AP1976-2016(47145)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP1976-2016  

Radicación n.° 47145  

(Aprobado Acta n.°  105)   

          Bogotá,   D.C.,   seis   (6)   de   abril  de  dos  mil  dieciséis  (2016)   

I. ASUNTO  

Decide  la  Corte  los recursos de apelación  interpuestos  por el defensor y el procesado contra la  decisión   fechada  el  4  de     octubre    de  2015,    proferida  por  el  Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Villavicencio, mediante la cual negó la nulidad planteada  por  el  defensor  y  la práctica de algunas pruebas, dentro del proceso que se  adelanta   contra  el  doctor  LEONIDAS  GILDARDO  AMÉZQUITA  BALDIÓN,  en  su  condición   de  Juez  Promiscuo  del  Circuito  de  San  Martín  (Meta),  por el  delito de prevaricato por acción.   

II. HECHOS  

Según      la     resolución     de  acusación1,  el doctor LEONIDAS GILDARDO AMÉZQUITA BALDIÓN, en su calidad de  Juez  Promiscuo  del  Circuito  de  San Martín, luego de avocar dos acciones de  tutela,  la  primera  interpuesta  por  Julio  César  Gordillo  Gutiérrez y la  segunda  por  Luis  Emiro  Riaño  y  Luz  Deise  Reyes,  emitió sendos fallos,  fechados  el  12  de  mayo  y el 30 de agosto de 2006, amparando el derecho a la  igualdad  de  los  accionantes  y  ordenando  al  INCODER  expedir  las cédulas  catastrales    de    los    predios   «El      Morichal»      y   «Buena  Vista»  respectivamente.   

Según  el ente acusador, las decisiones son  contrarias  a  la  ley,  pues la prueba indicaba que en realidad los demandantes  eran    invasores    del    predio    «Llano  Lindo»,  que  contenía  esos  dos  terrenos,  quienes habían logrado que el INCODER les  adjudicara irregularmente los inmuebles mencionados.   

III. ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con base en la denuncia presentada por José  Herrera      Alvarado     mediante     apoderado2, la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  de  Villavicencio  dispuso  la apertura de la investigación previa en  contra    del   doctor   LEONIDAS   GILDARDO   AMÉZQUITA   BALDIÓN3, etapa que se  prolongó  hasta  el  12  de  agosto  de  2011,  cuando  la Fiscalía ordenó la  apertura        de       la       instrucción4.   

El  doctor   AMÉZQUITA  BALDIÓN  fue  vinculado  al  proceso  mediante  diligencia  de  indagatoria,  realizada  el  24  de  febrero de 20125, en la cual el  titular  de  la  acción penal le enrostró el cargo de prevaricato por acción.  La  situación  jurídica del procesado fue definida en resolución adiada el 23  de  septiembre  de  2013,  cuando la Fiscalía se abstuvo de imponerle medida de  aseguramiento6.   

El  27  de  mayo  de 2014 el ente instructor  declaró  el  cierre  de  la  investigación, dispuso el traslado previsto en el  artículo  393 de la Ley 600 de 2000 para que los sujetos procesales presentaran  sus    alegatos   previos   a   la   calificación7  y  el  7 de octubre del mismo  año  profirió resolución de acusación en contra del doctor LEONIDAS GILDARDO  AMÉZQUITA    BALDIÓN    como    autor    del   delito   de   prevaricato   por  acción8,  decisión  contra  la  cual  procesado  y  defensor interpusieron  recursos de reposición y apelación.   

El 25 de marzo 2015 el ente instructor negó  la  reposición  de  la  decisión  impugnada,  pero  oficiosamente adicionó la  calificación  jurídica  provisional,  manteniendo   el  núcleo fáctico,  para  señalar  que  la acusación corresponde a un concurso de dos prevaricatos  por   acción9.   El   19  de  mayo  de  2015  la  Fiscalía  delegada  ante  esta  Corporación   confirmó   la  providencia  apelada10.   

El  9  de  julio  del mismo año11,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Villavicencio  avocó  el conocimiento de la  actuación  y  dispuso el traslado de 15 días hábiles a los sujetos procesales  para  solicitar  las nulidades originadas en la etapa de la investigación y las  pruebas       que       fuesen      procedentes12.   

En ese interregno la Fiscalía solicitó como  pruebas,   (i)  obtener  copias  de  las  inspecciones  judiciales  realizadas por el CTI dentro del sumario n.° 174.641, en las que se  determinó  que  los predios «Buena Vista»,              «Morichal»         y         «Botalón»,  hacen  parte del inmueble denominado  «Llano  Lindo»,  de la jurisdicción de Puerto Lleras  y     (ii)   oficiar   a   la  Fiscalía  Tercera  Seccional  de  Villavicencio  para que informe si dentro del sumario 174.641 fue  decretada   la   cancelación   de  las  cédulas  catastrales  de  los  predios  «Buena Vista»,              «Morichal»  y  «Botalón»13.   

Por su parte, la defensa solicitó la nulidad  de  la actuación. Argumentó que interpuso recursos de reposición y apelación  contra  la  resolución  de  acusación,  cuya segunda pretensión consistía en  retrotraer  la  actuación  desde  la  diligencia  de  indagatoria  debido a una  deficiente  formulación  de  la  calificación jurídica provisional, porque no  obstante   en  la  injurada  fue  imputada  fácticamente  la  emisión  de  dos  providencias  abiertamente contrarias a derecho, en esa misma diligencia solo se  le  enrostró la comisión de un prevaricato, en vez de un concurso homogéneo y  sucesivo,  lo  que  afectó  el  derecho  de defensa del procesado, al impedirle  conocer con precisión los cargos formulados.   

Agregó  que  ni  la  Fiscalía  de  primer  grado al resolver el recurso  de   reposición,   ni  la  de  segunda  instancia  al  decidir  la  apelación,  contestaron  todos  los argumentos que respaldaban la solicitud anulatoria, pues  las  instancias  se  limitaron a citar jurisprudencia de esta Corporación, para  luego  afirmar  que  la  calificación  jurídica  plasmada  en la diligencia de  indagatoria  es  provisional,  motivación  insuficiente  que obliga a dejar sin  efectos las resoluciones que resolvieron las impugnaciones.   

Indicó, además, el apoderado del enjuiciado  que  también se encuentra afectada de nulidad la resolución de acusación, por  ser  abiertamente  contradictoria, en tanto el Fiscal señaló que los fallos de  tutela  emitidos  por  su  procurado  son  contrarios  a  derecho,  pero  en  la  motivación   se  encaminó  a  indicar  que  las  decisiones  adoptadas  fueron  simplemente         «desacertadas»,  pero  no  ilegales,  es  decir,  la  conducta   desplegada   sería  atípica  y  en  esas  condiciones  «se  estaría juzgando al sindicado por  unas  conductas  de  él  que no están consagradas en la ley, violentándose el  artículo       29       de      la      Constitución      Nacional»14.   

