41928(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Aprobado acta N° 302.  

Bogotá,  D.  C., once (11) de septiembre de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  LUIS  ALEXÁNDER  CAICEDO  CETINA contra la  sentencia  del  23 de mayo de 2013, a través de la cual el Tribunal Superior de  Cúcuta  confirmó  en  los aspectos impugnados el fallo proferido el 2 de abril  anterior  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito Especializado de la misma  sede,   que   condenó   al   procesado  a  las  penas  principales  de 11 años de prisión y 2.702 salarios  mínimos   legales   mensuales   de   multa,   así   como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por igual  lapso  al determinado para la privativa de la libertad, como autor del delito de  concierto  para  delinquir con fines de narcotráfico y tráfico, fabricación o  porte de estupefacientes.   

HECHOS  

          En  virtud de información conocida por las autoridades de policía,  en  el  sentido  de  que cinco inmuebles situados en la avenida 9º con calle 23  del  Barrio Cuberos Niños de Cúcuta estaban siendo utilizados para el expendio  de   estupefacientes,  se  adelantaron  sendas  diligencias  de  allanamiento  y  registro,  en  desarrollo de las cuales se hallaron en las propiedades objeto de  esas  actuaciones sustancia de la referida naturaleza (cocaína y sus derivados)  y  elementos  empleados  para su distribución. También se obtuvo la captura de  Luis  Alcides Caicedo, LUIS ALEXÁNDER CAICEDO CETINA,  Sandra   Milena   Caicedo   Cetina   y   Nayla    Susana    Hoyos    Uribe.              

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia preliminar realizada el 1º de  agosto  de 2012 ante el Juzgado Segundo Penal Municipal con funciones de control  de  garantías  de  Cúcuta,  se legalizó la captura de los aprehendidos. Allí  mismo   la   Fiscalía  les  formuló  imputación,  la  que  en  relación  con  LUIS    ALEJANDRO    CAICEDO   CETINA   se  concretó  por los delitos de concierto para delinquir con fines  de   narcotráfico,   tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes  y  destinación ilícita de muebles o inmuebles.  

En la misma diligencia el juez de control de  garantías  impuso  a  los  capturados  medida  de  aseguramiento  de detención  preventiva.  

          Con  posterioridad  los  procesados  celebraron  preacuerdos  con la  Fiscalía.  En lo referente al aquí recurrente, aceptó responsabilidad por los  delitos  de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes y concierto para  delinquir  con fines de narcotráfico, a cambio de la eliminación del delito de  destinación ilícita de muebles o inmuebles.  

          En  audiencia celebrada el 2 de abril de 2013, el Juez Primero Penal  del  Circuito  Especializado de Cúcuta aprobó los preacuerdos e inmediatamente  profirió  las  sentencias  anticipadas  de rigor. Allí condenó a LUIS  ALEJANDRO  CAICEDO  CETINA  por  los  delitos   y   a   las   penas   referidas   en   el  acápite  inicial  de  esta  providencia.  

          Contra  el  fallo de primer grado se alzó en apelación el defensor  del  prenombrado,  quien  se  mostró  inconforme  por  no  reconocerse  a éste  descuento  punitivo  por  la sentencia anticipada y por la forma como se aplicó  el   artículo   31   del   Código   Penal   en  el  proceso  de  dosificación  punitiva.  

          El  Tribunal Superior confirmó, en lo atinente a tales aspectos, la  sentencia  impugnada,  por  cuya  razón  el  mismo  sujeto  procesal acudió al  recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA  

          El  actor formula dos cargos contra la sentencia del Tribunal, ambos  al amparo de la causal primera de casación de la Ley 906 de 2004.  

          En    el    primer   cargo   predica  la  violación directa del artículo 376 del Código Penal,  porque  el  juzgador  condenó  al  procesado  en  forma genérica por todas las  conductas  allí  contempladas  sin  especificar  cuál  en concreto ejecutó el  prenombrado,  situación  que  vulnera  el  debido  proceso  y  el  principio de  legalidad.  

          Sostiene,  además,  que  al acusado se le procesó por fabricación  de  alucinógenos,  sin  hallársele  en  su  poder  laboratorio  alguno,  luego  “se le imputó y sentenció por un acto que nunca se  ejecutó ni se consumó”.  

          Admite  el  recurrente que el procesado pre-acordó con la Fiscalía  para  aceptar los cargos bajo la condición de la eliminación de un delito. Sin  embargo,  estima  que  esa  negociación  se  efectuó  con  violación  de  las  garantías  constitucionales, pues se condenó por un acto previsto en la norma,  pero no realizado por el agente.   

          En  tales  condiciones,  solicita casar la sentencia impugnada y, en  su lugar, dictar fallo absolutorio.  

          En    el   segundo   cargo   denuncia  la  violación  directa  del  artículo  340  del estatuto  punitivo,  porque  se  condenó  al  procesado  por el punible de concierto para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico,  sin  existir  el pleno convencimiento  acerca    de   la   existencia   de   una   estructura   criminal   “natural  del grupo concertante (sic)”.  

          Al  sustentar  el  cargo,  luego  de  cuestionar  al juzgador por no  realizar  un  análisis  preciso  de  la  adecuación  típica y por incurrir en  incongruencia   por   cuanto   no   hay   correspondencia  entre  los  elementos  estructurales  del  tipo  en  cuestión  con  la  conducta  desplegada  por  los  encartados,  insiste  en  sostener que en este caso aparece establecido que cada  uno    de    éstos    vivía    en    su    propia    casa    y    “desarrollaba  su  labor  delictiva sin depender en absoluto de la  labor    de    todos,    todos   (sic)   comportaban  una cabal independencia, nadie dependía de nadie, cada  uno  tenía su negocio ilícito de manera autónoma, como bien se aprecia en los  videos  y  en  las  declaraciones  del  agente encubierto, inclusive enumera las  casas donde cada uno pernotaba (sic)”.  

          En  ese  sentido,  es  del  criterio que en este caso no concurre el  elemento  de  la permanencia de la asociación necesario para la estructuración  del  concierto  para  delinquir,  explicando  que cuando el acuerdo no tiene esa  característica,     se     trata     simplemente     de     una     forma    de  coparticipación.  

          En  relación  con  lo anterior, aduce la vulneración del principio  non  bis  in ídem, porque en  la  sentencia  se  condena a todos los procesados como coautores, juzgándoseles  dos veces por un mismo hecho.  

          Termina   solicitando   casar   la  sentencia  impugnada  y,  en  su  reemplazo,  absolver al procesado, no sin antes poner de presente que los jueces  no  pueden  dar  prevalencia  a  un  pre-acuerdo,  sin  antes  verificar  si  se  respetaron las garantías constitucionales.  

   

            

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA  

Conforme  lo tiene previsto el artículo 182  de  la  Ley  906  de  2004,  constituye  presupuesto  para  acceder  al  recurso  extraordinario  de  casación   la existencia de interés jurídico, de tal  manera  que,  como  lo establece el artículo 184 ibídem, su ausencia conduce a  la irremediable inadmisión de la demanda.  

          La  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene  dicho  que  en los casos de  allanamiento  a cargos el sentenciado solamente tiene interés para controvertir  el  quantum  de  la  pena  y  los   aspectos referidos a su determinación,  evento  este último en que también le está vedado, si se trata de preacuerdo,  discutir  los términos de su responsabilidad y de la sanción, siempre y cuando  el       juez      los      haya      respetado1.  

En  ese  sentido, la Corte ha expresado que  cuando  el  procesado  admite  los  cargos  atribuidos  en  su  contra  opera el  principio  de  no  retractación, surgiendo la imposibilidad para quien efectúa  tal  asentimiento  en  forma  libre,  informada  y  consciente  de  discutir  lo  relacionado  con  la  responsabilidad  penal  admitida,  bien  sea para pregonar  posteriormente  su  inocencia  (retractación  total) o en procura de buscar una  forma  de  degradación  (retractación parcial), salvo demostrarse que en dicho  acto  se  incurrió  en vicios de consentimiento o en vulneración de garantías  fundamentales,  tal  como lo prevé el inciso cuarto del artículo 351 de la Ley  906 de 2004.  

Acudir a este tipo de mecanismos, también se  ha  precisado,  implica para el procesado renunciar a una de las etapas del  proceso,  como  en  este  caso lo fue el juicio, así como a la controversia que  dentro  de  sus  cauces  normales se generaría, en cuanto estos instrumentos de  terminación  anticipada  están basados en una filosofía premial, esto es, que  frente  al acto de conformidad del acusado en beneficio de la celeridad procesal  y  del  ahorro de esfuerzos para la administración de justicia, se le otorga un  incentivo   punitivo   significativo,  dependiendo,  claro  está,  del  momento  procesal  en  que se produzca, por lo que no resulta posible frente a esta clase  de   instituto  jurídico  acudir  al  fácil  expediente  de  la  retractación  posterior.  

Pues bien, en los dos cargos formulados en la  demanda  el  actor  plantea  que  al procesado se le condenó, de una parte, por  fabricación   de  alucinógenos,  sin  que  se  hubiese  hallado  en  su  poder  laboratorio  alguno,  luego  se le sentenció por un hecho que nunca realizó; y  de   la  otra,  por  el  punible  de  concierto  para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico,  sin obrar prueba de la existencia de un acuerdo ni del carácter  permanente del mismo.    

Las  censuras  así  vistas constituyen, sin  duda,  una clara retractación respecto de la manifestación libre, voluntaria e  informada  efectuada por el procesado, como lo constató el juez de conocimiento  al  aprobar  el  pre-acuerdo.  Ciertamente,  el libelista no hace cosa diversa a  cuestionar  los  elementos probatorios con fundamento en los cuales se sustentó  el  fallo condenatorio, olvidando que una de las consecuencias de la aceptación  voluntaria  de los cargos implica, precisamente, la renuncia a plantear ese tipo  de controversias.  

Si  bien  en  los dos reproches el libelista  aduce  la  vulneración  de  garantías  fundamentales, situación que de darse,  como  se dijo en precedencia, le otorgaría legitimación para acudir al recurso  de  casación,  es  lo  cierto  que las argumentaciones esbozadas al respecto no  logran evidenciar tal violación.  

Empiécese   por   destacar  cómo  en  la  presentación  de  los dos cargos vulnera el principio de autonomía que rige en  casación,   pues   además  de  denunciar  la  violación  de  la  ley  por  la  inexistencia  de  prueba  demostrativa  de  los  delitos  imputados, desvía los  ataques  para  aducir  la  presencia de irregularidades procesales que, en tales  condiciones  debió  postular  por vía de la causal segunda con la consiguiente  formulación  de  petición  de  nulidad,  en vez de acudir a la primera como lo  hizo.  

Ahora    bien,    en   el   primer   cargo  atribuye  al  sentenciador  emitir  la  condena  por  el  delito contemplado en el artículo 376 del Código  Penal  sin especificar la conducta en concreto ejecutada por el procesado. En el  segundo  cargo le reprocha no  realizar  un  análisis  preciso de la adecuación típica en cuanto al ilícito  previsto  en  el artículo 340 del estatuto punitivo e incurrir en incongruencia  por  cuanto no hay correspondencia entre los elementos estructurales del tipo en  cuestión  con la conducta desplegada por los encartados. Es decir, al margen de  la  impropiedad en que incurre cuando utiliza la expresión “incongruencia”,  pues   esa   anomalía   en   realidad  dice  relación  con  la  existencia  de  inconsonancia  entre  la  acusación  y el fallo, es claro que en ambas censuras  coincide   en   aducir   la   presencia   de   defectos  de  motivación  en  la  fundamentación  de la configuración de los tipos penales objeto de condena, lo  cual  confirma,  advertido  sea,  el  desacierto  en la causal seleccionada para  formular los ataques.  

Sea  como  fuere,  en  su  postulación  el  impugnante  desconoce  los  contenidos  del fallo, desatendiendo de esa forma el  principio  de  corrección material, acorde con el cual las razones, fundamentos  y   contenido  del  ataque  deben  corresponder  en  un  todo  con  la  realidad  procesal2.  Ello  porque,  contrario  a  lo  argumentado  en  la  demanda, la  fundamentación  relacionada  con  la  comprobación  de la tipicidad de las dos  conductas  punibles  objeto  de  condena  quedó  debidamente  explicada  en  la  sentencia  de  primera instancia, en cuanto allí, entre otros razonamientos, se  dijo lo siguiente:  

“Así   mismo,   en  desarrollo  de  las  actuaciones   de   agente   encubierto   se   estableció  que  el  expendio  de  estupefacientes  es  liderado  por  “a. Masacre”, el cual se lleva a cabo en  los  inmuebles  referenciados,  personas  de  los  dos  sexos  y menores de edad  quienes  son  los encargados de expender la sustancia (jíbaros), los cuales son  apoyados  por personas encargadas de dar aviso cuando hace presencia la policía  (campaneros),  dicha  actividad es ejercida durante el día y parte de la noche;  estableciéndose  que  en  el  inmueble  No.  2 expende “a. La Flaca”, en el  inmueble  No.  3  “Tatu”, en el No. 4 “a. La Flaca, “a. Masacre” y dos  menores  de  edad  según  el  registro  de  compras  efectuado  por  el  agente  encubierto;     en     el     inmueble     No.     5     expende    ‘a.           Gabo’”.  

          La  organización  delincuencial  está  liderada  por  LUIS ALCIDES  CAICEDO  “a.  Masacre”,  encargado  de administrar la venta, suministrar los  estupefacientes  a  los  jíbaros y recolectar el dinero producto del ilícito y  de  ayudar  a  dosificar;  figuran  como  expendedores sus hijos LUIS ALEXÁNDER  CAICEDO  CETINA  “a.  Gabo”,  SANDRA MILENA CAICEDO “a. La Flaca” y HUGO  RODRÍGUEZ  ATUESTA  “A. Tatu”, quienes se turnan por horas para la venta de  estupefacientes”3.  

          Como  se  observa, el juzgador dejó clara la estructuración de una  organización      delictiva      liderada      por      alias      “Masacre”  y  dedicada  al  expendio o  venta,  que  no  fabricación  como  equivocadamente  lo  sostiene  el actor, de  sustancia estupefaciente.  

          También  al  predicar  la  vulneración  del principio non  bis in ídem el casacionista desconoce  el  principio  de corrección material, porque no resulta cierto que el fallador  hubiese  condenado  a  los  acusados como coautores del delito de concierto para  delinquir.  En  realidad,  lo  hizo  a  título  de  autores, como claramente se  observa  en  la  parte resolutiva. De todas maneras, el actor no indica cuál es  la  doble  incriminación  efectuada  al  procesado  con base en el mismo hecho,  presupuesto     necesario     para     entender     quebrantado    el    aludido  principio.  

Por  lo  demás,  no  entraña irregularidad  alguna  condenar a alguien a título de coautor por el referido punible, pues la  estructura  típica de esa conducta ilícita exige, justamente, la concertación  de  varias  personas para su ejecución, luego es de su esencia la intervención  de  una  pluralidad  de  personas  que  actúan  bajo  la  referida  condición.  

          En   consecuencia,  atendida  la  inadecuada  sustentación  de  los  reproches  formulados,  cuyas deficiencias no permiten advertir la necesidad del  fallo   de   casación,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  objeto  de  examen,  considerando   además  la  no  concurrencia  de  circunstancia  vulneradora  de  garantías  fundamentales  que  imponga  superar  los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.  

Se precisará que contra esta decisión sólo  cabe  el  mecanismo  de  insistencia, conforme lo tiene establecido el artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, cuya interposición procede bajo las reglas fijadas  en    jurisprudencia    reiterada   de   la   Sala4.  

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   LUIS ALEXÁNDER CAICEDO CETINA.  

         De    conformidad    con    lo   dispuesto   en   el   inciso     segundo    del    artículo  184  de  la  Ley  906  de   2004  y,   en   los   términos  referidos  en  la  parte  final  de  esta  determinación,  contra  la  misma    procede    la  insistencia.  

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO              FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO           

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ               GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                   JAVIER  ZAPATA  ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1   Providencia   del   14   de   septiembre  de  2009,  radicación  32032.   

2 Cfr.  Auto del 2 de mayo de 2012, radicación 26846.   

3 Cfr.  Folio 153 del cuaderno de primera instancia.   

4  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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