AP233-2017(48935)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP233-2017  

Radicación N° 48935  

(Aprobado acta Nº 017)   

          Bogotá,  D.C.,  veinticinco  (25)  de  enero  de dos mil diecisiete  (2017).   

          Procede  la  Sala  a verificar los requisitos de admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JOSÉ  WILLIAM PACAZUCA MORENO en contra de  la  providencia  que  resolvió  el incidente de reparación integral surtido en  las diligencias.    

H E C H O S  

          Fueron  sintetizados  en  la  actuación  de  la  siguiente  manera:   

“Según  denuncia  instaurada  el  1º de  septiembre  de  2014  por  la  señora […] progenitora de las menores […] de  seis  y  ocho años de edad, quien manifestó que su hija menor S.N. le comentó  que  le  quería  contar un secreto pero que no se fuera a poner brava, a lo que  ella  le dijo que para eso eran amigas, y es cuando la menor le contó que antes  amaba   a   “Paquita”,   JOSÉ  WILLIAM  PACAZUCA  MORENO,   su   padrastro,  pero  que  ahora  no  […]  el  secreto  era  que  “Paquita”  su  padrastro  le  hacía  daño,  que él veía películas donde  salían  cosas  íntimas  de mujeres y hombres y les hacía lo mismo a ellas, es  decir,  él  se  bajaba  el  pantalón  y  luego se lo bajaba a las menores, les  metía  la  parte  íntima  de  él  en  la  de  ellas, le hacía por la ardilla  (refiriéndose  a  la  vagina) y por la cola, luego que terminaba le limpiaba la  colita  con  papel  higiénico o las mandaba bañar. Así mismo refiere la menor  K.L.  que  fue  víctima  de  abuso  sexual  por “Paquita” […] ya que esto  sucedía  cuando él se bajaba el pantalón, le mostraba el pene y le quitaba su  ropa  interior a la menor, le metía el pene por la cola y por la vagina, lo que  sucedía  también  con  su  hermana  S.N.,  a  quien obligaba a ponerse como un  perrito  y  le  metía el pene por la cola, llegando incluso a que la menor K.L.  le  realizara  sexo  oral al investigado y que estos hechos comenzaron a suceder  desde  los  meses  de  enero  y  febrero  del presente año hasta (sic) días de  instaurar  la denuncia, los cuales ocurrían casi todos los días en su lugar de  residencia […]”.     

A N T E C E D E N T E S  

          1.  El  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chocontá  (Cundinamarca),  conforme la aceptación de  cargos   efectuada   por  PACAZUCA  MORENO,    dictó  sentencia  el  19  de  diciembre  de  2014,  imponiéndole  la pena principal de  prisión  por  trescientos (300) meses y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por veinte (20) años, como autor  responsable  de  la  conducta  punible  de  acceso  carnal  abusivo con menor de  catorce  años  agravado,  en  concurso homogéneo (artículos 208, 211, numeral  2º,  del  Código  Penal). Le negó la suspensión condicional de la ejecución  de   la   pena   y   la   prisión   domiciliaria.1   

          2.  Apelada  esta  providencia por la defensa, fue confirmada por el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Cundinamarca -Sala Penal- el 26 de  febrero             de             2015.2   

          3.  Ejecutoriada  esta  decisión, se inició de oficio el incidente  de  reparación  integral  y agotadas las fases correspondientes, el funcionario  a  quo,  mediante sentencia  del  27  de  abril  de 2016, condenó a PACAZUCA MORENO  al  pago  de  $5.000.000  por  perjuicios materiales y  cuatrocientos  ochenta  (480) salarios mínimos legales mensuales por perjuicios  inmateriales.3   

          4.  Impugnada  tal determinación por la defensa, fue ratificada por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Cundinamarca -Sala Penal- el 19  de          julio          de          2016.4   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          El  defensor de PACAZUCA MORENO  interpuso el recurso extraordinario para  formular  un  cargo único en  contra  del  proveído  de segunda instancia, al amparo de la causal prevista en  el   artículo   336,   numeral  2º,  del  Código  General  del  Proceso,  por  “violación  indirecta  de  la ley sustancial, como  consecuencia  de  error  de  derecho  derivado  del desconocimiento de una norma  probatoria”.   

         Asegura  que en este asunto los juzgadores de instancia, al examinar  el  dictamen del psicólogo de la defensa Belisario Valbuena Trujillo, aludieron  a  que  el  experto señaló la separación de los progenitores de las víctimas  como  la causa de su afectación psicológica luego de analizar las terapias que  les  fuesen  practicadas,  destacando  que  en  ellas se reportó la ausencia de  daño  psíquico  evidente  o  alteración  grave  en  sus  esferas  cognitiva y  funcional  y,  además,  que  la  posible  disfuncionalidad de su comportamiento  obedecía  a  los conflictos latentes en la relación con su padre; no obstante,  en  los fallos se restó importancia a todo lo anterior, bajo la prédica de que  el  objeto  de  esas  terapias  no era establecer la presencia de trauma, por no  allegarse  al expediente la base de las conclusiones plasmadas por el perito, no  realizar  éste  una valoración personal de las perjudicadas y porque al margen  de  las  diferencias  con  su  progenitor las niñas sufrieron afrentas sexuales  cuya    repercusión,    dada    su    corta    edad,    era    de    ostensible  constatación.   

En  ese  orden,  el  censor  lamenta  que la  judicatura  no  le  hubiese  conferido mérito a esa opinión calificada y sobre  todo   al   no   evidenciar   el  togado  en  las  determinaciones  cuestionadas  “los  soportes científicos por medio de los cuales  [se]  le  resta  credibilidad  a los argumentos del testigo perito, por ende, la  sentencia  carece  de  fundamentación en este aspecto concreto”. Así,   estima,  no  se  atendieron  los  parámetros  que  para  la  apreciación  del dictamen están previstos en el artículo 420 de la Ley 906 de  2004,   ya   que  el  mismo,  en  su  concepto,  se  acompasa  con  “protocolos  médicos  acreditados” al  contrario   del   criterio  del  ad  quem,  lo  que  condujo  a  una  tasación desmesurada de los perjuicios  morales  y  del  daño  a  la  vida en relación respecto de las infantes, pues,  recalca,  no  existen  en  la  actuación elementos de juicio que infirmaran las  consideraciones  consignadas  en  la  pericia, la cual, desde su punto de vista,  debía  ser acogida en la medida que está proscrito a los jueces en su labor de  ponderación  acudir  a  la discrecionalidad. En consecuencia, pide “modificar  la liquidación” de dichos  ítems.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La Sala inadmitirá  la   demanda   allegada.   Las   razones   son   las  siguientes:   

1.  El  artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  consagratorio  de  los motivos que hacen procedente la casación, refiere, en su  numeral  4º,  que  “cuando  la sentencia tenga por  objeto  únicamente  lo  referente  a  la  reparación  integral decretada en la  providencia  que  resuelva  el  incidente,  deberá  tener  como  fundamento las  causales  y  la  cuantía  establecidas  en  las normas que regulan la casación  civil”.   

De esta manera, el  artículo  338  del  Código  General  del  Proceso, regulación aplicable en el  sub  examine  al tratarse de  la  normatividad  vigente  para  el  momento  en  que  se  concedió  el recurso  extraordinario  (Cfr. CSJ AP 5802-2016, AP 6565-2016), condiciona su procedencia  si  el  valor  actual de la resolución desfavorable al recurrente es superior a  mil  (1.000)  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes. Así, cotejando el  monto  por  el  que  en  este  asunto se impartió condena pecuniaria por daños  materiales,  $5.000.000, es  decir,    siete    punto    veinticinco   (7.25)   salarios   mínimos   legales  mensuales5   y  los  irrogados  como  perjuicios  inmateriales,  cuatrocientos  ochenta  (480),  arrojan  un guarismo (487.25) inferior al requerido para acudir  ante la Corte.   

2.  Aunado a esta situación, suficiente por  sí  misma  para  rechazar la demanda, el libelo a través del cual se sustentó  el  recurso  carece  de  una  argumentación  idónea  que conduzca a colegir la  hipotética   presencia   del   vicio   invocado,   toda  vez  que  la   llana   divergencia  de  pareceres  con  respecto  al  mérito  persuasivo  conferido  por  la  judicatura  a  las pruebas recaudadas durante el  incidente  de  reparación  integral  es  el  único  soporte  del  cargo  único,  el  cual  se  diluye  en  críticas  subjetivas de libre formato y que evidencian la confusión del censor  al  evocar  las  reglas  de  apreciación del dictamen  pericial  (artículo  420  de  la  Ley  906  de 2004), haciendo abstracción del  principio  de valoración conjunta del acervo probatorio (artículos 380 ibídem  y 176 del Código General del Proceso).   

Lo  anterior  se dice, no solo al avizorarse  que  los juzgadores explicaron los motivos puntuales por los que descartaron las  conclusiones  de  aquel  dictamen,  citados  en el reproche, sino porque además  pusieron  de  relieve  cómo  este  reñía con los demás medios de convicción  válidamente   aportados   a   la   actuación.  En  ese  sentido,  el  Tribunal  acotó:   

“[…]  En el caso concreto, la juez tuvo  en  cuenta  aspectos probados como “el dolor, sufrimiento, tristeza, angustia,  miedo  originados por el daño en la psiquis de la víctima”, y afectación al  cotidiano  vivir  en  “el  área  social,  es  decir su relación con el mundo  exterior  que  modifique  en  modo  superlativo  sus  condiciones habituales, en  aspectos     significativos     de    la    normalidad    que    el    individuo  llevaba”.   

Entonces, como estos aspectos fueron tenidos  en  cuenta  por  la  juez  de  primera  instancia  para  establecer  la  condena  pecuniaria  dado que fueron acreditados con la prueba practicada en el incidente  de  reparación  integral  por  las  víctimas  como  lo reveló el padre de las  víctimas,  “las  niñas  están  en  terapias  psicológicas  para  tratar de  restaurar  o  de  reparar el daño tan brutal como ese […] no he podido lograr  que  vuelvan a reír como eran antes […] se aíslan, ni juegan con los demás,  no  socializan,  no  se  divierten  […]  no  controlan los esfínteres, tienen  pesadillas,  no  se  dejan  abrazar  de  ningún  familiar”  […]  y la madre  expresó,  “eran  unas  hijas  felices  en su momento, eran las primeras en el  colegio,  no  tengo  palabras  para  describir el cambio físico, psicológico y  emocional,  en  su  (sic)  afectación  ha sido mucha, ya no se relacionan de la  misma  manera con sus compañeros, ni siquiera conmigo misma porque me reprochan  todo  el  tiempo por errar en la confianza […] a  nivel físico su cuerpo  ya  no es el mismo, han llegado (sic) a controlar sus esfínteres, ya no duermen  solas,  se  muestran  inseguras”  […],  lo anterior encuentra respaldo en la  historia  clínica  de  K.L.D.M. “paciente de ocho años […] es muy tímida,  refiere  no  querer  hablar,  es  evasiva,  no  mira  a  los  ojos  y se muestra  agresiva”,  S.N.D.M.  “paciente  de  seis  años, me siento triste porque me  acuerdo  de  cosas  que no quiero hablar […] a veces me dan ganas de pegarle a  alguien, de ser agresiva” […].   

[…]  Así  las  cosas,  evidentemente las  menores  […]  y  sus padres sufren física, emocional y moralmente los rigores  del  brutal  abuso sexual de que fueron víctimas por varios meses por parte del  sentenciado      PACAZUCA      MORENO,  en el tiempo en que convivió con la madre de aquellas, al punto  que  la vida familiar, social y escolar no es igual a la de antes de ocurrir tan  execrables  hechos  de  difícil  olvido,  de ahí las ayudas psicoterapéuticas  para  las  menores  y su madre en aras de superar las secuelas psicológicas que  como  lo  declaró el perito forense Belisario Fernando Valbuena Trujillo, no se  pudo  establecer si las mismas serán de carácter permanente o transitorias, lo  cierto  es  que existe daño psicológico a reparar, por manera que, contrario a  lo  postulado  por  el  defensor,  no  se requiere de particular medio de prueba  -dictamen  pericial-,  dado  que en nuestro sistema judicial penal como civil no  rige  el  principio  de tarifa legal de la prueba sino el de libertad probatoria  con   valoración  racional  e  integral  […]”.6   

De   esta  forma,  polemizar  sobre  estos  razonamientos  con  base  exclusiva en el rechazo que le genera al recurrente el  que  no coincidan con su postura parcializada, es insuficiente para acreditar un  error  relevante  en  casación,  en  especial,  cuando  aquellos  se  remiten a  circunstancias  objetivas sopesadas a partir de elementos de prueba concordantes  y  que  reportaban  aristas consistentes con la naturaleza del delito por el que  se  profirió  sentencia.  Por  consiguiente,  resulta infundado sugerir que los  mismos se apoyan en el capricho o la arbitrariedad.   

Ahora,  si  de  demostrar  yerros  en  ese  ejercicio  intelectivo  se  trataba  debió acudirse a la denuncia de errores de  hecho  por  falsos  juicios de existencia, identidad o raciocinio y evidenciarse  que  en la contemplación material, no jurídica de las pruebas, se incurrió en  una  de  dichas falencias, metodología conceptual que brilla por su ausencia en  la censura.   

En   otras   palabras,  el  hecho  que  el  casacionista  manifieste  su discrepancia con la tesis transcrita en precedencia  no   implica,  per  se,  la  comisión   de   infracción  alguna,  aunado  a  que  en  nuestro  ordenamiento  jurídico,  según  se  anotó  en  el fallo atacado, rige el principio de libre  apreciación   probatoria,   de   modo   tal   que   el   juez  goza  de  cierta  discrecionalidad  para  acometer  esa tarea solo limitado por los parámetros de  la  sana  crítica  sin  que  se  haya  acreditado  en  este asunto, se insiste,  transgresión   a   esas   variables   al   haber   explicado   el  ad  quem  de manera razonada y explícita  el  alcance  persuasivo  de  los  elementos  de  juicio aportados al proceso. Es  decir,  el  dictamen  aludido cumplió con la función de constituir un medio de  convicción  a  considerar  por  los  juzgadores y desde esa óptica ostentó un  papel  orientativo, más no definitorio, a la hora de resolver el debate materia  de  diligencias, por tanto el sentenciador estaba facultado para desestimarlo al  advertir  su  disparidad  con las demás pruebas recaudadas en el trámite (Cfr.  CSJ SP, 06 Mar 2013, Rad. 39559).   

3.  Recapitulando, se tiene que el defensor,  sin  reunir los requisitos que le conferían interés para postular su caso ante  la  Corte,  se  dedicó  a  disentir  de la valoración probatoria agotada en la  actuación  asumiendo  que  esta  Corporación fungía como un cuerpo consultivo  con  la  función  de  zanjar  esa  disparidad,  sin  demostrar a través de los  lineamientos  anejos  a  esta  sede  vicios  trascendentes  que  desvirtuaran la  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  cobija al fallo impugnado y de esta  manera  aspira,  de  forma  errónea,  prolongar  un  debate que feneció con la  emisión  de  la  sentencia  de  segundo grado. Diagnóstico que se consolida al  cotejar  la  errática  petición  que  eleva  a la Sala dirigida a que este sea  modificado, o sea, como si de un alegato de instancia se tratara.   

          Por  contera,  conforme  se anticipó, la demanda será inadmitida,  además  porque no se avizora  la  necesidad  de  superar  sus  defectos  o  percibirse  de  su contexto que se  requiera  de  un  fallo  para  cumplir con alguna de las finalidades del recurso  (artículo 184 de la Ley 906 de 2004).   

4.  Por  último, debe recordarse que frente a esta determinación tiene  cabida  el mecanismo de insistencia de acuerdo con lo señalado en el auto de 12  de diciembre de 2005, emitido en el radicado 24322.   

         

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el defensor   de   JOSÉ  WILLIAM  PACAZUCA  MORENO   en   contra  del  proveído             proferido  por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial      de     Cundinamarca     -Sala    Penal-    el    19  de  julio de  2016.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia   

Cópiese, comuníquese y cúmplase  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr.  Folio  17  y  siguientes  cuaderno  actuación.   

2  Cfr. Fl. 28 y s.s íbídem.   

3  Cfr. Fl. 238 ídem.   

4  Cfr. Fl. 12 y s.s cuaderno Tribunal.   

5  Conforme  el Decreto 2552 de 2015, el salario mínimo  legal  mensual  vigente  para  2016,  fecha  en la que se dictó la sentencia de  segunda instancia, es de $689.455.   

6  Cfr. Fl. 8 y s.s sentencia de segunda instancia / Fl.  219 y s.s cuaderno Tribunal.     

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