En  escrito  separado, el defensor solicitó  como   pruebas   los   testimonios  de  (i)  María del  Pilar      Buitrago      Torres,      exprocuradora     agraria     (ii)    Osme    Santiago   Rojas   Benito,  representante  legal  del  Instituto Geográfico Agustín Codazzi para la época  de      los      hechos      y      (iii)  Humberto  Parrado  Aguilera,  funcionario  del  mismo  Instituto  en  el  Municipio de San  Martín (Meta).   

Como   pruebas   documentales   requirió  (i)   oficiar  al  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Puerto  Lleras  para  que allegue copia integral del proceso penal  contra  Julio  César  Gordillo Gutiérrez, Luis Emiro Riaño y Luz Deise Reyes,  (ii)  solicitar a la Oficina  de  Instrumentos  Públicos  del  municipio  de  San Martín para que remita los  certificados   de   libertad   y   tradición   de   los   predios  «Morichal»,              «Buena         Vista»         y         «Llano         Lindo»         y         (iii)  ordenar  al  INCODER certifique si esa  institución  inició  el trámite de revocatoria directa de las resoluciones de  adjudicación  182  adiada  el  28  de  diciembre  de 2004 y 324 datada el 24 de  noviembre  del  mismo  año, e informar si respecto de esos actos, la entidad ha  iniciado acción administrativa alguna.   

Finalmente solicitó que por medio de peritos  se   establezca   si   los  inmuebles  «Morichal»  y  «Buena  Vista»  pertenecen  al  predio  «Llano         Lindo».   

La audiencia preparatoria tuvo lugar el 6 de  octubre              de             201515 y en ella, el Tribunal negó  la  nulidad  pretendida  por  el apoderado del acusado, decisión contra la cual  este   interpuso   recurso   de   apelación.   Acto  seguido,  el  A  quo  decretó  todas las pruebas de la  Fiscalía,  así  como las de la defensa, excepto dos documentales y la pericial  solicitada, providencia que no fue impugnada.   

Sin  embargo, como en esa sesión no se hizo  presente  el  procesado  privado de la libertad en su domicilio, debido a que el  INPEC  no fue informado para trasladarlo, con el fin de garantizar su derecho de  defensa,    el   Tribunal   dispuso   «repetir  lo  que  aquí  se  ha  resuelto, permitiéndole al doctor  AMÉZQUITA  que  tenga  claro  conocimiento  de  lo  que  se está resolviendo y  permitiéndole  entonces  de  esa manera la posibilidad que él pueda interponer  los     recursos     en     ejercicio     del    derecho    material»16.   

La  sesión  de la audiencia preparatoria se  reanudó    el    14    de    octubre    de   201517,  notificando  al enjuiciado  el  contenido  de  las determinaciones sobre nulidad y solicitud de pruebas, las  cuales   apeló,   señalando  que  sustentaría  dentro  de  los  cuatro  días  siguientes.  Como  el  defensor  no  impugnó  la  decisión  sobre  pruebas, el  A quo otorgó un receso para  que  acusado  y  apoderado  definieran  su  postura  sobre  el  recurso. Una vez  transcurrida  la  suspensión,  el  profesional del derecho interpuso recurso de  alzada,  para  ser  sustentado fuera de audiencia, a lo que la Sala de decisión  accedió,   para   «dar  mayores garantías al acusado».   

IV. LA DECISIÓN APELADA  

El  Tribunal  sostuvo  que  la Fiscalía, al  resolver  los recursos de reposición y apelación interpuestos contra el pliego  acusatorio,  expuso  las  razones  por  las  cuales  no  era  viable  anular  la  actuación  desde  la  diligencia  de  indagatoria,  como proponía el defensor,  contestando  así  los  reproches  del  apoderado  del  acusado,  por lo que las  instancias  no  incurrieron en omisión de pronunciamiento que afecte la validez  de la actuación.   

Agregó   el  A  quo  que  tampoco  observa  configurada  la  causal de  nulidad  aludida  por  el  apoderado del enjuiciado, puesto que la calificación  jurídica  enrostrada  en  la  diligencia  de  indagatoria es provisional y, por  tanto,   puede   variarse  en  etapas  posteriores,  como  lo  ha  señalado  la  jurisprudencia  de  esta Corporación. Así, si el ente acusador hizo alusión a  un  solo prevaricato por acción, dicha imputación permitió al acusado conocer  con  precisión  la  conducta punible objeto de investigación, sin perjuicio de  modificaciones  subsiguientes,  motivo  por  el  cual  no  fueron  afectadas las  garantías fundamentales del procesado.   

Respecto  de las pruebas solicitadas por los  sujetos  procesales,  luego  de  anunciar el decreto de todas las pedidas por la  Fiscalía  y  varias  de  la  defensa,  negó  a este último sujeto procesal el  traslado  de  copias de todo el proceso penal seguido en contra de varios de los  demandantes  en  las  acciones  de  tutela  falladas  por  el  doctor AMÉZQUITA  BALDIÓN,  pues  el  solicitante  no  especificó  el  objeto  de  la prueba, al  desconocer  los  datos  que se pueden extraer de dichas diligencias, tornándose  en un medio inútil para los fines de la actuación.   

Frente a la solicitud del defensor, referida  a   ordenar  que  por  intermedio  de  peritos  se  establezca  si  los  predios  «Morichal»     y  «Buena Vista»  hacen  parte del inmueble «Llano  Lindo»,  el   A   quo  denegó  la  pretensión  porque  las condiciones en que se encontraban esos terrenos para el  año  2006  son  distintas  a  las  actuales  y  por  tanto, una prueba técnica  encaminada  a  ese  fin,  cuando  han transcurrido más de doce años, carece de  objeto y utilidad al proceso.   

V. SUSTENTACIÓN DEL RECURSO  

El  defensor  insistió  en la nulidad de la  actuación,  señalando  que  el  Tribunal  al  resolver  su  solicitud inicial,  sostuvo   que   «no  se  cumplía  con  uno  de  los requisitos que habilitan la declaratoria de nulidad,  como   lo   es   el   de   residualidad»,  argumento  que  implícitamente  reconoce  la  existencia  de una  irregularidad.   

Agregó  que  al  momento  de  efectuar  la  diligencia   de  indagatoria,  para  la  Fiscalía  era  claro  que  seguía  la  investigación  por  la  emisión  de  dos  fallos  considerados ostensiblemente  ilegales,  es decir, por dos hechos plenamente diferenciables, debiendo entonces  imputar  igual  número  de  prevaricatos  por  acción  y  no  uno  solo,  como  finalmente  aconteció,  omisión  que denota una errada calificación jurídica  provisional.   

En  criterio  del  defensor,  esa  falta  de  claridad  impidió  al  juez  procesado  LEONIDAS  GILDARDO  AMÉZQUITA BALDIÓN  discernir  cuál  de  los  dos  fallos  de  tutela  imputados  fácticamente era  constitutivo  de  prevaricato  según  la Fiscalía, solicitar pruebas o incluso  hacer  uso  de las figuras de la confesión o la sentencia anticipada, afectando  las   garantías   fundamentales   al   debido   proceso  y  a  la  defensa  del  acusado.   

Agregó   que   esa  irregularidad  no  es  susceptible  de  ser  subsanada  con  actuaciones posteriores, porque en caso de  confesión,  esta  no  tendría  el  mismo  efecto que si hubiera ocurrido en la  indagatoria.   

Por  los  anteriores  motivos, insiste en la  nulidad de la actuación desde la diligencia de indagatoria.   

De otra parte, en escrito conjunto, el doctor  AMÉZQUITA  BALDIÓN  y  su  apoderado  solicitaron  copia  de  la totalidad del  expediente  que  cursó en el Juzgado Promiscuo Penal Municipal de Puerto Lleras  (Meta), en el que fue sujeto  pasivo  María  Orfidia  Cifuentes,  pues si bien, dicen ignorar el contenido de  las  diligencias,  ello  no significa que allí no existan piezas procesales que  puedan eventualmente resultar útiles para sus fines defensivos.   

Adicionaron   que   la   Fiscalía  en  la  resolución  de  acusación señaló que el juez AMÉZQUITA BALDIÓN conocía la  existencia  del  proceso  penal  mencionado,  el  cual  versaba sobre los mismos  predios  objeto  de  las  acciones  de  tutela,  motivo por el cual nace para la  defensa  el  interés  de  controvertir  tales  afirmaciones  y en ese orden, se  requiere la copia integral del expediente.   

Respecto  de la prueba pericial denegada por  el  A  quo, insistió en que  no    ha    sido   demostrado   procesalmente   que   el   predio   «Llano         Lindo»,  contenga  los inmuebles «Morichal»  y     «Buena  Vista»,  sobre  los  cuales  versaron  las  órdenes  impartidas  en los fallos de tutela  considerados  abiertamente  contrarios a derecho. Además, dijo que precisamente  es  tarea  de  los  expertos  determinar  si las condiciones de los terrenos han  cambiado  por  el paso del tiempo, argumentos para demandar el decreto del medio  de convicción.   

Agregó  que  el  Tribunal  no se pronunció  frente  a  una  solicitud  probatoria,  consistente en oficiar al INCODER, de un  lado,  para que informe si ha iniciado algún trámite de revocatoria directa de  las  Resoluciones  n.°  182 de 28 de diciembre de 2004 y 324 de 24 de diciembre  del  mismo  año y en caso positivo, remita copia de las actuaciones, y de otro,  con  el  fin de conocer si en contra de los actos señalados se adelanta acción  administrativa  alguna,  medio  cognoscitivo  útil  a  la  investigación  para  determinar  si a la fecha de los sucesos las resoluciones mencionadas gozaban de  presunción de legalidad.   

VI. CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  conformidad  con  el  numeral  3º  del  artículo  32  de  la  Ley  906 de 2004, la Corte es competente para conocer del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra el auto proferido el 16 de julio de  2015  por la Sala Penal del Tribunal Superior de Villavicencio, mediante el cual  negó la nulidad de la actuación y varias pruebas de la defensa.   

Consideraciones preliminares  

Previo  a  analizar los reproches planteados  por  el  juez LEONIDAS GILDARDO AMÉZQUITA BALDIÓN y su apoderado, la Sala debe  llamar  la  atención  sobre  el procedimiento llevado a cabo por el Tribunal en  las dos sesiones de audiencia preparatoria.   

En  audiencia  de  6  de  octubre de 2015 el  A  quo  dio  lectura  a los  autos  que  resolvían  las  solicitudes  de  nulidad  y  de pruebas, los cuales  notificó  en  estrados  a  la  Fiscalía,  defensor y Ministerio Público, como  prevé  el  artículo  182  de  la  Ley  600 de 200018.   

Sin embargo, una vez el apoderado del acusado  interpuso  recurso  de  apelación,  el  juez  colegiado permitió al recurrente  exponer  las  razones  de  disenso fuera de audiencia, procedimiento que la Sala  advierte  errado,  pues no solo contraviene el inciso final del artículo 194 de  la        Ley        600        de        200019,    norma    que    regula  expresamente  la  materia,  sino  que  igualmente  afecta  de  forma negativa el  desarrollo  del  juicio,  pues  no  fue  la  intención  del  legislador  que el  desarrollo  de  las sesiones de audiencia se paralizara con la interposición de  recursos,  en  espera  de que posteriormente el impugnante expresara las razones  de disenso.   

Al contrario, del contenido del inciso final  del  artículo  194  de  la  Ley 600 de 2000 refulge que la norma busca imprimir  mayor  celeridad y dinamismo a la actuación, al disponer que aspectos relativos  a  la interposición, argumentación y concesión o negativa de recursos, queden  definidos  en  la  misma  audiencia, ello para evitar dilaciones injustificadas,  aspectos  no  valorados  por  el  Tribunal  al  actuar  en  la  forma  en que lo  hizo.   

Continuando  con el trámite de la audiencia  preparatoria,  una  vez el Tribunal advirtió en sesión de 6 de octubre de 2014  que  el  acusado  no  se  había  hecho  presente  a  la  audiencia  por motivos  atribuibles   a   la   secretaría,   terminó   la  sesión  para  «repetir  lo  que aquí se ha resuelto,  permitiéndole  al  doctor  AMÉZQUITA que tenga claro conocimiento de lo que se  está  resolviendo  y  permitiéndole  entonces de esa manera la posibilidad que  él  pueda interponer los recursos en ejercicio del derecho material»20,   

Si  bien  posponer la audiencia preparatoria  para  notificar  en  estrados al acusado las decisiones sobre nulidad y pruebas,  no  constituye  per  se  una  irregularidad,  sí resulta exótico e incluso incoherente que una vez el doctor  AMÉZQUITA  BALDIÓN apeló los autos dentro de la diligencia, el juez colegiado  le  haya  permitido  sustentar  el disenso por escrito y fuera de la misma, pues  con  ese  fin  bastaba  que  el  Tribunal  ordenara  notificar personalmente las  decisiones  al  acusado,  para  que  este,  si  era  su  deseo,  interpusiera  y  argumentara  los  recursos  en los términos del inciso 1° del artículo 194 de  la        Ley        600        de        200021,   de   donde  se  advierte  ostensiblemente innecesario el aplazamiento de la sesión.   

Para proseguir con las anomalías observadas  en  el  trámite, resulta igualmente desacertado que, no obstante que en sesión  adiada  el  6  de  octubre  de 2014 al conceder el uso de la palabra al defensor  para  que  manifestara  si impugnaba la decisión que le negaba algunas pruebas,  este   expresó   su   voluntad   de   no  recurrir22,    posteriormente,    en  diligencia  fechada 14 de octubre siguiente, el Tribunal nuevamente le permitió  expresar  si  apelaba  la  providencia,  bajo  el  argumento de que existía una  posición contraria entre procesado y apoderado.   

