42204(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA  DE  CASACIÓN PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 336.  

Bogotá  D.C.,  octubre nueve (9) de dos mil  trece (2013)   

VISTOS  

Acomete  la  Colegiatura  el examen sobre el  cumplimiento  de  las  exigencias de crítica lógica y suficiente demostración  en  el  libelo  casacional  allegado  por el defensor del procesado JORGE  ALONSO QUINTERO RIVILLAS, contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Manizales  el  24  de  junio  de  2013,  por  cuyo  medio confirmó el fallo dictado por el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de conocimiento de Chinchiná el 4 de mayo  de  2011,  mediante el cual lo condenó como determinador penalmente responsable  del    concurso    de    delitos   de   homicidio   agravado   en   José  Luis  Gómez  Hernández y porte de  arma de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  averiguatorio   fueron   sintetizados   por   el   ad  quem en los siguientes términos:   

“Tuvieron  ocurrencia  en  la  noche del 14 de junio de 2010 en el corregimiento de Arauca,  jurisdicción  del municipio de Palestina, Caldas, cuando entre las carreras 2ª  y  3ª  de  tal  lugar fue impactado en una oportunidad con proyectil de arma de  fuego  el señor José Luis Gómez Hernández, quien se derrumbó inmediatamente  sobre  el suelo, lugar del cual fue recogido ya sin vida por las autoridades del  CTI.   

“Estos  agentes  comenzaron  desde ese preciso momento las pesquisas de rigor, logrando conseguir  información  conforme  a  la  cual, el autor del homicidio había sido el joven  Víctor  Alfonso  Navarrete,  quien  aparentemente había obrado por órdenes de  JORGE  ALONSO  QUINTERO  RIVILLAS,  persona que había tomado tal determinación  para  ajustar  cuentas  por  la  venta  de un estupefaciente que el occiso no le  pagó ni le reintegró”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 7 de agosto de 2010  ante  el  Juzgado Promiscuo Municipal con control de garantías de Chinchiná se  impartió  legalización  a  la  captura  de  QUINTERO  RIVILLAS.  La  Fiscalía  le  imputó la comisión del  concurso  de  delitos  de  homicidio agravado y porte ilegal de arma de fuego de  defensa  personal, la cual no aceptó. En la misma ocasión a instancia del ente  acusador  le  fue  impuesta  medida de aseguramiento de detención preventiva en  establecimiento carcelario.   

          Presentado  el  escrito  de  acusación,  la respectiva audiencia se  realizó  el 14 de octubre de 2010, por cuyo medio la Fiscalía insistió en los  delitos  que  sustentaron la medida de aseguramiento y precisó que se le imputa  a  JORGE  ALONSO QUINTERO la  comisión de dichos punibles en calidad de determinador.   

Surtido  la  fase  del  juicio,  el  Juzgado  Segundo   Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de  Chinchiná  profirió  fallo  el  4  de  mayo  de  2011,  a  través  del  cual  condenó  a  QUINTERO  RIVILLAS a la pena  principal  de  cuatrocientos  ochenta  y  dos  (482)  meses  de prisión, y a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas    por    veinte    (20)   años,   como   determinador   responsable   del  concurso  de  delitos  objeto   de  acusación.  En  la  misma  providencia  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria sustitutiva  de la intramural.   

          Impugnada  la  sentencia  por  la  defensa,  fue  confirmada  por el  Tribunal de Manizales mediante proveído del 24 de junio de 2013.   

Contra   la   decisión  del  ad   quem   el   defensor  interpuso  en  oportunidad  recurso  extraordinario  de  casación y allegó la correspondiente  demanda, cuya admisibilidad se examina en este proveído.   

EL LIBELO  

En  forma preliminar el recurrente aduce que  se  violó  a su asistido la presunción de inocencia, y que debió aplicarse el  principio  in  dubio pro reo  en su favor.   

          Luego      de      transcribir      in  extenso  apartes  de  los  fallos de primera y segunda  instancia,  así  como  de  pronunciamientos  jurisprudenciales  sobre el citado  principio,  advera  que  formula  dos cargos, el primer  reproche  “por violación  directa   de  la  ley  proveniente  de  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  convicción”,  pues  “el  Tribunal  desconoció  la tarifa legal enmarcada en el artículo 381 del C.P.P.,  consistente  en  la  prohibición  de  condenar con base exclusiva en pruebas de  referencia”.   

          Resalta  que  todas  las  pruebas  son  de  referencia  y de oídas,  recogidas  fuera  del juicio oral a través de entrevistas o repitiendo lo dicho  por  Luis Alzate Castañeda,  quien  no  asistió al debate oral, pese a lo cual tales medios fueron admitidos  y  ponderados por los falladores para sustentar la sentencia de condena, máxime  si   algunos   entrevistados   se   retractaron   al   intervenir  en  la  vista  oral.   

          Considera  que se violó el derecho el debido proceso del acusado, y  no se tuvo en cuenta la presunción de inocencia.   

En   el  segundo  cargo,  subsidiario,  postula  un error de derecho por  falso   juicio  de  legalidad,  toda  vez  que  tanto  la  entrevista,  como  el  reconocimiento  que  realizó  Luis  Norberto  Alzate  Castañeda,  no  podían ser aceptadas como pruebas de  referencia  incorporadas  al  juicio,  dado que no se probó la imposibilidad de  citar y hacer comparecer al testigo al debate oral.   

Señala  que  nada  se  hizo  en  procura de  encontrar  al  declarante,  pues  no hay constancia sobre las diligencias que la  investigadora  dice haber adelantado con tal propósito, de modo que se trata de  “un     monumento    al    facilismo”  y la desidia de la Fiscalía y la Policía Judicial, sin que se  pueda     afirmar     que     se    trata    de    un    caso    “similar”,   según   las   voces   del  artículo  438  de  la  Ley  906  de  2004,  circunstancia  que debe acreditarse  debidamente.   

          En  el  ámbito de la trascendencia del error denunciado señala que  al  marginar  aquellas  pruebas  se  imponía  dictar  un fallo absolutorio para  reparar  las  consecuencias  graves de la “sentencia  de      segunda      instancia      calificada      como     injusta”.   

          A  partir  de lo expuesto, el demandante solicita a la Sala casar la  sentencia   atacada,   para  en  su  lugar  aplicar  el  principio  in   dubio   pro   reo   y   absolver  a  JORGE    ALONSO    QUINTERO    RIVILLAS de los cargos por los cuales fe acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Para  acceder  a este recurso extraordinario  corresponde  al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos o garantías  fundamentales,  lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar los cargos de sustentación de la inconformidad y demostrar  la   necesidad  del  fallo  de  casación  para  cumplir  alguno  de  los  fines  establecidos  en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, esto es, la efectividad  del  derecho  material,  el  respeto de las garantías de los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la  jurisprudencia,  so  pena de resultar inadmitida la demanda, según lo establece  el artículo 184 de la citada legislación procesal.   

         No  sobra  advertir  que  en el examen de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la  Sala  constatar  en  la formulación y desarrollo de las censuras el acatamiento  de  las  exigencias de lógica y  pertinente demostración definidas por el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con  el fin de evitar la  transformación  de este recurso extraordinario en una instancia adicional a las  ordinarias.   Tales   requisitos  se  orientan  a  conseguir  el  desarrollo  de  las     demandas   dentro   de   unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y demostración de los cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y claros, pues  no  corresponde  a  la  Sala  en  su  función reglada de orden constitucional y  legal,   develar   o   desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias   alegaciones  de  los  impugnantes en casación.   

          Adicional  a  lo a anterior, conforme al artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  “si  el  demandante  carece de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los  cargos  de  sustentación” (subrayas fuera de texto),  el libelo se inadmitirá.   

Como en el asunto que concita la atención de  la   Sala   el   demandante   postula   en  el  primer  reparo  la  violación  directa  de la ley sustancial,  impera  señalar que tal situación acaece cuando a partir de la apreciación de  los  hechos  legal  y oportunamente acreditados dentro del diligenciamiento, los  sentenciadores  omiten  aplicar la disposición que se ocupa de la situación en  concreto,  en  cuanto  yerran  acerca  de  su existencia (falta de aplicación o  exclusión  evidente), realizan una equívoca adecuación de los hechos probados  a  los  supuestos  que  contempla  el  precepto  (aplicación  indebida),  o  le  atribuyen  a  la  norma  un sentido que no tiene o le asignan efectos diversos o  contrarios a su contenido (interpretación errónea).   

En  tal caso, sin que interese la especie de  vulneración  directa  de  la  preceptiva sustancial, el yerro de los juzgadores  recae   sobre   la  normatividad,  circunstancia  que  ubica  el  debate  en  un  ámbito     estrictamente     jurídico,  sea  porque  se  dejó  de  lado  el  precepto  regulador  de  la  situación  específica  demostrada,  ora  porque  el  hecho  se  adecua  a  una  disposición  estructurada  con  supuestos distintos a los establecidos, o bien,  porque  se  desborda  el  entendimiento  propio  de  la  norma aplicable al caso  concreto,  todo  lo cual exige del censor la aceptación de la realidad fáctica  declarada en las instancias.   

Obviamente,  no se debate allí la actividad  probatoria   ni   su   ulterior  ponderación  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales,  pues para emprender la censura de la validez de las pruebas o de su  apreciación,  el  legislador ha establecido como causal la violación indirecta  de  la ley sustancial, en cuanto su infracción se produce de manera mediata, de  conformidad  con  las diversas modalidades de errores en que pueden incurrir los  sentenciadores en tal materia.   

En  el  cargo  examinado  en  punto  de  su  admisión  se  observa,  que  pese  a  postular  la violación directa de la ley  sustancial,   el   libelista   se   orienta   a   denunciar  un  “error   de   hecho  por  falso  juicio  de  convicción”,  pues  “el Tribunal desconoció la  tarifa   legal   enmarcada   en   el   artículo   381   del   C.P.P.”,  sin  percatarse  que tal especie de yerro, junto con el falso  juicio  de  legalidad,  integran los errores de derecho propios de la violación  indirecta  de  la ley sustancial, equívoco que denota ausencia de lógica en la  formulación  y  desarrollo  de la censura, además de imprecisión, de modo que  no  se  sujeta  a lo dispuesto en el artículo 183 de la Ley 906 de 2004, según  el  cual el recurso de casación se ejerce “mediante  demanda  que  de  manera precisa y concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus fundamentos” (subrayas fuera de texto).   

Es  pertinente  señalar  que  el  error  de  derecho  por  falso  juicio de convicción se presenta cuando los sentenciadores  niegan  al  medio  demostrativo el valor que la ley le ha conferido o le otorgan  un  mérito diferente al atribuido legalmente, cuya ocurrencia es excepcional en  atención  a  que,  por regla general, el estatuto procesal penal no conserva el  método  tarifario de apreciación probatoria, caso en el cual, correspondía al  actor  demostrar  la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta por el  legislador,  así  como su injerencia en el sentido del fallo, labor que tampoco  acometió de manera clara, específica y explicada.   

          Ahora,   en  cuanto  atañe  a  la  reclamación  que  cifra  en  la  violación   directa   de   la  ley  por  falta  de  aplicación  del  principio  in   dubio   pro  reo,  le  correspondía  demostrar  que los falladores reconocieron en las consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia de dudas trascendentes de imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la  conducta o la responsabilidad del  procesado  y,  pese  a  ello,  profirieron  sentencia  de condena con exclusión  evidente  de  la  disposición  normativa  que contiene el principio, cuando les  correspondía  en  consonancia con su exposición absolver, circunstancia que no  tuvo lugar en este asunto.   

          Las   razones   expuestas   son   suficientes   para   inadmitir  el  reproche.   

          En    cuanto    atañe   a   la   segunda  censura,  encuentra  la  Colegiatura que el recurrente  plantea  un falso juicio de legalidad, el cual tiene lugar cuando los falladores  al  apreciar  alguna  prueba  la  asumieron equivocadamente como legal aunque no  satisfacía   las  exigencias  señaladas  por  el  legislador  para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron aduciendo de manera errada su ilegalidad, pese a  que  se  cumplieron  cabalmente  los  requisitos  dispuestos  en  la ley para su  práctica  o  aducción,  caso  en  el  cual,  es  del  resorte  del  demandante  identificar  el  medio probatorio que tacha de ilegal, indicar las disposiciones  legales  o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar  la  efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado;  ora, comprobar la legalidad de la  prueba desechada por el juzgador.   

En los dos eventos anteriores, también es su  obligación  acreditar la trascendencia del yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es,  demostrar que con la marginación de la prueba señalada como ilegal,  las  restantes  pruebas  conducen  a una decisión sustancialmente diversa de la  atacada,  o  bien,  que  con  la incorporación del medio de prueba que el actor  estima  legal,  las conclusiones son distintas de las contenidas en la sentencia  impugnada, deberes que en este asunto no emprendió el libelista.   

          En  efecto,  constata  la  Sala que si bien acierta el demandante al  postular  un  error  de  derecho por falso juicio de legalidad en cuanto critica  que  ciertos  medios  de  acreditación hayan sido incorporados como pruebas sin  contar  con  las  ritualidades  excepcionales para proceder a ello, lo cierto es  que  no  se  ocupa  en  modo  alguno  de refutar los planteamientos que sobre el  particular   ofrecieron   los   falladores,   en   particular   el  ad  quem, de un lado, sobre el alcance de  lo  dicho  por  Víctor Alfonso Navarrete  en  su  condición  de  ejecutor  material  de  la  conducta en la  entrevista inicial no ratificada en el juicio.   

Y  de  otro,  acerca  de  lo expuesto por la  investigadora    Blanca   Doris   Torres     sobre    los    motivos    por    los    cuales    Norberto  Alzate  Castañeda no concurrió  al  debate  oral por amenazas contra su vida, al punto que abandonó su lugar de  residencia  pues  consideró  que a su hermano lo habían matado con ocasión de  lo relatado en este asunto.   

         Tampoco    se    refiere    a    lo    afirmado   por   Edwin  Acosta y Johan Rojas, de manera que  el  cargo  resulta  ayuno  de  acreditación,  pues se sustenta en la particular  percepción  del actor sobre el asunto y en su insistente pretensión de mostrar  la  labor  del  ente  acusado  como  superficial  y  negligente, sin analizar en  contexto las pruebas obrantes en la actuación sobre el particular.   

Así   las   cosas,  pronto  de  advierte  que el defensor únicamente  se  dedicó  a  exponer en  forma    imprecisa    y    precaria    su  descontento  con  la  determinación  cuestionada, apoyándose en  la  crítica  de uno de los  elementos  de convicción que sirvieron de pilar al fallo condenatorio, pero sin  valorar    otros    medios   de   prueba  y sin detenerse a observar la técnica  propia  de  este  mecanismo extraordinario    de   impugnación,   falencia   que  imposibilita     a     la     Sala    emprender    el    estudio  de  fondo  del  libelo,  pues si no se  trata  de  un  alegato  de  libre  confección,  su  presentación  con  base en  análisis      probatorios     fragmentarios     e  indemostrados, y sin atenerse a las reglas lógicas y  argumentativas   que   la   gobiernan,   imponen  su  inadmisión,  de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  pues  en  virtud  del  principio de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte  no se encuentra facultada para enmendar tales incorrecciones.   

          Además,  no se observa con ocasión de la  sentencia  impugnada o dentro del curso de la actuación procesal, violación de  derechos  o  garantías,  como para adoptar la decisión de superar los defectos  de  la demanda y decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º del artículo  184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado  por  el defensor del procesado  JORGE    ALONSO    QUINTERO    RIVILLAS,    por    las    razones    expuestas   en   las   consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO   FERNÁNDEZ  CARLIER                                       MARÍA        DEL        ROSARIO       GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                            LUIS   GUILLERMO   SALAZAR  OTERO   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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