AP3706-2016(46853)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

MAGISTRADA PONENTE  

AP3706-2016  

Radicación No.: 46.853  

Acta No. 184  

Bogotá  D.C., veintiuno (21) de junio de dos  mil dieciséis (2016).   

VISTOS  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  revisión   presentada   por   el   defensor   del   condenado   MAURICIO  MEJIA  LÓPEZ.   

HECHOS  

          Fueron  resumidos por esta Corporación al momento de dictar el auto  que  inadmitió  la  demanda  de casación, de la manera como a continuación se  señala:   

En  cumplimiento del mandato constitucional  plasmado  en  los artículos 67 y 356 de la Constitución Política de Colombia,  este  último modificado por los actos legislativos 01 de 1993, art. 2º y 01 de  2001,  art. 2º, y para que los entes territoriales puedan atender los servicios  a  su  cargo y proveer los recursos para financiar adecuadamente su prestación,  se  creó  el sistema general de participaciones de los departamentos, distritos  y  municipios,  desarrollado,  entre otras disposiciones, en la Ley 715 de 2001,  normatividad  que  además  de  definir  las  competencias  y  funciones  de los  Departamentos  y  Municipios  en  materia educativa, reglamentó las modalidades  bajo   las   cuales   el   Estado   cumple   con   esta  importante  obligación  social.   

La referida ley prevé que por regla general  el  servicio  público de educación se prestará a través de las instituciones  educativas  oficiales;  sin  embargo,  por  mandato  de  la  carta y de la misma  normatividad   citada,  cuando  se  demuestre  la  insuficiencia  de  los  entes  oficiales   para   cumplir  ese  mandato,  las  entidades  territoriales  pueden  contratar   su  prestación  con  instituciones  estatales  o  no  estatales  de  reconocida  idoneidad  y  trayectoria,  modalidad  a  la que el constituyente ha  denominado   ampliación   de  la  cobertura  de  la  educación,    por   ello,   las   administraciones  municipales  o alcaldías a través de las secretarías de educación, contratan  con  entidades  privadas  sin  ánimo  de  lucro, contratación que para el año  2004-2005,  ascendió  a $36.500.000.000, por la oferta de 73.000 cupos a razón  de  $500.000  anuales  por cada uno de los menores de estrato 1 y 2 beneficiados  con el programa.   

Pues  bien,  se  pudo  determinar  que esta  estrategia  en  Cali para el período 2004-2005 se dio inicio con el cálculo de  la  población  de  educandos, la fijación de un precio a pagar a las entidades  contratistas  por  cada uno de los menores a beneficiar, la organización de una  convocatoria,   el  estudio  de  las  propuestas  por  el  comité  evaluador  y  finalmente  se realiza la adjudicación de cupos becas junto con la suscripción  de  los contratos respectivos con cada una de las fundaciones. No obstante, esta  implementación  se  tornó  irregular gracias a la conformación de una empresa  criminal  establecida  para  sustraerse los recursos públicos asignados para la  educación  de  los  niños  y  niñas  de los sectores poblacionales de escasos  recursos,  la  cual  estaba integrada por algunos concejales de Cali, servidores  públicos  de  la  secretaría  de  educación,  propietarios  de  fundaciones y  colegios, rectores, contadores, secretarias, entre otros.   

Al anterior resumen episódico es necesario  agregar  que  los  mencionados  contratos  se suscribieron el 17 de diciembre de  2004  con  las fundaciones representadas por ANA JULIA TORRES GUTIÉRREZ, MARTHA  LUCÍA  GUZMÁN  LONDOÑO  y  VÍCTOR HERNÁN QUEZADA DOMÍNGUEZ, en cuantía de  $680.000.000, $562.000.000 y $1.250.000.000, respectivamente.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

          1.  La instrucción penal inició el 29 de  junio  de  2005, en cuyo desarrollo la Fiscalía vinculó mediante indagatoria a  Martha  Lucía Guzmán Londoño, Édgar Alexander Cerón Ortega, Víctor Hernán  Quezada  Domínguez,  Ana  Julia Torres Gutiérrez, MAURICIO MEJÍA LÓPEZ, Luis  Mario  Cuervo  Villafañe,  Jaime  Eduardo  Mosquera,  Gloria  Patricia  Recalde  Folleco,  Diana  Paola  Valdés  Cortés, María Hilda Ángel Murillo, Esperanza  Aránzazu Orrego y a Walter Fernando Trejos Espada.   

          2. Resuelta la situación jurídica de los  indagados   y   decretado  el  cierre  de  la  investigación,  el  3   de   octubre  de  2006  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bogotá calificó el mérito del sumario  con  resolución  de  acusación  que  profirió contra MAURICIO MEJÍA LÓPEZ y  otros,    como    presuntos    coautores   de   los  delitos  de  concierto  para  delinquir,  peculado  por  apropiación,  falsedad  material  en documento público y falsedad en documento  privado.   

          3.  Impugnada  la  anterior determinación  por  algunos  de los defensores de los acusados y por el Ministerio Público, el  1º  de  febrero  de 2007 la  Fiscalía    Delegada    ante   esta   Corporación   resolvió,   entre   otras  consideraciones,  modificar  la  resolución de primera instancia, en el sentido  de  acusar  a MAURICIO MEJÍA LÓPEZ por los delitos de concierto para delinquir  y peculado por apropiación.   

          4.  Surtido  el  trámite  del  juicio, el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cali  puso  fin  a la  instancia  con  la  sentencia del 3 de septiembre de 2011, en la cual condenó a  los  acusados  por  los  delitos  de  concierto  para  delinquir  y peculado por  apropiación.  Respecto  de  ese  segundo  punible,  a  Martha  Lucía Londoño,  Víctor  Hernán  Quezada  Londoño  y  Ana  Julia Torres Gutiérrez   los  consideró  coautores,  por  cuya  razón  les  impuso  -por  los dos comportamientos en  mención-,  84 meses de prisión y multa en cuantía de  $950.198.301.   

De la misma manera, a Édgar Alexander Cerón  Ortega,  MAURICIO  MEJÍA  LÓPEZ,  Luis  Mario  Cuervo Villafañe, María Hilda  Ángel  Murillo  y Jaime Eduardo Mosquera les      atribuyó      la      condición      de      intervinientes1,  y  los sancionó con pena de  66 meses de prisión y multa en cuantía de $712.648.726.   

Por  último,  a  Gloria  Patricia  Recalde  Folleco,  Diana  Paola  Valdés  Cortés,  Esperanza  Aránzazu  Orrego y Walter  Fernando  Trejos  Espada les  adjudicó   la   calidad   de  cómplices,  y  les  impuso  48  meses  de  prisión  y  multa  en cuantía de  $475.099.150.    

          5.  Por  vía  de  apelación, el Tribunal  Superior  de Cali en sentencia del 20 de noviembre de 2012 declaró la cesación  de  procedimiento  por  prescripción de la acción penal respecto del delito de  concierto  para  delinquir,  en  relación  con  los  procesados Gloria Patricia  Recalde  Folleco, Diana Paola Valdés Cortés, Esperanza Aránzazu Orrego, Jaime  Eduardo   Mosquera,  María  Hilda  Ángel  Murillo  y  Walter  Fernando  Trejos  Espada.    

         

De  igual  forma,  modificó  las  sanciones  impuestas  a  los  procesados,  así:  a Martha Lucía Guzmán Londoño, Víctor  Hernán   Quezada   Domínguez   y  Ana  Julia  Torres  Gutiérrez  les  aplicó  $677.218.295  de  multa;  a  Édgar  Alexánder  Cerón  Ortega, MAURICIO MEJÍA  LÓPEZ  y Luis Mario Cuervo Villafañe les impuso $507.913.721 de multa; a Jaime  Eduardo  Mosquera y María Hilda Ángel Murillo les irrogó 54 meses de prisión  y  $507.913.721  de  multa,  y  a  Gloria  Patricia Recalde Folleco, Diana Paola  Valdés  Cortés, Esperanza Aránzazu Orrego y Walter Fernando Trejos Espada les  fijó 36 meses de prisión y $338.609.147 de multa.   

          6.  Contra  la  sentencia de segundo grado  los  defensores  de  Víctor  Hernán  Quezada  Domínguez,  Luis  Mario  Cuervo  Villafañe,  MAURICIO  MEJÍA  LÓPEZ, Martha Lucía Guzmán Londoño, Ana Julia  Torres  Gutiérrez  y  Edgar  Alexander  Cerón  Ortega  promovieron  el recurso  extraordinario  de  casación,  empero  sus demandas fueron inadmitidas mediante  proveído de fecha 3 de julio de 2013.   

7.  En  firme  tal  determinación,  el apoderado judicial de MAURICIO MEJÍA LÓPEZ radicó demanda  de  revisión.  Anexó el respectivo poder, y copia de la resolución acusatoria  proferida  por  el Fiscal 3° Delegado ante la Corte Suprema de Justicia, de las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia, y del auto mediante el cual esta  Corporación inadmitió las demandas de casación formuladas.   

          8.  El conocimiento del asunto fue asignado  al  Despacho  de  la  Magistrada  Ponente,  trámite  durante  el  cual,  los H.  Magistrados  José  Luis  Barceló  Camacho,  José  Leonidas  Bustos Martínez,  Fernando  Alberto  Castro  Caballero,  Gustavo  Enrique  Malo  Fernández y Luis  Guillermo  Salazar  Otero,  mediante auto del 14 de octubre de 2015 manifestaron  impedimento  para  conocer  del  presente asunto. Lo anterior, por cuanto, en su  calidad  de  Magistrados  integrantes  de  la  Sala  de  Casación Penal de esta  Corporación,  suscribieron  la  sentencia  del 3 de julio de 2013, Rad. 41.353,  mediante  la  cual esta Corporación inadmitió la demanda de casación incoada,  entre otros, por el representante judicial de MEJÍA LÓPEZ.   

          9.  Por lo anterior, se agotó el segmento  procesal  correspondiente al sorteo y posesión de los Conjueces, y se aceptaron  los impedimentos manifestados por los Magistrados en cita.   

LA DEMANDA DE REVISIÓN  

Al amparo de la causal prevista en el numeral  2º  del  artículo 220 de la Ley 600 de 2000, el apoderado judicial de MAURICIO  MEJÍA  LÓPEZ  solicita que  se  deje  sin  efecto la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Cali el  20  de  noviembre  de  2012. Lo anterior, dice, porque para el momento en que la  Colegiatura  dictó  el  fallo  de  segunda  instancia, la acción penal por los  delitos   de   concierto  para  delinquir  y  peculado por apropiación se encontraba prescrita.   

Explica  el  profesional  del derecho que la  resolución  de  acusación  quedó ejecutoriada el 1°  de  febrero  de  2007  con  la  providencia de segunda  instancia  proferida  por  el  Fiscal  3°  Delegado  ante  la  Corte Suprema de  Justicia.  Decisión  en  la  cual  se  le  formularon  cargos a su defendido en  calidad     de     “interviniente”.   

Esa  situación,  en su criterio, conlleva a  entender  que  si  la  condición  de  concejal de la  ciudad  de  Cali  que ostentaba MAURICIO MEJÍA LÓPEZ  para  el momento del acontecer delictivo, no tuvo relevancia alguna frente a los  cargos  que le fueron imputados, no puede concurrir la circunstancia prevista en  el   inciso   6º   del   artículo  83  del  Código  Penal,  a  efecto  de  la  contabilización   del  término  de  prescripción  de  la  acción  penal.  En  consecuencia afirma:   

          1.   Con   relación   al   delito   de  concierto  para  delinquir:   

La    trascendencia   de   la  acusación como interviniente de cara  a  la  acción  de revisión es clara, pues si el lindero máximo de punibilidad  por  el  cargo  de concierto para delinquir es de seis años, luego es claro que  dicho  lapso es el término de prescripción durante la instrucción, reducido a  la  mitad  durante la etapa de la causa, pero sin ser inferior a cinco años por  mandato  legal  es  menester  concluir  que  la  acción  penal  por dicho cargo  feneció el 1° de febrero de 2012, es decir cerca de  10   meses   de   antelación  al  proferimiento  de  la  sentencia  de  segunda  instancia.   

          2.  Frente  a  la  conducta  de  peculado  por  apropiación, que el  cálculo  adecuado  es  disminuir en la cuarta parte la pena máxima de 15 años  de   prisión   «por  tratarse  de  un  interviniente»,   lo  que  arroja  como  resultado   el   lapso   de  “once  años  y  cinco  meses”, este último que a  su   vez   “se   reduce  a  la  mitad  durante  el  juicio”,   quedando   entonces   un   término   de  prescripción   de   “5   años,   7  meses  y  15  días”.   Este  periodo,  según  el  demandante, se cumplió el 16 de septiembre de 2012, es decir, antes  de  proferirse la sentencia de segunda instancia por parte del Tribunal Superior  de Cali.   

          De  otro  lado,  cita  el  demandante  diversos apartes del fallo de  segundo  grado  y,  con  base en ellos, presenta varias alegaciones relacionadas  con   la  “sistemática  violación  de la ley  sustancial   por   falso   juicio   de   identidad”  en   que   incurrieron  los  falladores  “al  tergiversar  diversos medios de convicción”, y  así,  tener  por  demostrada  la calidad de servidor público de  MAURICIO MEJÍA LÓPEZ.   

          Pide  a  la  Corte,  por  tanto,  admitir  la demanda de revisión y  decretar la cesación de procedimiento a favor de su representado.   

         

CONSIDERACIONES  

1.  De conformidad  con  lo  dispuesto  en el numeral 2° del artículo 75 de la Ley 600 de 2000, la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia es competente para  conocer  la  presente  acción de revisión, dirigida contra la sentencia del 13  de  septiembre  de  2011,  proferida por la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior de Cali.   

2.  Dado  que  la  acción  de  revisión  busca  derruir  la intangibilidad de la cosa juzgada, es  preciso  cumplir  los  requisitos  formales  para  la presentación de la misma,  reglados  en  el  artículo  222  de  la  Ley  600 de 2000, dentro de los que se  cuentan,  la  determinación  de  la  actuación  procesal  frente  a la cual se  demanda  la  revisión; el delito o delitos que motivaron la actuación procesal  y  la  decisión;   la  causal  que  invoca y los fundamentos de hecho y de  derecho  en  que  se  apoya  la  solicitud; y la relación de las pruebas que se  aportan  como  sustento  de  las  circunstancias  fácticas  que  fundamentan la  petición.   

Así   mismo,   el   inciso  final  de  la  disposición  en  comento  prevé que el escrito mediante el cual se promueve la  acción  de  revisión  deberá estar acompañado de la copia o fotocopia de las  decisiones   de   única,  primera  y  segunda  instancias,  con  su  respectiva  constancia  de  ejecutoria, según el caso, proferidas en la actuación respecto  de la cual se demanda la revisión.   

3.   La  causal  planteada  en  el  presente  caso,  es  la  prevista  en  el numeral segundo del  artículo  220  del estatuto procesal penal y consiste en que para el momento de  proferir  el  fallo  de  condena,  el  Estado  había  perdido la oportunidad de  ejercitar  la  acción  penal,  dado  que  operó  el  fenómeno jurídico de la  prescripción.  La  discusión  que  se  propone  en este evento es objetiva   y,  por  ello,  resulta   necesario   que   se   acrediten   dos   presupuestos   básicos:   i)  que  la  acción se dirija contra una  sentencia         condenatoria        ejecutoriada        y,        ii)  que  el  fenómeno  prescriptivo  se  consolide   antes   de   la   ejecutoria   de  la  sentencia  que  pone  fin  al  proceso.   

3.1.    En   este   caso,   el  fallo  condenatorio   proferido   contra  MAURICIO  MEJÍA  LÓPEZ  y  otros,  alcanzó  ejecutoria   el   3   de  julio  de  2013,  con  la  decisión  mediante la cual esta Corporación inadmitió  las   demandas   de   casación   presentadas   por   los   apoderados   de  los  condenados.   

3.2.   Debe  establecerse  entonces, si  para  ese momento en que cobró ejecutoria la sentencia que puso fin al proceso,  efectivamente  había  operado  el  fenómeno de la prescripción. Para ello, es  importante  recordar que conforme al artículo 83 del Código Penal, el término  de  prescripción  de  la  acción  penal  será  igual  al  máximo  de la pena  privativa  de la libertad fijada en la ley, pero “en  ningún  caso  será inferior a cinco (5) años, ni excederá de veinte (20)”.  Este  término debe incrementarse en una tercera parte  cuando  el  comportamiento  delictivo ha sido cometido por servidor público   “en   ejercicio   de   las  funciones   o   de   su   cargo   o   con   ocasión   de   ellas”.   

Aunado a lo anterior, para los asuntos que se  rigen  por  la  Ley  600  de 2000, el artículo 86 ibídem consagra dos aspectos  relevantes  que inciden en la prescripción. Primero, establece que “[l]a  prescripción  de  la  acción  penal se interrumpe con la  resolución   acusatoria   o   su   equivalente   debidamente   ejecutoriada”.  Y  segundo,  que  producida  esa  interrupción, en la  etapa  de la causa, el término de prescripción de la acción comienza a correr  nuevamente  por  un  término  igual  a la mitad del establecido para la fase de  instrucción.  Sin  embargo,  en  ningún  caso,  puede ser inferior a cinco (5)  años.    

3.3 Sobre el término de prescripción de la  acción  penal  en procesos adelantados contra los servidores públicos, la Sala  ha  sostenido  reiteradamente  que la prescripción no puede ser inferior a seis  (6) años y ocho (8) meses.   

(…)  es  claro que los artículos 83 y 86  del  Código  Penal reglamentan de manera diferente y autónoma la prescripción  de  la  acción  penal  cuando  el delito es cometido por un particular, y si es  ejecutado  por un servidor público en ejercicio de sus funciones, de su cargo o  con ocasión de ellos.   

Así,  mientras  la  acción  penal  por el  delito  cometido  por  un  particular  en  ningún caso prescribe en un término  inferior  a  cinco  (5) años, sea que se presente en la etapa de instrucción o  en  la  etapa del juzgamiento, tratándose de conducta  punible  cometida  por  servidor  público,  en  ningún  caso  prescribe  en un  término  inferior  a seis (6) años y ocho (8) meses,  sea  que  la  prescripción  se  presente  antes de ejecutoriarse la resolución  acusatoria  (en  la  instrucción), o bien que se produzca después de quedar en  firme  la  acusación  (en  la  etapa  del  juzgamiento),  aunque  el delito sea  sancionado  con  pena  no privativa de la libertad o la pena máxima de prisión  del delito sea inferior a cinco (5) años.   

Lo   anterior   de   conformidad  con  lo  preceptuado  en  los  artículos  86  y  83,  inciso 5º, de la Ley 599 de 2000,  según  los  cuales  cuando  la  pena  máxima sea inferior a los cinco años de  prisión,  se  tendrá  como mínimo los 5 años aumentados en la tercera parte.  (Negrilla  ajena  al  texto original). (CSJ SP, 18 de  junio de 2014, Radicado 41.406)   

4.  Conforme  a lo  expuesto,  surge  evidente que el accionante parte de un error al considerar que  el  término  de prescripción de la acción penal por el delito de concierto  para  delinquir es de cinco (5)  años  y no de seis (6) años, ocho (8) meses, como lo tienen establecido la ley  y  la  jurisprudencia,  para  los  eventos  en  los que se investiga la conducta  punible  de  un  servidor  público  «en  ejercicio de sus funciones, de su cargo  o con ocasión de ellos».   

En este caso:  

4.1  Según  las  declaraciones del fallo de  condena,  se  estableció  que  MAURICIO  MEJÍA LÓPEZ con ocasión de su cargo  como  concejal  de  Cali, se  organizó   junto  con  otras  personas  para  conformar  una  empresa  criminal  destinada  a  apropiarse  de los recursos públicos previstos para la educación  de  los  niños  menos favorecidos de dicha ciudad, durante el año lectivo 2004  – 2005.    

En  la  sentencia  de  segunda  instancia se  argumentó:   

A la asociación para delinquir concurrieron  los  concejales  MAURICIO  MEJÍA  LÓPEZ  y  LUIS  MARIO CUERVO; EDGAR ALEXANDER CERÓN ORTEGA, contratista  de  la  Secretaría  de  Educación; los contratistas (…) rectores de colegios  (…);  la  contadora y la secretaria de FUNDAT (…); la secretaria del colegio  San  Gabriel  Arcángel,  (…..),  en  la  cual  cada  uno  tenía determinadas  funciones  y  las  que  fueran surgiendo en el camino, para la concreción de su  objetivo  final,  apropiación  de  dineros, y que, por ende, para su ejecución  debió  mediar  acuerdo  entre  las  partes,  así  fuera tácito, pues, de otra  manera,  no  se  justificaría  o  entendería el comportamiento ilícito de los  aquí implicados.   

(…) se trató de documentación falsa por  la  cual  cobraban a los propietarios de los colegios que aceptaron esa ilícita  propuesta,  la  cual  por  lógica,  tenía que estar amarrada a la efectiva  y  real  asignación  de  los  cupos escolares, que sólo  podía  garantizarse a partir del poder de decisión o influencias que tenía el  concejal   MEJÍA   LÓPEZ   en   la  Secretaría  de  Educación,  cuyo  secretario  fue  impuesto  por él, dentro de las componendas  políticas con el gobierno de turno.   

(…)   EDGAR  ALEXANDER  CERÓN  ORTEGA,  contratista  de  la  Secretaría de Educación para esa época, era el encargado  de  recibir  la documentación (…) le daba apariencia de legalidad, porque eso  era   parte   del  plan  criminal,  en  gran  medida,  orquestado  por  los concejales MAURICIO MEJÍA LÓPEZ (hombre detrás del mando  en  la  Secretaría  de  Educación)  y  LUIS MARIANO  CUERVO  VILLAFAÑE  (ponente  del  proyecto  de  acuerdo  de  la  destinación o  apropiación  de los recursos para el programa de Ampliación de Cobertura de la  educación,   año   lectivo   2004   –  2005 y vigencias futuras), quienes se vieron beneficiados directa  e ilícitamente, con los recursos (…)   

La  prueba  es  abundante  y  prolija  en  acreditar  que  los  dineros  de  los  cuales  se  apropiaron los representantes  legales  de  las  fundaciones fueron a parar a los bolsillos de los concejales   MEJÍA   LÓPEZ   y  CUERVO  VILLAFAÑE    y    de    ÉDGAR    ALEXANDER    CERÓN    ORTEGA.   (Destaca la Sala).   

Aunado  a  ello, particularmente,  al  momento  de analizar la ocurrencia  del  fenómeno  prescriptivo  del  delito de concierto  para  delinquir  endilgado  a  algunos  procesados, el  Tribunal Superior de Cali indicó:   

(…)  la  acción  penal  por  este delito  prescribió  el  1º  de  febrero  de  2012 en relación con (…). No sucede lo  mismo  en  relación  con  los  procesados  (…) MAURICIO MEJÍA y LUIS MARIANO  CUERVO  VILLAFAÑE, Concejales de Santiago de Cali para la época de los hechos,  y  EDGAR ALEXANDER CERÓN ORTEGA, contratista de la Secretaría de Educación de  Cali  en  ese  tiempo. (…) No hay discusión que los  acusados    ostentaban    la    calidad    servidores    públicos,   dos   como  concejales  y  el  otro  como  contratista   del  Estado,   y   aprovechando   esa   calidad  fue  que  conformaron   una   empresa   criminal  para  apropiarse  ilícitamente  de  los  recursos de la educación  pública  ya  que,  de  otra  manera, es decir, si no  hubieran  tenido  dicha calidad, difícilmente hubieran podido influenciar en la  Secretaría   de   Educación   para  perpetrar  el  ilícito  de  peculado  por  apropiación. (Negrilla ajena al texto original).   

Así   las  cosas,  es  evidente  que  los  falladores    expresamente    reconocieron    la    calidad    de   servidor   público  de  MAURICIO  MEJÍA  LÓPEZ   como   aspecto   fundamental   en   la   comisión   de   la   ilicitud  reseñada.   

          4.2.  Es infundado el cuestionamiento del demandante relacionado con  «la    trascendencia   de   la   acusación   como  interviniente».   Aunque   el  numeral  segundo  del  acápite  resolutivo  del  fallo  de  primera instancia enuncia que se condena a  MAURICIO  MEJÍA LÓPEZ y otros, «como intervinientes  penalmente  responsables de las conductas punibles de CONCIERTO PARA DELINQUIR y  PECULADO  POR  APROPIACIÓN,  por  las  razones  anotadas  en  el cuerpo de esta  providencia»,   lo  cierto  es  que  esa  calidad  de  interviniente  se  predica  sólo respecto del delito de peculado por apropiación.   

Lo anterior, teniendo en cuenta que la rebaja  en  la  pena  privativa de la libertad atendiendo ese grado de participación de  algunos  de  los  procesados  (entre  ellos  MAURICIO  MEJÍA  LÓPEZ)  fue  aplicada  por el juez de primera  instancia  al  disminuir  en  una  cuarta parte la sanción que determinó sólo  para     el     punible     de     peculado    por  apropiación,  y,  en  la  sentencia de segundo nivel,  acápite  denominado  «dosificación  de  la  pena»  el  Tribunal Superior de Cali indicó que respecto del  delito   de   concierto  para  delinquir  «no se establecieron grados de autoría  y  participación  sino  la  concurrencia de varias persona (sic) para conformar  una   empresa   criminal».   

Por  tanto,  a efecto de la contabilización  del  término  de  prescripción,  respecto  de  este  delito,  resulta acertado  aplicar  el  aumento  previsto  en  el  inciso  6º del artículo 83 del Código  Penal.  En  ese  sentido,  como  quiera  que  desde  el  1  de  febrero  de 2007  –cuando     quedó  ejecutoriada  la  resolución de acusación- hasta el 3  de  julio  de  2013 –fecha  en  que  se  profirió el auto inadmisorio de la sentencia de casación y cobró  firmeza  la  condena-  no  alcanzó  a  transcurrir el  término  de  6  años  y  8  meses,  es  claro  que no operó la prescripción.   

5. Ahora bien, en lo  que  atañe  al  delito  de peculado por apropiación,  observa  la  Sala que el accionante también incurrió  en  error al señalar el momento en el que, a su juicio, operó la prescripción  de  la  acción penal pues realizó el cómputo partiendo de una pena ajena a la  considerada por el juez de primera instancia.   

Es  necesario  precisar  que  al  momento de  realizar  la  labor  de dosimetría punitiva, el fallador no tomó en cuenta los  extremos   punitivos  del  inciso  1º  del  artículo  397  del  Código  Penal  (6   a  15  años  de  prisión  señalados  por  el  demandante),  sino  la  sanción prevista en el inciso  2º  ibídem, en razón a que lo apropiado superó el equivalente a 200 salarios  mínimos   legales  mensuales  vigentes  para  el  año  de  ocurrencia  de  los  hechos.   

En  esas  condiciones, aún si se atendieran  los  argumentos  del  demandante  en relación con la condición de interviniente  de  su  prohijado, para la  Corte  es  claro  que  la  acción  penal nunca prescribió durante la etapa del  juicio.  La  pena  máxima  de  prisión  corresponde  a 22 años y 6 meses (270  meses),  que  disminuidos  en la mitad –para   constatar   la   prescripción   en   juicio-   son  11  años y 3 meses (135 meses). Éstos, a su vez, reducidos en  la   cuarta   parte   –  según  el  inciso  4º  del artículo 30 del Código  Penal-,  arrojan  un tope final de 8 años 5 meses y 7  días (101 meses y 7 días).   

Entonces,  a partir del cálculo precedente,  notorio  resulta  que  desde  la  fecha  de  la  ejecutoria de la resolución de  acusación  hasta  la  culminación  del  proceso  con  la emisión del auto que  inadmitió  la demanda de casación, transcurrió un periodo inferior a 8 años,  5  meses  y  7  días  señalados.  Luego  entonces, tampoco puede predicarse la  consolidación del fenómeno prescriptivo.   

6.  Finalmente, las  restantes  alegaciones  planteadas  por el defensor de MAURICIO MEJÍA LÓPEZ se  circunscriben  a  una  crítica personal de la valoración que los juzgadores de  instancia  realizaron  de  la prueba allegada al proceso totalmente desconectada  de  los  contenidos  y  exigencias de la causal de revisión que invoca y de las  demás   causales   que   taxativamente   se   encuentran   previstas   por   la  norma.   

Esta clase de censuras resultan inaceptables  en  esta  sede  porque, como ya lo ha precisado la Corte en otras oportunidades,  la  acción  de revisión no es una prolongación del proceso penal, ni un nuevo  espacio  de  confrontación  probatoria  en  que  las  partes  puedan  continuar  discutiendo  la  corrección  de  la valoración realizada por los juzgadores de  instancia  o  la  validez  de sus tesis jurídicas, como lo hace en este caso el  accionante.   

7. Corolario de lo  anterior,  como la Sala encuentra que no le asiste razón al demandante y que la  causal  de  revisión  que  propone es abiertamente infundada, se inadmitirá la  presente acción de revisión.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  apoderado  judicial  del  condenado  MAURICIO MEJÍA LÓPEZ.   

2.  Contra  esta  decisión procede el recurso de reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

Magistrado  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

ALFONSO DAZA GONZÁLEZ  

Conjuez  

MAURICIO LUNA BISBAL  

Conjuez  

RAMIRO ALONSO MARÍN VÁSQUEZ  

Conjuez  

YEZID VIVEROS CASTELLANOS  

Conjuez  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Juzgado  Primero  Penal del Circuito Especializado de  Cali.  Sentencia del 13 de septiembre de 2011. Acápite resolutivo: «SEGUNDO:   CONDENAR  a  MARÍA  HILDA  ÁNGEL  MURILLO,  JAIME  EDUARDO MOSQUERA, ALEXANDER CERÓN ORTEGA, MAURICIO  MEJÍA  LÓPEZ  Y  LUIS  MARIO  CUERVO  VILLAFAÑE,  de  condiciones  civiles  y personales relacionadas en esta  providencia,  a las penas principales de SESENTA Y SEIS (66) MESES DE PRISIÓN Y  MULTA  por  SETECIENTOS  DOCE MILLONES, SEISCIENTOS CUARENTA Y OCHO, SETECIENTOS  VEINTISÉIS      PESOS     ($712.648.726)     como  intervinientes  penalmente  responsables  de  las  conductas punibles de CONCIERTO PARA DELINQUIR y PECULADO  POR  APROPIACIÓN,  por  las  razones  anotadas en el  cuerpo     de     esta    providencia». Cuaderno Corte. Folio 213.     

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