AP2978-2014(42163)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP2978-2014  

Radicación N° 42.163  

(Aprobado Acta N°  162)   

Bogotá  D.C.,  veintiocho (28) de mayo  de dos mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda  de casación presentada por el representante de las víctimas contra la  sentencia  dictada  el  20  de  junio  de  2013  por  la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Neiva, que confirmó la proferida el 27 de febrero del mismo año,  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de  Pitalito  (Huila),  por  cuyo  medio condenó a Rodrigo  Losada  Guaca,  en  calidad  de  autor  de la conducta  punible de homicidio.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  Los  primeros fueron sintetizados por el  Tribunal en los siguientes términos:   

Según  se  extrae  de  los  documentos  y  elementos  materiales probatorios allegados a la carpeta, el acontecer delictivo  ocurrió  en  la  madrugada  del 7 de octubre de 2012, en la Vereda Canastos del  municipio  de  Isnos –H.-,  cuando  luego  de  presentarse  desavenencias entre RODRIGO LOSADA GUACA y José  Erney  Gaviria  Collazos  al  interior  de  la  gallera  Machete,  dando lugar a  insultarse  e  irse a las manos por razón del estado de alicoramiento que ambos  presentaban,  el  primero  salió en persecución de su contrincante quien junto  con  su  hermano  Wberney  Gaviria  Collazos  abandonaron  el establecimiento de  diversión,  en  instantes  en  que los actos alevosos los dirigió hacia Silvio  Jiménez,  habiendo  intentado  tomar distancia en el vehículo de propiedad del  interfecto  que  por  no  haber encendido, lo llevó a éste a abordar a pié la  ruta  que  conduce  a  la  cabecera  municipal,  sin  embargo, fue alcanzado por  RODRIGO   que   le   asestó   una   puñalada   en   su   humanidad1,  produciéndose  su  deceso a los pocos minutos de ser traslado (sic) al hospital  local.2   

2.  El  24  de  noviembre  de  2012, ante el  Juzgado  Único  Promiscuo  Municipal  con funciones de control de garantías de  Oporapa  (Huila)  se  legalizó  la  captura de Rodrigo  Losada  Guaca,  oportunidad  en  la  que  el Fiscal 24  Seccional    de    Pitalito    le    imputó    el    delito   de   homicidio,  previsto  en  el  artículo  103 del Código Penal, en  calidad  de  autor,  cargo  que fue aceptado. Así mismo, se le impuso medida de  aseguramiento      de      detención      preventiva     en     establecimiento  carcelario.3   

3. El 27 de febrero de 2013 se llevó a cabo  la  audiencia  de  verificación del allanamiento e individualización de pena y  sentencia  a  instancia  del  Juez  Primero  Penal del Circuito con funciones de  conocimiento        de       dicho       lugar4.   

4.  Mediante sentencia de la misma fecha, el  Juez   de   conocimiento  condenó  a  Rodrigo  Losada  Guaca,    en  calidad  de  autor del injusto de homicidio, a la pena principal  de  ciento  cuatro  (104)  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo término de la  sanción  privativa de la libertad. Además, le negó la suspensión condicional  de     la     ejecución     de     la     pena.5   

5. Recurrido el fallo por el representante de  las  víctimas,  fue confirmado por la Sala Penal del Tribunal Superior de Neiva  el       20       de       junio       ulterior6.   

6.     El     mismo     interviniente  interpuso7  el  recurso  extraordinario de casación y presentó oportunamente  la            demanda           respectiva8.   

LA DEMANDA  

Tras identificar las partes e intervinientes  y  la  sentencia  impugnada,  sintetiza  la  cuestión  fáctica y la actuación  procesal,  luego  de  lo  cual acusa la sentencia de segunda instancia de violar  los  postulados  de  justicia,  verdad y reparación y el principio de legalidad  por no ceñirse a la realidad fáctica y jurídica.   

Cuestiona  que  se  haya  hecho referencia a  «una  doble  imputación de una persona MORA VARGAS,  cuando    el    condenado    es    de    apellidos    LOSADA   GUACA»9  y  a  una  circunstancia  de agravación punitiva consagrada en el  artículo  104  del  Código  Penal,  siendo  que el a  quo   le   impidió   solicitar   la  nulidad  de  la  formulación   de  la  imputación  y  se  aludió  a  circunstancias  de  mayor  punibilidad    de    las    previstas    en   el   artículo   58   ejusdem.   

Postula  dos censuras; la primera conforme a  la  causal  tercera  del artículo 181 de la ley 906 de 2004 y la segunda por la  senda  de  la  causal primera, pero ambas invocando la infracción directa de la  ley sustancial.   

Primer cargo.  

Denuncia      la      «violación  directa del artículo 5, 10, 11, 137, 372, 373, 457 del  C.  de  P.  y  29  de  la  Constitución  Política de Colombia. Por aplicación  indebida  de  la  norma.  Nulidad  Por  (sic)  Imputación  Errónea.»10   

Para desarrollar el reproche sostiene que, el  Tribunal  incurrió  en  un «error de apreciación en  los   elementos   fácticos  para  la  formulación  de  la  imputación  al  no  corresponder  lo  fáctico  lo  jurídico  con  base en los elementos materiales  probatorios   arrimados   al   proceso.»11   

Pese  a que el apoderado de las víctimas, a  través   de  su  investigador  privado,  le  entregó  a  la  fiscalía  dichas  evidencias,  ella  desconoció  su  valor  suasorio,  lo cual fue avalado por el  ad  quem  al indicar que al  perjudicado     le    está    vedado    sugerir    los    términos    de    la  imputación.   

Recuerda  que  durante esa diligencia, se le  impidió  cuestionar  los  hechos  y  las  pruebas, aunque logró indicar que la  imputación   debía   corregirse  conforme  al  artículo  10  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  lo  que esa actuación está viciada de nulidad, por  transgresión   de   los   postulados   de   legalidad,   verdad,   justicia   y  reparación.   

Critica,  asimismo,  que  la  captura  del  procesado  y  la  realización de las audiencias concentradas hayan tardado más  de  un  mes  y  supone  algún  interés  del  ente  acusador  por  favorecer al  procesado.   

Asevera      que,     «[c]ontrario  a lo afirmado por el Tribunal superior (sic) de Neiva,  cuando  aduce  que  con  la  nulidad se pretende variar la imputación, luego de  producirse  el allanamiento a cargos, claro que precisamente ese (sic) es lo que  se  persigue, por ello incurre el Tribunal en apreciación errónea de la prueba  recaudada      por     el     apoderado     de     las     víctimas»12 e insiste en que se le negó  la  corrección de la imputación, tanto en la formulación como en la audiencia  de  individualización  de  pena  y  sentencia  del  artículo  447  del Código  Adjetivo   en  la  que  pretendía  referirse  a  las  circunstancias  de  mayor  punibilidad  y  a sustentar la petición de nulidad, ambición que fue frustrada  por  el  juez  al  obligarlo a ocuparse solamente de la prueba presentada por la  Fiscalía,   a   las   condiciones   personales  y  sociales  y  a  la  probable  determinación  de  la  pena,  desconociendo  la  jurisprudencia  de la Corte en  sentencias  CSJ  SP  15  jul.  2008,  rad.  28.872  y  CSJ  SP 8 jul. 2009, rad.  31.280.   

Previa  cita  de la imputación en la que se  aclara  que  no  hay  lugar  a  deducir la circunstancia de agravación punitiva  descrita  en el numeral 7º del artículo 104 de la Ley 599 de 2000, asevera que  no  la  comparte  porque  el  órgano  de  persecución  penal  no  debe  asumir  posiciones  benéficas  a los procesados y por no haber atendido las entrevistas  que  le  facilitó  el  apoderado  de  las víctimas, entre ellas, la de Orlando  Buesaquillo  Muñoz  que  aunque fue mencionada en la audiencia de lectura de la  sentencia  –no  indica de  qué  instancia-  no  aparece  consignada  en  el  fallo escrito, versión que a  juicio  del  censor  era  indispensable  para  acreditar  las  circunstancias de  coparticipación criminal e inferioridad.   

Otras  de  las  entrevistas  que  no  fueron  valoradas  por  el  juez plural son las vertidas por i) Arbey Muñoz Guaca quien  contó  que  el  victimario persiguió a pié a José Erney Gaviria Collazos con  un  cuchillo  y luego en una moto conducida por Hover Imbachí Escárraga, alias  “Pompis”  y ii) Wberley  Gaviria  Collazos  –hermano  del  obitado-,  que  narró que el acusado primero lo siguió a él y luego a su  consanguíneo  pero  no  logró alcanzarlos sino valiéndose de la colaboración  de  Imbachí  Escárraga  quien  lo  transportó  en una motocicleta hasta donde  estaba el ofendido que huía desarmado.   

Para    el   letrado   el   ad   quem   recayó   en  «falso     juicio     por    interpretación    errónea»13  por  no  haber advertido el  estado  de  indefensión  e  inferioridad del occiso respecto de su agresor así  como  por  ignorar  que  la  discusión  en  la  gallera  constituye  un  motivo  fútil.   

También,  dice, el Tribunal incurrió en un  «falso  juicio por omisión de la prueba, por lo que  se  advierte  graves errores en la imputación fáctica y en la jurídica, (…)  que  la  apartan  del  referente  óntico»14, por lo que  es  necesario  declarar  la  nulidad para acertar en la calificación jurídica.  Para   el   efecto,   se   apoya   en  sentencia  CSJ  SP,  2  jul.  2008,  rad.  29117.   

En  consecuencia,  frente  al  «CARGO    PRIMERO   DE   NULIDAD   POR   VIOLACIÓN   DEL   DEBIDO  PROCESO»15  solicita casar la sentencia  impugnada   

Segundo cargo.  

Invoca   la   transgresión   directa  por  interpretación  errónea de los artículos «6 del C.  de        P»16, 58 y 61 del Código Penal y  29 Superior.   

Explica   que,   en   la   audiencia   de  individualización  de  pena y sentencia es necesario hacer una concordancia con  los  artículos  58  y  61  del  Estatuto  Sustantivo  y  que,  contrario  a  lo  considerado   por   la   colegiatura,  la  primera  de  las  normas  mencionadas  «aduce  a  las  circunstancias de mayor punibilidad,  que  no  se  confunda  con  las  circunstancias  de agravación punitiva que son  aristas  totalmente  diferentes,  la  norma ibídem plasma la mayor punibilidad,  siempre  y  cuando no se hayan previsto circunstancias de agravación punitiva y  ello  es  predicable  solo sobre la pena a imponer, son las manifestaciones para  poder  o no enrostrar una mayor responsabilidad, es la forma como se puede mover  el  fallador de instancia»17.   

Según el jurista la magistratura interpretó  mal  la norma porque sostuvo que «los antecedentes no  están  enlistados  como  circunstancias  de  mayor  punibilidad plasmadas en el  artículo  58  ibídem, lo que posibilitaría situar la sanción en el cuarto de  penalidad  siguiente  y que únicamente sirve para la exclusión de beneficios y  subrogados   conforme   al   artículo   68   de   la   misma  norma»18,  siendo  que «si  se  ha probado que existes (sic) antecedentes penales, entonces  carece    de    circunstancias    de    menor    punibilidad    y    atenuación  punitiva»19.   

Como en el primer reproche, insiste en que el  Tribunal   no  podía  ignorar  que  el  enjuiciado  obró  en  coparticipación  criminal,  por un motivo abyecto o fútil, que tenía antecedentes penales y que  la    conducta   fue   dolosa,   lo   cual   impedía   imponer   «una  pena  injustificadamente  baja,  desconociendo el ordenamiento  legal  vigente  y además de ello cuando la pena es injusta las víctimas buscan  no  acudir  a  la  justicia  y  entonces se abre el camino para la venganza y la  justicia     por     mano     propia.»20   

De  acuerdo con el defensor, la magistratura  desconoció  totalmente  los preceptos –no  indica  cuáles-, «convirtiéndose en  interpretación  errónea  por  falta  de aplicación de la norma, o aplicación  indebida     (…)»21.   

Igualmente,  cuestiona  a  dicha  autoridad  judicial  por  no  pronunciarse  frente al yerro del a  quo consistente en sostener que había lugar a moverse  dentro  del  primer  cuarto  por  concurrir  circunstancias  genéricas de menor  punibilidad,  concretamente,  la carencia de antecedentes penales, cuyo registro  no observó dentro de la actuación.   

Al  respecto,  el defensor cree que se está  abriendo   una   puerta  para  que  quienes  tengan  antecedentes  penales  sean  favorecidos  en  el  ejercicio  de individualización de la pena, además que el  juez  plural  legisló  al  indicar  que  aquellos  no  pueden  ser tenidos como  circunstancias  de  mayor  punibilidad  y  al  confundirlas  con  los agravantes  punitivos.   

Resalta  en este punto que, los antecedentes  del  procesado están vigentes porque el artículo 68A del Código Penal alude a  quienes  hayan sido condenados en los 5 años anteriores y aunque «la  primera  condena  ya  se  extinguió  por  el  paso del tiempo,  todavía  registra  como  antecedente  penal  y  no  solo  se  aplica  para  los  beneficios  y subrogados porque estos no se piden ni se aplican cuando no reúne  los    requisitos    exigidos    por   el   artículo   63   ibídem.»22   

Pide casar el fallo impugnado.  

