AP1091-2014(43024)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado ponente  

AP1091-2014  

Radicación n° 43024  

Aprobado Acta No. 61  

          Bogotá,   D.C.,   cinco   (5)   de   marzo   de   dos  mil  catorce  (2014)   

ASUNTO  

          Se  pronuncia la Sala acerca del recurso  de  apelación  interpuesto  por  la defensa contra la decisión adoptada por la  Sala  de  Justicia  y  Paz  del Tribunal Superior de Medellín, mediante la cual  excluyó   del   proceso   de   Justicia   y   Paz,  al  postulado  Benito  Antonio  Martínez  Bertel,  alias  “Caimán” “Cristian” o “Rivera”.   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

Con   ocasión  del  proceso  de  diálogo,  negociación  y  firma  de  acuerdos  con  las  Autodefensas  Unidas de Colombia  declarado  abierto por el Gobierno Nacional mediante resolución 091 de 2004, se  reconoció  a  Salvatore  Mancuso,  Iván  Roberto  Duque  Gaviria y Ever Veloza  García  como  miembros  representantes  del Bloque Bananero, para efectos de la  coordinación de las desmovilizaciones acordadas.   

A su vez, por resolución número 246 del 19  de  noviembre  de  2004,  se  creó  como  zona  de  ubicación temporal para la  concentración  y  desmovilización  de los miembros del Bloque Bananeros de las  Autodefensas   Unidas   de   Colombia,  la  finca  La  Macarena  ubicada  en  el  corregimiento  el Dos, del municipio de Turbo (Antioquia), lugar en que el 25 de  noviembre   de   2004,  se  materializó  la  desmovilización  de  Benito  Antonio Martínez Bertel, junto con  otros 446 integrantes del mencionado grupo.   

Por  medio de escrito del año 2006 dirigido  al   Comisionado   de   Paz  del  Gobierno,  Martínez  Bertel  expresó  su  voluntad  de  ser  postulado  al  procedimiento   especial   de   la  ley  975  de  2005.  La  lista  de  personas  desmovilizadas,  en  la  cual  se  encuentra el citado,  fue  remitida  a la Fiscalía General de la Nación el  15 de julio de 2009.   

El  29  de  julio  de  2009,  el  asunto fue  repartido  a  la  Fiscalía  17  de la Unidad Nacional de Justicia y Paz para el  correspondiente   trámite,   Despacho   que  mediante  resolución  del  14  de  septiembre     del    mismo    año,    dispuso    adelantar    las    gestiones  pertinentes.   

El  6  de  noviembre siguiente, a través de  edicto  que  se  fijó  en  la  Secretaría  de  la Unidad de conformidad con el  artículo  8º  del  Decreto  3391  de  2006,  se  cumplió  con  la citación y  emplazamiento  de  las  posibles víctimas del actuar delictuoso del postulado y  del grupo armado organizado al margen de la Ley.   

La  primera  diligencia de versión libre en  cuyo  desarrollo  aquel ratificó su voluntad de someterse al trámite de la ley  de Justicia y Paz, se surtió el 10 de agosto de 2010.   

El  15  de abril de 2013, la Fiscal 17 de la  Unidad  Nacional  Delegada ante el Tribunal de Justicia y Paz, presentó escrito  ante  el  Tribunal  Superior de Medellín, Sala de Justicia y Paz, a través del  cual  solicitó  la realización de audiencia para la exclusión de Benito  Antonio  Martínez  Bertel,  de la  lista  de  postulados  con fundamento en la causal prevista en el artículo 5°,  numeral  5°,  de  la  ley  1592  de 2012, esto es, por haber cometido un delito  después de su desmovilización.   

Allegó la peticionaria copia de la sentencia  de  fecha  13  de  octubre  de  2006  proferida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado de Antioquia, mediante la cual, entre otros, lo condenó  a  dieciséis  años y seis (6) meses de prisión y multa de cinco mil cincuenta  (5050)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  como  coautor  de los  delitos  de  secuestro extorsivo agravado, utilización de uniformes e insignias  y porte ilegal de armas o municiones.   

En desarrollo de la correspondiente audiencia  celebrada  el  4  de diciembre de 2013, la representante de la Fiscalía General  informó  que dicho pronunciamiento fue aclarado en el sentido de indicar que la  pena   de   prisión   impuesta   era   de   quince   (15)   años  y  seis  (6)  meses.   

De  igual  manera,  puso  de presente que en  virtud  del  recurso  de  apelación  interpuesto,  el  fallo de primer grado en  mención   fue  confirmado  por  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia  mediante  sentencia del 9 de marzo de 2007.   

Agregó  que  acorde con oficio número 6540  del  11  de julio de 2013 el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de  Antioquia  informó  que  la  sentencia quedó debidamente ejecutoriada el 23 de  marzo de 2007.   

Explicó   que  con  fundamento  en  tales  elementos    materiales    de    prueba    se    acredita    que    Martínez  Bertel cometió un delito doloso  con  posterioridad  a  la  desmovilización  por  el cual fue condenado mediante  sentencia  debidamente  ejecutoriada,  por  lo  cual estima acreditada la causal  objetiva  de  exclusión  prevista  en  el artículo 11 A de la Ley 975 de 2005,  modificado   por   el   artículo   5°,   numeral   5°,  de  la  ley  1592  de  2012.   

Afirma   que   el   aludido   se  sometió  voluntariamente  al  trámite  de la ley de Justicia y Paz y que fue después de  su    captura    que    solicitó    la    postulación,    concedida   por   el  gobierno.   

Realizó  la Fiscalía un somero recuento de  la  solución  al  caso a partir de la lectura de algunas decisiones de la Corte  sobre  el  tema, y concluye que la comisión de ilícitos con posterioridad a la  desmovilización,  determina  la  exclusión  de Benito  Antonio  Martínez Bertel del proceso de Justicia y Paz  y  de  la  lista  de  postulados,  de  modo  que solicitó del Tribunal Superior  decisión en tal sentido.   

LA  DECISIÓN  IMPUGNADA   

          Una   vez  escuchadas  las  apreciaciones  de  los  intervinientes,  la  Sala  de  Justicia y Paz del Tribunal Superior de  Medellín   decidió  excluir  al  postulado  de  los  beneficios de la Ley de Justicia y Paz.   

Consideró  que  al haber sido condenado por  conductas  delictivas  cometidas con posterioridad a su desmovilización, había  incumplido  una  de  las  obligaciones  contenidas  en la ley 975 de 2005, y por  tanto no podía ser calificado como elegible.   

Razona el Tribunal que habiéndose constatado  que  el postulado fue condenado a quince (15) años y seis (6) meses de prisión  como  responsable  de  los delitos de secuestro extorsivo agravado, utilización  de  uniformes  e  insignias  y  porte  ilegal  de  armas o municiones por hechos  ocurridos  el  8  de  enero  de  2005, es decir cometidos con posterioridad a su  desmovilización,  se concluye que no satisface las exigencias del numeral 4 del  artículo  10  de  la Ley 975 de 2005, toda vez que incumplió el deber de cesar  toda actividad delictiva.   

          Indicó  que en virtud del trámite especial de justicia y paz sólo  se  incluyen los hechos delictivos ocurridos con ocasión de la pertenencia a un  grupo  armado  ilegal  y  que  hayan ocurrido con anterioridad al 25 de julio de  2005,  de  manera  que todos aquellos que no guardan relación con la condición  de  miembros de la organización armada o acaecidos por fuera del referido marco  temporal, serán competencia de la justicia ordinaria.   

LA       IMPUGNACIÓN   

          Realizada  la  lectura  de  la  decisión  en  audiencia  del  4  de  diciembre  de  2013,  se  dio  traslado  a las partes quienes manifestaron estar  conformes  con  la  decisión,  con  excepción  de la defensora de Benito  Antonio  Martínez  Bertel,  quien  interpuso recurso de apelación.   

          En  audiencia  de  sustentación  del 12 de diciembre, manifestó la  abogada  que  no  es procedente la exclusión de su representado, en cuanto ello  implica  violar los principios de legalidad, favorabilidad e irretroactividad de  la  ley penal, toda vez que su desmovilización se produjo en noviembre de 2004,  es  decir  en  vigencia  de  la  ley 418 de 1997, prorrogada mediante ley 782 de  2002,  normatividad  que  determinaba  como  beneficios de los desmovilizados el  indulto  por  delitos políticos o la cesación de procedimiento, preclusión de  la  investigación  o  inhibitorios  en relación con los delitos ejecutados con  ocasión   de   su   pertenencia   a   grupos   organizados   la  margen  de  la  ley.   

          Recuerda  que  la  condena  en contra de su defendido se produjo por  hechos  acaecidos  en  enero  de 2005 y que la ley 975 de 2005 entró a regir en  julio   del   mismo  año,  motivo  por  el  cual  se  está  otorgando  efectos  retroactivos a dicha ley.   

          Resalta       que       Martínez  Bertel,  desde  su  postulación  en  el año 2009, ha  cumplido    a   cabalidad   con   las   exigencias   de   verdad,   justicia   y  reparación.   

          Reclama  que  era obligación de la Fiscalía antes de vincularlo al  proceso  de  justicia  y  paz,  hacerle  seguimiento  a  sus  antecedentes y dar  aplicación al artículo 4° de la ley 975 de 2005.   

          Solicita  que  de  no  prosperar su pretensión de revocatoria de la  providencia  impugnada,  se otorgue a su asistido la prerrogativa referida a que  sea  un  solo  fiscal  el  que tome todos los casos que deban adelantarse por la  justicia  ordinaria  para que tanto él como las víctimas, tengan la certeza de  que  la  situación  se  les va a concretar y evitar de esta manera entrar en un  limbo jurídico.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Es  competente la Corte Suprema de Justicia para resolver el recurso  de  apelación  propuesto  por  la  defensa contra la decisión proferida por la  Sala  de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  al  tenor  de lo dispuesto en el artículo 26 de la Ley 975 de 2005,  en   concordancia   con  el  numeral  3º,  artículo  32,  de  la  Ley  906  de  2004.   

          Ha  sido  criterio  constante  de  la  Sala  que  la  exclusión del  candidato  a  ser  beneficiado con la pena alternativa, se puede producir por el  incumplimiento  de  los  requisitos  de  elegibilidad, faltar a las obligaciones  impuestas  por  la  ley, o transgredir los compromisos definidos en la sentencia  condenatoria.   

Lo anterior, por cuanto para poder ejercer la  opción  de  ser  favorecido  con  las  prerrogativas previstas en la Ley 975 de  2005,  resulta  indispensable  no sólo expresar, sino materializar la decisión  de  dejar  atrás  el  accionar  violento, lo cual concreta el legislador en los  requisitos  de  elegibilidad,  entendida  como  la eventual posibilidad para ser  seleccionado beneficiario de las ventajas punitivas en mención.   

Los  requisitos de elegibilidad colectiva se  concretan  en  la  exigencia  de  la cesación de toda actividad delictiva, y se  encuentran  previstos  expresamente  en el artículo 10º  de la citada Ley  975 de 2005, en los siguientes términos:   

“1. Que el grupo armado organizado de que  se  trata  se  haya desmovilizado y desmantelado en cumplimiento del acuerdo con  el Gobierno Nacional.   

2.  Que se entreguen los bienes producto de  la            actividad            ilegal1.   

3.  Que  el  grupo ponga a disposición del  Instituto  Colombiano  de  Bienestar  Familiar  la  totalidad de menores de edad  reclutados.   

4.  Que el grupo cese toda interferencia al  libre  ejercicio  de  los derechos políticos y libertades públicas y cualquier  otra actividad ilícita.”   

5.  Que el grupo no se haya organizado para  el tráfico de estupefacientes o el enriquecimiento ilícito.   

6.   Que   se   liberen  a  las  personas  secuestradas,   que   se   hallen   en   su  poder.2”   

Una   vez   satisfecha   la  exigencia  de  elegibilidad,  el  desmovilizado debe cumplir con las obligaciones contenidas en  la  ley  y  en  la sentencia, relacionadas con la satisfacción de la verdad, la  justicia,  la  reparación  de sus víctimas y al cumplimiento de las garantías  de  no  repetición,  para hacerse acreedor al beneficio de la pena alternativa,  es  decir,  le  compete  satisfacer  las  obligaciones  contenidas  en  la ley e  impuestas en la sentencia.   

          Por  el  contrario,  de  llegar  a  comprobarse el incumplimiento de  alguno  de los requisitos de elegibilidad,  necesariamente ha de concluirse  que  el  desmovilizado no es apto para trasegar el camino de la transición y de  la alternatividad, motivo por el cual procede su expulsión.   

Esa exclusión no implica pronunciamiento de  fondo  acerca  de los delitos confesados por el postulado en su versión libre y  objeto  del  proceso  de  Justicia  y Paz, pues, simplemente su investigación y  juzgamiento  correrá eventualmente a  cargo de la justicia ordinaria, toda  vez  que uno de los efectos de una determinación en tal sentido, se concreta en  la  obligación  de  dejarlo  a  disposición de los despachos judiciales que lo  requieran.   

No sobra recordar igualmente que la eventual  confesión  realizada  por  el justiciable en el curso de la actuación cumplida  bajo  los  derroteros de la Ley de Justicia y Paz, no tendrá ningún valor, sin  perjuicio  que  la  información  suministrada  en  la  versión libre pueda ser  considerada  en la reconstrucción de la verdad histórica de lo sucedido con el  accionar paramilitar.   

          Ahora  bien,  en cuanto se refiere concretamente a la exclusión por  el  incumplimiento  de  la  obligación legal relacionada con no ejecutar nuevas  conductas  delictivas  invocada  en  esta oportunidad, la Corte ha precisado que  “mientras  no  exista sentencia condenatoria por el  nuevo  delito,  no procede la exclusión”3  es  decir,  otorga     especial    prevalencia    al    principio    de    presunción    de  inocencia.   

          Para  el caso específico de Benito Antonio  Martínez   Bertel,   allegó  la  Fiscalía  con  la  petición  de  exclusión  copia  de la sentencia de fecha 13 de octubre de 2006  proferida  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de Antioquia,  confirmada  por  el  Tribunal  Superior de Antioquia mediante sentencia del 9 de  marzo  de  2007, decisiones acorde con las cuales el postulado fue sentenciado a  quince  (15)  años  y seis (6) meses de prisión y multa de cinco mil cincuenta  (5050)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  como  coautor  de los  delitos  de  secuestro extorsivo agravado, utilización de uniformes e insignias  y porte ilegal de armas o municiones.   

De  igual  manera  informó  que  acorde con  oficio  número  6540  del  11  de  julio  de  2013 el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  de  Antioquia  puso de presente que la sentencia quedó  debidamente ejecutoriada el 23 de marzo de 2007.   

Lo anterior implica que ninguna incertidumbre  se  presenta  en  torno  a  que  el  principio  de  presunción de inocencia del  postulado fue debidamente desvirtuado.   

De  otra  parte,  en  orden  a establecer el  ámbito  normativo  que  ha  regido  cada  una  de sus actividades, es necesario  recordar  las  condiciones  en  que se produjo su desmovilización y lo ocurrido  con posterioridad a la misma, en los siguientes términos:   

–            Una  vez  definida  la finca La Macarena  como  zona  de  ubicación temporal para la concentración y desmovilización de  los  miembros  del  Bloque  Bananeros  de  las  Autodefensas Unidas de Colombia,  Benito    Antonio    Martínez    Bertel  decidió  desmovilizarse  junto  con  otros  446  integrantes  del  mencionado   Bloque,   acontecimiento   ocurrido   el   19   de   noviembre   de  2004.   

–            El  8  de  enero  de  2005,  mediante la  utilización  ilegal  de uniformes, insignias y armas de fuego, participó en el  secuestro  del  menor  Danny  Alexis  Jiménez  Ramírez  en la Vereda Río, del  municipio  de Turbo (Antioquia), por quien exigieron para su liberación la suma  de doscientos ($200.000.000.oo) millones de pesos.   

   

–             Posteriormente,   en   el  año  2006,  Martínez  Bertel expresó su  voluntad   de  ser  postulado  al  procedimiento  especial  de  la  ley  975  de  2005.   

–            El  13  de  octubre  de 2006, el Juzgado  Segundo   Penal  del  Circuito  Especializado  de  Antioquia  emitió  sentencia  condenatoria en su contra.   

–            El  9  de  marzo  de  2007,  el Tribunal  Superior   de   Antioquia   confirma   dicho  pronunciamiento,  el  cual  quedó  debidamente ejecutoriado el 23 de marzo de 2007.   

– Su postulación se  produjo  el  15  de julio de 2009, cuando fue remitida a la Fiscalía General de  la  Nación  la  lista  de personas desmovilizadas, en la que se encuentra   Martínez Bertel.   

–            El  29  de  julio de 2009, el asunto fue  repartido  a  la  Fiscalía  17  de la Unidad Nacional de Justicia y Paz para el  correspondiente trámite.   

Del  anterior  recuento puede advertirse que  los  delitos  por  los que fue condenado Benito Antonio  Martínez  Bertel si bien ocurrieron con posterioridad  a  su  desmovilización  verificada  el 19 de noviembre de 2004, también lo fue  con  anterioridad  al  25  de  julio de 2005, fecha en que entró a regir la Ley  975.   

Por  tanto,  en  el  caso  de  la especie se  constata   que   se   trata   de   una   situación   en  la  cual  Martínez  Bertel  se  comprometió en los  términos  de  la  Ley  418  de  1997  y demás preceptos que la modificaron, en  cuanto  su  desmovilización  se  produjo  antes de ser promulgada la Ley 975 de  2005,  y desde luego con anterioridad a ser postulado por el Gobierno Nacional y  hacer explícito su interés en someterse a la mencionada Ley.   

Como se ha dicho en anteriores oportunidades,  las  disposiciones  de  la  Ley  975  de  2005 no se oponen a la Ley 418 de 1997  prorrogada  y  modificada por las Leyes 548 de 1999, 782 de 2002 y 1106 de 2006,  sino  que se complementan, tal y como lo consagró expresamente el Legislador en  el   artículo   62   de   la   Ley   de   Justicia  y  Paz  al  estipular  que:  “…Complementariedad.  Para  todo  lo no dispuesto en la presente ley se aplicará la Ley 782 de 2002 y  el   Código   de   Procedimiento   Penal…”.    

El   principio   de  complementariedad  en  mención,  convierte  el  acto  de  desmovilización,  así como los diálogos y  acuerdos,   en   elementos   determinantes   para  la  procedencia  de  la  pena  alternativa,   porque  tanto  la  Ley  782  de  2002  como  la  975 de 2005  consagraron  procedimientos y condiciones administrativas y judiciales que deben  agotarse  con  absoluto  rigor para el otorgamiento de los beneficios jurídicos  que contemplan.    

Así  lo  dijo  la  Corte  Constitucional al  abordar   el   estudio   de  la  Ley  975  de  20054:   

“Es decir, no contiene la Ley 975 de 2005  una  disposición  que  exonere  al  delincuente del cumplimiento de la sanción  penal.  Si  bien  es  verdad  que  se le hace objeto de un tratamiento jurídico  penal  menos riguroso que el existente en el Código Penal -si se cumplen por el  infractor  unos  requisitos determinados en relación con las víctimas y por la  colaboración  con  la administración de justicia-, lo cierto es que, aun así,  no  desaparece  la  pena.  Esta  se impone, pero el procesado puede -con  estricta  sujeción  a  los  requisitos  y condiciones que el  legislador  señaló- hacerse acreedor a un beneficio  que  podría reducirle la privación de la libertad por un tiempo, sin que ésta  desaparezca,  beneficio que será objeto de análisis detenido posteriormente en  esta misma providencia.”   

Corresponde  recordar  que  el  acto  de la  desmovilización,   por   sí   mismo,   no   es  suficiente  para  obtener  los  beneficios   consagrados  en  la  Ley  975 de 2005, ni el momento en que se  materializa  la  desmovilización puede considerarse como plazo límite para que  las  conductas  punibles  cometidas  durante y con ocasión de la pertenencia al  grupo queden cobijadas por el beneficio de la alternatividad.   

Por  el  contrario,  es  necesario  que  el  postulado  cumpla  estrictamente  con  la  totalidad de requisitos y condiciones  señalados  por  el  legislador,  pues  se  trata de un condicionamiento para la  procedencia del beneficio.   

El  hecho de que antes de la vigencia de la  Ley  975  de  2005  el  Gobierno  Nacional  hubiese  adelantado contactos,   conversaciones  y  negociaciones  con los grupos armados al margen de la ley, no  implica  que  las desmovilizaciones verificadas con anterioridad a la entrada en  vigencia  de  la  ley  975  de  2005  no deban someterse a sus lineamientos para  obtener los beneficios allí previstos.   

Por  tal  motivo,  la  fecha  en  que  se  materializó  ese  acontecimiento  se constituye en el límite temporal a partir  del  cual  se  encuentra  en  la  obligación de cumplir con la totalidad de las  exigencias  para  acceder  al  beneficio  de  alternatividad,  toda  vez  que el  fundamento  de  la  pena  alternativa  lo  constituye  la contribución a la paz  nacional,  la colaboración con la justicia, el esclarecimiento de la verdad, la  garantía  de  no  repetición  y  la reparación de las víctimas, previo  el  cumplimiento  de  las  exigencias  establecidas  en  la  ley,  según está ordenado  expresamente  en  los  artículos  3º  de  la Ley 975 de 2005 y 2º del Decreto  reglamentario 3391 de 2006.   

Es  decir, el trámite del procedimiento de  Justicia  y  Paz  encaminado  a obtener su contribución a la consecución de la  paz  nacional,  su  colaboración  con  la  justicia  y el esclarecimiento de la  verdad  a  partir  de  la  confesión  plena  y  veraz de las conductas punibles  cometidas  durante  y con ocasión a su pertenencia al grupo, la garantía de no  repetición   y   la   reparación   integral  de  las  víctimas,  previo  el  cumplimiento  de  las  exigencias  de la ley  será  lo  que  permita  la  concesión  del  beneficio de la pena  alternativa,  todo  ello  entendido dentro del espíritu del Acto Legislativo 03  de 2002.   

Ningún sentido tendría la desmovilización  encaminada  a  la reincorporación a la vida civil de los miembros de los grupos  armados  ilegales  en aras de alcanzar una paz sostenible, si no se acompaña de  la voluntad decidida de cesar toda actividad delictiva.   

Precisamente en el marco de los acuerdos de  paz  suscritos  por  el  Gobierno  con  los  representantes de los grupos de las  Autodefensas  Unidas de Colombia, desde el 15 de julio de 2003 se comprometieron  a  cesar  las  hostilidades,  acuerdo  ratificado  en  mayo  de  2004  junto con el compromiso de abstenerse     de     cometer    conductas    ilícitas5   

.  

Así  las cosas, como en el presente evento  Benito    Antonio    Martínez    Bertel  se  desmovilizó el 19 de noviembre de 2004, a partir de esa fecha  adquirió  los  compromisos  derivados  de  su  voluntad  de  facilitar los  procesos  de  paz  y  la reincorporación a la vida civil de los miembros de los  grupos  armados al margen de la ley, especialmente el referido a cesar cualquier  otra actividad ilícita.   

Por  tal  motivo,  al ejecutar Martínez  Bertel  el  8 de enero de 2005,  esto  es  con  posterioridad  a  su  desmovilización,  los delitos de secuestro  extorsivo  agravado,  utilización  de  uniformes  e insignias y porte ilegal de  armas  o  municiones,  incumplió  las  exigencias  que  le  daban  acceso a los  beneficios  del  proceso  de  Justicia  y  Paz,  especialmente  el  de  la  pena  alternativa,  motivo  por  el cual, tal y como lo decidió el juzgador de primer  grado, procede su exclusión del proceso de justicia y paz.   

Sostener  que  la  exclusión del postulado  supone  la  aplicación  retroactiva  de la ley restrictiva, es un argumento que  encierra  una seria equivocación en materia de derecho procesal; la vigencia de  la  ley  975,  como  lo  dispuso expresamente el Legislador, inicia “…a  partir  de  la  fecha  de  su promulgación…”,  acto que se cumplió en el diario oficial No. 45.980 del 25 de  julio de 2005.   

Sin  embargo,  diferente  es que su ámbito  material  de aplicación en torno al cumplimiento de determinadas exigencias por  parte  de sus destinatarios abarque un lapso anterior al de su vigencia, pues es  claro  que  dicha  normatividad  se encamina a regular aspectos consolidados, ya  que  de  lo  contrario  se  podría  caer  en  el  absurdo de condonar crímenes  futuros,  lo  cual  resulta inadmisible a la luz de la Constitución Política y  los estándares internacionales sobre derechos humanos.    

Como  se  sabe,  el  acuerdo de paz con las  Autodefensa  Unidas  de  Colombia  se  inició  desde el 29 de noviembre de 2002  cuando  en  carta  que  hicieron pública los representantes de la organización  armada  ilegal,  declararon un cese de hostilidades con  alcance  nacional a partir del 1º de diciembre de ese  año,  y luego de los diálogos y conversaciones se culminó con la suscripción  del  acuerdo  de  paz de Ralito el 15 de julio de 2003, ratificado el día 13 de  mayo de 2004 con la firma del acuerdo de Fátima.   

En   cumplimiento   de   lo  pactado  las  Autodefensas    Unidas    de   Colombia   se   comprometieron   a   “desmovilizar   a   la   totalidad   de   sus  miembros”  antes  del  31  de  diciembre  de  2005, en un proceso gradual que  comenzó  el  25 de noviembre de 2003 con la desmovilización del Bloque Cacique  Nutibara en la ciudad de Medellín.   

A   través  del  comunicado  del  12  de  agosto  de  2004  y la declaración del 7 de  octubre    denominada    “Acto  de   fe   por  la  paz”,  las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia  reiteraron  su voluntad de desmovilización,  abriendo  paso a una serie de actos colectivos de desmovilización y desarme que  se  iniciaron el 25 de noviembre de ese año en Turbo, Antioquia, con la entrega  de  armas  del  Bloque  Bananero.  El  10  de  diciembre de 2004 se desmovilizó  SALVATORE  MANCUSO  en  el corregimiento Campo Dos del municipio de Tibú, Norte  de  Santander,  con  el  Bloque Catatumbo y se extendió hasta el 11 de abril de  20066.   

Lo  anterior significa que bajo unas mismas  condiciones  se  llevaron  a  cabo  las  negociaciones  con  todos los Bloques y  Frentes  de las Autodefensas Unidas de Colombia, y es por ello que el proceso de  Justicia  y  Paz  a  que  están  sometidos  es  uno  mismo y el beneficio de la  alternatividad    penal    que    se   ofreció   es   también   similar   para  todos.   

Ahora,  si  la  desmovilización se produce  antes  del  25  de  julio  de 2005, de todas formas los integrantes del frente o  grupo  para  poder beneficiarse con el mecanismo de la alternatividad penal, les  corresponde  cumplir  rigurosamente  con las condiciones previstas en la Ley 975  de 2005 y sus decretos reglamentarios.   

A modo de simple aclaración la Sala indica  que  no fue sólo el Bloque Bananero el que se desmovilizó antes de la vigencia  de  la  Ley 975 de 2005, lo hicieron 12 Frentes o Bloques de dicha organización  armada  ilegal  y  un  total  de  23  frentes  hasta  el 31 de diciembre de 2005  atendieron  el  compromiso  de desmovilizarse, conforme a los acuerdos suscritos  con el Gobierno.   

Como  consecuencia  de  lo expuesto la Sala  considera   que   las   conductas  punibles  de  secuestro  extorsivo  agravado,  utilización  de  uniformes e insignias y porte ilegal de armas o municiones por  las   que   fue  condenado  Benito  Antonio  Martínez  Bertel,  ejecutadas  el  8 de enero de 2005, es decir,  después  de  su  desmovilización,  no  quedan  comprendidas  en  el  beneficio  jurídico  de  la  pena  alternativa  y  determinan su exclusión del proceso de  Justicia  y  Paz,  tal  y  como  lo  decidió  en  primera instancia el Tribunal  Superior  de  Medellín,  de  donde  sigue  que  la  decisión  impugnada estuvo  ajustada a derecho y debe confirmarse.   

Finalmente   advierte  la  Corte  que  la  petición   de   la   defensora   respecto  a  que  se  otorgue  a  Martínez  Bertel la prerrogativa referida  a  que  sea un solo fiscal el que tome todos los casos que deban adelantarse por  la  justicia  ordinaria,  se  trata  de  un aspecto que corresponde definir a la  Fiscalía General de la Nación.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de   Justicia,   Sala  de  Casación Penal,    

RESUELVE  

PRIMERO.- CONFIRMAR  la  decisión  de  primera  instancia  mediante  la cual la Sala de Decisión de  Justicia  y  Paz  del  Tribunal  Superior  de Medellín, excluyó del proceso de  Justicia  y  Paz, al postulado Benito Antonio Martínez  Bertel,   alias   “Caimán”   “Cristian”   o  “Rivera”,    por    las    razones   expuestas   en   la   motivación   que  antecede.   

SEGUNDO.- DEVOLVER  la actuación al Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

FERNANDO A. CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ M.  

GUSTAVO E. MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  Expresión  que  fue  declarada  exequible,  mediante  sentencia  C-370 de 2006,  “en  el entendido de que también deben informar en  cada   caso   sobre   la   suerte   de  las  personas  desaparecidas.”   

2 Este  numeral  fue  declarado  exequible  mediante  la  sentencia C-370 de 2006,   condicionado  “en el entendido de que también deben  informar    en    cada    caso    sobre    la    suerte    de    las    personas  desaparecidas.”   

3  Ibídem   

4  Sentencia C-370 de 2006   

5  Acuerdo  de  Fátima  12  y 13 de mayo de 2004, suscrito entre otros por Rodrigo  Tovar  Pupo,  alias  “Jorge  40”,  comandante  del  Bloque Norte de las AUC.  “f.  Los miembros de las  Autodefensas  Unidas  de  Colombia  se  abstendrán  de: desarrollar actividades  ilícitas,  reclutar  personas,  ejercer  presión o amenazas sobre pobladores o  visitantes,  desarrollar  entrenamiento  armado  y  ordenar o coordinar acciones  ilegales desde la zona”.   

6  Tomado  del  documento  “presentación  general  del  proceso  de  paz con las  Autodefensas” del Alto Comisionado para la Paz.     

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