AP1217-2015(44024)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

AP1217-2015  

Radicación 44024  

(Aprobado Acta No. 100).  

Bogotá  D.C.,  marzo  once  (11) de dos mil  quince (2015).   

VISTOS  

Acomete  la  Colegiatura el examen sobre las  exigencias  de  argumentación lógica y suficiente acreditación en los libelos  casacionales  presentados  por  los  defensores  de  los procesados NICANOR    BRICEÑO    BAUTISTA,    ALBEIRO   RANGEL   y   JAIRO  NARVÁEZ  BERRÍO,  contra  la  sentencia  proferida  en  segunda  instancia  por  el  Tribunal  Superior  de Cúcuta 10 de abril de 2014, a través de la cual revocó  el  fallo  absolutorio  dictado  por  el  Juzgado  Quinto Penal del Circuito con  funciones  de  conocimiento de la misma ciudad el 28 de enero del referido año,  para  en  su  lugar  condenar  a  los  mencionados ciudadanos como coautores del  delito   de  homicidio  agravado  en  Mayerli  Moreno  Moncada.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio  fueron  sintetizados  en  la  sentencia  de  segundo grado en los  siguientes términos:   

“El 31 de agosto  de  2011,  hacia las 5 de la mañana en la invasión Brisas del mirador, por una  llamada  al 123 se da aviso a la policía sobre el hallazgo de un cadáver en un  sector  de  aquel lugar, en donde efectivamente las unidades de levantamiento de  la   policía  nacional  lo  encontraron  y  procedieron  a  la  correspondiente  inspección,  verificando  que  se  trataba  de  una  mujer, dada de baja de dos  disparos   de   pistola,   identificada  como  Mayerli  Moreno  Moncada,  según  información  recibida  del  padre  de  la  víctima,  quien  manifestó  a  los  investigadores  que  su hija había sido amenazada de muerte días atrás por un  individuo  conocido  con  el  alias  de  El  Pechi, identificado como Jhon Jairo  Narváez Berrío, desmovilizado de las autodefensas.   

“Luego,  por  información  de  un  testigo de los hechos, Luis Eduardo Anaya Becerra, se pudo  establecer  que  la  muerte  de Mayerli Moreno ocurrió hacia la media noche, ya  que  según  este  testigo se encontraba con ella consumiendo marihuana, Mayerli  fue  abordada  por  Nicanor  Briceño  Bautista, alias Orejas, y Albeiro Rangel,  alias  el  enano,  dos vigilantes informales del sector, quienes la agredieron y  trataron  con  palabras  soeces, y él por temor de ser también agredido se fue  de     allí     y     en     la    huida    oyó    los    disparos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada en el Juzgado Primero  Penal  Municipal  con  función de control de garantías de Cúcuta se impartió  legalización  a  la  captura  de  NICANOR  BRICEÑO,  ALBEIRO   RANGEL   y  JAIRO  NARVÁEZ,  oportunidad  en  la  cual  la Fiscalía les  imputó  la  comisión  del  concurso  de  delitos de homicidio agravado y porte  ilegal  de  armas  de  defensa  personal,  sin  que  se  allanaran.  En la misma  diligencia  les  fue  impuesta  medida de aseguramiento de detención preventiva  intramural.   

Presentado el escrito de acusación, el 10 de  abril  de 2012 se realizó la correspondiente audiencia, en la cual la Fiscalía  insistió  en  los  referidos  punibles,  sin  que  los  procesados aceptaran la  comisión de los mismos.   

El  ente  acusador  retiró  el cargo por el  punible  de  porte  ilegal de arma de fuego de defensa personal en el alegato de  conclusión  dentro  del  juicio.  Culminada  la  fase del debate oral, el 28 de  enero   de   2014  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Cúcuta  dictó  fallo  absolutorio  en favor de los acusados,  proveído  que  al  ser  impugnado por la Fiscalía y el Ministerio Público fue  revocado  por  el  Tribunal  Superior de la misma ciudad el 10 de abril del año  citado,  para  en  su lugar condenar a los procesados a la pena principal de 440  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y  funciones  públicas  por  20  años,  como  coautores  penalmente  responsables del delito de homicidio agravado.   

En dicha providencia les fue negada tanto la  condena de ejecución condicional como la prisión domiciliaria.   

Contra   la   decisión  del  ad   quem  los  defensores  interpusieron  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegaron en tiempo las demandas cuya  admisibilidad se examina en este auto.   

LOS LIBELOS  

         1.        Demanda  presentada  a  nombre  de NICANOR  BRICEÑO BAUTISTA   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación  reglada  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, el recurrente  advera  que  el  Tribunal  violó  directamente  la  ley sustancial por error de  derecho  derivado  de  un  falso juicio de legalidad, toda vez que la condena se  sustentó  en  la  entrevista  de  Luis Eduardo Anaya  Becerra, quien se retractó en el juicio, amén de que  la  Fiscalía  no  contrainterrogó  al  testigo  de  la defensa, de modo que se  desconocieron  las  reglas  de  producción  de  la prueba y se violó el debido  proceso.   

Destaca  que  otro  de  defensor  llevó  al  testigo  Anaya  Becerra  al  juicio  y  allí  lo interrogó, oportunidad en la cual refirió que cuanto dijo  en  la  entrevista  era  falso,  escenario  en  el  que la Fiscalía no realizó  pronunciamiento alguno.   

          Puntualiza  que las manifestaciones anteriores al juicio del testigo  no  sirven  para probar la verdad, en cuanto no fueron rendidas ante el juez que  preside el debate oral.   

          Advera  que  se  debió castigar a la Fiscalía confirmando el fallo  absolutorio,  “en  el  entendido  que el proceso lo  pierde  el  ente  acusador  por  mera  decidía  (sic)  de  sus funcionarios, ya que las normas precitadas en  concurrencias  (sic) con las  demás  no  le permitían al operador judicial en condición de juez reconocer y  valorar   elementos   probatorios   que   no   fueron   controvertidos   en   el  juicio”.   

          Con  base  en lo expuesto, el censor solicita a la Colegiatura casar  el   fallo   de   condena,   para   en   su   lugar   absolver   a  NICANOR BRICEÑO BAUTISTA.   

          2.           Demanda   presentada   a   nombre   de  ALBEIRO RANGEL   

Apoyada en la causal tercera de casación, la  defensora  postula  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, producto de  error  de  derecho  por falso juicio de convicción, en cuanto los falladores se  sustentaron  en  la  entrevista rendida por Luis Anaya  Becerra  a  los  investigadores del Cuerpo Técnico de  investigación   Criminal  para  condenar  a  ALBEIRO  RANGEL.   

En el desarrollo de la censura afirma que si  bien  la  entrevista  del referido ciudadano fue descubierta por la Fiscalía en  el  escrito  de  acusación  y  fue  admitida  por el juez de conocimiento en la  audiencia  preparatoria para ser usada con fines de impugnación de credibilidad  o  para  refrescar  memoria,  lo  cierto es que finalmente fue introducida en el  juicio    oral    con    la    declaración    del   investigador   Gonzalo  Pereira,  pero  no fue utilizada  por  el  ente  acusador, de manera que el error consistió en otorgarle un valor  diverso  al  establecido en la ley, esto es, “cuando  no  existiendo tarifa legal, el juez erróneamente aduce que el medio probatorio  tiene  valor  de  plena  prueba,  porque  así  lo  establece  determinada norma  legal”.   

          Puntualiza  que  si  en este caso el testigo cambió en el juicio lo  dicho  en  la  entrevista,  ello  no  justifica  introducir  lo que inicialmente  expuso,  pues  la Fiscalía tuvo oportunidad de interrogarlo en el debate oral y  no procedió a ello.   

          Luego  de  transcribir  las  consideraciones  del  Tribunal sobre el  particular,  afirma  la  defensora  que  si  el juez únicamente debe valorar la  prueba  practicada  en  el  juicio,  no  podía  tenerse en cuenta la entrevista  rendida  inicialmente  por  Anaya Becerra,  con  mayor  razón  si  la  defensa  no  refrescó la memoria del  declarante  con  la  referida  entrevista,  amén de que la Fiscalía tampoco lo  interrogó, y por tal razón, carecía de valor probatorio.   

          Destaca  que  en el curso de la actuación se admitió la entrevista  de   Luis   Eduardo  Anaya  únicamente  para  impugnar  credibilidad o refrescar memoria y hace un recuento  del   caudal   de   pruebas   obrantes  en  el  expediente,  así  como  de  las  consideraciones  del  fallo absolutorio de primera instancia y de jurisprudencia  de   esta   Sala   (CSJ   SP,   9   nov.   2006.   Rad.  25738)  sobre  el  tema  propuesto.   

          Concluye  la  demandante  que  no  se cumplió con los requisitos de  publicidad,  contradicción e inmediación respecto de la entrevista rendida por  el  único  testigo  de  los hechos, de modo que no había prueba para condenar,  dado  que  los  medios de convicción obrantes en el diligenciamiento no tenían  vocación  de  superar  el  estado  de  duda  sobre  la  responsabilidad  de  su  procurado.   

          Más  adelante  trae  a  colación apartes de la citada sentencia de  esta  Sala,  para  finalizar planteando la necesidad de asegurar los derechos de  ALBEIRO  RANGEL,  pues  fue  condenado  con  base en una entrevista que no tenía el carácter de prueba, y a  partir de ello solicita se revoque la sentencia impugnada.   

3.             Demanda   presentada   a   nombre   de  JHON JAIRO NARVÁEZ BERRÍO   

Después de señalar los sujetos procesales,  identificar  el  fallo  atacado, sintetizar los hechos y la actuación procesal,  el    recurrente    precisa    que    el    propósito    del    “recurso  de  casación  excepcional” se  orienta  al  restablecimiento  de  la  presunción de inocencia de su asistido y  procede  a  transcribir apartes de los artículos 29 de la Carta Política y 7º  de  la  Ley  600  de  2000,  igualmente  trae a colación fragmentos de doctrina  extranjera  y  de  jurisprudencia constitucional sobre el principio in   dubio   pro   reo   y  la  referida  presunción.   

          Acto  seguido  cita  normas  constitucionales  y  legales  sobre  el  derecho  de  defensa  en  el  ámbito  penal,  para  luego  referir  apartes  de  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  y  de  esta Corporación sobre el  particular.   

          Más  adelante  manifiesta que “el hecho  que  dio  lugar a la condenación del señor JHON JAIRO NARVÁEZ BERRÍO, por su  participación   como   coautor   del   homicidio,   se   hicieron  (sic)  consistir  en una supuesta amenaza  en  contra  de  la  occisa  de parte suya, días anteriores a su muerte, como lo  declara  el  padre  de  esta  LUIS  FELIPE  MORENO  VERGEL, quien no fue testigo  presencial  del  hecho  delictivo,  y  quien  tampoco trae al juicio siquiera un  indicio,  elemento probatorio, denuncio, evidencia física u otro testimonio que  corrobore  las  supuestas  amenazas de las cuales fue víctima su hija por parte  del señor JHON JAIRO NARVÁEZ BERRÍO”.   

          Luego  de  transcribir  apartes  de  los  fallos  de  instancia,  el  casacionista  afirma  que  no  se  demostró  el  grado  de participación de su  asistido  en el homicidio, a quien no le correspondía probar su inocencia, pues  únicamente  se  contó  con  el testimonio del padre de la occisa, e insiste en  que  el  Tribunal  no  tuvo  en cuenta la presunción de inocencia, según lo ha  definido la doctrina extranjera y la Corte Constitucional.   

          Más  adelante  insiste  una y otra vez en que no puede desconocerse  el    principio   in   dubio   pro   reo,   motivo   por   el  cual  debe  accederse  a  la  “casación   excepcional”  propuesta,  y  posteriormente  propone  un  cargo  por violación directa de la ley sustancial,  derivada  del  desconocimiento  de  la  presunción de inocencia y del principio  in        dubio       pro       reo.   

          Advierte   el   recurrente   que   no  cuestionará  “la     valoración    fáctico-probatoria    realizada    por    el  Tribunal”,     pero    indica:    “Lo  que el suscrito defensor ataca son las consecuencias jurídicas  extraídas  por  el  Tribunal de esa valoración fáctico-probatoria”  y  una vez más trascribe la misma doctrina foránea, así como  apartes  de jurisprudencia constitucional sobre la presunción de inocencia y el  principio  in dubio pro reo,  para  después  concluir  que su asistido no debió ser condenado en aplicación  del  referido  principio,  de modo que se violaron los artículos 29 de la Carta  Política  y  7º del Código Penal, y se aplicó indebidamente el artículo 104  de la Ley 599 de 2000.   

Con base en lo expuesto el defensor solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  impugnado  para  en  su  lugar  dictar  sentencia  absolutoria   a   favor   de   JHON  JAIRO  NARVÁEZ  BERRÍO.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene   suficientemente   dilucidado   la  Colegiatura  que  para  acceder  a  este  recurso  extraordinario corresponde al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de derechos o garantías fundamentales, lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar, señalar la causal, desarrollar  los  cargos  de  sustentación  de la inconformidad y demostrar la necesidad del  fallo  de  casación  para  cumplir  alguno  de  los  fines  establecidos  en el  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la unificación de la jurisprudencia, so  pena  de resultar inadmitida la demanda, según lo establece el artículo 184 de  la citada legislación procesal.   

         No   sobra   advertir  que  en  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala constatar en la  formulación  y  desarrollo  de las censuras el acatamiento de las exigencias de  lógica   y    pertinente  demostración  definidas  por  el  legislador  y  puntualizadas   por   la  jurisprudencia,  con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan    a   procurar  demandas  dentro  de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  demostración  de  los  cargos propuestos, en cuanto resulten inteligibles, esto  es,  precisos y claros, pues no corresponde a la Corte en su función reglada de  orden  constitucional  y  legal,  develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,   conforme  al  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Una  vez  advertido  lo anterior, procede la  Corporación  a  pronunciarse sobre la admisibilidad de los reproches planteados  por los recurrentes, así:   

1.             Demanda   presentada   a   nombre   de  NICANOR BRICEÑO BAUTISTA   

Como  el  libelista  plantea  la  violación  indirecta  de la ley sustancial producto de un error de derecho por falso juicio  de  legalidad,  oportuno  resulta  recordar que tal yerro tiene lugar cuando los  falladores  al  apreciar  alguna  prueba la asumieron equivocadamente como legal  aunque  no  satisfacía  las  exigencias señaladas por el legislador para tener  tal  condición, o la descartaron aduciendo de manera errada su ilegalidad, pese  a  que  se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos dispuestos en la ley para su  práctica  o  aducción,  caso  en  el  cual,  es  del  resorte  del  demandante  identificar  el  medio probatorio que tacha de ilegal, indicar las disposiciones  legales  o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar  la  efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado;  ora, comprobar la legalidad de la  prueba desechada por el juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada, deberes que en este asunto no emprendió el impugnante.   

En  el  caso  de  la  especie  se  consigue  verificar,  de una parte, que el demandante no explica por qué la entrevista de  Luis  Eduardo  Anaya Becerra  es  ilegal,  máxime  si  no  se  percata  que las normas en las cuales funda su  reclamo  aluden  a  un valor menguado de las entrevistas en el marco del sistema  penal  acusatorio,  de  manera  que  la  crítica  en  su  ponderación judicial  corresponde  a  un  error  de  derecho  por  falso  juicio de convicción, no de  legalidad, como lo propone el actor.   

          Y  de  otra,  el  defensor  no  tiene en cuenta lo expuesto por esta  Corporación  acerca  de  la  valía de las entrevistas, una vez quien las rinde  comparece  al juicio y varía su relato; así por ejemplo (CSJ SP, 27 feb. 2013.  Rad. 38773):   

“También tendrá  el  carácter de prueba de referencia si el declarante narra hechos que apreció  en  forma personal y directa, pero se trata de entrevista o exposición rendidas  por  fuera  del  juicio oral y sin sujeción al contrainterrogatorio de la parte  perjudicada”.   

Y más adelante se precisa:  

“Ya  la Sala lo  expuso  en  relación  con  las  entrevistas  o  exposiciones rendidas antes del  juicio  oral,  señalando  que  si a través del mecanismo de impugnación de la  credibilidad  son  puestas  de  presente  a  quien  las  rindió  en su momento,  el    juez    las    puede    valorar    en   forma  conjunta1” (subrayas fuera de texto).   

A su vez, se puntualizó sobre el particular  (CSJ SP, 9 nov. 2006. Rad. 25738):   

“El contenido de  las  declaraciones  previas  se  aportan  al debate a  través  de  las  preguntas  formuladas  al  testigo y  sobre  ese interrogatorio subsiguiente a la lectura realizada las partes podrán  contrainterrogar,  refutando  en todo o en parte lo que el testigo dijo entonces  y  explica  ahora,  actos  con  los  cuales  se  satisfacen  los  principios  de  inmediación,    publicidad    y    contradicción    de   la   prueba   en   su  integridad.   

“Si  se cumplen  tales   exigencias,   el   juez  puede  valorar  con  inmediación    la   rectificación   o   contradicción   producida,  teniendo  en  cuenta los propios datos y razones aducidas por el  testigo  en  el  juicio  oral.  Se  supera  de  esta  forma  la  interpretación  exegética  que  se  pretende  dar al artículo 347 del Código de Procedimiento  Penal,  pues  lo  realmente  importante  es  que  las  informaciones  recogidas en la etapa de investigación, ya por la Fiscalía o ya  por   la   defensa,  accedan  al  debate  procesal  público  ante  el  juez  de  conocimiento,  cumpliendo así la triple exigencia constitucional de publicidad,  inmediación  y  contradicción  de  acuerdo  con  el  artículo 250, numeral 4º de la Carta Política.   

“No se trata, se  reitera,  de  que  la declaración previa entre al juicio como prueba autónoma,  sino  que  el  juez  pueda  valorar  en sana crítica todos los elementos que al  final  de  un  adecuado  interrogatorio  y contrainterrogatorio ejercido por las  partes,   entran  a  conformar  el  testimonio  recibido  en  su presencia.  Lo  declarado  en el juicio oral, con inmediación de  las  manifestaciones contradictorias anteriores que se incorporan a éste, junto  con  las  explicaciones aducidas al respecto, permitirán al juzgador contrastar  la  mayor  veracidad  de  unas  y  otras,  en  una apreciación conjunta con los  restantes  elementos  de  juicio  incorporados  al  debate  público.   

“Véase   cómo   desde  la  perspectiva  de  la  inmediación,  el  juez tiene en su presencia al autor del testimonio. Puede por  ello  valorar su cambiante posición frente a afirmaciones anteriores y también  puede  valorar  lo manifestado al ejercer la última palabra, optando por la que  en  su  convicción  considere  más fiable.  Desde las exigencias de la publicidad ya se ha expuesto cómo el  contenido  de  las  declaraciones  previas  accede  al juicio oral a través del  interrogatorio  y  contrainterrogatorio  de  las  partes. Y frente al derecho de  contradicción,  queda  salvaguardado  con el hecho de que se permita a la parte  contraria  formular  al  testigo  todas las preguntas que desee en relación con  los  hechos previamente relatados e incorporados al testimonio en el juicio oral  a  través  del  procedimiento  señalado.    

“El  juez  debe  tener  libertad  para valorar todas las posibilidades que se le pueden llevar al  conocimiento  de  un  hecho  más  allá  de  toda duda razonable, sin tener que  desdeñar  situaciones  conocidas  a través de medios procedimentales legales y  obligatorios”   (negrillas   y  subrayas  fuera  de  texto).   

          Las  razones  expuestas  permiten advertir que tanto la postulación  como  el desarrollo del reproche resultan impropias, circunstancia que impone su  inadmisión,  con  mayor razón si el defensor no tuvo en cuenta otros medios de  prueba  que  dieron  pábulo al fallo de condena,  como la declaración que  en    el   juicio   rindió   Luis   Felipe   Moreno  Vergel,  padre  de  la  víctima,  quien  refirió las  amenazas  que  días  antes  le  expresara  JHON JAIRO  NARVÁEZ,  diciéndole  que  mataría  a  Mayerli   a   través   de  NICANOR    BAUTISTA    y   ALBEIRO RANGEL.   

          2.           Demanda   presentada   a   nombre   de  ALBEIRO RANGEL   

Si   bien  la  impugnante  acierta  en  la  formulación  del ataque, en cuanto postula un error de derecho por falso juicio  de  convicción  respecto  de  la  entrevista  de Luis  Eduardo  Anaya  Becerra,  y además cita apartes de la  sentencia  de  casación  del  9 de noviembre de 2006 (Rad. 25738), lo cierto es  que  le  da  un  alcance  del  cual  carece  y  olvida el matiz que respecto del  artículo  347  de  la  Ley 906 de 2004 señaló la Sala en dicha providencia en  torno  al  valor  de las entrevistas, una vez quien las rinde concurre al juicio  oral.   

En  efecto,  tal  como lo cita la defensora,  dijo la Colegiatura en la comentada decisión:   

“Lo declarado en  el   juicio  –  entonces  – con inmediación de las  manifestaciones  contradictorias anteriores que se incorporan a éste, junto con  las  explicaciones  aducidas  al respecto, permitirán  al  juzgador  contrastar la mayor veracidad de unas y otras, en una apreciación  conjunta   con   los  restantes  elementos  de  juicio  incorporados  al  debate  público” (subrayas fuera de texto).   

          Adicional  a  lo anterior, no tiene en cuenta otros medios de prueba  que  sirvieron al Tribunal para edificar el fallo de condena, como ocurre con el  testimonio  rendido  en  el  debate  público  por  el  progenitor de la occisa,  Luis  Felipe  Moreno Vergel,  cuyo  valor  desvirtúa  la  demandante  con  el argumento de que no fue testigo  directo  de  los  hechos,  sin percatarse que si tuvo tal condición respecto de  las  expresiones  previas  al delito por parte de JHON  JAIRO  NARVÁEZ, y la intervención que en la muerte de  Mayerli     tendrían  NICANOR    BAUTISTA   y  ALBEIRO RANGEL.   

          Las   consideraciones   precedentes   bastan   para   inadmitir   la  demanda.   

3.              Libelo   presentado   a   nombre   de  JHON JAIRO NARVÁEZ BERRÍO   

Sea  lo  primero señalar que se equivoca el  recurrente   al   formular  demanda  de  “casación  discrecional”,  pues  tal posibilidad es viable bajo  la  égida  de  la Ley 600 de 2000, siempre que el delito por el cual se procede  tenga  una pena máxima igual o inferior a ocho (8) años de prisión o sanción  no  privativa  de  libertad, o bien, que el fallo de segundo grado sea proferido  por  un  despacho  judicial  diverso  a los tribunales, caso en el cual, la Sala  está   facultada  para  admitir  discrecionalmente  los  libelos  de  casación  presentados,  “cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre  que  reúna  los  demás  requisitos  exigidos  por  la ley”.   

La Ley 906 de 2004 no distingue entre recurso  de  casación por la vía común y por la discrecional, en cuanto se marginó la  exigencia  de  la  cantidad  de  pena  máxima  del  delito para acceder a dicha  impugnación,   de  modo  que  ab  initio se observan imprecisiones en la demanda examinada.   

Puntualizado  lo  anterior,  encuentra  la  Colegiatura  que  el  censor  centra  su  inconformidad  en  la  denuncia  de la  violación  directa de la ley sustancial, la cual tiene lugar cuando a partir de  la  apreciación  de  los  hechos  legal  y oportunamente acreditados dentro del  diligenciamiento,  los  sentenciadores  omiten  aplicar  la  disposición que se  ocupa  de  la  situación  en concreto, en cuanto yerran acerca de su existencia  (falta   de   aplicación   o   exclusión  evidente),  realizan  una  equívoca  adecuación  de  los  hechos  probados a los supuestos que contempla el precepto  (aplicación  indebida),  o le atribuyen a la norma un sentido que no tiene o le  asignan   efectos   diversos   o  contrarios  a  su  contenido  (interpretación  errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  directa  de  la  preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores  recae   sobre   la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito     estrictamente     jurídico,  sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

Desde luego, no se debate allí la actividad  probatoria   ni   su   ulterior  ponderación  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  el  cargo  examinado  en  punto  de  su  admisión  se  observa,  que  pese  a  postular  la violación directa de la ley  sustancial,  el libelista se orienta a deplorar la ponderación de los medios de  convicción,  pues  reprocha  que  se  haya  otorgado valor a la declaración de  Luis  Felipe  Moreno Vergel,  padre  de la víctima, en punto de las amenazas que días antes de los hechos le  expresara    JAIRO   NARVÁEZ   BERRÍO,   quien  señaló  a  NICANOR  BRICEÑO  y ALBEIRO RANGEL,  como  los  encargados  de  ocasionar  la  muerte  a  Mayerli.   

Palmario  resulta  que invocar la violación  directa  de  la  ley sustancial, para acto seguido cuestionar la apreciación de  las  pruebas,  temática  propia  de  la  violación indirecta, corresponde a un  proceder  ambiguo  e  impreciso que se desentiende de lo exigido en el artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004,  al  señalar  que la demanda de casación debe  contener   “de   manera  precisa  y  concisa  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos” (subrayas fuera de texto).   

          En  efecto,  sin  dificultad se constata que el casacionista falta a  su  deber  de claridad y precisión, pues simultáneamente postula la violación  directa  pero  critica la ponderación de los medios probatorios, sin percatarse  que  la  violación  directa y la indirecta corresponden a temáticas diversas y  que su objeto y demostración son también diferentes.   

Adicionalmente  encuentra la Colegiatura que  si  bien  cita una y otra vez los mismos extensos apartes de doctrina foránea y  jurisprudencia  nacional,  no se esfuerza por articularlos con el caso objeto de  estudio.   

Ahora, en cuanto atañe a la reclamación que  cifra  en  la  falta  de  aplicación del principio in  dubio  pro  reo,  era  imprescindible que señalara la  vía  de  su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o  indirecta.  Si  postulaba la primera, le correspondía demostrar que el fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de la providencia atacada la existencia de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad de la  conducta  o la responsabilidad del procesado y, pese a ello, profirió sentencia  de  condena con exclusión evidente de la disposición normativa que contiene el  principio,   cuando   debía   en   consonancia  con  su  exposición  absolver,  circunstancia que no tuvo lugar en el fallo impugnado.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e injerencia en la sentencia impugnada, labor que tampoco realizó.   

          Puede  constatarse  que el censor únicamente dirigió su esfuerzo a  deplorar  en forma desordenada, confusa y sin un hilo conductor la condena de su  asistido,  pero no atinó a señalar con precisión cuál es su inconformidad, y  lo  más  importante,  de  qué  manera  los falladores erraron gravemente en la  aplicación  de  la  ley,  en  la apreciación de los medios probatorios o en la  guarda  de  la  legitimidad  del trámite, olvidando la presunción de acierto y  legalidad   de   la   cual  se  encuentra  revestida  la  sentencia  objeto  del  recurso.   

De   acuerdo   con   las  consideraciones  precedentes,      la     demanda     debe     ser  inadmitida   de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la Ley  906  de  2004,  porque  en  virtud  del principio de limitación propio del trámite casacional, la Corte no  se encuentra facultada para enmendar tales falencias.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación  procesal,  violación  de  derechos  o  garantías  de los           acusados,  como  para  adoptar la decisión de  superar  los defectos de las  demandas  y  decidir  de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3º  del  artículo  184  de  la citada  legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  los   libelos   casacionales   presentados   por  los  defensores   de   los   procesados  NICANOR  BRICEÑO  BAUTISTA,  ALBEIRO  RANGEL  y  JAIRO  NARVÁEZ  BERRÍO,  de  acuerdo con las razones  expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante elevar petición de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Sentencia del 9 de noviembre de 2006. Rad. 25738.     

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