AP3168-2016(46280)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP3168-2016  

Radicación n° 46280.  

Aprobado acta No. 160.  

Bogotá, D.C., veinticinco (25) de mayo de dos  mil dieciséis (2016).   

V I S T O S  

Con  el  fin  de  constatar  si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada    por   el   defensor   de   Víctor  Manuel  Almanza  Amaya, contra la  sentencia  del  21  de  octubre  de 2014, a través de la cual la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de Yopal confirmó la emitida por el  Juzgado  3º  Penal del Circuito de esa misma ciudad, que lo condenó como autor  responsable  del  delito  de contrato sin cumplimiento de requisitos legales, en  concurso  homogéneo,  en  tanto  que  lo  absolvió  por  el  de  peculado  por  apropiación.   

A N T E C E D E N T E S  

Fueron fijados en el fallo de segundo grado,  como se transcriben a continuación:   

Con  fecha  08 de mayo de 2000 el Personero  Municipal   y   la   presidenta   del  Concejo  Municipal  de  Pajarito-Boyacá,  denunciaron  varias  irregularidades en los contratos N° números 001,001, 002,  003,  004  , 005 y el 0026 del 3 de enero, 6 de marzo, 22 de marzo y 28 de abril  del  año  2000  respectivamente,  donde fueron contratantes Luis Eduardo Quiroz  Sánchez,  Ricardo  Gómez  León,  Yesid  Miranda  Cifuentes,  Yovany Alexander  Castro  Meneses  y  VÍCTOR  MANUEL  ALMANZA  AMAYA  en  su  calidad  de Alcalde  Municipal  de  Pajarito. En la denuncia se menciona que para el primero de ellos  se  usaron  dineros  del  fondo de compensación municipal sin autorización del  Consejo  (sic) Municipal, los otros contratos los celebraron por sumas mayores a  los  $8.000.000  valor  máximo autorizado al burgomaestre para contratar según  acuerdo del Concejo Municipal.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Con  base  en tales hechos, el 12 de mayo de  2000,  la  Fiscalía  28  Seccional de Sogamoso dispuso la apertura formal de la  investigación  en  contra  de  Víctor Manuel Almanza  Amaya1  y  su  vinculación mediante indagatoria, la cual tuvo lugar el 12  de             julio            siguiente2.  La  situación jurídica del  procesado  fue resuelta el 3 de noviembre de ese año, sin imposición de medida  de aseguramiento.   

En pronunciamiento del 25 de febrero de 2003,  el  ente  instructor ordenó integrar a la actuación, por motivos de conexidad,  la   investigación   No   002835  seguida  a  Almanza  Amaya por la celebración de otros contratos suscritos  en   su   condición   de   alcalde   del  municipio  de  Pajarito  –Boyacá-,  para que se tramitaran bajo  la   misma   cuerda   procesal.  Así  mismo  dispuso  la  vinculación  de  los  contratistas  Yecid  Miranda  Cifuentes, Ricardo Gómez León y Yovany Alexander  Castro Meneses.   

Y  mediante  resolución  del  7 de marzo de  20033,   la  fiscalía  declaró  la  misma  conexidad  de  otro  proceso  relacionado  con  temas  contractuales  del  burgomaestre en su administración,  para que hiciera parte de este procesamiento.   

El   24  de  febrero  de  20054  se  declara  cerrada   la   instrucción;   y   el  19  de  septiembre  siguiente5  se  califica  el   mérito del sumario profiriendo resolución de acusación en contra de  Víctor Manuel Almanza Amaya,  por  las  conductas  punibles  de contrato sin el cumplimiento de los requisitos  legales,  peculado  por  apropiación,  ambos en concurso homogéneo, y peculado  por  aplicación  oficial  diferente. Igualmente se acusó a Luis Eduardo Quiroz  Sánchez,   Ricardo  Gómez  León  y  Yovany  Alexander  Castro  Meneses,  como  coautores  del primero de los citados delitos y cómplices del segundo de ellos,  mientras  que  a  Yecid  Miranda  Cifuentes se le llamó a juicio pero solo como  coautor del ilícito primeramente señalado.   

A petición de la Procuraduría, en proveído  del  28  de septiembre de 2005, la fiscalía decretó la nulidad de lo actuado a  partir  de  la  notificación  del  auto  que  resolvió  situación jurídica a  Víctor Manuel Almanza Amaya,  por  no  haberle sido notificada personalmente dado que él estaba privado de la  libertad  en  su  domicilio  por  otra  causa  penal6.   

Ordenado el rompimiento de la unidad procesal  respecto  de  los  demás  imputados y subsanada la irregularidad denunciada, el  ente  acusador volvió a cerrar el ciclo instructivo mediante resolución del 18  de          agosto          de          20067.   

Más  adelante,  el  20 de septiembre de ese  mismo   año8,  calificó  nuevamente  el  mérito  sumarial  con  resolución de  acusación   en   contra  de  Víctor  Manuel  Almanza  Amaya, por los delitos de contrato sin el cumplimiento  de  los  requisitos  legales,  peculado  por  apropiación,  ambos  en  concurso  homogéneo,  y  peculado  por  aplicación  oficial diferente, decisión que fue  apelada por la defensa.   

La Fiscalía 1ª delegada ante los Tribunales  Superiores  de  Santa Rosa de Viterbo y Yopal, en decisión de segunda instancia  del  19  de  agosto  de 2008, confirmó el proveído atacado, pero decretando la  prescripción  de  la  acción  penal  respecto  del  punible  de  peculado  por  aplicación         oficial         diferente9.   

La   etapa  de  juzgamiento  fue  asumida,  inicialmente,  por  el  Juzgado  2º Penal del Circuito de Sogamoso, dependencia  que  en  audiencia  preparatoria  realizada  el  22 de abril de 200910  consideró  apropiado  remitir  el  asunto, por razones de competencia, al Juzgado 3º Penal  del  Circuito de Yopal, donde el 14 de octubre de 2010 se llevó a cabo la vista  pública11.   

El  10  de  julio de 2014 el citado despacho  judicial   dictó   sentencia   condenando  a  Almanza  Amaya  como  autor  responsable del delito de contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos legales, en concurso homogéneo, tipificado en  el  artículo  146  del  C.  Penal  (Decreto  100  de  1980),  modificado por el  artículo  57  de   la  Ley 80 de 1993 y 32 de la Ley 190 de 1995. De igual  manera lo absolvió por el punible de peculado por apropiación.   

Apelada  dicha  decisión por la defensa, la  Sala  Penal  del Tribunal Superior de Ibagué la confirmó en lo que fue materia  de  impugnación,  el  21  de octubre de 2014, mediante fallo que posteriormente  fue recurrido en casación por parte del mismo sujeto procesal.   

LA    DEMANDA   

Un  solo  cargo  formula  el  impugnante con  amparo  en  la  causal  primera  del  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, por  violación  directa  de  la ley sustancial, originada en la falta de aplicación  de  los  artículos 3º y 6º del Decreto 100 de 1980 y aplicación indebida del  artículo 146 del mismo cuerpo normativo.   

En orden a fundamentar su reproche, tratando  de  guardar  coherencia con la enunciación del cargo, señala que los jueces de  instancia  se  equivocaron al condenar a su defendido por la conducta tipificada  en  el canon 410 de la Ley 599 de 2000 – contrato sin cumplimiento de requisitos  legales-,  pues  esta norma, siendo posterior a los hechos investigados, resulta  más  gravosa para sus intereses en la medida en que prescindió del ingrediente  subjetivo  -provecho  ilícito-  que sí contemplaba la redacción del artículo  146   del   Código   Penal   de   1980,   vigente   para   la   época  de  los  acontecimientos.   

Tras  aludir  a pronunciamientos de la Corte  Constitucional,  referidos al debido proceso y a la aplicación de la norma más  favorable  en  materia  penal, concluye que no se cumplió con el presupuesto de  tipicidad  para  sancionar  la  conducta  atribuida  al  acusado  y «si   el   juzgador   de   segunda  instancia  hubiese  tomado  en  consideración  la  conducta  del  señor Víctor Manuel Almanza Amaya, a la luz  del  artículo  146  del  Decreto  100  de  1980,  y  analizado a fondo le (sic)  condición  personal  del  mismo,  y  circunstancias  en  que actuó, no habría  caído  en  la falsa conclusión de hallarlo responsable penalmente y, por ende,  violar  la  ley  sustancial  por  exclusión  evidente del artículo 3º 6º del  Decreto  100  de  1980  y  aplicación  indebida  del  artículo 146 de la misma  obra».   

Conforme  lo  expuesto, solicita de la Corte  casar el fallo demandado.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

I.  Cuestión preliminar.   

La  posibilidad  de  acudir  a  esta  sede  extraordinaria,  comporta  para  el  demandante  la  obligación de presentar un  libelo  en  el  que  acredite los requisitos previstos en el artículo 212 de la  Ley  600 de 2000, de manera que, además de identificar a los sujetos procesales  y  la sentencia y de sintetizar los hechos y la actuación procesal, se apoye en  una  causal  de  casación  y  fundamente  los cargos mediante la presentación,  clara  y  precisa de los errores cometidos por el sentenciador, así como de las  normas infringidas y su incidencia en la decisión recurrida.   

Ello  significa,  que las causales deben ser  desarrolladas  de  manera  coherente  con  el  yerro  que  se  pregona, bien sea  in  iudicando o in     procedendo,    demostrando    su  trascendencia  en  la  parte  resolutiva  del pronunciamiento, de modo que surja  palpable  la  ilegalidad  del  fallo  recurrido  y  no  se  torne  el  mecanismo  extraordinario  en  una  instancia  ordinaria adicional a las ya superadas en el  proceso.   

Pero  además  de  esos  requerimientos,  el  impugnante  tiene  la  carga  de  justificar la necesidad de intervención de la  Corte,  en  aras  de  cumplir  con  una de las finalidades del recurso, esto es,  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de  las  garantías  de los intervinientes, la reparación de los agravios inferidos  a  estos,  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia  (artículo 206 ejusdem).   

De  entrada  advierte la Sala que el escrito  presentado  por el demandante no cumple las mínimas exigencias de admisibilidad  que      consagran      las     normas     señaladas,     pues     (i)  incurrió  en  omisión  absoluta de  argumentos  tendientes  a  establecer  la  necesidad  constitucional  y legal de  abordar  el  estudio  de  la  pretensión  casacional  a  partir  de  una de las  precitadas  finalidades,  ninguna  de  las cuales siquiera mencionó;          y         (ii)            no  se  ajustó  a  los  parámetros  lógicos,  argumentativos  y  de  postulación,   atinentes   a   los  motivos  invocados,  como  seguidamente  se  explicará.   

El  principio  de  limitación  que  rige en  casación  le  impide  a la Sala corregir las deficiencias anotadas, en tanto no  le  corresponde  asumir  la  carga  argumentativa  exclusiva del impugnante para  complementar,  adicionar  o  enmendar  el  libelo,  habida  cuenta la naturaleza  rogada   del   recurso;   mucho   menos,   cuando  no  se  avizora  oficiosamente    la   necesidad   de   un   fallo   para   alcanzar  alguno   de  los  ya mencionados objetivos.   

Por   tanto,   se   anuncia,  la  demanda  será    inadmitida.   

II. Cargo único.  

Sostiene  el  recurrente  que  el  tribunal  incurrió  en  la  vulneración  directa  de  la  norma sustancial, al aplicarle  indebidamente  a  su  defendido  el  artículo  410  de  la Ley 599 de 2000, que  tipifica  y  sanciona  el  delito  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos  legales,  por  el  cual  fue  condenado,  de  una forma más gravosa que como lo  prevé  el  canon 146 del Decreto 100 de 1980, legislación llamada a regular su  caso particular.   

De  entrada surge patente el desatino en que  incurre   el  demandante  tanto  en  la  postulación  del  reparo  como  en  su  desarrollo,  pues  no  se advierte que la norma que éste considera desventajosa  (art.  410  de la Ley 599 de 2000), haya sido tomada en cuenta para sancionar el  comportamiento de su prohijado.   

En  efecto,  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias  descartan,  por  completo, la mínima veracidad que podría  acompañar  las  afirmaciones  presentadas por el censor para sustentar el cargo  propuesto,  al  evidenciar  que  las irregularidades contractuales atribuidas al  acusado  durante  su  desempeño  como alcalde del municipio de Pajarito, fueron  subsumidas  en  el  punible  de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales  contemplado,  justamente,  en  el  artículo  146  del  Decreto  100 de 1980 por  haberse  encontrado  vigente  para  la  época  de los hechos y no resultar más  gravoso que el Código Penal de 2000, al que alude el libelista.   

En   punto   al   tema,   el  ad-quem   se   pronunció   expresamente  indicando:   

En  el  presente  caso  tenemos que VÍCTOR  MANUEL  ALMANZA  AMAYA fungió como alcalde del Municipio de Pajarito -Boyacá a  partir  del  primero  de  enero  de  1998  hasta  el  31  de  diciembre de 2000,  inclusive,  (fl.  281  c-1), y en esa condición de servidor público suscribió  los  contratos que son materia de esta causa penal, en cuya elaboración y firma  se  omitieron  varios requisitos, entendiendo que esos requisitos no podían ser  otros  que  los  impuestos  por  las  normas  de contratación vigentes para ese  momento,  de  tal  forma  que  si  los hechos investigados sucedieron en el año  2000,  la  contratación  pública  del municipio de Pajarito debía regirse por  las  normas propias de la ley 80 de 1993 y su decreto reglamentario 855 de 1994,  más  no  por  unas  inexistentes que obedecen a la reforma del año 2007 con la  ley 1150.   

Sin  mayor  dificultad se tiene que para la  época  que  se  cometió  el ilícito por el que se acusa -año 2000- estaba en  plena  vigencia el D. 100 de 1980, pues la ley 599 de 2000 inició a regir el 24  de  julio  de 2001, y allí para el tipo penal investigado se debía observar la  reglamentación   propia  contenida  en  la  Ley  80  de  1993  y  sus  decretos  reglamentarios  como  el  Decreto  855 /94 entre otros, y no la ley 1150 de 2007  pues  para  esa  época  era  una  ley  inexistente.  No  hay  entonces  ninguna  aplicación   indebida   de   normas  y  tampoco  se  dan  los  presupuestos  de  favorabilidad.   

Ahora,  frente  a  la aplicación de la ley  penal,  según  la  ocurrencia de los hechos investigados, igual es claro que la  aplicación  de la norma que regía el delito de Contrato sin el cumplimiento de  requisitos  legales  para la fecha que ocurrieron los hechos es el artículo 146  del   Decreto   100  de  1980,  modificado  por  el  decreto  141/80,  artículo  1o,  el art. 57 de la -Ley  80   de   1993   que   sancionaba   esa   conducta   con  pena  de  cuatro  (4)  a  doce  (12)  años  y  multa de veinte (20) a ciento  cincuenta (150) salarios mínimos legales mensuales”.   

La norma original, artículo 146 del Decreto  Ley  100 de 1980, sí traía establecido como pena la que reclama el accionante,  pero  con  la  reforma  a este tipo penal que trajo la ley 80 de 1993 quedó tal  cual  fue  aplicada  por  el  a  quo.  (Negrillas del  texto)12   

Luego,  entonces,  se  puede  de  este  modo  verificar,  con  absoluta claridad, que el demandante se apartó por completo de  la  realidad  procesal,  así  como  del contenido de las sentencias proferidas,  tornando  gaseosa  la  censura  que por infracción directa de la ley sustancial  plantea,  alegando  la  aplicación  indebida  de una norma penal que de ninguna  manera  fue  contemplada o considerada por los jueces de instancia al definir la  realidad jurídica de su defendido.   

Empleando  la  misma  senda,  el casacionista  denuncia,  igualmente,  la  aplicación  indebida  del artículo 146 del Código  Penal  de  1980,  con  el argumento de que no fue analizada a fondo «la     condición    personal»    ni  «las  circunstancias»  en  que  Almanza Amaya actuó, lo  que   de   haberse   hecho   no   hubiera  permitido  caer  en  la  «falsa       conclusión       de       hallarlo       responsable  penalmente».   

Ya la Sala ampliamente ha dicho que cuando se  invoca  la  violación  directa  de  la  ley,  es  preciso que la proposición y  desarrollo   se   ajusten  a  determinados  parámetros  lógicos  orientados  a  establecer,  con suficiencia, un error en la aplicación del derecho. Por tanto,  el  reparo  se  debe  construir  en  el  plano netamente jurídico, al margen de  cualquier  debate  sobre  los  hechos declarados en el fallo y de la estimación  otorgada  al  acervo  probatorio que sirvió de sustento a la decisión atacada.  Esto,  por  cuanto, son precisamente esos hechos, aceptados por el tribunal, los  que   sirven   de   soporte   a   la   demostración  de  la  falsa  aplicación  alegada.   

Entonces,  cuando  lo  que  se  pretende  es  acreditar  la  falta  de  aplicación  de  la  norma,  corresponde al impugnante  enseñar  cuál  fue  la  situación fáctica reconocida por el fallador y cómo  omitió  hacer  valer  la  consecuencia en el derecho, valga decir, por qué esa  norma echada de menos regula el asunto específico.   

La  aplicación  indebida  de  un precepto se  origina  cuando el sentenciador se equivoca al elegir la norma correspondiente a  la    calificación   jurídica   impartida,   siendo,   pues,   un   error   de  selección13.   

          Ahora,  a fin de evidenciar el mencionado yerro en relación con una  determinada   disposición,  el  esfuerzo  ha  de  encaminarse  a  constatar  la  defectuosa  adecuación  del  supuesto  fáctico  probado,  respecto  a la norma  seleccionada   o   a   la   interpretación  que  de  ella  se  hace14.   