Realmente,   advierte  la  Corte  que  las  distintas   manifestaciones  del  procesado  y  defensor,  no  significaban  que  tuvieran  posiciones  encontradas  frente a un mismo aspecto, como lo determinó  el  Tribunal,  pues  tanto  el  acusado  como  su  defensor  tienen  un poder de  postulación  diferente,  por  lo  que pueden recurrir de forma independiente la  misma   providencia.   Sobre   el  particular,  esta  Corporación  reseñó  en  providencia CSJ AP, 24 oct. 2011, rad. 37.290:   

Si  bien  es  cierto,  la  ley le otorga al  sindicado   y   al  defensor  la  calidad  de  sujetos  procesales  con   facultad  para  que  por  sí  mismo  interpongan  de  manera  independiente  los  recursos  que  estimen  convenientes,  con  igual autonomía  frente   a   la  carga  de  sustentarlos  o  de  desistir  de  ellos;  lo  es también que el recurso puede ser sustentado directamente  por  el procesado, por el defensor o por ambos, toda vez que  el imputado y  el  defensor  conforman  una  parte  única.  Así lo ha reconocido no solo esta  Corporación sino también la Corte Constitucional.   

Al    respecto    ha    señalado    la  Sala:23   

“Encuentra  la  Corte que el Tribunal mal  interpreta   lo   dicho  por  la  Corporación,  como  quiera  que  si  bien  la  jurisprudencia    ha    sostenido   que   el   procesado   y   su   defensor  son  sujetos  procesales  independientes  y,  como tales,  tienen  poder  de  postulación  separado  y  que,  en  consecuencia, como norma  general,    aquél   está   obligado   a   sustentar   el   recurso   por   él  interpuesto  y,  así mismo, que si ambos recurren el  desistimiento  del defensor no se hace extensivo a la impugnación formulada por  el  procesado,  también  ha  señalado  que  para la  sustentación  éste  no  está  atado,  indefectiblemente,  a  la  asesoría  o  coadyuvancia   del   representante   judicial.   “El   procesado   está,  por  disposición  de  la ley, obligado a sustentar el recurso por él interpuesto, y  la   ley   no  lo  ata  indefectiblemente  a  depender  para  ella  de  la  asesoría  o  coadyuvancia de su  representante  judicial”(auto  de  julio  7/99  Rdo  15.956).24   

En otros términos, que el recurso puede ser  sustentado  directamente por el procesado, por el defensor, o por ambos, lo que,  por  lo demás, corresponde a la esencia y razón de ser del contrato de mandato  que  se  celebra,  precisamente,  para  que  el mandatario o apoderado actúe en  nombre, representación y por cuanta del mandante o procesado”   

En  este  orden  de  ideas,  se  advierte  desafortunado  que  en  la  sesión  de  audiencia del 14 de octubre de 2015, el  Tribunal  haya  habilitado  al  defensor la oportunidad para interponer recursos  frente   a   las  determinaciones  adoptadas  en  la  sesión  previa,  pues  su  oportunidad  para  impugnarlas  ya  había  fenecido  y  si el acusado apeló la  decisión  que  negó  la  práctica  de  varios  medios de conocimiento, a este  correspondía sustentarlo, con o sin la ayuda de su apoderado.   

Ahora bien, sin perjuicio de las anteriores  consideraciones,   la  Colegiatura  estima  innecesario  dejar  sin  efectos  el  trámite  de  la  audiencia  preparatoria,  ello en aplicación del principio de  instrumentalidad:   

…no se declarará la invalidez de un acto  cuando  cumpla la finalidad a que estaba destinado, pues lo importante no es que  el  acto  procesal se ajuste estrictamente a las formalidades preestablecidas en  la  ley  para  su  producción -dado que las formas no son un fin en sí mismo-,  sino  que  a pesar de no cumplirlas estrictamente, en últimas se haya alcanzado  la  finalidad para la cual está destinado sin transgresión de alguna garantía  fundamental  de  los  intervinientes  en  el proceso…  (CSJ SP, 3 feb. 2016, rad. 43.356.)   

En  efecto,  no  obstante  las falencias de  procedimiento   observadas,  las  decisiones  sobre  nulidad  y  pruebas  fueron  notificadas  a  todos  los  sujetos  procesales,  a  quienes  se  les otorgó la  oportunidad  de  impugnarlas,  es  decir, la audiencia preparatoria cumplió los  objetivos  para  los  cuales  fue  concebida,  sin  que  se  hubieran  vulnerado  garantías  fundamentales  de  los  intervinientes, pues incluso se permitió al  defensor     recurrir    una    decisión    que    inicialmente    no    había  impugnado.   

Empero,  ante  las  múltiples  anomalías  detectadas,  la  Sala  no  puede  dejar  de llamar la atención al Tribunal para  recordarle  que las reglas establecidas en el Código de Procedimiento Penal son  de  orden  público,  por  lo  que  no puede inobservarlas o aplicarlas de forma  descontextualizada  para  imprimir  un  trámite  diferente  al  previsto por el  legislador.   

La solicitud de nulidad  

El  defensor se queja de que se desconoció  el  derecho  de  defensa  de  su  asistido,  porque  en  la indagatoria hubo una  deficiente imputación jurídica de la conducta.   

Esta  Corporación  ha  decantado  que  la  indagatoria  tiene  la  doble connotación de medio de prueba y de defensa, pues  salvo  que  el  sindicado decida guardar silencio, es un derecho que tiene para  acudir  personalmente ante el funcionario judicial con el fin de suministrar las  explicaciones  que  a  bien  tenga  sobre la conducta que se le atribuye, siendo  factible  desde  la  confesión  hasta la repelencia total de cualquier forma de  participación.  Igualmente,  es una oportunidad para ofrecer datos tendientes a  orientar  la  investigación  y  para  solicitar  la  práctica  de pruebas o la  verificación    de    las    citas    relevantes25.   

Sobre  el  particular,  el legislador en el  artículo  338  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2000, dispuso que en la  indagatoria  debe  ponerse  de presente al sindicado la imputación jurídica de  su  conducta,  con independencia de que pueda modificarse más adelante, pues de  este  modo, se garantiza el enteramiento oficial de las consecuencias jurídicas  del  obrar  delictivo,  y  ello  incide  de  manera  directa  en el derecho a la  defensa,  no  sólo  ante  la  posibilidad  de diseñar una estrategia defensiva  coherente  con  los  cargos  enrostrados,  sino  también  para  evitar  que  el  sindicado   sea   sorprendido   por   decisiones   judiciales   que   involucren  circunstancias  fáctico  jurídicas  de  las  cuales  no  haya  tenido  noticia  formal26.   

