AHP1263-2017(49825)

2017

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

AHP1263-2017  

Radicación N° 49825.  

Bogotá,  D.C., veintiocho (28) de febrero de  dos mil diecisiete (2017).   

V I S T O S  

Se  resuelve  la  impugnación   promovida  en   contra  de    la    providencia   dictada   el  16   de   febrero  pasado  por  un  Magistrado del  Tribunal     Superior    de    Buga    –  Sala de Decisión Penal,  mediante la cual se negó la solicitud  de  hábeas  corpus  elevada  en  favor de JUAN CARLOS  ROJAS  GONZÁLEZ,  FORNEY  ANTONIO     RESTREPO    y    LUIS    HUMBERTO    MARQUEZ    LONDOÑO.   

A N T E C E D E N T E S  

1.       El      16         de        febrero      de      2017,  el abogado  Kristian  Fernando  Ortiz  Agudelo elevó solicitud de  hábeas   corpus   en   favor   de   JUAN  CARLOS  ROJAS GONZÁLEZ,    FORNEY    ANTONIO    RESTREPO    y   LUIS   HUMBERTO   MARQUEZ  LONDOÑO,   cuyo   conocimiento   correspondió   al  Magistrado  de  la  Sala  de  Decisión  Penal      del      Tribunal      Superior      de     Buga,       Dr.       Álvaro         Augusto         Navia         Manquillo.   

2.  De  manera  inmediata,  se  avocó  el  conocimiento  de la acción constitucional y se ordenó vincular a los   juzgados   2  Penal  Municipal  con  función  de  control  de  garantías   y   4   Penal   del   Circuito,   ambos   de   Tuluá   (Valle  del  Cauca). De igual manera, se  ordenó  oficiar  al  Juzgado  Primero  Penal del Circuito Especializado de Buga  para   que   allegara   el   proceso   penal  seguido  contra  los  ciudadanos  en  favor  de  los  cuales  se impetró la acción.   

3. El mismo 16 de  febrero,  el  Magistrado  del  Tribunal  Superior  de  Buga   decidió   negar  el     hábeas            corpus       solicitado.  Además,  ordenó compulsar copias de  la   actuación  para  que  se  investigaran  eventuales  faltas  disciplinarias  cometidas  por  «funcionarios y partes intervinientes  en el proceso…».   

4.  Esa decisión  fue   impugnada   por   el   accionante,   quien  presentó,  oportunamente,  la  sustentación correspondiente.   

5.   El   trámite  fue  remitido  a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  en   donde  fue  recibido  el  pasado  27  de  febrero y  repartido     ese     mismo     día    al    suscrito    Magistrado.   

6. En el día de hoy, se recibió, vía fax,  un  oficio  del  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Buga, en el  que  informa  que  el 27 de febrero se realizó sesión de juicio oral en la que  se  clausuró  el  debate  probatorio.  Además,  que  se  fijó  el 25 de abril  próximo  para  escuchar  los  alegatos de conclusión y el 16 de mayo siguiente  para lectura de fallo, individualización de pena y sentencia.   

CONSIDERACIONES  

    

1. Competencia     

Según lo previsto en el artículo 7º de la  Ley  1095  de  2006,  el  suscrito  Magistrado  es competente para conocer de la  impugnación   promovida   contra  la  decisión  de  negar  el  hábeas  corpus  solicitado  en favor de JUAN CARLOS ROJAS  GONZÁLEZ, FORNEY ANTONIO RESTREPO y  LUIS  HUMBERTO  MARQUEZ  LONDOÑO,  dado  que la Corte  Suprema  de  Justicia  es  el superior del Tribunal de Buga, al que pertenece el  funcionario  judicial  que  dictó la providencia impugnada. Además, tal y como  lo  dispone  la  misma  norma,  «Cuando el superior  jerárquico  sea  un  juez  plural,  el  recurso  será  sustanciado  y  fallado  integralmente  por  uno  de  los magistrados integrantes de la Corporación, sin  requerir  la  aprobación  de  la  sala  o  sección respectiva”. Para  tal  efecto,  “cada  uno  de los  integrantes      de     la     Corporación     se     tendrá     como     juez  individual”».   

