AP1753-2014(41305)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP1753-2014  

Radicación N°. 41305  

(Aprobado acta N°. 93)  

Bogotá,  D.C.,  dos (2) de abril de dos mil  catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Sala se pronuncia sobre la admisibilidad  de  la demanda de revisión presentada por el Procurador 53 Judicial Penal II de  Bucaramanga,  contra  la  sentencia  del  15  de  agosto  de 2006 dictada por el  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  que  confirmó la emitida el 23 de junio de  2004  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado de la misma ciudad y  condenó,  entre  otros,  a  Juan Carlos Becerra Amaya  como  coautor responsable del concurso material de los  delitos  de  homicidio  múltiple agravado y tentado, concierto para delinquir y  daño en bien ajeno.   

HECHOS  

1.   El  A  quo  resumió   la  cuestión  fáctica  de  la  siguiente  manera:   

Se  suscitaron el 30 de Mayo de 2001, en el  corregimiento  de  “Los  Tupes”, jurisdicción del municipio de San Diego, a  eso  de  las  doce  de la noche, cuando incursionó un grupo de hombres portando  armas  de  uso  privativo  de  las fuerzas militares y uniformes del Ejército y  atacaron  en  forma  indiscriminada  con  fusiles  y  petardos en tres viviendas  así:   

La  de  la  familia  Suárez Camargo, donde  perdieron  la  vida  Gala  Marcela Camargo, su hija Odis Elena Suárez Camargo y  Wilson  Martínez,  quien  les  prestaba  sus  servicios a los anteriores, estos  últimos  quedaron  incinerados.  Allí resultaron heridos Hilder Roman Suárez,  Tatiana  Suárez  Camargo  y el menor Moisés Andrés Suárez Camargo de solo un  año  de  edad  a  quien  con  una  granada  le  destrozaron  el pie izquierdo y  falleció  momentos  después  en el Hospital Rosario Pumarejo de López de esta  ciudad.   

En  “Casa  Grande”  donde  residía  la  familia  Reyes  Pérez  fueron asesinados Deimer José, Dayanis Silellis, Fainer  Antonio  y  Farlenis  Zulaina  Reyes  Pérez  de  12,  11,  9  y 5 años de edad  respectivamente,  en  tanto que lograron sobrevivir Marelis Pérez Cortina madre  de  los  anteriores,  su  hijo  Osnaider  Reyes Pérez  de 7 años de edad,  quienes  resultaron  heridos  y  Luis  Torres  o  Pedro Mendoza, quien se salvó  gracias  a  que  pudo  ocultarse  en uno de los cuartos del patio. Así mismo el  grupo  terrorista  llegó  a  la  residencia de Braulio Torres, a quien buscaban  para  matarlo y muy a pesar que violentaron la puerta y lograron penetrar, ya el  referido  señor  había  logrado huir por la parte trasera de la casa, allí no  se  presentaron daños considerables en la vivienda.1   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.   El  23  de  junio  de  2004,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Valledupar  condenó  a  Juan Carlos  Becerra, Luis Alberto Bermúdez Torres y Mauro Enrique  Torres  Bolaños,  en calidad de coautores responsables del concurso material de  delitos  de  homicidio  múltiple agravado y tentado, concierto para delinquir y  daño  en  bien  ajeno.  Les  impuso la pena principal de cuarenta (40) años de  prisión  y  multa  de  dos  mil  doscientos cincuenta (2.250) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de veinte (20) años y la  obligación  de  cancelar, en forma solidaria, los perjuicios morales a favor de  los  perjudicados  en  cuantía  de  seiscientos (600) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

También   ordenó  remitir  copia  de  la  sentencia  al  Batallón  La Popa, en razón a que Juan  Carlos    Becerra    Amaya    pertenecía    a   esa  institución.   

3.  El  Tribunal  Superior  de Valledupar en  providencia  del  15  de agosto de 2006, confirmó en su integridad el fallo del  A quo.   

4.  Mediante  CSJ AP 18 abr. 2007. rad 26855  esta  Corporación  inadmitió  la demanda de casación formulada por la defensa  de los condenados.   

No obstante, el 6 de junio siguiente casó de  manera  oficiosa  la  sentencia  impugnada,  en el sentido de fijar en diez (10)  años  la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones públicas.   

LA DEMANDA  

El  representante  del  Ministerio  Público  invoca  como  causal  específica de revisión la prevista en el numeral 3º del  artículo 220 de la ley 600 de 2000.   

Argumenta que el fundamento probatorio de las  sentencias  de  primera  y segunda instancia está constituido por el testimonio  del  ciudadano  Hilder  Ramón  Suárez Camargo quien, según los juzgadores, no  solo  presenció  el hecho en el que resultó ileso, sino el homicidio consumado  y  tentado  de  algunos residentes del corregimiento “Los Tupes”, ejecutados  en  el  mismo  contexto  de  acción.  Por  esa  razón,  pudo  individualizar e  identificar  a  algunos  de  los autores materiales, entre ellos, a Juan  Carlos  Becerra  Amaya,  alias “El  Roly”,  a  quien  dijo  conocer  de  tiempo  atrás  por  ser  oriundo  de  la  región.   

No  obstante,  estima  que con posterioridad  surgieron     como    pruebas    nuevas,  las  versiones  rendidas  por  los  postulados  Leonardo  Enrique  Sánchez    Barbosa    y    Giovany    Alfredo    Andrade    Racines,    las    que   aprecia   «idóneas  para  desvertebrar  la  inferencia  de  responsabilidad  plasmada     en     el     fallo»    dictado   contra   Juan   Carlos  Becerra  Amaya.   

Y  como  hechos  nuevos,   invoca  los  testimonios  de  Luis  Alberto  Bermúdez  Torres  y  Mauro  Enrique  Torres  Bolaños,  quienes fueron acusados  dentro   del   mismo   proceso  que  afrontó  Becerra  Amaya,  pero  luego de proferida la sentencia refieren  unos  hechos  novedosos,  no  aducidos  en  el  devenir procesal, que igualmente  apuntan a la ajenidad del enjuiciado en cita.   

A continuación, describe el contenido de las  manifestaciones  de  Geovany  Alfredo Andrade Racines, Leonardo Enrique Sánchez  Barbosa  y  Luis  Alberto Bermúdez Torres, realizadas en sede de Justicia y Paz  los  días  5  de marzo, 13 de abril y 30 de mayo de 2012, respectivamente, así  como  el  de  la entrevista del 3 de diciembre de 2011 rendida por Mauro Enrique  Torres  Bolaños,  la  versión  conjunta  de Sánchez Barbosa y Andrade Racines  llevada  a  cabo  el 30 de octubre de 2012,   las   indagatorias  rendidas  por  estos  ante  la  Fiscalía  66  Especializada  de Bucaramanga y los testimonios de Luis Alberto Bermúdez Torres  y   Mauro   Enrique   Torres  Bolaños  del  12  de  abril  de  2009.   

Todas  estas  evidencias,  dice  el  actor,  ostentan  categoría  de  prueba  nueva  en  la  medida  que  no  fueron  conocidas  ni  debatidas durante el  proceso,  las  que  encuentra  dignas  de  crédito  porque proviene de quienes,  justamente,        ejecutaron        el       múltiple       crimen,  lo  confesaron  ante las autoridades de  Justicia  y  Paz  y  actualmente  están  siendo  procesados por la Fiscalía 66  Especializada  de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario  de  Bucaramanga,  admitiendo  tal  intervención  y manifestando su  decisión de acogerse a sentencia anticipada.   

Tal  situación,  asegura,  los  ubica  como  testigos  de  excepción  y dota a sus dichos de la aptitud probatoria requerida  para  desarticular  el  testimonio en el cual se fincó el fallo condenatorio de  Juan  Carlos Becerra Amaya en  cuanto  apuntan a establecer que «no se hallaba en la  presente  en el sitio y a la hora de los hechos y, por ende, no pudo ser coautor  material    de    los    crímenes    juzgados    y    por    los   cuales   fue  condenado».   

Referente     a    los    hechos  nuevos,  expresa el funcionario de  la  Procuraduría  que  Luis  Alberto  Bermúdez  Torres  y Mauro Enrique Torres  Bolaños  en  sus  distintas  intervenciones  admitieron su participación en el  múltiple  crimen, que en su  momento  negaron, y de manera  enfática,  el  primero de ellos, «afirma la ajenidad  de  Becerra  Amaya  a (sic)  ese violento ejercicio criminal”.   

Advierte  que  la situación se ajusta a los  lineamientos  jurisprudenciales  sobre el carácter novedoso de los elementos de  prueba  que, si bien aparecen  allegados       legal      y      oportunamente      al      proceso,  con  posterioridad al fallo suministran  informaciones  no conocidas ni valoradas, con virtud para demostrar la inocencia  del sentenciado.   

Estos        relatos, lejos de erigirse en una retractación o  variación  sustancial  de lo afirmado pretéritamente, introducen como elemento  novedoso  la admisión de su responsabilidad dada la directa vinculación con la  estructura  criminal,  que  los  ubica  como  testigos privilegiados, y por haberse acogido a las reglas de la  ley  de  Justicia y Paz están obligados a decir la verdad, pues de lo contrario  serán   privados   de   las   penas   alternativas   y   procesados  por  falso  testimonio.   

Solicita,  se  admita la demanda y se ordene  surtir el trámite respectivo.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  acción  de revisión fue consagrada  para  socavar  los efectos de cosa juzgada de una providencia injusta, a través  de  una  exposición  ordenada  y  coherente,  que  demuestre  la ocurrencia del  desacierto   judicial   y   la   necesidad   de   remover  el  fallo  objeto  de  cuestionamiento,  a  través  de alguna de las causales expresamente consagradas  en la ley.   

Se  trata  de  un  mecanismo  de  naturaleza  excepcional,  no  solo  por  sus  efectos,  sino  porque  se  adelanta de manera  independiente  a  la  actuación ya surtida en las instancias ordinarias, por lo  cual  se requiere legitimidad para ejercitarla y el estricto cumplimiento de las  exigencias formales y sustanciales previstas en la ley.   

2.  En  el  sub  exámine,  no surge reparo frente a la legitimidad del  Procurador  53  Judicial  Penal  II  de  Bucaramanga  para  incoar la demanda de  revisión,  en  cuanto  deriva  de  la  comisión  directamente conferida por la  Procuradora  General  de  la  Nación  (  E  ),  en  virtud  de  las  facultades  constitucionales  y legales previstas en los artículos 277 superior y 125 de la  Ley 600 de 2000.   

No ocurre lo mismo en cuanto al cumplimiento  de  los  requisitos  contemplados  en  el artículo 222 de la normativa procesal  penal  del  año  2000,  especialmente,  el  que  hace  relación a “[l]a  causal  que  se  invoca  y  los  fundamentos de hecho y de  derecho en que se apoya la solicitud”   

Ante  todo,  se  debe recordar que el motivo  previsto    en    el    numeral   tercero   del   artículo   220   ejusdem,  consiste  en  el surgimiento de  hechos  nuevos o pruebas no conocidas al tiempo de los debates, con capacidad de  establecer la inocencia del condenado o su inimputabilidad.   

Su  comprobación,  obliga  a  allegar  a la  demanda  las  pruebas  en  que  se  funda  la  pretensión,  destacar la novedad  contenida  en  ellas  y  enseñar  que su oportuno conocimiento por parte de los  juzgadores,   los   hubiese   llevado  a  tomar  una  decisión  distinta  a  la  adoptada.   

          En  otras  palabras,  la  naturaleza  y  capacidad  suasoria  de los  elementos   con   carácter   ex  novo,  debe  ser  de  tal  consistencia,  que  permita  la formación de un  juicio   distinto,  en  punto  de  la  responsabilidad  penal  declarada  en  la  sentencia.   

3.   En  el  asunto  que  se  examina,  el  peticionario  cumplió  formalmente con aportar copia de los fallos de primera y  segunda  instancia  y  la  constancia de su ejecutoria, al tiempo que aportó un  disco  de  audio  y  video  contentivo  de  las  versiones  rendidas por algunos  postulados  en  el  marco  de  la  Ley de Justicia y Paz, así como copia de las  declaraciones e indagatorias descritas en el libelo.   

Sin  embargo,  no  atinó  a  demostrar  la  virtualidad  de  tales  exposiciones, sino que se limitó a enunciar la concreta  situación  fáctica  y  probatoria  desconocida  en  el  curso de la actuación  judicial,  sin poner de presente la potencialidad de esos relatos ni las razones  por  las  cuales  apuntan  a  modificar  el  juicio  de  responsabilidad  que se  materializó  en  la  condena  de  Juan Carlos Becerra  Amaya.   

          Es  así  como al relacionar las pruebas que aporta, y su contenido,  frente  al  aspecto  medular  que  interesa conocer, manifiesta que el postulado  Giovany   Alfredo  Andrade  Racines,  alias  “El  Guajiro”,  sostuvo  en  su  narración    que    «el    soldado   Juan  Carlos  Becerra, de quien supo era  integrante  de  un  batallón  contraguerrilla, no tuvo participación alguna en  ese  crimen; que no era miembro de las autodefensas, ni tampoco iba con ellos al  momento  de  la  incursión  criminal;  asegurando  que  no  sabe qué problemas  existían  entre  la familia de ese soldado y algunas de las víctimas, al punto  de  (sic) que estas inventaron que el militar referido había participado en los  hechos  con  una  ametralladora  del  ejército,  siendo que con ellos no andaba  ningún                  militar”2.   

En   similares  términos  aludió  a  los  distintos  relatos vertidos por Leonardo Enrique Sánchez Barbosa y Luis Alberto  Bermúdez   Torres,   último   éste   que   agregó   conocer  a  Becerra   Amaya  desde  niño  porque  se  criaron en el mismo corregimiento.   

Sobre  la  entrevista  del  postulado  Mauro  Enrique  Torres  Bolaños,  precisó  el  representante  de  la  sociedad que en  ningún  momento  señaló  al  sentenciado como uno de los corealizadores de la  incursión delictiva.   

4.  En  las condiciones acabadas de referir,  surge  necesario  insistir  que  la  demostración de la causal en estudio no se  agota  con  la  aducción  de  la  situación fáctica o probatoria ex  novo;  también es preciso evidenciar  su  incidencia  frente  a la verdad declarada en el fallo, pero el accionante no  agotó ese cometido.   

Y  es que, según se constata, la hipótesis  de    la    inocencia    del    sentenciado   Becerra  Amaya  fue  objeto  de  análisis  en  los  fallos  de  instancia,  donde  se  desechó  la  justificación  que  éste  mismo  ofreció  aduciendo  que  para  la  fecha  de los hechos se encontraba jugando dominó con  unos  amigos y vecinos del barrio, pero los testigos manifestaron que la partida  terminó  hacia  las diez o diez y treinta de la noche, frente a lo cual, aquél  en  su  ampliación  de  indagatoria,  refutó que se prolongó más allá de la  media noche.   

Sobre esa particular situación, el Tribunal  discernió  que esa manifestación del enjuiciado obedeció a la necesidad de no  verse  comprometido en los hechos criminales, los cuales se perpetraron después  de  la  media  noche  en  el  corregimiento  Los  Tupes, ubicado a media hora de  Valledupar.   

Adicionalmente,  es  perceptible  que  los  postulados,   en   sus   distintas   intervenciones,  aparte  de  describir  las  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar en que llevaron a cabo la incursión  criminal,  se  limitaron  a  manifestar que Juan Carlos  Becerra Amaya no participó.   

Empero,  la  responsabilidad  penal  que  a  título   de   coautor   dedujeron   los  sentenciadores,  se  cimentó  en  las  manifestaciones  del  señor  Hilder Ramón Suárez Camargo, quien presenció la  ofensiva  que  acabó  con  la vida de sus familiares y de varios habitantes del  lugar y le causó heridas a él, entre otros tantos.   

Para  una  mejor  ilustración,  léanse las  reflexiones  contenidas  en  los  fallos,  acerca  del  mérito  concedido a ese  testigo de cargo.   

La juez de primer grado, señaló:  

Tal como se dijo este testimonio directo de  incriminación  le merece al despacho absoluta credibilidad pues como lo afirmó  la  segunda  instancia  si  fuera  el  único testigo de cargos (sic) sobre este  podría  estructurarse  la  responsabilidad, cuanta (sic) en detalles como (sic)  masacraron  a  su  familia  y como (sic) pudo salvarse de ese ataque, se aprecia  que  realmente  cuenta  solo lo que percibió y no puede la defensa dudar que no  pudo  reaccionar  como  lo  hizo por el instinto de protección, por el que bien  pudo  ocurrir  que  el de conservación y su valentía le imponía proceder como  lo   hizo   para   salvaguardar   su  vida  y  la  de  los  suyos…3   

      

Análisis  prohijado  por  el  fallador  de  segunda  instancia,  en  cuanto  relevó  que  en  las  cuatro oportunidades que  declaró,  señaló  al  enjuiciado como coautor de los hechos, a quien conocía  porque  se  criaron  juntos  y  además  suministró la descripción física, el  alias “el Roly” y los nombres de los padres, entre otros datos.   

La misma colegiatura acogió lo expuesto por  la  Fiscalía  que  calificó  el mérito del sumario, en cuanto al móvil de la  masacre, cuyas consideraciones transcribió así:   

En   cuanto   a  los  móviles  de  estos  acontecimientos,  varias  personas residentes en el citado corregimiento afirman  que  al  parecer  obedeció a venganzas personales que se han venido alimentando  de  tiempo  atrás,  entre  las familias: Zapata Guerra, Suárez Camargo y Amaya  Torres,  por  los  sucesivos  homicidios  que  han  ocurrido  entre estas mismas  familias,  donde  ellos  se han hecho justicia por su propia mano, cobrado (sic)  en  forma  personal  y  a  su  manera  cada uno de sus muertos, pero siendo esta  última  acción  delictiva apoyada o coordinada, bien por miembros de la fuerza  pública,  o  por  un grupo armado en forma ilegal, situación que se deduce del  tipo   de  armas  empleadas,  tales  como  fusiles  y  granadas  y  tildando  de  guerrilleros   a   quienes   realmente  pretendían  eliminar  (…)4.   

