41731(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº 279  

Bogotá  D. C., veintiocho (28) de agosto de dos mil trece  (2013).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  Fabio      Izquierdo     Sánchez     contra  la  sentencia dictada por el Tribunal Superior de Cali el 29  de  abril  de 2013, confirmatoria de la proferida por el Juzgado  7° Penal  del  Circuito con Funciones de Conocimiento de la misma ciudad el 11 de abril de  2012,   que   lo   condenó   como  autor  de  la  conducta  punible  de  fraude  procesal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                  

1.  Los primeros  fueron  sintetizados  así  por  el juzgador de segunda  instancia:   

“Se  conocieron  a  través  de  noticia  criminal   instaurada   por  el  doctor  Gustavo  Adolfo  Montaño  Quintero  en  representación  del  señor  Julio  César  Correa  Olave, quien consideró que  Fabio  Izquierdo  Sánchez,  utilizó  unas  firmas  de  los  vecinos del barrio  ‘El  Cedro’   de   esta   ciudad  (Cali),  para  presentar  una  acción  popular ante el Juzgado 2° Administrativo, tendiente a  lograr    el    cierre   del   bar   ‘Cali     Club     Video’,  ubicado en la carrera 26 N° 8-61 de la citada localidad, cuando  dichas  firmas  fueron  recaudadas  con  otro objetivo, el cual era el cierre de  otros     establecimientos     comerciales    del    mismo    sector”.   

2.    Por  los     anteriores     acontecimientos,         la         Fiscalía   General   de   la   Nación  el    28  de febrero de  2010,  presentó  escrito  de  acusación      contra      Fabio     Izquierdo  Sánchez  por  la  conducta  punible  de fraude procesal.   

3.  El  Juzgado  Séptimo   Penal  del  Circuito  con  Funciones de Conocimiento de   Cali  el  11   de   abril        de       2012,   dictó   sentencia   de   primera  instancia,   en   la  que  condenó  al  acusado  a la pena principal de 72 meses  de  prisión,  multa  equivalente  a  200  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  periodo  de  5  años,  como  autor   de  la  conducta  punible  de  fraude  procesal.   

4.   Apelado  el    fallo    por   el  defensor,   el  Tribunal  Superior   de   Cali   el  29   de   abril  de 2013, al desatar el recurso, lo  confirmó.   

5.  Contra  la  anterior   decisión,   la  profesional   del   derecho   que   vela   por   las  garantías  de  Izquierdo  Sánchez   interpuso  recurso de casación.   

LA       DEMANDA    

La  defensa técnica, basada en las causales  segunda  y  tercera,  según  la  sistemática procesal reglada en la Ley 906 de  2004,   presenta  tres  (3)  reproches  contra  el  fallo  del  Tribunal,  cuyos  argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

Con  apego  a  la  causal  segunda, acusa al  Tribunal  de  haber  dictado  sentencia  en  un  juicio  viciado  de nulidad por  violación  del  derecho  de  defensa,  debido a que el defensor en la audiencia  preparatoria,  se  abstuvo  de  presentar  copia  de  la  sentencia  del  24  de  septiembre  de 2010, dictada por el Juzgado Segundo Administrativo de Cali sobre  la   acción   popular   en   la   que  presuntamente  se  indujo  en  error  al  funcionario.   

Dice que el citado profesional del derecho no  descubrió  igualmente  el  auto  113 del 16 de septiembre de 2009, que negó el  recurso  de  reposición y en subsidio de apelación, respecto de la inadmisión  de  la  prueba  tachada  de  falsa “que interpuso el  también  representante  judicial  de la víctima doctor Gustavo Adolfo Montaño  Quintero”.   

Comenta las consideraciones del Tribunal para  no  invalidar  la  actuación por violación del derecho de defensa, en cuanto a  que  no  se  advirtió actitud negligente del abogado al abstenerse de presentar  el  aludido  documento,  y  se  omitió  enseñar  la  trascendencia del aludido  vicio.   