Ahora,  si bien el numeral 1º del artículo  30  de  la ley reglamentaria precitada asignó la competencia a todos los jueces  y  tribunales  del  país, la Corte Constitucional en la sentencia C-187 de 2006  determinó  que  a  esa  previsión  debía  agregarse  un elemento, a saber, el  factor  territorial,  en  virtud  del  cual  debe  conocer  de  la  petición la  autoridad  judicial  del  lugar  donde  la  persona  se  encuentre privada de la  libertad.  Lo  anterior, dijo el tribunal constitucional, porque es propio de la  naturaleza  de  la  acción,  precedida  por  los  principios  de  inmediación,  celeridad,  eficacia  y  eficiencia,  que  el  juez  cuente  con  la posibilidad  inmediata  de  visitar  a  la  persona  en  su  lugar  de  reclusión cuando sea  necesario  y  de  practicar  en  el  sitio  las demás diligencias que considere  pertinentes.   

          En  el  presente  caso, no se discute que los ciudadanos en favor de  los  cuales se invocó la acción de hábeas corpus, por lo menos hasta la fecha  en  que  se notificó la decisión de primera instancia (20 de febrero de 2017),  se  encuentran  privados  de  su libertad en el Establecimiento Penitenciario de  Mediana  Seguridad  y  Carcelario  de  Tuluá  (Valle  del Cauca), por lo que el  competente  territorial  es,  sin duda alguna, el Tribunal del distrito judicial  al  que  pertenece dicho municipio, uno de cuyos magistrados conoció la acción  en primera instancia.   

    

1. Cuestión preliminar     

El   hábeas   corpus   es   una   acción  constitucional  (art.  30)  reglamentada  por  la  Ley  1095 de 20061, cuyo objeto  es  proteger la libertad personal (i) cuando alguien ha sido privada de ella con  violación  de  las  garantías  fundamentales, o (ii) cuando tal limitación se  prolongue                ilegalmente2.   Así   pues,   habrá   de  concederse la tutela solicitada en dos eventos, a saber:   

1.-  Cuando la aprehensión de una persona  se  lleva  a cabo por fuera de las formas o especies constitucional y legalmente  previstas  para  ello,  como  son: con orden judicial previa (arts 28 C Pol, 2 y  297  L  906/94),  flagrancia  (arts. 345 L 600/00 y 301 L 906/04), públicamente  requerida  (art. 348 L 600/00) y administrativa (C-24 enero 27/94), esta última  con  fundamento  directo en el artículo 28 de la Constitución y por ello de no  necesaria  consagración  legal,  tal como sucedió -y ocurre- en vigencia de la  Ley 600 de 2000.   

2.- Cuando ejecutada legalmente la captura  la  privación  de libertad se prolonga más allá de los términos previstos en  la  Carta Política o en la ley para que el servidor público i) lleve a cabo la  actividad  a  que  está obligado (escuchar en indagatoria, dejar a disposición  judicial  el capturado, hacer efectiva la libertad ordenada, etc.), o ii) adopte  la  decisión  que  al caso corresponda (definir situación jurídica dentro del  término,  ordenar la libertad frente a captura ilegal -arts. 353 L 600/00 y 302  L         906/04-        entre        otras)3.   

En  la  prementada sentencia C-186, la Corte  Constitucional  expuso,  a  modo  ejemplificativo,  algunos  eventos que harían  procedente la petición de hábeas corpus, así:   

Como hipótesis en las cuales la persona es  privada  de  la  libertad  con  violación  de las garantías constitucionales o  legales,  se  pueden  citar  los  casos  en los cuales una autoridad priva de la  libertad  a  una persona en lugar diferente al sitio destinado de manera oficial  para  la  detención de personas, o lo hace sin mandamiento escrito de autoridad  judicial  competente,  o  lo  realiza  sin  el  cumplimiento de las formalidades  previstas   en   la   ley,   o   por   un   motivo  que  no  esté  definido  en  ésta.   

