AP1425-2016(46810)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP1425-2016  

Radicación N° 46810  

(Aprobado acta N° 71)  

Bogotá, D. C., nueve (9) de marzo de dos mil  dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

La  Corte  se pronuncia sobre la insistencia  propuesta  por  el  Procurador  Segundo Delegado para la Casación Penal, con el  propósito  de  que se admita la demanda de casación presentada por el defensor  de     Nubia    Vargas    Gutiérrez    contra  la  sentencia del Tribunal Superior de Bogotá, que condenó  a la procesada por el delito de contaminación ambiental.   

ANTECEDENTES   FÁCTICOS   Y   PROCESALES  RELEVANTES   

1.  Los  primeros  se  consignaron  así  en  pretérita  oportunidad  por  la  Sala,  según  fueron narrados por el Tribunal  Superior:   

Los  hechos que dieron origen a la presente  actuación,  tuvieron  ocurrencia  en el establecimiento denominado “Consorcio  Avícola    Santa    Helena”    representado   legalmente   por   Nubia  Vargas  Gutiérrez, ubicado en la  calle  64  N°  93-80,  barrio álamos de esta capital, pues según información  allegada  por  parte  de  la  Secretaría  Distrital  de  Ambiente,  dicho lugar  desconoció  la  normatividad  relativa a los vertimientos, dado que descargaban  aguas  industriales  en  la red de acueducto y alcantarillado de Bogotá, razón  por  la cual, la referida entidad mediante Resolución N° 3749 del tres (03) de  octubre   de   dos   mil   ocho   (2008)  inició  investigación  de  carácter  administrativo sancionatorio.   

El  veintisiete  (27)  de agosto de dos mil  diez   (2010),   miembros   del   Cuerpo   Técnico   del  C.T.I.,  (sic)   adelantaron   en   el  referido  establecimiento  diligencia de inspección judicial en la que tomaron muestras a  la  caja  de  inspección  externa  y  luego  de  enviarlas al laboratorio de la  Empresa  de  Acueducto  y  Alcantarillado  de Bogotá, se determinó que el agua  allí  vertida  contenía  niveles  significativos  de  cargas contaminantes que  afectaban y ponían en riesgo la salud humana.   

2. Luego de formulada la acusación en contra  de      Nubia     Vargas     Gutiérrez,   por   el  punible  de  contaminación  ambiental1, y agotado el juicio oral, el 31 de marzo  de  2014  el  Juzgado  18  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de  Bogotá     profirió    sentencia    absolutoria2.   

3. Esa determinación, tras ser impugnada por  el  apoderado  judicial  de la Secretaría Distrital de Ambiente (víctima) y la  Fiscalía  4ª  Especializada  de  la  Unidad  Nacional  de  delitos  contra los  recursos  naturales  y  el  medio  ambiente,  fue  revocada  el  15  de julio de  20153  por el Tribunal Superior de este Distrito Judicial, que condenó a  Vargas Gutiérrez como autora  penalmente   responsable,  a  título  de dolo eventual, del  delito  endilgado.  Le  impuso  48  meses de prisión y multa de 133.33 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por término igual a la aflictiva  de  la  libertad. Le concedió  el   subrogado   de   la   suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.   

4.  El  nuevo  apoderado  de  la  procesada  interpuso  recurso  de  casación  y esta Sala, en proveído del 16 de diciembre  del   año  anterior,  resolvió  inadmitir  la  demanda  respectiva  porque  no  satisfizo  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  argumentación.   

FUNDAMENTOS DE LA INSISTENCIA  

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal considera que hay mérito para acudir a la insistencia, en aras  de   que   «la  demanda  sea  admitida»4, toda vez que  el  fallo  de  segundo  grado  es lesivo de derechos y garantías fundamentales.   

Inicialmente, hace un sucinto recuento de los  tres  cargos  planteados por el libelista, así como del contenido del mecanismo  que    propone    y,   en  seguida,  se  detiene  en la  segunda y en la tercera censura, para sostener lo siguiente:   

Se le endilga al Tribunal haber incurrido en  falsos  juicios  de legalidad y de existencia por omisión, pero la Corte, en el  auto  inadmisorio,  desvió  la atención y se ocupó sobre la distinción entre  la  prueba  ilegal  y  la  prueba ilícita, no examinó la violación del debido  proceso  probatorio,  con lo cual «desconoce derechos  fundamentales  ya  que se adujo que de no haber valorado el Tribunal las pruebas  alegadas  como  constitutivas  de  falsos  juicios de legalidad, la consecuencia  lógica  hubiese  sido  la confirmación de la sentencia absolutoria proferida a  favor         de        Nubia        Vargas»5.   

El   ad   quem  profirió  condena  apoyado  en  medios  de prueba que  fueron  presentados extemporáneamente y con ese proceder vulneró el derecho de  defensa y violó el principio de legalidad de la prueba.   

La Sala debe admitir la demanda y estudiar de  fondo   los   problemas  jurídicos  por  razones  de  justicia,  toda  vez  que  «no  analizó la extemporaneidad de las pruebas y la  omisión  valorativa  del  Tribunal  respecto  de las declaraciones en el juicio  oral  de  (…)  Diana  Malaver Marroquín, Misael Salas Cantillo, Néstor Fidel  Sánchez,  Víctor  Miccefair,  Juan Carlos Castro Parra, Víctor Henry Jauregui  Reina,    Diego    Francisco    Rubio    Goyes    y    Miguel    Ángel   Norato  Jiménez»6,  a  pesar  de  que  el  propósito del actor era demostrar que, de  haberlas   estudiado,   la  conclusión  de la colegiatura sería igual a la del a  quo,   esto  es,  que  la  procesada  no  actuó  con  dolo.   

Por     consiguiente     –finaliza   el  Procurador  Delegado-,  «insisto  ante  el  segundo y tercer cargo a la Sala  Penal  de la Corte Suprema de Justicia para que admita la demanda extraordinaria  de  casación»7.   

CONSIDERACIONES  

1. De acuerdo con lo previsto en el artículo  184  del Código de Procedimiento Penal de 2004, el auto que inadmite la demanda  de   casación   es   susceptible  de  ser  impugnado  mediante  el  recurso  de  insistencia,  cuyos  parámetros  han sido definidos por la jurisprudencia desde  el  año  2005, en CSJ AP, 12 dic. 2005, rad. 24322 y luego puntualizados en CSJ  AP3481-2014, rad. 42597.   

Bajo   esos   lineamientos,   el   actor  desfavorecido  puede  peticionar ante (i) el  magistrado  que  no  firmó  el  auto  inadmisorio; (ii)   el  magistrado  disidente  de  la  decisión,   o   (iii)  el  Delegado  de  Ministerio Público, dentro del término de cinco días siguientes  a  la notificación, que insista frente al pleno de la Sala para que reconsidere  su postura.   

La finalidad de la insistencia, entonces, es  permitir  a  la  Corte  reexaminar  su determinación de inadmitir la demanda de  casación, a efectos de darle  curso,  ya  sea  porque  constate  que  se  equivocó al momento de analizar los  cargos  propuestos  o  porque,  pese  a las incorrecciones del libelista, emerge  imperioso  superarlas para materializar alguno de los propósitos del recurso de  casación. Así lo ha reconocido:   

De  acuerdo con decantada jurisprudencia de  esta   Corporación,  la  insistencia  está  instituida  para  controvertir  el  fundamento  de  la  inadmisión de la demanda de casación, demostrando, de este  modo,  el equívoco de las razones de orden técnico jurídico delineadas por la  Corte  o  con  el  propósito  de acreditar que pese a los defectos de lógica y  debida  argumentación  del  libelo,  su  admisión  es  indispensable  a fin de  estudiar  de  fondo  la  posible  lesión  de  las  garantías fundamentales del  recurrente. (CSJ AP577-2015, rad. 38999).   

Por  consiguiente,  es  forzoso  que  en  el  escrito  de  insistencia  se  pongan  en  evidencia  los  desaciertos en los que  incurrió  la  Sala  al  instante  de  no  seleccionar  la  demanda  presentada,  destacando  si  erró  porque  ella  se encontraba formal y sustancialmente bien  estructurada  y  sus  cargos adecuadamente sustentados, o porque, atendiendo los  fines  de  la  casación,  la  posición  del  impugnante  o  la  índole  de la  controversia,  era  imperioso  superar  los  defectos  en  ella  advertidos para  decidir de fondo.   

No se trata, en forma alguna, de repetir los  argumentos  expuestos  en  el  libelo introductorio, ni de crear un espacio para  corregirlo, sino de ilustrar  y   convencer   sobre   el  desacierto  al  momento  de  inadmitirlo.   

2. El representante el Ministerio Público ha  ejercido,  en  tiempo,  su  facultad  de  insistencia,  sin  embargo, la Sala no  accederá a su petición por las siguientes razones:   

2.1.  El escrito se muestra poco claro en lo  que  toca  con la pretensión, toda vez que en algunos párrafos parece reclamar  la  reconsideración  de la decisión con la finalidad que se admita la demanda,  incluyendo  la  totalidad  de  los  cargos, y, en otros, explícitamente insiste  para  que  se  dé curso a los cargos segundo y tercero, aunque respecto de este  último  sólo  en  lo  que  corresponde  con  la  crítica  por falso juicio de  existencia      por     omisión     -ninguna   mención  hizo  a  los  reproches  por  falso  juicio  de  existencia      por      suposición      y     falso     raciocinio-.   

Importa  acotar  que  quien hace uso de esta  herramienta,   debe   ser  absolutamente    claro,    tanto    en    su    reclamación    como    en   sus  fundamentos.   

2.2.  En  cualquier  caso, el solicitante no  exhibe  argumentos  coherentes  ni  fundados  en  virtud  de los cuales ponga en  evidencia  las  equivocaciones  en las que pudo incurrir la Sala al inadmitir el  libelo,  pues  se limita a sostener, de manera repetitiva, pero sin soporte, que  se  lesionaron  derechos  y  garantías  porque  el  Tribunal sí recayó en los  falsos   juicios   de   legalidad   y   de   existencia   denunciados   por   el  actor.   

2.3.   La   escueta   disertación   del  representante  del  Ministerio  Público  es  insuficiente para hacer explícita  alguna  falencia  y,  por  ende,  para  persuadir  a  esta Corporación sobre la  necesidad de variar su determinación.   

Según        afirma,  al  ocuparse sobre el segundo cargo, la  Sala  no  examinó  la  violación  del  debido  proceso,  sino  que  desvió la  atención  recordando  las  desemejanzas  entre  la  prueba  ilegal  y la prueba  ilícita.   

Tal   aserción   no   corresponde   a  la  realidad,  porque en el auto  inadmisorio  la  Corte  fue  juiciosa  en  abordar punto a punto cada una de las  críticas  esbozadas  por  el  actor  y  explicar  por  qué era inviable darles  curso.   

2.4.  Conviene  recordar que fueron tres los  cargos formulados por el jurista.   

El           primero, por el  supuesto  quebrantamiento del principio de congruencia, frente a lo cual la Sala  le  explicó,  con suficiencia, que partió de una premisa errada, puesto que la  transformación  del  componente  subjetivo  del tipo penal no implicó, en modo  alguno,  mutación  del  aspecto fáctico y, por ende, no se lesionó el derecho  de defensa.   

En        el        segundo,  denunció      cuatro      falsos      juicios      de     legalidad.  Esta  Corporación,  al  emprender  su  estudio,  inició por recordar en qué consiste ese yerro judicial y si bien con  posterioridad  hizo  una  puntual  aclaración  en  torno  a la diferencia entre  prueba  ilegal  y  prueba  ilícita, es notorio que se trató de una aclaración  previa,  dada  la  confusión  que  al  respecto  se observaba en la demanda. No  obstante,  en  seguida  analizó  si la censura había sido propuesta conforme a  los requerimientos formales y sustanciales exigidos.   

Fue  así  como  la Corte pudo verificar que  aunque  los  conceptos  02331,  014923,  11067  y  01773  no  fueron  entregados  físicamente  a  la  contraparte  dentro  del  término  de  tres días, ello no  comportó  lesión alguna al derecho de defensa puesto que, tal como lo admitió  el  demandante, en la sesión  de  la  audiencia  preparatoria  del 19 de julio de 2011 la fiscalía aclaró la  fecha  en  que  hizo  la  entrega  efectiva  de esos elementos a la defensa y el  abogado  que  para ese entonces representaba los intereses de la acusada no hizo  objeción alguna.   

Ahora,  en  relación con los testimonios de  Rincón  Rodríguez  y Castro Bayona, se le recordó al jurista que ellos fueron  debidamente   anunciados   por   la   fiscalía   y,   además,  que,  en punto de su exclusión, no demostró  por  qué  razón había lugar a tal medida, máxime cuando respecto de ellos se  cumplió  a  cabalidad  con  el principio de confrontación que rige el sistema,  toda  vez  que  el  profesional  que para ese entonces atendía la bancada de la  defensa      ejerció      su     derecho     a     contrainterrogar.   

Por       eso       -con  razón  se  sostuvo  en la decisión  anterior-, al haber asentido  el  defensor  de  la  época sobre la forma en que los  elementos  ingresaron  al  juicio  y  al  haberse  cumplido  con el principio de  contradicción,  no  hay  lugar  a  formular  ahora  ataque  alguno.    

Adicionalmente,  la  Sala afirmó que, si en  gracia  de  discusión  se  aceptara  que  existió algún yerro, tampoco había  lugar   a   admitir   el   cargo  por  resultar  intrascendente,  habida  cuenta  que,  aun  de  suprimir esas  pruebas,  la  declaración de condena no variaría, dado que el informe del CTI,  de  27  de  agosto  de  2010, que no fue objeto de ataque por el demandante, fue  determinante  para  que  el  Tribunal  evidenciara  el  grado  de contaminación  ocasionado  por  la  acusada.   

En  ese  orden,  ni  el  censor,  en  el  libelo  introductorio,  ni  el  representante   del   Ministerio   Público,   en  su  escrito  de  insistencia,  demostraron  cómo,  pese  a  la  extemporaneidad  de  la entrega se lesionó el  derecho de defensa de la procesada.   

En        el        tercer  cargo, el recurrente en casación  denunció  varios  errores  de  hecho:  algunos falsos juicios de existencia por  omisión,  un  falso  juicio  de existencia por suposición y un falso juicio de  identidad.  Específicamente,  sobre    el   primero   de   ellos   –al  que  se  refiere sutilmente el Delegado del Ministerio Público-  la  Corte  dejó  claro  en  el  auto  inadmisorio  que  lo  pretendido  por  el  actor,  con  los testimonios  que  dijo  no  se valoraron por el ad quem,    era    probar   que   Nubia   Vargas  Gutiérrez  intentó  adecuar la planta de tratamiento  y,  por ende, que no tuvo el ánimo de contaminar. Sin embargo, la Sala recalcó  que  en  el  fallo  impugnado  se  evidenciaba  que el Tribunal no ignoró tales  relatos,  sino  que consideró que esa planta de tratamiento fue insuficiente y,  pese  a las varias visitas que se realizaron a dicho lugar, siempre se constató  la  contaminación  ambiental,  y  no  se  acreditó  que Vargas Gutiérrez  hubiese  adoptado medidas para impedirla, con lo cual -concluyó    el    juez    de   segundo  grado- dejó librado al azar  el resultado dañoso.   

Es   más,   tampoco  pasó  por  alto  el  ad  quem la existencia de la  planta  de  tratamiento  de  aguas  implementada  por  la  encartada,  según lo  afirmaron  algunos  de  los  deponentes, sino que destacó que su funcionamiento  era  deficiente  y  la  enjuiciada no prestó atención frente a las condiciones  que  se  le impusieron cuando se le otorgó el permiso provisional. Al respecto,  sostuvo             el             fallo8:   

De   manera   que,  la  procesada  tenía  conocimiento  claro  de  ésta  (sic)  situación  y  aunque  logró  el permiso  provisional  por  parte  de  la  entidad territorial, siguió vertiendo residuos  industriales  a  las redes de acueducto y alcantarillado de la ciudad de Bogotá  D.C.  por  fuera  de  los  parámetros  permitidos  por la Secretaría Distrital  Ambiental,  y  sabía  que  si  no  cumplía  esas  exigencias,  produciría  un  resultado  consistente  en  la  contaminación  ambiental de las aguas en que se  vertían los residuos.   

Es  decir, la procesada como representante  de  la  empresa  implicada, era quien debía implementar las acciones necesarias  en  materia  de  cumplimiento  de  lo acordado, frente a los vertimientos de los  residuos  por  la actividad industrial que gerenciaba.   

Así  las  cosas,  no  se  accederá  a  la  petición de insistencia.   

3.  Por  último,  para  mayor claridad del  actor  en  casación,  se  debe  dejar claro que la Ley 906 de 2004 permite a la  Corte   seleccionar  las  demandas  que  se  encuentren  en  cualquiera  de  las  siguientes  hipótesis –se  trata  de  una  disyuntiva,  en  cuanto enlista varias alternativas-   que   el  libelista  (i)  carezca  de  interés;  (ii) prescinda     de     señalar     la     causal    o    (iii)   no   desarrolle  los  cargos  de  sustentación,  o  cuando la  Sala  advierta  fundadamente  que  (iv)  no  se precisa del fallo para cumplir algunas de las finalidades del  recurso.   

Por  consiguiente,  puede  ocurrir  que  el  recurrente  tenga  interés,  haya  elegido  adecuadamente la causal y formulado  correctamente  los cargos, pero la Corporación determine que no se hace forzosa  su  intervención  de  fondo a efectos de alcanzar alguna finalidad del recurso.  En  cualquier  eventualidad,  la decisión de inadmisión debe ser motivada, tal  como  lo  exigió la Corte Constitucional en la sentencia C-713 de 2008, cuando,  en  ejercicio  del  control previo y automático de constitucionalidad, declaró  exequible  el  inciso  tercero  del  artículo  7  de  la  Ley 1285 de 2009, que  modificó  el  16  de  la  Ley 270 de 1996, Estatutaria de la Administración de  Justicia9,  en  el entendido que «la Corte Suprema  de  Justicia  debe  motivar  la  no  escogencia,  cuando  se  pronuncie sobre la  admisión  del  recurso de casación. Motivación que habrá de hacerse con base  en  elementos del debate relativos a los fines de la casación, de manera que se  asegure      un     pronunciamiento     con     parámetros     objetivos     de  escogencia».   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

NO ACCEDER, por las  razones  expuestas,  a  la solicitud de insistencia elevada por el representante  del  Ministerio  Público.  En  consecuencia,  MANTENER  la  decisión  de  inadmisión  del 16 de diciembre de  2015.   

Contra   esta   decisión   no   procede  recurso.   

COMUNÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folios 23 a 29 de la carpeta principal.   

2  Folios   174   a  197  Id.   

3  Folios 17 a 46 del cuaderno del tribunal.   

4  Folios 9 del escrito, 107 del cuaderno de la Corte.   

5  Folios 7 y 105 Id.   

6  Folios      8      y      106      Id.   

7  Id.   

8 Folio  23.   

9  «Las  Salas  de  Casación Civil y Agraria Laboral y  Penal,  actuarán  según  su  especialidad como Tribunal de Casación, pudiendo  seleccionar  las  sentencias  objeto  de  su  pronunciamiento, para los fines de  unificación  de la jurisprudencia, protección de los derechos constitucionales  y control de legalidad de los fallos.»     

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