AP2862-2014(42812)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                              

                    EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER   

Magistrado ponente  

AP2862-2014  

Radicación 42812  

Aprobado acta número 162  

Bogotá, D. C., veintiocho (28) de mayo de dos  mil catorce (2014)   

Decide  la  Sala  acerca  de  la  posibilidad  de  admitir     la     demanda    de    casación  allegada  por el apoderado  de   ÉDISON   ENRIQUE   MUÑOZ   CANO   contra   el  fallo  de segunda instancia  proferido      por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito       Judicial      de      Bogotá,           en    el  cual  confirmó  la  sentencia  condenatoria  emitida  contra dicha persona por el  Juzgado 32 Penal Municipal de esta ciudad,  dentro  del  trámite  de  aceptación de cargos por la conducta  punible de hurto calificado.   

I.   SITUACIÓN  FÁCTICA Y ANTECEDENTES   

1.  El   27  de  mayo  de  2012,   a   las   11:30   de  la  noche,  ÉDISON  ENRIQUE  MUÑOZ  CANO  abordó   en   la   calle  38  bis  con  carrera  83  sur   a  Jael  Arturo  Huertas  Jiménez  y,  con  un  arma  cortante, lo amenazó para que le entregara la  bicicleta  que  este último iba conduciendo, avaluada en $150.000. La víctima,  inmediatamente  después,  dio  aviso  a autoridades de policía que patrullaban  por la zona y capturaron al agresor.   

           

          2.       Por       ello,  el  29  de  mayo de 2012,    un   representante   de  la  Fiscalía  General  de  la Nación  formuló  imputación  contra  ÉDISON  ENRIQUE MUÑOZ CANO, a título de autor,  por   el  delito  de  hurto  calificado  (atenuado  por  la cuantía), según lo dispuesto en los artículos  239,  240  inciso  2º y 268 de la Ley 599 de 2000, actual Código Penal, con la  modificación  que  al  tipo básico introdujo el artículo 37 de la Ley 1142 de  2007.   El   imputado   se   allanó   a los cargos.   

          3.  Correspondió  la etapa siguiente al  Juzgado  32  Penal  Municipal  con Función de Conocimiento de Bogotá, despacho  que  condenó  al  procesado  por el delito materia de  aceptación  a  cuarenta y  tres  (43)  meses  y  veintitrés  (23)  días de prisión e inhabilidad para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.  Así mismo, le negó tanto la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena privativa de la libertad  como   la   prisión  domiciliaria  y,  por  último,  dispuso  librar orden de captura.   

4.  Apelado  el  fallo  por  la  defensa de ÉDISON ENRIQUE MUÑOZ CANO  en   lo   que   respecta  a  la  negativa  de  la  reclusión  en  el  lugar  de  residencia,  el  Tribunal  Superior   del   Distrito  Judicial  de  Bogotá,  en  sentencia  de  2 de octubre  de  2013, la confirmó en el aspecto objeto de debate,  tras    encontrar   que   no   se   configuraba   el   factor   subjetivo   para  sustituírsela.   

5.  Contra      el     fallo   de   segunda   instancia,  el apoderado  de  ÉDISON ENRIQUE MUÑOZ  CANO      interpuso      y     sustentó   el   recurso   extraordinario   de  casación.   

II. LA DEMANDA   

         Al  amparo  de  la  causal segunda del  artículo  181  de la Ley  906  de  2004 («[d]esconocimiento del debido proceso  por   afectación  sustancial  de  […]  la  garantía debida a cualquiera de  las  partes»), propuso el  recurrente  un  único  cargo, relativo a la nulidad  por ausencia del defensa técnica.   

Al respecto, sostuvo que la razón para que  el  Tribunal  negara la prisión domiciliaria por el factor subjetivo consistió  en  que  «la defensa no  había  allegado en su debida oportunidad pruebas que  condujeran  a demostrar el arraigo del procesado ÉDISON ENRIQUE MUÑOZ CANO, su  actividad  permanente,  el  compromiso  y  el  respeto  por  los  derechos de la  comunidad,  entre  otros  aspecto [sic]»1. Es decir,  el  juez  plural  «ha  dejado clara y definidamente  establecido   que   no   hubo  defensa»2.   

Adicionalmente,   adjuntó   al  escrito  «declaraciones     extra     juicio  que confirman que las circunstancias  que  hubieran  podido  variar  la decisión de no otorgar el cambio […]    sí   existían»3.   

En consecuencia, solicitó a la Corte casar  la  sentencia impugnada para otorgarle a su protegido  el       mecanismo      de      la      prisión  domiciliaria.   

         

III.          CONSIDERACIONES   

1. La casación  es  un  recurso extraordinario y reglado que permite cuestionar, ante la máxima  autoridad  de  la  justicia ordinaria, la correspondencia de un fallo de segundo  grado con el orden jurídico.   

Dicha  confrontación  repercutirá  si se  descubre   en   la   sentencia   algún  error  de  juicio  o de trámite jurídicamente trascendente, ya  sea   propuesto   por  el  recurrente  o  advertido  de  oficio  por  la  Corte.   

Una  decisión  ajustada a derecho, por el  contrario,  es  aquella  que  logra  sobrevivir  racionalmente  a  la  crítica.   

La  crítica  será  irrelevante  si no refuta la providencia, es decir, si no demuestra, bajo  los  parámetros  jurisprudenciales  dirigidos  a  la  adecuada                demostración  de un yerro, que riñe en  aspectos  sustantivos  con  la  Constitución Política, la ley o los principios  que las rigen.   

De  ahí  que  el  artículo  184 de la Ley 906 de 2004 (Código de  Procedimiento   Penal   vigente   para   este  caso)  consagra que no será seleccionada la demanda cuando  quien  la  interpone  “no desarrolla los cargos de  sustentación  o  cuando  de su contexto se advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del recurso”.   

Esto  último  ocurre  si  la  Corte halla  inocuo  el  problema propuesto por el recurrente frente a lo debatido o decidido  en  el  caso,  o  cuando  resuelve  los temas materia de debate sin necesidad de  valorar de manera profunda la actuación.   

2.   En  el  presente  asunto,  el  único  cargo formulado por el  abogado   de   ÉDISON   ENRIQUE   MUÑOZ   CANO  no  podrá     ser     admitido,    debido    a    la  ausencia    de    fundamentos    del    reproche.  Veamos:   

2.1.  La Corte  ha  sido  enfática  al señalar que, en materia del  respeto   al  derecho  de  defensa  técnica  o  asistencia  letrada,   la  invalidez  de  la  actuación  procesal  prospera  cuando el profesional del derecho encargado de velar por los  intereses    del   acusado   no   asume,   en   palabras   del   fallo   CSJ   SP,  11  jul.  2007,  rad.  26827,   «una  actitud pro activa y diligente en el desarrollo y concreción  de      las      labores      inherentes      a      su     función», o, según la sentencia CSJ SP, 1º  ag.    2007,    rad.  27283,                  manifiesta   ostensible   ignorancia,  incompetencia  o  falta  de instrucción respecto de las reglas y principios que  rigen la Ley 906 de 2004.   

Así    mismo,    ha    reiterado   la  Sala en providencias como CSJ AP, 28 sep. 2006, rad.  25247,  que no es posible argüir vulneraciones  del  derecho  de defensa técnica con base en pruebas o estrategias que después  de  conocido  el  resultado  del  juicio  le  hubiera  gustado      presentar     al     demandante:   

Frente a la índole del ataque intentado en  el  primero  de  los  reproches,  hay que enfatizar en que no son cotejables los  presupuestos  de  estas  nociones en que se funda la razón de ser de la defensa  técnica   con  la  argumentación  a  posteriori  que  procura  reivindicar  su  quebranto  simplemente  bajo  el enunciado de haber estado -quien así lo alega-  en  mejor  condición profesional o de estrategia de defensa frente a quien hubo  de   intervenir  en  desarrollo  de  la  actuación.   

Se  trata de una perspectiva eminentemente  subjetiva  y  arbitraria  que  desde  luego  resulta  más que insuficiente para  acreditar  un  pretendido  quebranto  de  este derecho. La Corte ha rechazado en  forma  radical  que  se  pretexte  un argumento semejante en orden a discutir la  eficacia de la defensa técnica, al señalar como deleznable que:   

“…profesionales   del   derecho   entren   a   postular   mejores  estrategias  defensivas  que  las  asumidas  por  quien  tuvo a cargo durante el  trámite  judicial  la  representación  de  los intereses del procesado, habida  cuenta  de  que  el ejercicio de profesiones liberales como lo es la del derecho  parte  de  la  base  del  respeto del conocimiento que cada persona tenga de las  materias  de  las que se ocupa, sin que sea posible determinar en forma acertada  o  por  lo  menos  irrebatible  frente  a cada asunto cuál hubiera sido la más  afortunada  estrategia  defensiva,  pues  cada  individuo especializado en estos  temas  tiene  de  acuerdo a su formación académica, experiencia y personalidad  misma,   su   propia   forma  de  enfrentar  sus  deberes  como  tal’’.   

En  este orden de ideas, para concluir que  un  profesional del derecho no guardó una actitud diligente o proactiva durante  el   juicio   oral,   o  por  otra  parte  evidenció  manifiesta  ignorancia  o  incompetencia   para   representar  eficazmente  al  acusado  o imputado, hay que valorar el caso concreto  en  función  de  las  obligaciones  que  le eran exigibles en la preparación y  desarrollo del juicio oral.   

Es decir, un presupuesto indispensable para  demostrar  la  invalidez por vulneración de la garantía de asistencia técnica  consiste  en brindar datos objetivos que prueben inactividad, torpeza o profunda  incomprensión  de  la  técnica,  institutos o métodos del nuevo sistema. Pero  ello  no  es  suficiente, porque esas específicas circunstancias también deben  ser  idóneas  para determinar, independientemente del resultado del juicio, que  el  abogado  no  logró alcanzar su cometido, es decir, una gestión tendiente a  hacer  valer  la  presunción  de  inocencia  o,  en general, toda decisión que  favoreciera a su protegido.   

2.2.          En   el   presente   caso,  el  demandante  solicitó la nulidad  por  violación  del  derecho  de  defensa  técnica  tras  alegar  la  supuesta  incompetencia  del  letrado  que  representó  los  intereses de ÉDISON ENRIQUE  MUÑOZ  CANO  ante  las instancias. Y la única información de índole objetiva  que  trajo  a  colación el recurrente para sustentar tal reclamo radicó en que  el  Tribunal,  en  el fallo impugnado, le reprochó a aquél porque, en palabras  del   juez   plural,   «abandonó  toda  cuestión  probatoria   en   el   traslado  del  art.  447  del  C.  de  P.  P.»   en  aras  de  acreditar  que  el  procesado,   recluido   en   su   residencia  en  lugar  de  un  establecimiento  penitenciario, no iba a poner en peligro a la comunidad.   

De  la simple lectura del fallo de segunda  instancia,  sin  embargo, es fácil extraer que los fundamentos del ad quem para  no  conceder el mecanismo sustitutivo fueron más allá de la simple inactividad  de  la  defensa  en  la audiencia del artículo 447 del Código de Procedimiento  Penal. En efecto:   

En  este  caso,  de  los  elementos  que  conforman  el  proceso,  nada  nos permite inferir que MUÑOZ CANO no pondrá en  peligro   a  la  comunidad  con  su  actuar,  pues  estas  circunstancias  deben  ser  acreditadas  por  parte  del  sentenciado en el  momento  procesal  pertinente (traslado del artículo 447 del C. P. [sic]),  a  fin  de  que  el  juez  al  momento  de proferir la sentencia pueda decidir fundadamente sobre la concesión  de  este  tipo de beneficios, y lo que aparece es la forma como actuó contra su  víctima,  despojándolo  de  un  medio de transporte que revela en quienes así  actúan  una  total  falta de apego y compromiso con  los  derechos  de  los  demás  ciudadanos,  que  por  necesidad se ven obligado  [sic]  a utilizar medios  de  transporte  de  bajo costo, de modo que quienes así actúan incrementan los  niveles de seguridad ciudadanos en las calles de la ciudad.   

Se evidencia que el impugnante se quedó en  críticas  de  orden  teórico  sobre  el  derecho  de  los  sentenciados a otra  oportunidad,  pero  no  descendió a confrontar por qué las razones del juez de  instancia  no  eran  atendibles,  pues  la  realidad  de  los  hechos  habla con  eficiencia  para  que  el  sistema  de justicia reaccione con las sentencias que  deben  ejecutarse  en  estos  casos,  sin  perjuicio  de  lo que puedan alegar y  acreditar  ante  el  juez  de  ejecución  de penas, más cuando, reiteramos, se  abandonó  toda cuestión probatoria en el traslado del art.447 del C. de P. P.,  porque  el  hecho de que ÉDISON ENRIQUE MUÑOZ CANO haya aceptado los cargos ya  tuvo  su  premio  y  no  puede  pretender  que  lo  mismo sea relevante para las  exigencias   del   art.   38  del  C.  Penal,  como  equivocadamente  estima  la  defensa.   

No se olvide, además, con los elementos de  prueba  incorporados,  que  ante  el  desapoderamiento  que  había  logrado  el  autor,  reiterativamente,  a  la víctima, intentó causarle  daño  a  su  humanidad con esa arma cortopunzante, siendo manifiesta su actitud  contra  la comunidad, por lo que desde el punto de vista de los fines de la pena  y  las  funciones  de  “prevención  general, retribución justa y prevención  especial”  (artículo  4º  del  C.  P.), el sentenciado ha de cumplir la pena  privativa  de  la  libertad  en  un  centro carcelario, como algo necesario a la  prevención  especial,  para  disuadirlo  de  cometer nuevos delitos4.   

En  este orden de ideas, el Tribunal no le  concedió  la  prisión  domiciliaria  a  ÉDISON ENRIQUE MUÑOZ CANO por cuanto  (i)    «desde  el  punto  de  vista  de  los  fines de la pena»,  y  en  particular  de  la  función preventivo especial de la  misma,    era    procedente    el    tratamiento   penitenciario;   (ii)   la  anterior  conclusión  fue  extraída  de  la  valoración  de  factores como la  gravedad  del  comportamiento,  su  naturaleza  y  la relevancia de la puesta en  peligro  de  un  bien  jurídico  (la  vida) distinto al afectado (el patrimonio  económico);  y  (iii) no  hubo   una   inactividad  absoluta  por  parte  del  defensor,  ni  tampoco  una  incompetencia  de  su  parte, simplemente «se quedó  en   críticas   de   orden  teórico»  acerca  del  cumplimiento del requisito subjetivo de la prisión domiciliaria.   

De esta manera, la circunstancia traída a  colación  por  el  demandante para apoyar la aludida ineficiencia del asistente  letrado  no  es  suficiente  para  demostrar  razonablemente  la  violación del  derecho,  e  incluso  se  evidencia  la  ausencia  de  interés para debatir en sede de casación  cualquier  anomalía  por  la  no  concesión  de  la  sustitución  de  la  pena  privativa  de la libertad, en la  medida  en que el artículo 38 y su respectivo parágrafo de la Ley 599 de 2000,  modificado  por el artículo 22 de la Ley 1709 de 2004, así como los artículos  314  y  462  de la Ley 906 de 2004, permiten que las  circunstancias  que  pretendía  hacer  valer  el  censor  en  su escrito (y que  soportó   en   declaraciones   extrajudiciales  que  anexó  al  mismo)  puedan  discutirse  durante  la  etapa  de  ejecución  de  la  pena  que, entre otras  ventajas,   cuenta   la   garantía   de  la  doble  instancia.   

El  cargo,  por consiguiente, carece    de    sustentos   fácticos   y   jurídicos.   

3. En este orden  de  ideas,  lo  alegado  por el demandante no es suficiente para controvertir la  sentencia  impugnada ni para demostrar algún error de trámite o juicio. Por lo  tanto,  la  demanda  no  será  admitida.  Y,  de  la misma manera, como la Sala  tampoco  advierte violación manifiesta de las garantías judiciales   de  ÉDISON  ENRIQUE  MUÑOZ  CANO,  ningún  pronunciamiento  oficioso hará contra la sentencia dictada por el juez  plural.   

Contra  esta  decisión,  es procedente el  mecanismo  de  la  insistencia en los términos explicados por la Corte a partir  del fallo CSJ SP, 12 sep. 2005, rad. 24322.   

IV. DECISIÓN  

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA      DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE  

No   admitir  la  demanda  de  casación  interpuesta  por el abogado de ÉDISON ENRIQUE MUÑOZ  CANO     contra    el    fallo    del    Tribunal  Superior     del     Distrito     Judicial     de  Bogotá.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia en relación con lo decidido.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

Presidente   

                                                          

       

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio 32 del cuaderno del Tribunal.   

2  Folio 33 ibídem.   

3  Folio 34 ibídem.   

4 Folio 23 ibídem.     

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