41750(24-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado Acta No. 232.  

Bogotá,  D.C., veinticuatro (24) de julio de  dos mil trece (2013).   

V    I   S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por la representación de la parte civil,  contra  el  fallo  de  segunda  instancia que profiriera el Tribunal Superior de  Cali,  fechado  el  18  de  marzo  de  2013,  mediante  el  cual confirmó en su  integridad  la  sentencia  absolutoria  emitida  el  5  de  junio de 2012 por el  Juzgado  6°  Penal  del  Circuito  de esa ciudad, en favor de GUILLERMO EDUARDO  ULLOA  TENORIO  y  HERNÁN  MOLANO  GONZÁLEZ, a quienes se acusó del delito de  fraude procesal.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en la sentencia de segundo  grado, del siguiente tenor:   

“A.  El  18  de  octubre  del  año 2000,  agentes  de la Policía Nacional que patrullaban por la carrera 5° con calle 47  del  Barrio  Popular  de  esta  ciudad, al observar que un tracto-camión estaba  siendo   cargado   con   gran   cantidad   de   cajas  de  cartón  –en  total  3.928-  las cuales tenían  impresa  la  marca  “AGUARDIENTE  DEL  VALLE”,  procedieron  a  verificar el  contenido  de  las  mismas  encontrando  que  en  ellas  habían 37.756 botellas  recicladas  contramarcadas  en  el  fondo  con  la inscripción “uso exclusivo  ILV”  y  más  de  7.900 tapas; elementos estos que estaban en poder de Miguel  José  Uribe  Romero  –el  aquí  denunciante-,  quien  los  iba  a  enviar  a  la ciudad de Cartagena para  envasar,  comercializar  y  distribuir  aguardiente distinto al que producía la  Industria de Licores del Valle.   

Como  los policiales advirtieron que podía  tratarse  de  una defraudación a la ILV, procedieron a incautar dichas botellas  y  a  poner en conocimiento de la Fiscalía los hechos, razón por la cual el 19  de  octubre de 2000, oficiosamente, se dio apertura de instrucción en contra de  Uribe Romero.   

B. –  Con  ocasión  del  inicio  de  la  aludida investigación penal,  Hernán     Molano     González    –en  su  calidad  de  Gerente  General  de  la  ILV-,  siguiendo las  directrices  impartidas  por la Junta Directiva, presentó el 23 de noviembre de  2000  memorial  en  el que puso en conocimiento de la Fiscalía 90 Seccional que  Miguel    José    Uribe    Romero   –con  quien  la  ILV había celebrado en el pasado contratos para la  distribución  de  licores  en  EE.UU.-  registró  y exportó a dicho país una  bebida  alcohólica  denominada  “AGUARDIENTE  DEL  VALLE”  la cual, por sus  características  en  su presentación –tales  como el nombre, símbolos, letras y el propio envase que era  reciclado-,  guardaba  gran  similitud con la que utilizaba la aludida Industria  de  Licores para la comercialización de su producto estrella; de suerte que los  consumidores  del mercado anglosajón compraban “Aguardiente del Valle” bajo  la  creencia  que  estaban adquiriendo el Aguardiente Blanco del Valle producido  por la ILV.   

Tal  afirmación  de  Molano  González fue  sostenida  igualmente  por Guillermo Eduardo Ulloa Tenorio el 2 de septiembre de  2002 cuando declaró dentro de ese proceso.   

Finalizada la etapa instructiva del proceso  penal,  el  20  de  agosto  de  2004  la  Fiscalía acusó a Uribe Romero por el  punible  de  usurpación  de  marcas  y  patentes al concluir que éste utilizó  fraudulentamente  envases  cuyo  uso  –por   estar   protegidos  legalmente-  era  exclusivo  de  la  ILV;  decisión  que  fue  confirmada  en segunda instancia por una Fiscalía delegada  ante la Sala Penal del Tribunal de esta ciudad.   

C.-  A raíz del proceso penal contra Uribe  Romero,  el 27 de septiembre de 2005, éste denunció a los aquí procesados por  el  delito  de fraude procesal porque, según él, “sostuvieron falsamente que  el  envase de los productos el cual tiene en su base una inscripción en relieve  que  dice  “USO  EXCLUSIVO ILV” constituye protección legal bajo las normas  que    regulan    la   propiedad   industrial   en   Colombia”,   ocultándole  deliberadamente   a  la  Fiscalía  que  la  industria  licorera  no  tenía  la  exclusividad   sobre   los  referidos  envases  porque  la  Superintendencia  de  Industria  y  Comercio  le  había  negado  el  registro  de  las  botellas en 4  oportunidades  y,  en  consecuencia,  al carecer éstas de protección legal, la  ILV  no podía oponerse a la utilización que otros hicieran de sus envases. Por  ende,  a  juicio  del  aquí  denunciante,  la  finalidad  de los implicados era  inducir  en  error  al ente investigador y lograr que en su contra se adelantara  un proceso penal”.    

DECURSO  PROCESAL  

La  denuncia  penal  fue  instaurada  por el  afectado   a   través   de   escrito   presentado   el   27  de  septiembre  de  2005.   

El  4  de  octubre  de 2005, la Fiscalía 30  Seccional  de  Cali  abrió formal instrucción contra HERNÁN MOLANO GONZÁLEZ,  GUILLERMO EDUARDO ULLOA TENORIO y Armando Barona Mesa.   

Al  primero se le recibió indagatoria el 22  de  junio  de  2006; al segundo, el 23 de octubre de 2006; y, el tercero rindió  su injurada el 23 de junio de ese mismo año.   

El  29  de  enero  de  2007,  fue cerrada la  investigación.  Consecuentemente,  el 3 de mayo de 2007 se calificó el mérito  de  la  instrucción  profiriéndose  resolución  de  acusación  en  contra de  HERNÁN  MOLANO  GONZÁLEZ,  GUILLERMO  EDUARDO  ULLOA  TENORIO y Armando Barona  Mesa, en calidad de autores del delito de fraude procesal.   

Como  quiera  que  en contra de la decisión  acusatoria  interpusieron recurso de apelación los procesados, con fecha del 15  de  agosto  de  2008  la  Fiscalía  Cuarta  Delegada  ante el Tribunal de Cali,  confirmó   parcialmente  lo  decidido,  en  el  sentido  de  dejar  en  pie  el  llamamiento  a  juicio  de  HERNÁN  MOLANO  GONZÁLEZ y GUILLERMO EDUARDO ULLOA  TENORIO,  pero  revocó  igual decisión en lo que toca con Armando Barona Mesa,  en cuyo favor precluyó la investigación.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le  fue  repartido, para adelantar la fase del juicio, al Juzgado noveno  Penal  del  Circuito  de  Cali,  despacho  judicial  que  realizó  la audiencia  preparatoria el 28 de abril de 2009.   

Los  días  12  y  13 de mayo de 2009, 26 de  octubre  y  21  de  noviembre de 2011, se llevó a cabo la audiencia pública de  juzgamiento.   

El  fallo  absolutorio de primer grado, obra  del  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  Cali,  despacho  al  cual  fueron  repartidas las diligencias, se emitió el 5 de junio de 2012.   

En  contra  de  ello  interpuso  recurso  de  apelación la representación de la parte civil.   

Por  último,  el  18  de  marzo de 2013 fue  proferido  el  fallo  de segunda instancia, en todo confirmatorio de lo decidido  por   el   A  quo,  razón  por  la  cual  presentó  oportunamente  el  recurso  extraordinario  de  casación  la  representación de la parte civil, en escrito  que ahora se analiza en su adecuada fundamentación.   

LA  DEMANDA  

El  casacionista  formula  un  solo cargo en  contra  del  fallo  de  segunda  instancia,  acudiendo  a  la causal primera del  artículo  207  de  la  Ley  600  de 2000, en el cual  acusa al Tribunal de  incurrir   en   un   error   de   hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión.   

Para  soportar  su  tesis entiende necesario  detallar   cómo  la  Industria  de Licores del Valle, solicitó en el año  1988,  a  la  Superintendencia  de  Industria  y  Comercio,  registrar  la marca  consistente  en varios de los envases de sus productos, pero ello fue respondido  negativamente  en los años 1994 y 1995, a través de resoluciones que advierten  la    imposibilidad    de    registrar    formas    usuales   de   productos   o  envases.   

Después  de  precisar por vía de citación  jurisprudencial,  las  que  considera  circunstancias  puntuales a definir en la  causal  propuesta,  advierte  el casacionista que efectivamente los acusados, al  presentar  la  denuncia  penal en contra de quien representa como parte civil, o  cuando  rindieron su declaración bajo juramento, mintieron, pues, debían ellos  conocer  que  los  envases  no  eran  registrables,  como  en siete ocasiones lo  certificó  la  Superintendencia  de  Industria  y  Comercio  a  través  de sus  resoluciones,  haciendo  palpable  la  inexistencia del delito de usurpación de  marcas y patentes.   

Entiende el demandante que el error de hecho  propuesto   se   materializa   en   que   los  juzgadores  de  ambas  instancias  desconocieron la existencia de esas siete resoluciones.   

A  renglón  seguido,  el  demandante estima  necesario  relacionar  todas  las pruebas que obran en el proceso seguido contra  su  poderdante, que culminó con sentencia absolutoria, y en el asunto que aquí  se  examina, transcribiendo de este último la ampliación de denuncia formulada  por  Miguel  Uribe Romero (afectado en este proceso), así como las indagatorias  surtidas  por  los  acusados  HERNÁN MOLANO GONZÁLEZ y GUILLERMO EDUARDO ULLOA  TENORIO.   

También  transcribe  el  recurrente amplios  apartados   de    la   resolución   de  acusación  proferida  contra  los  anteriores,  del  auto  que en segunda instancia la confirmó y de los fallos de  primera y segunda instancias.   

Ya  luego,  aborda  de nuevo, a despacio, la  sentencia  de  segundo  grado  y se pronuncia, como si se tratase de responder a  una  demanda  de  corte  civil,  respecto  de  cada  uno de los acápites que lo  conforman;  así  advierte,  por  ejemplo, que si bien no discute la competencia  del  Tribunal,  extraña que no respondiera todos los puntos de la apelación; o  que  la  confirmación de lo decidido por el a quo viola el debido proceso, dado  que   el   juzgamiento   operó   “parcializado  y  dilatorio”;  o  que  no  se  comparte la afirmación  acerca de la inexistencia de prueba de la tipicidad del hecho.   

En concreto, respecto del cargo propuesto, la  argumentación   del   impugnante   se  encamina  a  señalar  que  el  Tribunal  desconoció   cómo   los  envases  decomisados  a  su  poderdante  no  poseían  protección   de   marca   y,   en   consecuencia,  mintieron  los  denunciantes  –aquí procesados- cuando,  a  pesar  de  conocer  ese  hecho,  vincularon penalmente al propietario de esos  elementos,  en  materialización  objetiva  y  subjetiva  del  delito  de fraude  procesal.   

Agrega el  casacionista que el error del  Tribunal  nace  de  pasar  por  alto  las  siete  resoluciones  en las cuales se  verifica  que  los  envases,  a  pesar de contar con el rótulo ILV, no poseían  protección  marcaria  y,  por consecuencia, podían ser reciclados y utilizados  para contener cualquier producto.   

Sostiene  el  demandante,  además,  que  se  violó  el  debido  proceso  dadas  las  manifiestas  dilaciones que el trámite  procesal  sufrió  en la fase del juicio y, particularmente, durante el trámite  surtido ante el juzgado del circuito.   

Depreca,  en  consecuencia,  que  se case la  sentencia  atacada  a efectos de revocar la absolución y en su lugar condenar a  los acusados por el delito de fraude procesal   

C O N S I D E R A C I O N E S  

En primer término debe hacerse hincapié en  cómo  la  Corte,  de  manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

         Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido  que,  de  no haberse materializado el yerro, otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         En  el asunto examinado, la Corte advierte del demandante una clara  pretensión  por  controvertir  las  razones  que  llevaron a las dos instancias  ordinarias  a  absolver  a  los  acusados,  para  lo  cual  se vale de la causal  propuesta,  pero  no  logra  perfilar, a pesar de presentar un farragoso escrito  destinado  en  su  mayor  parte  a  transcribir  innecesariamente  varias piezas  procesales,  un  verdadero  yerro  trascendente que conduzca indefectiblemente a  que se revoque lo resuelto.   

         Es  así  que esa muy curiosa forma de controvertir la sentencia de  segundo    grado,   tomando   cada   una   de  sus  partes  y  a  renglón  seguido  glosándolas  con  su  particular  visión  de  lo  ocurrido  o  de  la  responsabilidad  penal  de  los acusados, de ninguna manera  representa  crítica  seria y trascendente, dentro de la especial configuración  de  las  causales  de  casación  y  su  finalidad,  tornándose apenas en inane  ejercicio  que,  cuando  más,  constituye típico alegato de instancia ajeno al  escenario del recurso extraordinario en examen.   

         Ello,     por     cuanto,     las     afirmaciones    que    contrapone    a    lo  sostenido por el ad quem representan  evidente   petición   de   principio   –yerro lógico que consiste en dar por  demostrado      lo      que      precisamente     debe     ser     objeto     de  comprobación-,   dado  que  nada,  dentro  de  lo  argumental,  probatorio  o jurídico, se allega para  soportarlas.   

         En  el  aire  la  controversia,  incluso  el  recurrente se permite  presentar  en  el  mismo  cargo  posturas  ajenas  a este, como la referida a la  supuesta  violación  del  debido proceso que deriva de las dilaciones ocurridas  en  el juicio o de la supuesta falta de imparcialidad del juez.   

         De  entrada  es claro que esas supuestas irregularidades son ajenas  al      cargo      presentado      –error  de  hecho  por  falso juicio de existencia por omisión-, lo  que  atenta  contra el principio de autonomía propio del recurso extraordinario  de   casación,   que   busca  no  solo  claridad  en  la  presentación  de  la  controversia,  sino  evitar  decisiones  contradictorias, pues, si se advirtiera  violación  de  garantías  que  obligan la anulación del trámite, mal podría  referirse  la Sala a una cuestión probatoria que incide exclusivamente sobre el  fallo  y  conduce  a revocarlo o modificarlo, asunto que dice relación también  con   el   principio   de  prioridad  –las  causales  deben  presentarse  de  forma  ordenada conforme sus  consecuencias   y  en  relación  de  principal  a  subsidiario  cuando  emergen  contradictorias-.   

         Pero,   independientemente   de   los  yerros  evidenciados  en  la  presentación  del cargo, es lo cierto que tampoco el casacionista detalla, así  fuese   someramente,   qué  de  irregular,  en  concreto,  conduce  a  advertir  parcializados          a         los    funcionarios    judiciales,   o  de  qué forma se presentó la dilación denunciada y  ello  fue  obra  de  acciones  u  omisiones atribuidas a los mismos.  Tampoco  precisa  de  qué  manera  la  dilación  afectó, en lo  trascendente, los derechos de la parte civil que representa.   

         Ahora  bien,  si  se detiene la Sala en los argumentos que soportan  la      causal      propuesta      –omisión  en  la  consideración  de  pruebas  importantes  para la  decisión-,  fácil se advierte que ella carece de soporte fáctico, de un lado,  pero además, del otro, no comporta trascendencia.   

         En  efecto,  ya  pacífica  y reiteradamente la Sala ha definido la  naturaleza  y  alcances  del  error  de hecho por falso juicio de existencia por  omisión,  advirtiendo  cómo  el  yerro  asoma  objetivo, pues, no deriva de la  valoración  que  se hace de la prueba, sino precisamente de dejar de examinarla  a  pesar  de  reposar  en  la  foliatura  y  haberse  allegado  legal, regular y  oportunamente.   

         Desde   luego,  cabe  anotar,  la  buena  fortuna  del  cargo  parte  de demostrar que, en efecto, ninguna consideración,  expresa    o    tácita,   se   hizo   de   la   prueba   estimada   dejada   de  considerar, y después, de  explicar  la trascendencia  de  la  omisión,  a cuyo cobijo debe no sólo verificarse cuál es el contenido  de  ese  elemento  de juicio desdeñado, sino la forma en que se entroniza en el  conjunto        probatorio       –que,  por ello, debe ser analizado nuevamente con la inclusión de  la  prueba  dejada  de  lado-,  al  punto  de obligar  modificar la decisión.   

        Esos   requisitos  mínimos  se  echan  de  menos  en  la  demanda  presentada  por  la representación de la parte civil, en tanto, claramente, con  la   sola  verificación  del  contenido  de  los  fallos  de  instancia,  puede  advertirse  que  nunca los  documentos  en  los  cuales  se  registra  la negativa de la Superintendencia de  Industria  y  Comercio  a  otorgar protección de marca a los envases utilizados  por  la Industria Licorera  del  Valle,  fueron  desconocidos  o dejados de asumir en su efecto suasorio por  los  falladores; pero además, que la omisión, si se hubiese producido, ningún  efecto  trascendente produce, dado que los sentenciadores expresamente asumieron  que no existía el dicho registro de marca.   

        Es  cierto  que  en  los  fallos  no  se  hace expresa y detallada  mención  de  las  resoluciones  en  comento,  pero que ello suceda no indica la  materialización  del  yerro  propuesto,  pues, nada  obliga  a  tanta precisión cuando del texto puede advertirse sin ambages que de  verdad   los   elementos   en   cuestión   fueron   tomados   en   cuenta,   al  punto       de  considerarse su contenido  como  factor ineludible de valoración al momento de examinar la conducta de los  acusados.   

        Entonces,   si  de  forma  concluyente  las  instancias  advierten  que   los  envases  encontrados  en  poder del afectado en este proceso, no  contaban  con  protección  de  marca y, en consecuencia, podían ser utilizados  para  contener  productos  comerciales,  necesariamente  debe concluirse que sí  tomaron  en  consideración  los  documentos  en  los  cuales  se  consignan las  resoluciones   del  ente  oficial  que  negaron  la  dicha  protección  en  los  años  1994  y 1995, por  estimar  que se trata de  genéricos  o  comunes  de  imposible  restricción  por  vía  del  registro de  marca.   

        Es   que,  las  instancias  tenían  completamente  claro  que  el  sustento   de   la   acusación   precisamente   radicaba  en  que  las    resoluciones    aludidas  negaban protección de marca  a  los  envases y por ello no podían los aquí acusados denunciar al tenedor de  muchas  botellas  de  reciclaje  por  el  delito  de  usurpación  de  marcas  y  patentes.   

        Así,  expresamente,  lo  dejó  sentado el A quo, cuando resumió  los   cargos   de   la   resolución   de  acusación  en  el  fallo1:   

“En resolución del 3 de mayo de 2007, la  fiscalía   treinta  seccional  de  Cali  acusa  formalmente  a  HERNÁN  MOLANO  GONZÁLEZ,  GUILLERMO  EDUARDO  ULLOA  TENORIO  y  a  ARMANDO VARONA MESA por el  delito  de  Fraude Procesal. Sustenta la acusación en una serie de resoluciones  expedidas  desde  años  atrás por la Superintendencia de Industria y Comercio,  en  las  cuales  dicha  entidad  al atender y resolver múltiples expedientes en  idéntico  sentido,  niega el registro de la marca de botellas solicitada por la  sociedad   Industria   de   Licores   del   Valle,   al   considerar    la   Superintendencia  que  la expresión cuyo registro se solicita, encuadra dentro de  una  de  las  causales de IRREGISTRABILIDAD, específicamente en la contenida en  el  artículo  82  del literal B de la decisión 344 de la comisión del acuerdo  de  Cartagena.  En  la misma dirección se pronuncia la superintendencia de cara  al  expediente N° 92286733 de fecha de 25 de mayo de 1988 y en la solicitud que  corresponde  a  la  marca  botella  con  cuello  muy  corto  referido  a la  categoría   19.7.7   de   la  clasificación  internacional  de  los  elementos  figurativos  de las marcas; la Superintendencia de industria y comercio profiere  la  resolución  44481  del  31  de  octubre de 1994, por cuyo conducto niega el  registro  de  marca  consistente  en una botella con cuellos muy cortos, e igual  solución  adopta  respecto  de  los  expedientes  basados  en  las  solicitudes  números  92-286764  del  25  de  mayo  de  1988  y  92-286765 del 25 de mayo de  1988.”   

        Es  evidente  que  para  el  fallador  el  objeto  central  de  la  resolución    de    acusación    estriba   precisamente   en   la   existencia   de  esas  resoluciones de la Superintendencia de  Industria  y  Comercio  que  advierten  carentes  de  protección      de     registro     las  botellas  utilizadas por la Industria Licorera del Valle para  envasar sus productos.   

        Precisamente,  el  grueso  de  la argumentación consignada en los  fallos   de   ambas   instancias  remite  expresa  o  tácitamente  a  esa  prueba  de demostración de la  inexistencia  de  la  protección  de  marca,  por entenderla incontrovertible y  aceptada.   

        Por  ello,  más adelante el fallo de primer grado, cuando procede  a  realizar  el  análisis de lo ocurrido, advierte2:   

“…es de significar en consecuencia que  fue  la  fiscalía,  la  entidad  que una vez valoró los puntuales hechos de la  denuncia  y  las  declaraciones ofrecidas por los representantes y algunos otros  funcionarios   de   la  Industria  de  Licores  del  Valle,  asumió  como  hipótesis  de trabajo a motus  (sic)  propio  (sic),  y con sustento, se repite, en  aquel  material probatorio, que la investigación debía encausarla a efectos de  establecer  si la utilización de los envases decomisados a URIBE con la leyenda  “USO            EXCLUSIVO            ILV”,           constituía   el delito de “Usurpación de  marcas  y  patentes”;  incurriendo en un error a claras luces atribuible a ese  ente  a cargo de la persecución del delito, toda vez que su titular  al calificar el mérito de aquel sumario, confundió  el  hecho  de  obtener el registro de protección con una simple  leyenda  de  exclusividad  del envase, pensando que esto último se conseguía a  través  de  un  trámite  de  orden legal, cuando la  verdad   es   que   el   registro   se   tornaba  improcedente,  por  cuanto  la  Superintendencia  de  industria y comercio, antes incluso de que se procediera a  calificar  el  sumario,  ya  había  sostenido,  en varias oportunidades, que el  mismo   no   era   viable,   pues   comportaba  algo  irregistrable…”   

        Y,  para que no quede duda acerca de la  efectiva  vinculación del fallador con la prueba documental y sus efectos, esto  se        anotó        más        adelante3:   

“Bueno  es  señalar  en  este lugar del  fallo,  que  al  aludir  a  las  botellas,  la  Fiscalía  las asume como de uso  exclusivo  de  la  ILV,  fundada  en  el  texto impreso al fondo de los envases,  inscripción  que  derivó del convenio de la licorera con la empresa fabricante  de  los  cristales  “Peldar  S.A.”,  mas no en atención al registro oficial  marcario,  incurriendo  allí  la  fiscalía  en  un  error  judicial, ya que la  exclusividad  según  la  connotación  que  dicho  funcionario  le  dio  debía  provenir  de  un acto jurídico de naturaleza legal y no de un simple e informal  texto  que per se, es irregistrable; la Fiscalía entonces inmersa a motus (sic)  propio  (sic) en una equivocación, consideró como marca o seña protegida algo  que      realmente      no      tenía      esa      connotación”.   

        Sobra  anotar, porque ya suficientemente lo ha dicho la Corte, que  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancias  forman una unidad inescindible  cuando coinciden en la decisión y su soporte.   

        Por  ello,  si  del  fallo  de  segundo grado se extraña alusión  expresa  y directa a los documentos que refieren la negativa de otorgar licencia  de  exclusividad  de  marca  a  las  botellas,  ello  por  sí solo no conduce a  entender  perfilado  el  yerro  propuesto, pues, precisamente en la sentencia de  primera  instancia se encuentran ampliamente detalladas esas referencias echadas  de menos por el casacionista.   

        Incluso,   deviene   natural   que   el   ad   quem  no  se  ocupe  necesariamente   de   todos   los   aspectos   propios   de  la  definición  de  responsabilidad  penal o de específicos medios de prueba, dado que el contenido  y  alcance  de  su decisión está signado por los motivos de apelación, a más  que,  desde luego, la resolución del asunto, en cuanto confirmatoria  en  su integridad de lo  postulado  por el A quo, se vale de sus argumentos para a partir  de    allí    construir    la    respuesta    que    define    el   objeto   de  impugnación.   

        Ello  se  advierte  inconcuso  en el caso examinado, en tanto, con  solo  verificar  en  su  integridad  el  contenido  de  la  sentencia de segunda  instancia,  se observa cómo expresamente señala prohijar lo argumentado por el  A  quo  y  efectivamente asume demostrado, por virtud de los documentos que así  lo   reflejan,   el  hecho  que  las  botellas  con  bajorrelieve    ILV,    no   tenían   protección  marcaria.   

        Carece,  por  lo  anotado,  de  soporte  fáctico  el cargo que por errores de hecho por falso  juicio  de  existencia  por  omisión postula el demandante, pues, se repite, de  manera  expresa,  en unas ocasiones, y tácita, en otras, las instancias tomaron  en     consideración,    incluso    como  soporte  de  lo  decidido,  los  documentos que contienen las  resoluciones    a    través    de    las  cuales la Superintendencia de Industria y Comercio negó a la  Industria  Licorera  del  Valle,  el registro de marca de los envases     que     contienen sus productos.   

        Pero  además,  como  se dijo, aún si se asumiera en contra de lo  evidente  que las instancias dejaron de considerar las pruebas en mención, ello  se  tornaría  completamente irrelevante en el caso examinado,  dejando sin  trascendencia  el  cargo, habida cuenta que ambos fallos tomaron como cierto eso  que  las pruebas en cuestión consignan, esto es, que las botellas en las cuales  se  envasaba el licor producido por la Industria de Licores del Valle, carecían  de protección de marca.   

        Precisamente,  el  argumento  central  de  ambas  instancias en el  cometido     de     absolver     a    los  procesados,  partió  de  ese  hecho  cierto e incontrovertible –la   inexistencia   de   registro   de  marca  que  protegiera  la  utilización  de los envases-, solo que sustentaron la ajenidad con el delito en  la      ausencia  de   los  requisitos  objetivos  y  subjetivos  que  integran el delito de fraude procesal.   

        En  concreto,  los  falladores  advirtieron  que los procesados no  tenían  por  qué  conocer  la  existencia  de  esas resoluciones que impedían  alegar  excepcionalidad  marcaria  en  los  envases, a más que en su denuncia y  posteriores   declaraciones   juradas   no  se  refirieron  expresamente  a  que  efectivamente  esa  protección  se  hubiese  dado  ,  y fue la Fiscalía, dentro de su particular arbitrio  investigativo,  la  que  dedujo,  por fuera de lo que la prueba enseña, que las  botellas  eran  de  uso  exclusivo de la Industria Licorera del Valle, limitando  una  denuncia   que iba encaminada, mejor, a determinar la materialización  de  un  delito  de  ejercicio arbitrario de actividad monopolística de arbitrio  rentístico y por ello consignaba varias actividades  atribuidas    al    allí    denunciado,    a    un   aspecto   si   se   quiere  secundario.   

        En  un plano lógico, si la prueba que dice el casacionista dejada  de  lado,  demuestra  un  hecho que en toda su extensión fue asumido cierto por  los  falladores,  eso por sí mismo elimina cualquier tipo de trascendencia a la  omisión,  si  se  hubiese  presentado y, sobra anotar, torna en insustancial el  cargo.   

        Ahora,      si     lo     que     pretende     el     representante  de la parte civil con la  frecuente  alusión a los documentos en cuestión, es significar que el fallador  erró  al  referenciar a los acusados ajenos al conocimiento de los mismos, ello  es  un  tópico  que  escapa  completamente  a la naturaleza y efectos del cargo  propuesto  y demandaba, asumida la discusión dentro del campo de la valoración  probatoria,  demostrar que se presentó algún tipo de vulneración a las reglas  de    la    sana    crítica    en   su   trípode   de   ciencia,   lógica   y  experiencia.   

        Como  esa  no  fue una labor que adelantase, aunque fuese de forma  somera,  el  impugnante, lo suyo, cual se anotó al inicio, no supera el estadio  de   la   simple   opinión   propia   del   alegato   de   instancia y ajena a la sede casacional.   

          En  suma, como la Sala no observa, del examen realizado a los fallos  y   el   trámite   procesal,  algún  tipo  de  violación  de  garantías  que  reclame   su intervención oficiosa y evidente se observa la impropiedad de  lo   alegado  por  el  recurrente,  necesaria  se  alza  la  inadmisión  de  la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

        INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   la   representación   de   la   parte   civil   en   el  presente  asunto.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Folio 2 del fallo de primer grado   

2  Párrafo segundo del folio 22 de la sentencia de primera instancia   

3  Párrafo 1 del folio 25 de la sentencia de primer grado.     

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