicial10   se  expresa  conforme  con  la  decisión  recurrida.   

El   Tribunal  al  considerar  debidamente  sustentado  el  recurso concede el recurso en el evento suspensivo, conforme con  el artículo 177 numeral 4º.   

         

CONSIDERACIONES  

    

1. Competencia.     

         

          De  acuerdo el numeral 3º del artículo 32 de la Ley 906 de 2004, a  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia, le corresponde  desatar  el recurso de apelación interpuesto en contra de la decisión adoptada  por el Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá.   

    

1. Problemas Jurídicos     

         

          Encuentra  la  Sala,  de acuerdo con los planteamientos del Tribunal  Superior  de  Bogotá  y  la defensora recurrente, que los asuntos jurídicos de  interés  en  el  presente  asunto  son: Primero, la condición o no de aforados  legales   de   los  jueces  sometidos  a  enjuiciamiento  criminal;  segundo  el  juzgamiento  de  aforados y no aforados implicados en el mismo asunto, es decir,  sobre  la conexidad y la ruptura de la unidad procesal; tercero, la nulidad como  sanción  por actos irregulares; por último, las irregularidades advertidas por  la recurrente, en relación con el escrito de acusación.    

     

1. Fuero Legal     

          Discute  la  defensora  del  abogado Correa  Peña,  que la ruptura de la unidad procesal realizada  por  la  Fiscalía,  -separando  el  juzgamiento de los particulares y las   empleadas  de  la  Oficina  de  Reparto de Bogotá, del juicio de los dos jueces  implicados  en  los  hechos-  es irregular en razón a que su prohijado no es un  aforado.   

          Sobre  el  particular  vale recordar que la Real Academia Española,  dentro  de  las  acepciones  que  reconoce  a  la  expresión “fuero” está:  “Competencia jurisdiccional especial que corresponde  a  ciertas  personas  por  razón  de  su  cargo”, es  decir,  desde  la  propia  semántica,  se  establece  que  el fuero implica una  competencia  especial, por tanto, el reconocimiento de un fuero, comporta que el  aforado reciba un trato diverso del común.    

          En  Colombia,  dentro  del orden legal y constitucional hay personas  que  en  razón  de  la  función  que cumplen, tienen asignado un funcionario o  autoridad  especial  para  su  enjuiciamiento,  lo  cual,  a  voces  de la Corte  Constitucional  (C-545  de  2008)  es  posible,  en  virtud  de  la  libertad de  configuración  del  Congreso de la República, por tanto, no riñe con el orden  constitucional  que  se  establezca una competencia especial para el juzgamiento  de ciertos funcionarios.   

          Ello  ocurre  en  el  caso de los Altos dignatarios que tienen fuero  constitucional  (Artículo  235  Superior)  y otros más, que por mandato de una  ley  de  la  República  (Artículo  34  numeral  2 de la Ley 906de 2004) no son  juzgados  por  los jueces en razón de los factores comunes de competencia, sino  por  jueces  especiales designados, en razón al factor subjetivo derivado de la  función que cumplen dentro de la actividad pública.   

          Sobre  el particular esta Sala se pronunció así: (Auto 33011 de 12  de         noviembre         de         200911)   

                     En virtud  del  factor  subjetivo, la  competencia    para                    conocer  de  los asuntos se encuentra ligada al  infractor,   es   decir,                con  independencia  del  delito  por  el que se  proceda,   se   tiene   en               cuenta   si   el   incriminado              cuenta con  una  circunstancia  especial             para  su investigación y juzgamiento, como por  ejemplo    el   fuero,                  que  imponga  el  conocimiento de su conducta a  determinadas          autoridades judiciales.   

          Sin  duda  alguna,  el  fuero  genera  una competencia especial, -la  subjetiva-  de acuerdo con la cual, una persona implicada en la comisión de una  conducta  punible  en  razón  de  ciertas  funciones,  debe ser juzgada por una  autoridad  especial,  previamente determinada por el legislador, asignándole un  juez natural diverso del común.   

         

          2.2.                      Conexidad  y  Ruptura  de  la  Unidad  Procesal.   

          Frente  a este tópico de la decisión, es preciso traer a colación  el  contenido  del  artículo 51 del Ordenamiento Procedimental Penal, en el que  se  plasman  los  factores que determinan la conexidad, debiendo el Fiscal en la  audiencia  de acusación hacer tal petición, por una de las causales previstas,  entre otras la siguiente:   

          “4) Se impute a una o más personas la  comisión  de  uno  o  varios            delitos  en  los  que exista homogeneidad en el  modo   de   actuar   de                 los              autores   o   participes,   relación  razonable  de  lugar  y  tiempo             y, la            evidencia aportada a una de las  investigaciones   puede                 influir en la          otra.   

         Parágrafo.-   La  defensa  en  la  audiencia  preparatoria  podrá                     solicitar   se              decrete  la  conexidad  invocando alguna de las                     causales       anteriores”.    

         Así  pues,  es una regla del enjuiciamiento criminal, que cuando se  incurre  en  una  de  las causales mencionadas, se surta un sólo juicio, lo que  traerá   beneficios   a   la   actuación,   como  la  celeridad  del  proceso,  concentración  de  esfuerzos  tanto del Ente Acusador como de los acusados y su  defensa,  manejo  de  prueba,  entre  otros,  evitando  también  sentencias  de  aparente  contradicción,  como  si se absuelve al presunto autor material en un  juicio,  mientras  se  condena  al  presunto  determinador  en otro.     

          No  obstante  lo  anterior,  es  claro  que  también  el legislador  estableció   el   artículo   53  ibídem,  según el cual, no se conserva la unidad procesal dispuesta en el  artículo  50 previo, cuando se de una causal enlistada, como la contenida en el  numeral  1º,  que  textualmente expresa: “Cuando en  la  comisión  del  delito  intervenga  una persona para cuyo juzgamiento exista  fuero  constitucional  o  legal  que  implique cambio de competencia o que esté  atribuido a una jurisdicción especial”.   

         

         Significa  lo  anterior,  que  el ordenamiento procesal consagra una  regla  general  que  es  la  unidad  procesal para el juzgamiento de los delitos  conexos    y    unas    excepciones   –ruptura  de  la  misma-  cuando se dan ciertas circunstancias, entre  las que está que uno de los implicados sea un aforado.   

          En   este  punto  es  necesario  afirmar,  que  de  acuerdo  con  lo  establecido  en  el  inciso  segundo  del  Artículo  50  del Estatuto Adjetivo,  procede  la  ruptura de la unidad procesal en delitos conexos, siempre que no se  afecte  garantías  constitucionales,  pues  ante  su  vulneración,  deviene la  nulidad,  es  decir,  que  no  siempre es imperativo mantener la unidad procesal  existiendo  como  su límite la afectación de las mencionadas garantías.    

          La  Sala  considera  que  la solución al caso concreto, consiste en  establecer  si  prevalece  la  regla  general  que  radica en mantener la unidad  procesal  o  si  por  el  contrario, el asunto se encuentra dentro de una de las  excepciones  del  artículo  53  del Código de Procedimiento Penal y por tanto,  procede la ruptura de la misma.   

     

1. La nulidad, como sanción por actos irregulares     

         

          En  relación  con la ineficacia de los actos procesales, el Código  de  Procedimiento  Penal  consagra entre otros, el Artículo 457, de acuerdo con  el  cual,  es  causal  de  nulidad  la vulneración del derecho de defensa o del  debido proceso.   

          Evidentemente,  Colombia  es  un  Estado  social  de derecho, lo que  significa,  entre  otras cosas, que las actuaciones de las autoridades públicas  están   reguladas   por   normas   previamente   establecidas,  de  obligatoria  observación;  pero  que en su interpretación y aplicación, debe privilegiarse  la  realización de los derechos fundamentales de la persona, siendo la dignidad  humana,   el   faro  que  determina  la  correcta  aplicación  de  las  normas.   

          La  nulidad  como  sanción a la actuación procesal, es sin duda un  remedio  a  la producción de actos irregulares que puedan afectar los procesos,  para  el  caso  particular,  los  penales,  pero  no  cualquier defecto tiene la  capacidad de retrotraer la actuación ante su ocurrencia.   

          Es  sabido  que  en  el  proceso  penal  puede  cometerse,  por  los  funcionarios  que  lo  adelantan, inexactitudes que podrían llegar a afectar su  estructura12  o vulnerar garantías constitucionales como el derecho de defensa;  pero  es  claro  también,  que no todo acto irregular tiene el cariz suficiente  para  merecer  la aplicación de la sanción más grave que se le puede infligir  a   un   proceso,  cuál  es  la  declaración  de  nulidad  de  la  actuación.   

          Así  pues,  quien  pretende se aplique la citada sanción, tiene la  carga  de  expresar los argumentos suficientes que demuestren la irregularidad y  la  trascendencia  de  la  misma en relación con la estructura o las garantías  que deben informar las actuaciones.   

          De  otra  parte,  y  así  lo  ha  sostenido esta Sala en reiteradas  ocasiones,  siendo una postura pacífica de la jurisprudencia, que a pesar de no  estar  establecidos  dentro  de  la  Ley  906  de  2004,  debe  consultarse  los  principios    orientadores    de   las   nulidades13,  puesto  que, se repite, no  todos   los  actos  irregulares  tienen  el  poder  de  malograr  la  actuación  procesal.    

          Así  pues,  quien  depreca  de  la  administración  de justicia el  reconocimiento  de  una  nulidad,  tiene  la  carga  de  expresar claramente los  motivos  fundados  en una causal taxativamente establecida en la ley14,  es decir,  demostrar  el acto irregular; no pudiendo conformarse en tal demostración, sino  que  debe  dar un paso más, consistente en analizar los principios rectores del  decreto  de  nulidades,  ya  que debe informar cuáles son los graves perjuicios  que  se  causan  a los sujetos procesales y que, por virtud de la valoración de  los  mismos,  se  carece de otro mecanismo orientado a subsanar la irregularidad  cometida15.   

          2.4                       Irregularidades     en    el    Escrito    de  Acusación   

           Tomando   en   consideración  que  la  impugnante  cuestiona  la  decisión  del Tribunal de no declarar la nulidad por  presuntas  irregularidades  del Escrito de Acusación, corresponde analizar este  aspecto.   

          Lo  primero  que  debe  advertirse es que, de acuerdo al diseño que  para  Colombia  se  hizo del proceso adversarial, el escrito de acusación es un  acto  de  parte  –el  Ente  Acusador-  con  el  cual  se  da  inicio al juicio oral y en el que el Fiscal se  compromete  a  demostrar  la  materialidad de una conducta trasgresora de la ley  penal  y su autor o participes; compromiso que implica expresar en forma clara y  circunstanciada   los   hechos  que  configuran  la  o  las  conductas  punibles  (descripción  fáctica  y  connotación  jurídica),  así  como la identidad y  responsabilidad  de  los  probables  autores; para lo cual, desde ese mismo acto  procesal,   tiene   el   deber  de  dar  inicio  al  descubrimiento  probatorio.   

          Así  lo  establece  el Artículo 337 del Ordenamiento Adjetivo, que  determina  el contenido del escrito de acusación, y en su numeral 5º establece  el  deber  de  dar inicio al descubrimiento, aspecto que se cumple con adosar el  anexo  con  el  listado  de todos los elementos de convicción que pretende sean  decretados y practicados en la audiencia de juicio oral.   

          De  otra parte, el mismo Ordenamiento Procesal establece la forma en  que  debe  tramitarse la subsanación de los yerros en los que pueda incurrir el  fiscal en la confección de la pieza procesal mencionada.   

          Según  lo  normado  en  el  Artículo  339, luego de verificarse el  traslado  del escrito de acusación a las partes e intervinientes procesales, se  les  concederá  el  uso  de  la  palabra  para  que  se pronuncien en relación  –entre  otros  puntos- con  las  observaciones  al  escrito  de acusación en sus aspectos formales, pues en  relación  con los yerros sustanciales, el debate se postergará al juicio oral,  en  la  medida  en  que  el  fiscal  tiene  la  carga de demostrar lo prometido.   

          Así  pues,  sin  mayores  elucubraciones,  es  evidente que hay una  etapa  procesal  dentro  de la cual las partes se pueden pronunciar en relación  con las falencias del escrito de acusación.   

    

1.           Del  caso  concreto     

                    La Sala, para  resolver  el  presente  asunto,  retoma  el  argumento  de la defensora del juez  Correa  Peña, para verificar  los ataques que hace a la decisión cuestionada.   

          El  primero  de  ellos  se  resume  en que no siendo su protegido un  aforado,  la  norma de competencia especial genera la imposibilidad de romper la  unidad  procesal  debiendo  entonces  prevalecer  la  conexidad,  por lo cual la  competencia  para  el  juzgamiento  de los seis implicados la tiene el Tribunal.   

          El  Magistrado adujo en su decisión, que el enjuiciado Correa  Peña si es un aforado legal y por  tanto,  la competencia para su juzgamiento le es propia, pero que tal situación  no   se   extiende   el   juzgamiento   por   la   misma   Corporación  de  los  coacusados.    

          Desde  ya  la  Sala advierte que en este tópico habrá de confirmar  la decisión recurrida, con base en los siguientes razonamientos:   

          En  primer  término,  no  le  asiste  razón  a  la apelante cuando  sostiene  que  su  prohijado  no  es  un  aforado,  pues  claramente  el acusado  Pablo  Alfonso  Correa  Peña  está   implicado   en   la   posible  comisión  de  tres  conductas  punibles,  presuntamente  cometidas  cuando se desempeñaba como juez 29 civil municipal de  Bogotá,  por tanto, es un funcionario aforado legal16 y su juzgamiento corresponde  al Tribunal respectivo.   

          Discutir  si  lo  que  establece  el  artículo  34-2  del  Estatuto  Procesal  es  un fuero o una competencia especial es inoficioso, pues claramente  una cosa lleva a la otra, tal como se explicó previamente.    

          Ahora,  si es posible o no, como lo hizo la señora fiscal, decretar  la  ruptura  de  la  unidad procesal, es evidente, puesto que así la faculta el  Artículo   53-1   del   Ordenamiento   Adjetivo   como  fue  visto,  norma  que  estructuralmente  es  posterior a los artículos 50 y 51 ibídem, además de ser  una  norma especial, por tanto, la aplicable al caso, lo que hace que la ruptura  de la unidad procesal sea imperiosa.   

          En  este  punto es necesario recordar que hay una norma general a la  cual  se  le  hacen  unas  excepciones,  pues  palmariamente se determina que es  necesario  declarar  la  conexidad en los delitos cometidos por varias personas,  pero  que  debe  decretarse  la  ruptura  de la unidad procesal cuando dentro de  dichas personas esté un aforado.   

          Ahora  bien,  una  u  otra  situación no quedan a criterio del Ente  Acusador  como  titular  de  la acción penal, puesto que en presencia de una de  las  circunstancias descritas en el artículo 53 del Ordenamiento procedimental,  debe aplicarse tal disposición excepcional.   

          En  el  caso  que ocupa la atención de esta decisión, la defensora  de  Correa Peña argumenta que  se   avizora  afectado  el  derecho  de  defensa  de  su  cliente,  sin  que  su  argumentación  llegue  a socavar las razones expuestas por el Tribunal, pues se  limita  a argumentos genéricos sobre la defensa y a formular preguntas que ella  misma  podría  responderse  en  ejercicio  de  su  actividad profesional con el  encargo de velar por la defensa de su prohijado.   

          No  sin  razón,  el Ministerio Público afirmó en su intervención  que  no  se  observa  la  presunta  violación  de las garantías procesales del  amparado  por  la recurrente, y que antes por el contrario, la desconcentración  – en varios juicios- de la  práctica  de  pruebas, eventualmente, podría llegar a beneficiar los intereses  de  los  defensores,  puesto  que  es  el  Ente  Acusador  quien  tiene la carga  demostrativa de la materialidad de las conductas.   

          Siendo  así las cosas, es evidente que la decisión de la Fiscalía  de  presentar  escritos de acusación separados para los diversos procesados, en  este  caso  seis,  no  constituye  en modo alguno un acto irregular, y por ello,  razón  le  asiste  a  quienes  en  la  audiencia  adujeron que tal medida no es  susceptible  de  la  nulidad  irrogada  por la defensora del Señor Correa Peña.   