          Finalmente,   en  relación  con  la  interpretación  errónea,  el  ejercicio   argumentativo   del  casacionista  debe  abordar  cuando  menos  dos  aspectos,  uno  que  ilustre  sobre  cuál  es  el  alcance y efectos fijados al  precepto,  acudiendo para ello a criterios de autoridad o doctrinales, más no a  su  personal  comprensión  de  la  norma;  y otro, que evidencie cómo aquellos  fueron   desconocidos   por   los   falladores  de  instancia  en  la  sentencia  impugnada15.   

En  el  caso  presente  se  observa,  que  no  obstante  el  actor reprocha la selección normativa que hicieron los falladores  al  momento  de  condenar  a  su  representado,  el  discurso no lo ajusta a las  particularidades     que     impone     el     vicio     alegado    –aplicación   indebida-   en   orden   a   su   acreditación,  de  acuerdo  a  las  reglas  interpretativas  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  de la Sala, ampliamente  citadas          ut         supra.   

Si  bien  deja  entrever  que  el  error del  ad-quem   consistió   en  condenar  a  su  representado  pese a la atipicidad del comportamiento que se le  enrostra,  frente  al delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales,  con  lo  cual  entiende  argumentada  la  aplicación  indebida del precepto que  consagra  el  citado  punible  (art.  146,  C.P.  de  1980),   el censor se  equivoca  en su demostración al centrar su alegato en una crítica personal que  involucraría el tema probatorio.   

Con ello revela el desconocimiento que tiene  de  las  exigencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  corresponde  observar  pues,  con  la  pretensión de acreditar errores en la aplicación del  derecho,  el  recurrente  se  dedica a disentir, en el fondo, del análisis que,  conforme  a la prueba, le permitió a los juzgadores declarar la responsabilidad  penal  de  su defendido, recurriendo a señalamientos generales y abstractos que  nada  demuestran, tales como que no se analizaron debidamente las circunstancias  que rodearon su actuación, ni su interés o condición personal.   

Tal  glosa debió proponerla al amparo de la  violación   indirecta   de   la  norma,  denunciando,  de  manera  autónoma  e  independiente,  los  yerros de hecho (falso juicio de existencia, de identidad o  falso  raciocinio) o de derecho (falso juicio de convicción o de legalidad) que  se  cometieron  en  esa  actividad,  así  como  su  trascendencia  en  el fallo  impugnado,  análisis  que  debe involucrar la totalidad de la prueba recaudada.   

No  obstante, ninguno de tales derroteros es  acatado  en  el  libelo. En su inconformidad con la valoración de la prueba, el  demandante  se  queda  corto,  en  tanto no muestra que en esa tarea el tribunal  incurrió  en  yerros con incidencia en la declaración de justicia contenida en  el  fallo,  soslayando  los  razonamientos  que  la judicatura expuso en orden a  concluir  demostrada  la  existencia  del delito de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales  enrostrado  al  acusado  y su responsabilidad en el mismo a  título  de  autor,  que  soportó  en  las declaraciones, documentos e informes  técnicos que se recopilaron a lo largo de la investigación.   

III. Decisión.  

En  conclusión,  el demandante no acreditó  yerro  alguno  conforme  con  la  técnica  casacional  que  desvirtúe la doble  presunción de acierto y legalidad que le asiste al fallo.   

En consecuencia, la Sala habrá de inadmitir  la  demanda  que  se  examina  tal como viene anunciado. Más aún, cuando no se  advierte  la  concurrencia  de alguna de las hipótesis que le permitirían a la  Corte   obrar   de   conformidad   con  el  artículo  216  de  la  Ley  600  de  2000.   

En  mérito  a  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de Víctor Manuel  Almanza Amaya, por su defensor.   

Contra  este auto no procede recurso alguno,  conforme  lo  disponen  los  artículos  213  y  187,  inc.  2, de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  tribunal de origen. Cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Folio  21 C.O. No 1.   

2 Folio  42      –     44  ibídem.   

3 Folio  276 C.O. ibídem.   

4 Folio  516 C.O. No 2.   

5 Folio  532      –     564  ibídem.   

6  Folios 578 – 580 ibídem.   

7 Folio  670 C.O. No 3.   

8  Folios 687-715 ibídem.   

9 Folio  3-15 C. de segunda a instancia.   

10  Folio 797 C.O. No 3.   

11  Folio 813 ibídem.   

12  Folios  7  – 8 sentencia  del Tribunal.   

13 CSJ  AP, 26 feb. 2014, rad. 42902.   

14 CSJ  AP, 13 nov. 2013, rad. 41683.   

15 CSJ  AP, 11 dic. 2013, rad. 37039.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *