AP164-2015(41154)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP164-2015  

Radicación n° 41.154  

(Aprobado Acta No.  023)   

Bogotá D.C., veintiocho (28) de enero de dos  mil quince (2015).   

MOTIVO    DE    LA  DECISIÓN   

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Juan  Carlos  Alvarado  Narváez  contra la  sentencia  de la Sala Penal del Tribunal Superior del Departamento Archipiélago  de  San  Andrés, Providencia y Santa Catalina, del 14 de diciembre de 2012, que  confirmó  la proferida el 26 de octubre del mismo año por el Juzgado Promiscuo  Municipal  de  Providencia  I, mediante la cual lo condenó, a título de autor,  por  el  delito  de  extorsión  agravada  en  concurso  material  homogéneo  y  sucesivo.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal de la siguiente forma:   

Se  desprenden  los hechos de la entrevista  recepcionada  (sic)  al  señor  MILTON RAFAEL MILIES OJEDA, quien establece que  desde  el  día  24  de febrero de 2011, el señor JUAN CARLOS ALVARADO NARVÁEZ  con  el  fin  de  obtener provecho económico, se hizo presente en su residencia  ubicada  en  el  sector  de Campo Hermoso manifestándole que iba de parte de la  oficina   de   Medellín,  y  le  solicitó  su  número  telefónico  para  ser  contactado.  Al  día siguiente se comunicaron vía celular con él exigiéndole  colaboración  con  la  suma  de  dos  mil  pesos,  y  amenazándolo  que  de no  estregarlos  podría  terminar  mal. Posteriormente fue citado en el barrio Back  Rock,  encontrándose  con  ALVARADO  NARVÁEZ y otro sujeto uno de ellos de tez  blanca  y  acento  paisa,  quien  tenía  aproximadamente  1.75 de estatura y 75  kilogramos  de  peso. El señor ALVARADO NARVÁEZ le indaga que si tiene dinero,  a  lo que respondió que tenía la suma de doscientos mil pesos, le exigieron la  entrega  de  la  mitad  del  dinero. Afirma la víctima que en marzo 25 de 2011,  aparece  nuevamente  en  su  residencia el señor JUAN CARLOS ALVARADO NARVÁEZ,  pero  en  esta  ocasión  acompañado de otro hombre de tez trigueña y dialecto  costeño,  intimidándolo  que  no  quería  hacerle  daño, por lo tanto debía  entregarle  dos  teléfonos  celulares BlackBerry y la suma de cuatrocientos mil  pesos;  el  día  de la entrega de lo requerido sería el próximo fin de semana  en  la  tienda  Caravana  a  las 11:00 de la mañana. Finalmente los entregó al  señor  ALVARADO  NARVÁEZ  en  total  la  suma  de  un  millón  doscientos mil  pesos1.   

2.  El  7  de  marzo de 2012 el Juez Segundo  Promiscuo   Municipal   de  San  Andrés  Islas  con  funciones  de  control  de  garantías,  por  solicitud de la Fiscalía Local 27 de esa ciudad, legalizó la  formulación  de  imputación  por  el delito de extorsión agravada en concurso  homogéneo   y  sucesivo  en  contra  de  Juan  Carlos  Alvarado  Narváez, y le impuso medida de aseguramiento  por         los         mismos         reatos2.   

3. El 4 de mayo de 2012 la Fiscalía 27 Local  de  San  Andrés  presentó el correspondiente escrito de acusación3.   

4.  Entre el 27 de mayo y el 15 de noviembre  siguientes  se  celebraron  14 audiencias preliminares de búsqueda selectiva en  base   de   datos   junto   con   su   control   posterior   y   acceso   a   la  información4.   

5.  Desde  el  4  al  18  de  mayo  de dicha  anualidad,  los  Juzgados  Primero,  Segundo y Tercero Promiscuos Municipales de  San  Andrés  Islas,  se  declararon  impedidos  para asumir el conocimiento del  presente  asunto  por  considerar  que  estaban  incursos  en  la  causal 13 del  artículo    56    de   la   Ley   906   de   20045,  siendo  declarados  fundados  –entre   los   mismos  despachos-  hasta  culminar  en  el  Juzgado  Promiscuo Municipal de Providencia  Isla,  el  cual  solicitó  a la Sala Administrativa del Consejo Seccional de la  Judicatura  de  Bolívar  la competencia excepcional con el fin de trasladarse a  San  Andrés para continuar con el trámite procesal6.     

6. El 15 de junio posterior se llevó a cabo  la  audiencia  de  formulación  de  acusación.  Las partes no alegaron ninguna  causal  de  incompetencia,  impedimentos, recusaciones o nulidades. La Fiscalía  adicionó  el  escrito  de  acusación  en el sentido que el procesado actuó, a  título  de coautor, en el delito de extorsión agravada, en concurso homogéneo  y   sucesivo;   además,  le  imputó  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  consagrada  en el artículo 58, numeral 10 del Código Penal por haber obrado en  coparticipación               criminal7.     

7. El 10 de julio del mismo año se llevó a  cabo  la audiencia preparatoria. En dicha diligencia el inculpado no aceptó los  cargos   elevados,   se  realizaron  estipulaciones  probatorias  y  las  partes  solicitaron   las   pruebas   para  ser  practicadas  en  el  juicio8.    

8.  El  debate  oral  se  desarrolló en dos  sesiones         -1º        de        agosto9 y 27 de septiembre10-, al cabo de  las  cuales,  la  juez  de  conocimiento  anunció  que el sentido del fallo era  condenatorio11.   

9.  Mediante  sentencia del 26 de octubre de  2012,  la  juzgadora  condenó  al  acusado  por  el injusto endilgado a la pena  principal  de  doscientos  noventa y dos (292) meses de prisión, multa de 6.333  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes,   y   a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso.  Además,  le negó la suspensión condicional de la ejecución de  la    pena    y    la    prisión    domiciliaria12.   

10.    Recurrido   el   fallo   por   el  defensor13,  y  allegado  escrito -en el término para los no recurrentes- por  la   Fiscal   Delegada   ante   los  Jueces  Municipales  y  Promiscuos  de  San  Andrés14,   fue  confirmado  por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  del  Departamento  Archipiélago  de  San Andrés, Providencia y Santa  Catalina  en  sentencia del 14 de diciembre ulterior15.   

11.  El 11 de enero de 2013 el abogado de la  defensa  solicitó  la  complementación  y  adición del referido proveído, en  tanto  estimó  que  se vulneraron los derechos al debido proceso y a la defensa  por  cuanto «no se hizo referencia a la punibilidad o  a  la  pena  a  imponer,  en  la  medida  en que la pena impuesta por el juez de  primera   instancia   no   corresponde   a   la   realidad  fáctica»16.   

12.  El  14 de igual mes la defensa técnica  interpuso  oportunamente  el  recurso  extraordinario  de  casación17  y  el  25  siguiente  el  citado  juez  colegiado  lo  concedió,  al  tiempo  que declaró  improcedente     la     adición     del    fallo18.   Por  último,  el  mismo  extremo  procesal  presentó  la  respectiva  demanda  de  casación  dentro del  término              de             ley19.   

LA  DEMANDA   

Tras identificar las partes e intervinientes  y  la  sentencia  impugnada, el libelista elabora una síntesis de la situación  fáctica  y  de  la actuación procesal, luego de lo cual acusa la existencia de  cuatro yerros (entre principales y subsidiarios).   

i)   Para   el   censor,  el  disenso  principal  de nulidad se aviene a  la   vulneración  del  debido  proceso  desde  el  inicio  de  la  instrucción  «toda  vez  que  al  enjuiciado  no  se le permitió  declarar  en  su  propio  juicio  (…) con lo cual bien podría controvertir el  inverosímil   dicho   del   denunciante»20,  desconociéndose  el  artículo  29  de la Constitución Política, junto con la  «violación    ostensible    del    derecho    de  defensa»21.   

En  concepto  del  impugnante,  también  se  ignoró  la  línea  jurisprudencial tanto de la Corte Constitucional como de la  Corte  Suprema, según la cual, «en cualquier momento  el  procesado  puede  renunciar   a  su  derecho  a  guardar  silencio para  testificar    en   su   propio   juicio»22.   

Con  el  advenimiento  de  la  nueva  Carta  Política,  a  su  prohijado  se le garantizan los derechos de imparcialidad, el  cumplimiento  de  las formas propias del juicio, la legalidad en la recaudación  de   la   evidencia,   un  «sano  juicio»23,   y   el   de   «GUARDAR  SILENCIO»24.  Sin  embargo, este último  fue  cercenado  por funcionarios del DAS, quienes recibieron la noticia criminal  el  11  de mayo de 2011 y sólo 14 días después, esto es, el 25 de igual mes y  año,  se  puso  la  misma  a disposición de la autoridad acusadora competente.   

A  renglón  seguido, sostiene que la Fiscal  del    caso    no    se   dio   cuenta   que   el   denunciante   «oficiaba  como recopilador de pruebas, es decir, cual si fuera juez  y  parte  al mismo tiempo»25,   escenario   –en  opinión  del jurista- que muestra  la  flagrante  vulneración  de  los  derechos  de  su  asistido, «habida  cuenta  que  la  misma Fiscalía sabía que el mozalbete se  encontraba  privado  de su libertad (…) lugar a donde era fácil ubicarlo para  permitirle  su  derecho  de  defensa  desde  el  inicio  del proceso»26.   

La nulidad es procedente porque en el juicio  no  le  permitieron  al procesado hacer uso de su derecho a declarar. Es por eso  que  se ignoró, en sentir del demandante, los artículos 29 de la Constitución  Política,  «la  regla  sexta del Código de Juicios  Criminales   de   2004»27,  y  el  5  de la Ley 906 de  2004.   

Estas    normas    fueron   inadvertidas  «por  la  Fiscalía que formuló la imputación y la  acusación     con     la     prueba     viciada    de    ilegalidad»28  base de la condena. Es así  como  una  funcionaria  del  DAS desatendió el procedimiento legal y esperó 14  días para darle trámite a la denuncia.   

Además   de   los   preceptos   citados,  «el   ente   investigador   desconoció»29  los cánones 336, 425, 426,  429,  433  y 457 ejusdem, por  cuanto  «no tuvo en cuenta que el elemento probatorio  que   cimienta  la  acusación  y  demás  probanzas  no  fue  legal»30,  y  menos imparcial (porque  procedían  de  la  presunta  víctima).  Así  mismo,  se impidió, asegura, la  contradicción  probatoria,  en  relación  «con  la  denuncia  y  la  entrevista  efectuada  a  dicho  denunciante, situación que le  impidió     al    enjuiciado    obtener    un    fallo    favorable»31.   

Estas irregularidades, asegura, incidieron en  la    valoración    de   las   pruebas;   por   ello   implora   «analizar  profundamente  esta violación al derecho de defensa y al  debido  proceso (…) pues se ha condenado al recurrente con la prueba ilegal no  controvertida  (…)  y  por  un  hecho en donde el denunciado inexplicablemente  guardó    silencio»32.  Simultáneamente, dice que  la  Fiscalía sustentó la legalización de la captura contra toda evidencia, ya  que su representado se presentó voluntariamente al proceso.   

En  este orden, peticiona casar la sentencia  atacada  para,  en su lugar, declarar la nulidad antes de la finalización de la  audiencia  pública  o  de la formulación de imputación, momento desde el cual  debe ordenarse rehacer la actuación.      

ii)  El  segundo  cargo  también  lo postula por la senda de la nulidad  por  la  infracción  a  los  derechos  al  debido  proceso  y  a la defensa. No  obstante,  a  renglón seguido, condiciona los anteriores sentidos de ataque con  un falso juicio de legalidad.   

Aduce que la actuación del Tribunal no tiene  ningún       «fundamento      legal»33,  por  cuanto  rechazó  la  práctica  de  la  declaración  en el juicio de su prohijado, siendo que él es  «el  único que podría controvertir lo dicho por el  denunciante,  situación  que  conduce a la nulidad de lo actuado por violación  ostensible  del  debido  proceso y a la defensa, en la medida que al mismo no se  le  permitió  ser  oído»34.   

Es  por  esta razón, continúa el defensor,  que  la magistratura desconoció las razones del a quo  al     «decretar   de  oficio  la  prueba  que  considere  pertinente  (…)  Actitud  con  la  cual  se le pulverizó el debido  proceso  y  el derecho de defensa, en el sentido de habérsele quebrantado tales  sagradas     garantías     procesales»35.   

Además,  a  su  mandante  se  le  privó de  controvertir  la  única  prueba  incriminatoria, en contra de la presunción de  inocencia,  consagrada  en  el  artículo 29 de la Constitución. Y como el juez  plural  violentó  el artículo 5 de la Ley 906 de 2004 sobre imparcialidad y un  verdadero  juicio  objetivo  al impedir que declarara el procesado, se le creyó  todo  al denunciante, «de ahí que se debió permitir  su   controversia   probatoria   con   el   dicho   del   enjuiciado»36.     

En el mismo cargo, con un título diferente,  el  recurrente  alega  una  «NULIDAD POR EL INDEBIDO  MANEJO   DE   LA   CADENA   DE  CUSTODIA»37,    en  relación  con  la  prueba  documental –denuncia y entrevista de Milton Rafael Mieles Ojeda-.   

Enseguida,  trae  al  caso la definición de  cadena  de custodia y alude al registro que debe hacerse de ella. En este punto,  asegura  que no obra en el expediente algún formato o procedimiento similar que  determine  que  hubo cadena de custodia, sólo predomina el dicho de la presunta  víctima,  quebrantándose  el  artículo 254, inciso 2º de la Ley 906 de 2004,  porque  «se allegó una prueba documental relativa a  los  celulares  Black Berry y otros sin el procedimiento debido, lo cual es nulo  de    pleno   derecho»38, en consonancia con el canon  29 de la Constitución Política.   

En criterio del letrado, se le dio validez a  una   inexistente   cadena  de  custodia,  «iniciada  irregularmente»39, aceptándose, en todo caso,  otra  generada  por  la  SIJIN  «sin que la autoridad  competente     hubiese     dado     por    terminada    la    ya    inicialmente  establecida»40.   

Solicita  la nulidad a partir de la denuncia  presentada en contra de su prohijado.   

iii)    Sustenta    como    subsidiaria   una   tercera  censura  por  nulidad,  pero  esta  vez  por  violación  al principio de legalidad de la pena  (causal  primera  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004). En sí, sostiene que  se  presenta  una  aplicación  indebida de la sanción impuesta, y una falta de  aplicación  de  las  normas  que  regulan  la dosimetría punitiva, respecto al  delito de extorsión agravada.   

Explica que la acusación fue por dos reatos  de  extorsión,  donde  la  cuantía  de  uno  de  ellos  era  inferior a un (1)  s.m.l.m.v.,  entonces, los ámbitos de punibilidad serían 192 a 384 meses, y el  último  guarismo  (384)  corresponde  al  incremento  de  la  tercera parte del  básico,  es  decir,  288 meses. Luego, para el delito atenuado por la cuantía,  la  pena  sería  de  96  a  256 meses, por lo que el primer cuarto respecto del  primer   y   segundo   injusto   sería  de  192  a  240  y  96  a  136,  en  su  orden.   

Por  esto,  «al  tasar  las  penas,  se debe partir del límite inferior de la mayor, ósea (sic)  192  y  el  otro  tanto  debería  ser de 48, ósea (sic) la mitad de 96 para no  incurrir  en  una suma aritmética, para una pena de 240 meses que equivaldrían  a    20    años    de    prisión    y    no    a    la    impuesta»41,   motivo   por   el  cual,  solicita    se    «declare   la   nulidad   de   la  sentencia»42,  para  que  el  Tribunal de  instancia determine la sanción debida.   

iv)  En  un último  ataque (que para el defensor es el segundo43), considera  que  se  conculcaron las reglas de producción y apreciación de la prueba, para  ello  trae  a  colación  los  artículos 28 y 29 de la Constitución Política,  así como los 381 y 382 de la Ley 906 de 2004.   

Con base en lo anunciado, indica que el juez  de  conocimiento  no  entendió  que el hecho denunciado sólo tiene como único  soporte la declaración del mismo ofendido.   

Acto  seguido,  encamina  su  discurso  a la  tipicidad,  antijuridicidad  y  culpabilidad  de  la  mano  de  algunos  autores  extranjeros,  para  significar  que  la  duda se debe aplicar en oposición a la  absoluta  convicción.  Es  por  ello que en el caso de examen, para el defensor  debe  aplicarse  la duda razonable, «en el sentido de  que  si  (sic) es relevante  tener  en  cuenta  la  calidad  de  la  inexistencia de la prueba ajena al mismo  denunciante  que  demuestre  la existencia de la supuesta extorsión»44.  (Negrillas y subrayas del  texto original).   

A  continuación, transcribe el contenido de  los  preceptos  425  (documento  auténtico) y 426 (métodos de autenticación e  identificación)  de  la  Ley  906  de  2004  y,  con base en ello, alega que la  nulidad  debe  ser  declarada  por  cuanto  las circunstancias de tiempo, modo y  lugar   del   reato   de   extorsión  fueron  narradas  exclusivamente  por  el  denunciante,   y  esto   no  es  legal;  incluso,  porque  a  su  prohijado  –como  lo señaló en los  cargos  precedentes-  no  se le permitió ser escuchado en el juicio, por cuanto  el  juez  ordenó su declaración pero la magistratura la revocó «so  pretexto en que (sic) debió haberse solicitado dicha prueba en  la  vista  preparatoria»45, desconociendo, el Tribunal,  la  facultad  oficiosa  del  funcionario  de  primera  instancia, «circunstancia  de  donde  deviene  la NULIDAD de todo lo actuado, y  por  tanto  debió  declarar  la  OSTENSIBLE DUDA RAZONABLE, en la valoración y  consideraciones     de     su    fallo»46.   

Estas son las razones, afirma, por las que no  se   podía   «declarar  que  existe  antijuricidad  material   y   formal»47,  sino la duda, para lo cual  cita  a  otros  tratadistas  extranjeros.  Aún  más, si la Fiscalía no logró  demostrar  la  existencia  del  delito,  deben  ser  escuchados  los testimonios  vertidos  en  los  audios  para  corroborar  «que lo  sucedido  fue  todo  lo  contrario  a  lo que dice la sentencia (…) Es ILOGICO  (sic)  basar  una sentencia en solo suposiciones procesales, ya que la fiscalía  jamás  logró  probar la existencia de la extorsión y menos la responsabilidad  del     enjuiciado»48.   

Y como el ente acusador no hizo su tarea, le  resulta  pertinente  al  demandante  trascribir  apartes del manual de cadena de  custodia  de  la  misma  entidad,  para de inmediato sostener que «la  gran  pregunta  para  esta  defensa  es por qué se rechazó el  testimonio  precisamente  del señor JUAN CARLOS ALVARADO NARVAEZ (sic), el cual  es  el  único  que  podría controvertir el dicho del denunciante. Será que el  ente  acusador  sabía  que se le derrumbaría su andamiaje procesal con la sola  declaración    de    [su]    defendido»49.   

A  lo  anterior,  le  adiciona los yerros de  apreciación  probatoria  y  la  inexistente valoración integral de los medios,  junto  con  el  hecho de que al emitirse el sentido del fallo el juez manifestó  que  la  defensa  no logró demostrar la inocencia de su procurado, ante lo cual  manifiesta  el casacionista que  «el Señor Juez  está  trasladando  la  carga de la prueba de manera irresponsable a la defensa,  cuando  ésta  es tarea del ente acusador»50.  Y  menos  aún  podía  hablar  de  la carga dinámica de la prueba por ser restringida su  aplicación  en el país como lo viene considerando la Corte Suprema de Justicia  en   el  sentido  de  que  «no  es  viable  sostener  sentencias  sin  fundamento  lógico-probatorio  con  el solo hecho de trasladar  dicha  carga a la defensa»51.   

Nuevamente,  descansa  su  discurso  en  la  tipicidad  de la conducta para alegar que ningún extorsionista recibe celulares  por  dinero,  además,  que no hay prueba de tal hecho y con la sola denuncia no  se    puede   condenar,   ni   tiene   ninguna   capacidad   de   demostrar   el  ilícito.   

Es por este motivo, advera, que la tipicidad  debe  probarse   y  no  se  puede  ajustar a cualquier acto del ser humano.   

Tras    destacar   que   «la  sentencia  objeto  de  alzada  se  soporta  únicamente  en  la  declaración      del     denunciante»52, de la mano  del  derecho romano, afirma que el «testigo único es  testigo      nulo»53,        donde  resulta coherente que para acreditar el injusto por el que se  condenó  a su mandante se requiera «de persona ajena  al  interés  de  la  resulta  del proceso, es decir, la prueba debe provenir de  alguien  o  de  algo  diferente  al denunciante, puesto que éste hará hasta lo  imposible   por   demostrar   con   su   dicho   lo   que   jamás   pudo  haber  acontecido»54.   

De  cara a las precedentes argumentaciones,  al  defensor  le  resulta  plausible  la  aplicación  de la duda en favor de su  prohijado  por  ausencia  de  tipicidad de la conducta reprochada, para lo cual,  cita        varios        extractos        jurisprudenciales        –no  los  identifica  en  debida forma-  sobre   la   certeza,   la   duda   razonable,   el  principio  de  in  dubio  pro  reo  y  la  carga  de  la  prueba.   

CONSIDERACIONES   

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como   propósito   «la   efectividad  del  derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los    agravios    inferidos    a    estos,    y    la    unificación   de   la  jurisprudencia»55.   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella en la que   i)   el  recurrente  carezca  de  interés  para  acceder al recurso, ii) no  se invoque la causal conforme a la cual  se  edifica  el  reproche  de  las contempladas en el artículo 181 ibidem,  iii)  se  omita  desarrollar los cargos correspondientes o, iv)  fundadamente  se  logre  establecer  que  no  se  requiere  de la sentencia para  cumplir    las    finalidades    previstas    en    el    aludido   precepto  180; lo anterior, salvo que el  cumplimiento  de alguno de esos fines permita superar los defectos técnicos que  exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También tiene decantado la jurisprudencia  que,  la demanda debe ser íntegra en su formulación,  suficiente  y precisa en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal suerte  que  se  debe soportar en los principios que rigen el recurso extraordinario, en  especial,  los  de  claridad,  precisión, fundamentación debida, prioridad, no  contradicción  y  autonomía,  sin  que sea viable argumentar a la manera de un  alegato  de  instancia.   La  proposición  de  los  cargos  exige  escoger  adecuadamente  la  causal  y el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

2. El libelo que nos ocupa no satisface los  requisitos   mínimos   que   exige   el   referido   canon   184   ibidem para su admisión y, por lo tanto,  no puede ser seleccionado. Las razones son las siguientes:   

Los   cuatro  cargos  fueron  sustentados por nulidad, en esa medida  es  necesario  reiterar  que,  la  acreditación  de  la misma está ligada a la  comprobación  cierta  de  yerros  de  garantía o de estructura insalvables que  hagan  que  la  actuación  y  la  decisión  de  segunda instancia pierdan toda  validez  formal  y  material,  por  lo  que  corresponde  al impugnante expresar  conforme  al  principio de taxatividad la irregularidad sustancial que afecta la  actuación,  determinar  la  forma en que ella rompe la estructura del proceso o  afecta  las  garantías de los intervinientes, la fase en la que se produjeron y  demostrar  que ninguno de los principios que rigen su declaración ha operado en  el caso concreto.   

Si  el  vicio  denunciado corresponde a una  violación  del  debido  proceso,  es  necesario  que  el  actor  identifique la  irregularidad  sustancial  que  alteró el rito legal, pero si afecta el derecho  de  defensa,  se  debe  especificar la actuación que lesionó esa garantía; en  cada  hipótesis,  la  argumentación  debe  estar  acompañada  de la solución  respectiva.   

Igualmente, la fundamentación del ataque se  debe  hacer  a  la  luz  de  los  postulados  que  rigen  la declaración de las  nulidades,   esto   es,   los   de   convalidación56,   protección57,  instrumentalidad       de       las      formas58,  trascendencia59     y  residualidad60,  pues  si se avizora que el defecto denunciado no logra afectar en  grado  sumo  el  desarrollo de la actuación, ni alterar lo decidido en el fallo  censurado, no hay lugar a la admisión del reproche.   

2.1.  En el caso examinado, la primera  nulidad alegada por el demandante  se  soporta  en  la  violación  a los derechos al debido proceso y a la defensa  porque  no  se le permitió a su procurado declarar en el juicio, con lo cual le  habría sido imposible controvertir lo narrado por el denunciante.   

Las   pautas   atrás  señaladas  fueron  desatendidas  por  el  censor,  ya  que,  en  principio, ignoró el postulado de  trascendencia  que,  en  esencia,  corresponde a la demostración objetiva de la  lesión  a  la  estructura procesal o a la garantía de las partes supuestamente  quebrantadas  con  los  fallos  condenatorios.  En efecto, si no se presenta una  argumentación  en  función  del  apotegma  referido, la censura no pasa de ser  sino  un  simple  esfuerzo  defensivo,  propio de un alegato de instancia, tal y  como ocurre en el asunto de la especie.   

Súmese que, cuando el letrado aseguró que  los  juzgadores  ignoraron  los lineamientos jurisprudenciales que enseñan que,  en  cualquier  momento  el procesado puede renunciar a guardar silencio, esto no  puede  ser  entendido –como  se  presenta en el cargo y en el resto de la demanda-, en el sentido que, según  su  conveniencia,  el  inculpado o su defensor, pueden reclamar la práctica del  testimonio  del presunto infractor en su propio juicio, sin acatar las reglas de  descubrimiento  y  solicitud  probatoria concebidas por el ordenamiento adjetivo  penal actual.   

En  efecto,  las  partes  deben  acoplar su  interés  a las fases del proceso penal acusatorio, que para el caso puntual del  descubrimiento  y  la  solicitud  probatoria  a cargo de la defensa, lo es en la  audiencia preparatoria.   

Si  se  admitiera una estrategia defensiva,  como  la  concebida  por  el  jurista,  en  la que para cerrar el debate oral se  permitiera  al  enjuiciado  declarar después de practicados todos los medios de  convicción  debidamente  solicitados  y  decretados por las partes, se abriría  paso  a  la infracción de los principios de igualdad de armas, lealtad procesal  y  legalidad,  por  cuenta  del  sorprendimiento  a  la contraparte con un nuevo  elemento  de  persuasión  no  descubierto  ni  solicitado  en  su  oportunidad.   

Incluso,  la  forma  de  presentación  del  ataque  conduce inexorablemente a su inadmisión por la confusión argumentativa  derivada  de  enfrentar  varias  proposiciones temáticas en un mismo cargo, sin  desligar  sus contenidos y finalidades. Esto ocurre cuando, en el contexto de la  censura    en    estudio,    propuso    también   otra   nulidad   –o  quizás  hace  parte  de la misma-,  como  consecuencia  de que los funcionarios del extinto organismo administrativo  de  seguridad  D.A.S.,  dejaron  de tramitar la denuncia penal instaurada por la  víctima,   durante   un   lapso   de  14  días,  siendo  que  debían  hacerlo  inmediatamente.   

Desde luego, que este nuevo ataque no tiene  ningún  fundamento  transcendente,  ni  mucho menos hace parte de la hipótesis  que  venía  trabajando  el  defensor.  Además, no explicó el casacionista por  qué  se  debe  retrotraer  la  actuación  a su génesis por el hecho de que el  D.A.S.,  no tramitó de manera  inmediata  la denuncia penal a ellos presentada, en otras palabras, no demostró  en  qué  afecta la estructura procesal o la garantía debida a su asistido, por  una   parte,   y,   por   otra,   mezcla   en   toda   la  demanda  –excepto  en  el  cargo elevado por una  posible  violación  al  principio de legalidad de la pena-, los dos sentidos de  ataque,  es  decir,  debido  proceso  y  derecho  de  defensa,  sin delimitarlos  debidamente como la técnica casacional lo reclama.   

Del mismo modo, las apreciaciones personales  del  libelista  desbordaron  la  presente  censura  y  el  resto  del libelo, al  afirmar,  por  ejemplo,  que  el  denunciante  actuó  como juez y parte, que la  Fiscalía  no  citó  a  su  prohijado  para  que  concurriera a las diligencias  judiciales  ni se defendiera de las acusaciones esgrimidas por la víctima, todo  lo  cual,  es  desmentido  por  las constancias de las diferentes actas y audios  allegadas a la actuación.   

En verdad, no es claro para la Sala que por  el  hecho  de  que  el  ofendido  recaudara  elementos  probatorios que pudieran  servirle   de  base  a  la  acusación  de  la  Fiscalía,  aquel  haya  actuado  simultáneamente  bajo  el rol de juez y de interviniente, justamente, porque lo  que  se  percibe  es  la  reivindicación de un interés exclusivo de parte, por  supuesto  parcializado,  en tanto víctima, y no la imparcialidad que se predica  de las autoridades judiciales.   

Igualmente, por parte alguna se observa que  al  inculpado  se  la haya obstruido la posibilidad de comparecer al proceso, al  punto  que  no  fue  juzgado en ausencia sino que conoció desde la génesis del  proceso,  es  decir,  a  partir  de  la  formulación  de imputación los cargos  atribuidos por el órgano perseguidor.   

Agréguese  que,  sin  ningún  elemento de  juicio  serio,  el  defensor  equivocó la ruta de ataque para argumentar que no  existe  en el plenario ningún medio probatorio que sustente la acusación y que  las  pruebas no son legales, cuando tales reproches ha debido demandarlos por la  senda  del  error  de hecho por falso juicio de existencia y el error de derecho  por  falso  juicio de legalidad, respectivamente, defecto argumentativo que a su  vez  contrae  la  transgresión  de  los  postulados  de  autonomía  y crítica  vinculante.   

Repárese, en este punto, que tales censuras  no  responden  al  principio  de  corrección  material  en  la  medida  que  la  acusación  y  la  sentencia, tal y como en otro aparte de la demanda se admite,  sí  se  apoyaron  en varios medios de convicción (testimonial y documental) y,  nada  indica que adolezcan de anomalías en su formación o producción, pues el  censor no las patentiza.   

Por último, el recurrente entremezcló una  nueva  argumentación  en  el  cargo  de  nulidad,  al  decir  que  la Fiscalía  sustentó  la  legalización  de  la captura contra toda evidencia siendo que su  prohijado  se  presentó  voluntariamente. Ante ello, nada hay que expresar sino  el  desconcierto  de  no  saber  qué  pretende  el demandante al fusionar temas  intrascendentes y fuera de contexto.   

Y es que, recuérdese que dentro del ámbito  de  evaluación  casacional  no  caben  los motivos para proferir o no medida de  aseguramiento,      sino     los     yerros     in  iudicando     o     in  procedendo protuberantes de los fallos de instancia en  punto  de  la  materialidad  de  la  conducta  punible  y la responsabilidad del  procesado;  además  que,  la verificación preliminar del expediente indica que  no  es  cierto  que  la  Fiscalía hubiere solicitado control de legalidad de la  captura  –pues  ésta, en  efecto,  no  existió-,  sino,  exclusivamente, de la imputación y la medida de  aseguramiento.   

2.2.  El  segundo  cargo  también  lo  sustentó  por  violación de las  mismas  garantías  procesales reseñadas atrás, pero de manera inexplicable lo  centró  en  un  supuesto  falso  juicio de legalidad, porque, supuestamente, la  actuación  del  Tribunal  no  tiene  fundamento  legal  por  el  hecho de haber  rechazado  la práctica de la declaración del enjuiciado en el debate público,  único  medio,  en  sentir del abogado, con el que se podía cuestionar el dicho  del denunciante.   

En sí, esta censura es una extensión de la  anterior,  que  conserva  idéntica  idea  central  y carece de algún desenlace  evolutivo,  ya  que  únicamente  consigna  la  propia percepción hipotética y  subjetiva  del  defensor  y  se  identifica con un memorial de libre factura, de  impropia  formulación  en  sede  extraordinaria. En esta medida, los argumentos  esbozados  en  relación  con  el  primer  reproche resultan nuevamente válidos  respecto de este ataque.   

   En  todo caso, es oportuno destacar  que  cuando  el  letrado sostuvo que el Tribunal no podía revocar una prueba de  oficio  ordenada  por  el  juez  de conocimiento, como era la declaración en el  juicio  del  procesado,  aparece  latente  su  sinrazón, en el entendido que la  oficiosidad  es  un  mecanismo excepcional en el sistema adversarial, máxime si  se  desbordan los momentos procesales precisos para acudir a la práctica de tan  reclamada prueba.   

Fue costumbre del demandante, en el contexto  del  presente  libelo,  mezclar  pretensiones  obviando la debida argumentación  lógica-jurídica  requerida en sede extraordinaria, lo cual se demuestra porque  esta  vez  no  fue  la  excepción puesto que sustenta dentro del mismo reproche  otra  supuesta  nulidad  por  el  indebido  manejo  de  la  cadena  de  custodia  relacionada  con  la  denuncia y entrevista de Milton Rafael Mieles Ojeda, queja  que  debía  intentar, necesariamente por la senda de la violación indirecta de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  en  el  sentido de falso raciocinio.   

Advierte,  también, la Corte que el censor  quebrantó  el  principio  de no contradicción porque inicialmente aseveró que  no  existe  dentro  del  plenario  un documento formal que condicione la mentada  cadena  de  custodia  para  probar la extorsión con el producto ilegal -los dos  celulares-,  pero,  a  renglón  seguido,  indicó  que  se le dio validez a una  inexistente  cadena  de  custodia,  para  al  final referirse a otra existencia,  iniciada por la SIJIN.   

Esta   manera   de   argumentar  conspira  claramente contra los principios de claridad y razón suficiente.   

2.3.  En  otra  de las nulidades propuestas  (cuarto  cargo),  el  censor  insistió  en  los mismos temas tratados atrás, pero esta vez pretendió unirla  a  la violación de las reglas de producción y apreciación probatorias propias  de  la  causal  tercera  de  casación.  Volvió,  de  esta forma, a vulnerar el  principio  de autonomía. Sin embargo, es necesario hacer algunas precisiones en  torno  a  las  afirmaciones  traídas  por  el libelista en la sustentación del  cargo.   

En  primer  lugar,  adujo  que  la  juez de  conocimiento  no  entendió  que  el hecho ilegal denunciado solo es corroborado  por  el  ofendido, más dejó de explicar el defensor el motivo por el que en el  sistema  penal  colombiano  no  es  procedente  que la víctima aporte pruebas y  relate lo acontecido en su contra.   

Menos,  expuso una razón jurídica válida  para  que tal aducción de pruebas aportada por esa parte, no pueda ser valorada  por  los  funcionarios  judiciales,  como  lo  pretende  en  tres  de los cargos  elevados  por  nulidad  contra  el fallo del Tribunal, máxime cuando tampoco le  mereció  alguna  reflexión  la  jurisprudencia  de  esta  Sala  en  punto  del  principio   de   libertad   probatoria,  citada  por  la  juez  de  conocimiento  (CSJ  AP,  4  ag.  2010, rad. 33997, o aquellos otros  referentes  CSJ  AP, 8 sep. 2003, rad. 10.025, CSJ AP, 17 sep. 2003, rad. 14.905  y  CSJ  AP,  1 jul. 2009, rad. 26.869), en especial, el  siguiente   aparte   de   la   primera   de   las   providencias   de  la  Corte  referenciadas:   

(…) el sistema de valoración probatoria  en  materia  penal  no  está sustentado en una tarifa legal, sino en la libre y  racional  apreciación,  de suerte que el grado de veracidad otorgado a un hecho  no  depende  del  número  de  testigos  que lo afirman, sino de las condiciones  personales,  facultades  superiores  de aprehensión, recordación y revocación  del  declarante,  y  de  más  particularidades de las que pueda establecerse la  correspondencia   y   verosimilitud   de   su   relato   con   datos   objetivos  comprobables.   

         Consideró  el  libelista  que  el  delito  imputado  no es típico,  antijurídico  ni  culpable,  motivo  por  el  cual  se  le debe aplicar la duda  razonable  a  su  prohijado, sobre todo, por el primer componente dogmático que  no  tiene  correspondencia  con  los  hechos  denunciados. Una propuesta de esta  naturaleza  exigía  escoger  una  vía  de  ataque  diversa  a  la  de  nulidad  seleccionada,  pues  su desarrollo no es compatible con la finalidad intrínseca  de un acto que pueda declararse inexistente.   

También  indicó  el censor que la segunda  instancia  durante  el juicio (Juzgado Primero Penal del Circuito de San Andrés  Isla,  por  el  facto de competencia) no podía revocar la decisión del juez de  conocimiento  quien  ordenó  de  “oficio”  la declaración en el juicio del  condenado.  Esta afirmación es más un argumento de instancia que una verdadera  pretensión   casacional,   máxime  si  se  tiene  presente  que  el  medio  de  conocimiento  fue  ordenado  por  la juzgadora a solicitud del defensor previo a  terminar  el  debate probatorio, lo que indica que no se trató de una prueba de  oficio   –ordenada  por  voluntad  del  funcionario  judicial-  sino  una  que  surgió del ejercicio del  interés  que  se  representa,  o de parte, eso sí, de manera indebida, pues no  había   sido   oportunamente   descubierta   ni   solicitada  por  la  defensa.   

En  este  punto,  es necesario destacar que  según  el   Tribunal,  el  juzgado  que  desató  el recurso de apelación  propuesto  por  la  Fiscalía  contra  el  decreto del testimonio del procesado,  atinó  en derecho al revocar tal decisión, puesto que el desarrollo del juicio  no  era  el escenario más expedito para elevar esa clase de solicitudes propias  de  la  audiencia  preparatoria, por protección de las garantías fundamentales  de  las  restantes  partes  e  intervinientes  en  el proceso penal, conforme al  artículo 361 de la Ley 906 de 2004 y la sentencia C-396 de 2007.   

Nótese cómo estos aspectos tratados en el  fallo   de  segundo  grado  no  fueron  mencionados  por  el  libelista,  motivo  suficiente para concluir su insolvencia argumentativa.   