Sin  embargo,  la  jurisprudencia  también  tiene  decantado que esta diligencia no requiere para su validez de formalidades  específicas  para  el  desarrollo del respectivo interrogatorio, o de fórmulas  concretas  para realizar preguntas y procurar respuestas en determinado sentido,  pues  solo  exige  que  el  imputado  sea  cuestionado conforme a los cargos que  tienen  alguna  relevancia  jurídica,  los cuales se construyen con base en los  medios  de  prueba  con  los  que hasta ese momento cuenta la actuación, con la  finalidad  de  que explique su conducta. De esa manera se garantiza el ejercicio  de  los  derechos  de  defensa  y  de contradicción27.   

La  Corte  igualmente  ha  sido unánime en  señalar  que  la  calificación  jurídica  provisional  de los comportamientos  imputados  en  la  indagatoria,  por tener la calidad de transitoria,   puede  sufrir  modificaciones  conforme  a  la  dinámica  probatoria  y  a  las  apreciaciones  jurídicas  que  puedan  presentarse  con  posterioridad, de  acuerdo   con   el   principio   de   progresividad28   que   rige   el   proceso  penal29.   

Por   ende,   la   imputación  jurídica  provisional  en  la  indagatoria  no  condiciona el sentido de la calificación,  pues  su  relevancia consiste en que el imputado tenga la posibilidad de conocer  el  carácter delictivo del comportamiento por el cual se le vincula al proceso,  y,  cuando  menos,  el  tipo  penal  correspondiente  a  la  conducta materia de  investigación,  mas  no  necesariamente  su calificación jurídica precisa. Al  respecto,  esta  Corporación  ha  expresado en providencia CSJ SP, 2 may. 2003,  rad.  13.341, reiterada en decisiones CSJ SP, 9 dic. 2009, rad. 32.789 y CSJ SP,  9 dic. 2010, rad. 35.407:   

Ahora  bien,  no puede desconocerse que el  inciso  segundo  del  artículo  338  del  actual Código de procedimiento penal  establece   como  formalidad  de  la  indagatoria,  que  al  imputado  “se  le  interrogará  sobre los hechos que originaron su vinculación y se le pondrá de  presente  la imputación jurídica provisional” y que el artículo 342 ejusdem  dentro  de  las hipótesis de ampliación de indagatoria prevé que a ello se ha  de  proceder  “cuando  aparezcan  fundamentos  para  modificar  la imputación  jurídica provisional”.   

No obstante, estas disposiciones han de ser  interpretadas  acorde  con  la  naturaleza  y fines que tal acto de vinculación  ostenta,  esto  es  como  medio  de  prueba y de defensa del imputado, no en los  términos  que  una  lectura desprevenida podría sugerir: que al imputado en la  indagatoria   se   deban   precisar   de  manera  definitiva  todas  las  normas  sustanciales  que  resultarían  aplicables  a  su  comportamiento, y que cuando  alguna   de   ellas   no  corresponda  a  los  supuestos  fácticos  materia  de  investigación   resulte   inexorable   para   el   funcionario   ampliar  dicha  diligencia.   

Un  tal  entendimiento  no sólo se ofrece  opuesto  a  los  fines  de  la  investigación  (art. 331), sino que resultaría  contrario  al  carácter  progresivo  del proceso penal que atraviesa etapas que  van  desde  la incertidumbre hasta la certeza de que los hechos sucedieron y que  su realización tuvo lugar en determinadas circunstancias.   

Lo   que   tales   preceptos   pretenden  significar,  es  que  el  imputado  tenga la posibilidad de conocer el carácter  delictivo  del comportamiento por el cual se le vincula al proceso y al menos el  nomen  juris  correspondiente  a  la  conducta  materia de investigación, no su  calificación   jurídica   precisa   la   cual   sólo   se   determina  en  la  sentencia.”             (negrillas fuera de texto).   

En  el  caso  que  ocupa  la  atención  de  la   Sala,  al  procesado, doctor LEONIDAS GILDARDO AMÉZQUITA BALDIÓN, se  le  dieron  a  conocer  las  circunstancias  fácticas  por  las  cuales  se  le  investiga,  cuando  la Fiscalía le puso de presente el contenido de la denuncia  presentada  por  José  Herrera  Alvarado,  momento  a  partir  del cual tuvo la  oportunidad  de  referirse  a  las circunstancias de tiempo, modo y lugar en las  que  se  dice  fueron  emitidos  los dos fallos de tutela censurados30,  hecho que  incluso no controvierte el recurrente.   

Así  mismo, se advierte que la imputación  jurídica  fue  concreta, clara y con base en ella el acusado ejerció de manera  plena  el derecho de defensa y de contradicción, pues sin ambages le fue puesto  de  presente  que  «en esta  Fiscalía  Delegada,  se  adelanta  investigación  en su contra por el presunto  delito  de  prevaricato  por  acción…»31,  es decir,  el  ente  acusador  le  informó  al  juez  AMÉZQUITA  BALDIÓN el nomen  juris  de la conducta delictiva, el  cual ni siquiera varió en la resolución de acusación.   

Por ende, que el funcionario investigador no  hubiera   hecho  alusión  a  la  figura  del  concurso  de  conductas  punibles  (artículo  31  de  la  Ley  599  de 2000)32,  no  constituye  una errónea calificación jurídica provisional,  pues  lo  importante es que el sindicado tuvo la oportunidad de enterarse de los  hechos  por los que estaba siendo investigado, así como el tipo o tipos penales  a    los    que,    al    menos   en   principio,   tales   comportamientos   se  adecuarían.   

En efecto, desde la indagatoria quedó claro  para  el juez procesado que la Fiscalía le imputaba haber emitido dos fallos de  tutela  abiertamente  contrarios  a  derecho,  constitutivos  de prevaricato por  acción,  con  independencia  de  si  tales conductas estructuraban una o varias  infracciones   a   la  ley  penal,  discusión  dogmática  propia  de  estadios  procesales    posteriores,    como   la   resolución   de   acusación   y   la  sentencia.   

Ahora  bien,  tampoco  se  acompasa  con la  realidad   procesal   que   la   calificación  jurídica  provisional,  en  las  condiciones  en  que fue imputada, haya cercenado al procesado la posibilidad de  solicitar  pruebas,  o  tomar  la  determinación de confesar la comisión de la  conducta,  o  acogerse a la figura de la sentencia anticipada, como lo afirma el  recurrente.   

Respecto del primer reproche, la afirmación  se  queda  en  su  simple enunciado, pues no realizó ejercicio reflexivo alguno  para  indicar  qué  elementos suasorios dejó de solicitar como consecuencia de  la  errónea  convicción  de  que solo le había sido enrostrado un prevaricato  por   acción,   lo   que   de   suyo   impide   conocer   el   alcance   de  la  censura.   

Además,  ni  el  procesado ni su apoderado  solicitaron  en la etapa instructiva la práctica de pruebas, pues su estrategia  defensiva  estuvo encaminada a insistir en que los fallos de tutela considerados  por  la  Fiscalía  como  ostensiblemente  contrarios  a  la  ley,  en  realidad  atendieron  a  las  pruebas  allegadas al trámite y a las disposiciones legales  que  regulan  la  materia,  así como a la Constitución, consideraciones de las  cuales  deviene  patente  que  la  ausencia  probatoria derivó de la estrategia  defensiva  del  acusado y su apoderado, no de una supuesta imprecisa adecuación  típica.   

Frente  al  segundo  aspecto, referido a la  imposibilidad   del   procesado  de  confesar  la  comisión  de  las  conductas  delictivas  enrostradas  o de acogerse a la figura de la sentencia anticipada en  la  indagatoria,  como  consecuencia  de  la  inexacta imputación jurídica, la  lectura  desprevenida  de  la  indagatoria rendida por el juez LEONIDAS GILDARDO  AMÉZQUITA  BALDIÓN,  permite  advertir  sin  lugar  a dudas que la cantidad de  prevaricatos  por  acción  imputados  fue  irrelevante en punto de una eventual  aceptación  de  responsabilidad  por  parte  del  acusado,  pues su exposición  defensiva  se  dirigió  a  negar  que  su  comportamiento  tuviera connotación  delictiva alguna.   

Es  así  como,  una  vez  le fue puesta de  presente  la  denuncia  interpuesta  por  José  Herrera  Alvarado,  el  acusado  perfiló  su  intervención  a explicar que sus fallos se apegaron a derecho, en  tanto  de  las  pruebas  allegadas  a los expedientes de tutela infirió que los  demandantes  fueron  tratados  de  forma  desigual  por el Instituto Geográfico  Agustín  Codazzi,  pues  no obstante los accionantes obtuvieron del INCODER las  resoluciones  que  les  adjudicaban  sus  predios, aquella entidad les negó las  cédulas  catastrales  correspondientes,  mientras  que  a otras personas que se  encontraban   en   idéntica   situación,   se   las  expidió  sin  dificultad  alguna33,  de  donde  resultaba necesario amparar los derechos fundamentales  de los demandantes.   

Del anterior recuento extrae la Sala que la  mayor  o  menor  cantidad  de  conductas  punibles  concursales sucesivas que le  hubiera   podido  enrostrar  la  Fiscalía  al  enjuiciado,  no  restringió  su  posibilidad  para confesar la comisión de las mismas o para acogerse a la forma  de  terminación anormal del proceso, a través de la sentencia anticipada, pues  resulta  claro  que  el  interés  inequívoco del doctor AMÉZQUITA BALDIÓN se  dirigió  a  demostrar  la atipicidad de los hechos, recabando en que ninguno de  los  dos  fallos  de  tutela reprochados es abiertamente contrario a derecho, al  margen  de  si dogmáticamente tales hechos constituyen una o dos infracciones a  la ley penal.   

De  este  modo, no encuentra la Sala que la  Fiscalía  hubiera  incurrido  en irregularidad alguna en el acto de imputación  jurídica,  contenido  en  la  diligencia de indagatoria, ni mucho menos que con  esa  actuación  se le vulneraran sus garantías fundamentales, pues la injurada  le  permitió  conocer  en  forma  clara  y  concreta  los hechos por los cuales  cursaba   la   investigación   en   su   contra,   así  como  su  nomen  juris  provisional,  procedimiento  que garantizó sus derechos de defensa y contradicción.   

En  este  contexto,  emerge  inviable  la  solicitud  de nulidad propuesta, imponiéndose la confirmación del proveído de  primera instancia.   

Peticiones probatorias  

Frente  a  la negativa del juez colegiado a  decretar  varios  medios de conocimiento, la defensa técnica y material insiste  en  requerir  copias  de  la  totalidad  del  expediente  seguido  en el Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Puerto Lleras por el delito de usurpación de tierras,  del que fuera víctima María Orfidia Cifuentes.   

Aunque  aceptan  que  desconocen  si alguna  pieza  procesal les será útil, consideran que alguna de ellas podría servir a  sus  intereses,  si  se tiene en cuenta que la acusación hace alusión a dichas  diligencias,  al  indicar que el acusado conocía la existencia de dicho proceso  al emitir los fallos de tutela abiertamente contrarios a la ley.   

Para responder el reclamo planteado por los  apelantes,  es  necesario  tener  presentes  las disposiciones que sobre pruebas  prevé  el Código de Procedimiento Penal de 2000. Así, el canon 235 faculta al  juez  para  inadmitir  «las  pruebas  que  no  conduzcan  a establecer la verdad sobre los hechos materia del  proceso…  las  legalmente prohibidas o ineficaces, las que versen sobre hechos  notoriamente   impertinentes   y   las   manifiestamente  superfluas».   

A  su  vez,  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación  ha  señalado  que  para  evaluar  la  pertinencia,  procedencia y  utilidad  de  los  elementos  de  convicción pedidos en la etapa del juicio, es  referente  obligatorio  el  marco fáctico y jurídico imputado en el pliego de  cargos,  con  base  en  el  cual  debe  orientarse  el  debate  probatorio en el  juzgamiento,  pues  este  constituye  el  eje respecto del cual se encauzará la  defensa    (CSJ    AP,    28    jul.   2010,   rad.  34.625).   

En  el  presente  evento,  al  analizar  la  resolución  de  acusación  de 7 de octubre de 201434,    el    ente    acusador  fácticamente  imputó  al  juez  LEONIDAS  GILDARDO  AMÉZQUITA  BALDIÓN haber  fallado  en  favor  de Julio César Gordillo Gutiérrez, Luis Emiro Riaño y Luz  Deise  Reyes  dos  acciones  de  tutela,  en  las  cuales  ordenó  al Instituto  Geográfico  Agustín  Codazzi  expedir a favor de estos la cédula catastral de  los    predios    «El  Morichal»   y      «Buena      Vista»,  adjudicados  por  el  INCODER  a los  demandantes.   

Así  mismo,  del  pliego  de  cargos  se  desprende  que  según  la  Fiscalía,  los  fallos  de  tutela son abiertamente  ilegales  porque:  (i)  era  claramente  improcedente  la  acción  constitucional,  en tanto los accionantes  contaban  con  otro mecanismo para la protección de sus derechos, (ii)   no  existía  identidad  entre  la  situación  de los demandantes y la de Jorge Rubén Parrado Guerrero, de la cual  se  dedujera  violación  alguna  al  principio  de  igualdad  de  los primeros,  (iii) no fue vinculado Jhon  Fredy  Peña  Peña,  tercero  con  interés  en  la  actuación  y (IV)             «haber   ignorado   por  completo  las  razones   aducidas   por   la   accionada   para   no   conceder   las  cédulas  catastrales»35.   