CONSIDERACIONES  

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella  que  i) carezca de interés para acceder al  recurso,  ii)  no invoque la causal conforme a la cual se edifica el reproche de  las  contempladas en el artículo 181 ibídem, iii) omita desarrollar los cargos  correspondientes  o,  iv) fundadamente se logre establecer que no se requiere de  la  sentencia  para  cumplir  las  finalidades previstas en el aludido artículo  180;  lo  anterior,  salvo  que  el cumplimiento de alguno de esos fines permita  superar   los   defectos   técnicos   que   exhiba   el  libelo  y  decidir  de  fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  la demanda debe ser íntegra en su formulación,  suficiente,  clara y precisa en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal  suerte   que   se   debe  soportar  en  los  principios  que  rigen  el  recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,   prioridad,   no  contradicción  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a la manera de un alegato de instancia.  La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

2. Ahora, es verdad  que  a  las  víctimas se les ha reconocido variadas facultades de intervención  en  los procesos rituados conforme al nuevo sistema de enjuiciamiento penal, por  ejemplo,  las  que las habilitan para solicitar pruebas,  disentir frente a  la   decisión   de  preclusión  y  en  punto  del  principio  de  oportunidad.   

Del mismo modo, en sede de casación están  facultadas  para  rechazar  la  sentencia  adversa  a sus intereses económicos,  atendiendo  las  causales y las previsiones de la casación civil o el fallo que  no  está  acorde  con sus intereses de verdad y justicia. Sin embargo, es claro  que,  en  igualdad  de  condiciones a las demás partes e intervinientes, están  sujetas  a  las  exigencias mínimas de procedibilidad del recurso, en cuanto al  interés   jurídico   y  los  demás  presupuestos  que  informan  la  técnica  casacional.   

El   libelo   que  nos  ocupa  además  de  omitir  la ineludible labor de señalar razonadamente  cuál  es  la finalidad concreta de la impugnación, de aquellas descritas en el  referido  artículo  180,  no satisface los requisitos  mínimos  que exige el canon 184 para su admisión y, por lo tanto, no puede ser  seleccionado.   

2.1.   Aunque  de     manera     preliminar    el    censor        cuestiona  que  se  haya  hecho  referencia a «una  doble  imputación  de  una  persona  MORA  VARGAS,  cuando  el  condenado es de  apellidos  LOSADA  GUACA»23  y  a  una  circunstancia de  agravación  punitiva  consagrada  en  el  artículo  104  del  Código Penal no  imputada,  es  lo  cierto que ni siquiera identifica la sentencia en que ello se  afirmó  y  mucho  menos  apoya  este  disenso  en  alguna  de  las  causales de  casación,  ni  identifica  el  yerro  específico  en  que se habría recaído,  dejando huérfana de toda argumentación su inconformidad.   

Ahora,  verificados los fallos, se constata  que  efectivamente  en  un  segmento  del  de segunda instancia, el ad  quem  hizo  alusión  equívoca  a un  sujeto  distinto  al  procesado de apellidos Mora Vargas y al agravante descrito  en  el  numeral  4º del canon 104 ejusdem,  relativo  al  motivo  abyecto  o  fútil,  como  si  hubiera sido  atribuido al sentenciado.    

Peor  aún, el Tribunal aseveró que no era  posible  endilgarle  al  acusado  la  circunstancia  de  mayor punibilidad   prevista  en  el  artículo 58.2 -ejecutar la conducta  punible  por  motivo  abyecto,  fútil  o  mediante precio, recompensa o promesa  remuneratoria- para    evitar   la   transgresión   del   principio   non   bis   in   ídem  porque  también,  aseguró,   se  le  dedujo  la  circunstancia  de  intensificación  específica  consagrada  en  el referido precepto 104.4, lo cual, ciertamente, no corresponde  a la verdad.   

Sin embargo, el demandante no reprochó este  último   aspecto  y  tampoco  acreditó  la  trascendencia  de  tal  anomalía,  mostrándose,  entonces,  conforme  con  el juicio del Tribunal. Además que, de  cualquier  manera,  la  pretensión  del  apoderado  de las víctimas no hubiese  resultado  viable  de  cara  al  principio  de congruencia, habida cuenta que la  acusación   no  involucró  la  aludidas  circunstancia  del  numeral  2º  del  artículo 58 y 4º del canon 104.   

2.2.    En   cuanto   al   primer  cargo  se  refiere,  es  clara  la  violación   de   los   principios  de  crítica  vinculante,  autonomía  y  no  contradicción,  que rigen el recurso de casación pues al tiempo que, con apoyo  en  la  causal  segunda, invocó la infracción directa de la ley sustancial por  aplicación  indebida de los «artículo[s] 5, 10, 11,  137,  372,  373,  457  del  C.  de  P.  y  29  de  la Constitución Política de  Colombia»24,  demandó  la  nulidad  del  fallo  impugnado,  consecuencia  esta que no está regulada en dicha causal sino  en  la  primera,  y  que  no se desprende del vicio in  iudicando  alegado,  el  cual, en cambio, de prosperar  conllevaría a la emisión de fallo de reemplazo.   

La  confusión metodológica del letrado es  igualmente  manifiesta  cuando  habiendo  seleccionado,  se  insiste,  de  forma  inconsistente,   la  causal  segunda  –nulidad-  y  como  sentido de error la infracción directa, aseveró  que   el   Tribunal   incurrió   en  un  «error  de  apreciación  en  los elementos fácticos para la formulación de la imputación  al  no  corresponder  lo  fáctico  lo  jurídico  con  base  en  los  elementos  materiales        probatorios       arrimados       al       proceso»25,   lo   cual  trasladó  la  censura,  entonces, al ámbito de la violación mediata, consagrada en la causal  tercera.   

El desatino del letrado no termina aquí, ya  que  en  el mismo cargo se quejó de un «falso juicio  por      interpretación     errónea»26  -lo  que  supondría  una  infracción directa- pero lo hizo consistir en la inadvertencia  por  los  juzgadores  del  estado  de  indefensión  e  inferioridad  del occiso  respecto  de  su  agresor  y  del motivo fútil: la discusión en la gallera que  debió  deducirse, esto, como consecuencia de la falta de valoración de algunas  entrevistas,  lo  que  vuelve  a ubicar el reproche en la senda de la violación  indirecta,  esta  vez  en  la  modalidad  de  error de hecho por falso juicio de  existencia  por  omisión, que, desde luego, tenía que ser postulado conforme a  la causal tercera, en acápite independiente.   

2.2.1.  Así  mismo,  si se omitieran tales  impropiedades  para  significar que, en últimas, lo procurado por el censor, al  parecer,   es   la   invalidación  de  la  actuación  desde  la  audiencia  de  formulación  de  la imputación a efecto que se obligue al ente de persecución  penal  a  elevar  contra el procesado cargos por el delito de homicidio agravado  conforme  a  las  circunstancias de agravación y mayor punibilidad consagradas,  respectivamente,  en  los  artículos  104.4,7  y 58.2 de la Ley 599 de 2000, lo  primero  que  debería  reprochársele  al  demandante es que no cumplió con la  carga  mínima de establecer, de acuerdo al principio de taxatividad regulado en  el  precepto  458  de  la  Ley  906  de  2004, cuál es la causal de nulidad, de  aquellas    descritas    en    los    cánones    455    al   457   ejusdem, en que se apoya.   

Tampoco  indicó  si  el defecto denunciado  corresponde  a un yerro de estructura o de garantía, ni correlacionó el reparo  con  los  principios  que  rigen  el  decreto  de  las nulidades esto es, los de  convalidación27,   protección28,  instrumentalidad       de       las      formas29,  trascendencia30     y  residualidad31,  pues  si se avizora que el defecto denunciado no logra afectar en  grado  sumo  el  desarrollo de la actuación, ni alterar lo decidido en el fallo  censurado, no hay lugar a la admisión del reproche.   

Súmese  que,  si  bien  el  censor  adujo  vulnerado  los  derechos  a  la  verdad,  a  la  justicia y a la reparación, no  especificó  cómo es que cada uno de ellos se vio afectado en el caso concreto,  pese a que se emitió condena por el delito de homicidio.   

Y  es  que,  más allá de la percepción u  opinión  particular  del  libelista  acerca  de  los  hechos  y  las evidencias  recaudadas  en  la  fase  de  la  indagación  que,  en  este  caso, resulta ser  divergente  a  la  del  ente  acusador  y  a la de los falladores, el abogado no  proporciona  ningún elemento de juicio que permita inferir razonadamente que la  adecuación  típica  efectuada  por  la  fiscalía,  admitida por el imputado y  acogida  por  la instancias esté categóricamente alejada de los componentes de  verdad y justicia.   

En efecto, no desconoce la Corte, de cara a  los  principios  de  igualdad y lealtad procesal, que el catálogo de garantías  conferidas  por  vía  legal  y  jurisprudencial  constitucional  y ordinaria ha  venido    creciendo,    significativamente,    para   acatar   los   estándares  internacionales  que propenden por el derecho a la tutela judicial efectiva. Sin  embargo,  es  el máximo órgano de la jurisdicción constitucional el que se ha  encargado  de  precisar  que, en el sistema de partes o adversarial, el papel de  la  víctima  no  puede  suplantar  el  del  acusador y directo contradictor del  incriminado. Ha sostenido al respecto:   

Como quiera que este carácter adversarial  supone  la  confrontación  entre  el  acusado  y el acusador, la posibilidad de  actuación  directa  y  separada  de  las  víctimas,  al  margen del fiscal, se  encuentra  restringida  por  el  propio  texto  constitucional  que definió los  rasgos del juicio.   

(…)  

En   primer   lugar,   considera   esta  Corporación  que  si  bien  la  Constitución  previó  la participación de la  víctima  en  el  proceso  penal,  no le otorgó la condición de parte, sino de  interviniente  especial.  La  asignación  de  este  rol  particular  determina,  entonces,  que la víctima no tiene las mismas facultades del procesado ni de la  Fiscalía,  pero  si  tiene  algunas  capacidades  especiales  que  le  permiten  intervenir activamente en el proceso penal.   

   

En segundo lugar, dado que el constituyente  definió  que  la  víctima  podría intervenir a lo largo del proceso penal, es  preciso  tener  en cuenta los elementos específicos de cada etapa procesal y el  impacto  que  tendría la participación de la víctima en cada una de ellas. En  ese  contexto, es necesario resaltar que cuando el constituyente definió que la  etapa   del   juicio   tuviera   un   carácter   adversarial,   enfatizó   las  especificidades  de  esa  confrontación  entre  dos  partes:  el  acusador y el  acusado,  dejando  de lado la posibilidad de confrontación de varios acusadores  en   contra   del   acusado.   La  oralidad,  la  inmediación  de  pruebas,  la  contradicción  y las garantías al procesado se logran de manera adecuada si se  preserva  ese  carácter  adversarial. Por el contrario, la participación de la  víctima   como   acusador   adicional  y  distinto  al  Fiscal  generaría  una  desigualdad  de  armas  y una transformación esencial de lo que identifica a un  sistema  adversarial en la etapa del juicio. Por otra parte, el constituyente no  fijó  las  características  de  las  demás etapas del proceso penal, y por lo  tanto   delegó   en  el  legislador  la  facultad  de  configurar  esas  etapas  procesales.   

   

De  lo  anterior  surge  entonces, que los  elementos  definitorios  de  la participación de la víctima como interviniente  especial  en  las diferentes etapas del proceso penal depende de la etapa de que  se  trate,  y en esa medida, la posibilidad de intervención directa es mayor en  las   etapas  previas  o  posteriores  al  juicio,  y  menor  en  la  etapa  del  juicio.   

Así  mismo,  es nítido que la imputación  fáctico-jurídica  es  un asunto que concierne no solamente a la Fiscalía sino  a  todas  las  partes  e intervinientes: Ministerio Público, defensa, terceros,  perjudicados  y  víctimas  y,  que,  particularmente, respecto a estos últimos  sujetos,  el artículo 137 del Código de Procedimiento Penal los autorizó para  intervenir en todas las fases de la actuación penal.   

No   obstante,  la  Corte  Constitucional  –CC   C-209   de  2007-  definió  de  manera  puntual el ámbito de intervención de las víctimas en la  audiencia  de  formulación  de la imputación restringiéndola a la oportunidad  de conocer los cargos comunicados al procesado y a ser escuchadas.   

Tal  potestad,  entonces, no habilita a las  víctimas  para  hacer  prevalecer su postura fáctica y/o jurídica frente a la  del  representante  del  órgano  investigador,  quien es el llamado por mandato  legal  –artículo  286- a  concretar,  durante  dicha  vista preliminar, la individualización concreta del  imputado,  los  hechos  jurídicamente  relevantes  y la calificación jurídica  meramente  provisional,  ni  la  faculta para impedir la terminación anticipada  del  proceso  por  vía  de  la  aceptación voluntaria de responsabilidad o los  mecanismos  de  negociación,  pues  una  tal  injerencia  determinante  de  las  víctimas  en  los  términos de la imputación o del allanamiento o preacuerdo,  vendría  a dar al traste con el sistema de partes implementado en la Ley 906 de  2004.   

Sobre  el  particular, la Sala de Casación  Penal ha puntualizado (CSJ SP 05 sep. 2011, rad. 36.502):   

A partir del modelo de Estado consagrado en  la  Constitución  Política  de  1991,  el  reconocimiento  a las víctimas del  delito  del  derecho de obtener no solo la reparación del perjuicio causado con  el  delito  sino  también el derecho a la verdad y a la justicia, ha propiciado  que  su  intervención  en  el  proceso acusatorio adquiera un rol protagónico,  configurado  a través de distintos pronunciamientos de la Corte Constitucional,  al  condicionar la exequibilidad de normas bajo el presupuesto de entender que a  la víctima le asiste derecho a ser oída.   

Así  por  ejemplo,  se ha reconocido a la  víctima  facultades  para  solicitar medidas de aseguramiento o de protección,  intervenir  en  la  audiencia  de  formulación  de la acusación, oponerse a la  petición  de  preclusión,  pedir  la  práctica de pruebas anticipadas ante el  juez  de  control  de  garantías,  el  descubrimiento  de  un elemento material  probatorio  específico  o  de  evidencia  física, hacer observaciones sobre el  descubrimiento   de   un   elemento  material  probatorio  o  evidencia  física  específicos,          entre          otros32,  quien  a  través  de  su  abogado  puede ejercer sus derechos en la etapa del juicio sin convertirse en un  acusador más.   

En   esa  misma  oportunidad,  la  Corte  Constitucional  respecto de las formalidades propias del acto de formulación de  la  imputación  previstas en el artículo 289 de la ley 906 de 2004, cuya norma  se  refiere únicamente a la presencia del imputado y su abogado, consideró que  para  hacer efectiva la intervención de la víctima, debía hacerse efectiva su  presencia  en  la  audiencia  para  garantizar  sus  derechos  y  dignificar  su  condición,   

“Dado que en esta etapa de la actuación  penal   se   pueden   adoptar  medidas  de  aseguramiento  y  se  interrumpe  la  prescripción  penal,  la  intervención  de la víctima para controlar posibles  omisiones  o  inacciones del fiscal resulta fundamental para la garantía de sus  derechos.   

Sin embargo, el artículo 289 de la Ley 906  de  2004,  que  regula  las  formalidades  de la audiencia de imputación, sólo  prevé  la  presencia  del imputado y su abogado, pero no la de la víctima, por  lo  cual,  a  fin  de  permitir su intervención efectiva, se debe garantizar la  presencia  de  la  víctima  en  esta  audiencia,  y  con  este fin es necesario  condicionar la norma.   

Si  bien la víctima o su abogado no hacen  la  imputación,  como  quiera  que no existe una acción penal privada, para la  garantía  de  los  derechos de las víctimas es preciso asegurar su presencia a  fin  de conocer la imputación que haga el fiscal y para proteger sus derechos y  dignificar su condición de víctimas.”.   

A pesar que las normas relacionadas con los  preacuerdos  y  negociaciones  no contemplan la participación de las víctimas,  las  mismas  fueron  halladas  conforme con la Constitución Política de manera  condicionada,  en  el  entendido  que  la  víctima también puede intervenir en  ellos,  debiendo  ser  oída e informada de su celebración por el fiscal, oída  igualmente  por  el  juez  encargado de aprobarlo, quien al mismo tiempo deberá  observar  que  el  mismo no quebrante las garantías del imputado o acusado y de  la             misma             víctima33.   

Sin embargo, ese  reconocimiento  en  ningún  momento le otorga a la víctima el derecho de veto,  sino   simplemente   la   facultad   de   ser   oída  e  informada  durante  su  trámite.   

Desde dicha perspectiva, no existe duda de  la  importancia  de  la  intervención  de la víctima y del rol adquirido en el  procedimiento  acusatorio.  Sin  embargo  ninguna razón asiste al censor cuando  pretende  la  nulidad  de  la  actuación,  porque  a  la víctima no se le haya  concedido  el  uso de la palabra para que manifestara alguna objeción o nulidad  del  allanamiento,  ya  que el juez está obligado a verificar que el mismo haya  sido  producto  de un acto voluntario, libre y espontáneo del imputado, pues el  acto es propio de él y no de la víctima.   

Esto no significa que la Fiscalía no pueda  ser  asistida  por  las  víctimas  en  el  designio  de perseguir la verdad, la  justicia  y  la  reparación,  para  lo  cual  es  lo  deseable que, se mantenga  permanente  comunicación  a  efecto  estudiar las inquietudes de los ofendidos,  pero  ante  la  divergencia  entre  dichas  parte e interviniente, siempre ha de  prevalecer  la  de  la primera, salvo que, se demuestre algún vicio esencial en  la  imputación  o  interés  oscuro  del  representante del órgano acusador en  favorecer al incriminado.   

Recuérdese  que,  los  derechos  de  las  víctimas  a  la  verdad,  la  justicia  y la reparación no son absolutos, pues  están  «limitado[s]  por  las  restricciones que le  imponen  la  normatividad  misma,  los  fines  que orientan el proceso penal, el  ámbito   esencial   de   los  derechos  que  dice  reclamar  y  las  garantías  fundamentales  de  los demás intervinientes en el proceso. (…) [S]u ejercicio  no  (…)  habilita  [a  la  víctima]  para  transformar el proceso penal en un  instrumento    donde    prime    un   interés   esencialmente   vindicativo   o  retaliatorio.»   (CSJ   SP.   30   jul.  2009,  rad.  30800).   

Descendiendo,  de  nuevo,  al  asunto de la  especie,  se  advierte  que a las víctimas se les garantizaron los derechos que  echa  de  menos  el  demandante pues no solo fueron convocadas a la audiencia de  formulación  de  imputación,  oportunidad en la que su representante fue oído  en  torno  a  los términos de la misma, aduciendo su inconformidad por la falta  de  imputación  de  las circunstancias previstas en los numerales 4, 7 y 10 del  artículo  104  del  Estatuto  Sustantivo,  sino  que,  la condena en contra del  procesado  por  el  injusto  de  homicidio,  satisfizo  los  deberes de verdad y  justicia  en el caso concreto, al paso que dejó abierta la posibilidad para que  la  reparación  sobrevenga  una  vez  cobre  ejecutoria la sentencia de segunda  instancia  y  se  dé inicio al incidente de reparación integral a solicitud de  la  víctima, la fiscalía o el Ministerio Público, de acuerdo con el artículo  102 de la Ley 906 de 2004.   

Distinto  es  que la tesis prohijada por el  representante  de las víctimas no fuera acogida por el funcionario acusador que  en  esa  diligencia  se  ocupó  de  aclarar  que  no  era  posible  deducir  la  circunstancia  prevista  en el numeral 10 del canon 104 del Código Penal porque  la  muerte del ofendido no se produjo con ocasión de su condición de concejal,  así  como  concluyó  con  apoyo  en jurisprudencia de la Corte (CSJ SP, 6 jun.  2012,  36.792)  frente  a  la  circunstancia  disciplinada en el artículo 104.7  ejusdem, que analizados los  hechos  y las evidencias recaudadas por el representante de las víctimas, entre  las  que  se  cuenta  una  entrevista rendida por Orlando Buesaquillo Muñoz, no  concurrían  las  circunstancias de indefensión, inferioridad o aprovechamiento  de estas dos situaciones. Explicó:   

Es  claro para la fiscalía que el origen,  la  génesis  de la muerte de José Erney Gaviria Collazos se dio en una gallera  de  la  vereda  Canastos y, que la misma, surgió como consecuencia de una riña  entre  dos  personas quienes, al parecer, al parecer (sic) señala la Fiscalía,  por  una  discrepancia  en una riña de gallos terminó en una agresión física  que  desafortunadamente  con  posterioridad  dio  al traste con la vida de José  Erney  Gaviria  Collazos.  La  Fiscalía  considera, por ello, que no procede la  causal  de  agravación  punitiva  del  numeral  7 del artículo 107 y considero  oportuno  hacer  esta  aclaración  por  los  documentos que se han allegado del  representante  de  las  víctimas  y  además  porque precisamente es claro para  fiscalía  que  en  estos  casos de una muerte significativa de una persona como  era  José Erney Gaviria Collazos, un personaje público del municipio de Isnos,  es  importante  resaltar  los motivos por los cuales se omite determinada manera  de  imputar  el  delito. Considera la Fiscalía que, en todo caso, nos acompaña  la  razón  y  consideramos  que  en  cumplimiento  y acatamiento del Código de  Procedimiento  Penal,  a  la  ley procesal penal, pues fundamentalmente se busca  dar   cumplimiento   a   la   verdad,   justicia  y  reparación  en  este  caso  concreto.34   

El fiscal, así mismo, replicó que, aunque  estuvo  atento  a  las  inquietudes de las víctimas, no podía estar de acuerdo  con  la  postura  del representante de las mismas, ni con su ánimo vindicativo,  ya  que  únicamente estaba obligado a respetar los lineamientos de los Códigos  Sustantivo y Adjetivo Penal.   

A  tono  con  lo anterior y con el criterio  jurídico imperante, el Tribunal indicó que:   

(…)  tratándose  de  un  acto  de  tal  naturaleza,  la facultad para presentar la imputación es exclusiva del Estado a  través  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  a  ella  puede acudir las  víctimas  o  perjudicados  en  calidad  de  intervinientes y cerciorarse que la  relación  fáctica  emerja  de  los elementos materiales probatorios, evidencia  física  e  información  legalmente  obtenida,  y  a  su  vez  corresponda a la  imputación   jurídica   realizada,   debiendo  en  esa  dirección  entrar  en  conversaciones   con  el  órgano  acusador  para  suministrar  la  información  requerida; (…)   

Resulta  incuestionable  entonces que a la  víctima  o  perjudicado le está vedado sugerir la manera o términos en que se  debe  presentar la imputación, resultando improcedente que bajo la figura de la  nulidad  pretenda  variar  la imputación, luego de producirse el allanamiento a  cargo  por  parte  de  RODRIGO  LOSADO  (sic)  GUACA, menos aún hacerlo una vez  emitida  la  condena  acorde  al  delito  aceptado,  con el argumento de emerger  circunstancias  que  agravan  la  conducta  y  que  fueron  desatendidas  en  su  oportunidad,  las que no obstante de (sic)   ser  expuestas  y  debatidas  en  la  audiencia  respectiva,  se  desatendieron     por     considerar     el     órgano     acusador    no    se  estructuraban.35   

No  es  cierto,  tampoco,  a  la luz de los  registros  audiovisuales,  que  en el ejercicio de imputación la fiscalía haya  ignorado  las  evidencias  entregadas  por  el  apoderado  de  las víctimas. Se  desatendió  así  el  postulado de corrección material pues, por el contrario,  el  funcionario  acusador  fue  claro  al  manifestar que examinó los elementos  cognoscitivos  allegados  por el representante de los familiares del occiso pero  que  no  le  merecieron el crédito necesario para deducir a partir de ellas las  circunstancias alegadas por aquél.   

De otra parte, asevera el libelista que, la  captura  del procesado y la realización de las audiencias concentradas tardaron  más  de un mes. No obstante, no expresó cuál es la incidencia negativa de tal  presunta   mora   en  la  aprehensión  del  inculpado,  ni  cómo  –más  allá de cualquier especulación  ello  se  podría  capitalizar  en  la acreditación de algún interés del ente  acusador  por  favorecer  al procesado, además que la Corte no puede imaginarlo  dada la naturaleza rogada del recurso de casación.   

2.2.2. Asegura, de otro lado, el abogado que  se  le  cercenó  la  oportunidad  de  obtener  la corrección de la imputación  durante  la  audiencia de individualización de pena y sentencia de que trata el  artículo 447 de la Ley 906 de 2004.   

Al  respecto, basta recordar que si bien la  Corte  Constitucional  amplió  el  ámbito  de intervención de las víctimas a  dicho  acto  procesal,  también  circunscribió  tal  participación  a obtener  «brevemente y por una sola vez la palabra (…) para  que  se  refiera  a  las condiciones individuales, familiares, sociales, modo de  vivir  y  antecedentes de todo orden del acusado, y si lo considera conveniente,  a  la  probable  determinación  de  la pena aplicable y la concesión de algún  subrogado,    en    igualdad    de    condiciones    que   la   defensa   y   la  fiscalía.» (CC C-250/11).   

Como  fácilmente  se aprecia, esta fase no  tiene  por objeto discutir los términos de la imputación, sino la referencia a  los  específicos  aspectos  determinados  por  el  legislador  en  el canon 447  ejusdem,  luego mal hace el  letrado  al reprochar la imposibilidad de discutir dicha imputación durante esa  diligencia.   

Siendo lo anterior así, la Corte no percibe  ninguna  lesión  de los derechos de las víctimas, susceptible de ser conjurado  con  la  eventual  declaratoria  de nulidad, por lo que el reproche no puede ser  admitido.   

2.3.    En   punto   del   segundo   cargo,   la   lesión   de  los  postulados     de    claridad,    concreción    y    razón    suficiente    es  significativa.   

Es  así  cómo,  no  obstante  predica  la  transgresión   directa   por   interpretación   errónea   de  los  artículos  «6       del      C.      de      P»36, 58 y 61 del Código Penal y  29  Superior,  renglones  más  adelante,  asevera  que, el Tribunal desconoció  totalmente     los     preceptos    –no  indica  cuáles-, «convirtiéndose en  interpretación  errónea  por  falta  de aplicación de la norma, o aplicación  indebida     (…)»37.   

De  este modo, es imposible saber, cuál es  el  sentido  de  ataque  verdaderamente seleccionado, habida cuenta que las tres  modalidades  son  sustancialmente  diferentes  y  demandan sus propias reglas de  demostración.   

Recuérdese  que,  mientras  la  falta  de  aplicación  opera  cuando el juzgador deja de emplear el precepto que regula el  asunto,  la aplicación indebida, deviene de la errada elección por el fallador  de  una  disposición que no se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación  de   la   norma   que   recoge  de  forma  correcta  el  supuesto  fáctico.  La  interpretación  errónea,  en  cambio,  parte  de  la acertada selección de la  norma  aplicable  al  asunto debatido, pero conlleva un entendimiento equivocado  de  la  misma,  que  le  hace  producir  efectos  jurídicos que no emanan de su  contenido.   

2.3.1. Nótese cómo, por ejemplo, acusa al  Tribunal  de  ignorar  que  el  artículo  58  del  Código  Penal  consagra las  circunstancias  de  mayor  punibilidad  y  no  las circunstancias de agravación  específicas,  pero  verificado  el fallo de segundo nivel se constata que dicha  providencia  está completamente de acuerdo con esta premisa del letrado, luego,  resulta incomprensible esta queja del jurista.   

2.3.2.  Así  mismo, a juicio del censor el  ad   quem   incurrió  en  interpretación  errónea del aludido canon 58, en tanto aseguró la colegiatura  que  ese  precepto  no  contempla  la  existencia  de  antecedentes penales como  circunstancia  de  mayor  punibilidad,  siendo  que,  a  juicio  del jurista, su  acreditación  en  el expediente implica, en cambio, la imposibilidad de deducir  circunstancias  de  menor  punibilidad  y  la obligación de tasar la pena en el  segundo cuarto de movilidad.   

Esta   proposición,   merece   algunas  reflexiones.   

Primero,  como  quiera  que,  el órgano de  persecución  penal  no  imputó  al  acriminado  ninguna circunstancia de mayor  punibilidad  y,  por ende, la aceptación de cargos tampoco se vio impactada por  ellas,  los  juzgadores  no  podían  deducirlas, sin quebrantar el principio de  consonancia.   

Segundo.  Contrario a la sofística postura  del  letrado,  no  es  verdad  que el canon 58 de la Ley 599 de 200038  consagre  circunstancia  alguna  de  mayor  punibilidad  por  el hecho de estar probada la  existencia  de  antecedentes  penales en cabeza del procesado, pues como bien lo  definió  el  ad  quem,  el  legislador  únicamente  los  consideró  para efectos de restringir el acceso a  los  beneficios  y  subrogados  de  que  trata  el  artículo  68A  del  Código  Penal.   

En  ese  mismo  orden,  tampoco responde al  criterio  de  verdad  que,  la  acreditación  de  antecedentes  penales  en  el  procesado  contraiga como lógico corolario la inexistencia de circunstancias de  menor   punibilidad,  por  el  solo  hecho  que  el  artículo  55  ejusdem  reconozca  la  ausencia de tales  antecedentes  como  causal  de  dicha  jaez,  pues  al  razonar de esa manera se  incurre  en la falacia de la afirmación del consecuente o error inverso, según  el  cual,  la  verdad de las premisas no contrae necesariamente la certeza de la  conclusión.   

Sobre  el  aludido  tema,  ha sido criterio  decantado   de   la   Sala   sostener   que   (CSJ   SP,   18  may.  2005,  rad.  21.649):   

El   hecho   de   poseer   antecedentes   penales   no  es  factor  constitutivo     de    circunstancia    de    mayor  punibilidad.  Basta  leer el artículo 58 del Código  Penal  para  arribar  a tal conclusión. Y no pueden ser utilizados como enseña  de    una    personalidad   proclive   al   delito,   porque   la   personalidad   ya  no  es  uno  de  los  parámetros  que  permitan  fijar  la  pena  (artículo  61.3  Código Penal); y  tampoco  es  posible  inferir  contra  reo que si la carencia de antecedentes es  causal  de  menor  punibilidad (artículo 55 Código Penal), su presencia lo sea  de mayor punibilidad.   

Con  claridad  se  percibe,  entonces,  la  ruptura   del   principio  de  legalidad,  o  sea,  la infracción de los artículos 29 de la Constitución  Política y 6º del Código Penal.   

De este modo, es claro que resulta del todo  infundada   la   queja   según   la   cual,   el   a  quo  ha  debido  ubicarse  en  el  segundo  cuarto  de  movilidad  al  momento  de  individualizar  la pena, pues, visto está que no se  acreditó  la  configuración  de ninguna circunstancia de mayor punibilidad, en  esencia,  porque  no  fue imputada por la Fiscalía, pero también debido a que,  se  recaba,  la  existencia  de  antecedentes penales no es una circunstancia de  mayor punibilidad.   

2.3.3.  Lo  mismo  cabe  decir respecto del  cuestionamiento  en  el sentido que ha debido condenarse al procesado conforme a  las   circunstancias   de   mayor   punibilidad   consistentes   en   obrar   en  coparticipación  criminal  y  por  un motivo abyecto o fútil, toda vez que, el  censor  no demostró que ellas hayan sido atribuidas por el ente investigador en  la   imputación,   y   sin   embargo,   no   se   haya   impartido  condena  de  conformidad.   

Y  es  que  no podría acreditarlo, pues el  expediente  enseña  que  la  imputación  se  realizó atendiendo el tipo penal  básico:  homicidio,  por  lo que actuar en contrario, afectaría severamente el  principio  de  congruencia  que, en este caso, dada la aplicación de uno de los  mecanismos   de  terminación  anticipada  del  proceso,  se  predica  entre  la  imputación y la sentencia.   

2.3.4.  Ahora,  le asiste razón al jurista  cuando  asegura  que,  el  juez  unipersonal  erró al  tener  por  acreditado,  sin  estarlo,  la ausencia de  antecedentes   penales;   sin   embargo,   el   letrado   omitió  demostrar  la  trascendencia  de esta anomalía y, la Corte advierte que son inanes los efectos  de   tan   fallida  aseveración,  amén  que,  como  se  viene  sosteniendo  el  reconocimiento   de   dichos   antecedentes   no  genera  por  defecto,  ninguna  circunstancia  de  mayor  punibilidad. Simplemente, en el caso de la especie, no  concurre  ninguna circunstancia de mayor ni menor punibilidad por lo que la pena  debía tasarse, como en efecto se hizo, en el primer cuarto.   

2.3.5. Dice el recurrente que los jueces no  podían  imponer  «una  pena injustificadamente baja  (…)»39,   habida   cuenta  que  la  conducta es dolosa.   

Para que la crítica del demandante tuviera  vocación  de  prosperidad,  le  correspondía  acreditar  que,  al dosificar la  sanción  penal,  los  juzgadores  inadvirtieron  que se trataba de una conducta  dolosa  y  que,  irrespetaron  los  presupuestos  del  artículo  61 del Código  Penal.   

Con nada de ello cumplió el profesional del  derecho   y  solo  limitó  su  disertación  a  señalar  que,  se  desconoció  «el  ordenamiento  legal  vigente  y además de ello  cuando  la  pena  es  injusta  las  víctimas  buscan  no acudir a la justicia y  entonces   se   abre  el  camino  para  la  venganza  y  la  justicia  por  mano  propia»40.   

Las anteriores razones permiten predicar que  tampoco cabe la admisión de esta censura.   

Por  último, la Sala no observa flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón de las finalidades de la casación.   

3.  Resta  señalar  que,  al  amparo  del  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no darle curso a  una  demanda  de  casación,  es  procedente  la  insistencia,  cuyas reglas, en  ausencia  de  disposición legal, fueron definidas por la Sala desde el auto del  12 de diciembre de 2005, radicación 24.322.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la  demanda de casación presentada por el representante de las víctimas contra  la  sentencia  dictada  el  20  de  junio de 2013 por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Neiva.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Según  el  protocolo  de  necropsia  practicado a José Erney Gaviria Collazos,  fallece  por  Shock  hipovolemico  (sic)  severo  por  herida  en  grandes vasos  toráxicos   incompatible   con  la  vida  secundario  a  lesión  con  elemento  cortopunzante en tórax. Fls. 36 y s.s. de la carpeta.   

2 Cfr.  folio  2  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  a folio 17 del cuaderno del  Tribunal.   

3 Cfr.  folio 104 de la carpeta.   

4 Cfr.  folios 164-166 ibídem.   

5 Cfr.  folios 157-163 ibídem.   

6 Cfr.  folios 16-34 del cuaderno del Tribunal.   

7 Cfr.  folio 39 ibídem.   

8 Cfr.  folios 44-65 ibídem.   

9 Cfr.  folio 48 ibídem.   

10 Cfr.  folio 49 ibídem.   

11  Ibídem.   

12  Cfr. folio 51 ibídem.   

13  Cfr. folio 56 ibídem.   

14  Cfr. folio 58 ibídem.   

15  Cfr. folio 61 ibídem.   

16  Ibídem.   

17  Ibídem.   

18  Cfr. folio 62 ibídem.   

19  Ibídem.   

20  Cfr. folio 63 ibídem.   

21  Ibídem.   

22  Cfr. folio 65 ibídem.   

23  Cfr. folio 48 ibídem.   

24  Cfr. folio 49 ibídem.   

25  Ibídem.   

26  Cfr. folio 56 ibídem.   

27 Las  irregularidades  pueden convalidarse con el consentimiento expreso o tácito del  sujeto perjudicado.   

28 El  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  vicio,  es  el  único  que  lo  puede alegar, salvo que se trate de ausencia de  defensa técnica.   

29  Como  las  formas  no  son  un  fin  en  sí mismo, siempre que se cumpla con el  propósito  que la regla de procedimiento pretendía proteger, no habrá lugar a  la declaración de la nulidad.   

30 La  magnitud   del   defecto  debe  tener  incidencia  en  el  sentido  de  justicia  incorporado a la sentencia.   

31 La  declaratoria  de  nulidad  debe  ser  el único remedio procesal para superar el  yerro detectado.   

32  Corte Constitucional, sentencia C-209 de 21 de marzo de 2007.   

33 La  Corte  Constitucional  mediante  la sentencia C-516 de julio 7 de 2007, declaró  exequibles  los  artículos 348, 350, 351 y 52 de la ley 906 de 2004, bajo dicho  condicionamiento.   

34  Cfr.  minuto  21:00-23:22  del segundo audio del CD contentivo de las audiencias  preliminares.   

35  Cfr.  folios  14-15  de  la  sentencia  de  segunda instancia a folios 29-30 del  cuaderno del Tribunal.   

36  Ibídem.   

37  Ibídem.   

38     ARTICULO      58.      CIRCUNSTANCIAS      DE      MAYOR  PUNIBILIDAD. Son    circunstancias    de    mayor  punibilidad, siempre que no hayan sido previstas de otra manera:   

1.  Ejecutar  la  conducta  punible  sobre  bienes   o  recursos  destinados  a  actividades  de  utilidad  común  o  a  la  satisfacción de necesidades básicas de una colectividad.   

2. Ejecutar la conducta punible por motivo  abyecto,     fútil     o     mediante     precio,    recompensa    o    promesa  remuneratoria.   

3. Que la ejecución de la conducta punible  esté  inspirada  en  móviles  de intolerancia y discriminación referidos a la  raza,   la  etnia,  la  ideología,  la  religión,  o  las  creencias,  sexo  u  orientación    sexual,    o    alguna    enfermedad   o   minusvalía   de   la  víctima.   

4. Emplear en la ejecución de la conducta  punible medios de cuyo uso pueda resultar peligro común.   

5.  Ejecutar  la conducta punible mediante  ocultamiento,  con  abuso  de la condición de superioridad sobre la víctima, o  aprovechando  circunstancias  de  tiempo,  modo, lugar que dificulten la defensa  del ofendido o la identificación del autor o partícipe.   

6. Hacer más nocivas las consecuencias de  la conducta punible.   

7.  Ejecutar  la  conducta  punible  con  quebrantamiento  de  los  deberes  que  las  relaciones sociales o de parentesco  impongan al sentenciado respecto de la víctima.   

8.  Aumentar deliberada e inhumanamente el  sufrimiento  de la víctima, causando a ésta padecimientos innecesarios para la  ejecución del delito.   

9.   La  posición  distinguida  que  el  sentenciado   ocupe   en  la  sociedad,  por  su  cargo,  posición  económica,  ilustración, poder, oficio o ministerio.   

10.    Obrar    en    coparticipación  criminal.   

11.   Ejecutar   la   conducta   punible  valiéndose de un inimputable.   

12.  Cuando  la  conducta  punible  fuere  cometida  contra  servidor  público por razón del ejercicio de sus funciones o  de  su  cargo,  salvo  que  tal  calidad  haya  sido  prevista  como  elemento o  circunstancia del tipo penal.   

13.  Cuando  la  conducta  punible  fuere  dirigida  o  cometida  total  o  parcialmente  desde  el interior de un lugar de  reclusión  por  quien  estuviere privado de su libertad, o total o parcialmente  fuera del territorio nacional.   

14.  Cuando  se produjere un daño grave o  una  irreversible  modificación  del  equilibrio  ecológico de los ecosistemas  naturales.   

15.  Cuando  para  la  realización  de la  conducta  punible se hubieren utilizado explosivos, venenos u otros instrumentos  o artes de similar eficacia destructiva.   

16.  Cuando la conducta punible se realice  sobre  áreas  de especial importancia ecológica o en ecosistemas estratégicos  definidos por la ley o los reglamentos.   

17.   <Numeral   adicionado   por  el  artículo 2 de  la  Ley  1273  de  2009.  El nuevo texto es el siguiente:>  Cuando  para  la  realización  de  las  conductas  punibles  se utilicen medios  informáticos, electrónicos o telemáticos.   

17. <sic> <Numeral adicionado por  el                       artículo 3 de  la  Ley  1356  de  2009.  El nuevo texto es el siguiente:>  Cuando  la  conducta  punible fuere cometida total o parcialmente en el interior  de  un  escenario  deportivo,  o en sus alrededores, o con ocasión de un evento  deportivo, antes, durante o con posterioridad a su celebración.   

39  Cfr. folio 63 ibídem.   

40  Ibídem.     

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