Alegó  el  recurrente  que  «es     ilógico     basar    una    sentencia    en    suposiciones  procesales»61;  no obstante, nada precisó  acerca    de   cuáles   son   ellas,   por  lo  que la correlativa demostración de tal aserción quedó en  el limbo jurídico.   

Lo relacionado con la cadena de custodia fue  un   apéndice  mal  confeccionado  del  recurrente,  el  cual  carece  de  todo  desarrollo  e  impide  determinar exactamente en dónde se corrompió la prueba;  es  más  su  apreciación  es  tan  genérica  que  es  casi imposible entender  respecto  de  cuál  medio  suasorio  –de    los    varios    que    anuncia-    predica    el   vicio   de  ilegalidad.     

Cuando  el  defensor  se  refirió a varios  temas  como  la  carga  dinámica  de la prueba, la tipicidad de la conducta, la  imposibilidad  de  darle  crédito  al  testigo único en el derecho romano y al  hecho  de  que  la  funcionaria  de  instancia  hubiera  expresado, al emitir el  sentido  del  fallo,  que  la  defensa  no  logró  demostrar la inocencia de su  prohijado,  lo  que  implicaría  el  traslado de «la  carga  dela  prueba  de manera irresponsable a la defensa, cuando ésta es tarea  del            ente            acusador»62,  sin  efectuar el ejercicio  demostrativo  de  rigor, convirtió su libelo en un típico alegato de instancia  que  no  podría  ser objeto de análisis sin quebrantar la doble presunción de  acierto y legalidad que recae sobre la sentencia.   

De cualquier manera, está bien aclarar que  el  censor  no  acreditó que en los proveídos acusados se hubiera invertido la  carga  de  la  prueba  y  menos  podría  haber  demostrado  que  el  sistema de  enjuiciamiento   penal   colombiano,   regido   por  el  principio  de  libertad  probatoria,  proscriba  el  testimonio  de  la  víctima,  incluso  como  prueba  única.   

Al final, cuando solicitó la aplicación de  la  duda  razonable,  no solo ignora que para la reivindicación de este axioma,  debía  utilizar  las  causales  primera  y  tercera,  según  el yerro fuera de  naturaleza   directa   o   indirecta,   sino  que  también  dejó  de  lado  el  casacionista,  argumentos judiciales de gran valor apreciativo, como el expuesto  por la primera instancia:   

De conformidad con los artículos 372, 380,  y  404  del  C.P.P.  Ley 906 de 2004, el concepto de esta falladora es que dicho  testimonio  es  de  total  credibilidad  y  con  las  pruebas  documentales  son  concordantes  en  lo afirmado por la víctima y para el despacho son creíbles y  suficientes  para  proferir  sentencia condenatoria en contra del aquí acusado,  Puesto  (sic)  que  es la versión de la persona que fue amenazada, intimidada y  obligada  a  entregar  el  dinero  y  celulares ante el temor de sufrir él o su  familia  un  daño,  por  lo  tanto  la víctima es la persona que conoce de los  hechos.   

Así las cosas, este Juzgado considera que  la  Fiscalía  ha  probado  más  allá de toda duda razonable la existencia del  delito  y  la  responsabilidad  del  acusado  en  los  hechos investigados, y no  solamente   se  encuentra  probado  la  existencia  del  hecho  delictivo  y  la  participación   del   ciudadano  acusado,  sino  también,  las  circunstancias  cualificadas  del  artículo  244  del  C.P. como son los factores unipersonal y  patrimonial,  por  cuanto  la  víctima fue constreñida  para entregar dos  celulares  Black  Berry  y  dinero  en  efectivo  (testimonio del testigo MILTON  RAFAEL  MILES  OJEDA)  y  las  pruebas  documentales  #1 F.64 y 67, #6 F. 55, #9  F.53).  Con  lo  cual se probó que la víctima entregó en diferentes ocasiones  dinero  al  señor  JUAN  CARLOS  ALVARADO NARVAEZ (sic); primero le entregó la  suma  de  $100.000 Posteriormente este le exigió $400.000 pesos y dos celulares  Black berry63   

.     

Añádase que no es posible soportar la duda  probatoria  con  algunas  inconclusas  y  desordenadas  opiniones generales, sin  demoler la prueba incriminatoria por los cauces adecuados.   

Por  otro  lado,  ignoró  completamente el  jurista   el  principio  de  trascendencia  en  todas  las  censuras  propuestas  invocadas por la senda de la nulidad.   

Por  estas  razones,  la  presente  censura  tampoco será admitida.   

2.4.    Respecto    al    tercer  ataque  (subsidiario),  si bien el  libelista      lo      enunció      por      vía      directa     –como  en  rigor  casacional  debe  ser  sustentado-,  lo  desarrolló,  otra  vez,  por la ruta de la nulidad, cuestión  totalmente  desatinada por cuanto la demostración del yerro, a través del cual  pretende  poner  en evidencia anomalías en el proceso de dosificación punitiva  es    de    naturaleza    in   iudicando,     no    de    estructura    o    de    garantía    –in       procedendo-.   

Repárese  que, si bien el censor aludió a  la  aplicación  indebida  de normas sustanciales y a la exclusión de otras, lo  hizo   de   manera   genérica,   en   tanto  omitió  mencionar  los  preceptos  supuestamente  vulnerados  con  la  actuación  de  las  instancias,  es  decir,  aquellas  que  se  emplearon  erradamente  junto  con  las  que correlativamente  debieron  regir  el  caso en punto de los criterios para tasar la sanción penal  por los reatos agravados imputados.   

Tampoco el defensor realizó una adecuada y  correcta  individualización de la pena para el delito homogéneo y sucesivo que  en su criterio amerita una rebaja de pena.   

Menos  aún,  en  este  punto,  señaló la  disposición  que tipifica el atenuante por la cuantía, para demostrar el yerro  de  los juzgadores, ni explicó la forma como debió ser entendida y acoplada al  caso.   

Por  último,  se  advierte  que  según el  censor,  al  redosificar  la  pena  del  delito  base,  se  deberá  partir  del  quantum  de  192  meses. No  obstante,   desconoció   que  el  a  quo  no  le impuso a su representado el mínimo previsto en la ley para  la  infracción  penal  sino  que  sobre  esa  cantidad  efectuó  un incremento  punitivo  atendiendo  el  daño  potencial  creado,  la intensidad del dolo y la  necesidad de la pena, de tal forma que la fijó en 219 meses.   

Por estos motivos, no es posible admitir la  demanda.   

5. Siendo  lo  anterior  así,  como  no  se  observan  flagrantes violaciones de derechos fundamentales, causales de nulidad,  ni  motivos  que  conduzcan a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente  al  expediente  en  razón de las finalidades de la casación, distinta a la que  se mencionará más adelante, la demanda debe ser inadmitida.   

6.  En todo caso, es indispensable recordar  que  al  amparo  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide  no  darle  curso a una demanda de casación, es procedente la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el   auto  del  12  de  diciembre  de  2005,  radicación  24.322  y  precisadas  recientemente en auto CSJ AP, 25 jun. 2014, rad. 42.597.   

7.  Por  último, es indispensable precisar  que   si   bien  el  recurso  extraordinario  de  casación  no  constituye  una  oportunidad  para  rebatir  el  criterio  del juzgador como si se tratara de una  instancia  adicional,  sí comporta un control de legalidad y constitucionalidad  concreto  frente  al  fallo recurrido, que propende por la eficacia de los fines  previstos  en  el  artículo  180 del ordenamiento procesal penal vigente, estos  son,  la  guarda  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los  agravios,  la  unificación  de  la  jurisprudencia  y  la realización del  derecho material.   

En  ese orden, el artículo 184, inciso 3º  de  la Ley 906 de 2004, faculta a la Corte a actuar oficiosamente, prescindiendo  de  convocar  a  audiencia  al  Ministerio  Público, cuando aun inadmitiendo la  demanda  de  casación  advierta  la  necesidad  de  hacer  efectivo  el derecho  material,  preservar  o  restaurar las garantías de los intervinientes, reparar  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  unificar  la  jurisprudencia por razones  distintas a las planteadas en el libelo.   

Esta  es la ocasión, pues la Sala advierte  un  probable  error  en la dosificación de la sanción privativa de la libertad  impuesta,  en  la  medida que, al parecer, no respetó el principio de legalidad  de  la  pena,  en  punto  de  la  dosificación de la sanción para el delito de  extorsión,  concursante  de  manera  homogénea,  de cuantía inferior a un (1)  s.m.l.m.v.,  lo  que  de manera eventual amerita la casación oficiosa y parcial  del  fallo,  a  fin  de restablecer las garantías probablemente trasgredidas al  enjuiciado.   

De  manera  que  una  vez  proferida  esta  decisión  y cumplido con el rito de la insistencia, el expediente regresará al  despacho  del  Magistrado  Ponente con el propósito de  que  la  Sala  se  pronuncie  oficiosamente acerca de la posible vulneración de  derechos fundamentales, conforme se ha indicado.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Juan  Carlos  Alvarado  Narváez  contra la  sentencia  proferida  el   14  de  diciembre  de 2012 por la Sala Penal del  Tribunal   Superior  del  Departamento  de  San  Andrés,  Providencia  y  Santa  Catalina.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Tercero. En firme  la  anterior  decisión  y  cumplido  con  el  referido  trámite,  regresar  la  actuación  al  despacho  del  Magistrado  Ponente para que la Sala se pronuncie  oficiosamente    acerca    de    la    posible    vulneración   de   garantías  fundamentales.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO    ALBERTO    CASTRO CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA   SALAZAR  CUÉLLAR   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  minuto    04:45    del    CD    contentivo    de   la   sentencia   de   segunda  instancia.   

2 Cfr.  folio 22 del cuaderno de formulación de imputación.   

3 Cfr.  folios 1-12 del cuaderno.   

4 Ver  cada uno de los 14 cuadernos sobre el particular.   

5  «Que  el juez haya ejercido el control de garantías  o  conocido  de  la  audiencia  preliminar  de reconsideración, caso en el cual  quedará   impedido   para   conocer   el   juicio   en  su  fondo». Ver cuadernos anexos sobre impedimentos.   

6 Cfr.  folio 15 del cuaderno original de primera instancia.   

7 Cfr.  folios         37-38         ibidem.   

8 Cfr.  folios         42-43         ibidem.   

9 Cfr.  folios         66-77         ibidem.   

10 Cfr.  folios    116-120   y   121-122   ibidem.   

11  Cfr.     folios     121-123     ibidem.   

12  Cfr. folios 139-186 ibidem.   

13  Cfr. folios 191-237 ibidem.   

14  Cfr. folios 248-262 ibidem.   

15  Cfr.    folios    12-13    del    cuaderno    de   la   sentencia   de   segunda  instancia.   

16  Cfr.       folio       14      ibidem.   

17  Cfr.       folio       66      ibidem.   

18  Cfr.      folios      18-21     ibidem.   

19  Cfr.      folios      22-41     ibidem.   

20  Cfr.       folio       24      ibidem.   

21  Ibidem.   

22  Ibidem.   

23  Ibidem.   

24  Ibidem.   

25  Cfr.       folio       25      ibidem.   

26  Ibidem.   

27  Ibidem.   

28  Ibidem.   

29  Ibidem.   

30  Ibidem.   

31  Ibidem.   

32  Cfr.       folio       26      ibidem.   

33  Cfr.       folio       28      ibidem.   

34  Ibidem.   

35  Ibidem.   

36  Cfr.       folio       29      ibidem.   

37  Ibidem.   

38  Ibidem.   

39  Ibidem.   

40  Ibidem.   

41  Cfr.       folio       31      ibidem.   

42  Ibidem.   

43  Ibidem.   

44  Cfr.       folio       32      ibidem.   

45  Cfr.       folio       33      ibidem.   

46  Ibidem.   

47  Ibidem.   

48  Cfr.       folio       34      ibidem.   

49  Cfr.       folio       35      ibidem.   

50  Ibidem.   

51  Cfr.       folio       36      ibidem.   

52  Ibidem.   

53  Ibidem.   

54  Ibidem.   

55  Cfr. Artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

56 Las  irregularidades  pueden convalidarse con el consentimiento expreso o tácito del  sujeto perjudicado.   

57 El  sujeto  procesal  que con su conducta no haya dado lugar a la configuración del  vicio,  es  el  único  que  lo  puede alegar, salvo que se trate de ausencia de  defensa técnica.   

58  Como  las  formas no son un fin en sí mismo, siempre que se cumpla con   el  propósito  que  la  regla  de  procedimiento  pretendía  proteger, no habrá lugar a la declaración de la nulidad.   

59 La  magnitud   del   defecto  debe  tener  incidencia  en  el  sentido  de  justicia  incorporado a la sentencia.   

60 La  declaratoria  de  nulidad  debe  ser  el único remedio procesal para superar el  yerro detectado.   

61  Cfr.       folio       34      ibidem.   

62  Cfr.       folio       35      ibidem.   

63  Cfr. folio 154 carpeta.     

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