AP3451-2014(43692)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP3451-2014  

Radicación     n°     43692   

(Aprobado Acta No.  195)   

Bogotá,        D.C.,        veinticinco (25) de junio de dos mil catorce (2014).   

V   I   S   T   O  S   

Decide la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de casación presentada por el defensor de Jackson Arboleda Mena contra  la  sentencia  dictada  por la Sala Única del Tribunal Superior de Quibdó, por  cuyo   medio  se  revocó  la  proferida  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  especializado  de  esa  capital, que lo absolvió por el delito de fabricación,  tráfico  y  porte  de armas, municiones de uso restringido, de uso privativo de  las fuerzas armadas o explosivos.    

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

         1.  Los primeros fueron sintetizados por  el ad quem de la siguiente manera:   

La  situación  fáctica  que  originó  el  presente  trámite,  fue  producto  de una diligencia de registro y allanamiento  ordenada  por  la  Fiscalía  Doce Seccional de Bahía Solano el 28 de agosto de  2012,  la  cual  se  fundamentó en información suministrada vía telefónica a  los  funcionarios de investigación criminal de la SIJIN del municipio de Bahía  Solano,  por  parte  de  un  ciudadano  que  no  se  identificó,  quien puso en  conocimiento  de  los  miembros  de  policía  judicial,  que en la vivienda del  señor  JACKSON  ARBOLEDA  MENA,  ubicada  en  el  barrio «María Inmaculada»,  sector  «La  Invasión»,  corregimiento  de  El  Valle del municipio de Bahía  Solano  (Chocó),  con  No.  de contador 084405, construida en cemento y madera,  fachada  de  color azul y rojo, puerta de madera, cuatro habitaciones, una sala,  cocina  y  un  patio,  se  almacenaban  municiones de uso privativo de la fuerza  pública.   

     

Una vez ordenada, la diligencia se llevó a  cabo  el  6  de  septiembre  del  mismo  año  aproximadamente  a las 6:20 de la  mañana,  en  la  cual  los  uniformados fueron atendidos por el señor ARBOLEDA  MENA,  y  al  registrar el patio de la vivienda nombrado por los policiales como  zona  No. 7, encontraron enterrada una caneca de color blanco que en su interior  contenía  1.407 cartuchos color dorado calibre 7.62 [mm], los cuales según los  elementos  de  conocimiento  aportados  al juicio oral, fueron entregados por un  patrullero  de  la  Policía  Nacional al procesado y a su hermana, a fin de que  éstos los guardaran de manera cuidadosa.      

2.   Por  los  anteriores  hechos,  el  7  de  septiembre  de  2012,  ante  el  Juzgado Segundo  Promiscuo  Municipal  con  Funciones  de  Control de Garantías de Bahía Solano  (Chocó),  una  vez  legalizadas  la  orden  y  el  procedimiento  de registro y  allanamiento,  así  como  la  captura  en  situación  de flagrancia de Jackson  Arboleda  Mena,  la  Fiscalía  le formuló imputación como autor del delito de  fabricación,  tráfico  y porte de armas, municiones de uso restringido, de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas  o  explosivos  (art.  366 del C.P.); quien  rechazó los cargos.   

         Seguidamente,  a  petición del representante del ente acusador, se  le  impuso  medida  de aseguramiento privativa de la libertad en establecimiento  carcelario.       

3.  El  21  de  noviembre  de la misma anualidad, la Fiscalía 101 Especializada radicó escrito  de   acusación  y,  el  18  de  enero  de  2013, ante el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado  de  Quibdó,  se cumplió la audiencia respectiva en la  que    reiteró    los    cargos    atribuidos    en    la    formulación    de  imputación.   

         4. Realizada la audiencia preparatoria y  agotado  el  juicio  oral,  el  22  de agosto de 2013 se anunció el sentido del  fallo  de  carácter  absolutorio  a  favor del acusado, disponiéndose en dicha  oportunidad  su  libertad inmediata, y el 22 de noviembre siguiente se dictó la  respectiva sentencia.   

         5. Apelado el fallo por la Fiscalía, en  decisión  adiada  12  de  febrero  de  2014, el Tribunal Superior de Quibdó lo  revocó  y, en su lugar, condenó al procesado Arboleda Mena a la pena principal  de  132  meses  de prisión, así como a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  privativa  de  la  libertad,  como autor responsable del delito de fabricación,  tráfico  y  porte  de armas, municiones de uso restringido, de uso privativo de  las fuerzas armadas o explosivos (art. 366 del C.P.).   

