AP2142-2015(45357)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP2142-2015  

Radicación n° 45357  

(Aprobado Acta No.  148)   

Bogotá  D.C.,  veintinueve (29) de abril de  dos mil quince (2015).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  CARLOS  MARIO  EUSSE  CASTAÑO  contra la  sentencia  del 14 de noviembre de 2014, mediante la cual el Tribunal Superior de  Antioquia  confirmó  la  sentencia  emitida  el 20 de septiembre de 2012 por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la misma sede, que condenó al  procesado  a  la  pena  principal  de  21 años y 4 meses de prisión y 2.666,66  salarios  mínimos  legales  mensuales  de  multa,  así  como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término  de  20  años, como autor del delito de tráfico, fabricación o porte  de estupefacientes agravado.   

HECHOS  

Los  relató  el  Tribunal,  con apoyo en el  resumen  del  a  quo, en los  siguientes términos:   

“… ocurrió que el 25 de junio de 2011,  siendo  aproximadamente  las  5:45 a.m., cuando miembros de la Policía Nacional  que  se encontraban en un puesto de control a vehículos y personas instalado en  el  kilómetro  115  de  la  vía  que  conduce  de  Santa  Fe  de  Antioquia  a  Cañasgordas,  le  hicieron la señal de pare a un vehículo tipo camión, color  amarillo,  de  placas  SNM  102, con el propósito de realizarle un registro. El  conductor  del  automotor  CARLOS  MARIO  EUSSE CASTAÑO hizo caso omiso a dicha  señal,  continuando su marcha, siendo alcanzado por los policiales a 800 metros  del  puesto  de  control  aproximadamente, lo hacen devolver al lugar del retén  para  efectuar  un  registro  al  vehículo;  observando que se transportaba una  máquina  de  gran  tamaño, que resultó ser una desgasificadora que presentaba  olor  a  pintura  fresca,  tenía  huellas  de  soldadura recién efectuada, los  medidores  de  presión  se  encontraban  en  ceros  y al palpar una parte de la  lámina  se  escuchaba  un espacio vacío, lo que les llamó la atención por lo  que  procedieron  a  revisar  su  interior, hallando 440 paquetes de color negro  envueltos  en cinta transparente que contenían cocaína con un peso neto de 390  kilos y 376 gramos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  26  de  junio  de  2011  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  San  Jerónimo (Antioquia) con funciones de control de  garantías   realizó   audiencia  preliminar,  en  cuyo  desarrollo  avaló  la  legalidad  de  la  captura.  En  la  misma  diligencia,  la  Fiscalía  formuló  imputación  a CARLOS MARIO EUSSE CASTAÑO  por el delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes  agravado.  Acto seguido, el juez le impuso medida de aseguramiento de detención  preventiva en establecimiento carcelario.   

2.  Oportunamente,  el  ente  investigador  presentó  el  respectivo escrito de acusación, con fundamento en el cual el 10  de   agosto   del   precitado   año  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado   de   Antioquia  llevó  a  cabo  la  consiguiente  audiencia  de  formulación.   

3.  Realizadas las audiencias preparatoria y  de  juicio  oral,  el  juez  de  primer  grado  anunció  el  sentido del fallo,  advirtiendo que sería de carácter condenatorio.   

4.  El fallo anunciado lo profirió el 20 de  septiembre  de  2012,  contra  el cual se alzó en apelación la defensa, siendo  confirmado por el Tribunal Superior el 14 de noviembre de 2014.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  el  mismo sujeto procesal acudió al recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

El  recurrente acusa al Tribunal de incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso juicios de legalidad y errores de hecho por  “falsos juicios de raciocinio”.   

          En  primer  lugar,  aduce  que  el ad quem  incurrió en “falso juicio  de   raciocinio”  en  la  estimación  del  indicio  derivado  del  hecho  de  no  detener  el vehículo ante el requerimiento de las  autoridades  de  policía. Según precisa, el yerro recayó en la inferencia que  vincula el hecho indicante con el hecho indicado.   

          Al   efecto,  empieza  refiriendo  cómo  mientras  el  a  quo  dedujo  un indicio de cargo al no  detener  la  marcha del vehículo cuando los policiales así se lo indicaron, la  corporación  de  segundo  grado  consideró meramente hipotética la excusa del  procesado   conforme   a   la   cual   no   vio   la   señal  que  le  hizo  el  gendarme.   

          Dicho  lo anterior, sostiene que los sentenciadores desconocieron el  postulado   lógico   denominado  “afirmación  del  consecuente”  o  “error  inverso”,   porque  no  tuvieron  en  cuenta  otras  alternativas  que pueden explicar la actitud del acusado al no detener la marcha  del  vehículo, como el no percatarse de la indicación policial, lo cual, en su  sentir,  tiene  una  alta  probabilidad  de  haber  ocurrido,  pues  los  hechos  sucedieron  a  las  5:45  a.m.  del  25  de  junio  de  2011,  día “de  solsticio de invierno”, es decir,  aún  se  encontraba  naturalmente  oscuro. Además, añade, porque la señal se  hizo  simplemente  con  las manos y no con paletas o instrumentos auditivos como  pitos.   

          A  lo  anterior  suma el alto tonelaje del automotor, situación que  tornaría  sin  sentido  la evasión, pues podía ser objeto de rápido y fácil  alcance.   

            En  criterio del demandante, asignar a una consecuencia una única  causa  conduce  a desconocer lo que en lógica se denomina también principio de  razón  suficiente,  cuyo  error  lleva  a restar eficacia probatoria al indicio  edificado   por   los   juzgadores,   al   tornarlo   equívoco   y  simplemente  leve.   

          En  segundo  lugar,  reprocha  al  ad quem  incurrir  en  falso  juicio  de  existencia  frente al  indicio derivado de la mentira del procesado.   

          Empieza  precisando  cómo  esa mentira consistió en la afirmación  del  acusado en el sentido de que la máquina incautada la había recogido en la  empresa    “Gases   de   Antioquia”,  información  desvirtuada  con  la  verificaron efectuada por los  policiales.   

          Considera  que  el hecho indicante del cual se derivó el indicio no  está  demostrado,  pues  se  soportó  en  lo  declarado  por  el Subintendente  Londoño García a partir de  la  información obtenida por vía indirecta, es decir, la suministrada al antes  aludido  por  un  personaje no identificado y quien nunca declaró en el juicio.  En  su opinión, por tanto, el fallador supuso el dato probatorio, olvidando que  la   forma  de  probar  si  efectivamente  la  carga  había  sido  “montada”  en la empresa “Gases  de Antioquia” era mediante una  certificación  expedida por esa compañía, mas no con la solitaria afirmación  de un tercero.    

         

          Para  el impugnante, no es factible calificar los testimonios de los  policiales  como  prueba  de referencia, pues no se encuentran en ninguno de los  supuestos  previstos  en  el  artículo  438 del Código de Procedimiento Penal.   

          Insiste,  por  tanto,  en  que al no estar probada con certeza la no  salida  de  la  empresa  de  aquella  máquina  no puede inferirse el indicio de  mentira.   

          En  tercer  lugar,  aun  cuando  de modo  subsidiario  al  precedente reproche, predica la presencia de un falso juicio de  legalidad frente al indicio derivado de la mentira del procesado.   

          Considera  que  el hecho indicante del cual se derivó el mencionado  indicio  es  ilegal,  pues  se  obtuvo  con  violación  al  artículo  33 de la  Constitución  Política,  es  decir,  al derecho a la no autoincriminación. Al  respecto,  dice  no negar la posibilidad de que los agentes realicen preguntas o  interrogatorios  a  quienes  probablemente tienen la calidad de indiciados   en  la  comisión  de  un  delito.  Pero,  en su sentir, esos interrogatorios no  pueden  tener  efectos  incriminatorios  en  un  proceso,  por cuanto la aludida  garantía  comprende  el  derecho  genérico del imputado a la no colaboración,  esto es, a no contribuir a su propia incriminación.   

          En  ese sentido, es del criterio que las explicaciones ofrecidas por  el  procesado  previo a la captura y con fundamento en las cuales se edificó el  indicio  de  mentira, no fueron voluntarias, “porque  el  silencio  es  un  comportamiento  que va inconscientemente acompañado de un  resguardo  de  la  propia  existencia,  luego, cuando es roto, no puede obedecer  sino  a  una excesiva compulsación de la autoridad policiva, no de otro modo se  entiende  el  que  se  rompa  el  silencio,  que  de suyo, para un proceso penal  aparejará consecuencias perjudiciales…”.   

          Por  tanto,  insiste  en que las afirmaciones del acusado efectuadas  antes  de  ser  privado  de  la libertad no deben poseer efectos incriminatorios  para  deducir un indicio de mala justificación.            

