AP244-2017(49095)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP244-2017  

Radicación N° 49095.  

Aprobado acta No. 17.  

Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de enero de  dos mil diecisiete (2017).   

V I S T O S  

Se  decide sobre  la  admisión   de   la   demanda   de  casación  instaurada  por  el  defensor  de  HAROLD WILSON CALDERÓN  GÓMEZ  en  contra  de  la  sentencia  de segunda instancia proferida  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá  el     23   de  agosto  de  2016, mediante la cual  confirmó      la      decisión     condenar    a    aquél   como   autor  del  delito  de  homicidio  agravado.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En la sentencia de  segunda  instancia  se  relataron  como  hechos  jurídicamente  relevantes  los  siguientes:   

El 11 de noviembre a las 10:30 de la noche,  algunos  hinchas  de Santa Fe se encontraban consumiendo licor al interior de un  bar  ubicado en la calle 59 con carrera 9ª de esta ciudad capital. Sin embargo,  se   vieron   sorprendidos   por   un   grupo   de   60  u  80  hinchas        del       equipo       Millonarios,       quienes  ingresaron  intempestivamente  a ese lugar y los agredieron con palos, piedras y  armas corto punzantes.   

En desarrollo de esa pelea resulto lesionado  un  hincha  de  Santa Fe llamado David Leonardo Murcia  Quiroga;  sus  amigos lo auxiliaron y lo remitieron a  un      hospital      cercano,      en      donde      minutos      más       tarde       falleció.   

Los  médicos  forenses  concluyeron  que  David  Leonardo murió como  consecuencia   de   una   herida   por   arma   corto  punzante      propinada     en     la     región  torácica    derecha,    la    que    penetró    y  laceró  el  mediastino  y  comprometió  su  arteria  aorta.   (La   puñalada   según   los   registros  fotográficos,  fue  asestada  en  la  región  clavicular derecha).   

Los  amigos  del  occiso le informaron a la  policía  que  el autor del homicidio fue un sujeto de contextura obesa, cabello  corto   y   unos   175   centímetros  de  estatura,  quien  posteriormente  fue  identificado    como    Harold   Wilson   Calderón  Gómez,  conocido  como alias “el gordo Winnie” o  “Winnie”, integrante de  las barras bravas del equipo de los Millonarios.   

    

1. Procesales     

El  14         de         febrero de 2013, en audiencia preliminar  celebrada    ante    el    Juzgado    45   Penal   Municipal   de  Bogotá    con    función   de   control   de   garantías;   la  fiscalía  formuló  imputación  a  HAROLD WILSON  CALDERÓN    GÓMEZ   por   el   delito          de         homicidio  agravado  (arts.       103,      104-4,7  C.P).   

Con base en el escrito de cargos presentado  el     20     de     mayo     de     2013,  el  Juzgado  Noveno Penal del  Circuito    de    Bogotá   celebró   audiencia   el   11   de  agosto    de    siguiente,   durante   la   cual  se  acusó  al   procesado  por  el  mismo  delito  inicialmente  imputado.   

La  audiencia preparatoria se celebró      el      día  21  de  enero  de  2014   y  el       14      de      mayo      siguiente  se  dio  inicio  al  juicio  oral,  el  cual,  luego de varias sesiones, culminó  el     2     de     febrero    de    2016,  fecha  en  la cual el  juzgador  anunció  que el sentido del fallo sería     condenatorio.    De  éste se dio lectura el 1    de    abril    de   ese   mismo  año  imponiéndose  al  acusado  la pena principal  de  prisión  por  un  término  de  420  meses y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por 20 años.   

En virtud del  recurso  de  apelación promovido por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá confirmó     la    decisión    condenatoria  el    23    de    agosto    de    2016.    

Contra  la sentencia de segunda instancia,  la  misma  parte interpuso el recurso extraordinario  de    casación    y   presentó   la   respectiva  demanda.    

L A  D E M A N D A  

Luego de identificar la sentencia impugnada,  de  fundar  su  legitimidad en el poder que recibió, y de resumir la actuación  relevante,  incluidas  las  razones  de la condena; el recurrente manifiesta que  formula dos cargos, los cuales sustenta así:   

Cargo No 1  

Señala   como   causal  de  casación  la  «Falta  de aplicación, interpretación errónea, o  aplicación  indebida  de  una  norma…» para afirmar  enseguida    que    la    sentencia    de    segunda    instancia   «incurrió  en  violación indirecta de la norma sustancial, toda  vez  que  inaplicó  las  normas  constitucionales  y  legales  referentes  a la  prevalencia  del  derecho  sustancial sobre el procesal en materia probatoria»,  identificando  como  tales  los  artículos  228 de la  Constitución Política, y 10, 381 y 403 de la Ley 906 de 2004.   

Estima que la sentencia infringió la citada  norma  constitucional cuando denegó la petición consistente en que se valorara  la  entrevista  rendida  por  el  «único testigo de  cargo   en   el   proceso   (Carlos   Arturo  García  Bautista)»   teniendo  en   cuenta   la   «indebida  y  poco  profesional  actuación  del  anterior  abogado». Si bien admite la  validez  de  la  razón  que  sustentó  la negativa, cuestiona que «ese      manifiesto      ritual      excesivo»     impidió  que  se  advirtiera  que  cuando en el juicio declaró que  pudo  ver al agresor el día de los hechos, contrarió lo que había manifestado  en  la  declaración previa antes referida. Por ello, sostiene, la garantía del  debido  proceso,  de  la  presunción  inocencia  y de la búsqueda de la verdad  material;  imponían  tener  en  cuenta  la  anotada  circunstancia.     

Por último, sostiene que el Tribunal omitió  las  «pruebas solicitadas en segunda instancia tales  como  i)  reporte  de llamadas entrantes y salientes del abonado telefónico del  señor  Calderón;  ii)  su  historia clínica del año 2004; y iii) dictámenes  medico  legales  de  los años 2005 y 2016,…, iv) fotografías que demostraban  los  cambios  morfológicos  que  ha  sufrido  el  procesado  a  lo largo de los  años,…». Con dichas pruebas, asegura, demostraría  la  imposibilidad  física  del  acusado  para cometer el delito y, por ende, su  inocencia.   

Cargo No 2  

     

Con  base en la causal de casación prevista  en  el  numeral  3  del  artículo  181  del C.P.P./2004, aduce que la sentencia  incurrió   en  «violación  indirecta  por  errada  valoración  probatoria» de los artículos 5, 7, 381 y  403  de  la  Ley  906  de  2004.  En  desarrollo  de esa censura, asegura que la  sentencia  condenatoria  se  fundó  exclusivamente  en  el testimonio de Carlos  Arturo  García  Bautista  y  que éste presenta inconsistencias que no permiten  superar   la   duda   razonable  sobre  la  responsabilidad  del  acusado.    

En   tal  sentido,  luego de resumir el  contenido  de  la  referida  prueba, expone las siguientes críticas: (i) que es  ilógico  que  el  declarante, luego de ser golpeado con piedras por los hinchas  del   club  de  fútbol  «Millonarios»,  lograra  infiltrarse  entre  ellos  y  observar,  a  unos  5  metros,  la  agresión  mortal  y,  peor  aún, que a esa  distancia   no   lograra   identificar  el  arma  utilizada;  (ii)  que  resulta  inexplicable  que reconociera al agresor en fotografías 2 años después cuando  solo  lo vio la noche de los hechos y, también, que en el juicio lo haya notado  «muy  cambiado»  cuando  apenas  habían  pasado  5  años; y (iii) que se contradice, primero, con Angie  Paola  Arévalo Delgado porque ésta lo ubica en «la  esquina»  y  no  «en  la  trece  con  60»,  y,  segundo,  con  Cristian Barrios  porque  éste  distinguió  al  victimario con una chaqueta amarilla y no con un  gabán  azul  oscuro. A más de lo anterior, advierte que la acusación precisó  que  el  grupo del agresor provenía de la carrera 7ª, que el testigo era amigo  y   compañero   de  «barra  cardenal»  del occiso, y, por último, que existe duda sobre si aquél había  ingerido droga.   

De otra parte, sostiene el demandante que la  Policía  identificó  al  acusado como el victimario tan solo porque se trataba  de    un    hincha    de   «Millonarios»   descrito   por   los   «testigos»     como    «gordo,  alto, cachetón», respecto del  cual,  además,  en  un  «CAI de policía cercano al  sitio   de   ocurrencia  del  hecho»  informaron  que  registraba  varias  anotaciones por generar desórdenes en la zona. Luego, aduce  que  esas  características  morfológicas  coinciden  con las de cualquier otra  persona  y  que  en  el  proceso  no  se demostró la existencia de antecedentes  policivos o penales.   

Por  último, afirma que el recurso pretende  «la  efectividad  del  derecho  material  sobre  el  formal,  el  respeto  de  las  garantías procesales de las partes en el proceso  penal  y  el  principio  in dubio pro reo», por lo que  solicita  se  superen  los defectos de la demanda y se decida de fondo. Antes de  terminar,  indica  que las pruebas que enunció en la sustentación «fueron   adjuntadas   en   su   totalidad   en   el  recurso  de  apelación», por lo que el Tribunal debió remitirlas  con el expediente.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

I.    De  conformidad     con     lo     previsto    en    el    artículo    184 del Código de Procedimiento Penal  de   2004,   la  Corte  examina  la  demanda  de  casación     interpuesta     por    el  defensor  de HAROLD WILSON CALDERÓN  GÓMEZ,  con el objeto de  determinar  si  es  admisible  o  no, lo cual dependerá del cumplimiento de los  requisitos  consagrados en el citado estatuto para ese acto procesal  que  se  refieren,  básicamente,  a  la  existencia de interés  jurídico,  al  señalamiento  de  la  causal de casación, al desarrollo de los  cargos  de  sustentación y a la necesidad del fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso.   

II.  Sea  lo  primero  advertir  que, conforme a lo establecido en  el  artículo  181  del  C.P.P./2004,  el recurso de  casación  interpuesto  es  procedente  por la única  razón   de  que  se  dirige  contra  una  sentencia  de      segunda  instancia,     como     fue    la    proferida         el  23  de  agosto       de  2016  por  el  Tribunal  Superior         de        Bogotá,  que  confirmó  la condenatoria que  había   dictado   el   Juzgado   Noveno   Penal   del  Circuito  de  la  misma  ciudad  en contra HAROLD  WILSON  CALDERÓN  GÓMEZ  como  autor del delito de  homicidio            agravado.   

III.   De   otra   parte,  el             demandante        se        encuentra        legitimado  para recurrir en casación conforme  lo  establece  el  artículo  182 del C.P.P./2004, pues es una de las partes del  proceso      –la  defensa-,  y la sentencia  condenatoria  que  se  impugna produce consecuencias  adversas  a    quien    representa   dado   que  le      impone      sanciones      privativas  de  derechos.  Además,  los  argumentos  que sustentan el recurso extraordinario  son  similares  a  los que había expuesto la defensa en la apelación promovida  contra  el  fallo  de primera instancia, por lo que ningún reparo puede hacerse  en torno a la legitimidad del impugnante.    

IV.  A  pesar de  esos  iniciales  aciertos,  se observa que la demanda  examinada  incurrió  en omisión absoluta de argumentos tendientes a justificar  la  necesidad  constitucional  y  legal  de abordar el estudio de la pretensión  casacional,  a  partir  de  una  de  las  precisas  finalidades  previstas en el  artículo  180  de  la  Ley 906 de 2004. En efecto, a  pesar  que señaló dos de  tales  propósitos  –la  efectividad  del derecho material y el respecto de las garantías-, ninguna  razón adujo para soportar esa  invocación,   por   lo  que  nunca  trascendió  la  expresión     de  un simple deseo.   

V. La falencia descrita, aunada a que no se  cumplió   con   el   deber  de  sustentar  un  solo  cargo   atendible  en  la  sede  extraordinaria  de  casación,  como  enseguida  se  pasa  a  explicar,  no  puede  generar  sino la  inadmisión del libelo.   

En   desarrollo   de   un   «cargo      primero»,  alude  el  recurrente  a  la causal de casación de «Falta  de  aplicación,  interpretación errónea, o aplicación  indebida  de una norma…», que es la consagrada en el  numeral  1  del  artículo 181 del C.P.P./2004, pero, al tiempo, sostiene que se  «incurrió  en  violación  indirecta  de  la norma  sustancial»,  que  se  refiere al motivo genérico de  procedencia  previsto  en el numeral 3 ibídem. Esa selección indiscriminada de  causales,  no  solo  denota  una  contradicción  interna en el argumento porque  aquéllas  parten  de  presupuestos  excluyentes,  sino  que,  además,  produce  perplejidad     en     la     determinación     del    objeto    del    recurso  extraordinario.   

La  violación  directa de la ley sustancial  presupone  una contradicción inmediata entre ésta y la premisa normativa de la  decisión  adoptada  en  la  sentencia, la cual ocurre por una de las siguientes  situaciones:  (i)  por  la falta de aplicación del precepto que regula el caso,  (ii)  por  la  indebida aplicación de uno que ninguna pertinencia tenía con el  supuesto  fáctico  juzgado,  o  (iii)  por interpretación errónea del que sí  resultaba  pertinente. Por su parte, la infracción legal es indirecta cuando es  mediada  por  el  desconocimiento de las reglas de producción o de apreciación  de  la prueba, lo que puede suceder por errores de existencia, de identidad o de  raciocinio  (de hecho) o de legalidad o convicción (de derecho). Así, mientras  en  la violación directa el vicio reside en el presupuesto jurídico del fallo,  en la indirecta se ubica en el probatorio o fáctico.   

Ahora bien, la confusión en la demanda no se  debe   a   un  simple  error  en  la  nominación  de  la  causal  de  casación  seleccionada,  de  ser  así  podría  haberse  superado  con  una sustentación  posterior  unívoca  que permitiera determinar, sin duda alguna, a cuál quería  referirse.  No,  la  irresolución  atraviesa  el  desarrollo íntegro del cargo  porque  el  recurrente  denunció,  inicialmente, la inaplicación de las normas  que  consagrarían  la  prevalencia  del  derecho  sustancial  sobre  el  formal  (arts.  228  constitucional,  y  10,  381  y 403 del  C.P.P./2004),  y,  luego,  cuestiona  la  negativa del  Tribunal  de valorar una entrevista rendida por Carlos Arturo García Bautista y  los  documentos  que aportó como sustento del recurso de apelación1, mediante los  cuales pretende demostrar la inocencia del acusado.   

Con suma facilidad se observa, entonces, que  el  demandante  acude, indistintamente, tanto a una violación directa por falta  de  aplicación de la ley sustancial, como a una indirecta por la omisión en la  admisión  o  en  la  valoración  de  unas  pruebas,  sin  que  en esta última  hipótesis  sea  posible  esclarecer  si  lo  que propondría sería un error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  o  uno de derecho por falso juicio de  legalidad.  Por  si  no  fuera  suficiente dicha ambivalencia, sostiene también  «la  indebida  y  poco  profesional  actuación del  anterior   abogado  del  señor  Harold  Wilson  Calderón  Gómez».  Esta afirmación, a más de injustificada porque no se expone una  sola  razón  que  la  soporte,  orientaría el debate hacia la vulneración del  derecho  a  la  defensa,  por lo que también incluye en la sustentación de una  misma  censura  la  causal descrita por el numeral 2 del artículo 181 procesal.  Así,  ni  siquiera es posible establecer si lo denunciado es un vicio de juicio  o de procedimiento.   

Con  base  en  esa enrevesada argumentación  considera  el  recurrente  que la sentencia de segunda instancia hizo prevalecer  ritualismos   o   formalismos   probatorios  sobre  el  derecho  sustancial,  al  abstenerse  de  valorar  una  entrevista  y  unos  documentos  que,  como aquél  reconoce,  no  fueron  solicitados  ni, menos, incorporados en las oportunidades  probatorias  dispuestas  por  la  ley  procesal.  Esa  conclusión  parte de una  premisa  abiertamente  equivocada porque la preclusión de los actos procesales,  en  especial  de  los  probatorios,  y  el  consecuente respeto de los términos  legales,  no  constituyen  meras formalidades porque se fundan en la protección  de   garantías   tan   fundamentales  como  la  celeridad,  la  publicidad,  la  contradicción  y  la  concentración.  En ese orden, más bien sería ilegal la  sentencia   en   caso   de   haber   acogido   la  pretensión  probatoria   extemporánea.   

En  un  «segundo  cargo»  cuestiona  el  demandante que la sentencia se  haya  fundado  en  el testimonio de Carlos Arturo García Bautista, cuando éste  presentaba   inconsistencias   o  afirmaciones  contrarias  a  la  lógica,  que  impedían  superar  la  duda  razonable  sobre  la  responsabilidad del acusado.  Además,  se  critica  el  procedimiento  mediante  el  cual  la  Policía   identificó  a  aquél  como  el agresor de David Leonardo Murcia Quiroga, en la  medida  en  que se llevó a cabo a partir de unos pocos datos genéricos (hincha  del  club  de fútbol «Millonarios», «gordo, alto,  cachetón») y de otro que no fue comprobado, cual fue  la existencia de anotaciones policivas.     

Al efecto, indicó el censor que acudía a  la  causal  de  casación  prevista  en  el  numeral  3  del  artículo  181 del  C.P.P./2004,    es    decir,    al    «manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual  se  ha  fundado  la sentencia». Como ya se  explicó,  esta  hipótesis genérica de violación de le ley sustancial mediada  por  la  desatención  de reglas probatorias, puede concretarse por dos tipos de  errores:  (i)  de  hecho,  que  recaen sobre la existencia o la identidad de los  medios  de  conocimiento  o  en  la  apreciación  racional de éstos, y (ii) de  derecho,  que consisten en falsos juicios sobre la legalidad o la convicción de  las pruebas.   

Son  esos,  entonces,  los  únicos  cargos  que pueden proponerse  en  desarrollo de la causal seleccionada, más ninguno de los errores de hecho o  de   derecho  anunciados  identifica  el  censor  ni  siquiera  de  manera  nominal.  A  cambio  de  ello,  relaciona  una  serie  de  críticas  sobre el mérito asignado al testimonio de  Carlos    Arturo    García    Bautista,  las  que, al no amoldarse a uno de aquellos vicios, constituyen  una  alegación  defensiva libre y, por tanto, propia de las instancias y no del  escenario  de  un  recurso extraordinario como es la casación. Además, ningún  esfuerzo  destinó  a  demostrar la evidencia y la trascendencia de las censuras  planteadas.   

En  efecto,  se  limitó  el  recurrente  a    afirmar    que   le   parecía   ilógico  o  inexplicable    el  testimonio  de Carlos Arturo  García   Bautista   en   las   siguientes   partes:  (i)    que    pudiera  presenciar   la  acción  homicida  desde  un  lugar  próximo,  cuando minutos  también     había     sido     agredido     con  piedras;  (ii) que a esa  distancia  no  haya  identificado  el  arma  que  se utilizó; (iii)   que  2  años  después  pudiera  reconocer  al victimario  que    solo    vio    la    noche    de    los    hechos;    y,   (iv) que en el juicio advirtiera cambios  morfológicos  significativos  en aquél,  que  no pueden darse en el  lapso de  5   años.  A  más  de  lo  anterior,  alega  que no se despejó la duda sobre  el  estado  de  embriaguez  del  testigo  al  momento en que percibió el ataque  contra  su  amigo, y que  incurrió  en  contradicciones con Angie Paola Arévalo  Delgado  en  relación con el sitio en que él se ubicaba y con Cristian Barrios  sobre  si el homicida vestía un gabán azul o una chaqueta amarilla.   

Tales   críticas   constituyen   un  mero  desacuerdo  con  la  credibilidad  que  los  falladores  otorgaron  a  la prueba  testimonial  ya  referida con base en criterios racionales de apreciación, como  los siguientes:   

Ciertamente  la  conclusión de la Juez es  acertada,  puesto  el  testimonio  ofrecido  por  Carlos Arturo García Bautista  contiene  diversos  y  variados  puntos de concordancia al ser analizado con las  restantes  pruebas aportadas al proceso; además, los detalles de su narración,  el  engranaje  contextual  percibido  en  ella, la razón de su ubicación en el  sitio  de los hechos, así como la descripción lógica del episodio, ofrecen la  credibilidad    necesaria    y    suficiente    para   edificar   la   sentencia  condenatoria.   

En  efecto,  una  comparación  probatoria  permite  concluir lo siguiente: i) que fue testigo presencial del hecho, ii) que  como  consecuencia  de  ello  pudo  ver  el  momento exacto en que el acusado lo  apuñaló,  iv)  que no había consumido intensamente bebidas alcohólicas en la  noche  del  homicidio, por lo que sus sentidos no se vieron alterados, v) que su  declaración  no  se aparta de la lógica ni de verosimilitud con la que suceden  las  cosas   y vi) que efectivamente Calderón Gómez estuvo presente en el  bar          de          la          pelea.2   

Ahora  bien,  la  atribución  de enunciados  ilógicos  o  inexplicables  al  testigo  es  insuficiente  para  proponer,  por  ejemplo,  un falso raciocinio, una de cuyas modalidades es el desconocimiento de  un  principio  lógico  supremo,  pues más allá de aquella frase suelta jamás  especificó  cuál  sería  el concreto parámetro del pensamiento vulnerado, la  forma  en  que esa contradicción habría ocurrido y si la misma fue manifiesta.  Menos  aún  justificó  la  trascendencia  del supuesto error porque, en primer  lugar,  no  demostró  la  razón  por  la  cual  la  inconsistencia  de algunos  contenidos  del  relato acarreaban la denegación del mérito a toda la prueba y  no  solo  a  las  partes  afectadas, y, en segundo lugar, nunca cuestionó otros  fundamentos  de  la  condena como fueron las declaraciones de Mario Alberto Vega  Sánchez y Cristian Giovanny Barrios.   

Por  último,  en el argumento de censura al  procedimiento  policivo  que permitió la identificación del eventual autor del  crimen,   el  demandante  no  precisó  cuál  sería  la  prueba  indebidamente  producida  o  valorada,  menos  aún  el  tipo de error que se habría cometido;  razones  por  la  cuales  la sustentación de una violación indirecta de la ley  sustancial, en ese aspecto, carece absolutamente de objeto.   

VI.  En conclusión, la demanda de casación  será  inadmitida  porque  no  sustentó un reparo atendible en sede del recurso  extraordinario,  no  justificó  la necesidad de la casación para lograr uno de  los  fines  del  control  constitucional  y  tampoco la misma se advierte en los  argumentos  expuestos.   De  conformidad con lo  previsto  en  el  inciso 2º del artículo 184 del C.P.P./2004, ese proveído es  susceptible de insistencia.   

D E C I S I Ó N  

En  mérito  de  lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  HAROLD    WILSON    CALDERÓN   GÓMEZ.   

Contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO    

1«i)  reporte  de  llamadas  entrantes  y salientes del abonado telefónico del señor  Calderón;  ii)  su  historia  clínica del año 2004; y iii) dictámenes medico  legales  de  los  años  2005 y 2016, que demostraban que el procesado no podía  empuñar  objetos con su mano hábil (sic),…, iv) fotografías que demostraban  los  cambios  morfológicos  que ha sufrido el procesado a lo largo de los años  …».   

2  Página 14 de la sentencia de segunda instancia.     

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