   

También  se presenta la hipótesis de que  sea  la  propia autoridad judicial, la que al disponer sobre la privación de la  libertad  de  una  persona, lo haga sin las formalidades legales o por un motivo  no definido en la ley.   

En  cuanto a la prolongación ilegal de la  privación  de  la  libertad  también  pueden considerarse diversas hipótesis,  como  aquella  en la cual se detiene en flagrancia a una persona (C.Po. art. 32)  y  no  se  le  pone a disposición de la autoridad judicial competente dentro de  las  36  horas  siguientes;  también  puede  ocurrir  que la autoridad pública  mantenga  privada  de  la  libertad a una persona después de que se ha ordenado  legalmente  por  la  autoridad  judicial  que le sea concedida la libertad. Otra  hipótesis  puede  ser  aquella  en  la  cual,  las  detenciones  legales pueden  volverse  ilegales,  como  cuando  la  propia  autoridad  judicial  prolonga  la  detención  por  un lapso superior al permitido por la Constitución y la ley, u  omite  resolver  dentro  de  los  términos  legales  la  solicitud  de libertad  provisional presentada por quien tiene derecho.   

Esa  delimitación  del ámbito material del  mecanismo  constitucional  de  hábeas corpus, impide que pueda servir, a manera  de  instancia, para controvertir las decisiones de los funcionarios judiciales o  como  medio  encaminado a discutir aspectos propios del proceso penal que contra  el  ciudadano  sigan  las  autoridades investidas de competencia para el efecto,  pues,  se entiende que ese tipo de debates deben plantearse al interior de tales  actuaciones,   dentro   de   los   escenarios   formales  establecidos  para  el  efecto.   

    

1. Caso bajo examen     

I.  La privación de la libertad personal de  los    señores   JUAN   CARLOS   ROJAS  GONZÁLEZ, FORNEY ANTONIO RESTREPO y  LUIS  HUMBERTO  MARQUEZ  LONDOÑO se habría prolongado  ilícitamente   porque   hasta   la   fecha   de   la   solicitud  (16  de  febrero  de  2017),  cada uno de  ellos,  acumulan  más  de 1.920 días en detención preventiva, sin que aún se  haya  proferido  sentencia  o sentido de fallo condenatorio. Al efecto, recuerda  que    las    medidas    de   aseguramiento   son   transitorias   (C-1154/2005),  que están proscritas las  dilaciones    injustificadas    (art.   29   Const.  Pol.)  y que, en todo caso, aquéllas deben obedecer a  un   plazo   razonable   (arts.   9.3   del   Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticas,  y  7.5  de  la Convención  Americana  de  Derechos Humanos). Por último, reconoce  que  tramitó  petición  de  libertad por los motivos expuestos ante el juez de  control  de  garantías,  pero  que  ésta  fue  negada  en  primera  y  segunda  instancia,   con   lo   cual,   estima,   se   desconoció  la  razonabilidad  y  proporcionalidad de la medida cautelar.   

II. Por su parte, el Magistrado del Tribunal  Superior  de  Buga,  señaló  que  el  peticionario  ya  agotó  los mecanismos  ordinarios  de  defensa  de  la libertad personal, en el trámite los cuales los  jueces  de  control  de  garantías valoraron adecuadamente el concepto de plazo  razonable  «desde  la perspectiva de la efectividad  de  la duración del trámite, los efectos de la conducta punible, la forma como  se  ha  tramitado  la  actuación  y la conducta de los implicados».  Además,  relieva  que  la  tardanza  en el proceso obedece a las  múltiples  solicitudes  de  aplazamiento  elevadas  por  la defensa antes de la  audiencia  preparatoria  y al tiempo que la misma ha utilizado para la práctica  de  sus  pruebas. Por último, afirma que deben tenerse en cuenta la complejidad  del  asunto  y  la  gravedad  de  las conductas punibles materia de juzgamiento.   

III.  En  sede  de  impugnación  contra  la  providencia  que  denegó  el  hábeas  corpus,  el  accionante  alegó:  (i) el  concepto  de  plazo  razonable  puede  ser  confuso  o  ambiguo, por lo que debe  tenerse  en  cuenta  que  se han programado 39 audiencias desde la captura; (ii)  aunque  reconoce  que  la  dilación  previa  a  la  audiencia  preparatoria  es  imputable  a la defensa, advierte que la Fiscalía duró 2 años presentando sus  pruebas  y  que, luego, el juicio oral sólo se suspendió una vez por culpa del  INPEC;  (iii)  no  resulta  lógico  que  se  toleren  1.170 días de detención  preventiva,  cuando  las leyes 1760 y 1786 de 2016 fijan como plazo razonable un  máximo  de  300,  por  lo que ésta, si bien no está vigente, debe usarse como  criterio  de  proporcionalidad; (iv) a pesar que admite la gravedad abstracta de  los  delitos,  cuestiona  la  prueba que vincula a los acusados; y, por último,  (v)   es   contradictorio   que   se   declare  la  inexistencia  de  dilaciones  injustificadas  y,  al  tiempo,  se  compulsen  copias disciplinarias al juez de  conocimiento.    

IV. Como al inicio se indicó, el trámite de  hábeas  corpus  no  puede suplantar los mecanismos ordinarios de protección de  las  garantías  fundamentales,  salvo  que  estuviese  acreditada  su  falta de  idoneidad  y  de  efectividad.  En  el presente evento, el accionante activó el  escenario  de control de las garantías fundamentales previsto por la Ley 906 de  2004  para  el  proceso  penal  y obtuvo pronta respuesta a su petición por los  jueces  de  primera  y  de  segunda  instancia.  Sin  que haya destinado un solo  argumento  para  demostrar  la  inidoneidad  o  la  inefectividad de ese control  intraprocesal,  acudió  al juez de hábeas corpus para reiterar su solicitud de  libertad  y,  adicionalmente,  cuestionar  las  razones  en las que se fundó la  negativa  de  ésta.  Entonces, como bien lo resaltó la decisión impugnada, se  pretende    que    la    acción    constitucional    sea    una    –tercera-  instancia  que  revise  la  corrección de las decisiones procesales de control de garantías.   

Ciertamente,  toda  persona  tiene  derecho  «a    un    debido    proceso    sin   dilaciones  injustificadas», tal y como lo prevé el artículo 29  de   la   Constitución.   También   lo   es   que   normas   del   bloque   de  constitucionalidad,  como  lo  son los artículos 9-3 del Pacto Internacional de  Derechos  Civiles  y  Políticos  y  7-5 de la Convención Americana de Derechos  Humanos,  afirman  al  unísono  que la persona detenida por causa de un proceso  penal  tienen  derecho  a  «ser juzgada dentro de un  plazo  razonable  o  a ser puesta en libertad». Es esa  la  razón  por  la  cual  las medidas cautelares personales son excepcionales y  solo   son  aplicables  si  resultan  necesarias,  adecuadas,  proporcionales  y  razonables (art. 295 C.P.P./2004).   

Ahora  bien,  con  relación  al concepto de  plazo   razonable,   en   sentencia  C-496  de  2015,  la  Corte  Constitucional  explicó:   

El derecho a un plazo razonable, es decir a  que  el proceso se tramite sin dilaciones injustificadas, respecto de lo cual es  necesario  analizar  tres  (3) elementos: (i) la complejidad del asunto, (ii) la  actividad  procesal  del  interesado  y  (iii)  la  conducta  de las autoridades  nacionales.  En relación con la conducta de las autoridades nacionales la Corte  Interamericana  de  Derechos Humanos ha señalado que “(L)a investigación que  deben  emprender los Estados debe ser realizada con la debida diligencia, puesto  que  debe  ser efectiva. Esto implica que el órgano que investiga debe llevar a  cabo,  dentro  de  un  plazo  razonable  todas  aquellas  diligencias  que  sean  necesarias con el fin de intentar obtener resultado”   

Pues  bien, el juez de control de garantías  que  resolvió  la  petición de libertad por vencimiento de un plazo razonable,  elevada  en  favor  de los acusados JUAN CARLOS ROJAS  GONZÁLEZ,   FORNEY   ANTONIO   RESTREPO   y  LUIS  HUMBERTO  MARQUEZ  LONDOÑO,  examinó la ocurrencia de  ese     supuesto     fáctico     generador    de  libertad  a partir de los  criterios  que ha definido la jurisprudencia internacional e interna de derechos  humanos,  esto  es,  la  complejidad  del  asunto,  la actividad procesal de los  interesados   y   la  conducta  de  los  funcionarios  judiciales.  Claro   está,   dicho   análisis         arribó  a una conclusión contraria a la pretensión y es éste el motivo del desacuerdo del accionante.   

Tan  solo  a  efectos  de  evidenciar  la  idoneidad  y  efectividad del control que de las garantías fundamentales de los  acusados  han  realizado  los  jueces competentes, se  traen  a  colación  los  principales  argumentos  que  soportaron la providencia del 9 de diciembre de 2016 dictada por el Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito de Tuluá, incluida la referencia a los que invocó  el   Juzgado   Segundo   Penal   Municipal   de   la   misma  ciudad,  con  los  cuales  se  abordaron  todos  los  fundamentos  de la  petición del defensor.   

En primera instancia:  

Que debe verificar si se ha vulnerado o no  el  plazo  razonable y examinar la complejidad del asunto que no solamente la da  la  naturaleza  del  mismo  si no la gravedad de la conducta, la modalidad de la  misma  como  lo  es el secuestro extorsivo, de igual manera la participación de  varios  acusados,  su  derecho  a  la  defensa,  el  surtimiento  de pruebas, la  actividad  que también ha sido ejercida ampliamente por parte de la defensa con  todas las garantías procesales.   

(…).  

Analiza  la  conducta  de  las autoridades  judiciales  desde  finales  del  año  2013  hasta  mediados  del  2016 donde la  judicatura  de  manera  paulatina ha hecho fijación de fechas como se ha leído  de  manera  extensa para que se surtan las diferentes actividades propias de ese  juicio;  que de igual manera se ve que el trámite procesal fue interrumpido por  la  resolución  de  un  recurso  de  alzada  frente  a una decisión tomada que  también  escapa  al  querer  propio  de  la  judicatura y que se debe surtir el  recurso  para  que  sea  resuelto,  y  que  por  demás interpuesto por la misma  defensa  y  que  fue  confirmada  la  decisión del juzgado de conocimiento, por  parte del Tribunal.   

(…).  

Que escuchó las fechas desde el 2013 hasta  el  2016  donde  se han convocado en unas 20 oportunidades a audiencias para que  se  surtan las actividades procesales de la fiscalía y la defensa, que es decir  el  juez  de  conocimiento  no  se  ha quedado congelado con ese asunto yendo en  contra    vía    lógicamente   de   ese   plazo   razonable   sino   todo   lo  contrario.      

En   segunda   instancia,   se   agregó  que:   

Y es cierto, como bien lo enfocó el señor  juez  de  garantías, que el art. 317 del c. de p. penal, modificado por el art.  4  de  la Ley 1760 de 2015 que tenía efectos jurídicos a partir del 6 de julio  de  2016,  fue  cambiado  por  la  Ley  1786 del 1 de julio de 2016 en su art. 5  respecto  de  la  vigencia,  estableciendo  que  rige a partir de la fecha de su  promulgación  yd  eroga  todas  las disposiciones que le sean contrarias, y los  términos  a  los  que hace referencia el art. 1 y el numeral 6 del art. 2 de la  Ley  de  procesos  ante justicia penal especializada en los que sea 3 o más los  acusados  contra  los  que  estuviere  vigente detención preventiva o cuando se  trate  de  investigación  o juicios de actos de corrupción de los que trata la  ley  1474  de  2011 o de cualquiera de las conductas previstas en el Título 4º  del  Libro  2 de la Ley 593 de 2000 del CP entrarán a regir un (1) año contado  a partir de la fecha de su promulgación.   