          En  cuarto  lugar,  acusa al Tribunal de  incurrir      en      “falso      juicio     de  raciocinio”  respecto del hallazgo de documentos con  inconsistencias.   

          Según  precisa el actor, el sentenciador dedujo el conocimiento por  parte  del  procesado del contenido ilícito de lo que transportaba por el hecho  de  que  “con más de diez años de experiencia como  conductor  de  carga, haya presentado como manifiesto de carga de la máquina un  documento   que   no  correspondía  a  la  ruta  ni  al  vehículo  en  que  se  movilizaba”.   

         

          En   su  criterio,  empero,  el  ad  quem  desconoció  el principio de razón suficiente, porque  entre  el hecho indicante y el indicado no existe relación material. Estima que  el  hallazgo  de  los documentos irregulares sólo puede revelar el conocimiento  del  procesado de que éstos no estaban en regla, pero no el estar transportando  sustancia alucinógena.   

          En   consecuencia,  dice,  el  hecho  indicante  no  tiene  el  peso  conferido  por las instancias, en tanto carece del grado de solidez exigido para  arribar a la conclusión expuesta en los fallos.   

             Finalmente,   en  quinto  lugar,  refiere  la  existencia  de  un  “falso   juicio   de   raciocinio”  frente a la pérdida del celular.   

          Lo  sustenta  reprochando al juzgador por desconocer el principio de  identidad  cuando  dedujo  la actitud evasiva del procesado con fundamento en el  hecho de no poseer el celular al momento de ser aprehendido.   

          Con  tal  proceder,  considera, el Tribunal desatendió el principio  de  indivisibilidad del indicio, pues la actitud evasiva la infirió también de  otras  circunstancias,  como  son  el  no  detener  el  vehículo  y suministrar  información  no  concordante  con  la  realidad,  es decir, el mismo indicio lo  estructuró con fundamento en varios hechos.   

          En     capítulo     adicional     que     denomina     “análisis  conjunto  de  la  prueba”,  insiste  en  que los hechos indiciarios deducidos por las instancias no gozan de  certeza  para  superar  el  estándar  de  prueba  más  allá  de toda duda; en  especial,  en  cuanto  a la actitud de evasión, estima que si bien “el  procesado  conocía  que  algo  irregular  transportaba,  no  necesariamente  tenía  que conocer el contenido de lo que llevaba, bien pudiera  obedecer  su  actitud  a las características de los documentos que portaba, por  ejemplo,  o  al  sincero  entendimiento  que  se  tratara de una máquina que no  tenía  todos  sus  papeles en regla, que pudiera tratarse de un contrabando, de  una  receptación,  pero  no  hay  un  hecho  claro que señale que lo que allí  transportaba era el voluminoso alijo de droga”.     

          Además,  añade,  en  su  favor  concurre  el  indicio  de descargo  consistente  en  que  jamás pretendió huir del lugar, pudiéndolo hacer, amén  del     testimonio    de    Hugo    Ferney    Arias  Gallego,  cuya  declaración  el Tribunal la considera  vacía  y  poco  circunstanciada, pese a limitarse a deponer lo que directamente  percibió.   

          De  esa  manera  y  tras considerar necesaria la intervención de la  Corte,  en  orden  a  preservar  la  garantía  de  la presunción de inocencia,  solicita  casar la sentencia impugnada para reconocer la violación indirecta de  la ley sustancial.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

El estatuto procesal penal expedido mediante  la  Ley  906  de  2004,  conforme  ocurre con el previsto en la Ley 600 de 2000,  también  exige,  como  condición para la admisión de la demanda de casación,  la  satisfacción  de  exigencias de lógica y adecuada argumentación, cuyo fin  es  permitirle a la Corte, a partir de la coherencia y precisión conceptual del  libelo,  establecer  sin dificultad cuál es el error atribuido al sentenciador,  causante  de  la violación de la Constitución o la ley o la afectación de las  garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben  corresponder  en un todo con la realidad procesal (Cfr. CSJ AP, 2 de mayo  de 2012, Rad. 26846).   

          En  el  caso  objeto de examen, advierte la Sala que el libelista no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

          En  efecto,  en  el  único  cargo  formulado  el  actor denuncia la  incursión  en falsos juicios de legalidad y “falsos  juicios  de raciocinio”, cuya denominación correcta,  conforme  la  jurisprudencia  de  la Corte, es falso raciocinio. No obstante, al  desarrollar  el  reproche  refiere  también  la presencia de un falso juicio de  existencia,  desconociendo  así  el principio de autonomía que rige en sede de  casación,  de acuerdo con el cual el desarrollo del ataque se debe corresponder  con su enunciación.   

          Ahora  bien,  acusa el demandante, en primer lugar, la incursión en  falso  raciocinio  por  el  desconocimiento  del  postulado  lógico  denominado  “afirmación   del   consecuente”   o    “error    inverso”,  también  conocido  como razón suficiente. Según dice, el yerro  recayó  sobre  la  inferencia  del  Tribunal  al  deducir actitud evasiva en el  procesado  por  el  hecho  de  no  detener  la  marcha  del  vehículo  ante  el  requerimiento  de  los  policiales,  pero  sin contemplar otras alternativas que  podían    explicar    el    proceder    de    EUSSE  CASTAÑO.   

          No   obstante,   surge  evidente  que  el  libelista  fundamenta  el  quebranto  del postulado lógico en mención a partir de pretender que se admita  la  excusa  del acusado según la cual no advirtió la señal de pare emanada de  las  autoridades. Pasa por alto, de esa forma, que el Tribunal de manera expresa  desechó     dicha     explicación,    al    razonar    en    los    siguientes  términos:   

“…   Tal   circunstancia  plantea  un  escenario  meramente  hipotético  y  desconoce que el juez resaltó las razones  por  las que no consideraba creíble que el procesado no se haya percatado de la  orden  en  comento.  La existencia de ocho agentes en el retén, la presencia de  un  vehículo  y  motocicletas  de la policía, la disposición en la vía de 10  conos  y  dos vallas reflectivas, la regla de la experiencia de que un conductor  de  manera  general  atiende lo que sucede en la vía, en especial cuando de por  medio  se  encuentran  las  autoridades  y  el  hecho claro y probado de que con  suficiente  anticipación  el  agente  Edison  Valencia Suárez expresó con los  brazos  completamente  extendidos  la  señalización  correspondiente  para que  detuviera el vehículo y a pesar de todo ello no lo hizo.   

Cierto  es, como lo propone la defensa, que  con  la  desatención  de  la  orden  de  pare  no podía aspirar el conductor a  deshacerse  del  todo  de  la  acción  de  las  autoridades.  No  obstante, tal  circunstancia   no  es  irrelevante  en  tanto  que  sin  duda  le  otorgaba  la  posibilidad  de  que  no  fuere  perseguido  y eventualmente continuar su camino  evitando   el   registro   por   parte   de   las  autoridades…”1.   

          Es  decir,  el  impugnante no hace cosa diversa a postular su propia  visión  acerca  del  alcance de las pruebas, aspirando de la Corte la acepte y,  consecuencialmente,  rechace  el  criterio  apreciativo del sentenciador, con lo  cual  olvida  que  esa  clase  de  controversias  no  son  atendibles en sede de  casación,  dada  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad de que está  revestido el fallo de segundo grado.   

          En  segundo  lugar,  atribuye  a  los  juzgadores  incurrir en falso  juicio   de   existencia   frente   al   indicio  derivado  de  la  mentira  del  procesado.   

          Como  lo tiene dicho la Sala, el aludido error de hecho se configura  cuando  el  sentenciador,  al  apreciar  el  conjunto  probatorio, omite valorar  algún   medio   de   convicción   obrante   en   el   proceso  o  supone  otro  inexistente.   

          Para  su  demostración  al  libelista le corresponde señalar si el  yerro   se   presentó  por  haberse  omitido  la  apreciación  de  una  prueba  (existencia  por omisión) o  porque  el  sentenciador  inventó  una  que no obra en el proceso (existencia  por  invención),  precisando  cuál  es  el  contenido de la prueba omitida o cuál el mérito asignado por el  juzgador  al  medio  supuesto  y, en ambos casos, indicando la trascendencia del  error.   

          En  el  presente caso, el actor no satisfizo a cabalidad la referida  carga  argumentativa,  pues  aun cuando menciona la prueba, así como el mérito  asignado  a  la misma, no fundamenta la trascendencia del yerro. En ese sentido,  se  advierte  que  los  falladores construyeron el indicio de mentira no sólo a  partir  de  considerar  que  su  explicación  consistente  en  haber cargado la  máquina  en Gases de Antioquia quedó desvirtuada con el testimonio referencial  del   efectivo   policial   José  Mauricio  Londoño  García,  sino  en  cuanto  pretendió  demostrar,  a  través  de  la  declaración  de  Hugo  Ferney Arias  Gallego,  que  dicho  cargue  ocurrió  en  la central  mayorista,  pese  a  que  en las explicaciones iniciales, conforme quedó visto,  manifestó otra cosa.   

          Sobre  ese  último  razonamiento  del  Tribunal  nada  expresó  el  impugnante,  dejando  así  sin  rebatir  uno de los fundamentos que permitieron  edificar   el  mencionado  indicio  que,  a  su  vez,  constituyó  base  de  la  condena.   

          En  tercer  término,  reprocha  a  los juzgadores incurrir en falso  juicio  de  legalidad frente al indicio derivado de la mentira del procesado. Al  respecto,  estima  que  las  manifestaciones ofrecidas por el procesado antes de  intimársele  captura  no  fueron voluntarias, en tanto al estar amparado por el  derecho  a la no autoincriminación, el hecho de haber roto su silencio sólo se  explica   en  “una  excesiva  compulsación  de  la  autoridad policiva”.   

         El  yerro  aducido  es  fundamentado  por  el  actor  a partir de un  supuesto  especulativo,  y  es  el  de  considerar  que  cuando  las autoridades  realizan  un  operativo  orientado a determinar si se está infringiendo la ley,  siempre  ejercen  constreñimiento  o,  como sostiene el libelista, “excesiva  compulsación” sobre quien  recae  el  procedimiento  policial, de tal modo que todo lo por él dicho en ese  momento no es voluntario sino fruto de presión o violencia.   

         La  tesis expuesta por el libelista contraviene la jurisprudencia de  esta  Corporación,  cuyos  fundamentos  se abstiene por completo de refutar. En  efecto, sobre el tema la Sala ha expuesto lo siguiente:   

“…  no  puede llevarse la regla de que  todo  interrogatorio al imputado debe ser en presencia de su defensor al extremo  absurdo   de   exigir   la   asistencia   profesional   en   el  fragor  de  los  acontecimientos,  desde  el  instante  mismo  en  el que se ponen las esposas al  aprehendido,  prohibiendo  al  tiempo  a  sus  captores cerrar los oídos a todo  aquello  que  diga  o  averiguarle  por  los otros coautores o partícipes de la  transgresión.    

Aunque  no  se  desconoce  que la policía  judicial,  o  el propio instructor, carecen de facultad legal para entrevistar o  recibir  versión  o  indagatoria al imputado sin la concurrencia de abogado, la  circunstancia  en  el  actual  evento analizada no corresponde a ninguna de esas  hipótesis.  Aquí  escuetamente  pasó  que  GIL  ESPINOSA,  una vez capturado,  reveló  los  nombres  de  sus  socios  criminales y los miembros de la policía  judicial   que   lo   escucharon  así  lo  declararon  bajo  juramento  en  sus  correspondientes  testimonios. Consiguientemente, se reitera, ninguna ilegalidad  cabe  derivar ni siquiera si la revelación se originó en la pregunta de uno de  los               investigadores…”2          (CSJ   SP,  6  de  may.  de  2009,  rad.  26390).   

         En  el  caso  materia  de  análisis,  ningún  elemento  de  juicio  suministra  el  demandante  para considerar que CARLOS  MARIO  EUSSE CASTAÑO fue objeto de violencia física o  moral  por  parte  de  los  efectivos policiales que luego lo capturaron. Por el  contrario,  conforme  lo  concluyó  el  Tribunal,  en afirmación que en manera  alguna  el  censor  se esfuerza por rebatir a través de la técnica casacional,  las    manifestaciones   las   hizo   “de   manera  completamente              voluntaria”3.    

         En  cuarto  lugar,  predica  la  presencia  de  un  falso raciocinio  respecto  del  hallazgo  de  documentos con inconsistencias. En su criterio, ese  hecho  indiciario  no  tiene  el  peso  conferido por las instancias, pues sólo  reviste  capacidad  de  revelar  el  conocimiento  del  procesado  de  que dicha  documentación  no  estaba  en  regla,  pero no el estar transportando sustancia  alucinógena.   

         En  relación  con  lo  anterior,  es  necesario  recordar aquí que  cuando  se  trata  de  atacar  por  vía  de  casación  la prueba indiciaria al  libelista   le   compete  precisar  si  lo  hace  respecto  (i)  de  los  medios  demostrativos  de  los hechos indicadores, (ii) de la inferencia lógica o (iii)  del  proceso  de valoración conjunto al apreciar su articulación, convergencia  y  concordancia de los varios indicios entre sí, y entre éstos y las restantes  pruebas4.    

También tiene dicho la jurisprudencia de la  Sala  que si se opta por lo primero, la impugnación solamente procede, desde la  perspectiva  del  error  de hecho, por vía de los falsos juicios de identidad y  existencia5,  mientras  si  se  cuestiona  el  razonamiento  lógico, el ataque  solamente puede dirigirse por vía del falso raciocinio.   

         El  casacionista,  es  cierto,  en  este  caso  ataca  la inferencia  lógica  del  indicio  deducido por los juzgadores, y lo hace por vía del falso  raciocinio.  No  obstante, omite sustentar la incidencia del yerro en el sentido  de  la  sentencia  impugnada,  pues  no  se esfuerza por demostrar que los otros  elementos   indiciarios  edificados  por  los  sentenciadores  para  deducir  el  conocimiento   del  acusado  acerca  del  carácter  ilícito  de  la  sustancia  transportada   por   él  no  tienen  la  capacidad  de  conducir  a  esa  misma  conclusión.   

         No  pasa  por alto la Sala que el libelista dedica un capítulo para  realizar,  según  expresa, un análisis conjunto de la prueba. Sin embargo, esa  valoración  parte  de  la base de considerar estructurados los otros yerros que  denuncia  en  la  demanda,  premisa equivocada, según lo visto hasta ahora y lo  evidenciará el examen del último error referido por el actor.   

           Finalmente,  en  quinto  lugar,  aduce  la  existencia de un falso  raciocinio  frente  a  la  pérdida  del celular, respecto de lo cual predica el  desconocimiento  del  principio  de  identidad,  porque  la  actitud evasiva del  procesado  la  dedujeron  los  sentenciadores no sólo del hecho de no poseer el  celular  al momento de ser aprehendido sino también de las circunstancias de no  detener  el  vehículo  y  de  suministrar  información  no  concordante con la  realidad, quebrantando así la indivisibilidad del indicio.   

         En  esta  postulación  el  actor  desatiende  de  manera  palmar el  principio  de  corrección  material, pues no se corresponde con los fundamentos  de  los  fallos  sostener  que  la ocultación del celular sirvió para edificar  también   el   indicio  de  evasión.  De  ese  proceder,  contrariamente,  los  sentenciadores  dedujeron  en  el  acusado  su  intención  de  deshacerse de un  elemento   material   de   prueba   que  podría  comprometerlo  en  el  acaecer  delincuencial,   es   decir,  edificaron  el  indicio  relativo  a  obstruir  la  investigación,   actitud   que   encaja   en   el   doctrinalmente   denominado  manifestaciones     posteriores     al     delito6.   

         La  evasión,  en  cambio, la infirieron con sustento en el proceder  del  acusado  de hacer caso omiso a la orden de pare efectuada por los efectivos  policiales.  Luego  entonces, se insiste, resulta contrario a los fundamentos de  las   sentencias   sostener  que  en  éstas  se  desconoció  el  principio  de  indivisibilidad de los indicios.   

En  suma, los desaciertos en la confección  del  único  cargo  formulado  conducen a la inadmisión de la demanda objeto de  examen,   y   así   se  pronunciará  la  Corte,  considerando  además  la  no  concurrencia  de  circunstancia  vulneradora  de  garantías  fundamentales  que  imponga superar los desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 dic 2005, Rad. 24322).   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  CARLOS MARIO EUSSE CASTAÑO.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Página 8 del fallo de segundo grado.   

2 Aun  cuando  la decisión citada se dictó en el marco del procedimiento regulado por  la  Ley  600  de  2000,  resulta  también  perfectamente  aplicable a los casos  seguidos bajo la égida de la Ley 906 de 2004.   

3  Página 14 ídem.   

4  En  este sentido, sentencia del 4 de abril de 2003. Rad. 14636.   

5 Cfr.  auto del 10 de marzo de 2009, radicación 26572.   

6  Páginas   10   del   fallo   de   segunda   instancia   y  69  del  de  segundo  grado.     

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