AP267-2014(42863)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

AP267-2014  

Radicación Nº 42863  

Aprobado acta N° 018  

Bogotá  D.C.,  veintinueve (29) de enero de  dos mil catorce (2014).   

I.   V  I  S  T  O  S   

   La  Sala  se  pronuncia  sobre  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación  presentada   por  el  defensor  del  procesado  Darío  Fernando  Quintero  Caicedo, en contra del fallo del 23  de  septiembre  de  2013,  por  medio del cual el Tribunal Superior de Florencia  confirmó  la  decisión  de  primera instancia que lo condenó por el delito de  hurto calificado y agravado.   

I.  H E C H O S  

         

Hacia  las 04:00 hr. del 21 de marzo de 2011  tres   individuos  penetraron  a  la  joyería  de  razón  social  ‘W         Navarrete’,  ubicada  en  la  carrera  12 Nº 17  –   63   de   Florencia  (Caquetá)  y  sustrajeron  mercancía,  teléfonos  celulares,  herramientas  y  dinero   en   efectivo,   bienes   avaluados   en  $12.000.000,  de  los  cuales  posteriormente se recuperaron algunos por valor de $3.000.000.   

Los  vigilantes del sector y los testigos de  los  hechos  dieron  aviso a la policía e informaron que los tres perpetradores  huyeron  en  un  taxi  de  placas  XYD  320. La información suministrada por el  conductor  del  vehículo  de  servicio  público  permitió  identificar  a los  indiciados.   

III.   A  N  T  E  C  E  D  E  N  T  E  S   P R O C E S A L E S   

1. En audiencia preliminar celebrada el 29 de  julio  de  2011,  el  Juez 1º  Penal Municipal con Funciones de Control de  Garantías  de  Florencia,  previo cumplimiento de la orden de captura dispuesta  por  el  Juzgado  2º  Penal  Municipal  de la misma localidad y a petición del  Fiscal  7º  Local,  legalizó  la  captura  de  Darío  Fernando  Quintero Caicedo y Fernando Martínez Murcia,  al  tiempo  que  les  imputó  la  coautoría  del  delito de hurto calificado y  agravado  (artículos 240, numerales 1º y 4º, y 241, numeral 10º, del Código  Penal),  cargo  al  cual  no se allanaron. Así mismo, los afectó con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  intramural.  En  decisión de segunda  instancia  del  17  de  agosto  de  2011,  el  Juzgado 2º Penal del Circuito de  Florencia  le  concedió a Quintero Caicedo la detención domiciliaria.   

2.  El escrito de acusación fue radicado el  17  del  mismo  mes.  El  día  30   siguiente,  ante la Juez 3ª Penal del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de  Florencia, la fiscalía formuló  acusación  en  contra  de  Darío  Fernando  Quintero  Caicedo  y  Fernando  Martínez Murcia, como coautores  del  delito de hurto calificado y agravado (artículos 240, numerales 1º y 4º,  y  241-10º, del Código Penal, modificado por el artículo 37 de la Ley 1142 de  2007).  La  audiencia  preparatoria tuvo lugar el 18 de octubre de 2011; en ella  la  fiscalía  y  la defensa de los procesados estipularon la plena identidad de  aquellos,   su  captura,  la  inexistencia  de  antecedentes  y  “la  ocurrencia del hurto, a través de la denuncia penal”.   Una   vez   culminado   el  debate  probatorio,  la  juez  de  conocimiento  anunció  el sentido absolutorio del fallo para Martínez Murcia y  condenatorio    para   Quintero   Caicedo,  luego  de lo cual corrió el traslado del artículo 447 de la Ley  906 de 2004.   

3.  En concordancia con lo anterior, el 5 de  enero      de      2011     la     titular     del     despacho     absolvió  a Fernando Martínez Murcia del  delito    por    el    que   fuera   acusado,   al   tiempo   que   condenó a Darío  Fernando  Quintero  Caicedo a la pena principal de 108  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas, por término igual al de la pena privativa de  la  libertad,  como coautor del delito de hurto calificado y agravado, al tiempo  que  le  negó el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena y el sustituto de la prisión domiciliaria.   

4.  Apelada  la  decisión  del a  quo  por  el  defensor  de Quintero  Caicedo,  fue  confirmada por el  Tribunal  Superior  de  Florencia,  en  sentencia  del 23 de septiembre de 2013.   

Previa  la  emisión  del  fallo  de segundo  grado,   el   mismo  sujeto  procesal  formuló  acción  de  tutela  por  haber  sobrepasado  el  Tribunal  el  término  de  10 días para desatar el recurso de  apelación  contra  la  decisión del a quo.  Así,  la  Tercera  Sala de Tutelas de esta Colegiatura, en fallo  del  3  de  septiembre de 2013, amparó el derecho fundamental al debido proceso  del  acusado  y,  en  consecuencia, conminó al Tribunal Superior de Florencia a  pronunciarse   sobre   el   mencionado   recurso,  dentro  de  un  plazo  de  10  días.   

5. En contra de la decisión del Tribunal, el  defensor  de  Quintero Caicedo  interpuso  y  sustentó  oportunamente  el  recurso extraordinario de casación.   

IV.   L A    D E M A N D  A   

A   través   de   un  escrito  confuso  y  desordenado,  el censor invoca las causales 2ª y 3ª de casación, descritas en  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004. Sostiene que a su asistido se le  violaron  los  derechos  y  garantías constitucionales y legales fundamentales,  así  como  “la apreciación de la prueba”.  Con  los  cargos  formulados  aspira  a  que la Sala proceda a  “casar la presente pretensión incoada dentro de las  pretensiones  de  mi  demanda y a favor de mi defendido Darío Fernando Quintero  Caicedo,  por  ser  violatoria de todo hecho y de derecho, tanto sustantivo como  procedimental,   configurándose   así   las  dos  causales  invocadas  por  la  defensa” (sic).    

Bajo    el   rótulo   de   violación  indirecta de la ley sustancial,  alega  un  error de hecho con  fundamento  en  que  el magistrado del Tribunal Superior de Florencia que tuvo a  su  cargo  el  proceso  dejó  vencer  los  términos para desatar la apelación  contra  la sentencia de primera instancia. Agrega que esta Colegiatura, en fallo  de  tutela del 3 de septiembre de 2013 (rad. 68918), conminó al citado Tribunal  para  que  resolviera de fondo el recurso de alzada, término que también dejó  vencer el magistrado de la corporación de segunda instancia.   

Así  mismo,  denuncia  que se configuró un  error  de  derecho cuando el  magistrado  del  Tribunal  Superior de Florencia se excusó y se “salió  por  la  tangente”, al justificar  en la excesiva carga laboral la mora para resolver la apelación.   

Adicionalmente,   alega   el  desconocimiento  de  las  reglas de producción y apreciación de la  prueba  sobre la cual se fundó la sentencia. Aduce que  las  pruebas  no  fueron  valoradas  y,  además,  permitían  deducir  la  duda  probatoria a favor del procesado.   

Dice que en la declaración de José Ignacio  Trujillo   “está  más  que  demostrado”  que aquel tenía interés en obtener beneficios jurídicos; que  la  de Rubén Sneider Suárez Cuéllar no fue tenida en cuenta para nada; que el  propietario  de lo joyería asaltada, Willins Navarrete, no supo si el techo del  inmueble   era   de   zinc  o  de  Eternit,  ni  aportó el certificado de Cámara de Comercio que lo acredite  como  comerciante;  que  por  el  bajo  grado  de escolaridad del deponente Luis  Nolberto  Soto  Gallego  sus  afirmaciones son incoherentes y, en fin, que no se  tuvieron  en  cuenta los testimonios de descargos, los cuales demostraban que el  procesado  se  hallaba  departiendo  con  otras  personas  a  la hora del hurto.   

Por último, agrega a la demanda de casación  copia  de  las  audiencias realizadas en el proceso, del fallo de tutela, de una  decisión  de hábeas corpus y  de una queja disciplinaria.   

Le  pide  a  la  Sala  que  practique  los  testimonios  de  Jefferson  Sneider  Guaca  Sacro,  Janer Lozada y José Antonio  Sepúlveda;   «declaración   de   parte»   de José Ignacio Trujillo Sánchez, Rubén Sneider Suárez  Cuéllar,  Willins  Navarrete  y  Luis  Nolberto  Soto,  así  como  inspección  judicial  a  una  actuación  que  cursa  ante  la  Procuraduría  General de la  Nación.   

V.   CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La  Corporación anticipa su decisión en el  sentido   de   inadmitir  la  demanda,  de  casación,  toda  vez que evidentemente incumple las exigencias de  precisión,   claridad   y   debida   fundamentación.   Las   razones  son  las  siguientes:   

1.  El  escrito  carece  por completo de una  rigurosa  y  suficiente  fundamentación,  pues,  de manera ostensible, su autor  muestra   desconocimiento   de  la  naturaleza  del  recurso  extraordinario  de  casación,  confunde  los conceptos de error de hecho y de derecho, así como la  clase  de dislates que pueden ser corregidos en esta sede a través de ellos, al  tiempo  que pretende concederle a una irrelevante irritualidad un alcance que no  tiene.   

2. En efecto, la superación por el Tribunal  del  término  para  desatar  el  recurso  de  apelación  formulado  contra  la  decisión  del  juzgado,  así como el incumplimiento de lo ordenado en el fallo  de  tutela            que  le impuso la obligación de resolver lo pertinente dentro de un  término   perentorio,   carecen   de  toda  idoneidad  para  afectar  de  forma  trascendente el debido proceso.    

La  Sala  ha precisado las consecuencias del  vencimiento    de    los    términos   procesales1,  las  cuales  no  son  otras  distintas  a  las  expresamente  fijadas  en  la  ley,  esto es, la libertad del  investigado  o enjuiciado que estuviere privado de la libertad; la prescripción  de  la  acción  penal,  con  la  consecuente  cesación  de  procedimiento;  la  configuración  de  una  falta disciplinaria si a ello hubiere lugar o, bien, la  sanción   impuesta   en   un  incidente  de  desacato,  como  consecuencia  del  incumplimiento  de  la decisión de tutela que se hubiere formulado por el mismo  motivo.  Aparte  de  las  anteriores,  ninguna  otra  incidencia  tiene  la mora  procesal  para  derribar  la  presunción  de  acierto y legalidad que ampara la  sentencia.  En  este  caso  particular,  tampoco  el  demandante se preocupa por  acreditar  de  qué  manera  la  irritualidad  pregonada tiene la idoneidad para  demostrar  una  alteración  en  la  estructura  del  proceso  o  una violación  efectiva  del derecho de defensa. Por otra parte, es preciso admitir que la mora  procesal  denunciada  fue solucionada por vía de tutela, a través de fallo del  3  de  septiembre  de  2013,  el  cual  condujo  a  que  el Tribunal emitiera la  correspondiente decisión.   

3. Por otra parte, la conclusión del censor  sobre  el  mérito que el juzgador ha debido concederle a las pruebas no es más  que  la  muestra de su discrepancia con la apreciación judicial, lo cual carece  de  toda  aptitud para demostrar un error en la ponderación del fallador, error  que  el  impugnante  tampoco  especifica  en  su sentido y modalidad, menos aún  detalla,  como  no  sea  mediante  su  personal  visión  de  ciertos  elementos  probatorios,  de  qué  forma  la  corrección  de  las supuestas equivocaciones  necesariamente   conducirían   a   mutar   el   sentido   de   la   providencia  impugnada.   

4.  La  evidente  falta  de  rigor  en  la  formulación  del  cargo  hace  necesario  recordar  que  las causales primera y  tercera  de  casación  (artículo  181,  numerales  1º y 3º, de la Ley 906 de  2004),  se  identifican con la violación de la ley sustancial. Este yerro puede  presentarse  en  sus  modalidades  directa  e indirecta. La primera de estas, la  directa,  aparece  contemplada  en  el  numeral  1º  del  artículo citado y se  configura  cuando  los  argumentos  de la sentencia infringen la norma de manera  frontal,  sin  que  dicha lesión tenga origen en un error de apreciación de la  prueba.  En  estas  condiciones,  el  sentido  de  la  violación  puede  ser la  aplicación  indebida,  exclusión  evidente  o  interpretación  errónea de la  norma.   

A su turno, la violación indirecta de la ley  sustancial  aparece  consagrada  en  la causal 3ª de casación y se materializa  cuando   la   aplicación   indebida,   exclusión  evidente  o  interpretación  equivocada   de   la   norma   tiene   origen   en   errores   de   apreciación  probatoria.   Estos  últimos  se clasificación de dos maneras: pueden ser  de hecho o de derecho.   

Los primeros, los de  hecho,  se presentan cuando el juzgador se equivoca al  contemplar  materialmente  la  prueba, ya sea porque omite apreciar una que obra  en  el  proceso  o  porque  la  supone  existente  sin  estarlo (falso juicio de  existencia);  o cuando no obstante considerarla legal y oportunamente recaudada,  al  fijar  su  contenido  la  distorsiona,  cercena  o adiciona en su expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que objetivamente no se establecen de  ella  (falso  juicio  de  identidad);  o,  porque  sin  cometer  ninguno  de los  anteriores  desaciertos,  pese  a existir la prueba y ser apreciada en su exacta  dimensión   fáctica,   al  asignarle  su  mérito  persuasivo  transgrede  los  postulados  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la  sana  crítica, como método de valoración  probatoria (falso raciocinio).   

Y   la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,    en    la   modalidad   de   error   de  derecho,  tiene  que  ver  con  la  ilegalidad  en  la  práctica  o  aducción  probatoria,  o  con las escasas oportunidades en que se  viola  la  tarifa  determinada  por  la ley para la valoración de un particular  medio  de convicción (falso juicio de legalidad y falso juicio de convicción).   

Por  tanto,  el desarrollo argumentativo que  plantea  el  recurrente,  según  el  cual  la  explicación suministrada por el  magistrado  ponente  de  la  corporación de segunda instancia al juez de tutela  sobre  la  mora  procesal  configuró  un  error  de  derecho,  mientras  que la  superación  del  término para resolver el recurso de apelación determinó uno  de  hecho,  resulta  abiertamente  desfasado, pues se refiere a un reproche que,  además  de  que  se funda en una irregularidad que a la fecha ha sido superada,  ha  debido  ser  orientado  a través de la causal segunda de casación, la cual  tiene que ver con el desconocimiento del debido proceso   

Tampoco  la personal apreciación probatoria  que   elabora   el   casacionista   sobre  unos  testimonios  demuestra  que  el  sentenciador  se  equivocó  en  la  suya,  menos  aún es capaz de acreditar la  incidencia  de  los  supuestos yerros en el sentido de la decisión.     

5.  Todo  lo  anterior,  unido  a la confusa  pretensión  formulada  a  la  Sala,  la  falta  de  precisión sobre las normas  sustanciales  supuestamente  desconocidas,  así  como  la absoluta improcedente  petición  para abrir una etapa probatoria en sede de casación, permite afirmar  el  desconocimiento  de  la naturaleza del recurso extraordinario de casación y  el  incumplimiento  de  los  mínimos  deberes  de  correcta fundamentación del  libelo.   

6.        En        conclusión,    la   Sala   inadmitirá  la  demanda de casación, sin  que,  por  otra  parte,  del  estudio  de  las  diligencias encuentre motivo que  amerite  superar  sus  defectos para asegurar, de oficio, el cumplimiento de las  garantías   fundamentales,   respecto   de   alguno   de   los  intervinientes.   

7.  En contra de esta determinación procede  el  mecanismo  de insistencia, en los términos en que la jurisprudencia de esta  Colegiatura       lo       ha       decantado.2   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Darío         Fernando         Quintero        Caicedo.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

         

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  sentencia del 12 de mayo de 2004, radicación  No.  19241. En igual sentido, auto de  segundo   instancia   del  19  de  diciembre  de  2012,  rad  39473.   

2  Providencia   del   12   de   diciembre   de   2005,  rad. 24322.     

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