42100(27-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Aprobado  Acta  No  393   

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de noviembre  de dos mil trece (2013).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada  por  el defensor de JOSÉ DE LAS  MERCEDES   PRIMERA   BERRIO   contra   el  fallo  del  Tribunal   de   Sincelejo1, que  confirmó   el    proferido  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de la misma ciudad, el cual lo  condenó  a  la pena  de  trecientos seis (306)  meses de prisión, por la consumación a  título  de  coautor  de  los punibles de desaparición  forzada   y  concierto  para  delinquir agravado.   

H    E    C    H   O   S   

El   24  de  agosto  de  2007,  el  señor  Evergito   Berrio   Daza,  denunció  ante  el  CTI  de  la  ciudad  de  Sincelejo  (Sucre), a JOSÉ  DE  LAS MERCEDES PRIMERA BERRIO, por  los motivos siguientes:   

1)  Que el mentado  procesado     bajo    artimañas    se    valió    de    los    “paramilitares”  para  que  lo  mataran y  así   quedarse   con   su   finca   llamada   “El  Paraíso”  ubicada  en el corregimiento de Palo Alto  del    municipio   de   San   Onofre,   2)  al  día  siguiente  lo buscaron nuevamente en su casa, pero esta  vez  el  operativo  estuvo  guiado  por  alías  “el  Yuquita”  y  como  no lo encontraron se hurtaron una  motosierra,    3)    que  PRIMERA   BERRIO,  era  la  persona  que  trabajaba  con  a.  “Cadena”  en  labores  de  inteligencia  y  manejaba un vehículo campero  marca  Jeep Willis, azul, de placa UNA-936,  el  cual  tenía un megáfono para instar a la comunidad reunirse  con   el  grupo  ilegal,  4)  narró,  además,  que  en  el  referido  automotor  conducido  por PRIMERA  BERRIO,  subieron  tres personas:  Justo Germán Cortés Medivil  el   24   de   diciembre   de   2001   y   una   semana   después  Benuvia   Martínez   Pineda   y   Clara  Parra  Berrío,  quienes  desaparecieron  desde  ese  momento  y que el declarante  sabía   que   el  aquí  implicado  tenía  conocimiento  dónde  habían  sido  enterradas.           

A C T U A C I  Ó N    P  R O C E S A L   

1. El 18 de marzo de  2009,   la   Fiscalía   2   Delegada  de  Sincelejo,  dictó   resolución   de  acusación  contra  JOSÉ DE  LAS  MERCEDES  PRIMERA BERRIO,  por      los      delitos      de     desaparición   forzada   y  concierto       para      delinquir2.   

   

2. El 11 de octubre  de  2012,  el  Juzgado Penal del Circuito Especializado  de  la  misma ciudad, condenó  a  JOSÉ  DE  LAS  MERCEDES PRIMERA BERRIO,  a  la  pena  de  trescientos seis (306)  meses  de  prisión,  como  coautor  de  los  punibles  aludidos,  a  la  multa  equivalente a 2000 smlmv. También lo inhabilitó en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  igual al de la  sanción principal y le concedió la detención domiciliaria.   

4.  El  16  de  abril  de 2013, El  Tribunal  de  Sincelejo,  confirmó  la  decisión  recurrida por la  defensa  técnica. A su turno, el asesor del condenado,  inconforme  con  el  proveído  aludido, lo impugnó y  sustentó   el   recurso   extraordinario   que   hoy  califica  la  Sala.    

D    E    M    A   N   D   A     

Bajo la égida de la Ley 600 de 2000, numeral  1º,     del     artículo     205,     el    defensor    elevó    un  ataque  contra el fallo emitido por el  Juez  Colegiado,  por  exclusión  evidente del artículo 32, 4 y su correlativa  aplicación   indebida   del   canon   286   consagrados  en  el  Código  Penal  actual.   

En  la  demostración de la censura, indicó  que  las  instancias  violentaron el principio de indubio pro reo, toda vez que,  dejaron  de  analizar  la  prueba  documental  en  su integridad y en esa medida  aquellos  aspectos  favorables  a  su prohijado, además, le otorgaron validez a  los  testigos  de referencia, incumpliendo los presupuestos del artículo 277 de  la ley procesal anterior.   

Luego,  en  una  mezcla infinita de hechos y  circunstancias,  el  defensor  criticó  las valoraciones judiciales en punto de  las  declaraciones, que en su opinión, muestran las mentiras  narradas por  el  denunciante  en sus salidas procesales, pues las inconsistencias son muchas,  como  el  hecho  de  afirmar que vio cuando subían al carro a las dos mujeres y  después  decir  que tal circunstancia se la dio a conocer la hija del procesado  y  ella  en  la  audiencia  desmiente  tal  circunstancia:  este  testimonio fue  desestimado  por el Tribunal al restarle credibilidad a su dicho “por   ser   subjetivo  y  en  beneficio  del  procesado”.   

Igual  aconteció,  indicó el memorialista,  con     el    testimonio    de    Nestaly    Batista  Berrio,  quien  negó cualquier vínculo del inculpado  con  los  paramilitares,  menos  que  el  vehículo  de aquél lo destinara para  transportar gente y después matarla.    

Eligio    Primera    Berrio,  hermano  del  condenado,  aseguró que todo era cierto, es decir,  que  su  consanguíneo  era auxiliador del grupo ilegal armado y que en su carro  se  subían  personas  para  después  desaparecerlas; no obstante, advirtió el  recurrente,  “al  ser  interrogado  por  el  señor  procurador  este  se  retractó”, contestó que sólo  conocía  a  las víctimas pero no tenía idea qué personas las desaparecieron.  Para       el      defensor,      la      declaración      de      Eligio   no   puede   ser  valorada  como  “veraz”,  porque  ellos  tenían  problemas  con  un predio que les había dejado su progenitor; además,  es  contradictorio  por  cuanto  ante el ministerio público negó haber visto a  las  mujeres dentro del vehículo de su hermano, pero que en el carro se hacían  citaciones,  tanto  así  que  el  deponente  estuvo en varias reuniones con las  Autodefensas       Unidas      de      Colombia3.   

Como  en  el sitio donde vivía su prohijado  estaba  saturado  de autodefensas, “este hecho no lo  convierte  a él, en un integrante del mencionado grupo, habida cuenta que si no  asistía    era    muy   probable   que   fuera   objetivo   militar”  y  si  los  habitantes  del  pueblo  estaban  siendo  sometidos  “a realizar una actividad o asistir a una reunión,  que  opción tenía mi ahijado judicial para evadir cualquier orden del grupo…  es por eso que mi defendido jamás ha negado que haya  trasladado  a  las  dos  desaparecidas, ni mucho menos  que     por     orden    de    los    paramilitares    realizó    labores    de  perifoneo”.   

Por  lo  anterior,  consideró el impugnante  que,  su asistido estaba amparado por una causal de ausencia de responsabilidad,  porque  sus  actos no estaban imbuidos de dolo. A renglón seguido, añadió que  la   conducta   a  él  elevada  es  típica  y  antijurídica,  “pero  la  culpabilidad, es la que hay que analizar, toda vez que el  sentenciado  carece  totalmente  de  este requisito”,  donde  los  jueces  deben  realizar  un estudio pormenorizado en las poblaciones  dominadas  por  grupos al margen de la ley, toda vez que una orden de un jefe de  las AUC llevaba implícita una amenaza.   

Igual aconteció -señaló- con el delito de  concierto  para  delinquir,  pues  la gente estaba sometida a la voluntad de las  autodefensas,  por miedo insuperable, coacción ajena y psíquica, puesto que la  persona  que  no  acataba  una  orden,  era  torturada y dada de baja. Por todo,  peticionó casar el fallo atacado y absolver a su mandante.   

C O N S I D E R A C I O N  E S   

La Corte  advierte  que  el  ataque formulado contra la sentencia de segundo  nivel     expedida     por     el     Tribunal    de  Sincelejo,  no  reúne  los  mínimos  presupuestos de  lógica-argumentativa  descritos  por la jurisprudencia para admitir la demanda,  con  el  fin  de  lograr  la   infirmación de la decisión cuestionada, en  tanto,  el  defensor  incurrió profusas falencias, las cuales atentan contra la  filosofía  que  inspira  el recurso extraordinario; tampoco puede entenderse la  censura  como  una  nueva  ruta  para  confeccionar escritos de libre importe y,  ensayar  por  ese  camino, derrumbar la doble presunción de acierto y legalidad  inherente a las decisiones concebidas en los proveídos.    

La   Sala   ha   expresado  en  múltiples  oportunidades  y  de  vieja  data,  la  estructura  jurídica  del  discurso, su  entendimiento  y  la  forma como debe sustentarse cada cargo en casación, entre  los  que  se  halla  el  elevado  por el jurista, que abarca una de las causales  dispensadas  en  la Ley 600 de 2000, motivo suficiente para relevar este aspecto  de  las  consideraciones,  por  sustracción de materia y economía procesal, en  tanto,  lo que huelga realizar es explicar las fallas lógico argumentativas que  presenta la censura.   

Yerros detectados.  

Primero:  el  memorialista  impuso su criterio por encima del de  las  instancias  y  bajo  argumentos subjetivos y genéricos pretendió derrotar  las   valoraciones   judiciales  soporte  de  la  atribución  penal  contra  su  prohijado,  pues  una vez, el Tribunal, demarcó los conceptos dogmáticos de la  insuperable  coacción ajena y del miedo, analizó la conducta del inculpado con  base  en  el  plexo  probatorio,  para  arribar,  entre  otros, a los siguientes  razonamientos:   

… se puede colegir que las actuaciones de  JOSÉ  DE  LAS  MERCEDES  PRIMEA  BERRÍO,  no  se limitaban, como así lo quiso  mostrar  en  su  declaración  en  la  audiencia  pública,  a  hacer las pautas  publicitarias  de  los  eventos que realizaban los paramilitares en el municipio  de  San  Onofre y en corregimientos colindantes, antes  bien,  se  comprende  que  militó dentro de ese grupo al margen de la ley, pues  valiéndose  de  ello,  empleó tal organización para amedrentar a sus hermanos  para  que no le exigieran su cuota parte en una herencia que su padre les había  dejado,  con lo que se cae al vacío la pretendida coartada defensiva de que sus  acciones  con  respecto a esa agrupación criminal fueron bajo amenazas, pues no  se  puede  explicar  que  haya tenido semejante ascendencia sobre esa estructura  criminal,  al  punto  que orquestó la reunión referida por su hermano, sin que  perteneciera         a        la        misma4.     

Como   se   puede   observar,  ante  estas  motivaciones  judiciales  el  demandante dijo que el pueblo de San Onofre estaba  invadido  de  autodefensas y que ese solo hecho no lo convierte en integrante de  las  AUC,  conclusión  a  la que arribó, sin acudir a la prueba directa que le  estaba   diciendo  todo  lo  contrario,  como  la  declaración  de  su  hermano  Eligio  Primera Berrio, quien  lo  ubicó  en  las  filas  de  ese grupo y hasta lo obligó a ir a escucharlos.   

En  igual forma, en punto de las dos mujeres  objeto    de    desaparición    forzada,     expresó     el     Tribunal    de  Sincelejo:   

En este orden de ideas, cuando JOSÉ DE LAS  MERCEDES  PRIMERA  BERRÍO,  pretende  exonerar su responsabilidad en los hechos  que  dieron  lugar a la desaparición de las señoras Benuvia Martínez Pineda y  Clara  Parra  Berrío  (sic), señalando que si bien las  transportó en su  carro   en   horas  de  la  noche  en  compañía  de  los  paramilitares  alias  ‘El  Yuquita’         y        ‘Juan’, obró amenazados por éstos, está,  por  un lado, faltando a la verdad, pero, por el otro, reconociendo su presencia  en  la  escena  de  los  hechos,  y esto es así, en la medida que tal artimaña  defensiva  no  tiene  soporte probatorio si primeramente se considera, que éste  era  partícipe  de  las  acciones  de  los  grupos paramilitares, porque era el  encargado  de  hacer,  bajo  amenazas, que el pueblo se congregara para escuchar  los  mensajes  del  jefe  paramilitar  de  la  zona  Rodrigo  Cadena, y luego la  reunión  a  la  que obligadamente hizo asistir a sus hermanos ELIGIO, ZUNILDA y  MARELINO  PRIMERA  BERRIO, no pudiéndose entonces, pretender exculparse bajo el  sofisma  de  haber  sido coaccionado por éstos para trasladar en su carro a las  víctimas,  cuando  es  claro  que  actuaba  como integrante activo de ese grupo  ilegal y mancomunadamente con ellos”.   

Tesis  que se fortalece si se considera que  la  señora  PRINEIRA  PRIMERA  PEDROZO, hija del procesado, testificó que aún  (sic)  cuando  no  vio  a  su padre en compañía de las jóvenes desaparecidas,  expresión  negativa que se entiende por los fuertes lazos de consanguinidad que  la  unen  al  acusado,  si  (sic)  admitió  haber observado, que el día de los  hechos,  como  a  la  una  de  la madrugada del primero de enero, su ascendiente  salió  de  la  casa en compañía de LUIS ESPINOSA, alias el “Yuquita”, sin  que  retornara  esa  noche a su residencia, a la vez, sin mencionar que notó un  hecho    inusual,    como    amedrentamiento,    por    parte   del   mencionado  paramilitar.     

En el plenario se demostró la militancia del  hoy  condenado  con  los  miembros  del  grupo  ilegal  armado,  situación  que  depusieron  varios  testigos,  sin  que  se hubiese evidenciado lo contrario, es  decir  que  por  fallas  en  la  legalidad  de la decisión cuestionada, se haya  condenado  a  un inocente; luego, todo la narrativa del defensor es solo eso, un  alegato     de     libre    importe,    sin    ninguna    eficacia    en    sede  extraordinaria.   

Segundo: atiborró  el  profesional  del  derecho  su  pretensión con hipótesis indemostradas, por  ejemplo,  cuando  afirmó:  1)  que  el  Tribunal  desestimó  la  declaración de la hija del procesado por ser  subjetiva  y  en  beneficio  de su padre, 2)       con       “pruebas      de  referencia”  condenaron a su prohijado, sin explicar  por  qué  en  Ley  600 de 2000, es aplicable temáticas de la Ley 906 de 2004 y  3)   la  declaración  del  hermano     del     inculpado     Eligio    Primera  Berrio  quien dijo que su consanguíneo era auxiliador  de  los  paras,  en  sentir  del  defensor,  no  es  real,  porque ellos tenían  enemistad  por  un  predio  que  les  dejó  su padre como herencia: afirmación  lanzada al vacío sin ningún contenido demostrativo.   

Tercero: impuso el  libelista  su  criterio  particular  sobre  el  de las instancias, al decir, por  ejemplo,   que   la   región   estaba   saturada  de  autodefensas  y  que  ese  “hecho  no  lo  convierte en integrante”  del grupo ilegal armado que tenía sometida a la población; no  obstante,   dejó  de lado, los contenidos testimoniales que le indicaron a  la  administración de justicia que su mandante de verdad era parte de ellos; es  más,  el  argumento  de la heredad quedó en el limbo jurídico al no demostrar  el  togado, la real incidencia de tal circunstancia con el hecho de pertenecer a  esa colectividad que operaba al margen de la ley.   

Cuarto: conjugó el  defensor  las  dos  causales excluyentes de responsabilidad por él alegadas, en  un  solo  texto  argumentativo, con lo cual, trabó su pretensión en un escrito  de   instancia;   incluso,   no   trabajó  los  enunciados  como  lo  exige  la  jurisprudencia  y  la  dogmática  que  acompaña  a cada tesis jurídica, menos  aún,  las  vinculó  con  la prueba legalmente recaudada por la Fiscalía y los  juzgadores.   

Quinto:   la  motivación  para  el delito de concierto para delinquir es igual a la anterior,  es  decir,  con idénticas falencias, lo cual, por exclusión de materia, releva  a la Sala de mayores precisiones.   

Sexto:  por  otro  lado,  nada  expuso  el  libelista sobre los contenidos  judiciales  incriminatorios,  con  ese  actuar,  dejó incólume su pretensión,  véase,   por   ejemplo,   qué   dijo   el   Juez  de  conocimiento en uno de sus apartes:   

Tal  y  como  se  ha  venido analizando, es  innegable  su  vinculación  con los paramilitares asentados en el corregimiento  de  Palo Alto del municipio de San Onofre, evidenciándose su interés de evadir  su  responsabilidad  en  la  desaparición  de  Benuvia Martínez Pineda y Clara  Parra  Berrio,  así  como  la  de  encubrir igualmente la participación de los  paramilitares  Juan  Esales y Luis Espinosa alias “Yuquita” en estos hechos,  sin  que  sean  de recibo para el Despacho los testimonios emitidos por José de  Jesús  Canchila y Modesta Gutiérrez Torres a favor del acusado… toda vez que  no  se  encuentran  soportados por pruebas que nos permiten establecer que éste  no  se  encontraba bajo insuperable coacción ajena y que no hacía parte de los  paramilitares    en    el    municipio    de   San   Onofre   (Sucre)5.  Todos  los  subrayados fuera de texto.     

Séptimo:  el axioma de trascendencia que guía el  recurso  de casación, solo fue enunciado por el recurrente, razón por la cual,  su  discurso  es  genérico  e  hipotético,  sin  ninguna  eficacia,  en  tanto,  no  es  factible repetir o  transcribir  iguales  formulaciones  jurídicas en la motivación del cargo como  en  el  apartado  destinado  al  efecto  nocivo del yerro, máxime si el primero  adolece de abundantes carencias argumentativas.   

Octavo:  adviértase,  que  el  recurso  extraordinario está regido, entre  otros,  por  el  principio de limitación,  en  tanto,  las  deficiencias  de  la  demanda  jamás podrán ser  remediadas  por  la  Corte,  pues no le corresponde asumir la tarea cuestionable  propia  de  los  recurrentes,  para complementarlas, adicionarlas o corregirlas,  máxime  cuando  es  antiquísimo  el  criterio  de  la  Corte, de ser un juicio  lógico-argumentativo   regulado   por  el  legislador  y  desarrollado  por  la  jurisprudencia,   con  el  propósito  de  evitar  convertirla  en  una  tercera  instancia.   

Noveno:     otro     de     los     postulados     es    el    dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación, sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia; con todo, si se admite un escrito  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inaceptable.    

No     es    que    la    “técnica”  por  sí  misma tenga como  fin   enervar   los   derechos   adquiridos   a  los  intervinientes,  ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra   a   solucionar   los  defectos  contenidos  en  el  libelo  –admitiéndolo  cuando  en  esencia  no  debe  hacerlo-  se  le irrogaría a la Judicatura un poder absoluto y arbitrario  al  reconfeccionarlo  y  adecuarlo  a posturas argumentativas decantadas por las  partes  en el proceso, para luego entrar a decidir el problema de fondo: lo cual  es  inconveniente  e  incorrecto,  excepto  que  por  vigencia  de prerrogativas  constitucionales así lo determine.   

Por  esta potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  mínimos requerimientos sin los cuales el recurso se  torna  inane  y  queda  convertido  en  un alegato de libre importe –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la exclusiva voluntad del demandante, más no se expone de manera  trascendente,  la injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o  al Bloque de Constitucionalidad, con lo cual sus pretensiones se alejan de la  filosofía  que  irradia  el instituto casacional, circunstancia por la cual, la  Corte    inadmitirá   el  libelo.   

C  A  S  A C I O N   O F I C I O S  A   

La Sala de manera inmediata entra a remediar  los  desafueros  evidenciados  frente  al  postulado  de  legalidad  de  la pena  accesoria,   por   cuanto  los  juzgadores  la  impusieron  al  aquí  condenado  JOSÉ  DE  LAS  MERCEDES  PRIMERA  BERRIO,  el  monto  equivalente a la principal, es decir, veinticinco (25)  años  y seis (6) meses de prisión, por la consumación a título de coautor de  los  delitos  de  desaparición  forzada  de  personas  en  concurso  con  el de  concierto  para  delinquir  agravado:  situación  punitiva  que no modificó el  Tribunal  cuando  desató  el recurso de apelación elevado contra la sentencia.   

Así  lo  expuso  el  funcionario de primera  instancia:  “Condenar a JOSE DE LAS MERCEDES PRIMERA  BERRIO  (sic),  a  las  penas accesorias de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas, por un período igual  al  de  la  pena  principal,  de  conformidad  con lo  estatuido  en  el  artículo  51  de  la ley 599 de 2000, en concordancia con el  inciso 3º del artículo 52 ibídem”.   

El precepto citado le estaba revelando a las  instancias  que el tope máximo en punto de la inhabilitación para el ejercicio  de  derechos   y  funciones  públicas,  tiene una duración de veinte (20)  años,  luego,  no  podía  excederlo  para  condenar al aquí inculpado como lo  resolvió,  sino  hasta  dicho  límite,  motivo  por  el  cual,  el  desfase se  encauzará  de  oficio,  advirtiendo, en consecuencia, imponer la pena accesoria  mencionada  en veinte (20) años, tal y como se ordenará en la parte pertinente  del presente proveído.   

Por     otro     lado,    no  se  advierte  que  con  ocasión  a la  sentencia  impugnada  o  dentro  de  la  actuación hubiese existido alguna otra  violación  de  derechos  o  garantías  del  sentenciado, como para superar los  defectos  y  decidir  de  fondo,  según  lo  impone la preceptiva del artículo  216 de la Ley 600 de 2000.   

Con  fundamento en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:   Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de JOSÉ DE LAS MERCEDES PRIMERA  BERRIO,  por  las  razones aducidas en la parte motiva  del presente proveído.   

Segundo:    Casar    de    oficio   y  parcialmente  el  fallo  atacado  en  el  sentido  de  inhabilitar  al  condenado  JOSÉ  DE LAS  MERCEDES  PRIMERA BERRIO, en el ejercicio de derechos y  funciones públicas por un período de veinte (20) años.   

Tercero:  Precisar  que  las  restantes  determinaciones  que  se adoptaron en el fallo recurrido se  mantienen incólumes.   

Cuarto:  Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Quinto:  Cópiese,  comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                 

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                                                                  MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ               

GUSTAVO    ENRIQUE   MALO   FERNÁNDEZ                                                                                                      EYDER  PATIÑO     CABRERA                                         

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Las  sentencias  se  expidieron  el  11  de  octubre de 2012 y el 16 de abril de  2013, respectivamente.   

2 Los  cargos  le  fueron imputados conforme al contenido de los artículos  165 y  340, 2 de la Ley 599 de 2000.   

3  Por  tanto,  concluyó  el  togado:  “no  puede basarse una sentencia condenatoria en testimonio donde la  persona  que  hace  la  denuncia  señor  EVERGITO  BERRIO  ZARZA  y unos de los  testigos   su   hermano   ELIGIO  PRIMERA  BERRIO,  tienen  problemas  de  vieja  data”.   

4 Ver  folio 16, c.o., segunda instancia.   

5 Ver  folio 15, c.o. segunda instancia.     

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