AP2189-2015(45439)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP2189-2015  

Radicación Nº 45439  

(Aprobado mediante Acta No. 148)  

          Bogotá   D.C.,   veintinueve  (29)  de  abril  de  dos  mil  quince  (2015).   

La Sala se pronuncia sobre la admisibilidad de  la  demanda de revisión presentada por CARLOS ALBERTO FARIGUA CASTRO, a través  de  apoderada,  contra  la  sentencia de octubre 24 de 2008, mediante la cual la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó la proferida por el  Juzgado  52  Penal  del Circuito de Conocimiento el 30 de noviembre de 2007, que  lo  condenó a las penas principales de 8 años y 6 meses de prisión y multa de  270  salarios  mínimos, como autor del concurso de delitos de fraude procesal y  obtención de documento público falso.   

ANTECEDENTES  

1.  La  situación  fáctica  fue  sintetizada  en la sentencia de segunda instancia de la siguiente  manera:   

“En las fechas 30 de julio, 1 y 13 de agosto  y  3  de  septiembre  de  2005, el señor Carlos Alberto Farigua Castro, obrando  -sin  mandato-  como  agente oficioso de FUNDAVID, intervino ante la Notaría 38  del   Círculo   de   Bogotá   en   el   otorgamiento  de  dieciocho  (18) escrituras públicas, por medio de  las  cuales se perfeccionaron varios contratos de compraventa respecto a sesenta  y  dos  (62)  apartamentos  de  la  agrupación  de  vivienda de interés social  ‘Samaria  III’,  ubicada  en  la  localidad  de Bosa  (Bogotá).  Asimismo,  la  persona  aludida realizó la inscripción de aquellos  títulos  en  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos Públicos del Distrito  Capital.   

“En virtud de  los  hechos  traídos  a  colación,  el  28 de octubre del año 2005, el otrora  Representante  Legal  de FUNDAVID -persona jurídica que detentaba el derecho de  propiedad  sobre  los inmuebles mencionados en el ordinal precedente-, denunció  ante  la  Fiscalía  General  de  la Nación al ciudadano Carlos Alberto Farigua  porque  éste  participó  en  el  otorgamiento  y  registro  de  18  escrituras  públicas,  por  medio de las cuales se quiso efectuar la tradición del derecho  de  dominio  sobre  el  mismo número de inmuebles, los cuales eran viviendas de  interés social”.   

2.  Agotado  el  procedimiento  ordinario,  mediante  sentencia  de  30  de  noviembre de 2007 el  Juzgado  52  Penal  del  Circuito  de Conocimiento de Bogotá condenó a FARIGUA  CASTRO  a  las penas principales de 8 años y 6 meses de prisión y multa de 270  salarios  mínimos  mensuales  legales  vigentes,  como  autor  del  concurso de  delitos   de   fraude   procesal  y  obtención  de  documento  público  falso.   

El Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  en decisión de octubre 24 de 2008 proferida al resolver el recurso de  apelación  interpuesto  por  la defensa del enjuiciado, confirmó integralmente  la sentencia de primer grado.   

Esta  Sala,  en  auto  de  mayo  19 de 2011,  inadmitió  la  demanda  de  casación  instaurada  por  el  defensor de FARIGUA  CASTRO.   

3.  En  escrito de  febrero  19  de  2015, la mandataria judicial del condenado presentó demanda de  revisión  con  fundamento  en las causales previstas en los numerales 3° y 7°  del artículo 192 de la Ley 906 de 2004.   

       4.  Los  Magistrados  José  Leónidas  Bustos  Martínez,  José Luis  Barceló  Camacho,  Fernando  Alberto  Castro  Caballero  y  María  del Rosario  González  Muñoz  solicitaron  ser  apartados  del  conocimiento  del  presente  trámite  por  haber  suscrito  el  auto que inadmitió la demanda de casación;  impedimento que fue aceptado por la Sala el 25 de marzo de 2015.   

LA DEMANDA  

Con    fundamento   en   las   causales  establecidas         en         los  numerales  3°    y   7°  del  artículo 192    de    la    Ley    906       de       2004,              la  representante     de  FARIGUA      CASTRO  reclama         la         revisión  de  los  fallos    condenatorios   de   primera   y   segunda  instancia.   

1. En desarrollo de  la  pretensión,  indica  inicialmente  que su mandante fue condenado como autor  del  delito  de  fraude  procesal  por haber inducido en error al Notario 38 del  Círculo  de  Bogotá  para que extendiera varias escrituras de contenido mendaz  que  posteriormente fueron registradas en la Oficina de Registro de Instrumentos  Públicos.   

          Esa   determinación  se  ajustaba  al  criterio  jurisprudencial que para entonces sostenía la Sala de Casación Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia, que entendía que el acto de inducir en error  al funcionario notarial perfeccionaba esa conducta punible.   

          Agrega  que  con  posterioridad  a  la  emisión  de  los  fallos cuya revisión se pretende, concretamente en sentencia  de  abril  21  de 2010, reiterada en sentencias de 16 de octubre de 2013 y 25 de  junio  de 2012, esta Corporación modificó su criterio respecto de ese problema  jurídico  para  afirmar,  en  cambio,  que  el  hecho  de inducir en error a un  Notario  no  actualiza el reato de fraude procesal, como quiera que aquéllos no  ejercen  funciones  judiciales  ni  administrativas,  ni  tienen  la  calidad de  servidores públicos.   

         Igual  ocurre con la inducción en error  del  registrador  de  instrumentos públicos, que de acuerdo con lo sostenido en  auto  de  septiembre  10 de 2014, radicado 43.716, tampoco perfecciona el delito  contra la administración de justicia.   

         Así  las  cosas,  afirma configurada la  causal  de  revisión definida en el numeral 7° del artículo 192 de la Ley 906  de  2004, como quiera que se surtió un cambio jurisprudencial determinante para  la situación de FARIGUA CASTRO favorable para él.   

         2.  En  lo que  tiene  que  ver  con  la  causal  de  revisión prevista en el numeral 3° de la  disposición  en cita, la demandante aduce que «en el  expediente…se  aportaron  pruebas documentales sobre las cuales el fallador no  se  pronunció  y que, de haberlo hecho, con toda certeza habría conducido a la  absolución o declaración de inimputabilidad de FARIGUA CASTRO».   

         En  ese  sentido y luego de transcribir apartes de las sentencias de  primer  y  segundo grado, sostiene que los juzgadores entendieron erradamente la  figura  de  la  agencia  oficiosa  y,  a  partir de esa equivocada comprensión,  declararon la responsabilidad penal del condenado.   

       

              Ello  no  hubiera   ocurrido   si   los   sentenciadores  hubiesen  valorado  las  pruebas  documentales  que  fueron  aportadas a las diligencias, en concreto, la copia de  una  sentencia  proferida  por  la  Sala de Casación Civil de esta Corporación  «del  año  1941»  y  las  «expedidas  por  la  Superintendencia de Notariado y  Registro respecto del tema de la AGENCIA OFICIOSA».   

         Así,  concluye que tanto «el  Juez  52  Penal  del  Circuito  de  Bogotá…como  el Tribunal  Superior  de  Bogotá…le  dieron  una  apreciación caprichosa y arbitraria al  postulado de la AGENCIA OFICIOSA».   

         3.  Desde otra  perspectiva,  la  accionante  dice  demandar  en  sede  de revisión – aunque no  invoca  ninguna  causal para ello – la «ilegalidad de  la  pena,  toda vez que la impuesta al señor FARIGUA CASTRO no está consagrada  en el Ordenamiento Penal Colombiano».   

         Indica  que  los  juzgadores  consideraron  que  el delito de fraude  procesal  está  reprimido  con  pena  de  96  a 216 meses de prisión y, en tal  razón,  por  la  comisión de esa conducta le impusieron la sanción de 8 años  de prisión.   

       

           Señala que  el  marco  punitivo  correspondiente  al  fraude  procesal,  de  acuerdo  con el  artículo  453  de  la Ley 599 de 2000, modificado por el artículo 11 de la Ley  890  de 2004, es el de 6 a 12 años de prisión, de modo que las sentencias cuya  revisión  reclama  comportan  la  violación  de los derechos a la igualdad, la  seguridad jurídica, la legalidad de la pena y la proporcionalidad.   

                    

CONSIDERACIONES  

1.  De conformidad  con  lo establecido en el numeral 2º del artículo 32 de la Ley 906 de 2004, la  Corte  es  competente  para conocer de la demanda de revisión presentada por la  apoderada  de  CARLOS  ALBERTO  FARIGUA  CASTRO,  pues  se  promueve  contra una  sentencia   dictada   por   el   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá.   

          2.   La   Sala  ha  sostenido  de  manera  reiterada  que  la  acción  de  revisión es un mecanismo judicial especial que  constituye  una excepción al principio de la cosa juzgada, en tanto que por esa  vía  se  pretende  dejar  sin  efectos  la intangibilidad de la declaración de  justicia  contenida  en  una  sentencia ejecutoriada, siempre que se acredite la  configuración  de  cualquiera  de  las  causales  previstas  para  ello  en  el  artículo 192 de la Ley 906 de 2004.   

De  allí que el legislador haya establecido  no  sólo  causales taxativas para su procedencia, sino requisitos de forma y de  fondo  de la demanda cuya satisfacción resulta indispensable para que exista un  pronunciamiento   favorable  sobre  su  admisión  y  se  disponga  el  trámite  correspondiente,  pues  su  cumplimiento constituye el primer examen a realizar,  de conformidad con el artículo 195 ibídem.   

Entre  los  requisitos  exigidos  para  la  admisión  de  la  acción  se  encuentran algunos de carácter general, comunes  para  todos  los casos, y otros de carácter específico, exigibles en razón de  la naturaleza de la causal invocada.   

En lo que tiene que ver con los primeros, el  artículo  194  de la codificación en cita exige que el demandante i) determine  la  actuación  procesal  cuya  revisión  solicita,  con la identificación del  despacho  que  produjo  el  fallo;  ii)  el  delito  o  delitos que motivaron la  actuación  procesal;  iii) la causal que se invoca y los fundamentos de hecho y  de  derecho en que se apoya la solicitud; iv) la relación de las evidencias que  fundamentan  la  petición;  v) el aporte de copia de las sentencia de primera y  segunda   instancia,   según   el   caso,  así  como;  vi)  constancia  de  su  ejecutoria.   

          En  el presente asunto no ofrece ninguna controversia la observancia  de  los  requisitos generales aludidos, pues la interesada, a pesar de la escasa  claridad  que exhibe el libelo, realizó las precisiones argumentativas exigidas  y     acompañó    la    demanda    con    los    documentos    referidos    en  precedencia.   

          En  consecuencia,  la  Corte  examinará  la  satisfacción  de  los  requisitos   atinentes   a  cada  una  de  las  causales  invocadas,  de  manera  discriminada  y  en  el mismo orden en que fueron presentadas por la demandante.   

          3.  Así  las  cosas y en lo que tiene que  ver  con  la causal de revisión definida en el numeral 7° del artículo 193 de  la  Ley  906  de  2004,  la Sala debe partir por señalar que ésta se configura  cuando    mediante    pronunciamiento    judicial,    la   Corte,   actuando  como  «órgano de cierre de la  jurisdicción        penal        ordinaria»1,  modifica  favorablemente  el  criterio  jurídico  que  sirvió  para  sustentar  la decisión que se somete a  revisión.   

          La  precisión  precedente  resulta  relevante  porque la accionante  invoca,  como  soporte  de  su pretensión, cuatro providencias; mientras dos de  ellas  sí  constituyen  pronunciamientos  de  la  Sala actuando como órgano de  cierre  de  la  especialidad  penal,  las  dos  restantes aluden a una sentencia  proferida  por  la  Sala de Casación Civil en sede de tutela y al salvamento de  voto  presentado  por uno de los Magistrados de la Sala de Casación Penal en el  asunto radicado 43.716.   

          En   ese  entendido,  los  dos  últimos  pronunciamientos  resultan  inútiles  a efectos de acreditar la configuración de la causal de revisión en  que  se  fundamenta la demanda y, por lo mismo, no serán objeto de análisis en  el cometido de examinar su admisibilidad.   

          Ahora  bien,  en  relación  con  el  cambio  de  jurisprudencia que  habilita  la revisión de las sentencias, la Corte ha sostenido que la admisión  del  libelo está condicionada o supeditada a que «el  actor  acredite  que  la postura argumentativa en virtud de la cual se dictó la  sentencia  objeto de reproche, fue variada por esta Corporación a través de un  pronunciamiento  que  contiene  razonamientos cuya aplicación al caso concreto,  benefician  al  condenado,  o  que  si  bien  se  produjo con antelación no fue  aplicada      en      el     caso     concreto»2.   

         

El  inicio  del  trámite  de  la acción de  revisión  exige  entonces  que  «a  través  de  un  análisis   comparativo   se  pueda  demostrar  que  fundamentado  en  el  nuevo  razonamiento  jurídico  el proveído atacado habría sido más beneficioso para  el  demandante»3,  de  modo  que  es  deber del libelista  «explicar de qué manera tiene incidencia tal viraje  frente   a   los   racionales   argumentos   de   la  sentencia  cuya  revisión  persigue»4.   

Puesto de otra forma, no basta con acreditar  que  el  criterio  jurisprudencial  que  sustentó la condena fue modificado con  posterioridad  a  ella,  sino  que  es  necesario  demostrar,  además,  que  la  aplicación  del  discernimiento  más reciente sobre un punto de derecho incide  favorablemente  en  la  solución jurídica del caso y tiene la potencialidad de  reportar   un   resultado  más  beneficioso  a  los  intereses  del  procesado.   

          De  acuerdo con las consideraciones que anteceden, la Sala encuentra  que  la  demandante  no  satisfizo  la carga argumentativa que le era exigible a  efectos  de  probar  la  configuración de la causal de revisión prevista en el  numeral 7° del artículo 192 de la Ley 906 de 2004.   

          En  efecto,  la  mandataria  de  FARIGUA CASTRO aportó copia de las  sentencias  de  abril  21  de  2010  y  16 de octubre de 2013, proferidas en los  procesos  radicados  31.848  y  42.258,  respectivamente,  en  los  que la Corte  modificó  su  criterio respecto de la calificación jurídica de la conducta de  inducir  en error a un Notario y concluyó que la misma no perfecciona el delito  de fraude procesal, sino el de obtención de documento público.   

          Ocurre,  sin embargo, que la interesada no demostró la forma en que  esa  variación en el pensamiento de la Corporación influye en la situación de  su   representado   ni   la   manera   en  que  su  aplicación  le  resultaría  favorable.   

          Ciertamente,  de la revisión de las sentencias de primera y segunda  instancia  se  observa  que a FARIGUA CASTRO no le fue atribuida la comisión de  esa  conducta  punible  únicamente como consecuencia de haber inducido en error  al  Notario  38  del  Círculo  de Bogotá con el fin de lograr la extensión de  dieciocho  escrituras  públicas mendaces, sino también por haberlas registrado  ante  la  Oficina  de  Registro de Instrumentos Públicos, con lo cual indujo en  error al funcionario encargado de esa dependencia.   

          En  efecto,  en la decisión de primer grado se consigna que FARIGUA  CASTRO   «actuando  como  agente  oficioso  otorgó  dieciocho  escrituras  públicas…y  con  fundamento  en  estas  escrituras  se  realizó   el   correspondiente   registro   ante  la  oficina  de  registro  de  instrumentos  públicos,  en  consecuencia  se  indujo en error al notario…y a  través  de este mismo medio fraudulento igualmente se  indujo  en  error  al  registrador  de instrumentos públicos, para obtener acto  administrativo  contrario  a  la ley, como fue la inscripción en el registro de  dichas    escrituras    públicas»    (f. 112).   

          En  la misma providencia se señala que el enjuiciado «concurrió  con  estas  escrituras  públicas  ante  la  oficina de  Registro   de  Instrumentos  Públicos  zona  sur,  quien  (sic)  al  habérsele  presentado  dichos  documentos  precedió a inscribir en el registro cada uno de  los  apartamentos,  acto  en  el  cual el funcionario  encargado   Doctor   RENE  VARGAS  (sic)  fue  inducido  en  error» (f. 115).   

          Por  otra  parte, en la sentencia proferida por el Tribunal Superior  de  Bogotá  se  observa,  en igual sentido, que la configuración del delito de  fraude  procesal  atribuido a FARIGUA CASTRO estuvo vinculada con «el  empleo  del  concepto  normativo  mentado, con el propósito de  engañar  al Notario 38 del Círculo de Bogotá y al Registrador de Instrumentos  Públicos,  en  aras  a  la  obtención  de  las  escrituras públicas referidas  y   su   posterior   inscripción   en   la  oficina  competente»     (f.  142).   

          Esa  fue,  por  demás, la comprensión de la situación fáctica de  esta  Sala  en  el  curso  del trámite del recurso extraordinario de casación,  como  quiera  que  al  inadmitirlo entendió, con soporte en el fallo de segundo  grado,   que  el  punible  de  fraude  procesal  se  configuró  en  razón  del  «otorgamiento  de  una serie de títulos anómalos y  su posterior registro» (f. 158).   

          Se  advierte,  en  suma, que la aplicación del novedoso criterio de  la  Corte en relación con la estructura típica del delito de fraude procesal a  la  situación  de FARIGUA CASTRO no tendría ninguna incidencia en el resultado  del  proceso  ni  le reportaría beneficio alguno, pues incluso de admitirse que  la  obtención  de las escrituras públicas espurias no configuró ese reato, la  condena  se  mantendría  idéntica en razón de la inducción a error efectuada  en   perjuicio   del   funcionario  encargado  de  la  Oficina  de  Registro  de  Instrumentos Públicos.   

          Así   las   cosas,   aunque  la  Sala  admite  que  se  surtió  la  modificación  jurisprudencial invocada por la demandante, no se observa de qué  manera   su   aplicación   al   caso   concreto  surgiría  benéfica  para  el  condenado.   

          Dicho  de  otra  manera,  en  el  presente asunto la aplicación del  nuevo  pensamiento  de la Sala estaría limitada al ámbito de la rectificación  conceptual  y carecería de efectos tangibles en la situación del condenado, de  modo  que,  en  últimas,  no  puede predicarse que las sentencias condenatorias  estén   revestidas  de  un  contenido  de  injusticia  que  haga  necesaria  su  revisión.   

          Distinto   ocurriría,   desde   luego,   si   el   criterio  de  la  Sala    – como lo  sostiene,  sin  razón,  la  accionante – también hubiese variado en punto a la  comprensión  del  delito  de fraude procesal respecto de la inducción en error  del  funcionario  encargado de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos,  pues  en  ese  evento  perdería  sustento jurídico la condena proferida contra  FARIGUA CASTRO como autor de ese punible.   

          No  obstante y como se esbozó en precedencia, el pronunciamiento en  el  que se sostiene esa tesis corresponde a un salvamento de voto presentado por  un  Magistrado,  no  a  una  providencia  de  la  Corporación, que por lo mismo  resulta  inconducente  a  efectos  de  acreditar  el  cambio  de jurisprudencia.   

          4.  En relación con el entendimiento de la  causal  de  revisión prevista en el numeral 3° del artículo 192 de la Ley 906  de  2004, la Sala ha sostenido que el demandante debe soportar su pretensión en  una  prueba  nueva,  esto  es,  que  «no  haya  sido  debatida  en  el  juicio:  que  el  accionante no haya tenido conocimiento de su  existencia,  o  que  teniéndola,  no haya estado en condiciones de aportarla».   

En ese orden, «si  la  parte  ha  conocido la prueba, pero por razones estratégicas o de cualquier  otro  tipo  decide  voluntariamente renunciar a su descubrimiento y debate en la  audiencia  del  juicio  oral,  no tendrá la connotación de nueva»5.   

De otra parte, la admisión del líbelo está  supeditada  a  que  el  elemento  de  conocimiento  que  sirve como soporte a la  pretensión,  además  de  novedoso,  resulte  trascendente,  esto  es,  que  su  «naturaleza  y capacidad suasoria… debe ser de tal  consistencia,  que  permita  la formación de un juicio distinto, en punto de la  responsabilidad  penal  declarada  en la sentencia»6.   

         En  el  caso que ahora se examina, también desde la perspectiva de  la  causal  de  revisión  objeto de actual análisis son varias las razones que  imponen la inadmisión de la demanda.   

          La  accionante  pretende  obtener  la revisión de las sentencias de  primera  y  segunda  instancia  con  fundamento  en  la copia de una providencia  proferida  por  la  Sala  de Casación Civil de esta Corporación «del  año  1941» y de algunos conceptos o  resoluciones  – no precisa  su  naturaleza -«expedidas por la Superintendencia de  Notariado y Registro respecto del tema de la AGENCIA OFICIOSA».   

         Una   providencia  judicial   no   tiene   la  condición  de  elemento material probatorio ni  de  medio  cognoscitivo,  sino de criterio auxiliar de la actividad judicial, al  tenor  del  artículo  230  de  la  Carta  Política; por lo mismo, carece de la  capacidad  para  dar  inicio  al trámite de la acción de revisión   por  vía  de  la  causal  tercera.7   

         Más  aún,  la interesada no identifica  si  quiera  los  actos  administrativos  que  califica como pruebas novedosas y,  menos   aún,   los  aporta,  con  lo  que  pierde  de  vista  que  «es  necesario  allegar,  junto  a  la  demanda,  las pruebas que sustentan la pretensión»8.   

         Como  si  fuera  poco, la propia apoderada de FARIGUA CASTRO admite  que  la  sentencia y los actos administrativos aludidos fueron conocidos por las  partes  y  por  los  juzgadores  desde  los  inicios  de la investigación; cosa  distinta  es  que, según lo manifiesta aquélla, «el  fallador   no   se  pronunció»  sobre  ellos (f. 83).   

         Es  claro, entonces, que las alegaciones de la demandante, lejos de  estar  dirigidas  a  acreditar  la  configuración  de  la  causal  de revisión  invocada,  tienen  como  propósito  controvertir  y  criticar  el  ejercicio de  valoración   probatoria  y  de  aplicación  del  derecho  de  los  juzgadores,  a  quienes atribuye, si se quiere, un error por falso  juicio  de  existencia; censura que fue presentada en  idénticos  términos  en  ejercicio  del  recurso  extraordinario de casación,  inadmitido   por   la   Corporación   el   19  de  mayo  de  2011  (fs.  264  a  280).   

         Soslaya,  de  ese  modo, que la  acción de  revisión  «no     se     estableció    para    revivir    el    debate    de    las   hipótesis          fácticas     o     jurídicas  que  se  plantearon  en  las  instancias,  ni  tiene  por  finalidad  continuar debates ya clausurados por los  efectos    de    la    cosa   juzgada»9.   

        Tanto  es  así,  que  la  apoderada  de FARIGUA CASTRO censura de  manera  abierta  las  consideraciones expuestas por los juzgadores como sustento  de   los   fallos   atacados,  para  lo  cual  aduce  que  tanto  «el  Juez  52  Penal  del  Circuito  de  Bogotá…como el Tribunal  Superior  de  Bogotá…le  dieron  una  apreciación caprichosa y arbitraria al  postulado de la AGENCIA OFICIOSA».   

        Se  advierte  entonces  en  la  demanda  el  velado  propósito de  revivir  la  controversia  respecto  de  las  razones  de hecho y de derecho que  dieron  lugar  a la condena del nombrado mediante la presentación de hipótesis  que escapan, por mucho, al ámbito de la acción de revisión.   

                 5.        Finalmente,  la abogada de FARIGUA CASTRO dice acudir a la acción  de  revisión  para  demandar  la  ilegalidad  de la pena que le fue impuesta al  nombrado,  como quiera que la misma fue dosificada de  manera  equivocada  y  le fue impuesta entonces con fundamento en «presupuestos punitivos inexistentes».   

        Si  la  pena  fue  debidamente individualizada o no, es debate que  debió   proponerse  en  las  instancias,  incluso,  en  ejercicio  del  recurso  extraordinario  de  casación,  pero  no    en   esta   sede,   en   la   que  no  es  posible  cuestionar  ni  el  acierto  ni  la  legalidad del fallo.   

        Lo  pretendido  por  la  demandante,  entonces, es someter ahora a  consideración  de  la Sala un aspecto de las sentencias atacadas que nada tiene  que  ver  con  las causales de revisión invocadas, ni con ninguna otra prevista  en la normatividad adjetiva vigente.   

        Como  quiera  entonces,  que la demanda  no  satisface     las    exigencias    normativas  mínimas,       no      cabe      más        alternativa       que  inadmitirla.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR   la   demanda   de   revisión  presentada   por   CARLOS   ALBERTO   FARIGUA  CASTRO,  a  través  de  apoderada,  conforme lo expuesto en la  parte motiva de esta providencia.   

Contra  esta decisión procede el recurso de  reposición.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE,  

Impedido  

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO   

Impedido

JOSÉ        LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ   

Impedido

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO       FERNÁNDEZ CARLIER

Magistrado   

Impedida

MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

   

GUSTAVO   ENRIQUE   MALO   FERNÁNDEZ

Magistrado   

EYDER      PATIÑO CABRERA

Magistrado   

   

PATRICIA   SALAZAR   CUÉLLAR

Magistrada   

   

LUIS   GUILLERMO SALAZAR OTERO

Magistrado   

NUBIA  YOLANDA NOVA GARCÍA

Secretaria     

1 CSJ  AP, 4 feb 2015, rad. 43.934.   

2 CSJ  AP, 25 feb 2015, rad. 45.131.   

3  Ibídem.   

4 CSJ  AP, 25 feb 2015, rad. 45.133.   

5 CSJ  AP, 29 ene 2014, rad. 42.849   

6 CSJ  AP, 9 mar 2015, rad. 43.325.   

7  En  ese sentido, CSJ AP, 10 dic 2014, rad. 43.751.   

8 CSJ  AP, 9 mar 2015, rad. 43.325.   

9 CSJ  AP, 17 feb 2015, rad. 44.293.     

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