42106(11-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta N° 419  

Bogotá, D. C., once  (11) de diciembre de dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado Jhon Jairo  González  Torres,  Aerotécnico de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), contra la  sentencia  proferida el 23 de abril de 2013 por el Tribunal Superior Militar, la  cual  revocó  la  sentencia proferida por el Juzgado Ante Comando Aéreo 122 de  Puerto  Salgar  (Cundinamarca)  el  7  de  noviembre de 2012, en la que junto al  soldado  ® de la misma fuerza Joseph Jair Valencia Ramón, había sido absuelto  del delito de Lesiones Personales Dolosas.   

HECHOS  

          Fueron   consignados   en   la   sentencia  de  primer  grado  así:   

          “Del   acervo   probatorio   se  puede  concretar  que el 16 de febrero de 2009, aproximadamente a las 8:30 de la noche,  los  procesados se encontraban en el Comando Aéreo de Combate No.3, con sede en  Malambo,   Atlántico,  de  servicio  de  guardia,  el  suboficial  [Jhon  Jairo  González  Torres]  como relevante de guardia y el soldado [Joseph Jair Valencia  Ramón]  como  disponible. Luego de un requerimiento efectuado por el oficial de  servicio  para  verificar  una  novedad  en  un  puesto  de guardia de la unidad  militar  cercano  al barrio El Esfuerzo, los procesados acudieron en apoyo a los  centinelas  del  lugar; estando en dicho sitio visualizaron fuera del perímetro  de  la  unidad  militar  la  sombra  de  una  persona,  luego de hacerle algunas  advertencias  de  identificación  y  para que saliera del sector, procedieron a  efectuar  disparos, logrando que la persona se fuera del lugar. Minutos después  se  tuvo  conocimiento  que  había  una persona herida por proyectil de arma de  fuego  en  el  hospital de Malambo, siendo los causantes de dichas heridas [los]  miembros     de     la     unidad    militar    antecitada    (sic).”           

Conviene  precisar  que la noche del suceso,  personal  de la Unidad Militar trasladó a quien se logró establecer respondía  al  nombre de Jorge Carracedo De La Hoz, a un centro hospitalario para que fuera  atendido por la herida de bala que presentaba en su abdomen.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.  Por  los  hechos  antes  narrados,  el  17 de febrero de 2009 el  Juzgado  121  de  Instrucción  Penal  Militar  inició investigación contra el  Aerotécnico  Jhon Jairo González Torres y los soldados ® Joseph Jair Valencia  Ramón,  Ángelo  De  La  Hoz  Chávez  y Dairo Antonio De León Casseres, todos  miembros  de  la  Fuerza Aérea Colombiana (FAC) y orgánicos del Comando Aéreo  de  Combate  No.3; a quienes previa vinculación mediante indagatoria y admitida  la  demanda  de  parte  civil,  resolvió situación jurídica absteniéndose de  afectar  con  medida  de  aseguramiento  a  los  dos  primeros,  en tanto que en  relación  los  dos  últimos  profirió en su favor cesación de procedimiento,  decisión  que  fue  confirmada  por el Tribunal Superior Militar al surtirse la  respectiva consulta.      

2.  La  Fiscalía  Ante  Comando  Aéreo 122 en decisión del  3 de  febrero  de  2011,  profirió  contra  Jhon Jairo González Torres y Joseph Jair  Valencia  Ramón,  Aerotécnico  y soldado de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC),  respectivamente,  resolución  de acusación como presuntos autores responsables  del  delito  de lesiones personales dolosas, descrito en los artículos 111, 112  inciso 2º y 113 inciso 2º del Código Penal.    

         

          3.  Contra  la  anterior  decisión la defensa del acusado González  Torres  interpuso recurso de apelación, el cual fue resuelto en resolución del  18  de  mayo  de  2012,  mediante  la cual la Fiscalía Segunda Delegada ante el  Tribunal   Superior   Militar,   confirmó   en   su   integridad  el  proveído  calificatorio de primer grado.   

          4.  La  fase  del  juzgamiento  fue  adelantada  por el Juzgado Ante  Comando  Aéreo  122  que  el  7  de noviembre de 2012, emitió fallo de primera  instancia  en  el  que  absolvió  a  los acusados Jhon Jairo González Torres y  Joseph  Jair  Valencia  Ramón  del  cargo  de  coautores del delito de lesiones  personales,   decisión   que   fue   impugnada  por  el  representante  fiscal.   

          5.  El  recurso  de  apelación  contra  el  fallo  absolutorio  fue  resuelto  por  el  Tribunal Superior Militar el 23 de abril de 2013, que revocó  la  sentencia  de  primer  grado  y  en  su lugar condenó a los procesados como  coautores  de la conducta punible de lesiones personales en la modalidad de dolo  eventual,  imponiéndoles  la  pena principal de 24 meses de prisión y multa de  26  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, y les concedió el subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  por lo cual  continuaron  gozando  del  beneficio de la libertad, tal como aconteció durante  el trámite.   

6.  Contra  la  sentencia  de  segunda instancia, el procesado González  Torres  interpuso el recurso extraordinario de casación, que fue sustentado por  su  defensor  dentro  del  término  de  60 días  posteriores a la última  notificación,  a  los  que  se refiere el artículo 346 de la Ley 1407 de 2010,  siendo concedido por el Tribunal Superior Militar.   

LA DEMANDA  

          Aludiendo  al  restablecimiento de los derechos de su defendido como  finalidad  del recurso de casación, el censor formula un único reproche contra  la sentencia del Tribunal Superior Militar, así:   

    

1. Violación indirecta de la norma sustancial     

     

1. falso   juicio   de   identidad   por   tergiversación  y  adición     

Bajo la égida de la causal tercera prevista  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, afirma que el fallador de segunda  instancia  incurrió  en error de hecho derivado de un falso juicio de identidad  en  las  modalidades  de  tergiversación y adición, que dice recayó sobre las  indagatorias  de  su  representado Jhon Jairo González Torres y de los soldados  de  la  FAC Ángelo De La Hoz Chávez y Dairo Antonio De León Casseres, quienes  en   su  momento  también  estuvieron  vinculados  a  la  investigación.    

          En  relación con la injurada del acusado González Torres, luego de  trascribir  la  totalidad  de  su  contenido  y  buena  parte  de los argumentos  consignados  en  el fallo atacado, aduce el demandante que el Tribunal adicionó  y  distorsionó  la  versión  del  mencionado  en tanto afirmó “que  aunque  la  noche  era oscura aquel día en que ocurrieron los  hechos,  por  la  vestimenta  de  aquel  individuo y por la ayuda de los visores  nocturnos,  permitía  establecer  con  claridad  que  se  trataba  de  una sola  persona.”,  cuando  su  prohijado  nunca  dijo haber  visto  a  una  persona,  menos  que  estuviera  sola,  sino  que  refirió haber  observado   “un   bulto   que  se  movía  en  una  empalizada”.   

          Agrega  el  censor que el sentenciador de segunda instancia también  distorsionó  la  citada  prueba  al  señalar  que los disparos que realizó su  defendido   tenían   una   finalidad   defensiva,  cuando  éste  expresó  que  “fueron  para  disuadir  a  la  persona”.          

          Distorsión  que  dice  igualmente,  se  advierte al exponer el juez  colegiado  que  no  había  razones para que los procesados se representaran una  amenaza  ante  la  presencia  de  una  persona  en  un sector aledaño a la  Unidad  Militar,  pues,  anota  el  recurrente,  “la  prueba  indica  es  que si (sic) pensaron en la existencia de una amenaza, o que  se  podría  estar  preparando  algún ataque, en tal sentido la presencia de un  extraño  en  las  condiciones  anotadas  si  (sic) genera una amenaza contra la  base”.      

          Tergiversación  que  el  impugnante  asevera,  se  patentiza  en el  aserto  del  Tribunal  de  que  al  accionar los acusados las armas de dotación  -fusiles  Galil-  en  dirección  al  suelo,  no se eliminaba la probabilidad de  impactar  al  civil,  ya que, estima el libelista, teniendo en cuenta el tipo de  arma,  “el disparo con dirección a la tierra, en un  potrero, descansa en la tierra (sic)”.   

De otra parte, respecto de la indagatoria del  soldado  de  la FAC Ángelo De La Hoz Chávez, alega el casacionista que el juez  plural     cercenó     y     distorsionó    su    versión,    “adicionando   circunstancias   fácticas  no  manifestadas  por  el  deponente”,  y  después  de transcribir la versión  del  citado  en  casi  toda  su extensión y nuevamente, reproducir in  extenso las consideraciones plasmadas  en  la  sentencia  recurrida,  señala  el  censor que el vicio se observa en la  afirmación  del  Tribunal  sobre  la ausencia  de amenaza real o inminente  contra  la  Unidad  Militar,  conclusión  que  el  fallador deriva, entre otras  razones,  de  que  no  se organizó un dispositivo de seguridad por parte de los  militares;   cuando  el  indagado  en  mención  dio  cuenta  del  procedimiento  adelantado  por  su  prohijado  ante  la  presencia  del extraño que rondaba en  inmediaciones  de  la  base,  lo  cual  muestra  que  aquel  sí  se  desplegó.   

          En  igual  sentido,  añade el recurrente, el ad quem tergiversó lo  dicho  por  el  soldado  de  la FAC De La Hoz Chávez, cuando afirma en el fallo  recurrido   que   su   representado   realizó   los   disparos  “de  manera  defensiva” pese a no existir  ninguna  agresión  por  parte del civil, pues aquél da cuenta que el procesado  González  Torres previo a ello utilizó las normas de encuentro, solicitándole  al  extraño  acercarse  e  identificarse  en varias oportunidades, pero ante su  silenció   optó  por  disparar  hacia  el  suelo,  situación  que  según  el  demandante  “justifica los disparos hechos hacia la  tierra          los         cuales         fueron         disuasivos”.          

Deformación   probatoria   que   para  el  libelista,  también  se  presentó  al  expresar  el  Tribunal  en la decisión  recurrida,  que no había motivos para que los militares creyeran estar frente a  una  amenaza real o inminente, y reitera lo dicho con relación a la versión de  su  defendido,  en  cuanto  a  que  la  prueba  indica  que sí era probable una  situación  de  esa  naturaleza,  dadas  las  circunstancias  en que ocurrió el  hecho.   

Asimismo,  añade  el  impugnante,  que  se  equivoca  el  sentenciador  de  segundo  grado  al  aseverar que “no  se  debían  utilizar  las armas en este tipo de situaciones de  ausencia  de  una  agresión  real  y efectiva”, pues  como  lo afirmó el soldado de la FAC De La Hoz Chávez, ante situaciones de esa  naturaleza   existe   la   posibilidad   de   hacer  disparos  disuasivos.    

Respecto de la indagatoria del soldado de la  FAC  Dairo  Antonio  De León Casseres, igualmente señala que se distorsionó y  adicionó  la  prueba  porque, insiste el recurrente, el Tribunal consideró que  pese  a  no  existir  agresión  por  parte  del civil su prohijado realizó los  disparos  de  manera  defensiva,  cuando,  afirma  el libelista, “tal  defensa nunca existió toda vez que los disparos se realizaron  con   la   finalidad   de   disuadir   al  extraño  que  se  encontraba  en  el  lugar”;  y  también  porque es equivocado señalar,  como  se  consignó  en  el  fallo atacado, que los militares involucrados en el  suceso  no  tenían  razones  para  representarse  que  estaban  ante un peligro  “real o efectivo” contra  la  Unidad  Militar,  pues dice, la prueba indica todo lo contrario, en tanto en  ella  se  asegura  que  tres  de  los  uniformados avanzaron hacia el sujeto que  merodeaba,    pertrechados    con    sus    armas   de   dotación   y   visores  nocturnos.              

La trascendencia de los errores denunciados,  la   establece  el  demandante  en que la sentencia confutada fundamenta la  responsabilidad  penal  de  su  defendido en aspectos tales como: la ausencia de  agresión  por parte del extraño hacia los militares que motivara el uso de las  armas  por  parte  de  éstos;  la  imposibilidad  de que los miembros de la FAC  involucrados  en  el  suceso  se  representaran  una  amenaza actual o inminente  contra  la  Unidad  Militar;  y  la dirección de los disparos realizados por el  procesado  González Torres que evidencian una clara motivación defensiva; todo  lo  cual,  agrega,  llevó al juez plural a concluir la existencia de dolo en la  conducta  de su representado, cuando tal aspecto subjetivo del delito brilla por  su ausencia.    

En  ese  orden,  solicita  que  se  case  la  sentencia y en su lugar se absuelva al procesado González Torres.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

    

1. Cuestión previa     

          En  este acápite debe aclarar la Sala que los términos con base en  los  cuales  debió  interponerse  y sustentarse el recurso de extraordinario de  casación,  eran  los  indicados  en  la  Ley  522  de  1999,  por  ser  esta la  normatividad  aplicable  de  acuerdo  con  la  fecha  de comisión de los hechos  (febrero  de  2009)  y  la  vigencia  de la Ley 1407 de 2010 según la sentencia  C-444 de 2011.   

En  efecto, en decisión del 28 de agosto de  2013  con  radicación  40655,  en un caso en el que el término para interponer  casación  inició aproximadamente en octubre de 2012, la Corte indicó que para  asuntos  regidos  por la Ley 522 de 1999, éste debía contabilizarse de acuerdo  con lo indicado en esta última normativa:   

“Como los hechos  objeto  de  este  proceso,  constitutivos de un delito militar, ocurrieron en el  año   2009  en  vigencia  de  la  Ley  522  de  1999,  con  las  modificaciones  introducidas,  entre  otras, por la Ley 1058 de 2006 y obviamente no en la de la  Ley  1407  que  lo hizo a partir del 17 de agosto de 2010, es evidente que, como  lo  prevé  esta  misma norma y precisado la jurisprudencia, a este asunto sólo  podían      aplicarse     las     previsiones     de     aquel     ordenamiento  procedimental.   

(…)  

Por  lo  mismo,  la Corte tras examinar las  diversas   decisiones  que  se  habían  dictado  hasta  el  momento,  precisó:   

“Vistos los criterios antagónicos que se  han  prohijado  en  torno  a  la  temática  en  cuestión,  debe la Corte en su  función  hermenéutica de unificación de la jurisprudencia nacional, zanjar la  referida  disparidad  en aras de brindar la seguridad jurídica requerida cuando  se trata de administrar justicia.   

“En  tales  condiciones, ha de señalarse  que  la  postura  llamada  a  prevalecer  es aquella según la cual la  Ley  1407  de  2010 sólo se aplica a los procesos cuyos hechos  hayan  ocurrido  a  partir  de  su  vigencia,  lo  cual  significa  que  si  los  acontecimientos   tuvieron   acaecimiento   antes   de   esa   eventualidad   el  procedimiento  a seguir es el contemplado en la Ley 522 de 1999, salvo los casos  de aplicación favorable de la ley.   

“Lo  anterior  porque ese es el indudable  alcance  interpretativo  que surge de lo dispuesto en el artículo 628 del nuevo  Código Penal Militar. Esta norma establece lo siguiente:   

         

“La presente ley regirá para los delitos  cometidos  con  posterioridad  al  1º  de  enero  de  2010,  conforme  al  régimen de implementación. Los  procesos   en   curso   continuarán   su   trámite  por  la  Ley  522   de  1999  y  las  normas  que  lo  modifiquen”.   

“Es de anotar que la Corte Constitucional,  en  la  sentencia C-444 de 2011 declaró la inexequibilidad del aparte subrayado  de  la disposición transcrita y condicionó la constitucionalidad del resto del  artículo  “bajo  el entendido que la ley regirá a partir del 17 de agosto de  2010”.   

   

“Es   decir,   el   máximo   Tribunal  Constitucional  contempló  la aplicación de la Ley 1407 de 2010 sólo para los  procesos  cuyos  hechos ocurran a partir del 17 de agosto de 2010, fecha en que,  precisamente,    empezó    la    vigencia   de   la   mencionada   disposición  legal.   

“La anterior conclusión está en armonía  con  la  naturaleza  y estructura del nuevo Código Penal Militar, pues el mismo  estableció  para  la justicia castrense una sistemática procedimental de corte  acusatorio,  a semejanza de lo acontecido con la Ley 906 de 2004, luego a partir  de  la  vigencia  de aquel estatuto (del contenido en la Ley1407), como sucedió  con  esa  última  disposición  legal (La ley 906) con respecto a la Ley 600 de  2000,  resulta  forzoso hablar de la coexistencia de dos legislaciones que rigen  lo  relacionado  con  las actuaciones penales seguidas contra los miembros de la  fuerza  pública,  a  saber: por una parte, la Ley 1407 de 2010, aplicable a los  asuntos  cuyos  hechos ocurran a partir del 17 de agosto de ese año, aun cuando  con  sujeción  al régimen de implementación allí mismo establecido y, por la  otra,  la  Ley  522  de  1999,  anterior  Código  Penal  Militar,  que seguirá  regulando  hasta  su  culminación  las  actuaciones iniciadas con fundamento en  episodios  acaecidos con anterioridad a esa fecha”1.   

“2.  En  ese  contexto  mal  podía entonces el Tribunal Militar someter la interposición del  recurso  extraordinario  a las condiciones del nuevo ordenamiento, si por demás  en  manera  alguna  puede  comprenderse  que  en  ese  sentido  comporte  alguna  favorabilidad al procesado.   

La  interposición  y  sustentación  de la  casación  debía  ceñirse  a  las  previsiones  de  la Ley 522 de 1999 en cuyo  artículo   370   se   dispone  que  “El  recurso  de  casación  podrá  interponerse  en  el acto de la  notificación  personal  de  la  sentencia  o  por  escrito  presentado  ante el  Tribunal  dentro  de los quince (15) días siguientes a la última notificación  de  aquella”  y  en  el  371  que  “Vencido  el  término  para  recurrir  e  interpuesto  oportunamente el recurso por quien tenga derecho a ello, quien haya  proferido  la  sentencia decidirá dentro de los tres (3) días siguientes si lo  concede,  mediante  auto  de  sustanciación.  Si  fuese  concedido ordenará el  traslado  al  recurrente  o  recurrentes por treinta (30) días a cada uno, para  que  dentro  de  este  término  presenten  la  demanda de casación. Vencido el  término  anterior, se ordenará correr traslado por quince (15) días comunes a  los      demás      sujetos      procesales      para     alegar”.2   

          En  ese  orden y en la situación que ahora es objeto de estudio por  la  Corte,  si  bien el recurso de casación contra la sentencia del 23 de abril  de  2013 se interpuso oportunamente por el procesado mediante memorial adiado el  10  de  mayo de dicha anualidad, esto es, dentro de los 15 días siguientes a la  última  notificación  de  dicho  fallo,  la  cual se surtió por edicto que se  desfijó  el  17  de  mayo  de  2013, a partir de allí, de manera irregular, el  término  para  presentar  la  demanda  se  extendió  hasta  el  día 60 hábil  posterior  a  esa  fecha,  dentro  del cual el defensor del procesado allegó el  libelo.   

          Sin embargo, la evidente extemporaneidad  en  la  presentación  de  la demanda tuvo lugar por las instrucciones que en la  comunicación  de  esa  decisión  que  se  remitió  a  cada uno de los sujetos  procesales  consignó el Tribunal, en donde se les informó que para efectos del  recurso  de casación se daría aplicación a los artículos 345 y siguientes de  la  Ley  1407  de  2010,  precisando  que  el  término con el que contaban para  interponerlo y sustentarlo era el de 60 días hábiles.   

          No  obstante  lo  anterior,  como  se  indicó en casación 42237 de  noviembre  13  de  2013  ese  equívoco  en  el trámite del recurso mal podría  trasladarse   al  demandante  en  orden  a  declararlo  desierto.  Veamos:    

“  …la  Sala  no  puede soslayar que la  presentación  de  la  demanda  de  casación  por la parte civil, por fuera del  término,  obedeció al equivocado procedimiento que la secretaría del Tribunal  Superior  de  Valledupar  le  imprimió  al  trámite  del  recurso de casación  oportunamente  interpuesto,  pues en vez de contabilizar ininterrumpidamente los  plazos  señalados  en el artículo 210 de la Ley 600 de 2000, modificado por el  artículo  101  de  la  Ley 1395 de 2010, vencido el término para interponer el  recurso  extraordinario,  ingresó  el  expediente  al  Despacho  del magistrado  ponente,  quien  avaló  dicha  irregularidad, pues mediante auto lo concedió y  dispuso  el traslado para la presentación de la demanda, que comenzó a correr,  según  constancia  de  la  secretaría  de la Sala Penal de esa Corporación, a  partir  del  17  de  junio  del  mismo  año  y  hasta el 29 de julio siguiente,  inclusive,  de  lo  cual  se  enteró  a  los sujetos procesales mediante sendas  comunicaciones3.   

Y aunque ante lo dicho se pueda replicar que  las  constancias  secretariales no tienen la facultad de modificar los términos  judiciales  y que es deber de las partes estar atentas a su cómputo, como lo ha  sostenido             la            Corte4,  en  el  presente caso es el  auto  emitido por el magistrado ponente concediendo el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  apoderado  de  la  parte  civil  y corriendo el  traslado  al  recurrente por el término de 30 días para la presentación de la  demanda,  lo  que  motivó  la  equivocación  en el mencionado sujeto procesal,  quien   ante  lo  así  dispuesto  no  tenía  opción  distinta  que  obrar  de  conformidad.   

Sobre  el  punto  en cuestión, conviene al  caso    que    se   resuelve,   recordar   que   esta   Corporación5  y  la Corte  Constitucional6,  en diversas ocasiones han reconocido al principio constitucional  de           confianza           legítima7   que   los   administrados  depositan  en  los  servidores  públicos,  como válidamente oponible a errores  cometidos  por  los  funcionarios  en  los  procesos  judiciales,  pues como tal  situación  no  es  atribuible  a las partes tampoco puede afectarlas, siempre y  cuando   las   actuaciones  de  aquellos  se  enmarquen  en  los  postulados  de  autenticidad, legalidad y buena fe que debe gobernarlas.   

     

Bajo  esa  línea de pensamiento, frente al  asunto  examinado,  como  al  apoderado  de la parte civil no le es imputable la  actuación  irregular  de  la  secretaría del Tribunal Superior de Valledupar y  del  magistrado ponente, en el trámite y concesión del recurso extraordinario,  quien  además,  pues no hay razón para suponer lo contrario, obró con apego a  la  legalidad y buena fe, tampoco puede afectarle la extemporánea presentación  de  la  demanda  de  casación,  en  tanto  ello  aconteció  por haber confiado  legítimamente  en  el  correcto  proceder  de  los mencionados funcionarios que  tenían    a    su    cargo    el   proceso,   y   a   ello   se   sometió   el  impugnante”.8       

         

Corolario de lo anterior, la Sala tendrá por  oportunamente  sustentado  el recurso extraordinario de casación, de manera que  se  abordará  el  estudio de los requisitos del libelo con el fin de establecer  si hay lugar a su admisión.   

2. Procedibilidad del recurso  

Cabe precisar que de acuerdo con la fecha de  comisión  de los hechos, febrero de 2009, la norma procesal aplicable para este  caso  resulta  ser  la Ley 522 de 1999, toda vez que la Ley 1407 de 2010, según  su  artículo 628 y la sentencia C-444 de 2011 de la Corte Constitucional, sólo  rige  para los sucesos acontecidos a partir del 17 de agosto de 2010, por manera  que   la   procedencia  del  recurso  de  casación  para  el  presente  asunto,  corresponde  ser  analizada  acorde  con  lo  normado  en  los  artículos 368 y  siguientes de la primera normativa mencionada.   

En esa medida, indica el precepto en cita que  el  recurso  extraordinario  de  casación   procede  contra  sentencias de  segunda  instancia,  por  delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa de la  libertad cuyo máximo sea o exceda de 6 años.   

En  tratándose  del  delito  de  lesiones  personales  en  la modalidad dolosa, descrito en los artículos 111 y 113 inciso  2º  de  la  Ley  599 de 2000, éste contempla como pena máxima privativa de la  libertad  la de 7 años de prisión, sin el incremento punitivo del artículo 14  de  la Ley 890 de 2004, inaplicable al caso concreto, motivo por el que es clara  la  procedencia  del  recurso  de  casación  contra  la  sentencia condenatoria  proferida  por  el  Tribunal  Superior Militar en contra de Jhon Jairo González  Torres  y  Joseph  Jair  Valencia Ramón como coautores de dicho comportamiento,  sin que para ello deba acudirse a la casación excepcional.   

3. Calificación de la demanda  

En  lo  que atañe a la verificación de los  requisitos  de  lógica  y  correcta  fundamentación  del  único  cargo que se  plantea  en  la  demanda  consistente  en  una  trasgresión indirecta de la ley  sustancial,  el  censor  acierta  en  la  selección  de la causal, toda vez que  aunque  alude  al  numeral  tercero  del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004,  codificación  que  claramente  no  es  aplicable a este asunto, dicha causal se  refiere   al   manifiesto   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación                                de                                la  prueba                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         sobre  la cual se ha fundado la sentencia, y ésta corresponde a la trasgresión  indirecta de la norma sustancial.    

          A  la  infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial se llega como  consecuencia  del  error en la apreciación de los medios probatorios, yerro que  puede  ser  de  hecho,  cuando  se  deriva  de falso juicio de existencia, falso  juicio  de  identidad o falso raciocinio; o de derecho, si surge de falso juicio  de  legalidad o falso juicio de convicción; cualquiera de los cuales determinan  la  falta  de aplicación o aplicación indebida de normas sustanciales llamadas  a regular el caso.     

En  ese  orden,  corresponde al casacionista  indicar  en  qué consistió el error, es decir, si fue de hecho o de derecho en  razón  de  la  valoración  de  la  prueba,  y  concretarlo  en  alguna  de las  categorías  de  falso  juicio  indicadas,  para  luego proceder a evidenciar su  existencia,  así  como  la trascendencia en la violación de la ley sustancial;  absteniéndose  de simplemente reñir con el criterio del sentenciador frente al  mérito que le otorgó a los medios de convicción.   

Respecto del falso juicio de identidad, éste  supone  que  el  juzgador  sí  tiene  en  cuenta  el  medio  probatorio legal y  oportunamente  practicado  en  la  actuación;  sin  embargo,  al  valorarlo  lo  distorsiona, mutila o adiciona en su contenido material.    

Conviene  recordar,  como lo ha reiterado la  jurisprudencia        de        la        Sala9,  que  el vicio alegado por el  censor  es  de  contemplación  objetiva  de  los  medios  de  convicción, cuya  demostración  exige  identificar concretamente la prueba sobre la cual recae la  presunta  distorsión,  mutilación  o  adición;  confrontar  lo que ésta dice  materialmente  con las precisiones que de ella se hicieron en el fallo atacado a  fin  de  evidenciar  el  yerro,  para  luego, en punto de trascendencia, mostrar  cómo  si  no  se  hubiese  presentado  el  yerro,  la  declaración de justicia  contenida  en  la  sentencia habría sido sustancialmente diversa, análisis que  implica,  si  es el caso, cotejar los demás elementos de juicio que obran en el  proceso  a fin de establecer que no son suficientes para mantenerla y finalmente  indicar  las normas sustanciales que consecuencia de ello resultaron excluidas o  indebidamente aplicadas.            

En  el  asunto  de  la  especie  en  orden a  demostrar  el  reproche,  el  casacionista  identifica  la  prueba sobre la cual  afirma  recae  el  dislate  del  ad  quem,  con las indagatorias rendidas por su  representado  Jhon Jairo González Torres y los soldados de la FAC Ángelo De La  Hoz  Chávez y Dairo Antonio De León Casseres, quienes en su momento estuvieron  vinculados  a la investigación, pero que fueron cobijados por la preclusión de  la investigación.      

Al  margen  de lo anterior, el demandante no  concreta  en  qué  aspecto  radica  la  deformación  de  la  integridad de las  referidas  pruebas,  en tanto en esa labor se limita, de una parte, a trascribir  lo  que  dijo  cada  uno  de  los  sindicados y, de otra, reproduce in  extenso los argumentos consignados en  el  fallo recurrido, como si a la Corte correspondiera la labor de confrontar lo  que  el  Tribunal  precisó de su contenido con lo que materialmente expresan, a  fin  de  evidenciar  en cada una de ellas los apartados que según el libelista,  fueron      distorsionados,      cercenados     y     adicionados     por     el  sentenciador.   

De  esa  manera  el  casacionista resigna su  cometido  de  demostrar  el  error  de  hecho  que soporta el reproche formulado  contra  el  fallo  del  juez  plural,  máxime  cuando  con  la  pretensión  de  sustentarlo   procede   a   exponer   su   personal   apreciación  sobre  tales  exposiciones,   comparándolas  con  las  conclusiones  a  las  que  arribó  el  fallador,  ejercicio del cual obviamente surge una manifiesta discordancia, pero  que  deviene  inane  a fin de demostrar un yerro como el invocado que, se itera,  es  de  contemplación  objetiva, absolutamente ajeno al que eventualmente puede  surgir  de  establecer,  con  fundamento  en  las reglas de la sana crítica, la  capacidad suasoria de determinado elemento de convicción.   

En relación con la indagatoria del procesado  González  Torres,  cabe  anotar que de la apreciación objetiva de la sentencia  del  ad quem no se vislumbra deformación alguna, como lo denota el hecho de que  en  el  fallo10  se citara literalmente lo que en relación con la visibilidad y lo                      observado  en  el  lugar  del  suceso  afirmó aquél; la diferencia  gravita  en  la  conclusión  a  la  que  arribó  el  sentenciador  de  segunda  instancia,  no  compartida por el censor, según la cual, pese a la oscuridad de  la  noche  en  que ocurrió el hecho, los procesados pudieron advertir que sólo  una  persona  era  la que merodeaba por los alrededores de la base militar, así  como  su  ubicación y el desplazamiento que realizó, en razón a la vestimenta  de  color  blanco  del  individuo  y  a  que  los  militares  utilizaban visores  nocturnos,  como  lo corroboraron los soldados Ángelo De La Hoz Chávez y Dairo  Antonio           De           León           Casseres          en          sus  exposiciones.          

Igual  acontece  con  la deducción del juez  colegiado  sobre  la  finalidad  defensiva  de  los  disparos  realizados por el  implicado  González  Torres,  que  en  sentir  del  recurrente  no  tenían esa  connotación,  sino simplemente la de “disuadir a la  persona”,  como  que fueron realizados en dirección  al suelo.   

Del mismo modo ocurre en cuanto a si había o  no  razones  para  que los militares consideraran la presencia de un extraño en  las  afueras  de  la Unidad Militar, como una amenaza seria para la seguridad de  la  base, que para el Ad quem resultó no serlo atendiendo a que el sujeto que a  la  postre  fue blanco de los disparos de los acusados, ninguna actitud agresiva  o  amenazante  desplegó en contra de éstos y, por el contrario, a la distancia  les  dijo  que  sólo estaba recogiendo leña; en tanto que el impugnante estima  lo    opuesto,    conforme    a    su    particular    valoración    de   tales  atestaciones.         

Surge patente que el discurso del recurrente  se  reduce a mostrar su inconformidad con la inferencia que el Tribunal realizó  a  partir  de las manifestaciones contenidas en las indagatorias de los miembros  de  la  FAC,  lo  cual  muestra  la  impropiedad  en  el  desarrollo  del cargo,  equivocación  que lo lleva a confundir la prueba con lo probado y, por contera,  a  dejar  sin  demostración  la  tergiversación  del contenido material de los  aludidos  medios de convicción, en sustento del yerro que postuló por error de  hecho por falso juicio de identidad.       

Cabe  anotar  que  los  razonamientos  del  Tribunal  que  lo  llevaron a afirmar la existencia del tipo subjetivo -con dolo  eventual-  de  la  conducta  de  lesiones personales, se ofrecen ajustados a las  reglas  de  la  sana crítica, a pesar de las objeciones carentes de sostén que  al  respecto  formula  el demandante, en tanto tal conclusión se soporta en que  los  procesados  González  Torres  y Valencia Ramón, aun cuando accionaron sus  armas  de dotación en dirección al suelo y no hacia la humanidad de quien a la  postre  resultó  herido por uno de los proyectiles, sí dirigieron los disparos  al  lugar donde se encontraba el sujeto, lo que aunado al tipo de arma utilizada  -fusil  Galil-,  la  distancia a que aquél se hallaba, la oscuridad de la noche  que  afectaba  la  visibilidad  y  la  imposibilidad  de  utilizar  los  visores  nocturnos  al  momento  de  disparar,  eran  circunstancias que permitían a los  incriminados  representarse  una  alta  probabilidad  de herir al civil, máxime  cuando  por  su  formación  militar  tenían conocimiento sobre los riesgos que  entraña   el   uso   de   esta   clase  de  artefactos.       

Al respecto el ad quem expresó:  

“De otro lado, argumentar como lo hicieron  los  procesados  AT. GONZÁLEZ TORRES y soldado VALENCIA RAMÓN JOHEPH (sic) que  los  disparos  los efectuaron hacia la tierra, así hubiera sido a dos metros de  distancia  como  lo  adujo  el último de los mencionados, no garantizaba que no  existiera  la  posibilidad  de poder causar lesiones al particular, pues como lo  expresó  el  técnico  profesional  en  balística  DIEGO ALFONSO GARCÍA en el  informe  investigador  de  laboratorio  FPJ13,  con  fundamento  en  el terreno:  ‘al realizar los disparos  en  esta área no hay certeza con que va a impactar el proyectil en su recorrido  ya  que  este puede realizar rebotes, más aun con el arma que fue disparada por  su   calibre   (fusil   Galil   5,56)’,  y  máxime  que  era  de  noche y la visibilidad limitada por la  oscuridad  no  podían [los acusados] precisar con certeza a que (sic) distancia  del particular efectuaban los disparos.   

A  lo  que  se  puede  agregar,  que por la  ubicación   donde  fueron  encontradas  las  evidencias  en  la  diligencia  de  inspección  al  lugar de los hechos, ubicadas muy cerca de la malla, nos indica  que  algunos  de los disparos efectuados por los procesados fueron dirigidos por  el  lugar donde se encontraba el extraño, lo que se traduce evidentemente en un  dolo  eventual,  porque  si  la  finalidad  era disuasiva, los disparos debieron  haberlos  efectuado  al  aire  y  no  al  suelo por el peligro del rebote de los  proyectiles  y  menos  dirigirlos  hacia  el  lugar  donde se encontraba aquella  persona  en  la  oscuridad,  toda  vez que si bien habían podido identificar el  lugar  donde  se  encontraba por la utilización de los visores nocturnos, en el  momento  del  disparo  ya  no  podían  obtener la ayuda de los mismos por estar  soportando  el  fusil con los brazos para poder accionarlos, quedando así en la  imposibilidad  de  utilizar  la  mira  del  arma para apuntar hacia donde iban a  dirigir  los disparos, además el mismo AT. GONZÁLEZ TORRES ha insistido que la  noche     era     demasiado     oscura    lo    que    corrobora    más    esta  conclusión.”       

En este orden de ideas, resulta evidente que  la  demanda  presentada  a  nombre del acusado Johan Armando Molano González no  satisface  los  requerimientos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  en la  demostración  del  reparo  que  plantea,  ni  la  Corte observa que el Tribunal  hubiera  incurrido  en  desatino  alguno  que  amerite  superar tales falencias,  razón por la cual la misma será inadmitida.   

3.  Finalmente,  advierte  la Sala que el ad quem incurrió en un yerro al dejar de imponer a los  condenados  las  penas  accesorias  de  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas  y  separación  absoluta  de  la  Fuerza  Pública,  previstas  en el  artículo  45 de la Ley 522 de 1999, pese a ser procedentes en los términos del  artículo  60  ibídem,  toda que vez que por razón de esta norma, en todo caso  deben imponerse cuando la sanción principal es la de prisión.   

A   pesar   de   observar   las  anotadas  equivocaciones,  las  mismas  no  son  pasibles  de  corrección  en  esta  sede  extraordinaria  por  razón  de  la prohibición de reforma peyorativa cuando de  recurrente      único      se      trata,     como     acontece     en     este  evento.         

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado Jhon Jairo  González Torres.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                             FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                          MARÍA  DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                                   EYDER PATIÑO CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Auto  de 7 de marzo de 2012. Rad. 38401   

2  Casación 40655 del 28 de agosto de 2013.   

3  Folios 41 a 45 del cuaderno original de segunda instancia.   

4 Autos  22147   (01-06-2006),   25363   (05-12-2007),   25806   (04-02-2009)   y   32740  (10-03-2010), entre otros.   

5 Autos  32792   (23-03-2010),  35792  (23-02-2011),  35807  (02-05-2011)   y  37785  (30-04-2013), entre otros.    

6  Sentencias  T-437  de  2012, T-1295 de 2005, T-744 de 2005 y T-538 de 1994 de la  Corte Constitucional.   

7  “expectativas  razonables,  ciertas  y fundadas que  pueden  albergar  los  administrados con respecto a la estabilidad o proyección  futura   de  determinadas  situaciones  jurídicas  de  carácter  particular  y  concreto”.  Corte Constitucional sentencia T-437 de  2012.   

8  Casación 42237 de noviembre 13 de 2013   

9 Autos  Rdo.  36187  del  17 de octubre de 2012 y 40469 del 27 de febrero de 2013, entre  otras.   

10  Folio 19     

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