         De  igual  forma,  le  fue  negada la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena y la prisión domiciliaria, disponiéndose librar en su  contra orden de captura para el cumplimiento de la pena impuesta.   

         6. Contra la decisión de segundo grado,  el  abogado  que  representa  los  intereses del implicado Jackson Arboleda Mena  interpuso recurso de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Sin detenerse siquiera a enunciar el fin que  pretende  alcanzar  con  el  recurso  extraordinario,  el  demandante formula un  reproche  contra  la  sentencia de segundo grado, al amparo de la causal tercera  prevista  en  el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, que se sintetiza de la  siguiente manera:   

         Cargo  único.  Denuncia  que el ad quem  incurrió  en  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, originada en un  error  de  hecho por falso raciocinio, lo cual condujo a la falta de aplicación  del  artículo 7º de la Ley 906 de 2004, que consagra el principio in  dubio  pro  reo,  y a la aplicación  indebida  del  canon  366  del  Estatuto  Punitivo,  que  tipifica  el delito de  fabricación,  tráfico  y porte de armas, municiones  de   uso   restringido,   de   uso   privativo   de   las   fuerzas   armadas  o  explosivos.     

         Señala    que   al   momento   de   realizar   la   «apreciación   probatoria»,   el  juez  colegiado  desconoció  los  postulados  de  la sana crítica, en particular las  reglas  de  la  experiencia,  puesto  que para concluir que estaba demostrado el  elemento  normativo  a  que  alude la expresión «sin  permiso  de  autoridad  competente», contenido en el  artículo  366  del  Código  Penal,  acudió  a  una  máxima  según  la  cual  «siempre  o casi siempre que una persona tiene en un  sitio  munición  de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas,  lo hace sin la  autorización  o  permiso  correspondiente», lo cual,  estima  el  censor,  constituye  una  presunción  probatoria  que  releva  a la  Fiscalía  de probar los hechos y circunstancias jurídicamente relevantes de la  conducta                               atribuida                              al  acusado.             

         Afirma  que  tal  aserto no dimana de las pruebas practicadas en el  juicio  oral,  en  el  cual  el  ente  acusador  solo acreditó que el procesado  conservaba   «munición  de  uso  privativo  de  las  fuerzas   armadas»,   pero   no   aportó  elemento  probatorio   que   «de  manera  directa»  demostrara  el  supuesto  fáctico  del  elemento normativo del  tipo,  relativo  a  la  ausencia  del permiso de la autoridad competente para su  tenencia,   cuya  existencia  no  podía  presumir  el  Tribunal,  ni  extraerlo  argumentativamente,  aun acudiendo a máximas de la experiencia, para lo cual el  recurrente  se  apoya  en  jurisprudencia       de       la      Sala      que      se      encarga      de  citar.        

         En  ese  orden,  solicita  a la Corte casar la sentencia confutada,  para  en  su  lugar  absolver  a  su  defendido  del  delito  por  el cual se le  condenó.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Conforme a la  normativa  recogida  en  el Código de Procedimiento Penal de 2004, la casación  se  establece  con una doble connotación, tanto de control constitucional, como  legal  de  las sentencias proferidas en segunda instancia, en orden a consolidar  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia.      

Ahora bien, sin perjuicio de la facultad que  la  ley otorgó a la Sala de Casación Penal de la Corte de superar los defectos  de  la  demanda para decidir de fondo en aquellos eventos en que los fines de la  casación,  su  fundamentación,  posición  del impugnante dentro del proceso e  índole   de   la   controversia   planteada,   así  lo  ameriten,  el  recurso  extraordinario  no  es  un  mecanismo  carente de rigor.       

En  efecto,  la  casación  penal  no puede  entenderse  como  una  instancia  adicional  para  debatir  aspectos  que fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso; ni  la  demanda  puede  elaborarse utilizando un discurso de libre composición, por  el  contrario, dado el carácter extraordinario y rogado del recurso, en el cual  se  examina  la legalidad de la sentencia, está ligado a causales taxativas que  tienen  contenidos  propios,  referidas  a  vicios  sustanciales  o  procesales.  Además,  en  el  desarrollo  de  cada  uno  de los reparos formulados, se deben  cumplir  unos  requisitos  mínimos  de lógica y adecuada fundamentación, cuyo  desconocimiento  conlleva  a su inadmisión, como lo establece el inciso 2º del  artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004.   

Es  así  que  según  el  citado precepto,  mediante  decisión  motivada  la  Corte  está  facultada  para  no seleccionar  aquellas  demandas  que se encuentren en cualquiera de los siguientes supuestos:  «Si  el  demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  algunas  de las finalidades del recurso.»     

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si lo advierte necesario en orden a garantizarlos; y de igual forma,  no   obstante  cumplir  el  libelo  con  los  requisitos  de  lógica  y  debida  fundamentación,  procede  su  inadmisión  si  de  acuerdo a dichos fines no se  precisa de un fallo de mérito.    

2.  Advierte  la  Sala,  que  en  el  caso concreto el libelista no se ocupa siquiera de mencionar  cuál  es el propósito que pretende con el recurso de casación, ni mucho menos  explica  cómo  a  través  de la impugnación extraordinaria se logra alguno de  los  fines  señalados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, lo que además  tampoco  demuestra  en  el  desarrollo  de la única glosa que formula contra el  fallo del ad quem.         

La Corte ha sido reiterativa en señalar que  dichos  fines  deben  acreditarse  o cuando menos evidenciarse del contenido del  libelo,  y  que  no  basta  con  su  mera  mención,  ni  se cumple ese cometido  acudiendo  a expresiones  vacías de contenido, como acontece en el caso de  la  especie,  lo  cual es suficiente para rechazarlo (CSJ AP, 18 Abr. 2012, Rad.  38678).   

3. Además de lo  anterior,  la  demanda se inadmitirá porque no reúne las exigencias de lógica  y  adecuada  fundamentación,  habida  consideración  de  que  el impugnante no  acierta  en  la  postulación, ni en la demostración del cargo ensayado, según  pasa a explicarse.   

3.1  De  la  violación indirecta de la ley  sustancial por error de hecho por falso raciocinio.   

La Sala evoca que por esta vía se quebranta  indirectamente  la ley sustancial, cuando existiendo legalmente la prueba y pese  a  ser  valorada  en  su  integridad,  se  le asigna un poder de convicción que  desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica, vale decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas de la experiencia o las leyes de la ciencia.     

         En  consonancia  con lo anterior, el casacionista no puede quedarse  en  meros  enunciados,  sino  que le corresponde la carga de indicar el medio de  conocimiento  sobre  el  cual  recae  el  yerro;  qué  dice objetivamente; qué  mérito  demostrativo  le  asignó  el  juzgador  en  el  fallo atacado; cuál o  cuáles  fueron  las  reglas de la lógica, las máximas de la experiencia o las  leyes  de  la ciencia desconocidas por el fallador en la apreciación probatoria  y  cómo  debieron  ser  correctamente aplicadas; así como su trascendencia, al  extremo  que  de  no  haber  incurrido  en tal error ello habría determinado un  fallo  sustancialmente opuesto al declarado en la decisión impugnada; indicando  además,  la  norma de derecho sustancial excluida o indebidamente aplicada (CSJ  SP,  23  Nov. 2000, Rad. 10479; CSJ AP, 18 Ago. 2010, Rad. 33919; CSJ AP, 6 Ago.  2013,  Rad.  41368;  y,  CSJ  AP,  20  Nov.  2013,  Rad.  42344;  entre  otros).   

Sobre  el  concepto  de  las máximas de la  experiencia,  punto  medular  que  se  discute  en  la glosa examinada, conviene  recordar que esta Corporación ha sostenido que:   

En su carácter de tesis hipotéticas por su  contenido,  de las cuales se esperan que produzcan consecuencias en presencia de  determinados  presupuestos,  se  construyen  sobre  hechos  y  no  sobre juicios  sensoriales,  cuya  cualidad  es  su  repetición frente a los mismos fenómenos  bajo  determinadas condiciones (CSJ, SP, 21 Jul. 2004,  Rad. 17712).   

         

         De  otro lado, en cuanto al contenido y alcance de las reglas de la  experiencia, la Sala ha señalado:   

Ahora  bien,  la  experiencia  es una forma  específica  de  conocimiento  que se origina por la recepción inmediata de una  impresión.  Es  experiencia  todo  lo  que  llega o se percibe a través de los  sentidos,  lo  cual supone que lo experimentado no sea un fenómeno transitorio,  sino   un   hecho   que   amplía   y   enriquece   el   pensamiento  de  manera  estable.   

Del   mismo   modo,  si  se  entiende  la  experiencia  como  el  conjunto  de  sensaciones  a las que se reducen todas las  ideas  o  pensamientos  de  la  mente,  o bien, en un segundo sentido, que versa  sobre  el  pasado,  el  conjunto  de  las  percepciones habituales que tienen su  origen  en la costumbre; la base de todo conocimiento corresponderá y habrá de  ser  vertido  en dos tipos de juicios, las cuestiones de hecho, que versan sobre  acontecimientos  existentes  y  que son conocidos a través de la experiencia, y  las  cuestiones de sentido, que son reflexiones y análisis sobre el significado  que se da a los hechos.   

Así,  las  proposiciones  analíticas  que  dejan  traslucir  el conocimiento se reducen siempre a una generalización sobre  lo  aportado  por  la  experiencia, entendida como el único criterio posible de  verificación  de  un  enunciado  o  de  un  conjunto  de enunciados, elaboradas  aquéllas  desde una perspectiva de racionalidad que las apoya y que llevan a la  fijación  de  unas  reglas  sobre  la  gnoseología,  en  cuanto el sujeto toma  conciencia  de  lo que aprehende, y de la ontología, porque lo pone en contacto  con el ser cuando exterioriza lo conocido.   

(…)  

Atrás  se  dijo  que  la experiencia forma  conocimiento  y  que los enunciados basados en ésta conllevan generalizaciones,  las  cuales  deben  ser  expresadas  en  términos racionales para fijar ciertas  reglas  con  pretensión  de  universalidad,  por  cuanto,  se agrega, comunican  determinado  grado  de  validez  y  facticidad,  en un contexto socio histórico  específico.   

En ese sentido, para que ofrezca fiabilidad  una  premisa  elaborada a partir de un dato o regla de la experiencia, ha de ser  expuesta,  a modo de operador lógico, así: siempre o casi siempre que se da A,  entonces  sucede  B.  (CSJ  SP,  21  Nov.  2002, Rad.  16472)   

3.1.1    Cargo    único    por   falso  raciocinio.   

         Según   el   actor,   el   vicio  denunciado  se  presenta  en  la  «apreciación probatoria»  realizada  por  el Tribunal, dado que concluyó demostrado el elemento normativo  a  que  alude la expresión «sin permiso de autoridad  competente»,  contenido  en  la descripción típica  del  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas, municiones de uso  restringido,  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas o explosivos (art. 366  C.P.),  sin  contar  con elementos probatorios que demostraran la existencia del  supuesto  fáctico  sobre  el cual aquel se edifica, acudiendo para tal efecto a  una máxima de la experiencia.       

         De  entrada  la  Corte advierte que el demandante se equivoca en la  postulación  del  reproche, pues si lo que pretendía evidenciar es que el juez  colegiado  asumió que el procesado Arboleda Mena no tenía permiso de autoridad  competente  para  conservar  los  1.407  cartuchos  calibre  7.62  mm que fueron  hallados  en  una  caleta  ubicada  en el patio de su residencia, sin contar con  elementos  de  convicción  legal  y  oportunamente  aducidos  al juicio, que le  permitieran  sustentar  tal aserto, debió encaminar la censura por la senda del  error  de  hecho por falso juicio de existencia por suposición, que se presenta  cuando  el  fallador  presume un medio de prueba que no ha sido incorporado a la  actuación,  que  le imponía la carga de identificarlo y precisar su injerencia  en  el  sentido  de  la  decisión,  valga decir, cómo su no inclusión habría  conducido  a  la  absolución  del  incriminado,  labor  que no es asumida en el  libelo  (CSJ  AP,  28  Ago.  2013,  Rad.  41653  y  CSJ  AP,  5  May. 2014, Rad.  42225).   

         De  igual  manera,  el censor ninguna actividad emprende en orden a  demostrar  el  falso  raciocinio propuesto, puesto que ni siquiera identifica la  prueba  sobre  la  cual  recae  el  error de valoración probatoria, mucho menos  cuál  fue  la  regla de la experiencia desconocida por el Tribunal, o cuál era  la  que  correspondía  aplicar  en el asunto examinado, limitándose a señalar  que  el  juez  colegiado  infirió  la  falta del permiso para la tenencia de la  munición,   valiéndose   de   la   máxima   según   la  cual  «siempre  o casi siempre que una persona tiene en un sitio munición  de  uso privativo de las fuerzas armadas, lo hace sin la autorización o permiso  correspondiente»,  con lo cual desconoce la realidad  procesal,  por  cuanto  parte  de  un  supuesto  falso,  cual es que en el fallo  confutado  se  acudió  a  juicios  lógicos  deductivos,  propios  de la prueba  indirecta,  para llegar a tal conclusión, cuando lo cierto es que el ad quem se  valió   de   juicios   inferenciales   de  naturaleza  inductiva  a  partir  de  circunstancias                del                caso                debidamente  probadas.           

         En  efecto,  si bien en la sentencia recurrida se reconoció que la  Fiscalía  no  había  aducido al juicio oral elemento probatorio, que de manera  expresa  indicara la carencia de autorización del acusado Arboleda Mena para la  conservación  de  la  cuantiosa  munición  hallada en su vivienda, también se  dijo  que en el asunto de la especie ello no era un requisito indispensable para  acreditar  el elemento normativo del tipo penal descrito en el artículo 366 del  Estatuto  Punitivo,  referido  a esa específica circunstancia del hecho, habida  consideración  de que con el testimonio del funcionario de la Policía Judicial  Sijin  Carlos  Javier  Córdoba Garcés, se incorporó el informe de laboratorio  sobre   la   experticia   practicada   a  la  munición  aprehendida1,    que  determinó  su  buen  estado  de  conservación y su aptitud para ser disparada,  amén  que  este  declaró  que  para  llegar  a  tal conclusión «se  utilizó  un  fusil calibre 7.62 [mm] para disparar un cartucho  de     la     munición     incautada»2.                  

         A  fin  de  evidenciar la situación anotada, vale la pena citar lo  que el ad quem expresó sobre el punto en cuestión:   

Acerca  del  estado de funcionamiento de la  munición  incautada  en la vivienda del implicado, el patrullero [Carlos Javier  Córdoba  Garcés] adscrito a la SIJIN de la policía de Bahía Solano, refirió  que  para  verificar su estado de funcionamiento, utilizó un fusil calibre 7.62  [mm]  y  disparó  un  cartucho  de la munición incautada, estableciendo que la  misma  estaba  en  buen  estado  y  apta  para  ser utilizada.      

(…)  

Así pues, con relación al aspecto objetivo  del  delito  de  fabricación,  tráfico y porte de armas de uso restringido, de  uso  privativo  de las fuerzas armadas o explosivos, no existe discusión alguna  sobre  la  conducta  desplegada  por  el  señor  JACKSON ARBOLEDA MENA, es  decir  que no es objeto de debate que fue capturado en situación de flagrancia,  mientras  conservaba  o guardaba sigilosamente y con ánimo de permanencia en su  residencia  1.407  cartuchos  calibre 7.62 [mm], munición clasificada como arma  de  guerra  o de uso privativo de la fuerza pública, conforme al artículo 8º,  literal  j),  en  concordancia con el c) y d) del Decreto 2535 de 1993, toda vez  que  así lo declararon los miembros de la policía judicial que participaron en  el   operativo   de   registro  y  allanamiento  el  6  de  septiembre  de  2012  (…).         

(…)  

Lo  anterior  indica, entre otros aspectos,  que  si  bien  es  cierto la Fiscalía tiene la carga probatoria de demostrar la  materialidad  de  la  conducta  punible y la responsabilidad del procesado en la  misma,  no  es  menos  cierto  que  ello no implica que deba ser a través de un  específico  medio  de  prueba  o  como  en el caso que ocupa la atención de la  Sala,  en  los  que  se presume la carencia del permiso por tratarse de armas de  uso  restringido  o  privativo  de  las Fuerzas Militares, la Fiscalía no está  obligada  a  demostrar  que el procesado no cuenta con tal autorización, cuando  en  este caso debe presumirse, por ser munición de guerra o de uso privativo de  la  fuerza  pública, que el señor ARBOLEDA MENA no se encontraba en ninguno de  los  eventos  excepcionales para los que se autoriza su utilización y cuando el  ingrediente       normativo       –sin      permiso      de      autoridad      competente– se infiere a partir de los medios de  prueba  aportados al debate oral o se deduce de las circunstancias fácticas que  están plenamente  acreditadas.             

         Es  claro  entonces,  que  el  Tribunal  no  acudió  a  la  prueba  indiciaria  para  concluir  demostrado que el acusado adolecía del permiso para  tener  en  su  vivienda  la  munición  incautada,  ni utilizó la máxima de la  experiencia  que  el  recurrente  sugiere  para  sustentar el cargo, sino que de  manera  acertada  y  siguiendo  la línea jurisprudencial trazada por la Sala, a  partir  de la circunstancia demostrada con la experticia técnica practicada por  el  funcionario de la Policía Judicial y su declaración en juicio oral, de que  los  elementos  encontrados  en  poder  del procesado Arboleda Mena tenían como  característica   particular  ser  munición  calibre  7.62  mm  apta  para  ser  disparada   por  arma  de  fuego  tipo  fusil,  clasificada  como  arma   de   guerra   o  de  uso  privativo  de  la  Fuerza  Pública  de  conformidad  con el artículo 8º, literales c) y  j),  del  Decreto  2535  de  1993;  a  través  de  un  juicio lógico inductivo  –que va de lo particular  a  lo  general– infirió  que  el  supranombrado  no  podía  contar con la respectiva autorización, pues  tales   artefactos,   en   ningún   caso  pueden  estar  en  posesión  de  los  particulares,  por  tratarse de armas prohibidas, según lo establece el literal  a) del artículo 14 de la citada normativa.   

