42349(09-10-13)Editada

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 336  

Bogotá D.C., nueve (9) de octubre de dos mil  trece (2013).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de   casación   incoada  por  la  defensa  de  E.R.N.M.  contra el fallo proferido el 24  de  junio de 2013 por el Tribunal Superior de (…), por cuyo medio modificó la  sentencia  del  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  para Adolescentes de esa  ciudad,  en  el  sentido  de  fijar  la  pena  en  dos años de privación de la  libertad  y  no  en  un  año  de libertad asistida, como lo había dispuesto el  a quo.   

HECHOS Y ANTECEDENTES RELEVANTES  

          En  el  municipio  de (…), a las 2:30 a.m. del 30 de septiembre de  2012,  el  joven  de  17  años  E.R.N.M.  se  presentó  en  la  residencia  de  la adolescente (…)  y  procedió  a  atacarla con arma  blanca causándole siete heridas en cuello y tórax.   

Con  fundamento en los anteriores hechos, el  10    de   enero   de   2013,   la   Fiscalía   le   imputó   a   E.R.N.M.  ante  el  Juzgado Segundo Penal  Municipal  para  Adolescentes de (…) la autoría del delito de homicidio en la  modalidad  de  tentativa,  cargo aceptado por  el  inculpado. Allí mismo se le impuso medida de internamiento  preventivo en el domicilio del menor.   

          En   consecuencia,   el   proceso  fue  remitido  a  la  judicatura,  correspondiéndole  al  Juzgado  Primero Penal del Circuito para Adolescentes de  (…),  que  el 20 de marzo siguiente aprobó el allanamiento a cargos y emitió  sentencia fijando la pena en un año de libertad asistida.   

Contra  tal  determinación  la  fiscalía  interpuso  recurso  de  apelación  que fue resuelto por el Tribunal Superior de  (…)  el  24  de  junio  último,  oportunidad en la cual modificó la sanción  impuesta  en primera instancia estableciéndola en dos años de privación de la  libertad.    

En desacuerdo con la anterior providencia el  defensor  presenta  demanda  de  casación,  aprestándose la Sala a estudiar la  admisibilidad del libelo correspondiente.   

LA DEMANDA  

         

          Con  apoyo  en  el  artículo 181-1 de la Ley 906 de 2004, el censor  propone  como  cargo único la violación directa de la ley sustancial por falta  de  aplicación  del  preámbulo  de la Constitución Nacional, así como de sus  artículos  2, 42 y 44 y de los cánones 1, 2, 8, 9, 177 y 178 de la Ley 1098 de  2006, los cuales transcribe.   

Lo   anterior  por  cuanto  dichas  normas  garantizan  el  derecho  del menor a permanecer con su familia y a continuar con  su  educación,  prerrogativas satisfechas con la libertad asistida dispuesta en  el  fallo  de primer grado, pero que se hacen nugatorias con la privación de la  libertad establecida en segunda instancia.   

En   ese   orden,   considera   que   la  interpretación  del  Tribunal  del  artículo  187  del  Código  de Infancia y  Adolescencia  es restrictiva y desfavorable, pues dicha preceptiva no incluye al  delito  de homicidio en la modalidad de tentativa como uno de aquéllos respecto  de  los  cuales  procede  la  privación  de  la libertad y, por ello, resultaba  factible  imponer  otra  clase de sanaciones, como lo hizo el juzgador de primer  grado.   

Por  ende, agrega, el Tribunal interpretó y  aplicó  de  forma  aislada la citada preceptiva, pues pretermitió el contenido  parágrafo  1  del  artículo  177 de la Ley 1098 de 2006 e ignoró que el joven  E.R.N.M.   se   encuentra  cursando  estudios  de  medicina,  de  suerte  que privarlo de la libertad en un  establecimiento  que no cuenta con nivel educativo superior vulnera su derecho a  la  educación,  desconociéndose,  además, la función protectora, educativa y  restaurativa de la Ley de Infancia y Adolescencia.   

De  otra  parte,  afirma,  los criterios del  artículo   179   ibídem  permiten  colegir  cómo el delito imputado quedó en la modalidad de tentativa,  el  adolescente  no tiene antecedentes, es estudiante universitario y cuenta con  un   núcleo   familiar   que   lo   respalda,   por   manera  que  E.R.N.M.   entendió  el  mensaje  de  la  política criminal del Estado, dada su aceptación de cargos.   

En consideración de lo anterior, pide casar  el  fallo impugnado con el propósito de unificar la jurisprudencia, defender el  derecho objetivo y reparar el agravio inferido.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Para  que  la  demanda  de  casación  sea  admitida,  acorde  con las previsiones de la Ley 906 de 2004, resulta imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos orientados a que contenga una  exposición  lógica  y  debidamente  argumentada,  como  así  se desprende, en  primer  lugar,  de  lo normado en el inciso segundo del artículo 184, según el  cual,   

“No   será  seleccionada,  por  auto  debidamente motivado que admite recurso de insistencia  presentado  por  alguno  de  los  magistrados  de  la  Sala  o por el Ministerio  Público,  la demanda que se encuentre en alguno de los siguientes supuestos: Si  el   demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se advierta que  no   se   precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso”.   

E,  igualmente,  de  lo  advertido  en  el  artículo  183 del mismo estatuto, conforme al cual el recurso extraordinario de  casación  se  interpondrá mediante demanda “que de  manera    precisa   y   concisa   señale   las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos”.   

A   los   criterios  contenidos  en  estas  disposiciones,  se  suma  la  necesidad  de  proferir  el fallo con el objeto de  cumplir  alguno  de  los  fines  del  recurso  referidos en la última parte del  segundo  inciso  del  mencionado  artículo  184  de  la misma codificación, al  señalar    que    también    se   inadmitirá   la   demanda   “cuando  de  su  contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del  fallo  para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  del recurso”.   

Es decir que con la Ley 906 de 2004 adquieren  significativa  importancia  los  fines  del recurso, hasta el punto de que en el  inciso   siguiente   de   la   misma  preceptiva,  se  establece  que  la  Corte  “atendiendo   a   los   fines   de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición del impugnante dentro del proceso e  índole  de  la  controversia  planteada,  deberá  superar  los  defectos de la  demanda para decidir de fondo”.   

Lo  anterior  conduce a la consideración de  que  aún si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  ha  llevado  a  exigir  que,  para  su admisión, la demanda señale y  demuestre  la  necesidad  del pronunciamiento de fondo para satisfacer alguno de  sus  fines,  no  otros  que  los  previstos  en  el  artículo  180 del estatuto  procesal.   

Siendo ello así, la Sala observa, en primer  lugar,   que   el  libelo  examinado  señala  como  finalidad  del  recurso  la  unificación  de  la jurisprudencia, la efectividad del derecho y la reparación  de  los  agravios  sin  explicar  por qué razón se configura cada uno de estos  objetivos,  por  manera  que  incumple  la  carga  argumentativa mínima de este  instrumento,  motivo  suficiente  para  inadmitir  la  demanda, pues, a pesar de  citar   todos   los   tópicos  contenidos  en  el  artículo  180  ibídem, no ofrece ninguna argumento para  persuadir  a  la Corte sobre la necesidad de abordar la problemática planteada.   

No obstante la falencia anotada, se procede a  revisar  el  cargo  propuesto  a efectos de constatar si se presentó conforme a  las  reglas  lógicas  y  de  debida  sustentación  y  si,  además, ostenta la  relevancia  necesaria  que  imponga  superar  los  defectos  de  la demanda para  decidir de fondo.    

          Con  fundamento  en  la  causal  primera de casación, el recurrente  acusa  al  Tribunal  de  violar  en  forma  directa la ley al omitir  la  aplicación  del  preámbulo de la  Constitución  Nacional,  así como sus artículos 2,  42  y 44 y los cánones 1, 2, 8, 9, 177 y 178 de la Ley 1098 de 2006,   básicamente   porque  la  tentativa  de  homicidio  no  están  enlistada  como delito que debe ser cobijado con privación de la libertad. Así  mismo,  porque los criterios de ponderación punitiva del canon 179 ibídem  y los  principios  orientadores  del sistema de responsabilidad penal para adolescentes  señalan    que    debe    garantizarse    al   joven   procesado   los          derechos   a   la   educación  superior  y  a  permanecer en su núcleo familiar.   

         Pues  bien,  la  causal  primera  de  casación  se  refiere  a  la  violación  directa  de  la  ley,  la  cual  se  concreta  cuando a partir de la  apreciación  de  los  hechos  legal  y  oportunamente  acreditados  dentro  del  diligenciamiento,  los falladores omiten aplicar la disposición que se ocupa de  la   situación   en   concreto,  en  cuanto  yerran  acerca  de  su  existencia  (falta  de  aplicación  o  exclusión   evidente),   realizan   una   equívoca  adecuación  de  los  hechos  probados a los supuestos que contempla el precepto  (aplicación  indebida), o  le  atribuyen a la norma un sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o  contrarios    a    su   contenido   (interpretación  errónea).   

         En  tal  caso,  sin  importar la especie de quebranto directo de la  preceptiva  sustancial,  el yerro de los juzgadores recae sobre la normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate en un ámbito estrictamente jurídico, sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto regulador de la situación específica  demostrada,  ora  porque  el hecho se ajusta a una disposición estructurada con  supuestos   distintos  a  los  establecidos,  o  bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio de la norma aplicable al caso concreto, todo lo cual exige  del   censor   la   aceptación   de  la  realidad  fáctica  declarada  en  las  instancias.   

         Por   tanto,  no  se  debate  allí  la  actividad  probatoria  ni su ulterior ponderación por parte de los funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

         Siendo  ello  así, la Sala encuentra que  el         libelista        incumplió  la  carga  procesal  de  sustentar  adecuadamente   el  cargo,  pues  menciona la  falta  de aplicación de una serie de  normas   constitucionales   y   legales   y,  a  renglón  seguido,  señala  la  errada  interpretación de  las   mismas,  por  manera  que mezcla dos motivos de  reproche,    sin    percatarse   que   resulta    contradictorio   pregonar  simultáneamente  la  falta  de  aplicación  de  un  contenido  normativo  y su  interpretación    errónea,   pues,   o   se   tuvo   en  cuenta  la    preceptiva   y   se   interpretó  equívocamente  o  no  se consideró y por ello no se hizo ningún comentario al  respecto.              Ahora,    si    lo    pretendido  fue  señalar  la  omisión  de unas  normas  y  la  errada  interpretación  de  otras,  el  libelista       debió       deslindar    respecto    de    cuáles   pregonaba   uno   u otro yerro.   

         Adicionalmente,  trátese  de  falta  de  aplicación  o  de  errada hermenéutica, lo cierto es  que  no precisó  cómo  y por  qué    razón   se   concretó   el   error         respecto         de         cada         artículo       citado,    por    manera   que   el  reproche  quedó   reducido      a      un     simple  enunciado   sin   la  obligatoria    explicación    sobre   el   motivo  por  el  cual  las normas  presuntamente  omitidas  estaban  llamadas a  regular  el  caso o cuál  debió   ser   la   interpretación   correcta   de  cada       una       de       ellas.      

        Por  demás,  se  advierte que el reparo  no     propone     un    debate    exclusivamente  jurídico,  como    debería   ser   si  cumpliera  las  exigencias de la causal invocada, en   tanto  parcialmente  cuestiona  el  proceso  de  valoración  probatoria   expresada   en   el  fallo,     producto     del    cual    el  Tribunal  coligió  que  el  joven  procesado  debía ser sancionado con pena privativa y no con libertad  asistida.   

        Así,           nótese     cómo    el    libelista  afirmó  que,          “…“para   la   aplicación  de  todas  las  sanciones,  la  autoridad  competente  deberá  asegurar  que  el  adolescente  esté  vinculado al sistema  educativo”,   precepto   este   desconocido   por   el   a  quem  (sic)   al   omitir   una   de   las  circunstancias  probadas  en  la actuación procesal, cual es el hecho de que el  procesado  está cursando  estudio de educación superior…”.   

        De  esta  manera, el cargo sólo  refleja  la  inconformidad  del  casacionista  con  la determinación del Tribunal de  modificar  la  pena  de  libertad  asistida y, en su  lugar,  recluir  al  joven  en  un centro de atención especializada,    pero    no    constituye    un   reproche   de   orden  estrictamente jurídico como lo  impone  la  causal  invocada.  En  otros  términos,  el  reparo cuya admisibilidad se estudia,        no        propone    un   asunto   de   contenido   jurídico   –  conceptual;  por el contrario, se  encamina  a  deplorar  que  el  ad  quem,  producto  de  una errada valoración  probatoria, de  la  omisión de algunos contenidos  normativos       o       de      su      errada  interpretación,   haya  revocado   la   medida  reconocida    por    el    juzgado    a quo.   

        Con       el      referido      proceder      el      demandante  se  sustrae  de  la  obligación  dispuesta  por el  legislador  de  exigir  a los recurrentes que el libelo contenga “de   manera  precisa  y  concisa  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos”,  pues no explica por qué postula la  causal  primera  de  casación  y,  menos  aún,  ajusta  su  desarrollo  a  las  exigencias que le son propias.   

         

          De  otra  parte,  el  único  reparo  que  podría  adecuarse  a  la  violación  directa  de la ley por errónea interpretación es el referente a la  inclusión  del  homicidio  en  grado  de  tentativa  como  uno  de los punibles  respecto  de los cuales el artículo 187 de la Ley 1098 de 2006 prevé la medida  de  privación  de  la  libertad.  Sin  embargo, dados los fines del recurso, no  resulta  procedente  su  admisión como quiera que el  libelista        no       se       pronuncia  sobre   el      precedente     jurisprudencial    citado    por    el    Tribunal    a  quo  para  afirmar que esa  modalidad  conductual  sí  está  incluida    en    el    citado   canon,    ni  otorga nuevos argumentos  que  señalen la necesidad de modificar las conclusiones allí expuestas. Por el  contrario,    guarda  silencio   sobre   esta   temática   en   la   cual   fundó   el  ad  quem  la  decisión  de revocar la  libertad  asistida concedida por el a quo.   

        En        efecto,        nótese        lo       consignado      por      la   Sala   en  pretérita  sobre         el         tema1:   

        “De  acuerdo  con  lo  anterior,  la interpretación del aludido  precepto  de  manera  sistemática con los artículos 177, 178 y 187 ibídem, en  armonía  con  los  principios  consagrados  en los Instrumentos Internacionales  atrás  referidos,  permite  las siguientes conclusiones acerca de la selección  de la clase de sanción:   

        a)  En principio, para adolescentes de  catorce  (14)  años  y menores de dieciocho (18), la  privación  de  la libertad en un centro de atención especializada por un lapso  de  dos  (2)  a  ocho  (8)  años,  sólo  procede  respecto  de delitos graves,  categoría  que  en  la  Ley  1098  de  2006  está atribuida a las conductas de  homicidio  doloso,  secuestro  y extorsión, en todas  sus  modalidades,  es  decir,  el legislador asignó esa clase de sanción y los  respectivos  márgenes  de movilidad independientemente de si se trata conductas  tentadas  o  agotadas,  agravadas  o  atenuadas,  cometidas en calidad de autor,  cómplice,     interviniente,    etc.   

(…)  

        e)  Cualquiera sea la medida impuesta,  en  el  curso  de  su ejecución, de acuerdo con las circunstancias individuales  del  menor transgresor y sus necesidades especiales, el juez puede modificarla o  sustituirla  por  otra de las previstas en la legislación en cuestión teniendo  en  cuenta  el  principio  de progresividad, esto es,  por  una  menos  restrictiva,  y por el tiempo que considere pertinente, sin que  pueda  exceder los límites fijados en las respectivas disposiciones ni el lapso  de  ejecución  que  reste  de la modificada o sustituida; cuando se trate de la  privación  de  la  libertad, el incumplimiento del adolescente infractor de los  respectivos  compromisos,  acarreará  la satisfacción del resto de la sanción  inicialmente        asignada       (subrayas   y  negrilla  fuera de texto).   

        Entonces,  acorde con el precedente citado, resultaba jurídicamente  viable colegir, como lo  hizo  el  Tribunal,  que el homicidio en grado    de    tentativa   atribuido   al   joven   procesado  ameritaba  la   privación   de   la  libertad   en   Centro   de   Atención  Especializada, por estar  así   definido   en   la   jurisprudencia   actualmente  vigente.  La  anterior  situación,        conforme       al             artículo  184  de  la Ley 906 de 2004,  impone  la  inadmisión  de  la demanda porque   del   contexto  de    la    misma   no   se  advierte  que  se  precise del fallo  para  cumplir  alguna de las finalidades del recurso,  esto  es, para unificar la  jurisprudencia,   defender   el   derecho   material   o  reparar  los  agravios  inferidos.   

        Las         aludidas  falencias  lógicas imponen inadmitir  el  reparo,  pues pese a  que   se   plantea  la  violación    directa    de   la   ley,   el   censor   encaminó   parcialmente  su  esfuerzo a atacar de  manera  imprecisa  la  valoración  probatoria  efectuada  por  el  Tribunal,  olvidando  que  la  causal  invocada  comporta  la  proposición  de  un  problema  de  raigambre  netamente  jurídica  sin  incluir  cuestionamientos   a   los  hechos  y  a  la ponderación probatoria definidos  en    la    sentencia.  Adicionalmente,  porque no evidenció la necesidad de materializar alguno de los  fines propios de la casación.   

        Lo  anterior,  además,  porque  no se  observa,  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro del curso de la  actuación  procesal,  violación  de  derechos  o  garantías  del declarado  penalmente responsable, como  para  adoptar  la  decisión  de superar los defectos de la demanda y decidir de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3º  del  artículo  184  de  la citada  legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        INADMITIR        el       libelo  casacional  presentado por el defensor de E.R.N.M.,  por  las  razones expuestas en  las consideraciones precedentes.   

De  conformidad con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                          FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                     MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                                  LUIS    GUILLERMO    SALAZAR   OTERO                          

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Proveído del 7 de julio de 2010, Rad. No. 33510.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *