39925(30-07-14)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP 4285-2014  

Radicación No. 39925  

(Aprobado acta No. 243)  

Bogotá,  D.  C., treinta de julio de dos mil  catorce.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación presentada por el defensor del acusado LUIS HERNÁN ORTIZ ATUESTA.   

ANTECEDENTES  

1.-   Los  hechos,  a  que  se  contrae  la  actuación,    fueron    reseñados    por    el    Tribunal    de   la   manera  siguiente:   

El 30 de noviembre de 2008, Luis Hernán Ortiz  Atuesta  en compañía de otras personas penetró mediante violencia al inmueble  ubicado  en  la  carrera  72  No. 29-05 de la ciudad de Medellín (Barrio Belén  Granada) propiedad de la Congregación Hermanitas de los Pobres.   

2.-  El  1º  de  septiembre  de  2009,  la  Fiscalía  presentó  el  caso  ante el Juez 14 Penal Municipal con funciones de  control  de  garantías de Medellín, en audiencia preliminar de formulación de  imputación  en  contra del indiciado LUIS HERNÁN ORTIZ ATUESTA. La imputación  se  efectuó  por  el delito de invasión de tierras y edificaciones, descrito y  sancionado  en  el  artículo  263  del  Código  Penal,  con las modificaciones  punitivas  establecidas  en  el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, cuyos cargos  no fueron aceptados por el implicado.   

3.- Posteriormente, ante el Juzgado Veintiuno  Penal  Municipal con funciones de conocimiento de Medellín, el  día 17 de  noviembre  de  2009  se llevó a cabo la audiencia de formulación de acusación  -en  la  cual  la  Fiscalía  acusó al imputado LUIS HERNÁN ORTIZ ATUESTA, del  delito  de  invasión  de  tierras  y edificaciones; el 25 de febrero de 2010 la  audiencia  preparatoria donde se resolvió sobre la pertinencia y conducencia de  practicar  las pruebas pedidas por las partes y; posteriormente, los días 30 de  septiembre  de  2010, 4 de mayo, 10 de junio, 18 de agosto, 10 y 30 de noviembre  de  2011,  el  juicio  oral.  En  esta  última  fecha,  se  anunció el sentido  condenatorio del fallo.   

3.-  La  sentencia  fue  proferida  el  17 de  febrero  de  2012,  y  con ella se puso fin a la instancia condenando al acusado  LUIS  HERNÁN  ORTIZ  ATUESTA, a las penas principales de 18 meses de prisión y  multa  de  22.22  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  término igual al de la privación de la libertad, al tiempo que  no  le  concedió  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena ni la  prisión  domiciliaria, entre otras decisiones, como consecuencia de encontrarlo  autor   penalmente   responsable   del   delito   de   invasión  de  tierras  o  edificaciones, imputado en la acusación.   

4.-  Apelada  esta  determinación  por  la  defensa   -quien  a  partir  de  manifestar   su  inconformidad  con  la apreciación probatoria, solicitó revocarla y absolver a  su  patrocinado,  en cuanto consideró ausentes los presupuestos exigidos por el  Código  de  Procedimiento  Penal  para  proferir  fallo de condena-,   el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín,  mediante  providencia  de  9 de julio de 2012 decidió modificarla, <<  en  el  sentido  de  conceder  al  condenado  la prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión intramural>>  y  confirmarla  en lo demás, al resolver en segunda instancia la  impugnación interpuesta.   

5.- Contra esta decisión, en oportunidad, el  defensor   interpuso   recurso   extraordinario   de   casación   mediante   la  presentación   de   la   correspondiente   demanda1,  sobre cuya admisibilidad se  pronuncia la Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  así  como  de  hacer  un relato de lo actuado en las instancias,  denuncia  que  en  el presente caso, con relación al artículo 71 de la Ley 906  de    2004    que    alude    al    querellante   legítimo    <<los  falladores  de  instancia dejaron de aplicar el inciso  primero  de  la  norma,  y se apartaron a analizar la personería jurídica y la  representación  legal  de  la  congregación,  que querellaba, que dicho sea de  paso  ni  siquiera  esto  lograron probar, sin darle cumplimiento  a lo que  taxativamente  exigía la norma, comprobar a quién se le hacía el legado, pues  no  hay  duda  y  esto  agrava  más  el  asunto, ya que fue la comunidad de las  Hermanitas  de los Pobres Hogar Ancianos Pablo VI (misma que ya no existía para  el  año  2006,  fecha  del deceso de la de cuyos), como se dijo en precedencia,  los  jueces  de  instancia  desconocieron  los  preceptos  legales  que rigen la  materia>>            (sic).   

Sostiene      que      <<tampoco  se  esclareció  quién  ostentaba  el  derecho de  dominio,  ni  se  dieron  por  aludidos cuando la querellante, manifestó que su  congregación  no  tenía  escrituras  ya que éstas andaban en trámite ante el  Notario  doce  del  Círculo  de  Medellín.  Menos  aun  quisieron admitirle la  posesión     al     acusado     pese    a    contar    con    pleno    respaldo  probatorio>>(sic), como según dice se acredita  con  los  recibos de pago de los servicios públicos desde el 14 de noviembre de  2008.   

Después  de  algunas otras consideraciones,  apoyadas  en  citas  de jurisprudencia, formula un cargo contra la sentencia del  Tribunal,  acusándolo  de  incurrir en violación directa de la ley sustancial,  <<por  error de existencia que consistió en el  desconocimiento  de  los  arts:  71  de  la  ley 906/2004, 29 de la CN y 6 de la  normatividad primeramente citada>>.   

Sostiene  que  los  yerros cometidos por los  juzgadores  resultan  trascendentes, y constituyen vulneración del derecho a un  debido   proceso   <<pues  al  desconocer  los  mandatos  del  art. 71 de la ley 906 de 2004 y tener como querellante a quien no  probó  esa  calidad,  se le está causando un agravio, haciéndose necesario la  intervención  de  la Corte para reparar el agravio inferido>>.       

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte   casar  la  sentencia  recurrida  “y  dictar  el  fallo  que  en derecho  corresponde >>.   

SE CONSIDERA  

1.- Tal como ha sido repetidamente dicho por  la  Corte  CSJ AP, 5 Dic 2007, Rad. 28653,  en  esta ocasión resulta pertinente reiterar que la casación no  es  instancia adicional a las ordinarias del trámite, y por lo mismo no ha sido  concebida  como  un instrumento que permita la continuación del debate fáctico  y  jurídico  llevado a cabo en un proceso ya culminado, sino que, por su propia  naturaleza  corresponde  a  una  sede  única  que  parte  del  supuesto  de  la  terminación  del  juicio  con  el  proferimiento  de  la  sentencia  de segunda  instancia  y,  además,  que ésta no solamente es acertada sino legal, por  ajustarse  en  un todo al ordenamiento jurídico, cuya desvirtuación compete al  demandante.   

De  conformidad  con  la ley procesal penal,  dicho  propósito  sólo puede lograrse mediante la presentación de una demanda  escrita,  en  la  que  se  identifique  la  sentencia recurrida, se acrediten la  legitimidad  y  el interés para recurrir, se expresen con claridad y precisión  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de la pretensión, y se demuestre la  objetiva   configuración   de   uno  o  varios  de  los  motivos  de  casación  taxativamente previstos por el Código de Procedimiento Penal.   

Acorde  con  los  principios  que  rigen  la  utilización  del  instrumento extraordinario de impugnación, en el libelo debe  demostrarse  igualmente, la necesaria intervención de la Corte para cumplir, en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines propios del recurso extraordinario,  los  cuales aparecen previstos por el artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones  contenidas  en  los   artículos  181  y  183 ejusdem, según las cuales la  casación   resulta   procedente   contra   sentencias   de   segunda  instancia  “cuando afectan derechos  o      garantías     fundamentales”   y   que   en   la   demanda   se   debe   señalar  “de      manera      precisa     y  concisa”  las  causales  invocadas y sus fundamentos.   

En  esta  oportunidad  debe  insistirse  en  recalcar  que  en  el  sistema  procesal  de  que trata la Ley 906 de 2004 no se  libera  al demandante del deber de cumplir con unos mínimos requisitos de forma  y  contenido  que  le  permitan superar el necesario juicio de admisibilidad que  por  ley  compete  realizar  a la Corte. Tanto es esto, que el artículo 184 del  mencionado  estatuto la faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en  las  cuales  se  establezca que el impugnante carece de interés, o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  o  cuando  en el escrito se dejan de  desarrollar  clara  y  precisamente  los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió  formular,  <<o cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para  cumplir    algunas    de   las   finalidades   del   recurso>>.   

Entre los mencionados requisitos establecidos  por  el  artículo  183  de la Ley 906 de 2004, con la modificación introducida  por  el  artículo  98  de  la  Ley  1395  de  20102,    se  destaca  que  el  censor  tiene  el  deber  de  interponer  el  recurso  dentro  de la oportunidad  legalmente  prevista,  esto  es  dentro  de  los  5  días  siguientes a última  notificación  de  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal,  presentar  la  demanda  en  un   término posterior común de 30 días y la  carga   de   acreditar   la   existencia   de   interés   para  acudir  a  sede  extraordinaria.   

Debe   señalar,   además,  con  absoluta  precisión   la   causal   o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar  y  sustentar  de  manera clara y precisa el cargo o cargos que a su  amparo  pretenda  proponer  y;  demostrar  con  la  nitidez  requerida,  que  la  intervención  de  la  Corte  en  el  asunto  particular  resulta necesaria para  cumplir  alguna  de las varias finalidades previstas para el recurso, tales como  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes  en  el  proceso,  la  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En   dicho   sentido  la  Sala  CSJ  AP,  9  Jun  2008, Rad. 29019 tiene  establecido que:   

“La  debida  sustentación   del   cargo  propuesto  implica  para  el  censor,  entre  otras  exigencias,   desarrollarlo   en   forma  completa,  conforme  al  principio  de  sustentación  suficiente,  de  suerte  que la demanda se baste a sí misma para  lograr  la  infirmación  total  o  parcial  de  la sentencia, según el caso, y  hacerlo  de  manera  clara  y  precisa,  en términos tales que el alcance de la  impugnación  surja  nítido,  para  que  el  juez  de casación pueda dar a los  reproches planteados adecuada respuesta.   

“También  es  exigencia  indeclinable  demostrar que la intervención de la Corte es necesaria  para  la  realización  de  los  fines de la casación, lo cual significa que la  demanda,  además  de hallarse adecuadamente presentada y debidamente sustentada  (idoneidad  formal),  debe  ser  fundada (idoneidad sustancial), es decir, estar  razonablemente  llamada  a  propiciar  la  infirmación  total  o  parcial de la  sentencia,   o   un  pronunciamiento  unificador  de  la  Corte  sobre  el  tema  debatido.   

“A   esta  conclusión  se  llega  tras  consultar  el contenido del artículo 184 ejusdem,  donde  se  incluye  como  causal de no selección de la demanda de casación, el  que  se  advierta  fundadamente  de su contexto que no se precisa del fallo para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  propias del recurso, es decir, que no sea  necesario  para  materializar la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías de los intervinientes y la reparación de los agravios inferidos  a éstos (artículo 180).   

A  más  de  lo dicho, la Sala CSJ AP, 22 Jun  2006,  Rad.  25412  ha dejado  indicado:   

Supone  lo  anterior  que el demandante debe  encaminar  sus  esfuerzos a demostrar cómo con el trámite procesal o a través  del  fallo  se  afectaron  derechos  o garantías fundamentales para lo cual, en  consonancia  con  el  yerro  advertido, ha de servirse de la causal de casación  pertinente  señalándola  expresamente  e  indicando las razones que le asisten  para  estimar  que se encuentra estructurada, sin olvidar que debe indicar, así  sea  sucintamente,  cuál  de  los  fines  establecidos  para  la casación hace  necesaria  la  intervención  de  la  Corte  en  el particular asunto, según lo  previsto  en  el  artículo  180  de  esa  normatividad,  esto  es,  si  ella es  indispensable  para  la  efectividad  del  derecho  material,  el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos o la unificación de la jurisprudencia.   

Con  esos  propósitos,  resulta  de  suma  utilidad   que   el   actor   atienda   las  directrices  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  sobre  la  forma  para abordar en esta sede el desarrollo de los  diferentes  motivos  de  casación  pautas que, bien está recordar, no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de sus reparos.   

Tales directrices tienden, pues, a facilitar  la  labor  del  demandante  a  fin  de  que resulten completos y entendibles los  cargos  que  propone  contra  el  fallo  de  segundo  grado, exigencia que sigue  vigente  pues  si  bien  en  la nueva lógica del recurso se habilita a la Corte  para  superar  los  defectos que el libelo ofrezca, esta última opción demanda  del  censor  un  esfuerzo  argumentativo  a  través  del  cual  demuestre ya el  probable  distanciamiento  entre  el fallo recurrido y la norma constitucional o  legal  que debió gobernarlo, ora la vulneración de garantías fundamentales de  los  intervinientes,  bien  el  tema  jurídico  que  por su relevancia deba ser  abordado   por   la   Sala   a   fin   de   procurar   el   desarrollo   de   la  jurisprudencia.   

Es  decir,  siempre  será  necesario que el  demandante  elabore  una  propuesta  coherente,  comprensible y convincente, por  cuyo  medio  pueda  concluirse  que  sí es indispensable la intervención de la  Corte  para  lograr  alguno  de los cometidos de la casación, de acuerdo con la  índole de la controversia planteada.   

2.-  Del  mismo  modo  la Corte CSJ AP, 9 May  2007,  Rad.  27330  ha  dejado establecido que cuando la demanda de casación se  dirige    a    denunciar    que    el   Tribunal   incurrió   en   violación  directa  de  disposiciones  de  derecho   sustancial,   por   falta   de  aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea,  compete  al  censor acoger los hechos y las pruebas,  tal  cual  fueron  declarados  aquellos  y  ponderadas éstas por el juzgador, y  presentar  su  disenso  en el ámbito del estricto raciocinio jurídico, pues si  la  discrepancia  es con la facticidad y los medios que la establecen, para ello  la  ley  tiene reservada la vía indirecta de violación, por errores de hecho o  de derecho en la apreciación de la prueba.   

En tal medida, ha señalado que la aplicación  indebida  y  la interpretación errónea de disposiciones de derecho sustancial,  son  sentidos  distintos  de violación a la ley, por ende, basados en supuestos  diversos.   Conforme ha sido repetidamente dicho por la Sala, la violación  directa   de  la  ley  sustancial  puede  llegar  a  presentarse  por  falta  de  aplicación,  aplicación indebida, o interpretación errónea de un determinado  precepto,  acogiendo  de  esta manera el criterio de clasificación trimembre de  los  sentidos  de  la  violación,  que  reconoce total autonomía al último de  ellos.   

Dentro  de  esta  categorización,  ha  sido  entendido  que  la  falta  de  aplicación  de  normas  de derecho sustancial se  presenta  cuando  el  juzgador  deja  de  aplicar al caso la disposición que lo  rige;  la aplicación indebida tiene lugar cuando aduce una norma equivocada; y,  la  interpretación  errónea  consiste  en  el  desacierto  en  que  incurre el  fallador  cuando habiendo seleccionado adecuadamente la norma que regula el caso  sometido  a  su consideración, decide aplicarla, sólo que con un entendimiento  equivocado,   sea   rebasando,   menguando   o   desfigurando   su  contenido  o  alcance.   

En  todo caso, la adecuada sustentación del  recurso,   sin   la   cual   no   es   posible  acceder  a  éste,  <<exige  que el demandante demuestre que el juzgador cometió  un  error  al  tomar  la decisión, bien de juicio (in iudicando) o de actividad  (in  procedendo),  para  cuyo  efecto  no  basta  afirmar  que  una  determinada  infracción  se  cometió,  sino  que  es necesario precisar en qué consistió,  qué  repercusiones  o  implicaciones  tuvo  en  la  decisión  recurrida,  qué  consecuencias  desfavorables  se  derivaron  de ella para la parte impugnante, y  por  qué  la intervención de la Corte es necesaria para el cumplimiento de los  fines  del  recurso>>  CSJ AP, 26 Sep 2007, Rad.  28053.     

3.-  En  el  presente  evento,  la  demanda  presentada  por  el  defensor  del acusado   LUIS  HERNÁN ORTIZ ATUESTA,  prácticamente  incumple  todos  los  presupuestos  básicos  de  admisibilidad,  tornando inexorable tener que disponer su rechazo.   

Si  bien sugiere que el sentenciador violó  directamente  la  ley  sustancial  al  dejar  de  aplicar  lo  dispuesto  por el  artículo  71  de  la  Ley  906 de 2004, que establece que la querella solamente  puede  ser  presentada  por  el  sujeto pasivo del delito o por su representante  legal,  si  la víctima fuere incapaz o se trata de una persona jurídica, es lo  cierto  que  deja  su  propuesta en el solo enunciado en cuanto omite darle todo  desarrollo y demostración.   

El demandante deja de considerar que cuando  en  sede  de casación se denuncia falta de querellante legítimo, un tal reparo  debe  postularse  al  amparo  de  la  causal  segunda  de casación -toda   vez   que   dicho  desacierto,  de  llegar  a  acreditarse,  comportaría  una  violación  del  debido  proceso  en  cuanto la actuación no  podía  iniciarse  por  constituir  condición de procesabilidad a términos del  artículo   70   de   la   Ley  906  de  2004-,  pero  desarrollarse  siguiendo  las  pautas jurisprudencialmente establecidas respecto  de  las  causales  primera  o  tercera,  es  decir, por la vía de la violación  directa  o  la  indirecta  de  la  ley  sustancial,  según  el  tipo  de  yerro  -jurídico        o       fáctico-  que le sirva de sustento.   

De  este  modo, si el sentenciador advierte  que  en  el  caso  sometido  a  su consideración, de conformidad con los medios  válidamente  recaudados, faltó el presupuesto de la querella, sea porque no se  presentó,  o  porque  habiéndose  presentado no se hizo por quien ostentaba la  condición  de  querellante  legítimo  o  porque la misma se formuló de manera  extemporánea,   y   pese   a  reconocer  la  existencia  de  alguna  de  dichas  eventualidades  profiere  fallo  de  mérito,  la  única  posibilidad  para  su  denuncia  es,  con  apoyo  en  la  causal  segunda,  demandar la casación de la  sentencia  de  segunda  instancia, la consecuente declaratoria de ineficacia del  trámite  judicial  y  la  preclusión  de la actuación, para cuyo desarrollo y  demostración  se  debe  acudir  a  los lineamientos establecidos para la causal  primera  de  casación,  presentando  la discrepancia en el ámbito del estricto  raciocinio  jurídico  y  sin cuestionar para nada la apreciación de los medios  de conocimiento que soportaron la decisión censurada.   

Ahora  si  la  lesión  al  debido  proceso  encontró  configuración  a  partir  de  la  comisión de errores de hecho o de  derecho  en  la  apreciación probatoria, que dieron lugar a entender acreditado  el   presupuesto   de  la  querella  sin  realmente  estarlo,  en  esta  última  eventualidad  la  vía  a  seguir  no  puede ser diversa de la causal tercera de  casación.   

Estos  derroteros  no  son  atendidos en la  demanda,  en  la  cual  el  libelista  se  limita a sostener que el sentenciador  incurrió   en   violación   directa   de   la   ley   sustancial  <<por  error  de existencia>>  derivado                             del                            <<desconocimiento>>  de  los  artículos  6 y 71 de la Ley 906 de 2004, así como del artículo 29 de la Carta  Política,  pero  ningún argumento presenta en orden a acreditar su aserto, tal  vez  suponiendo  que dicha labor le compete realizarla al juez de casación, sin  tomar  en  cuenta  que  por  virtud  del  principio  de  limitación que rige el  instrumento  extraordinario,  a  la  Corte no le corresponde entrar a suplir las  deficiencias  argumentativas  del  libelo  o  proceder a corregir los yerros que  éste presente.   

El  demandante  da  a  entender  que  los  juzgadores  dejaron  de  aplicar  lo  dispuesto  en el artículos 6, relativo al  principio  de  legalidad  de  la  ley procesal; el artículo 71 de la Ley 906 de  2004,  que  exige que la querella únicamente puede ser presentada por el sujeto  pasivo  del delito, su representante legal o sus herederos y; el artículo 29 de  la  Carta  Política,  en relación con el debido proceso, cuya transgresión da  lugar  a  la ineficacia del trámite, en una mezcla ininteligible de conceptos e  ideas   pues   de   la   argumentación   que   expone  no  se  desentraña  con  precisión  el verdadero sentido y alcance de su reparo.   

No  toma  en  cuenta  que  cuando  en  sede  extraordinaria  se  propone  la  violación  directa  de  la  ley sustancial, el  casacionista  tiene  por  deber  no  solamente  identificar  con  precisión  la  disposición  sustancial  sobre  la  cual  en su concepto recayó el desacierto,  sino  que  además, debe ser expreso en indicar el sentido de la violación y la  manera  como  ésta  encontró  materialización  en  el caso, para lo cual debe  presentar  una  argumentación  jurídica  clara,  completa y coherente, que dé  lugar  a identificar de manera inequívoca el alcance y sentido de su propuesta,  señalar  hasta dónde quiere llevar la discusión,  cuál  habría de  ser  la  solución  jurídica  correcta  y cómo ésta, tendría la aptitud para  solucionar   adecuadamente   el   caso   en   beneficio  de  los  intereses  que  representa.           

Es   precisamente   en   razón  de  este  desconocimiento,  que  de  su  discurso  no  logra  saberse  si  lo que pretende  noticiar   es  que  en  el  caso  de  su  asistido  pese  a  haberse  acreditado  probatoriamente  la  ilegitimidad  en  la  querellante  y  de  haber  sido  esto  declarado  en  el fallo, los sentenciadores dejaron de aplicar las disposiciones  que  establecen las consecuencias jurídicas para dicha eventualidad, o si dicho  desacierto  tuvo  lugar  porque se incurrió en errores de hecho o de derecho en  la  apreciación de las pruebas que acreditarían los supuestos fácticos de uno  de  los  motivos  de  imposibilidad  de  iniciar  o continuar el ejercicio de la  acción penal, nada de lo cual puede suponer la Corte.   

            

Lo anterior de suyo resulta suficiente para  que  la  Corte  decida  inadmitir la demanda, en cuanto no se cumple el deber de  claridad y precisión en la formulación de los reparos.   

En todo caso, para que no quede duda alguna  sobre  el  errado  planteamiento  del  demandante, cabe señalar que el Tribunal  descartó  la configuración del motivo de improseguibilidad de la acción penal  aludido   por   el   demandante,   en   términos   que   a   continuación   se  recuerdan:   

Con   todo,   ninguno  de  los  referidos  documentos   niega  que  la  representante  legal  de  la  comunidad  religiosa,  Hermanitas  de  los Pobres para el primero de diciembre de 2008, fecha en que se  presentó  la querella, fuera la hermana María Carrión Bautista. En efecto, si  bien  en  ellos  se menciona que la representante legal de la referida comunidad  es  otra  religiosa,  no  menos  es  cierto  que  los certificados se refieren a  épocas   anteriores   al   momento   en   que   la   religiosa   presentó   la  querella.   

Entonces,  si  no  hay  prueba testimonial,  documental  o  de  otra  índole  que  niegue  la  representación  legal  de la  comunidad  religiosa  Hermanitas  de  los  Pobres en cabeza de la hermana María  Carrión  Bautista, y por el contrario, sí hay prueba  documental,  como  es  la certificación que expide el Vicario Episcopal para la  vida  consagrada  de  la  Arquidiócesis  de  Medellín y, testimonial, la de la  misma  religiosa,  que  indican  que  para  el  primero  de diciembre de 2008 la  representante  legal  de  esa  colectividad religiosa es la referida hermana, la  discusión  respecto  de la legitimidad para incoar la querella queda superada y  en  tal  sentido  el  fallo  de  primera  instancia será confirmado       (se      destaca).           

Si  el  recurrente  pretendía controvertir  estas  apreciaciones  del  juzgador,  no tenía más alternativa que acudir a la  causal  segunda  de  casación  y  demostrar  su  configuración  utilizando los  lineamientos  previstos  para la causal tercera para denunciar la incursión por  el  juzgador de errores de hecho o de derecho en la apreciación probatoria, que  dieron  lugar  a no reconocer la existencia de querella, de caducidad de ésta o  de  ilegitimidad  en  el  querellante,  nada de lo cual siquiera ensaya, y al no  hacerlo   deja  su  reparo  ayuno  de  desarrollo  y  demostración.     

4.- Dada entonces la manifiesta inidoneidad  formal  y  sustancial  de  la  demanda  de  casación  presentada,  no cabe más  alternativa  que  inadmitirla  y  ordenar la devolución del diligenciamiento al  Tribunal  de  origen,  de  conformidad con lo previsto en el artículo 184 de la  Ley  906 de 2004,  pues no se advierte la necesidad de superar sus defectos  de  forma  y  contenido para la realización de los fines de la casación, ni la  violación  de  garantías  fundamentales  que  la  Corte  esté  en el deber de  proteger de manera oficiosa.   

5.-  Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  por  parte  del  demandante,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  184  inciso  segundo ejusdem, en la oportunidad,  forma  y términos precisados por la Corte CSJ      AP,     12     Dic     2005,     Rad.     24322.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  acusado LUIS   HERNÁN  ORTIZ  ATUESTA,  por  las  razones expuestas en la motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal del origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Fls.  517 y ss. cno. 2   

2 Ley  1395    de    2010.    Art.    98.   “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo 183.  Oportunidad.  El  recurso  se  interpondrá  ante  el  Tribunal  dentro  de los cinco (5) días siguientes a la última notificación y  en  un término posterior común de treinta (30) días se presentará la demanda  que   de  manera  precisa  y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso       de       reposición”.     

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