          Según  señaló  el  juez  plural,  el  testigo  de  cargo tiene la  connotación  especial  de haber sido víctima de los hechos criminales y salvó  su  vida  en un acto de valentía, por lo cual adquiere relevancia trascendental  y  aptitud para revelar la verdad de lo ocurrido en cuanto mantuvo la acusación  a  lo  largo  del  tiempo  de  manera  firme y concisa, elemento suficiente para  informar     el    convencimiento    sobre    la    responsabilidad    de    los  acusados.   

          En  ese  sentido,  la Sala no advierte que las exposiciones aducidas  por  el  actor,  en  esta sede, se constituyan como evidencia de la inocencia de  Juan  Carlos  Becerra  Amaya,  porque   al   contrastarlas  con  el  fundamento  valorativo  de  los  elementos  considerados  por los juzgadores, específicamente, con el testimonio del señor  Suárez  Camargo,  no  conducen  a  la  formación  de  un  criterio distinto al  expuesto   en  las  instancias,  pues,  sencillamente,  no  tocan  los  aspectos  esenciales de la decisión condenatoria.   

6.  De  otra parte, afirma el procurador que  las  versiones  de  los  postulados  son  dignas  de  crédito  por  su  directa  vinculación   con   la   estructura   criminal  que  los  ubica  como  testigos  privilegiados, pero además,  porque  al  haberse  acogido  a  las  reglas de la Ley de Justicia y Paz, están  obligados  a decir la verdad, pues de lo contrario, serán privados de las penas  alternativas      y      procesados     por     falso     testimonio.   

          Al  respecto,  se  debe  precisar,  como en otras oportunidades, que  para  las versiones suministradas en el marco de aquellos trámites, no opera la  tarifa   legal   bajo   el   supuesto  de  la  verdad  que  deben  contener  las  manifestaciones  de los postulados, sino que ellas son sometidas a verificación  y comprobación.   

Así     se     dijo     en     pasada  oportunidad:   

El  demandante  pasa  por  alto  que en los  trámites  que  se  adelantan bajo la Ley de Justicia y Paz (Ley 975 de 2005) no  opera  la  tarifa legal de prueba respecto a que las manifestaciones que haga el  postulado  en  las  versiones  se  deben  tener  como una verdad incontrastable,  habida  cuenta  que  el  artículo 17, inciso 3°, de la mentada ley señala que  una  vez que se rinda versión libre y se confiesen unos hechos, las diligencias  “se  pondrán  en  forma  inmediata  a  disposición  de la Unidad Nacional de  Fiscalías  de Justicia y Paz con el fin de que el fiscal delegado y la Policía  Judicial  asignados  al  caso  elaboren  y desarrollen el programa metodológico  para  iniciar  la  investigación,  comprobar  la  veracidad  de la información  suministrada  y  esclarecer  esos  hechos  y todos aquellos de los cuales tengan  conocimiento dentro del ámbito de su competencia”.   

Es decir, las informaciones que suministren  los  postulados  dentro de este particular trámite, para hacerse acreedor a los  beneficios  punitivos  reglados en esta ley, deben ser objeto de verificación y  comprobación,  pues  en  el  evento  en  que se evidencie que éste faltó a la  verdad    necesariamente  debe  ser  excluido  de  la  Ley  de  Justicia  y  Paz.  (CSJ AP, 02 sep 2010,  rad. 33904).   

En   el   sub  examine  nada  se  dice  acerca  de la comprobación o  verificación  de  las  versiones  rendidas  por  los  postulados  a  justicia y  paz.   

Ante las deficiencias señaladas, se impone  la inadmisión del libelo.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el  Procurador  53 Judicial Penal II de  Bucaramanga.   

Segundo.  Contra  esta decisión procede el recurso de reposición.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  1 al 3 de la  Sentencia de Primera Instancia.   

2  Folios 13 y 14 de la demanda.   

3 Folio  27 de la sentencia de primera instancia.   

4 Folio  21 de la sentencia de segunda instancia.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *