AP2870-2014(43616)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

AP2870-2014  

Radicación N° 43616  

(Aprobado  acta N°  162)   

Bogotá, D.C., veintiocho (28) de mayo de dos  mil catorce (2014).   

I.   V  I  S  T  O  S   

   

La Sala se pronuncia sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación presentada por el  defensor  de la procesada Luz Nelly Caicedo,  en  contra  del fallo del 18 de julio de 2013, por medio del cual  el  Tribunal  Superior  de  San  Gil  confirmó  la  condena  impartida  por  el  a  quo en contra de aquella  por  el  delito  de  homicidio  agravado, al tiempo que aclaró su condición de  determinadora.   

II.  H E C H O S  

El  22  de  noviembre  de 2006 fue hallado el  cadáver  de Yamile Osorio Restrepo, conocida como la Mona o Yazmin, en el sitio  denominado  puerto  de  los  pescadores, ubicado en el casco urbano de San José  del  Guaviare;  la  mujer,  trabajadora  sexual del establecimiento ‘El   crucero   del  amor’  de  dicha localidad fue ultimada con  armas  cortopunzantes,  las cuales le ocasionaron lesiones en el cuello abdomen,  dorso  y  brazo  izquierdo. Se estableció que momentos antes la víctima había  sostenido  una  fuerte  discusión  originada  en  diferencias sentimentales con  Luz    Nelly    Caicedo,  administradora   del  mencionado  establecimiento.  Esta  última  determinó  a  Hollman  Ramírez  Rivera e Isidro Vargas López, dos clientes que allí libaban  y  decían  pertenecer a las autodefensas, para que dieran muerte a Osorio  Restrepo, para lo cual les entregó  sendos  cuchillos.  Los dos hombres invitaron a su víctima a otro lugar y ya en  el  puerto  la  ultimaron.  Luego  de  lo  anterior,  regresaron  a  la  casa de  lenocinio,    le    comunicaron    a    Luz    Nelly  Caicedo  el  cumplimiento  de  la  misión  criminal y  amenazaron  a  las  demás  meretrices  para que guardaran silencio frente a los  hechos.     

III.        ANTECEDENTES   PROCESALES   

1. Las diligencias  adelantadas     con     ocasión     de     la     inspección    del  cadáver  y  las  pruebas practicadas  durante  la instrucción le  permitieron  a  la Fiscalía  36  Seccional  de  San José del Guaviare,  a  través  de resolución de fecha 20  de    marzo   de   2007,   acusar   a   Luz   Nelly  Caicedo  como  “autora   responsable  a  título  de  determinadora”  del  delito  de  homicidio agravado  (arts.  103  y  104-7  del  Código  Penal),  al  tiempo que precluyó la actuación por la misma conducta a  favor de Jaime Rojas López.   

En  contra  de  dicha  determinación  el  defensor  de  la  acusada interpuso el recurso de reposición y, en subsidio, el  de    apelación;   negado   el   primero,   la   decisión   fue   confirmada      el      18  de  mayo de 2007 por la Fiscalía 2ª  Delegada ante el Tribunal Superior de Villavicencio.   

       2. La causa  fue  adelantada  por  el  Juzgado Único Promiscuo del  Circuito    de    San   José   del   Guaviare,   el  cual,   tras  correr  el  traslado  del  artículo  400  de  la  Ley 600 de 2000 y celebrar las audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento,  el 1º de   septiembre   de  2009  condenó a Luz  Nelly  Caicedo  a  la  pena principal de 28  años de prisión y a la accesoria de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas,  por término igual al de la pena corporal,   como   autora   responsable   del   delito   por   el  que  fue  acusada.  Así  mismo,  se  abstuvo  de condenar a la  procesada   al   pago   de   los   perjuicios   de   orden   civil  derivados  de  la ejecución del delito y  le  negó el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la pena  y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

3. Apelada la sentencia de primera instancia  por  la defensa de Luz Nelly  Caicedo,           fue          confirmada  por  el Tribunal Superior de  San  Gil  en  decisión  del 18 de julio de 2013, en la cual aclaró que aquella  era  sentenciada  como  determinadora,  tal  como  lo plasmó la fiscalía en la  resolución de acusación.   

4. En contra de la  determinación      condenatoria     el  apoderado de la procesada  interpuso y sustentó oportunamente el  recurso extraordinario de casación.   

IV.  DEMANDA DE CASACIÓN  

Al  amparo  de la causal de casación de que  trata  el  artículo  207,  numeral  1,  de  la Ley 600 de 2000, el casacionista  denuncia  que  el  sentenciador  incurrió en error de hecho por falso juicio de  identidad  por  tergiversación  o  distorsión,  yerro que lo condujo a aplicar  indebidamente  los  artículos 30 y 104 del Código Penal, y a desconocer el 9º  del mismo estatuto.    

Luego de repasar el contenido de la sentencia  en  torno  al  móvil del crimen, la instigación y el motivo de agravación del  delito,  así  como  de  reseñar  lo  dicho por los testigos Hollman Ramírez e  Isidro  Vargas,  el impugnante asegura que el sentenciador erró al concluir que  Luz  Nelly Caicedo convenció  a  los  autores  materiales  para  perpetrar el crimen y los dotó de los medios  para ello.   

En  sustento  de  lo  anterior  dice que las  pruebas  permiten  desestimar dicha conclusión, toda vez que los testimonios de  los  homicidas  Isidro  Vargas  López  y  Hollman  Ramírez -únicas pruebas de  cargo,  según  dice-  son  discordantes,  pues  los  deponentes no coinciden en  cuanto  al  número  de  cuchillos que les suministró la hoy procesada ni en lo  referente  al  lugar  donde  esa entrega tuvo lugar. Lo primero, explica, porque  uno  asegura haber recibido un cuchillo, mientras el otro indica que fueron dos;  lo  segundo,  añade, porque la inspección judicial que no fue tenida en cuenta  permite  preguntarse  “en qué momento Hollman puede  observar  que  la hoy condenada subió al segundo piso para traer dos cuchillos,  situación      contraria      a     lo     dicho     por     Isidro”.   

Así mismo, se pregunta cómo fue que la hoy  procesada  trajo los cuchillos del segundo piso, cuando bien podía conseguirlos  en  la barra del primer piso, y cómo los homicidas, sin tener ninguna relación  con  aquella,  aceptaron  la  orden  de  ultimar  a  la  víctima. Plantea otras  situaciones    discordantes,   pues   mientras   Hollman   Ramírez   dijo   que  “la Mona le dijo a Isidro que fueran a tomar afuera  y  él le dijo que sí”, Isidro Vargas, por su parte,  aseguró  que  “fue  Hollman el que convenció a la  Mona  de  que fueran a tomar a otro sitio”.  Por  tanto,  asegura, “no existió ningún acuerdo previo  entre  la  hoy  acusada  y  los  homicidas  para  terminar con la vida de Yamile  Osorio”.   Respecto   de  esta  contradicción,  el  impugnante  asegura  que  el  juzgador  dejó  de considerar el movil del crimen  señalado por Hollman Ramírez.   

Agrega que tampoco existe coincidencia en lo  que  tiene que ver con la actividad que desarrollaron los criminales después de  perpetrar  la  muerte,  pues mientras uno dice que regresaron al establecimiento  “El  crucero  del amor”,  el  otro  asegura  que se dirigió “a la bomba de al  lado”,  lo  que indica -aprecia el censor- que no se  desplazaron  juntos.  Dice, además, que no es cierto lo dicho por Isidro Vargas  “al  señalar  que  Luz  Nelly  Caicedo les dijo a las muchachas que no habían  visto  nada”, pues por otros testimonios se sabe que  aquellas se encontraban durmiendo y no se enteraron de nada.   

Menciona  que  el  Tribunal  se equivocó al  afirmar   que   Caicedo  fue  determinadora  del  homicidio  en  estado  de  indefensión de la víctima, pues  según  lo  dicho  por  los  homicidas  aquella  no  determinó la manera en que  cumplirían  su  cometido. Alega que la sentencia mencionó que la hoy procesada  determinó  a los dos criminlaes, conclusión que resultó de la tergiversación  de  los  dichos  de  aquellos,  “en la medida que no  existe   dentro   del   expediente   prueba   alguna   que   así   siquiera  lo  indique”;   dicho   aserto   fue   una   añadidura  “realizada  a partir de la imaginación del juez de  instancia”.  Tampoco  consideró  el  Tribunal si la  procesada  estaba  o  no  embriagada,  situación que indicaría “el  dolo  personal  o la intención real de hacer matar”.   

El  libelista  concluye  que  no existe base  probatoria  ni  jurídica  para  sostener que Luz Nelly  Caicedo  fue determinadora del crimen de Yamile Osorio  y  reprocha que las retractaciones vertidas por los autores materiales no fueron  tenidas en cuenta a su favor.   

Aduce  el  libelista  que  de  no  haber  el  sentenciador   añadido   elementos  a  la  prueba  el  fallo  no  hubiera  sido  condenatorio.  Lo  que  se extrae objetivamente de la prueba es que Luz  Nelly  Caicedo  administraba  el  bar  ‘El    crucero    del  amor’,   lugar   donde  trabajaba  la  hoy  occisa  y  donde  estuvieron los homicidas, quienes, una vez  perpetrado el crimen, regresaron al mismo.   

Con fundamento en las anteriores reflexiones,  el  demandante  le  pide  a la Corte que case el fallo impugnado y, en su lugar,  absuelva a la procesada.   

V.     CONSIDERACIONES    DE    LA  CORTE   

         

La  Corporación  anticipa  su  decisión de  inadmitir   la  demanda  de  casación,  toda  vez  que  evidentemente  incumple  las exigencias de claridad,  precisión  y debida fundamentación que deben guiar su sustentación.  Las  razones son las siguientes:   

1.   El  libelista  anuncia  un  yerro  de  falso  juicio  de  identidad.  Éste,  como  lo  ha  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, es, junto al falso  juicio  de  existencia  y  el  falso raciocinio, uno de los errores de hecho que  pueden  conducir  al  sentenciador  a  violar  la  ley  sustancial,  esto  es, a  aplicarla  indebidamente,  excluirla  o interpretarla de forma equivocada.   El  falso  juicio  de  identidad  se  concreta cuando el juzgador, sin omitir la  prueba,  al  fijar  su  contenido  la  distorsiona,  cercena  o  adiciona  en su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no se  establecen de ella.   

Cuando se acude a esta modalidad del error de  hecho,  el casacionista debe indicar expresamente qué en concreto dice el medio  probatorio,  qué  exactamente dijo de él el juzgador, cómo se le tergiversó,  cercenó  o  adicionó  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente no se  desprenden  de él, sin caer en el error común de confundir la integridad de la  prueba  con  lo  que  de  ella  deduce el sentenciador, pues si la inconformidad  recae  en  esto  último  la vía de ataque sería el falso raciocinio.  Lo  más  importante  es  acreditar  la repercusión definitiva del desacierto en la  declaración    de    justicia    contenida   en   la   parte   resolutiva   del  fallo.   

Pues   bien,  en  este  caso  concreto  el  recurrente  no  cumple  ninguna  de  las exigencias anteriores, pues en lugar de  demostrar  cómo  se  tergiversó  la  prueba,  esto  es, de qué manera -si por  agregación,    mutilación    o    distorsión-    el   juzgador   ‘la  puso a decir lo que objetivamente  no   dice’,  con  clara  incidencia  en  la  parte dispsitiva de la providencia impugnada, desarrolló un  discurso  de  instancia a través del cual se limitó a oponer a la apreciación  judicial  la  suya  propia, con la pretensión de que en esta sede se le conceda  un mejor mérito.   

Es  así  como  el  discurso  del  libelista  reseña  un  conjunto  de  contradicciones  probatorias  sobre  las cuales aquel  edifica   su   perplejidad  sobre  las  conclusiones  del  sentenciador,  estilo  argumentativo  que  no  es  de recibo en esta sede extraordinaria, toda vez que,  aparte  de  la  personal  apreciación del casacionista y su discrepancia con la  del  Tribunal,  no  muestra  cómo  este  último  se  equivocó,  menos aún la  incidencia del yerro en el sentido de la determinación.   

Así  las cosas, que los criminales hubieran  recibido  de  la procesada uno o dos cuchillos, que aquella los hubiera obtenido  de  uno  u  otro  lugar,  que las demás mujeres que ocupaban el establecimiento  estuvieran  o  no  dormidas,  que  los  autores  materiales se hubieran separado  después  de  los  hechos o hubieran regresado juntos al lugar de origen, o bien  cuál  de  los  dos  fue  el  que  invitó  a  la víctima a salir de la casa de  lenocinio,  son  cuestionamientos  de  instancia que al recurrente le parece que  han  debido considerarse a favor de su asistida, pero que por sí mismos en nada  demuestran    un    yerro   relevante   y   trascendente   en   la   providencia  impugnada.   

El censor pasa por alto que -en contraste con  lo  que  pregona-  la  responsabilidad  de  Luz  Nelly  Caicedo   no   fue   solamente  el  producto  de  las  incriminaciones  formuladas  por  Hollman  Ramírez e isidro Vargas, los autores  materiales  del  crimen,  sino por las atestaciones de muchas otras personas que  se  hallaban  en  el  establecimiento  ‘El   crucero   del   amor’  -entre  otras  el hermano de uno de los homicidas y el portero del  lugar-  quienes dieron fe de las circunstancias antecedentes que condujeron a la  procesada  a  disponer  la  muerte  de  la  víctima. Por tanto, el discurso del  casacionista,  que  solamente  propone  su  personal  apreciación  del dicho de  Ramírez  y Vargas, resulta inútil para derribar los fundamentos probatorios de  la sentencia.   

Al  argumentar así, el censor olvida que su  deber  en  sede  de  casación  no  es  convencer  a la Corte de que su personal  interpretación  de  la  prueba  es  mejor  o más plausible que la fijada en la  sentencia,  sino  acreditar  una  equivocación  en la apreciación judicial, la  cual    llega    amparada    por    la    doble   presunción   de   acierto   y  legalidad.   

Por último, dígase que el juzgador tomó en  cuenta  las  retrataciones  de  los  últimamente  mencionados,  pero en ninguna  irregularidad  incurrió  por haberle negado el mérito que pide el censor. Así  mismo,  del  fallo  surgen  nítidos los motivos de la agravación del homicidio  imputado   a  la  procesada  como  determinadora,  pues  convenció  a  los  dos  criminales  (al  parecer  miembros de algún grupo armado ilegal) y los dotó de  medios  idóneos  para  que ultimaran a la víctima, lo cual no deja dudas de su  conocimiento  de  que  enviaba  a  la  muerte a quien se encontraba en estado de  indefensión   frente   al  ataque  de  dos  hombres  armados  y  en  estado  de  alicoramiento.        

      3.     En     conclusión, por los ostensibles yerros de  fundamentación   la   Sala  inadmitirá  la demanda de casación.   

CASACIÓN OFICIOSA  

La  Sala  encuentra  que  el  sentenciador  incurrió  en una ostensible violación al principio de  legalidad   de  las  penas,  toda  vez  que  fijó  la  duración  de  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas  en  un  término  superior  al  legalmente  permitido.   Dicho  yerro  requiere  ser  corregido  en  esta  sede, habida  cuenta   que  la  Constitución  y  la ley le imponen a la Corte Suprema de  Justicia  el  deber  de  hacer efectivo el derecho material, tal como así lo ha  precisado  su jurisprudencia.  Por esta razón, la  Colegiatura  habrá de casar el fallo de oficio, con el  fin hacer prevalecer la garantía quebrantada.   

Se  extrae  de la decisión del a  quo  que  Luz  Nelly  Caicedo  fue  condenada  a la pena accesoria de  inhabilitación   para   el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  “por un tiempo igual al de  la  pena  principal”  (pág.  23  y  24 del fallo de  primer  grado),  es  decir,  28  años.  De esta manera, el funcionario judicial  olvidó  que  el  artículo 44 de la ley 599 de 2000 establece que la mencionada  pena  tendrá  una  duración  no  menor  de 5 años ni  mayor  de  20, mandato que el Tribunal Superior de San  Gil también pasó por alto.   

Basta  lo  anterior  para  hacer evidente la  transgresión  al  principio  de  legalidad  de  las  penas; por esta motivo, la  Corporación casará de oficio y parcialmente el fallo  en      este     preciso     aspecto     y,     en  consecuencia,   modificará  la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  que  le fuera impuesta a la procesada Luz  Nelly  Caicedo como determinadora del delito de homicidio agravado, y la fijará  definitivamente  en  240  meses,  término  equivalente  a  20 años.   

En  todo  lo  demás,  el  fallo  impugnado  mantiene su vigencia.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

VI.  R E S U E L V E  

PRIMERO:         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por    el   defensor   de   Luz   Nelly  Caicedo.   

SEGUNDO:    CASAR    DE    OFICIO    Y  PARCIALMENTE  el  fallo  recurrido,  en  el sentido de  condenar  a  la  procesada  a  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término   de   doscientos  cuarenta (240) meses.   

TERCERO:  En  lo  demás, la sentencia mantiene su vigencia.   

En  contra  de  esta  providencia no procede  ningún recurso   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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