SP12158-2016(45619)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

Magistrado ponente  

SP12158-2016  

Radicación 45619  

(Aprobado Acta No. 274).  

Bogotá D.C., agosto treinta y uno de dos mil  dieciséis (2016)   VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el  recurso  de casación  interpuesto   por   el   defensor   de   MIGUEL    ÁNGEL    BELTRÁN   VILLEGAS  contra   la   sentencia  a  través de la cual el Tribunal Superior de Bogotá  lo  condenó  como  autor  del  delito  de  rebelión  el 14 de octubre de 2014.   

HECHOS:  

En las primeras horas del 1 de marzo de 2008,  en  Sucumbíos  (Ecuador),  aproximadamente  a  1300  metros  de la frontera con  Colombia,  un Comando de Operaciones Especiales de la Policía Nacional ejecutó  la  Operación  Fénix,  en  desarrollo de la cual fue abatido Luis Édgar Devis  Silva   (alias   Raúl   Reyes),  reconocido  miembro  del  secretariado  de  la  agrupación    ilegal    Fuerzas    Armadas    Revolucionarias    de    Colombia  (Farc).  En  su campamento  se   incautaron   archivos  electrónicos   contenidos  en  9  elementos  de  ordenación  de  datos,  entre  computadores,  discos duros y dispositivos USB, a partir de los cuales se dedujo  que  MIGUEL  ÁNGEL BELTRÁN VILLEGAS, profesor de sociología de la Universidad  Nacional,   realizaba   trabajos   en   el  área  de  divulgación  ideológica,  política  e  internacional  para   dicha   organización,   circunstancia   que   determinó   su   captura,  procedimiento  en el que se halló en su mochila una USB con información acerca  de sus vínculos con las Farc.   

ANTECEDENTES PROCESALES:  

A instancia de la Fiscalía, el 14 de abril  de   2009  el  Juzgado  64  Penal   Municipal   con  función  de  control de garantías de Bogotá ordenó  la   captura   de   BELTRÁN   VILLEGAS,  para lo cual se libró circular roja de  Interpol,  cuya  materialización  determinó  que  fuera deportado de México a  Colombia,   donde   fue   entregado   a   la   policía   nacional  el   22   de   mayo   del   mismo  año  en el aeropuerto Eldorado.   

En   audiencia   realizada   al   día   siguiente   ante   el  Juez  13  Penal  Municipal  de  Bogotá      se      impartió      legalidad   a   la  captura,   así   como  a  la  incautación  de  elementos;  la  Fiscalía  le  imputó  la  comisión  de   los   delitos   de  administración  de recursos relacionados con actividades terroristas, concierto  para  delinquir  agravado y rebelión. Tras no aceptar  los  cargos,  le fue impuesta medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  intramural y se dispuso el  control  previo a la orden de recuperación de información dejada al navegar en  internet  u  otros  medios  equivalentes,  respecto de la USB incautada al indiciado, decisiones a la postre  confirmadas en segunda instancia por el Juzgado   4º   Penal   del   Circuito  de  Conocimiento, al desatar la impugnación interpuesta  por la defensa.   

          El  11  de  junio  de  2009  se  realizó  la  audiencia de control  posterior  a  la  recuperación de información dejada al navegar por internet o  similares,  obtenida en el  referido      dispositivo     electrónico     de     almacenamiento.   

Una vez presentado  el  escrito  de  acusación,  en  audiencia  del  29  de  julio  de  2009  la  Fiscalía  acusó a   BELTRÁN   VILLEGAS   como   presunto   coautor   de       los       delitos de concierto para delinquir agravado y  rebelión.   

El  27  de  julio  de  2011  el  Juzgado  4º  Penal   del  Circuito  de  Conocimiento  de  Bogotá  profirió     sentencia    absolutoria   en  favor  del  procesado,  decisión impugnada por la Fiscalía,  el   Ministerio   Público  y  el  representante  de  las  víctimas.  El  Tribunal  Superior  de  Bogotá, a  través   del   fallo   recurrido   en   casación,   expedido  el  14   de   octubre  de  2014,  revocó  parcialmente  la sentencia absolutoria, en el sentido de  condenar  al  acusado  a  la pena principal de 100 meses de prisión,      multa     de     143.33  salarios  mínimos  e   inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, como autor del delito  de          rebelión.          Confirmó  la  absolución  respecto  del  punible  de concierto  para  delinquir  agravado  y  negó  la  condena  de ejecución condicional y la  prisión domiciliaria.   

LA DEMANDA:  

         El defensor presentó dos reproches:   

Primer   cargo  (principal):  Violación  indirecta   por  falso  juicio    de    legalidad    sobre    las pruebas de responsabilidad   

En el fallo se desconocieron manifiestamente  las  reglas de producción de la prueba respecto de la evidencia 10, esto es, la  USB  incautada  a su asistido “horas después de su  captura,  así  como  los informes periciales y analíticos sobre la misma y los  testimonios  que  sobre  los mismos rindieron los policiales JHON FREDY GIRALDO,  quien  la  incautó,  BENANCIO  TRIANA,  quien  incorporó  documentos  de  Word  impresos  extraídos  de  la misma y otros correlacionados, YAIR VANEGAS, perito  informático  que  hizo  la copia espejo e hizo la extracción, y JAIME HUMBERTO  LIZARAZO  PIEDIACHE,  quien  los analizó”, de manera  que    se    configuró    un   error   de   derecho   por   falso   juicio   de  legalidad.   

          La   génesis   de  este  asunto  correspondió  a  la  información  contenida   en  la  evidencia  informática  31,  ilegalmente  incautada  en  el  campamento   de  alias  Raúl  Reyes  el  1  de  marzo  de  2008  en  territorio  ecuatoriano, en el marco de la Operación Fénix.   

          La   Fiscalía   indujo   en   error  a  los  jueces  que  ordenaron  inicialmente   la  captura  de  BELTRÁN  VILLEGAS  mediante  circular  roja  de  Interpol,   cuya  materialización  determinó  su  deportación  de  México  a  Colombia,  la ulterior aprehensión en el aeropuerto Eldorado y la legalización  del  procedimiento de privación de la libertad, así como de la incautación de  elementos con ocasión de la misma.   

La  USB,  los  documentos que contenía, los  informes  policiales y los testimonios para conseguir su aducción en el juicio,  no  constituyen  fuente  independiente respecto de la evidencia 31, pues, por el  contrario,  lo  hallado  en  el campamento de Raúl Reyes en Ecuador permitió a  los jueces librar la orden de captura contra BELTRÁN.   

Conforme     a     la     teoría   de   los   frutos  del  árbol  envenenado  la  evidencia  10  (USB  incautada) es ilegal, pues no es autónoma,  dado que se encuentra vinculada con la evidencia 31 que es ilegal.   

          Según  el  artículo  248 de la Ley 906 de 2004, la incautación de  la  USB quebrantó el derecho a la intimidad del acusado por exceder su registro  personal,  en  cuanto,  era  necesaria  una  orden  de  un  juez  de  control de  garantías  al  encontrarse ya capturado en la Dijin, de modo que tal evidencia,  así  como  los documentos encontrados y los informes y testimonios derivados de  ella  resultan ilegales y debieron ser excluidos, máxime si la orden de captura  no  era  legítima  por sustentarse en prueba ilegal (evidencia 31), el registro  no  se  hizo  inmediatamente  después  de  la  captura,  sino cuando ya habían  transcurrido  dos  horas,  y  el  procesado  estaba  en  sitio  diverso al de su  aprehensión,  sin  que  se  tratara  de  un  registro  personal “incidental   a  la  captura”  como  lo  declaró el Tribunal en el fallo.   

          En  consecuencia, sin tales medios demostrativos derivados de la USB  no   podía   sustentarse   la   condena   en   contra   del  profesor  BELTRÁN  VILLEGAS.   

El  recurrente  solicitó la casación de la  sentencia  condenatoria,  para  en su lugar absolver al acusado por el delito de  rebelión.   

Segundo reproche (subsidiario): Violación  indirecta   por  falso  raciocinio  sobre         pruebas        de  responsabilidad   

          El  defensor manifestó que el Tribunal trasgredió las reglas de la  lógica  al  apreciar  los  documentos extraídos de la USB incautada (evidencia  10),  al  considerar  que  es subversivo no únicamente el alzado en armas, sino  también  quien  realiza “labores de reclutamiento,  adoctrinamiento,  capacitación,  financiación,  planeación,  milicia urbana o  rural,   comunicaciones,   publicidad,   infiltración,   asistencia  médica  y  logística  u  otras  que  impliquen  el  sostenimiento  irrestricto de la causa  guerrillera”.   

          Se  dejó  “adrede  por  fuera de esta  enumeración,     clara     por     sí     misma,     la     de    ‘ideología’     por     cuanto”  no corresponde a un acto de preparación para las hostilidades,  ni   constituye  un  acto  afín  con  la  contienda  como  las  comunicaciones,  publicidad,  infiltración,  etc.,  ya que no se traduce en un conflicto armado,  al   comportar   una   forma   de   pensamiento   y  por  ello,  “la  ideología  comunista,  marxista  y  leninista  o maoísta que  pueda  ser  invocada  por  un  grupo  insurgente  está antes y más allá de su  accionar  armado,  pues  profesar dichas ideologías, difundirlas, expresarlas y  defenderlas  no  se  erige en una actividad que pueda ser considerada delictual,  al menos en un Estado democrático”.   

          No  acertó  el Tribunal al colegir que si alias Jaime Cienfuegos es  comunista  y  comparte,  promueve  o  es  afín  con  la ideología de las Farc,  “es      un     guerrillero     con     aporte  ideológico”,  sin  constatar si por dicha comunidad  ideológica  está  de acuerdo con el uso de las armas, por manera que incurrió  en  una  falacia o recurso de probabilidad, según la cual, se asume que si algo  es  posible  o  probable,  es  inevitable  que pase, amén de que trasgredió el  principio  lógico  de  razón  suficiente con la falacia de la causa simple, al  asumir  como  condición de un resultado solo una de varias que hay en realidad.  En  este  caso,  tener comunidad ideológica con las Farc no basta para concluir  que   se   comparten   los   métodos  armados  o  se  tiene  la  condición  de  guerrillero.   

Si MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN comunicó a Tania,  encargada  de  comunicaciones de las Farc, que lamentaba la muerte de su amigo y  camarada   Raúl  Reyes,  no  puede  concluirse  que  era  integrante  de  dicha  organización,  pues  esa  fue también la expresión de los partidos comunistas  de España y México, sin que pueda tildárseles de guerrilleros.   

De  otras  manifestaciones  de  alias  Jaime  Cienfuegos  en  primera  persona  del  plural, no se deduce su pertenencia a las  Farc, sino a comunidades académicas o a colectivos ideológicos.   

          Con  relación  a  los  inconvenientes que BELTRÁN refirió a Tania  sobre  los  informes  de  sus  actividades,  acerca de nuevas orientaciones y la  publicación  de  sus  artículos,  el  recurrente  dijo  que  impropiamente  se  concluyó su subordinación respecto del grupo subversivo.   

          Finalmente,  si  el  acusado  aludió  a la presentación en eventos  internacionales  de “nuestros puntos de vista sobre  la  situación  colombiana”, de tal afirmación no se  deduce  su  pertenencia  al  grupo  subversivo  y comunión con la lucha armada;  luego, se ha quebrantado el principio de razón suficiente.   

          Con  las  pruebas  restantes, tales como los testimonios de Benancio  Triana  y  Jaime  Humberto  Lizarazo,  no  puede sostenerse el fallo de condena,  tanto  menos  con  las  declaraciones  de  defensa  como  las  rendidas  por las  profesoras compañeras del acusado o sus alumnas.   

          El  defensor pidió a la Sala casar el fallo para en su lugar dictar  sentencia absolutoria en favor de MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN VILLEGAS.   

ACTUACIÓN ANTE LA CORTE:  

          En  la audiencia de sustentación oral intervinieron el defensor del  procesado,  el  Fiscal  Delegado  ante la Corte y el Procurador Delegado para la  Casación Penal.   

1.           El defensor.   

Fundamentalmente,  reiteró  los  argumentos  plasmados  en  su  demanda y agregó que con el fallo condenatorio se afectó el  debido   proceso   y   la   razón,   pues   su   asistido  fue  “acusado         por        lo        que        piensa”.   

En  la  solicitud de captura “el  Fiscal  no  dijo  al  Juez  de  Control  de Garantías que los  elementos  soporte  de  su petición fueron incautados en Sucumbíos”  (Ecuador).  Tampoco  el  Tribunal  reconoció  la ilegalidad de  tales  medios  y,  por  el  contrario, señaló que la USB y su información son  independientes del material incautado en el país vecino.   

          La  USB  es  prueba  diferente, pero no autónoma, pues se explica a  partir  de la evidencia 31, esto es, los elementos informáticos de Raúl Reyes,  la  cual  es  ilegal,  según  lo  dijo  esta  Sala,  entre  otros  casos, en el  adelantado  contra  Wilson Borja. Dicha unidad no fue incautada al momento de la  captura  de  BELTRÁN VILLEGAS sino 2 horas después cuando ya se encontraba por  cuenta  del Estado, de manera que era necesaria una orden judicial, pero como no  se   contó   con   ella,   se   afectó   el  derecho  a  la  intimidad  de  su  representado.   

          La  sentencia  de  condena  atenta  contra  el  derecho a pensar del  acusado,  quien  no  puede ser tratado como subversivo por expresar sentimientos  de  consideración  por  la  muerte  de  Raúl Reyes. Preguntó: “cuál  es  el  aporte  de Jaime Cienfuegos a las Farc?”  Y  contestó:  Ninguno,  pues  sus  escritos  hacen parte de la  libertad    de    expresión,    la    cual    no    puede    ser    objeto   de  persecución.   

          Con  fundamento  en  lo  expuesto reiteró su solicitud de casación  del   fallo   de   condena,   para   en   su  lugar  absolver  a  MIGUEL  ÁNGEL  BELTRÁN.   

2.           El Fiscal.   

Señaló el Delegado que la evidencia 31 fue  excluida  de la actuación y no importa si la USB fue incautada 40 minutos o una  hora  luego  de  la  aprehensión  de  BELTRÁN  VILLEGAS,  pues todo ello está  comprendido en el concepto de su captura.   

          Según    la    teoría   del   árbol  envenenado, la regla de exclusión de la prueba ilegal  derivada  que  establece  el artículo 29 de la Constitución tiene lugar cuando  su  fuente  exclusiva,  directa  e  inmediata  es un medio probatorio ilegal, no  así,   cuando   la   derivada  es  prueba  con  fuente  separada,  autónoma  o  independiente   o   cuyo   vínculo   con   la   prueba   viciada  se  encuentra  atenuado.   

          Si  la Operación Fénix ocurrió el 1 de marzo de 2008 y la captura  de  MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN se produjo el 22 de mayo de 2009 en Bogotá, es claro  que ésta última no se fundó exclusivamente en la evidencia 31.   

          En  este  caso  se  presentó  un  registro incidental a la captura,  ordenada  previamente  por  un  juez  de  control  de garantías y avalada en su  legalidad  en  segunda  instancia. Además, se contó con autorización anterior  de  un funcionario de tal condición para revisar la USB y luego se sometieron a  control  posterior  los  materiales  allí encontrados, motivo por el cual no se  vulneró el derecho a la intimidad del procesado.   

          El  fallo  no  se  fundó  únicamente en los documentos de la USB e  informes  sobre  los mismos, sino también en el cotejo de la prueba debatida en  el  juicio,  por  ejemplo,  antes  de  la captura se tuvo el informe de policía  judicial  sobre  documentos,  textos y actividades del profesor MIGUEL BELTRÁN,  su  ponencia  en  la  Revista  Fermentum No. 46, introducidos luego por Benancio  Triana en el juicio.   

          También  se  contó  con  el testimonio del funcionario de policía  judicial  Humberto  Lizarazo,  igualmente  con  las  pruebas  de  defensa  y  el  testimonio del procesado, además de sus registros migratorios.   

          Con  base  en  tal  recaudo  de  pruebas  el  Tribunal dedujo: Jaime  Cienfuegos  es MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN, quien rendía información a Raúl Reyes,  Sara  y  Tania,  integrantes  de  las  Farc;  los archivos hallados en la USB se  encuentran  en  formato PGP, el cual es utilizado por la Comisión Internacional  de  dicha  organización  ilegal  para  proteger  sus  documentos;  Tania  es la  encargada  de las comunicaciones en el mencionado grupo armado; Sara es la misma  alias  Antioqueñita,  identificada  como  Liliana  Obando  Villota,  de toda la  confianza  de  Raúl  Reyes,  con  quien  MIGUEL  ÁNGEL BELTRÁN, como profesor  asociado  de  la  Universidad  Nacional,  escribió  en  2006 un artículo sobre  terrorismo o insurgencia armada.   

El  registro  migratorio  del  procesado  da  cuenta  que  del  9  al 23 de marzo de 2008 estuvo en México y se acreditó que  allí,  en  la Universidad Nacional Autónoma, expuso los puntos de vista de las  Farc.   

“No   se  criminaliza  la  presentación  de  ideas  en  la  universidad  pública  ni  el  pensamiento  crítico,  sino la actividad clandestina al servicio de dicho grupo  armado  ilegal,  orientada a su consolidación y logro de los objetivos rebeldes  en  contra  del  orden  constitucional legítimo, luego no se ha incurrido en el  sofisma  que  se  atribuye al fallo” y por ello no es  procedente su casación, finalizó el Fiscal ante la Corte.   

3.           El Procurador.   

El  Delegado  señaló  que  en este caso la  evidencia  10  no  es  autónoma,  pues  tiene  un  nexo con la evidencia 31; no  obstante,  esa  relación es mínima y por ello es posible aplicar la excepción  a  la regla de exclusión con base en el criterio del vínculo atenuado respecto  de   los   documentos   extraídos   de   la   USB  incautada  a  MIGUEL  ÁNGEL  BELTRÁN.   

En  el  registro  incidental a la captura se  halló  la  USB,  procedimiento legalizado por un juez de control de garantías;  además,  la  Fiscalía  solicitó  previamente  la  orden  de  recuperación de  información  dejada  al navegar en internet u otros medios equivalentes como la  referida  unidad, en la cual se encontraron los documentos que dieron soporte al  fallo de condena.   

El nexo entre dichos archivos y la evidencia  31  es  mínimo,  pues  aquellos  no dependen de esta, máxime si se trata de un  recaudo  independiente;  “se trató de un registro  incidental,  en  el  marco  de  un  proceder constitucional, pues la captura fue  legítima,  el registro se practicó inmediatamente después de la aprehensión,  recayó  sobre  la  superficie  de  la  persona,  su  indumentaria y enseres que  llevaba  consigo,  y  no  consistió  en  observarla  desnuda o tocar sus partes  íntimas”.   

El Procurador Delegado sugirió a la Sala no  casar el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Con    relación    al    primer  motivo  del cargo inicial formulado  por  la  defensa, en el cual cuestiona la legalidad de la evidencia 10 (USB) por  considerarla  derivada  de  la  evidencia  31 (computadores y otros dispositivos  incautados en Sucumbíos, Ecuador), se encuentra lo siguiente:   

          Esta  Sala  en  auto del 18 de mayo de 2011 (Rad. 29877) se inhibió  de  abrir  investigación  a  favor  de  un  ex  Representante a la Cámara, por  considerar  que  el vínculo entre él y las Farc se intentó demostrar con base  en  los  archivos  electrónicos de alias Raúl Reyes, contenidos en 9 elementos  de  ordenación  de  datos, entre computadores, discos duros y dispositivos USB,  encontrados  en  territorio  de Ecuador por el Comando de Operaciones Especiales  (COPES)  de  la  Policía  Nacional  de  Colombia,  en el marco de la Operación  Fénix   que   se   desarrolló  en  la  madrugada  del  1  de  marzo  del  año  2008.   

Se expuso que tales hallazgos eran ilegales  y  fue  aplicada  la cláusula de exclusión, pues las autoridades nacionales no  contaban  con facultades de policía judicial, se apartaron de normas contenidas  en  la  Constitución,  los  Convenios  de  Cooperación  Judicial  y Asistencia  suscritos  y  ratificados  por  Colombia,  y  las  leyes  600  de  2000 y 906 de  2004.   

Dicha  determinación  fue luego confirmada  por  la  Corte  mediante auto del 1 de agosto de 2011, al resolver el recurso de  reposición  interpuesto  por  el  Ministerio Público, en el cual concluyó que  ningún  tipo  de  delito  o  la  finalidad  bondadosa de combatir el terrorismo  autorizan  que  en  el  trámite  judicial se violen derechos fundamentales o se  pretermita el debido proceso y el principio de legalidad.   

En  este  asunto,  por  las  mismas razones  invocadas  en  las  citadas  decisiones,  en  el  fallo  de primer grado la juez  aplicó  la  cláusula de exclusión a las evidencias 1ª a 4ª y 6ª a 8ª, por  ser  procedentes  de  la evidencia 31, dejando a salvo las demás, especialmente  la  5ª,  que  da  cuenta de los informes de policía judicial sobre documentos,  textos,  publicaciones,  foros y actividades académicas relacionadas con MIGUEL  ÁNGEL   BELTRÁN,   introducidos   con   Benancio   Triana   Lozano;   la  9ª,  correspondiente  al  almacenamiento  de  la USB incautada al procesado de manera  incidental  a  su  captura, incorporada al juicio a través de Humberto Lizarazo  Pidiache;   la   10ª,  que  trata  de  cinco  documentos  extraídos  de  dicho  dispositivo  electrónico,  impresos  e  introducidos  por Humberto Lizarazo; la  11ª,  relativa  a  un disco con la información obtenida de la USB, incorporado  por  el  perito  Jair Vanegas; y la 12ª, que alude al informe del mismo experto  de laboratorio.   

El  Tribunal  ratificó  lo decidido por la  juez  respecto  de la exclusión de las pruebas ilegales y además dispuso en el  fallo     “omitir    deliberadamente”  los testimonios de los oficiales Camilo Ernesto Álvarez Ochoa,  Fredy  Bautista  García,  Henry Coba Santos, Ronald Hayden Coy Ortiz y Gilberto  Vidal  Rondón,  así  como  lo  expuesto  por  el  Subintendente Jaime Humberto  Lizarazo  Pidiache  el  8, 9 y 10 de junio de 2010, en cuanto se ocuparon de los  elementos provenientes de la Operación Fénix.   

Entonces, la sentencia de condena de segundo  grado  se  fundamentó  básicamente  en  los  documentos hallados en la USB que  dentro  de  una mochila portaba MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN, obtenida en el marco del  registro  incidental  a su captura, así como en la declaración rendida el 2 de  mayo  de  2011  por  el  Subintendente  de  la  Policía Jaime Humberto Lizarazo  Pidiache,  sobre  los  archivos  recuperados  en  el  mencionado  dispositivo de  almacenamiento,  lo  expuesto  por  Jhon  Fredy  Torres  Giraldo,  acerca de las  circunstancias   que   rodearon   la  captura  en  el  Aeropuerto  Eldorado,  la  declaración  de  Benancio  Triana  Lozano,  como  testigo  de  acreditación de  aquellos  documentos,  y  lo  relatado  por  el  perito  ingeniero  Yair Vanegas  Rodríguez,  acerca  de  la  recuperación de los archivos, además del registro  migratorio  del  procesado,  su hoja de vida académica y la publicación que en  compañía  de Liliana Patricia Obando (alias la paisita) realizó en la revista  Fermentum  de un artículo  titulado  “Colombia:  ¿Terrorismo  o  insurgencia  armada?”.   

Ahora, como la defensa alega que la captura  de  BELTRÁN VILLEGAS fue ilegal, toda vez que fue ordenada con base en informes  de  policía  judicial  derivados  de los elementos informáticos de alias Raúl  Reyes   recaudados   en   Sucumbíos,   Ecuador,   que   se   concretó   en  la  materialización  de  la  circular  roja  de  la Interpol y determinó que fuera  deportado  de  México  a  Colombia,  la  ulterior aprehensión en el Aeropuerto  Eldorado  y  la  legalización  del  procedimiento de privación de la libertad,  procede la Corte a pronunciarse sobre el particular.   

En  la  audiencia preliminar reservada de  solicitud  de  orden  de  captura  realizada el 14 de  abril   de  2009  en  el  Juzgado  64  Penal Municipal con función de control  de    garantías    de    Bogotá,   el  Fiscal 14 Especializado de la Unidad  Nacional     contra    el    Terrorismo    aportó  los  informes de policía  judicial  elaborados  por  Jaime  Lizarazo  y  Benancio  Triana, a partir de los  hallazgos  extraídos  de  los referidos computadores,        con       los       cuales       consideró   acreditado   que  MIGUEL  ÁNGEL  BELTRÁN  VILLEGAS, alias Jaime Cienfuegos, podía ser responsable de la  comisión   de  los  delitos  de  financiación  del  terrorismo    y    administración    de    recursos    relacionados,         y        concierto  para  delinquir  con  fines  terroristas,  sancionados  con  pena mínima superior a 4 años de prisión, además de que para garantizar  su  comparecencia  al  proceso,  evitar  la  obstrucción  de  la justicia y por  constituir  un peligro para la sociedad, solicitó se  expidiera  la  correspondiente orden de captura, a lo cual accedió la           juez.   

         Si  bien, de  tiempo   atrás   ha  señalado  la  Sala  en  forma  reiterada  que para conjurar  las  falencias  reales  o  supuestas  en  la captura se han dispuesto mecanismos  especiales    como    la    acción    de    habeas  corpus,  motivo  por  el  cual  aquellas  no tienen la  virtud  de  afectar  la  legitimidad  del  proceso, esto es, socavar las bases y  estructura           del          trámite1,  lo  cierto  es  que  en este  asunto  respecto  del registro incidental a la captura, procedimiento en el cual  se  encontró  una USB en la mochila que portaba MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN, resulta  imprescindible  constatar  si la captura fue o no legal, pues de ello se derivan  consecuencias  en  el  ámbito  de la legalidad de las pruebas extraídas de tal  dispositivo   que   sirvieron   de   fundamento   para   proferir  el  fallo  de  condena.   

En la sentencia de segundo grado se precisó  que  “la  requisición  de la USB al hoy procesado  aconteció  en el desarrollo de una actividad de policía judicial e inherente a  sus  funciones  legales,  durante  una intervención judicialmente autorizada al  derecho  fundamental de la libertad, que permitió la obtención de elementos de  prueba  en forma incidental a tal aprehensión y con ocasión de ella, al amparo  de  lo expresamente preceptuado en el artículo 248 del estatuto procesal penal.  Situación  que  en  su  debido momento se sometió a escrutinio ante el Juez de  Control  de  Garantías,  mientras que la revisión para superar el derecho a la  intimidad  del  señor  Beltrán  Villegas  fue objeto de autorización previa y  expresa  por un funcionario de similar naturaleza constitucional, a petición de  la Fiscalía”.   

En efecto, como ya se advirtió, la USB fue  hallada  en  el bolso o mochila que MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN portaba al momento de  su  captura  en  el Aeropuerto Eldorado, situación idéntica a la ejemplificada  por  la  Corte  Constitucional  en sentencia C-822 de  2005,  en  la  cual,  además,  se  anota  que  la  legislación no precisa   expresamente   en  qué  consiste  el  registro,  pero  el  artículo  248  de la Ley 906 de 2004 permite inferir que se trata de una medida  con  un  menor  grado  de  incidencia  que  la  inspección  corporal, es decir,  corresponde  a  una  exploración superficial del individuo y de la indumentaria  que  porta,  incluida  el  área física inmediata y bajo control de la persona,  donde puede ocultar armas o esconder evidencia.   

          La  incautación de dicho dispositivo electrónico de almacenamiento  se  produjo  90  minutos  después  de la aprehensión, pues, según lo declaró  Jhon  Fredy  Torres  Giraldo  en  el juicio como testigo de la Fiscalía (Cd No.  27),  el acta de derechos del capturado fue suscrita a las 19:50 horas del 22 de  mayo  de  2009,  pero  luego  fue  necesario  conducir  a  BELTRÁN a la zona de  asistencia  médica  para  que  lo  revisaran por presentar problemas de salud y  más  tarde,  aproximadamente a las 21:20, en las instalaciones de la Dirección  de  la  Dijín  dentro  del aeropuerto, se suscribió el acta de incautación de  efectos que portaba en su mochila, entre ellos, la referida USB.   

Al  respecto,  se  tiene  que el  artículo  248  de la Ley 906 de 2004 se ocupa de tres figuras:  (a)  El  registro  realizado  en  el marco de los procedimientos preventivos que  corresponden  a  la  fuerza pública conforme a su deber constitucional, el cual  fue  declarado  inexequible en sentencia C-822 de 2005, en cuanto no forma parte  de  “las investigaciones  penales  y,  por  lo  tanto,  su  regulación no puede inscribirse dentro de una  norma  que  se ocupa de diligencias encaminadas a obtener evidencias o elementos  materiales  probatorios,  y  que  tienen,  en este contexto, un significado y un  alcance  que  rebasan  la  de los meros procedimientos preventivos a cargo de la  fuerza  pública” y “se  encuentran  previstos  en  las  normas  de  policía  sobre  las cuales no emite  pronunciamiento  alguno  esta  sentencia”;  (b)  El  registro  incidental  a  la  captura y (c) El registro  personal  realizado  con el fin de recuperar evidencia física para los fines de  investigación penal.   

Según se declaró en la parte resolutiva  de   la   misma   sentencia,  “salvo  el  registro  incidental  a  la  captura,  el registro corporal requiere autorización previa  del juez de control de garantías”.   

Entre   los   propósitos   del  registro  incidental  a  la  captura se tienen: El aseguramiento de la misma aprehensión,  detectar  armas  que  puedan ser utilizadas contra las autoridades que adelantan  el  procedimiento  para causarles daño en su vida o salud, o facilitar la huida  del   capturado,   así   como   “proteger  de  la  destrucción  o  el  ocultamiento  elementos  materiales probatorios o evidencia  física  que  se encuentren en posesión de la persona capturada. Comprende, por  lo  tanto, la revisión superficial del individuo, de la indumentaria que porta,  y  de  objetos bajo control físico de la persona capturada, como un bolso, como  quiera  que por su cercanía física éstos pueden ser usados para ocultar armas  o  evidencia  física”2.   

         Precisó  la  Corte  Constitucional en tal decisión que el registro  incidental   a   la   captura   es   admisible,   siempre   que  “(i)  se trate de una captura legítima, ordenada por un juez; (ii)  se  realice  inmediatamente  después  de  la  captura;  (iii)  recaiga sobre la  superficie  de la persona, su indumentaria y de los enseres que lleve consigo; y  (iv)  no  entrañe  observar  a  la persona desnuda ni el tocamiento de órganos  sexuales y senos”.   

Considera  la  Sala  que  si  la  primera  exigencia  del registro incidental es una captura legítima, tal requisito no se  cumple  en  este caso, toda vez que para conseguir la expedición de la orden de  captura  por  parte de la Juez 64 de Control de Garantías, la Fiscalía aportó  los  informes  de policía judicial rendidos por el Subintendente Jaime Lizarazo  Pidiache  y  el  Intendente  Benancio  Triana  Lozano,  que  dan  cuenta  de  la  recolección  de  evidencia  e información hallada en los computadores de alias  Raúl  Reyes,  la  cual  fue  ilegal,  de modo que compromete la legalidad de la  captura,  del  registro  incidental,  de  la  incautación  de  la  USB y de los  archivos  allí  encontrados,  así  como  de  los  informes  rendidos sobre los  mismos, por lo siguiente:   

          El  inciso  final del artículo 29 de la Constitución establece que  “Es nula, de pleno derecho, la prueba obtenida con  violación  del  debido  proceso”.  Por su parte, el  artículo  23 de la Ley 906 de 2004 regula la cláusula general de exclusión al  disponer  que  “Toda prueba obtenida con violación  de  las garantías fundamentales será nula de pleno derecho, por lo que deberá  excluirse  de  la  actuación procesal. Igual tratamiento recibirán las pruebas  que  sean  consecuencia  de  las  pruebas  excluidas,  o  las  que  sólo puedan  explicarse en razón de su existencia”.   

Si  bien  se  admite  que  la  cláusula de  exclusión  opera  respecto  de  la prueba ilícita y la ilegal (CSJ AP 14 sept.  2009.  Rad.  31500)  y que el citado mandato constitucional exige al funcionario  judicial  señalar de manera expresa la prueba viciada que debe ser marginada de  la  actuación3,  lo  cierto  es que media distinción entre ambas, pues aquella es  obtenida  con vulneración de derechos esenciales del individuo, por ejemplo, de  la  dignidad  humana  por  la  utilización de tortura, constreñimiento ilegal,  violación  de  la  intimidad, quebranto del derecho a la no autoincriminación,  etc.,  mientras  que  la  otra,  la prueba ilegal, es consecuencia del irrespeto  trascendente  de  las  reglas  dispuestas  por  el  legislador  para su recaudo,  aducción o aporte al proceso.   

       En  uno  u otro caso, las consecuencias jurídicas son diversas (CSJ  SP,  2  mar.  2005,  Rad.  18103, CSJ SP, 1º jul. 2009. Rad. 31073, CSJ SP, 1º  jul.  2009.  Rad.  26836  y CSJ SP, 5 ago. 2014. Rad. 43691). Invariablemente la  prueba  ilícita  debe  ser  excluida  del  conjunto  de  medios  de convicción  obrantes   en  el  proceso,  sin  que  puedan  exponerse  argumentos  de  razón  práctica,  de  justicia material, de gravedad de los hechos o de prevalencia de  intereses sociales para descartar su evidente ilegitimidad.   

          Tratándose   de  la  prueba  ilegal,  también  llamada  irregular,  corresponde  al  funcionario  realizar  un  juicio  de  ponderación, en orden a  establecer  si  el requisito pretermitido es fundamental en cuanto comprometa el  derecho  al  debido  proceso,  en  el  entendido  de  que  la simple omisión de  formalidades   y   previsiones  legislativas  insustanciales  no  conduce  a  su  exclusión.   

Ahora,  así  como  una  prueba  ilícita o  ilegal  sustancial  debe  ser excluida, de igual manera, el medio probatorio que  de  ella  se  derive  debe  correr  la  misma  suerte, esto es, ser objeto de la  cláusula  de  exclusión,  asunto que en la doctrina anglosajona es abordado en  la   conocida   teoría   del   fruto   del  árbol  envenenado,  en  virtud  del  efecto espejo, dominó o  también llamado reflejo.   

La  prueba  ilícita  que  resulta nula por  vulneración  de  los  derechos  fundamentales  no  produce  efecto  alguno,  su  ineficacia  se  extiende  a  todas sus consecuencias y contamina otros medios de  convicción que de ella se deriven.   

La  prueba  ilegal  que  debe  ser excluida  cuando  el  rito  pretermitido  en  su  recaudo, aducción o aporte es esencial,  proyecta  sus  efectos a otro medio probatorio derivado, siempre que se acredite  una  muy estrecha relación inescindible entre aquella y este, capaz de lesionar  la            misma            garantía4.   

          Aunque  se  alude  a  pruebas  ilegales  o ilícitas y en el sistema  reglado  en  la Ley 906 de 2004 únicamente tienen la condición de pruebas  las  que  han sido producidas y  sometidas  a  debate  ante  el juez de conocimiento en el juicio oral, así como  las  incorporadas  anticipadamente  en  audiencia  preliminar  ante  un  juez de  garantías  en  los  casos  y  en  las condiciones excepcionales previstas en el  estatuto  procesal  penal,  no hay duda que la ilegalidad o ilicitud también es  predicable  de  los  elementos  materiales  probatorios  que, como en este caso,  sirvieron  de  fundamento para que la juez de control de garantías expidiera la  orden de captura en contra de MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN VILLEGAS.   

              Si  de  acuerdo  con  el artículo 297 de la Ley 906 de 2004,  modificado   por   el  artículo  19  de  la  Ley  1142  de  2007,  “Para  la  captura  se requerirá orden escrita proferida por un  juez  de  control  de  garantías  con  las  formalidades  legales y por motivos  razonablemente  fundados,  de  acuerdo con el artículo 221,  para inferir que aquel contra quien se pide librarla es autor o  partícipe   del  delito  que  se  investiga,  según  petición  hecha  por  el  respectivo  fiscal” y la norma citada dispone que los  motivos     fundados  “deberán ser respaldados, al menos, en informe de  policía  judicial,  declaración jurada de testigo o informante, o en elementos  materiales  probatorios  y  evidencia  física”,  se  concluye   que   también   los   soportes  demostrativos  de  los  motivos  fundados deben ser esencialmente  legales  y  lícitos,  pues  de lo contrario deben ser objeto de la cláusula de  exclusión.   

Es  cierto que la decisión por medio de la  cual  la  Corte  declaró  ilegales  los  hallazgos  derivados  de  los archivos  electrónicos  de  alias  Raúl  Reyes  data  del  18  de  mayo de 2011 y que la  audiencia  reservada  de  solicitud  de captura de BELTRÁN VILLEGAS, fundada en  elementos  probatorios  producto de los mismos, ocurrió el 14 de abril de 2009.  No  obstante,  es  claro que el carácter ilegal de estos no deviene de que así  fuera  declarado  por  esta  Sala,  sino  de  su  evidente  recaudo irregular al  producirse  fuera  del  territorio  colombiano  por  parte de autoridades que no  contaban  con  facultades  de  policía  judicial, las cuales se apartaron de la  Constitución  Política  y,  en  especial,  de  los  Convenios  de Cooperación  Judicial  y  Asistencia  suscritos  por  Colombia, así como de las leyes 600 de  2000  y  906  de  2004,  quebrantando  el  debido  proceso  y  el  principio  de  legalidad.   

Entonces,  como el recaudo de los elementos  informáticos  de  alias  Raúl  Reyes  en  Sucumbíos,  Ecuador, fue ilegal por  contrariar  las  reglas  dispuestas  por  el  legislador  para  ello, los medios  probatorios  que  de aquellos se deriven deben correr la misma suerte conforme a  la     teoría     del     fruto    del    árbol  envenenado,  de  manera  que  los informes de policía  judicial  con  base  en  los  cuales la Fiscalía solicitó la captura de MIGUEL  ÁNGEL BELTRÁN también son ilegales.   

         Ahora,  tratándose  de pruebas derivadas de una ilegal, como ocurre  en  este  asunto,  debe demostrarse que el denominado efecto espejo o dominó se  proyecta  en  aquellas,  siempre  que  se  acredite  una  muy estrecha relación  inescindible    entre    una    y    otras,   capaz   de   lesionar   la   misma  garantía5,     salvo    los    criterios    señalados    en    el    derecho  anglosajón6  para  tener  como  admisible  la  prueba  derivada de una primaria  excluida  por  ilegal,  los cuales fueron acogidos en el artículo 455 de la Ley  906  de 2004 y por la jurisprudencia, pese a que la doctrina ha señalado que su  definición,  comprensión  y  alcance no son absolutamente nítidos. Son ellos:  La   fuente   independiente,   el   vínculo   atenuado   y   el  descubrimiento  inevitable7.   

         

          La  Corte  no  advierte,  ni  la  Fiscalía acreditó, que alguna de  tales  situaciones  exceptivas  concurrieran  en este caso, pues los informes de  policía    judicial    no   cuentan   con   fuente  independiente   autónoma  diversa  de  los  elementos  informáticos  hallados e incautados ilegalmente en el campamento de alias Raúl  Reyes,  es  decir,  su  fuente  está  viciada  y  por  ello,  tienen  el  mismo  “foco  de  ilicitud” y  vulneran las mismas garantías de legalidad y debido proceso.   

          Tampoco  media  entre  la  prueba  primaria  ilegal  (computadores y  dispositivos  electrónicos  de  almacenamiento  de  alias  Raúl  Reyes)  y las  derivadas   (informes   de   policía)  un  vínculo  atenuado,  pues  su  relación  es estrecha, intensa e  importante,  sin que la ilegalidad de tales informes se haya atenuado, con mayor  razón  si  no  obran  otros  medios  probatorios  para soportar la sentencia de  condena por el delito de rebelión.   

          No   se   trata   de  un  descubrimiento  inevitable. Lo demostrado en la actuación fue que sin  los  referidos  elementos informáticos ilegalmente incautados en Ecuador, no se  habría  arribado  con  otras  pruebas  a  establecer la eventual pertenencia de  MIGUEL  ÁNGEL  BELTRÁN  a  las  Farc,  es decir, la Fiscalía no probó que lo  acreditado  con  los  hallazgos  tomados de los computadores y concretado en los  informes  de  policía  que  sirvieron  para solicitar la captura del mencionado  ciudadano,   también   se   habría  establecido  a  través  de  otros  medios  legales.   

En  resumen,  si  los  informes de policía  judicial  rendidos  por el Subintendente Jaime Lizarazo Pidiache y el Intendente  Benancio  Triana  Lozano,  que  dan  cuenta  de  la  recolección de evidencia e  información  hallada en los computadores de alias Raúl Reyes, fueron elementos  materiales  probatorios  derivados  de  otros  ilegales,  también  tenían  tal  carácter  y,  por  ello,  no podían sustentar la petición de orden de captura  presentada  por  la  Fiscalía  ante  la  Juez  de Control de Garantías y tanto  menos,   tenían   aptitud   legal   para  que  efectivamente  se  dispusiera  y  materializara como en efecto ocurrió.   

          Ahora,  si los soportes de la solicitud de captura de la Fiscalía y  de  su  expedición  por la Juez de Control de Garantías son ilegales, la orden  de  captura  no  es  legal,  es  decir,  no se cumple en este caso con el primer  requisito  para  dotar  de  validez  y  legitimidad  el registro incidental a la  captura de MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN.   

Tampoco  será  legal la incautación de la  USB  hallada  en  su mochila, sus archivos, así como los informes y testimonios  rendidos  sobre  los  mismos, específicamente la evidencia 9 que corresponde al  almacenamiento  hallado en dicho dispositivo, incorporada al juicio a través de  Humberto  Lizarazo  Pidiache;  la  evidencia  10  que  trata de cinco documentos  extraídos  de la USB, impresos e introducidos por el mismo Subintendente; la 11  relativa   a   un   disco   con  la  información  obtenida  de  tal  unidad  de  almacenamiento,  incorporado  por  el  perito Jair Vanegas; y la 12 alusiva a un  informe del mismo experto de laboratorio.   

          Como  en materia de protección de derechos fundamentales las formas  procesales  no se justifican por sí mismas, sino que es necesario establecer en  concreto  de qué manera la incorrección sobre el mandato procedimental derivó  en  el quebranto efectivo de un derecho o garantía, en el entendido que no toda  falencia  formal  tiene  aptitud  para  conculcarlos,  de  modo que es necesario  constatar  en  cada  caso  si efectivamente se produjo su lesión y cuál fue la  afectación  de  su  núcleo  esencial, considera la Sala que en este asunto los  soportes  de la petición de orden de captura resultaron ilegales y ello condujo  a  la  ilegalidad de la captura y, en consecuencia, del registro incidental a la  misma,  así  como  de la incautación de la USB hallada en la mochila de MIGUEL  ÁNGEL  BELTRÁN  y  los  archivos hallados en ella y los informes y testimonios  rendidos sobre el particular.   

No  se  trata  aquí de exigir a la Juez de  Control  de  Garantías  que  revisara la legalidad de los elementos hallados en  poder  del  capturado,  pues,  como  ya  lo  ha  precisado  la  Sala8, no es de su  competencia  proceder  a  ello,  en cuanto es en la audiencia preparatoria donde  las  partes  y  el  Ministerio Público podrán pedir al juez de conocimiento su  exclusión,  rechazo  o  inadmisibilidad  (artículos 358 y 359 de la Ley 906 de  2004).  No  obstante,  se  trata  si  de advertir la ilegalidad de los elementos  materiales  probatorios  que  sirvieron a la Fiscalía para conseguir de la Juez  la  expedición  de la orden de captura, situación que no da lugar a invocar su  buena  fe para deshacer la arbitrariedad, pues lo cierto es que con tal proceder  se  vulneraron  derechos  fundamentales de MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN, tales como el  debido proceso y la libertad personal.   

          Desde  luego,  cuando  el artículo 297 del Código de Procedimiento  Penal   establece:   “El  fiscal  que  dirija  la  investigación  solicitará  la orden al juez correspondiente, acompañado de la  policía   judicial   que  presentará  los  elementos  materiales  probatorios,  evidencia  física  o la información pertinente, en la cual se fundamentará la  medida”, alude a elementos, evidencia e información  legales,  so  pena  de que la orden de captura resulte ilegal, incorrección que  comporta  una  sanción  para el Estado, pues, como tantas veces se ha dicho, la  verdad  no puede ser descubierta sin importar los costos ni con desprecio por la  legalidad  de los medios de convicción; ello es intolerable en un Estado social  y  democrático,  esencialmente  fundado  en  el  respeto  de  la  persona  y la  protección  a  ultranza  de  sus  derechos  fundamentales,  entre ellos, el del  debido    proceso    probatorio    para    desvirtuar    la    presunción    de  inocencia.   

          La  señalada ilegalidad de los informes de policía, sustento de la  solicitud  de  captura  en  su condición de elementos derivados, no únicamente  comportó   la   ilegalidad   de   la   orden  de  captura  y  de  su  posterior  materialización,  sino  que vició también el registro incidental y, con ello,  la  incautación de la USB, así como sus contenidos, los que a la postre fueron  los   soportes   de   la   sentencia  condenatoria,  razón  por  la  cual  debe  aplicárseles la cláusula de exclusión.   

Así  las  cosas,  prospera  la censura por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, producto del error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad  propuesto por la defensa, pues se demostró que el  Tribunal  fundamentó  el  fallo de condena en los medios probatorios extraídos  de  la  USB  incautada  a  MIGUEL  ÁNGEL  BELTRÁN  en  el marco de un registro  incidental  a  la  captura  que, como ya se advirtió, se sustentó en elementos  materiales  probatorios  ilegales,  viciando  el  procedimiento de aprehensión,  así  como  la  incautación  de  la  USB  y  los  elementos  hallados  en   ella.   

Ahora, del recaudo probatorio resulta legal  la  evidencia  5  que  da  cuenta  de  un  informe  de  policía  judicial sobre  documentos,  textos, publicaciones, foros y actividades académicas relacionadas  con  MIGUEL  ÁNGEL  BELTRÁN,  introducidos  con  la  declaración  de Benancio  Triana,  sin que de ellos pueda deducirse autónomamente su pertenencia al grupo  armado  ilegal,  pues,  no  sobra  indicar  que la publicación en compañía de  Liliana    Patricia    Obando   de   un   artículo   titulado   “Colombia:    ¿Terrorismo    o   insurgencia   armada?”,  la  reseña de su captura en la Revista Semana, una entrevista  que  concedió al periodista Félix De Bedout de la emisora W Radio, su registro  migratorio  o  su  hoja de vida académica carecen de aptitud para que pueda ser  declarado penalmente responsable por el cargo de rebelión.   

También  se  cuenta  con las declaraciones  rendidas  por  las  profesoras  compañeras  del  acusado  o sus alumnas, de las  cuales    tampoco    se    deduce    su    responsabilidad   por   el   referido  punible.   

Como sin los medios de prueba excluidos, la  sentencia  de condena no consigue mantenerse, se impone casar tal decisión para  en  su  lugar  confirmar  el fallo absolutorio proferido en primera instancia en  favor de MIGUEL ÁNGEL BELTRÁN VILLEGAS.   

       Lo  decidido respecto del primer cargo releva a la Corte de ocuparse  de    los   planteamientos   realizados   por   la   defensa   en   el   segundo  reproche.   

Por lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia  en  nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

1.            CASAR  la  sentencia  impugnada  para  en  su lugar,  confirmar el fallo absolutorio de primera instancia proferido  en  favor  de MIGUEL ÁNGEL  BELTRÁN VILLEGAS.   

2.                   DISPONER  la  libertad  del  procesado,  para lo cual la Secretaría de la  Sala    librará   de   inmediato   las correspondientes órdenes.   

3.            SEÑALAR  que  corresponde  al juez de primera instancia proceder a la cancelación de los  demás  compromisos  adquiridos  en razón de estas diligencias por MIGUEL           ÁNGEL           BELTRÁN           VILLEGAS.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr.  SP,  21  jul.  2004.  Rad.  14538, AP 13 abr. 2005. Rad. 22947, AP 23 ene.  2008.  Rad.  28886,  AP  16 mar. 2011. Rad. 36007 y AP 27 feb. 2013. Rad. 39076,  entre otros.   

2  Ídem.   

3  Cfr. CC SU 159/02.   

4  Cfr. CSJ SP, 5 ago. 2014. Rad. 43691.   

5  Cfr. CSJ SP, 5 ago. 2014. Rad. 43691.   

6  Cfr. Caso Silverthorne vs. USA. 1920.   

7  Cfr. CC SU-159 de 2002.   

8 CSJ  SP, 16 may. 2007. Rad. 26310.     

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