AP2294-2015(40913)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP2294-2015  

Radicación No. 40913  

(Aprobado   Acta  No.148)   

Bogotá D.C., veintinueve (29) de abril de dos  mil quince (2015).   

Se     pronuncia    la    Sala  sobre la admisión de la demanda de  casación  presentada  por el defensor de JOSÉ MANUEL  BARRETO   TAPIERO   acusado   por   el   delito   de  Tráfico,    fabricación    o    porte  de estupefacientes, contra la sentencia proferida por el Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de  Florencia,  Caquetá1  el  2  de  octubre  de 2012, mediante la cual confirmó la  emitida  por  el  Juzgado  Promiscuo  del circuito de  Puerto   Rico2,   de  fecha  28  de  marzo del mismo año.     

ANTECEDENTES  

Fueron   registrados   por   el   juzgador   de  segunda  instancia  de  la  siguiente  manera3:   

«El 16 de febrero de 2012, aproximadamente  a  las  17:50  horas,  se dio captura en flagrancia al  señor    JOSÉ   MANUEL   BARRETO   TAPIERO,   como  consecuencia  del  allanamiento realizado en la vivienda de su propiedad ubicada  en  la  carrera 5 No. 1B –  60  del  barrio  Turbay  de  Puerto Rico, Caquetá, donde se halló debajo de un  fogón  de  leña  ubicado  en  el  patio  una  especie  de  caleta, tres bolsas  plásticas  de  color  transparente,  las  cuales  en  su interior contienen una  sustancia  sólida con características similares a la base de coca, con un peso  neto  de 2.669 gramos, motivo por el cual fue privado de su libertad».   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

La  audiencia  preliminar  concentrada  de  legalización  de  allanamiento,  legalización  de  la captura, formulación de  imputación  e imposición de medida de aseguramiento en contra del procesado se  surtió    el    17    de    febrero    de    20124 ante el Juez Primero Promiscuo  Municipal  con  función  de  control de garantías de Puerto Rico, Caquetá, en  cuyo  desarrollo  la  Fiscalía  le  imputó  a  JOSÉ MANUEL BARRETO TAPIERO el  delito  de  Tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes, cargo que fue  aceptado        por       el       incriminado5   estando   asistido  por  su  defensor,  de  forma libre, consciente, voluntaria e informada.  Asímismo,  le  fue  impuesta  la  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en  establecimiento              carcelario6.   

Posteriormente, el 5 de marzo de igual año,  la  Fiscalía  Diecisiete Seccional Delegada presentó ante el Juzgado Promiscuo  del  Circuito  de  Caquetá, escrito de acusación con allanamiento a cargos por  el     delito     que     le     fue     imputado7.   

El 9 de marzo de 2012 el Juzgado Cuarto Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de garantías de Florencia sustituyó la  medida  de  aseguramiento de detención preventiva en establecimiento carcelario  por       la       reclusión      domiciliaria8.   

La audiencia de verificación de la legalidad  del  allanamiento a cargos e individualización de la pena y sentencia y lectura  del  fallo  tuvo  lugar  el  28  de  marzo  de  20129,  en  el  curso  de la cual el  a    quo   declaró   su  conformidad   legal,   le   impartió   aprobación10  y condenó al procesado como  autor  penalmente  responsable  del  delito de Tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes,  a  la  pena  principal  de  ciento un mes veinticinco días de  prisión,  multa  de  dos  mil  doscientos  cincuenta  salarios mínimos legales  mensuales   vigentes;  a  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  punición  principal y le negó el subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena,  al  igual  que  la  prisión domiciliaria11.   

Recurrida    la    decisión    por   la  defensa12,  el  2 de octubre de la misma anualidad la Sala de Decisión Penal  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Florencia, Caquetá confirmó la  pena   impuesta  a  JOSÉ  MANUEL  BARRETO  TAPIERO13.   

LA DEMANDA  

          Con  sustento en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004 en su causal  primera,  el  apoderado del procesado formula un cargo por violación directa de  la  ley  sustancial  contra  la  sentencia  emanada  del  Tribunal  por falta de  aplicación  del artículo 1º de la Ley 750 del 2002 y de los artículos 4, 5 y  44   de  la  Constitución  Política  que  se  hallan  llamadas  a  regular  el  caso.    

          En  desarrollo de su fundamentación, el impugnante precisa que debe  ser  casado  el  numeral  primero  de  la  sentencia emitida por el ad  quem, en cuanto revocó la detención  en  el  lugar de residencia del procesado por prisión intramural.  Destaca  que  en el presente asunto se cumplen a cabalidad los requisitos establecidos en  el  artículo 1º de la Ley 750 de 2002 y las demás exigencias desarrolladas en  la  «Sentencia  del 16 de  junio       de      2003,      rad      17089»14,        debido  a  la  condición  de  padre  cabeza  de  familia  y  único  progenitor sobreviviente y a cargo de su hijo menor de edad.   

Destaca que la condición de padre cabeza de  familia  le fue reconocida a su defendido desde el 9 de marzo de 2012, cuando el  Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de garantías le  concedió  el beneficio de la detención en su lugar de residencia bajo la misma  consideración  que  le  sirve de sustento, y que pese a que el Tribunal retomó  en  su  decisión  los requisitos planteados por la Corte Suprema de Justicia en  su  jurisprudencia,  se  apartó  de  ella  con  consideraciones subjetivas, sin  fundamento  jurídico y una corta manifestación de que el procesado constituía  un  peligro  para  la sociedad, la salubridad pública y para su hijo menor, sin  haber  indagado  previamente  su  desempeño  familiar,  social  y personal para  constatar  que  carece  de antecedentes penales, que se desempeña como profesor  de  escuela  desde  hace  más de quince años y que es un hombre de familia con  arraigo  en  Puerto  Rico,  Caquetá,  lo  que  justificaría  la concesión del  subrogado.   

Igualmente,   destaca   que  los  derechos  fundamentales  de los niños fueron desconocidos y que fue irresponsable el juez  de  segundo  grado al afirmar que existían familiares que podían hacerse cargo  del  menor,  mencionando  ambiguamente  a  la  compañera  permanente  o,  en su  defecto,  el  Instituto  Colombiano  de  Bienestar Familiar, sin que previamente  hubiera ordenado estudios o averiguaciones al respecto.   

CONSIDERACIONES  

Único cargo.  

La  Sala inadmitirá la demanda de casación  que  se  estudia  por  no  cumplir los requisitos mínimos referidos a la debida  sustentación  de los cargos propuestos, ni satisfacer los presupuestos básicos  de  idoneidad  sustancial  necesarios  para  la  realización  de  los fines del  recurso.   

          Como  bien  es  sabido,  el  artículo  180 de la Ley 906 de 2004 le  atribuye  al  recurso  extraordinario  de  casación la finalidad de alcanzar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de los agravios inferidos y la unificación de  la  jurisprudencia;  propósitos  que  se  cumplen  a  través  de alguna de las  causales  de  procedencia  de  este  medio de control constitucional       y      legal15 consagradas  en  el artículo 181 ibídem,  que  impone  al  recurrente  el deber de realizar una argumentación dirigida en  evidenciar la inconstitucionalidad e ilegalidad de la decisión.   

A  efectos  de  cumplir con ese objetivo, el  actor  está  obligado  a  presentar  los  cargos  de  manera  clara,  precisa y  coherente,  de  acuerdo  con el sentido de la causal seleccionada, de tal manera  que  sean en sí mismos suficientes como medio para materializar el principio  de  limitación  a  la hora de  resolver  el  recurso, evitando que la Corte asuma competencias atribuidas a los  jueces  del  juicio,  teniendo  siempre  de presente que  no constituye una  tercera  instancia  como  pareciere  entenderlo  el  censor,  pues no es posible  postular  en  su  interior  un debate probatorio ajeno a la causal aducida, sino  que  debe tenerse como un instrumento extraordinario, por cuyo medio y a través  de  las causales taxativamente señaladas en la ley y escogidas en el libelo, se  ataque  el  fallo  de  segunda  instancia con pleno acatamiento a las reglas que  rigen la impugnación extraordinaria.   

En   el  presente  asunto,  el  recurrente  denuncia  la  violación directa de la ley sustancial  –artículo 1° de la Ley  750  de  2002-  aduciendo  que  a  pesar  de haberse acreditado que su prohijado  ostenta  la  condición  de  padre  cabeza de familia, el juzgador se abstuvo de  concederle el beneficio sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Teniendo en cuenta  que  el  recurrente  acudió  a la vía directa debió proponer y desarrollar el  sentido   del   ataque   allí  previsto,  pues  si  se  censuraba  la  falta  de  aplicación  del  precepto  que  regula  la  prisión  domiciliaria  para  el  padre cabeza de familia contenido en la Ley 750 de 2002,  ha  debido  acreditar que estando admitido por los jueces el cumplimiento de las  exigencias  consagradas en el artículo 1º de tal normatividad, no se concedió  la  consecuencia jurídica prevista en la norma, esto es, su reconocimiento para  el caso concreto.   

          Sin  embargo,  este no fue el enfoque dado por el censor al presente  asunto,  pues  además  de  que no se ocupó de demostrar el asentimiento de los  juzgadores  respecto  al  cumplimiento de las exigencias normativas, verificados  los  fallos  se  constata  que, en parte alguna de las providencias se encontró  satisfecho  el  requisito relacionado con la ausencia de peligro para el menor y  para  la  comunidad  con  la  detención  domiciliaria  del  infractor,  como se  advierte    en   el   siguiente   apartado   del   fallo   impugnado16:   

«Al  verificar  la conducta por la cual se  condenó  a  JOSÉ  MANUEL  BARRETO  TAPIERO, -Tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes-,  ENCUENTRA  LA Sala que la convivencia con su hijo pondría en  riesgo  el  interés  superior que le asiste, dado que la repentina decisión de  conservar  en  el mismo inmueble de habitación común sustancias estupefaciente  cuando  venía  procurando el sustento suyo y de su familia en forma lícita, no  asegura  que  la integridad física y moral del menor permanecerá intacta, pues  a  sabiendas  de  la  responsabilidad que como padre tiene de proteger y brindar  bienestar  a  su  hijo,  no  dudó en recurrir a la actividad delincuencial, sin  importarle  el  riesgo y las consecuencias que podría traerle a su familia, con  tal de obtener beneficios económicos».   

Contrario a esta obligación demostrativa, el  recurrente  fundamenta su solicitud en manifestar que, por una lado, el Tribunal  no  consultó,  averiguó  o  indagó  respecto al desempeño familiar, social y  personal   de  su  representado  omitiendo  tener  en  consideración   sus  circunstancias  personales,  sociales y familiares, además de que no contar con  antecedentes  penales,  ni  de  ninguna  otra índole y; por otro lado, que a la  hora  de  valorar la concesión del subrogado de la prisión domiciliaria, no se  tuvo en cuenta al menor de edad.   

De   manera,  que   la  solicitud  se  fundamenta   en   la  ausencia  de  actividad  probatoria,  en  la  omisión  de  apreciación  de  la  prueba  y  en la falta de aplicación de las consecuencias  jurídicas  derivadas  de  ella,  yerros  que según el inconforme produjeron la  negación  del  subrogado  de  la  prisión  domiciliaria.  Siendo así, el  cargo  debió  ser  propuesto  y  sustentado  a  través de la causal tercera de  casación,  exponiendo  de  manera clara y concisa de qué manera el Tribunal le  restó  capacidad demostrativa a los elementos de juicio que cumplían con todos  los  requisitos  para  ser  valorados  a  favor  de la concesión de la prisión  domiciliaria  (falsos  juicios  de convicción); o si por el contrario, el yerro  del  fallador,  en su entender, recae sobre las reglas de apreciación sobre las  que  se  fundó la sentencia y debió igualmente explicar en qué consistió ese  desacierto (falsos juicios de existencia, identidad o raciocinio).   

Como  puede  advertirse,  la  vía de ataque  escogida  por el censor no se compadece con la sustentación brindada pues   limita  su  argumentación  a  exhibir  su  desacuerdo  con  la  postura  de las  instancias  frente  a  la  figura  de  la  prisión  domiciliaria  a favor de su  prohijado  por  su  condición  de  padre cabeza de familia, ofreciendo, para el  efecto,  su  postura  en  relación  con  el  alcance  que debió dársele a las  pruebas acopiadas en el proceso.   

          Así,   la  argumentación  de  ninguna  manera  se  enmarca  en  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  cuando la inconformidad lo era de  orden  fáctico  y  probatorio,  al punto de expresar su disentimiento afirmando  que  no  se  le concedió el subrogado de la prisión domiciliaria, «sin  tener un solo argumento válido o  prueba  que  les  permita  inferir  dicha  afirmación  que  no corresponde a la  realidad     …»17,  dirigiendo   entonces  su  argumentación  a  la falta de valoración de los medios  probatorios  incorporados,  inconformidad que, como se ha manifestado, ha debido  invocarse  por  la  senda  de la causal tercera de casación, cumpliendo con las  exigencias debidas y no por la vía de la violación directa.   

          Del  mismo  modo,  el escrito es inidóneo sustancialmente, toda vez  que  el  fallo de primera instancia, que conforma una unidad inescindible con la  decisión  del Tribunal por cuanto éste la confirmó integralmente e hizo suyos  los  argumentos  allí  planteados,  admitió  que  se  hallaba  probado  que el  procesado  era  quien  propendía por las necesidades económicas y afectivas de  su  hijo, con lo cual los argumentos que soportan las reclamaciones del defensor  se  tienen  por  verificados  en  los  términos reclamados por la defensa en el  recurso  extraordinario,  razón  por  la  que  resulta  indiscutible  que no se  cometieron  yerros  en  la  apreciación  probatoria, solo que, adicionalmente a  ello,  los  jueces  de  instancia,  partiendo  del  criterio  planteado  por  la  Sala18,  dedujo  la  necesidad de ponderar estas necesidades del menor con  el  aseguramiento  de  su  seguridad  y  la  de  la  comunidad, que los llevó a  considerar   que,   dadas   las   condiciones  en  las  que  se  desarrolló  el  comportamiento  delictivo,  tales como la cantidad de estupefaciente hallado, el  lugar  de  ocultamiento  y  el  ámbito  de  desarrollo  laboral  del  procesado  –profesor  de  jóvenes  estudiantes  de colegio-, no procedía la concesión de la prisión domiciliaria  conforme  con  la  Ley  750  de  2002,  esto es, debido a su condición de padre  cabeza de familia.   

          En esta vía de apreciación la Sala ha sostenido que:   

«Lo  anterior  significa  que  no  está  prohibida  la  confrontación, en cada caso, de las circunstancias constitutivas  del  interés superior del menor con las condiciones personales en el imputado o  autor  del  injusto que justifiquen la procedencia de la detención preventiva o  de  la ejecución de la pena privativa de la libertad, en la medida en que estas  últimas  manifiestan  valores  constitucionales opuestos que, por el solo hecho  de  contar  con  un  peso  abstracto  menor,  no  pueden  ser  excluidos  de  la  sindéresis judicial.   

2.2.7. Si no fuera  de   esta   forma,   habría   consecuencias  jurídico-penalmente  indeseables.  Piénsese,  por  ejemplo,  en  el  hecho  de  concederle  a  un  miembro  de una  estructura  organizada  de  poder,  responsable  de  graves  violaciones  a  los  derechos  humanos  o  con  un  considerable registro de antecedentes penales, la  posibilidad  de  continuar en su casa con actividades  criminales  de  alta repercusión social, o de impedir  con  eficiencia  la  reiteración  de  las mismas, tan sólo por el hecho de ser  padre  o  madre cabeza de familia de un menor a quien tal decisión apenas en un  cierto grado beneficiaría.   

2.2.8.   Por  último,  no  es  posible  sostener  que  los artículos 314 numeral 5 y 461 del  Código  de  Procedimiento  Penal  derogaron  los  requisitos establecidos en el  artículo  1  de  la  Ley  750 de 2002 en lo atinente a la figura de la prisión  domiciliaria para la persona cabeza de familia.»   

          Con   base   en   lo  anterior,  resulta  oportuno     reiterar  que  la  mera  condición  de padre cabeza de familia  no  conlleva  per   se  el  reconocimiento   del   instituto   de  la  prisión  domiciliaria  a      su     favor      pues     como    viene    de  verse, no es esta la única  condición  que  la  normatividad  impone,  sino  que  adicionalmente  a ello es  necesario  verificar  si  el  delito por el que resultó condenado quien ostenta  esta  condición no es incompatible con el interés superior del menor porque le  represente peligro para su integridad física o moral.   

Sumado    a   lo   anterior,  en  varias  oportunidades  la  Sala19   ha   señalado  que  el  análisis  de  la  gravedad  del  delito,  de cara a  determinar  el  posible  peligro para la comunidad, no solo puede, sino que debe  abordarse   al  momento  de  analizar  el  presupuesto  subjetivo  que  para  la  concesión    de    la    prisión   domiciliaria   consagra   el   citado     precepto,    análisis   que   condujo  a los jueces del proceso  a  concluir en la necesidad de purgar la pena en establecimiento  carcelario,  en  orden a preservar la seguridad de la  comunidad.   

Recuérdese que  la     Ley     750     de     2002    establece    que   el   hombre     o     la    mujer  cabeza  de  familia tienen  la  posibilidad  de cumplir la  ejecución  de la pena privativa de la libertad en su  domicilio   siempre  y  cuando  se acredite el cumplimiento de los requisitos  establecidos  en  el  artículo  1º de la normativa, esto es, que el desempeño  personal,  laboral,  familiar  o  social  permitan  determinar que no pondrá en  peligro  a  la  comunidad  o  a las personas a su cargo, hijos menores de edad o  hijos  con  incapacidad  mental  permanente,  que  no  se  trate  de  delitos de  genocidio,  homicidio,  delitos  contra las cosas o personas y bienes protegidos  por  el derecho internacional humanitario, extorsión, secuestro y desaparición  forzada  o quienes registren antecedentes penales, salvo que se trate de delitos  culposos           o           políticos20.   

Del mismo modo, dejó de lado el profesional  del  derecho  tener  en  cuenta  la  gravedad  de  la conducta juzgada, elemento  advertido  por  los  falladores para justificar que el aquí condenado no podía  ser  acreedor  a  la prisión domiciliaria en la medida en que esa circunstancia  impedía  un  pronóstico  favorable  a  su  favor,  aspecto  que  la  Sala  no puede dejar de considerar  al  confrontar el interés  superior  del  menor  con  las condiciones personales  del   enjuiciado,   la  gravedad  del  delito  y  la  propia  seguridad  del  infante, que justifiquen  la  procedencia  de  la  detención  preventiva  o  de  la ejecución de la pena  privativa de la libertad.   

En   esa   medida,   si   los     juzgadores    de    instancia    determinaron    que    el  procesado  debía  cumplir  la  pena privativa de la  libertad      en      un      establecimiento      carcelario,      considerando  las  condiciones  que  rodeaban  a  su  hijo menor y  además   la   gravedad   de  la  conducta  punible  endilgada  y  el  peligro  que  representaba para la  comunidad, la conclusión no puede ser otra a que no  violó  el  artículo 1° de la ley 750 de 2002, que consagra el beneficio de la  prisión   domiciliaria   para  quien  ostente  la  condición  de  padre cabeza de familia.   

Finalmente,  la Corte no considera necesario  intervenir  oficiosamente para efectos de examinar la posibilidad de aplicar por  favorabilidad  la Ley 1709 de 2014, respecto de los subrogados de la suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y prisión domiciliaria negados por las  instancias,  pues,  precisamente,  el artículo 32 de la nueva normatividad, que  modifica  el  artículo  68-A de la Ley 599 de 2000 y se halla inescindiblemente  ligado  a  los  requisitos  establecidos  en  los  artículos  38  y 63 ibídem,  advierte   que   estos   beneficios   no   pueden  otorgarse,  entre  otros,  en  «delitos   relacionados   con   el   tráfico   de  estupefacientes y otras infracciones».   

Debido  a  que  la  Sala no puede suplir las  deficiencias  ni  corregir  las  imprecisiones  de  la  demanda,  en  virtud del  principio de limitación que  gobierna  este  instrumento, a más de la inidoneidad sustancial del reclamo, se  impone  su  inadmisión,  sin  que se advierta la necesidad de que se precise de  fallo   de   fondo   para   el  cumplimiento  de  alguno  de  los  fines  de  la  casación.   

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido  definidas  por  la  Sala  desde  el  año 200521,  a cuyas consideraciones se  remite.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

Primero.   Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado  José Manuel Barreto Tapiero.   

Segundo. Contra esta  decisión  procede  la  insistencia,  en  los  términos  del  artículo 184 del  Código de Procedimiento Penal.   

Tercero.  En firme  esta    determinación,    devuélvanse   las   diligencias   al   Tribunal   de  origen.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

              

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Folios 26 a 40 de la carpeta de segunda instancia.   

2 Cfr.  Folios 41 a 43 de la carpeta del proceso.   

3 Cfr.  Folio 40 de la carpeta de segunda instancia.   

4 Cfr.  Folios 8 a 12 de la carpeta del proceso.   

5 Cfr.  Específicamente folio 9 ibídem.   

6 Cfr.  Folios 8 a 12 ibídem.   

7 Cfr.  Folio 27 a 29 de la carpeta del proceso.   

8 Cfr.  Folios 24 y 25 de la carpeta de apelaciones.   

9 Cfr.  Folios 41 a 43 Ibídem.   

10 Cfr.  Específicamente folio 43 ibídem.   

11  Cfr. Folios 42 y 43 ibídem.   

12  Cfr. Folios 95 a 110 157 ibídem.   

13  Cfr.   Folios   26   a  40  de  la  carpeta  de  segunda  instancia.     

14  Cfr.  Folio  53  del  cuaderno  del  proceso.  En realidad corresponde a la  decisión   de   16   de   julio   dentro   del   radicado   referido   por   el  demandante.   

15  Articulo 235 numeral 1 de la Constitución.   

16  Cfr. Folios 32 y 33 del cuaderno de segunda instancia.   

17  Cfr. Folios 52 y 53 ibídem.   

18  Cfr. CSJ. SP., 22 jul 2011, Rad. 35943.   

19  Cfr.   CSJ.    AP,   29   sept.   2010,   Rad.   34939,   y   CSJ.   SP6699,   14   mayo   2014,  Rad.  43524.   

20  Cfr.   CSJ.  SP.,  23  marzo 2011, Rad. 34784.   

21  Cfr. CSJ AP, 12 dic. 2005, Rad. 24322.     

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