En lo relativo con el último punto, reitera  que  no  lo  comparte,  habida  cuenta  que  la  trascendencia está ligada a la  relación  fáctica  y que el juzgador de primer grado no tuvo la oportunidad de  conocer,   entre  ella,  la  actividad  que  desplegaba  el  establecimiento  de  comercio,  conforme  así  se evidencia del informe del Director del Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  cuya  incorporación  fue  ordenada  por  el juez  administrativo,  para  lo  cual procede a  describir la composición de ese  Club.   

Argumenta que del citado informe también se  colige  que  la  autorización  expedida  para el funcionamiento del club estaba  condicionada  a que no debía generar ninguna clase de impacto ambiental urbano,  social y/o molestia a los vecinos.   

En esa medida, opina que la trascendencia del  vicio   “se   cae  de  su  mismo  peso”,  debido a que no se habría engañado acercar que el mencionado  club  “es  un  establecimiento  comercial  donde se  disfruta,   se   vende,   se   intercambia,   se   producen,   o   se   alquilan  videos…”.   

Respecto  del segundo documento, esto es, el  auto  113  de  16  de  septiembre  de 2009 del Juzgado Segundo Administrativo de  Cali,  y  que el defensor se abstuvo de descubrir, también estima que resultaba  importante   para  definir  el  proceso,  toda  vez  que  se  habría  concluido  “que la prueba de coadyuvancia no fue ilegal dentro  de  la  acción  popular  que  cursó  en  el juzgado administrativo”,  puesto  que  no  se  pretendió  cambiar  la  realidad  de los  hechos.   

Reconoce  que  el  acto  de  su defendido de  presentar  esas  rúbricas  con  el  encabezamiento  que  no  correspondía, fue  imprudente,  pero  a  la vez innecesario, “porque de  haber  presentado  esas firmas con el encabezamiento que correspondía, también  las  había  admitido  el  juez administrativo dentro de la acción popular y en  ningún    momento   su   actitud   fue   de   carácter   doloso…”.   

Argumenta  que de haber sido presentados los  citados  instrumentos, necesariamente el diligenciamiento se habría invalidado.  Además,  coloca  de  relieve  la  infracción del postulado de la lógica de no  contradicción.   

Segundo cargo  

Acusa  que  el  juzgador  incurrió en una  infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  un  error in iudicando que  afectó  el  debido proceso, por el manifiesto desconocimiento de las reglas que  gobiernan  la  producción  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha  fundado  la  sentencia.   

Estima que el medio de convicción en que se  basó  el  sentenciador,  en orden a fundar el compromiso penal del acusado, fue  obtenido  con  violación  de  las  normas  que  regulan el proceso de aducción  “y   validez   dentro   del   juicio  –error  de derecho por falso juicio de  legalidad,  y  me  refiero  a los documentos que fueron adjuntados a la denuncia  penal  presentada  por  el  doctor  Gustavo Adolfo Montaño, y con los cuales se  imputó,  se  acusó  y  se  condenó  a  Fabio  Izquierdo  Sánchez  como autor  responsable  del  delito de fraude procesal…”, esto  es,  el  auto número 099 de 9 de febrero de 2009 dictado por el Juzgado Segundo  Administrativo de Cali.   

Asegura que los mencionados instrumentos son  inanes  desde  el  punto  de  vista probatorio, toda vez que fueron aportados en  copias  simples,  “sin ningún reconocimiento de la  fuente  de  donde fueron expedidos y por lo tanto, carecen absolutamente de toda  presunción de autenticidad”.   

A continuación pasa a referirse al artículo  115  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  a  partir de lo cual insiste en la  ausencia de validez de esos documentos.   

Tercer cargo  

Denuncia  que  el  juzgador incurrió en una  violación  indirecta  de la ley sustancial, “por el  manifiesto  desconocimiento  de la apreciación de la prueba sobre la cual se ha  fundado  la  sentencia”, por error de hecho por falso  juicio de identidad.   

Particulariza que el yerro se cometió sobre  el  memorial de coadyuvancia a las pretensiones de su procurado cuando presentó  la  acción  popular ante el Juzgado Segundo Administrativo de Cali. Complementa  que  de  haber  sido  valorado  no  se  habría  tenido como prueba de cargo, en  relación  con  que  la misma evidencia la modalidad dolosa en el comportamiento  del  procesado,  bajo el supuesto que fue idóneo y eficaz para engañar a dicho  funcionario,   en   tanto   se   distorsionó   en   sus   alcances   reales   y  objetivos.   

Después  de   transcribir un fragmento  del  citado  instrumento,  dice  que  la  comunidad  reprocha  la existencia del  establecimiento   Cali  Club.  Además,  sostiene  que  si  el  acusado  hubiese  presentado  las  citadas  firmas  para  el  cierre de ese lugar, “lo  que  nunca  sucedió  y  que  temerariamente pretendiera que se  cierre  un  establecimiento  de  comercio  decente y que tiene visto bueno de la  comunidad,  caso  en  el que sí se podría predicar la idoneidad y capacidad de  inducir   en   error   al   funcionario   público   de   un  hecho  que  no  es  cierto”.   

Por lo expuesto, pide a la Corte invalidar la  actuación,  a  partir de la diligencia de formulación de imputación, en orden  a que se reponga la actuación con estricto apego a la legalidad.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación en la ley 906 de 2004  

         

De  conformidad  con  lo  establecido  en el  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, Código de Procedimiento Penal, el recurso  de  casación  es un mecanismo de control tanto constitucional (artículo 235-1)  como  legal  que procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia y  que  de  acuerdo  con  lo  señalado en el artículo 180 del mismo ordenamiento,  tiene   como   propósitos   alcanzar  (i)    la    efectividad    del    derecho   material,   (ii)   el   respeto   de  las  garantías  fundamentales,  (iii)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  y  (iv) la  unificación de la jurisprudencia.   

         

          Para  hacer  efectivo  el  cumplimiento  de  esos  objetivos,  en el  mencionado  régimen procesal, se dotó a la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  de facultades sustanciales al conferirle, ente otras, la  potestad  de superar los defectos de la demanda para decidir de fondo cuando los  fines  de  la casación, fundamentación de los mismos, posición del impugnante  dentro   del   proceso,   e   índole   de  la  discusión  planteada,  así  lo  ameriten.   

          Lo  anterior  no  implica,  sin  embargo,  que este mecanismo sea de  libre  configuración,  desprovisto  de  todo  rigor  y que tenga como finalidad  abrir  un  espacio  procesal  semejante  al  de las instancias para prolongar el  debate  respecto  de  puntos  que  han sido materia de controversia, pues por el  contrario,  dada  su  naturaleza  extraordinaria,  quien  acude  al  mismo  debe  ceñirse  a  determinados requerimientos sistemáticos basados en la razón y en  la  lógica  argumentativa, atinentes a la observancia de coherencia, precisión  y  claridad  en  el  desarrollo  de  cada  uno  de  los  reparos  efectuados,  y  desarrollados  conforme  a las causales de procedencia previstas en el artículo  181  del  ordenamiento  procesal,  en  aras  de persuadir a esta Corporación de  revisar   el   fallo   de   segunda   instancia,  con  el  fin  de  corregir  el  pronunciamiento que se revela contrario a derecho.   

         

          De  ahí  que el inciso 2° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  establezca  que no será admitida la demanda de casación, si el actor carece de  interés  para  acceder  al  recurso,  el  escrito  es infundado y, en términos  generales,  “cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso”, lo que puede presentarse  cuando  la  Corte  observe que los aspectos reprochados no tienen una incidencia  sustancial  en  relación  con  lo  decidido  en  el  caso concreto, o que puede  responder  a  los  planteamientos  del demandante sin recurrir a valoraciones de  fondo acerca de lo que ocurrió en la actuación.   

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación     de    las    causales    segunda     y    tercera    de  casación   

         1. En relación  con  la  acreditación  de la causal de nulidad, si bien la Sala ha dicho que es  menos  exigente  que  la  demostración de las otras, lo cierto es que impone al  demandante  proceder  con  precisión, claridad y nitidez a identificar la clase  de  irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el límite de la actuación a  partir   del   cual   se  produjo  el  vicio,  así  como  la  cobertura  de  la  nulidad.   

Así  mismo, al libelista compete evidenciar  que  procesalmente  no  existe manera diversa de restablecer el derecho afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar que la anomalía denunciada tuvo injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

          2.  Respecto  de  la  infracción  indirecta  de  la ley sustancial,  destáquese  inicialmente  que  se  está  aceptando  que  el error del juzgador  ocurrió  de  manera  mediata,  es decir, en la elaboración del juicio de hecho  derivado  de  errores  en  la  apreciación  de  la  prueba,  falencia que se ve  reflejada en la aplicación del derecho.   

En   el   plano  de  la  postulación,  al  casacionista  corresponde enseñar en qué consistió el yerro de estimación de  la  prueba,  es  decir,  si  fue  de  hecho o de derecho, como también el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Y  por último, evidenciar cómo incidió en  la  aplicación del derecho, en la medida en que se seleccionó una norma que no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó otra que sí resolvía todos  los extremos de la relación jurídico procesal.   

Calificación de la demanda  

La  demanda  de  casación  incumple  los  presupuestos  de  lógica  y  debida formulación, en orden a ser postuladas las  censuras. Veamos:   

Respecto del primer  cargo  que  el  censor  funda  por  el  sendero  de la  nulidad,  basado en la ausencia de defensa técnica, debido a que el profesional  del  derecho  que velaba por los intereses del procesado se abstuvo de presentar  copia  de  la sentencia proferida por el Juzgado Segundo Administrativo de Cali,  fechada  el  24 de septiembre de 2010 que decidió la acción popular y del auto  número  113  del  16  de  septiembre de 2009, por medio del cual se negaron los  recursos  de  reposición  y  apelación, se quedó en el simple enunciado, toda  vez  que  los  argumentos  no  evidencian  cómo  de  haber sido incorporados al  trámite  los  aludidos instrumentos, necesariamente el fallo habría favorecido  los intereses del procesado.   

Recuérdese  que cuando se alega la nulidad  por  omisión probatoria de la defensa, al casacionista compete enseñar que los  elementos  de conocimiento omitidos en dicha actividad eran admisibles, conforme  a  las  reglas de pertinencia, conducencia y utilidad de la prueba, en relación  con    el   objeto   del   proceso   y   el   convencimiento   del   funcionario  judicial.   

Cumplido el anterior presupuesto, en aras de  evidenciar    la    trascendencia   del   desacierto,   resultaba   lógica   la  confrontación,  desde  el punto de vista de la credibilidad, de estas probanzas  con  las que se apoyó el juzgador, en orden a inferir la inexistencia del hecho  y el compromiso penal del acusado.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,   la  actividad  fundamentadora  el  censor  la  dedicó  a  predicar  su  inconformidad  con  los  argumentos  expuestos  por  la  Corporación de segunda  instancia  para  abstenerse  de  declarar  la  invalidez de lo actuado, bajo los  mismos supuestos de esta censura.   

Ese  particular  desarrollo,  advierte  que  resulta  inapropiado  argumentar  que  el  ejercicio  desplegado  por el abogado  censurado  fue  negligente  y que se omitió enseñar la trascendencia del yerro  cuando  se  propuso  la  nulidad en la instancia, puesto que el fundamento de la  irregularidad  lo  hizo consistir en informar que el fallador de primer grado no  tuvo   la   oportunidad   de   conocer   un   informe  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  elemento de juicio que indicaba la verdadera actividad del Club  Cali  y  que  para  su  funcionamiento,  se regló que no podía generar ninguna  clase de impacto ambiental, social o molestia para los vecinos.   

Así  mismo,  considera  que con la segunda  providencia  que no fue descubierta, se habría concluido en que la prueba de la  “coadyuvancia” fue legal  dentro  del  trámite  de  la  acción  popular que adelantó el Juzgado Segundo  Administrativo  de  Cali.  Es  más  trasgrediendo  la  ley  de la lógica de no  contradicción,  seguidamente  acepta  que fue un desacierto del acusado allegar  las citadas firmas con el encabezamiento censurado.   

En esa medida, la Sala desconoce cómo esos  hechos  que  se  pretendían  acreditar  con  las  providencias echadas de menos  tenían  la  fuerza  demostrativa suficiente para desquiciar el fallo de segunda  instancia y por tanto, desvirtuar el compromiso penal del acusado.   

Frente  a  este punto, vale recordar que el  reproche  penal  contra Izquierdo Sánchez, derivó no de la presentación de la  acción   popular,   sino  que,  como  lo  adujo  el  Tribunal,  “con  la  aducción de la prueba espuria, dado que fue admitida como  consta  en  el  Auto N° 099 proferido por el Juzgado Segundo Administrativo del  Circuito  de  esta  ciudad  el  día  9 de febrero 2009, es decir, que desde ese  momento  hizo suponer al juzgador un hecho que no es cierto y sin bien ello pudo  ser  desvirtuado  en  el  decurso  procesal,  la  norma  sanciona: la ejecución  (presentación  del documento), su idoneidad para inducir en error (prueba de la  coadyuvancia)  y  no  el  resultado  (la  decisión  del  funcionario  judicial,  llámese ,esta fallo o sentencia)”.   

Por tanto, carece de asidero la petición de  invalidez  de  lo  actuado  que  postula el casacionista, por el hecho de que la  defensa  técnica  se  abstuvo  de  descubrir  dos  providencias adoptadas en el  proceso  administrativo, toda vez que éstas resultaban inanes, en relación con  la actividad probatoria desplegada al interior del proceso penal.   

En    lo   relativo   al   segundo  cargo  en  el cual se postula una  infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de derecho por falso  juicio    de    legalidad,   tampoco   se   encuentra   debidamente   formulado.  Veamos:   

         Al  respecto vale reiterar que el error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad se expresa de dos formas, a saber: la  positiva,  cuando se le otorga valor probatorio a la probanza ilegítima bajo la  creencia  equivocada  de  haber  sido  aducida en el proceso con el lleno de los  requisitos  legales  que condicionan su validez; y la negativa, cuando se ignora  el  mérito  suasorio  de  la  prueba  lícita,  en  el  equívoco  de que en su  práctica  e  incorporación  al  trámite  dejaron  de cumplirse las exigencias  previstas en la ley.   

En  su  postulación, al censor corresponde  individualizar  el medio de convicción sobre el cual predica el vicio, señalar  las  disposiciones  que  imponen requisitos en su aducción o la inexistencia de  los  exigidos  por  el  fallador para su ponderación, precisar las formalidades  que  no  fueron  observadas  o  su  acatamiento  en  el caso de ser requeridas y  demostrar su trascendencia en el fallo.   

De  acuerdo con los argumentos expuesto por  el  libelista,  la  Sala  infiere  que  su  inconformidad  la  edifica  sobre el  argumento  consistente  en  que  el juzgador apreció unos documentos que fueron  allegados  al  proceso  sin  los requisitos que condicionan su validez, en tanto  fueron    incorporados    en    copias   simples,   esto   es,   “sin    ningún   reconocimiento   de   la   fuente   donde   fueron  expedidos”   y   por  tal  motivo,  carecen  de  la  presunción de autenticidad.   

Si  bien  es  cierto,  el actor señaló el  medio  de  convicción que califica como indebidamente apreciado, también lo es  que  omitió  demostrar  la  veracidad  de  su  denuncia,  así como también la  puntual  trascendencia  del  desatino,  en relación con las plurales decisiones  adoptadas en el fallo.   

En  lo  que  se  podría  entender  como la  fundamentación  del  reproche,  el  libelista únicamente cita el artículo 115  del  Código  de Procedimiento Civil, pero se abstuvo de enseñar cuáles fueron  los  supuestos  de  la  norma  incumplidos al incorporarse las citadas copias al  diligenciamiento de carácter penal.   

Así mismo, pasó por alto la obligación de  demostrar  cómo  de  haber  sido  excluido  el enunciado elemento de juicio, el  fallo  habría sido absolutorio para el procesado, acto en el cual correspondía  tener  en  cuenta  los  demás  medios  de  convicción  en  que  se  apoyó  el  sentenciador,  en  orden  a  dar  por  acreditada  la  existencia del hecho y el  compromiso penal de Izquierdo Sánchez.   

De otro lado, resulta imperioso destacar que  el  juzgador  de  segundo  grado  se  apoyó  en  plural  prueba  testimonial  y  documental  que  fue  ofrecida  por la Fiscalía y la defensa, para dilucidar la  responsabilidad del acusado frente al delito de fraude procesal.   

En   esa  medida,  ante  los  mencionados  incumplimientos,     deviene     necesariamente    la    inadmisión    de    la  censura.   

En   lo   que   atañe   al  tercer  cargo  que el libelista igualmente  presenta  por la vía de la infracción indirecta de la ley sustancial por error  de  hecho  por falso juicio de identidad, incumple los presupuestos de lógica y  debida  fundamentación,  puesto  que  los  argumentos  se  quedaron cortos para  demostrar   el   desatino  en  la  apreciación  del  memorial  de  coadyuvancia  fundamento de la acción popular.   

En  primer  lugar,  vale  reiterar  que  se  incurre  en  el error de hecho por falso juicio de identidad, cuando el fallador  en  la  apreciación  de  la  prueba  le hace decir lo que ella objetivamente no  reza,  erigiéndose  en una tergiversación o distorsión por parte del juez del  contenido  material  del medio probatorio, bien porque se le coloca a decir más  de  lo  que  encierra  o  haciéndole expresar menos de lo que el texto dice; de  ahí  que  sea  indispensable  acreditar lo que el elemento de juicio demuestra,  para  derrumbar  la  equivocada  conclusión  que  en  relación con el medio de  prueba contiene el fallo atacado.   

Si  lo  anterior  es  así, resulta lógico  advertir  que  la actividad fundamentadora de la censura debe estar encaminada a  demostrar  en  qué consistieron las tergiversaciones del contenido objetivo del  medio  de  convicción,  al  punto  que  se derivó una verdad que no emerge del  texto  del  elemento  de conocimiento, así como también su trascendencia, bajo  el  entendido que de haber sido apreciado correctamente, otras habrían sido las  consecuencias jurídicas de la sentencia.   

En este puntual aspecto, el censor dirige su  hipótesis  casacional  en  procura de acreditar la ausencia de los ingredientes  del  tipo  de  fraude  procesal, en la medida en que el aludido documento no fue  idóneo y eficaz para engañar al juez administrativo.   

Es decir, resulta evidente que el libelista  en  vez  de  enseñar  a  la Corte en qué consistieron las tergiversaciones del  contenido  objetivo  de  la prueba, presenta personales inferencias respecto del  mérito probatorio que ha debido dársele al citado documento.   

En tales condiciones, deviene necesariamente  la inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  cuyo  trámite  fue  señalado  en auto del 12 de diciembre de  2005, adoptado en el radicado 24322.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,   SALA   DE  CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

          INADMITIR   la  demanda de casación presentada  por        el  defensor de Fabio Izquierdo  Sánchez.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos  precisados  atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                                                FERNANDO      ALBERTO     CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                                       GUSTAVO E.  MALO FERNANDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                                JAVIER     DE   JESÚS   ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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