El  recuento  precedente permite establecer  claramente  que  la  Fiscalía  no  aludió fácticamente a la existencia de una  sentencia  emitida  por  el  Juzgado Promiscuo Municipal de Puerto Lleras por el  delito  de  usurpación  de  tierras, en contra de algunos de los demandantes en  las  acciones  constitucionales,  menos que ese pronunciamiento judicial hubiera  tenido  influencia en los fallos de tutela que constituirían el prevaricato por  acción.   

Por   ende,   resulta   ostensiblemente  impertinente  solicitar  copia  de un proceso penal que la Fiscalía ni siquiera  menciona  en  el  pliego  acusatorio, es decir, no hace parte del marco fáctico  que  rige  la etapa del juicio, por lo que la Sala  confirmará la negativa  de  acceder  a  la  pretensión  probatoria  de  la  defensa,  al ser claramente  improcedente.   

Además,   porque   los  solicitantes  no  esgrimieron  argumento  alguno  que  permita el establecimiento de un nexo entre  los  fallos  de  tutela  cuestionados  y  las piezas que conforman el expediente  penal,  del  cual  tampoco se indicó su necesidad, por ser desconocida, incluso  para quienes pretenden su aducción.   

Ahora  bien, frente al medio de convicción  de  origen  pericial,  cuyo  decreto  y  práctica  solicitan  el  acusado  y su  apoderado,  los  recurrentes expusieron que en la actuación no se ha demostrado  si   los   terrenos   «El  Morichal»   y      «Buena      Vista»  efectivamente  pertenecen  al  predio  «Llano  Lindo»,  por  lo que requieren establecer ese  aspecto a través de expertos.   

Frente  a  este  punto,  ni  procesado  ni  defensor   indicaron  la  clase  de  expertos  cuya  pericia  se  requiere  para  determinar     si     hace     diez     años     los    predios    «El         Morichal»     y  «Buena Vista»  pertenecían  al  predio  «Llano         Lindo».   

Además, tampoco expusieron las razones que  hacen   necesario   realizar  un  estudio  con  base  en  la  actual  ubicación  geográfica  y  los linderos de los terrenos relacionados, ni la manera como esa  información  permitiría  establecer su distribución para el año 2006, época  en  que  fueron  emitidos  los  dos  fallos  de  tutela censurados, es decir, el  recurrente  no  argumentó cuál es la relación de la prueba solicitada con los  hechos  materia  de  juzgamiento,  lo  que  destina  al  fracaso  la pretensión  probatoria, debido a su clara impertinencia.   

Aúnese  a  ello  que con el mismo objetivo  perseguido  por  la  defensa,  la  Fiscalía solicitó copia de las inspecciones  judiciales  realizadas  por  agentes del CTI a los terrenos, documentos obrantes  dentro  del  proceso  n.°  174.641, que sigue la Fiscalía Tercera Seccional de  Villavicencio,  diligencia  en  la  cual,  según  indicó el ente Fiscal, ya se  determinó    que   los   inmuebles   «El      Morichal»      y   «Buena  Vista» pertenecen al predio  «Llano  Lindo»,  elemento  de convicción decretado a  favor del ente acusador.   

Recopilando,   como   los   apelantes  no  argumentaron  la  pertinencia  del  medio  suasorio  y  además,  con  la  misma  finalidad   (que   los   predios   asignados  a  los  demandantes   en   las   acciones   de   tutela   hacen   parte   de  un  tercer  terreno),  ya  fue  decretada una prueba a favor de la  Fiscalía,  la Sala avista innecesario redundar en la demostración de idéntica  arista  fáctica,  motivo por el cual se confirmará la denegación de la prueba  solicitada   por   el   doctor   LEONIDAS  GILDARDO  AMÉZQUITA  BALDIÓN  y  su  apoderado.   

De otra parte, los recurrentes censuran que  el  Tribunal  no  se pronunció frente a su solicitud probatoria, consistente en  solicitar   al  INCODER  proporcione  información  relacionada  con  las  resoluciones  de adjudicación 182  adiada  el  28  de  diciembre  de 2004 y 324 datada el 24 de noviembre del mismo  año.   

La  Corte  ha decantado que cuando se omite  resolver  una petición elevada oportunamente por las partes, tal yerro no puede  ser  enmendado  en  sede  de  segunda instancia, en tanto se pretermitirían las  reglas  básicas  de  un  proceso  debido,  porque  el  superior funcional está  habilitado   para   corregir   los   yerros   del   A  quo, pero bajo el presupuesto necesario de que este se  haya  pronunciado  en uno u otro sentido (SP 12/12/12,  Rad. 38222; SP3950 19/03/14; AP2226 30/04/14, entre otras).   

Ello  porque  la Sala, como juez de segunda  instancia,  no  puede  reemplazar  lo inexistente, esto es, mal puede adicionar,  corregir  o  revocar  lo  que no se decidió. En ese orden, la competencia de la  Corte  sólo  surge  después  de  que  el  juez  de  primer  grado  adopte  una  determinación  susceptible  de  cuestionamiento por las partes, para que, así,  enfrentados  los  dos  criterios,  pueda  resolver lo que en derecho corresponda  (CSJ  SP,  25  nov.  2015,  rad.  45.463).  Sobre  el  particular,  esta Corporación señaló en providencia  CSJ SP, 4 feb. 2015, rad. 39.417:   

El  artículo  204  de la Ley 600 de 2000,  estatuto  de  procesamiento  criminal  que  rige  en  este  caso, «en  la  apelación,  la  decisión del superior se extenderá a los  asuntos    que    resulten    inescindiblemente    vinculados   al   objeto   de  impugnación».   

En  el  desarrollo  interpretativo  de esa  disposición,  esta  Sala  ha sostenido que «el funcionario judicial de segunda  instancia  no goza de libertad para decidir, pues no se encuentra ante una nueva  oportunidad  para  emitir  un  juicio  fáctico  y  jurídico  sobre  el asunto,  sino  que su labor consiste en realizar un control de  legalidad  de  la decisión impugnada a partir de los argumentos presentados por  el  recurrente36 (negrilla fuera de texto).   

Con idéntica orientación, la Corporación  ha  discernido,  en  providencia  más reciente, «que la limitación para el ad  quem  representa  cabal  materialización  del  derecho de defensa, en tanto, el  contenido  estricto  de  la  apelación  es  el  que  marca  la  posibilidad  de  contradicción  para los no impugnantes y mal puede decirse que se garantizó la  controversia  dialéctica  cuando  el  juez  de  segundo  grado se aparta de ese  objeto        concreto       de       debate»37.   

(…)  

La regla a seguir impone que no puede tener  segunda  instancia  lo que no ha sido materia de decisión en primera, ni lo que  ha  sido  objeto  del  recurso, la excepción está dada como se ha dicho por la  oficiosidad  en  protección  de garantías y lo que tenga relación necesaria y  consecuencial  con  el  asunto que ha sido objeto de examen y decisión por el a  quo.   

(…)  

Por lo tanto, además de la infracción al  principio  de limitación y de competencia, la decisión en segunda instancia de  un  supuesto  fáctico  que no fue objeto de examen por parte del a quo, plantea  un  problema de legitimidad de la sentencia del superior, que no puede oponer la  eficacia  o  la  economía  procesal  a  la  garantía  instituida  a  favor del  procesado  de  que  se  resuelva  materialmente en primera instancia el supuesto  fáctico  y su responsabilidad, como corresponde a la noción del debido proceso  y de doble instancia.   

En  el  caso  que  ocupa la atención de la  Sala,  dentro  del  traslado previsto en el artículo 400 de la Ley 600 de 2000,  la  defensa  allegó  escrito de solicitud de pruebas, entre las cuales demandó  oficiar   al   INCODER   para   que   «certifique» si  dicho  ente  ha  iniciado el trámite de revocatoria directa de las resoluciones  de  adjudicación  182 del 28 de diciembre de 2004 y 324 del 24 de noviembre del  mismo  año,  e  igualmente  informe  si  respecto  de esos actos, la entidad ha  emprendido    acción    administrativa    alguna38.   

A  su  vez,  el  Tribunal  en la sesión de  audiencia  preparatoria del 6 de octubre de 2015, decretó a favor de la defensa  los  testimonios de María del Pilar Buitrago Torres, Osme Santiago Rojas Benito  y  Humberto Parrado Aguilera, se negó al traslado de copia integral del proceso  penal  seguido  ante el Juzgado Promiscuo de Puerto Lleras, accedió a oficiar a  la  Oficina  de  Registros Públicos de San Martín Meta, para que remitiera los  certificados   de   libertad   y   tradición   de   los   predios  «El         Morichal»,              «Buena         Vista»         y         «Llano         Lindo» y no decretó la prueba pericial sobre  los  terrenos  señalados,  sin  referirse a la última petición de la defensa,  relacionada con el INCODER.   

En  este  orden,  le  asiste  razón  a los  apelantes  al  echar de menos un pronunciamiento del A  quo  respecto  de  su solicitud probatoria, pues en la  sesión  del  6  de  octubre de 2015 no hizo referencia alguna a la solicitud de  información al INCODER, bien fuera para denegarla o decretarla.   

Entonces,  como  la  mencionada  petición  quedó  sin  solución,  falencia  que  la  Corte  no puede suplir, en tanto tal  procedimiento  vulneraría  el principio de la doble instancia, se decretará la  nulidad  parcial  de la audiencia preparatoria, a efectos de que el A  quo  se pronuncie sobre la pretensión  probatoria de la defensa.   

         

        En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema      de      Justicia,      Sala      de     Casación     Penal,   

RESUELVE  

1. DECLARAR LA NULIDAD PARCIAL de  la audiencia preparatoria, a efectos de que el Tribunal Superior  de   Distrito  Judicial  de  Villavicencio  proceda  a  decidir  la  pretensión  probatoria  oportunamente  presentada por la defensa, relativa a la solicitud de  información al INCODER.   

2.  CONFIRMAR  la  decisión  apelada en los demás aspectos materia de apelación, por las razones  señaladas en esta providencia.   

Contra  esta  determinación  no  procede  recurso alguno.   

Devuélvase  el  expediente  al Tribunal de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUÍS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folios 172 a 177 del cuaderno 2 de la instrucción.   

2  Folios 1 a 7 del cuaderno 1 de la instrucción   

3 Folio  80 ibidem.   

4 Folio  262 ibidem.   

5  Folios  5  a 11 del cuaderno  2 de la instrucción.   

6  Folios      45     a     54     ibidem.   

7 Folio  110 ibidem.   

8  Folios 172 a 177 del cuaderno 2 de la instrucción.   

9  Folios 219 a 227 del cuaderno 2 de la instrucción.   

10  Folios 20 a 39 del cuaderno 2 del trámite de segunda instancia.   

11  Folio 4 del cuaderno 1 del juicio.   

12  Según lo dispuesto por el artículo 400 de la Ley 600 de 2000.   

13  Folios 10 y 11 del cuaderno 2 del juicio.   

14  Folio 29 del cuaderno 1 del juicio.   

15  Folios 41 a 43 del cuaderno 1 del juicio.   

16  Sesión de 6 de octubre de 2015, archivo 3, record 00:38.   

17  Folios 50 a 51 del cuaderno 2 del juicio.   

18  «Las  providencias  que se dicten en el curso de las  audiencias  y  diligencias  se  considerarán  notificadas  el  día  en  que se  celebren  aunque  no  hayan  concurrido  los  sujetos procesales, siempre que se  hayan respetado las garantías fundamentales.»   

19  «(…)    Cuando   se  interponga  el  recurso  de  apelación en audiencia o  diligencia   se   sustentará   oralmente   dentro   de   la   misma  y  de  ser  viable  se  concederá,  estableciendo el efecto y se  remitirá       en       forma       inmediata      al      superior»   

20  Sesión de 6 de octubre de 2015, archivo 3, record 00:38.   

21  «Cuando  se  haya  interpuesto como único el recurso de apelación, vencido el  término  para recurrir, el secretario, previa constancia, dejará el expediente  a  disposición  de  quienes apelaron, por el término de cuatro (4) días, para  la sustentación respectiva…»   

22  Sesión de 6 de octubre de 2015, archivo 3, record 12:30.   

23 CSJ  STP, 21 ene. 2003, rad. 12.825, CSJ AP, 27 may. 2003, rad. 20.777.   

24  Negrillas fuera del texto.   

25 CSJ  SP, 15 sep. 2005, rad. 22.090.   

26  Ibidem.   

27 CSJ  AP, 24 oct. 2011, rad. 37.290.   

28  Cuya  característica fundamental es que se avanza en  un  grado  de  ignorancia  por la ausencia de conocimiento de las circunstancias  espacio-temporales  en  que  se  desarrollaron los hechos, hasta llegar al de la  certeza, pasando por la posibilidad y la probabilidad.   

29 CSJ  AP, nov. 12 2003, rad. 19.192.   

30  Folio 7 del cuaderno 2 de la instrucción.   

31  Folio 6 del cuaderno 2 de la instrucción.   

32  «El  que  con  una  sola  acción  u omisión o con varias acciones u omisiones  infrinja  varias  disposiciones  de  la  ley  penal  o  varias  veces  la  misma  disposición,  quedará  sometido  a la que establezca la pena más grave según  su  naturaleza,  aumentada hasta en otro tanto, sin que fuere superior a la suma  aritmética  de  las  que  correspondan  a  las  respectivas  conductas punibles  debidamente dosificadas cada una de ellas.»   

33  Folio 8 del cuaderno 2 de la instrucción.   

34  Folios 172 a 187 del cuaderno 2 de la instrucción.   

35  Folio 183 del cuaderno 2 de la instrucción.   

36 CSJ  SP, 12 de ago. 2009, rad. 31854.   

37 CSJ  SP, 20 de nov. 2014, rad. 43557.   

38  Folio31 y 32 del cuaderno 1 del juicio.     

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