          En  conclusión,  teniendo  en  cuenta  que  la ruptura de la unidad  procesal  está  legalmente  establecida para casos de aforados, es evidente que  la  decisión  recurrida  es ajustada a derecho y por tanto, en este aspecto, la  providencia habrá de confirmarse como ya se anotó.   

          En  relación  con el segundo punto, referente a las irregularidades  del  escrito  de acusación, es pertinente mencionar también, que las mismas no  son  ni  pueden  ser  objeto de ataque por vía de nulidad del acto de parte del  Ente  Acusador,  pues  para  ello  se  dispone de una oportunidad especial en la  misma  audiencia  de  formulación de acusación, y sólo en lo que se refiere a  aspectos  formales, es decir, en cuanto al cumplimiento de los ítems dispuestos  en el artículo 337 del Estatuto.   

          Es  claro, igualmente como lo afirmó el Ministerio Público, que si  la  Fiscal  incurrió  en omisiones probatorias o en defectos de confección del  pliego  acusatorio,  tales  situaciones  a  la  postre,  a  quien  más podrían  beneficiar  es  a  los acusados, pues se vería en dificultades el Ente Acusador  para  cumplir  con  su cometido, se repite, si es que hipotéticamente incurrió  en tales falencias.   

         

          Le  asistió  razón  al  Tribunal al no hacer un pronunciamiento de  fondo  en  relación  con  la  demostración  o  no de la condición de juez del  acusado  Correa  Peña;  tal  circunstancia  es  un  elemento  de  la conducta punible, de suerte que será la  Fiscalía  en su momento, quien deba probarla al juzgador, con las consecuencias  tiene el que no lo logre, para su aspiración de condena.   

         

          En  suma, tampoco derruyó el argumento de la decisión recurrida el  alegato  de la defensora en este tópico, puesto que no es la nulidad la vía de  ataque  a  los  errores o defectos del escrito de acusación, por tanto, en este  aspecto  también  habrá  de  confirmarse  la decisión del 4 de marzo de 2015,  emitida por el Tribunal Superior de Bogotá.   

             

          En  conclusión, la señora defensora no logró edificar y demostrar  la  existencia de ninguna irregularidad en la actuación, que además tuviera la  capacidad  de  provocar  una declaración de nulidad, por tanto, la decisión ha  de ser confirmada en su integridad.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

        1º.  CONFIRMAR el auto del 4 de marzo  de 2015, relativo a la denegatoria de la nulidad de la actuación.   

        2º.                    REMITIR    la  actuación al Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Es  de  mencionar que entre  las  diversas  actividades desplegadas para lograr la transferencia de propiedad  y  su  consolidación en cabeza de quienes, al parecer  no  tenían derecho, el lote de 34 hectáreas  de  Mamonal,  fue  fraccionado  en  tres  lotes,  dos  en  el  área   continental  y el tercero constituido por la isla Cocosolo, los que son  referenciados  en  el escrito de acusación como lotes  1, 2 y 3.    

2  Escrito   de  acusación,  folio 17 párrafo 3.   

3  CD   1,   audio   4,   minuto   2,29”.   

4  CD   1,   audio   4,   minuto   3,57”.   

5  CD  1,  audio  4,  minuto  7:09”   

6  CD    1,    audio   4,   minuto   15:33”   

7  CD 1, audio 4, minuto 21:04”   

8  CD 1, audio 4, minuto 21:30”   

9  CD 1, audio 4, minuto 25:29”   

10  CD1 1. audio 4 minuto 30:35”   

11  Con   ponencia   de   la  Doctora  María del Rosario González   

12  Lógico-formal           o           conceptual,          según sea el caso.   

13  Ver, entre otros,   asunto  44040 de 22 de octubre de 2014   

14  Artículo 458 de la Ley 906  de  2004.  No  podrá  decretarse ninguna nulidad por  causal   diferente   a   las   señaladas   en  este  título.   

15  Así  lo  ha  expresado la  Sala,   entre   otras   en   la  decisión 36.846 con ponencia de Javier Zapata Ortiz.   

16  Fuero   que   se   infiere   del   hecho   de  tener  normativamente   asignados   funcionarios  diversos  de  los  comunes,  para  la  investigación   y   juzgamiento   de  las  posibles  conductas  punibles  en  que incurriera una persona en  razón   de  ostentar  un  cargo  como  juez  de  la  república.     

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