AP1672-2016(46283)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  Ponente   

AP1672-2016  

Radicación        N°  46283   

Aprobado      Acta     Nº 93   

Bogotá         D.C.,  treinta  (30)  de  marzo de dos mil  dieciséis (2016).   

Decide la Sala acerca de la admisión de la  demanda  de  casación  presentada  contra  el  fallo  del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial de Manizales que confirmó el emitido en el Juzgado Penal del  Circuito   Especializado   de   esta   ciudad,  mediante  el  cual  HÉCTOR   FABIO   CARDONA   ARANGO  fue  condenado  como  autor  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego y  municiones de uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

I. SÍNTESIS FÁCTICA Y PROCESAL  

1.  El  26  de  agosto  de  2012,   en   Manizales,   en  el  barrio  El  Nevado,    sector    La  Solidaridad,               agentes   de   la   Policía   Nacional  se   presentaron a eso de las 7:00 a.m., con el fin  de  atender una riña entre residentes del  sector,  momento  en  el  que  observaron  un  sujeto  en la vía  pública  que  blandía un  machete,  a  quien  intentaron  controlar  y,  en  ese  instante,         desde        la   ventana  de  un  segundo  piso  de  una  casa  aledaña,  otro  individuo,   que   momentos   antes   había  estado  involucrado  en  la reyerta, arrojó una granada multipropósito de aturdimiento  e  iluminación,  mini  flash  bang,  la  cual  estalló  sin  ocasionar daño a  personas o edificaciones.   

El  autor de esa acción fue aprehendido en  el   inmueble   e   identificado  como  HÉCTOR  FABIO CARDONA ARANGO,  soldado  adscrito  al  Batallón  de Combate Terrestres Nº 119,  quien  para  la  señalada  fecha   se   hallaba   en   periodo  de  vacaciones1.   

2. En razón de lo  anterior  el  27  de  agosto  de  2012  ante  un Juez con Función de Control de  garantías  de  Manizales  se  legalizó la captura del citado, diligencia en la  que   también   le   fue   formulada  imputación  como  autor  del  delito  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego y municiones de uso privativo  de         las         Fuerzas        Armadas2.   

3.  Dado  que  CARDONA   ARANGO  no  se  allanó  a  cargos, el 24 de diciembre del mismo año la Fiscalía General de la  Nación  presentó  en  su contra escrito de acusación por la referida conducta  punible,  el  cual  formalizó  en  audiencia oficiada ante el Juzgado Penal del  Circuito  Especializado de Manizales, cuyo titular, tras celebrar el juicio oral  y  público, mediante sentencia de 11 de diciembre de 2014 declaró al procesado  autor  responsable  del delito endilgado, previsto en el artículo 366 de la Ley  599  de  2000  (Modificado  por  La Ley 1142 de 2007,  artículo    55   y   la   Ley   1453   de   2011,   artículo   20).   

En  tal  virtud,  el a-quo impuso como pena  principal  al  encausado ciento treinta y dos (132) meses de prisión, así como  la  accesoria  de  ley  por  igual  lapso,  y  no  le  concedió  la suspensión  condicional    de    la    ejecución    de   la   condena,   ni   la   prisión  domiciliaria3.   

4.  La expresada  decisión  fue  apelada  por  la asistencia técnica del procesado, impugnación  resuelta  el  13  de abril de 2015 en el Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Manizales, en el sentido de confirmar la providencia ataca, fallo de segunda  instancia  contra  el  cual  la  misma  parte interpuso y sustentó en tiempo el  recurso            de            casación4.   

II. LA DEMANDA  

5. Con apoyo en el  artículo  181,  numeral  1º,  de  la  Ley  906  de  2004, el actor denuncia la  violación   directa  de  la  ley  sustancial  “por  haberse  aplicado  de  manera  indebida  la  norma  legal  llamada  a regular el  caso”.   

Asegura que el vicio denunciado ocurrió al  condenar  a  su  asistido por el delito descrito en el artículo 366 del Código  Penal,  sin  tener  en cuenta que la posesión de la granada de aturdimiento que  aquél  tenía  en su casa estaba amparada con el acta de asignación individual  de  material  de guerra entregado al acusado como soldado profesional, documento  que  aportó  como  evidencia  en  el  juicio, y que por lo tanto las instancias  omitieron  aplicar  el  inciso  2º  del  artículo  1 del Decreto 2535 de 1993,  según  el  cual  las  armas destinadas a la Fuerza Pública no son objeto de la  regulación prevista en el citado legajo normativo.   

Luego  indica que aun cuando en el fallo no  se  desconoce  la existencia de la aludida acta, el error en el que incurren los  falladores  es  confundir la ilegalidad del porte de armas, con la violación de  normas  administrativas  inherentes a la entrega de armas de dotación por parte  de   los  miembros  de  las  fuerzas  militares  cuando  salen  a  períodos  de  vacaciones.   

Desde tal perspectiva entiende el demandante  que  el  porte  de  la  granada  de aturdimiento atribuido a su defendido no fue  ilegal,  y que el comportamiento al margen de la ley en el que habría incurrido  éste  es  el  de  peculado por uso indebido, previsto en el artículo 398 de la  Ley  599  de  2000,  motivo  por  el que solicita casar la sentencia recurrida y  proferir  la  de  reemplazo  en  el  sentido  de  condenar  al  procesado por el  señalado delito contra el patrimonio estatal.   

III. CONSIDERACIONES  

6.  Según  lo  estable  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, Código de Procedimiento Penal  que  gobernó  este  asunto,  el recurso de casación es un mecanismo de control  tanto  constitucional  (artículo  235-1)  como  legal  que  procede  contra  las  sentencias  proferidas en  segunda  instancia  y  que,  de acuerdo con lo señalado en el artículo 180 del  mismo      ordenamiento,      tiene      como      propósitos      (i) la efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías     fundamentales,     (iii)   la   reparación   de  los  agravios  inferidos  y  (iv)    la    unificación    de    la  jurisprudencia.   

Para el cumplimiento de esos objetivos en el  mencionado  régimen  procesal  se  dotó a la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia  de  facultades sustanciales al conferirle, entre otras, la potestad de  superar  los defectos de la demanda para decidir de fondo cuando los fines de la  casación,  fundamentación  de  los mismos, posición del impugnante dentro del  proceso, e índole de la discusión lo ameriten.   

Lo  anterior  no  implica, sin embargo, que  este  mecanismo  sea  de  libre  configuración, desprovisto de todo rigor y que  tenga  como  finalidad  abrir un espacio procesal semejante al de las instancias  para   prolongar   el  debate  respecto  de  puntos  que  han  sido  materia  de  controversia,  pues,  por el contrario, dada su naturaleza extraordinaria, quien  acude  al  mismo  debe  ceñirse  a  determinados  requerimientos  sistemáticos  basados  en  la razón y en la lógica argumentativa, atinentes a la observancia  de  coherencia,  precisión  y  claridad  en  el  desarrollo  de cada uno de los  reparos  efectuados  (por  vicios  in procedendo o in  iudicando),  y desarrollarlos conforme a las causales  de  procedencia  previstas en el artículo 181 del ordenamiento procesal, con el  fin  de  persuadir  a esta Corporación de revisar el fallo de segunda instancia  en   procura  de  corregir  la  decisión  que  se  acusa  de  ser  contraria  a  derecho.   

De ahí que el inciso 2º del artículo 184  de  la  Ley  906  de  2004 consagre que no será admitida la demanda si el actor  carece   de   interés  para  acceder  al  recurso;  el  escrito  es  inconsistente,  esto  es,  si  su  motivación  no  evidencia  la  potencial  violación  de  garantías  y,  en  términos generales, “cuando  de  su  contexto  se advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  del  recurso”,  lo  que puede presentarse cuando la  Corte  observe  que los aspectos reprochados no tienen una incidencia sustancial  en  relación  con  lo decidido en el caso concreto, o que puede responder a los  planteamientos  del demandante sin recurrir a valoraciones de fondo acerca de lo  que ocurrió en la actuación.   

La           Corte  anuncia desde ahora que el libelo  no  será admitido con base en la norma atrás citada,  porque  la disertación ofrecida como sustento de la  inconformidad   no   evidencia   objetivamente   vicios   determinantes  de  una  declaración  contraria  a  derecho,  requisito  de técnica sin el cual la Sala  carece  de  habilitación legal para revisar los fundamentos del fallo censurado  en   procura   de   hacer   efectivos   los  fines  inherentes  a  este  recurso  extraordinario, según reiterada jurisprudencia de la Corporación.   

7. En efecto, el  recurrente  invocó  como  sendero  para  desarrollar  el  enjuiciamiento  de la  sentencia,  la  causal  prevista en el artículo 181, numeral 1º, de la Ley 906  de   2004,   esto   es,   la   llamada   violación  directa   de   la  ley,  ámbito  reservado  para discusiones de estricto carácter jurídico, destinadas  a  hacer  ver  que respecto de una norma de contenido  sustancial el fallador incurrió en:   

i) Falta   de   aplicación  o  exclusión  evidente,  lo  cual  suele presentarse, por regla  general,  cuando  el  funcionario  yerra acerca de la  existencia  del precepto  por  eso  no la considera en el caso específico que  la  reclama.  Ignora  o  desconoce  la ley que regula la materia y por eso no la  tiene  en cuenta, debido a que comete un error acerca de su existencia o validez  en el tiempo o el espacio.   

ii) Aplicación    indebida,  vicio  que  consiste en una desatinada selección del precepto.  El  error  se  manifiesta  por  la  falsa  adecuación de los hechos probados en  relación  con  los  supuestos  condicionantes  de  éste, es decir, los sucesos  reconocidos   en   el   proceso   no   coinciden  con  la  respetiva  hipótesis  normativa.   

iii)  O,  por  último,    interpretación   errónea,  caso  en  el  cual  el  juez selecciona bien y adecuadamente la  norma  que  corresponde  al suceso en cuestión, y efectivamente la aplica, pero  al  interpretarla  le  atribuye  un sentido jurídico que no tiene, asignándole  efectos   distintos   o   contrarios  a  los  que  le  corresponden,  o  que  no  causa.   

8. El   actor,   al   denunciar   el   error  directo  cometido  en  las        instancias       incurre        en        afirmaciones  ambiguas,  pues  al  inicio de la queja sostiene          que  el  vicio consistió en “haberse  dictado  la  sentencia  aplicando  de  manera  indebida la norma legal llamada a  regular   el   caso”5,         manifestación  con la cual no es claro  en  cuanto  a  si  el  precepto activado no corresponde a los supuestos de hecho  declarados,  o  si  el  utilizado  fue  acertado  en  su selección pero  distorsionado  en sus efectos o alcance.   

Luego, al desarrollar los fundamentos de la  queja,  sostiene  que el dislate se materializó porque los juzgadores emitieron  condena   por  el  delito  previsto  en  el  artículo  366  del  Código  Penal  “desconociendo  que  la  posesión de la granada de  aturdimiento    que    llevó    a   su   casa   [el  acusado] estaba amparada en un acto administrativo no  revocado  [a saber] el acta  de     asignación     individual    del    material    de    guerra”6,  argumentación  con  la que  alude  a una violación indirecta por pretermisión o falso juicio de existencia  por  omisión de un medio de prueba allegado en forma regular y, por contera, de  esa  manera  abandona  la  inicial  senda  de  ataque  propuesta,  dado  que una  controversia  de  esa  estirpe  es  ajena  e  improcedente  con  sujeción a las  exigencias de la violación directa.   

Sin embargo, en los mismos planteamientos el  censor  termina  por  reconocer  que en el fallo “no  fue    desconocida    la   existencia”7  del  citado  elemento  de  conocimiento,  y  aclara  que  el  yerro  se  presenta  porque los  juzgadores  confundieron la ilegalidad inherente al porte de armas de fuego, con  la  violación de normas administrativas que regulan el tema de entrega de armas  por  parte  del  personal  militar  cuando  éstos  se encuentran en periodos de  vacaciones.   

De  acuerdo  con  lo  anterior, el reproche  adolece  de  falta  de  claridad  y  precisión  en  cuanto  a la determinación  inequívoca  del desatino que habría propiciado que la declaración de justicia  sea  contraria  a derecho, desacierto técnico que conspira para la admisión de  la  queja  con miras a un eventual pronunciamiento de fondo, ya que la Corte, en  atención  al  carácter  rogado  de  este  mecanismo y acatando el principio de  limitación  que  lo  gobierna,  no  puede  entrar a  suplir       los  vacíos  de  la  censura,  corregir     sus     deficiencias    y  menos  otorgarle  otro  sentido  a  la  pretensión.   

9. Ahora bien,  en  aras  de dotar a la réplica de algún  contenido  lógico,     sí    se    acepta,    en   gracia   de  discusión,  que  la  vulneración   de  la  ley  que  por  vía  directa  pretendió     alegar     el     demandante     fue     el    de    aplicación   indebida,   tampoco  es  posible  la  admisión la  queja   para   un   estudio   de  fondo.   

El    sustento    de    ese  sentido  de la violación directa,  desde  la  perspectiva  del  actor,  estriba  en  que  los  supuestos  de  hecho  declarados  en  el fallo no configurarían  el delito de fabricación, tráfico y  porte  de  armas  de  fuego y municiones de uso privativo de las Fuerzas Armadas  (Ley   599   de   2000,  artículo  366),   sino   el   de   peculado  por  uso  (ídem,  artículo  398),  dado  que  el objeto material sobre el que recayó la  conducta,  en  su  porte,  estaba  amparado  en  el acta de asignación de material de guerra al acusado en  su calidad de soldado profesional del Ejército Nacional.   

De ahí que en criterio del censor no hubo  un  porte  ilegal  de  armas como lo demanda la primera de las referidas normas,  sino  un  uso  indebido  de  ese  elemento cometido por el enjuiciado durante su  periodo de vacaciones.   

Tal  argumento,  sin  embargo, no demuestra  la           eventual          infracción  de  la  ley  por indebida  aplicación        como,        al       parecer,       quiso       alegarlo el  demandante.   

Y ello obedece a  que  el censor olvidó enfrentar las consideraciones  del  ad-quem  relativas a que si bien es cierto a los integrantes de las Fuerzas  Militares,  por  razón y con ocasión del fin Constitucional que les es propio,  se  les  permite  detentar  las  llamadas  armas de guerra o de uso privativo de  aquéllas,  también  es  vedad que esa concesión o habilitación para el uso y  tenencia  de  tales  artefactos  no  se  extiende  a  los  períodos de vacancia  (licencias,   permisos   o  vacaciones)  en  los  cuales esos miembros de las respectivas fuerzas ejercen  como   ciudadanos   civiles  del  común,  pues  en  situaciones  semejantes  al  desarrollar    esas    actividades   por   completo  ajenas  al  servicio,  la  conservación  de  armas de uso privativo  deviene  ilegítima y “se  convierte en factor de riesgo configurativo de una alta puesta  en  peligro  de  la seguridad pública”8.   

De ahí que la disertación ofrecida por el  memorialista    constituya   apenas   un   criterio  valorativo    diferente    respecto   de  las  consecuencias  jurídicas  que  acarrearía la situación  fáctica  debatida,  el  cual  prende  sea acogido en  esta  Sede en reemplazo del expuesto en las instancias, fin para el que no está  previsto  este  mecanismo,  reservado  para  la  corrección  de  auténticos  y  trascendentes  errores en  la    aplicación    de    la   ley,   y   no   para   solucionar   discrepancia de opinión.   

10.    En  conclusión,  de  acuerdo  con  las  consideraciones  que  preceden,  como no se  demostró  en  el escrito estudiado la configuración de vicios con la capacidad  de  enervar  la  declaración  de  justicia hecha en las sentencias de primera y  segunda  instancia,  las  cuales  al  coincidir  en  el mismo sentido forman una  unidad  jurídica  inescindible que solo puede ser resquebrajada en virtud de la  acreditación  de  yerros  manifiestos  y  graves  que dejen sin efecto la doble  presunción  de  legalidad y acierto que la cobija, se impone la inadmisión del  libelo  como perentoriamente lo ordena el artículo 184, inciso 2, de la Ley 906  de  2004,  determinación contra la cual procede el mecanismo de insistencia, en  los  términos  concretados  por la Corte a partir del fallo de 12 de septiembre  de     2005     (radicación    24322).   

No  obstante  lo anterior, impera señalar  que  una  vez  ejecutoriada  esta  decisión  y tramitado sin éxito, en caso de  ejercitarse,  el  mecanismo  de  insistencia,  las diligencias deben retornar al  Despacho  del  Magistrado  Ponente  para de manera oficiosa proveer la   Corte   acerca   del   quebranto  de  las  garantías  del  procesado.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

1.  NO ADMITIR la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   HÉCTOR  FABIO  CARDONA ARANGO, contra la  sentencia  que  en  segunda  instancia confirmó la condena emitida en su contra  como  autor  de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego y municiones de  uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

2. De conformidad  con  lo dispuesto en el artículo 184, inciso segundo, de la Ley 906 de 2004, es  facultad del recurrente elevar petición de insistencia.   

3.  RETORNAR  las  diligencias al Despacho  del  Magistrado  Ponente  una  vez  ejecutoriado este proveído y resuelto en el  evento  de  que  se  interponga  el  mecanismo  de  insistencia,  a  fin  de que  oficiosamente  la  Sala  se  pronuncie  acerca  de  la  probable vulneración de  garantías  fundamentales  del  acusado,  de acuerdo con lo indicado en la parte  considerativa.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

PRESIDENTE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Hechos extraídos de los fallos de primero y segundo grado.   

2  Cuaderno principal, folios 1-10.   

3  Cuaderno principal, folios 24-32 y 196-215.   

4  Cuaderno principal, folios 266- 284 y 289-321.   

5  Cuaderno   principal,   folio   309   (página   20   de  la  demanda,  párrafo  final).   

6  Ídem, folio 311 (página 22 de la demanda, primer párrafo).   

7  Ídem, folio 315 (página 26 de la demanda, segundo párrafo).   

8  Ídem, folio 277-283.     

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