Por  si  lo  anterior  fuera  poco,  es  una  realidad,  inclusive  admitida  por el impugnante, que la dilación del proceso,  como   bien   lo  afirmó  el  Magistrado  en  primera  instancia,  «obedece  en  su  mayoría a solicitudes de aplazamiento elevadas  por  la  misma  defensa  antes  de  celebrarse la audiencia preparatoria, con la  excusa  de  estar  recolectando  elementos  materiales  probatorios…,  lo  que  implicó  que  el  juicio  oral  se  iniciara  solo  hasta el 15 de noviembre de  2013»  y  que  «el 21 de  noviembre  de 2015 culminó la práctica de las pruebas de la Fiscalía, y desde  el  23  de  febrero  de  2016  se  inició la presentación de las pruebas de la  defensa,  la  cual  incluso  ha  pretendido  llevar  al  juicio  testigos que no  solicitó  en  audiencia  preparatoria,  ocasionando  con  ello la prolongación  innecesaria de la actuación».   

Entonces,  siendo  que  la  privación de la  libertad  de  JUAN  CARLOS  ROJAS  GONZÁLEZ, FORNEY  ANTONIO  RESTREPO  y  LUIS HUMBERTO MARQUEZ LONDOÑO se  funda  en  la  medida  de aseguramiento de detención preventiva impuesta por un  juez  de  la  República y que la instancia procesal de control de garantías se  muestra  como  idónea  y  efectiva  para  definir  la  eventual  liberación de  aquéllos;  la  intervención  del juez de hábeas corpus resulta inviable, más  aún  cuando  el  actor pretende, inclusive, que valore pruebas que, según él,  exonerarían  de  responsabilidad  a  los  acusados,  lo cual es manifiestamente  improcedente.   

Por  ello,  se  confirmará  la decisión de  negar  la  solicitud elevada por Kristian Fernando Ortiz Agudelo en favor de los  tres  procesados.  No  sobra  advertir  que la compulsa de copias que ordenó el  Magistrado  de  primera  instancia con destino a la jurisdicción disciplinaria,  para  que  se  investigue  la  actuación del juez y de las partes en torno a la  duración  del  proceso,  es  una  medida  preventiva  que en nada se opone a la  negativa  del hábeas corpus que, como se vio, obedece a fundamentos diferentes.  Por  último,  se recuerda al accionante que ninguna limitación existe para que  vuelva  a  postular  ante  el  juez  de  control de garantías su pretensión de  libertad  de los acusados, si es que estima que la detención de los acusados se  prolonga ilícitamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto, el suscrito  Magistrado  de  la  Corte  Suprema     de    Justicia,    Sala    de    Casación    Penal,    administrando  justicia  en  nombre de la República y por autoridad  de la Ley,   

R E S U E L V E  

Confirmar   la  decisión  consistente  en negar la solicitud de hábeas corpus elevada en favor  de  JUAN  CARLOS  ROJAS  GONZÁLEZ,  FORNEY  ANTONIO  RESTREPO y LUIS HUMBERTO MARQUEZ LONDOÑO.   

Contra  esa  decisión  no procede recurso  alguno.     

Cópiese,   notifíquese,   devuélvase  y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado    

1  Mediante  la  sentencia  C-187  de  2006  se  realizó  el  examen  previo de su  exequibilidad.   

2  Artículo 1º de la Ley 1095 de 2006.   

3  Auto del 27 de noviembre de 2006, radicado No. 26.503     

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