         Sobre  el  tema  en  cuestión,  en  reciente  decisión  donde  se  resolvió  un  caso con similar sustrato fáctico, la Sala casó la sentencia de  segundo  grado  por  encontrar  acreditado  que  el  Tribunal omitió valorar la  prueba  pericial  que  demostraba  las  características  del  artefacto bélico  incautado  al  implicado,  que confrontadas con lo normado en el Decreto 2535 de  1993,  permitía  concluir  que reunía las condiciones para ser considerado con  arma  de  guerra  o  de  uso privativo de la Fuerza Pública y, por tanto, no se  requería  allegar  la certificación sobre la carencia de permiso para su porte  o tenencia.   

         En  esa oportunidad, en lo que al asunto de la especie interesa, la  Corporación señaló:   

El  artículo 366 del Estatuto Punitivo que  consagra  el  delito  de  fabricación, tráfico y porte de armas, municiones de  uso  restringido, de uso privativo de las fuerzas armadas o explosivos agravado,  por  el  cual  la Fiscalía formuló acusación en contra del procesado…es del  siguiente tenor literal:    

El que sin permiso  de  autoridad  competente importe, trafique, fabrique,  transporte,  repare,  almacene, conserve, adquiera, suministre, porte o tenga en  un  lugar  armas  o  sus partes esenciales, accesorios esenciales, municiones de  uso  privado de las Fuerzas Armadas o explosivos, incurrirá en prisión de once  (11) a quince (15) años. (Subraya la Sala)    

En  relación  con  el ingrediente del tipo  objetivo  que  demanda la ausencia de la autorización administrativa, para así  reputar   típica  la  conducta  de  quien  bajo  esa  particular  circunstancia  actualiza,  en  cualquiera de sus modalidades, el comportamiento allí descrito,  cabe  anotar que no ofrece discusión que por corresponder la carga de la prueba  a  la  Fiscalía,  según  mandato superior (art. 250 Const. Pol.) y legal (Art.  7º  Ley  906 de 2004), es a dicho ente, y a ninguna otra parte o interviniente,  a   quien   incumbe   acreditarlo   en   el  juicio  en  orden  a  demostrar  la  responsabilidad  penal del acusado, lo cual comporta en un primer momento probar  la  materialidad de la conducta punible, valga decir, su tipicidad, amén de las  exigencias         relativas         a        su        antijuridicidad        y  culpabilidad.                

En esa medida, el fallador no puede suponer  configurado  tal  elemento  típico  sin  que  obre  medio de persuasión que lo  demuestre,  como tampoco es procedente deducirlo argumentativamente a través de  juicios  lógicos,  ni  siquiera  aplicando reglas de la experiencia, so pena de  trasgredir  el principio de presunción de inocencia, ello por cuanto si bien se  ha  considerado  al  enunciado en cuestión como un elemento normativo del tipo,  en  tanto  término  legal  que exige una valoración  jurídica   sobre   su  contenido,  resulta  innegable  que  tiene  un  sustrato  eminentemente  fáctico,  esto es, el hecho de no tener autorización legal para  el  porte  del arma o la munición de que se trate, el cual debe probarse previo  a emitir la correspondiente sanción.    

En  tal  sentido se expresó la Sala en CSJ  SP, 2 Nov. 2011, Rad. 36544, al indicar:   

Desde el punto de vista objetivo, este tipo  penal se compone de los siguientes elementos:   

(i) Una pluralidad  de  acciones:  importar, traficar, fabricar, transportar, almacenar, distribuir,  vender, suministrar, reparar o portar.   

(ii)  Un  objeto  material,   consistente   en   por   lo  menos  un  arma  de  fuego  de  defensa  personal    o    en    municiones   de   la   misma  índole. Y,   

(iii)    un  ingrediente,  “sin  permiso de autoridad competente”, que es normativo en la  medida  en  que  contempla  una  valoración de índole jurídica (autorización  legal),  pero  que  es  más  descriptivo  en  tanto  alude  a  una situación o  circunstancia       predominantemente       fáctica      (no      tener      el  salvoconducto).   

En  lo  que  a  este  último  elemento  se  refiere,  salta  a la vista que para su corroboración  es   menester   partir   de   unos  datos  o  hechos  de  naturaleza  objetiva,  derivados de los medios probatorios recaudados durante  la  actuación. (Lo mismo puede predicarse con cualquier otro elemento del tipo,  incluso de los subjetivos o eminentemente normativos.)   

Lo anterior significa que, para demostrar en  un  asunto  concreto la falta de autorización legal para comerciar, distribuir,  llevar  consigo,  etc.,  un  arma  de fuego, deberá introducirse al juicio oral  prueba  (o,  por lo menos, una estipulación de las partes en ese sentido) de la  cual  pueda colegirse, de manera razonable, que el comportamiento descrito en la  ley  no estaba amparado por el orden jurídico. Ello, claro está, sin perjuicio  de  la aplicación del principio de libertad probatoria (artículo 373 de la Ley  906  de  2004),  por  lo  que  no  es  obligación  ineludible  de  la Fiscalía  aportar,  mediante  un  testigo  de acreditación, el  documento   público  que  certifique   la   ausencia   del  permiso  correspondiente,  siempre   y   cuando  recurra  a  cualquier  otro  medio  pertinente  para  hacerlo.   

Sin  embargo,  si  no  se  parte  de  una  circunstancia   o   fundamento   fáctico   claro  para  decidir  acerca  de  la  configuración  de  tal ingrediente típico, es incuestionable que su existencia  tampoco  podrá  presumirse, ni siquiera argumentativamente, pues de ser así se  estaría  ignorando  la  norma  según  la  cual “corresponderá al órgano de  persecución  penal  la  carga de la prueba acerca de la responsabilidad”, tal  como  lo  prevé  el  inciso  2º  del  artículo  7 del Código Procesal Penal.   

En  este  orden de ideas, la presunción de  inocencia  jamás  podrá  desvirtuarse  mediante  la  formulación  aislada  de  hipótesis alusivas a la experiencia. (Subraya fuera de texto)   

Surge   patente,   conforme  a  la  regla  interpretativa  enunciada en la jurisprudencia traída a colación, reiterada en  otras  decisiones  de  esta  Corporación (CSJ SP, 25 Abr. 2012, Rad. 38542; CSJ  SP,  7 Nov. 2012, Rad. 36578; y, CSJ AP, 29 Ene. 2014, Rad. 42215), que no basta  la   demostración   de   la   mera   posesión,  tenencia  o  porte  del  arma de fuego o de la munición,  para  tener acreditado que quien actualiza el supuesto de hecho contenido en los  tipos  penales  de  los artículos 365 y 366 del Estatuto Punitivo, por esa sola  razón  carece  del  permiso  legal  respectivo,  pues a tal conclusión solo se  podrá  arribar  en la medida en que la prueba recaudada en el juicio por cuenta  del  ente  acusador,  se  insiste,  permita  concluir  razonadamente  que  dicha  conducta no está amparada jurídicamente.   

Lo anterior no significa, como lo enseña el  criterio  jurisprudencial  comentado,  que  en  el ordenamiento jurídico exista  tarifa  legal  a  fin  de  demostrar  el  pluricitado ingrediente típico, valga  decir,  que  se exija un específico elemento de persuasión que, a la manera de  una  «prueba  reina», sea el único medio que conduzca al juzgador al grado de  conocimiento  necesario  para  dar por probado tal supuesto, pues una postura de  ese  jaez  desconoce  el  principio  de  libertad  probatoria  consagrado  en el  artículo  373  de la Ley 906 de 2004, que gobierna el régimen probatorio en el  ordenamiento   adjetivo   penal,   cuya   única   limitante   es   la  dignidad  humana.     

(…)  

En sustento del anterior aserto, y a fin de  establecer  a qué clasificación corresponde el arma de fuego aprehendida en el  asunto   concreto,   debe  acudirse  a  la  normativa  que  regula  la  tenencia  y  el  porte  de  armas, municiones, explosivos y sus  accesorios,  esto  es,  al  Decreto  2535  de  1993,  que  además se encarga de  clasificarlas  y  fija  el  régimen  para  la  expedición  de  los respectivos  permisos a particulares para su posesión o porte.    

Según el artículo 7º de la preceptiva en  comento,  las  armas  de  fuego  se  clasifican  en tres categorías, una de las  cuales,  conforme  a su literal a), corresponde a las «Armas de guerra o de uso  privativo  de  la  Fuerza  Pública», definidas en el artículo 8º ibídem, en  términos  generales, como aquellas destinadas a defender la soberanía nacional  y  el  orden  constitucional,  entre  las  cuales la norma relaciona en su   literal  d),  las «Armas automáticas sin importar calibre»; artefactos éstos  que  por  su  poder  letal  no  pueden  poseer  ni portar los particulares, bajo  ninguna  circunstancia,  según  se  desprende de que conforme al literal a) del  artículo   14   del   pluricitado  decreto,  estén  catalogadas  como  «Armas  prohibidas»  las  de  «uso  privativo  o  de  guerra,  salvo las de colección  debidamente  autorizadas, o las previstas en el artículo 9º de este Decreto»,  excepciones  éstas  que no se verifican en el caso particular, por cuanto ni se  acreditó  que  la  ametralladora  M60  E4  incautada  cumpliera  los requisitos  legales   para   considerarla  arma  de  colección3,     ni     dadas     sus  características  se  identifica  con  las  enlistadas en el artículo 9º de la  reglamentación                citada4.   

En  ese  orden,  resultó  un desatino del  Tribunal  exigir  que  el  representante  de  la  Fiscalía  aportara  al juicio  elemento  de  convicción  donde  se  certificara  que  el procesado…no  contaba con el respectivo permiso  para  transportar  o,  en  general,  poseer  el  artefacto  bélico  que  le fue  incautado,  por  la  potísima razón de que la autoridad competente, en ningún  supuesto,  está  facultada legalmente para expedir la susodicha autorización o  salvoconducto   respecto  de  armas  de  guerra,  por  estar  ello  expresamente  prohibido en la ley.        

Refulge, entonces, que el ad quem incurrió  en  el yerro denunciado por el demandante, al omitir apreciar la prueba pericial  que,  como quedó visto, demuestra sin ambages el aspecto fáctico sobre el cual  se  edifica  el  elemento  normativo «sin permiso de autoridad competente» que  integra  el  supuesto  de  hecho  del  artículo 366 del Código Penal; de donde  obligado   es   concluir   que   la  conducta  desplegada  por  el  acusado…es  típica.      

         

         En   esa   medida,   haciendo  abstracción  de  las  protuberantes  falencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  de que adolece la demanda,  tampoco  le  asiste  razón al libelista en el aspecto central de su queja, pues  como  quedó  visto,  en  el juicio oral la Fiscalía probó la materialidad del  delito   de   fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas,  municiones  de  uso  restringido,   de   uso   privativo   de   las  fuerzas  armadas  o  explosivos,  particularmente  el sustrato fáctico del elemento normativo del tipo relativo a  la  ausencia  del  permiso  para  la  tenencia  de  la  munición  incautada  al  implicado,  carga que cumplió con la declaración del investigador que realizó  la  experticia  a  dichos elementos bélicos y el informe de laboratorio que fue  incorporado a través de éste.        

         

         Así las cosas, se rechazará el cargo.   

         4.  En conclusión, el incumplimiento de  la  exigencias  mínimas  de  forma  y  de  fondo  que  debe  observar el libelo  casacional,  aunado  a la falta de demostración de la única censura propuesta,  conducen a su inadmisión.   

         

         5.   Resta  señalar  que  no se observa que con ocasión del fallo impugnado o dentro de la  actuación  se  violaran  derechos o garantías de los intervinientes, como para  que  tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del  libelo en orden a  decidir  de fondo, según lo dispone el inciso 3° del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos  establecidos  por la Sala (CSJ AP, 12 Dic.  2005, Rad. 24322).   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.   INADMITIR    la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Jackson  Arboleda Mena.   

De  conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folios 82 a 86 del cuaderno principal.    

2  Minuto  46:06  del  registro  No.  270013107001-002-001  del CD del juicio oral.   

3  «Artículo 13º.- Armas de  colección.   Son   aquellas   que   por   sus   características   históricas,  tecnológicas  o  científicas,  sean  destinadas  a  la  exhibición  privada o  pública de las mismas».   

4  «Artículo  9º.-  Armas  de  uso  restringido.  Las armas de uso  restringido  son armas de guerra o de uso privativo de  la  fuerza  pública, que de manera excepcional pueden  ser   autorizadas   con  base  en  la  facultad  discrecional  de  la  autoridad  competente,  para  defensa personal especial, tales como: Subrayado  declarado Inexequible Sentencia Corte Constitucional 296 de 1995   

     

a. Los  revólveres y pistolas de calibre 9.652 mm. (.38 pulgadas) que  no  reúnan  las  características  establecidas  en  el  artículo  11  de este  Decreto;   

b. Las      pistolas      de      funcionamiento     automático     y  subametralladoras».  (Subraya  fuera de texto)       

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