AP078-2015(43846)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP  – 078 – 2015   

Radicación 43846  

(Aprobado Acta No. 11)  

Bogotá D.C., enero veintiuno (21) de dos mil  quince (2015).   

VISTOS:  

          Resuelve  la  Sala si admite o no la demanda de casación presentada  por el defensor del procesado JOHN HERIBERTO LONDOÑO RIVERA.   

ANTECEDENTES:  

          1.  En Cocorná (Antioquia), hacia las 4 de  la  tarde  del 27 de marzo de 2003, el enfermero Guillermo Enrique Vélez Pérez  fue  secuestrado  por  dos  hombres  que  se  identificaron como miembros de las  autodefensas  cuando regresaba de laborar en la zona rural de ese municipio. Los  delincuentes  lo  intimidaron  con  un arma de fuego y lo llevaron a una casa de  dos  pisos  ubicada  a  media  cuadra  de la Caja Agraria del lugar. Allí alias  “popeye” le informó que  tenía    orden    del    “comandante”  de El Santuario para matarlo por ser el encargado de recoger el  dinero  de  las  extorsiones  que  realizaba  la  guerrilla  en  contra  de  los  campesinos  de  la  región.  Quedó  retenido  en  ese inmueble, custodiado por  “Alex” y “Matute”.  Fue dejado en libertad luego,  a  cambio  de  entregar  3  millones  de  pesos.  Se  los  dio a “Alex”   quien   le   dijo  que  debía  abandonar  el  pueblo. Y así lo hizo. Se trasladó a Medellín en condición de  desplazado.  A  comienzos de mayo de ese año pidió un licencia en su trabajo y  en agosto siguiente renunció.   

         2.  Al proceso, iniciado el 31 de marzo de  2009,  fue  vinculado  mediante  indagatoria  JOHN  HERIBERTO LONDOÑO RIVERA, a  quien  la  Fiscalía  detuvo preventivamente y acusó el 22 de abril de 2010 por  los   cargos   de   secuestro   extorsivo  agravado  y  desplazamiento  forzado.   

          3.  Tramitado  el  juicio,  el Juzgado 1º  Penal  Adjunto  del Circuito Especializado de Antioquia lo condenó el 9 de mayo  de  2013  a 28 años de prisión, multa  de  3266.66 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  término  de  20  años.  No se le concedieron la  condena de ejecución condicional ni la prisión domiciliaria.   

         4.    El   defensor   apeló   ese   pronunciamiento  y  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia, a través del fallo recurrido en casación, expedido el  30 de enero de 2014, lo confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA:  

          Cargo  único.  Violación directa de la ley sustancial.           

         La   sentencia  del  ad  quem,  a  juicio  del defensor, desconoció el principio de in  dubio pro reo. Recordó el profesional  cuándo  un  ataque  como  ese  se  realiza por la vía directa y cuándo por la  indirecta.  Precisó,  al  final,  que  el  suyo  está  orientado  a cuestionar  “las     consecuencias    jurídicas”  extraídas por el Tribunal, es decir, seleccionar erróneamente  “la     norma     que    regula    los    hechos  probados”   y   dejar   de   aplicar   “la     norma    que    recoge    correctamente    el    supuesto  fáctico”.   

         Luego   de   lo   precedente   y   de  varias  citas  doctrinales  y  jurisprudenciales   relacionadas   con   la   presunción   de  inocencia  y  el  in  dubio  pro reo, expresó  que  su  representado  fue  condenado  “sin existir  pruebas   en  su  contra”,  con  fundamento  en  una  denuncia         “contradictoria”,   “desmentida  por  los  supuestos  testigos”.   

         JOHN  HERIBERTO  LONDOÑO  RIVERA,  como  lo  reconoció la víctima  desde   su   versión   inicial,   “realizó   una  gestión”   a  favor  de  ésta  y  “prácticamente   le  salvó  la  vida”.   

         La   testigo   Shirley  Yaneth  González  Castaño,  ex  compañera  permanente  de  Guillermo  Enrique  Vélez Pérez, dijo en la audiencia pública  que  “todo  lo afirmado”  por  él “era falso”. Las  instancias,   sin   embargo,  no  le  otorgaron  credibilidad  a  la  declarante  simplemente   “por   una   percepción”,   como   consta   en   la   página  17  del  fallo  de  primer  grado.   

         Según  el  recurrente  toda determinación judicial “tiene  que  estar  sometida  al  imperio  de  la prueba”  y  no  le  es  dable  al  Juez, como pasó en el presente caso,  “basar  sus  decisiones  en  apreciaciones,  meros  indicios   o   denuncias   vagas   e   imprecisas”.   

         LONDOÑO  RIVERA  no podía ser condenado porque no se desvirtuó la  presunción  de  inocencia  ni  existía  certeza  acerca de la comisión de las  conductas  punibles.  Las instancias, por tanto, en atención a la incertidumbre  probatoria  lo  debían  absolver.  No  hacerlo  significó la vulneración, por  falta  de aplicación, de los artículos 29 de la Constitución Política y 7º,  inciso 2º, de la Ley 600 de 2000.   

          Le  solicitó  el demandante a la Sala, entonces, casar la sentencia  impugnada y absolver al acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          1.  Es evidente que el cargo propuesto por  el  demandante  no  satisface  la exigencia legal de claridad y precisión en su  presentación  prevista en el artículo 212-3 del Código de Procedimiento Penal  de 2000.   

         

         Aunque  el  abogado  hizo  gala  de conocer en qué caso el juzgador  quebranta  indirectamente el principio de in dubio pro  reo  en  la sentencia (a través de errores de hecho o  de   derecho   en  la  apreciación  probatoria)  y  en  cuál  lo  vulnera  sin  interposición  de  la  prueba  (al  fijar  las  consecuencias jurídicas de los  hechos  que declara comprobados), no consiguió construir adecuadamente el cargo  de violación directa de la ley sustancial denunciado.   

         Dejó  claro, eso es cierto, que en la lógica de la causal invocada  no  discutiría  el análisis probatorio realizado en el fallo impugnado. Eso le  imponía  acreditar que el fallador concluyó que existía duda para condenar al  acusado  y  lo  hizo a pesar de ello, en lugar de aplicar la disposición que le  ordenaba  resolver  esa  incertidumbre  a  favor  del  procesado.   Pero el  profesional incumplió.   

         En  ningún  instante probó que la construcción del fallo fuera la  señalada.  Y  no  lo  podía  hacer  en realidad porque los juzgadores, tras el  examen  respectivo  de  los  medios  de  convicción,  como la Sala lo ha podido  verificar,  concluyeron  claramente  que existía certeza para condenar. Y no se  trató  de  una  postura disonante con el alcance dado a las pruebas. Ninguno de  los  argumentos  probatorios  de  la  sentencia  impugnada,  en  otras palabras,  sugirió   duda   acerca   de  las  conductas  punibles  imputadas  o  sobre  la  responsabilidad  penal  del  acusado  respecto  de  ellas y eso significa que la  irregularidad denunciada no tuvo ocurrencia.   

         2.   En  el  desarrollo  de  la  censura,  adicionalmente,   no  demostró  el  casacionista  que  el  quebrantamiento  del  principio   de   in   dubio   pro  reo  se  haya  originado en un error de naturaleza probatoria. De haberlo  hecho, ello excusaría la falencia advertida.    

         Se  limitó  a  señalar  que  no  se  desvirtúo  la presunción de  inocencia.  La denuncia —es  todo  cuanto  argumentó—  fue  contradictoria  y  los  testigos  no  la respaldaron. Ocurrió en realidad,  según  el  demandante,  que el procesado realizó una gestión en beneficio del  secuestrado,  en  virtud  de la cual “prácticamente  le salvó la vida”.   

         Dejó  de  lado  señalar  que  el  respaldo de su conclusión está  vinculado  a  la  última  versión  que  de  los  hechos presentó la víctima,  calificada  de  retractación en la sentencia impugnada. No se refirió al resto  de  sus  intervenciones  procesales, examinadas en detalle por el Tribunal y con  fundamento  en  las  cuales, apreciadas conjuntamente con las demás evidencias,  estableció  la  Corporación  judicial  que  se reunían los requisitos legales  para condenar.   

         Así   las   cosas,   sin   referirse  siquiera  a  los  fundamentos  probatorios  de  la  sentencia recurrida extraordinariamente, el censor expresó  el  que  a  su parecer debió ser el alcance otorgado a los medios de prueba, el  cual  simplemente  opuso  al  del  juzgador,  olvidando  que  la casación no es  tercera  instancia  del  proceso  penal  sino un escenario destinado a juzgar la  legalidad de la sentencia.     

         3.  En conclusión, la Sala no admitirá la  demanda  pues  es manifiesto que con la misma lo único que pretende el defensor  es   que   la   Corte   intervenga  en  un  debate  probatorio  agotado  en  las  instancias.   Adicionalmente  no  se  hará  uso de su facultad de casar de  oficio  la  sentencia, en consideración a que una vez revisada la actuación no  se  evidencia  quebrantamiento  alguno  de  los  derechos  fundamentales  de los  sujetos procesales.   

         Por  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE:  

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada   por   el   defensor   del   procesado   JOHN   HERIBERTO   LONDOÑO  RIVERA.   

           Contra   esta  decisión  no  proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS      BARCELÓ      CAMACHO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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