41653(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Aprobado Acta N° 279.  

Bogotá,  D.C.,  veintiocho (28) de agosto de  dos mil trece (2013).   

V I S T O S  

Con  el  fin de establecer si se reúnen las  exigencias  formales  previstas  en  el  artículo  212  de  la Ley 600 de 2000,  examina  la  Corte la demanda de casación presentada por el defensor de RICARDO  BAYONA  LÓPEZ, en contra de la sentencia de segundo grado proferida por la Sala  Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué (Tolima), el 28 de  febrero  de  2013,  mediante la cual confirmó la que emitió el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado Adjunto de la misma ciudad, el 31 de mayo de  2012,  condenando  al  mencionado  procesado,  como  responsable  del  delito de  extorsión  agravada, a las  penas  principales  de  13  años  de prisión y multa por el equivalente a 3200  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y  a la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo término.   

H E C H O S  

Sucedidos  en  Ibagué (Tolima), en el fallo  recurrido se narran de la siguiente forma:   

“Ocurrieron    en    esta    capital,  aproximadamente  desde las siete de la mañana (7:00 a.m.) del día 7 de octubre  de  2002,  cuando a la residencia de ARNULFO SANABRIA MAPE y de su esposa MARÍA  EUGENIA   ORJUELA  DE  SANABRIA,  ubicada  en  la  calle  75  No.  5A-16  de  la  Urbanización  Las Margaritas, arribó el abogado externo de la sociedad empresa  Arroz  Marfil, RICARDO BAYONA LÓPEZ, en compañía de una mujer que simuló ser  funcionaria  del Cuerpo Técnico de Investigación C.T.I., manifestándole a los  moradores  de  manera  conjunta  que  existía una orden de captura en contra de  SANABRIA  MAPE,  expedida  por  la Fiscalía 41 Seccional de Buenaventura-Valle,  dentro  de un proceso penal que se le seguía por un delito contra el patrimonio  económico,  en  el cual presuntamente éste se había apoderado de un poco más  de  ochenta  millones  de  pesos  ($80’000.000.oo),  cuando era vendedor de la Sociedad Arroz Marfil en la  zona del pacífico Colombiano.   

BAYONA   LÓPEZ   y   su   acompañante,  constriñendo  a  ARNULFO  SANABRIA  MAPE y a su esposa, lograron que éstos, so  pena  de  hacer  efectiva  la  orden de aprehensión, suscribieran un acuerdo de  pago  y  un  pagaré  con  su  carta  de instrucciones con el fin de soportar el  dinero  adeudado  a  Arroz  Marfil  Fernández Restrepo y CIA S.C.A. La firma de  esos  documentos se hizo sobre el medio día en la Notaría Tercera del Círculo  de Ibagué.   

A su vez, al profesional del derecho se hizo  entrega  de  un  vehículo  marca  Mazda  avaluado  en  ocho  millones  de pesos  ($8’000.000.oo).   

Con  los  anteriores  títulos  valores, el  abogado  BAYONA  LÓPEZ,  como  apoderado  de  Arroz  Marfil,  presentó demanda  ejecutiva  singular  ante  el  Juzgado  Quinto Civil del Circuito de Ibagué, en  donde  se decretó el embargo y posterior secuestro del inmueble de propiedad de  María  Eugenia  Orjuela  de  Sanabria,  mismo  en el cual residían, actuación  dentro  de la cual, se dispuso la prejudicialidad penal, hasta que se profiriera  decisión de fondo en el presente asunto”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Por  los  hechos  anteriores,  la  Fiscalía  Tercera   Especializada   de   Ibagué   (Tolima)   dispuso   la   práctica  de  investigación previa, el 21 de julio de 2003.   

Con  resolución del 21 de julio de 2004, su  homóloga   Sexta  Seccional  ordenó  la  apertura  de  la  instrucción  y  la  vinculación  de RICARDO BAYONA LÓPEZ, quien rindió indagatoria el 22 de abril  de 2005.   

Clausurada la fase instructiva el 3 de marzo  de  2006,  la Fiscalía calificó su mérito el 3 de mayo siguiente, profiriendo  resolución  de acusación en contra de BAYONA LÓPEZ por la conducta punible de  constreñimiento          ilegal.   

El  conocimiento  de  la  etapa  de la causa  correspondió  al Juzgado Segundo Penal del Circuito de esa ciudad, despacho que  luego  de  realizar la audiencia preparatoria, el 23 de agosto del mismo año, y  dos  sesiones  de  la  diligencia  pública  de  juzgamiento, el 24 de noviembre  posterior  y  el  12  de julio de 2007, atendió favorablemente la petición del  ente  instructor  de declararse incompetente y remitir el proceso a los Juzgados  Penales  del  Circuito  Especializado de Ibagué, al considerar que se procedía  por    el    ilícito    de   extorsión.   

Así las cosas, el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  Especializado  de  esa  ciudad  asumió  el conocimiento y declaró la  nulidad  desde  el  cierre  del  ciclo  investigativo,  el  31  de  diciembre de  2007.   

En   tal   medida,   la   Fiscalía  Sexta  Especializada  de  Ibagué  retomó  la  investigación,  en el curso de la cual  admitió   la  demanda  de  constitución  de  parte  civil  promovida  por  las  víctimas,  el  26  de  mayo  de  2008; escuchó nuevamente en injurada a BAYONA  LÓPEZ,  el  11  de  junio  de 2008; le resolvió la situación jurídica con la  aplicación  de  medida  de aseguramiento de detención preventiva sin derecho a  libertad  provisional,  por  el  delito  de extorsión  agravada,   el   25   de  junio  de  20101;  y  vinculó  como  tercero  civilmente  responsable  a  la  empresa  Arroz  Marfil Fernández  Restrepo y CIA. S.C.A., el 29 de diciembre posterior.   

Entre  tanto,  el ente instructor finiquitó  nuevamente  la etapa instructiva y el 22 de diciembre de esa anualidad acusó al  procesado  BAYONA  LÓPEZ  como  autor  de  la  conducta punible de extorsión  agravada,  tipificada  en los  artículos  244  y  245,  numerales  6° y 8°, del Código Penal, modificado el  primero por el artículo 5° de la Ley 733 de 2002.   

La  providencia calificatoria fue confirmada  por  la  Fiscalía  Cuarta  delegada  ante  el  Tribunal Superior de Ibagué, en  decisión de segunda instancia del 18 de febrero de 2011.   

Reasumida  la fase del juicio por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado de esa ciudad, el 6 de mayo y 15 de  julio   del   mismo  año  llevó  a  cabo  las  audiencias  preparatoria  y  de  juzgamiento, respectivamente.   

Luego,  el  31  de  mayo  de  2012,  dictó  sentencia  declarando  la  responsabilidad penal de BAYONA LÓPEZ en el ilícito  por  el  cual  se  le  acusó  judicialmente.  Le  impuso,  en consecuencia, las  sanciones  reseñadas en la parte inicial de este proveído, lo condenó a pagar  el  equivalente  a  30 salarios mínimos legales mensuales vigentes por concepto  de  perjuicios,  y  le  negó  los  beneficios  sustitutivos  de  la suspensión  condicional de la ejecución de la pena y prisión domiciliaria.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Ibagué  lo  confirmó  íntegramente,  mediante  sentencia  del  28  de  febrero  de  2013, la cual fue  oportunamente recurrida en casación por el mismo sujeto procesal.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Con  fundamento  en  el  numeral  1°  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000, ocho cargos postula el defensor de RICARDO  BAYONA  LÓPEZ en contra de la sentencia del Tribunal, los cuales agrupa en tres  capítulos, que desarrolla de la siguiente manera:   

1.  Violación  directa de la ley sustancial  por interpretación errónea.   

Aunque  el casacionista parte por aceptar lo  hechos,  la  valoración probatoria y la norma seleccionada -artículo 244 de la  Ley  599  de  2000-,  afirma  que  la interpretación de dicho precepto resultó  errónea,  ya  que  el  juzgador  dotó  de  contenido  y alcance equivocados al  elemento del tipo referido a la conducta o verbo rector.   

Así,  tras  distinguir entre los delitos de  mera    conducta    y   de   resultado,   explica   que   el   de   extorsión   pertenece   a   la  primera  especie,  es  decir,  se  verifica con el desarrollo de la conducta “constreñir”,   que   tal  como  se  consagra    en    el    citado    precepto,    permite   señalar   “que  no  se consuma por alcance del provecho para el agente, que  de     suyo,     es     un     elemento     subjetivo    del    tipo”.   

Lo  anterior  lo  refuerza  el  demandante  trayendo  a colación la noción el término, apoyado en citas doctrinales, para  luego  aseverar que aunque el Tribunal adecúa típicamente el comportamiento al  delito   de   extorsión,  “creyendo que se trataba de un constreñimiento que  utilizó  para  su  perfeccionamiento  una  falsa  orden  de captura”,  de  sus  expresiones,  las  cuales cita, se desprende que más  bien   consideró  un  “engaño  insuperable  o  la  astucia”  como  medios  para coaccionar, imprimiendo  así  una  definición  y alcances que la norma no tiene. De ahí que si hubiese  interpretado    correctamente   la   disposición   seleccionada,   “comprendiendo  la  estructura del tipo, y el concepto, contenido  y  alcance  del  verbo  rector”, la decisión habría  sido absolutoria para su representado.   

2.  Errores  de  hecho por falsos juicios de  existencia.   

2.1.  Respecto del  documento  contentivo  de  la  denuncia  escrita  formulada por Arnulfo Sanabria  Mape.   

Dice  el  memorialista  que  el Ad        quem       “ignoró  identificar  y  valorar”  este  medio   de   prueba   con   el   que  se  inicia  la  foliatura,  practicado  el  “7    de   octubre   de   2010”,   y  de  cuyo  contenido,  apreciado con otros elementos de juicio, se  desprende   que   “la  existencia  del  injusto  de  extorsión   y   la   culpabilidad   del   mismo,  no  existieron”.   

En  orden a fundamentar su censura, menciona  que  en  ese  acto  Sanabria  Mape  dice  que  el  sindicado  BAYONA LÓPEZ y su  acompañante  acudieron  a  su  casa el 8 de octubre de 2002, cuando en realidad  ello  ocurrió  el  7  anterior; y que además guardó silencio sobre el proceso  adelantado   por   hurto   en  su  contra  por  la  Fiscalía  41  Seccional  de  Buenaventura, del cual se allegó copia a la actuación.   

Entonces, para el impugnante es claro que si  Sanabria  Mape  denunció  el  hecho un año después, no fue porque se sintiera  víctima  de  una extorsión,  sino  para  conjurar  ese  sumario  penal  e  impedir  el  remate de un inmueble  familiar  en  trámite  civil  que  igualmente  se  le  adelantaba. Lo anterior,  agrega,  se deduce de la diligencia de indagatoria y del memorial que allegó su  defensor  pidiendo la emisión de resolución inhibitoria ante el instructor, al  tiempo  que  solicitó  y  obtuvo  la  suspensión  del proceso civil, aduciendo  prejudicialidad.   

Del  mismo  modo, le reprocha al denunciante  que  haya  guardado  silencio  sobre  la  firma  del acta de conciliación, acto  jurídico  con  el que se pretendía solucionar la apropiación por la que se le  denunció penalmente.   

Por lo anterior, el recurrente insiste en que  el  objeto  de  la  denuncia  apuntaba a contrarrestar los efectos de esos otros  procesos,  pues,  ello  se desprende de la regla de la experiencia acorde con la  cual  su  intención  era  “mudar  su condición de  demandado  y  denunciado  por la de víctima”, ya que  bajo    “una    mínima    lógica”,  le  era  menos  costoso construir un proceso penal para salvar el  patrimonio  familiar, que someterse a un remate; y porque la experiencia enseña  que  si  una  persona es víctima de un delito, lo comunica inmediatamente a las  autoridades,  “y  no  un  año  después, cuando es  evidente    que    las    consecuencias    lesivas    de   este   pueden   haber  desaparecido”.   

En   suma,   de   haberse  “verificado   la   existencia”  de  esta  prueba,  la  conclusión  apuntaría a que no se configuró el injusto y como no  ocurrió  así,  se  violó  el  artículo  9°  del Código Penal, “que  señala  como  condición para la existencia del delito, la  necesidad de una acción imputable”.   

2.2.  Respecto del  memorial  mediante  el  cual  el  abogado  Enrique  Holmez  Vanegas solicitó la  emisión  de  resolución  inhibitoria, en el trámite adelantado contra Arnulfo  Sanabria Mape en la Fiscalía 41 Seccional de Buenaventura.   

En  ese  escrito,  precisa  el  censor,  se  sustenta  la  petición  de  inhibición  con  el acuerdo firmado con la empresa  denunciante,   el   cual   es   referido   allí   como  un  negocio  comercial,  demostrándose    así    que    no   existió   el   delito   de   extorsión  ni  la culpabilidad, toda vez  que  se  trataba  de  una  estrategia  del  profesional para terminar el proceso  penal,  que  además  se  corrobora  con  los  demás elementos de juicio, entre  ellos, la declaración de María Eugenia Orjuela de Sanabria.   

En  sustento  de  su aserto, a continuación  construye   una   regla   de   la   experiencia  según  la  cual,  “en  el  ámbito del derecho diría que todo abogado extiende una  consulta  considerando las consecuencias posteriores del actuar jurídico, desde  luego  en beneficio del cliente”. Por lo tanto, si el  Tribunal  hubiese  hecho  esta consideración, habría concluido la inexistencia  de la conducta punible.   

2.3.  Respecto del  documento  contentivo  del  auto  del  15  de junio de 2005, mediante el cual el  Juzgado   Quinto   Civil   del   Circuito   de  Ibagué  dispuso  suspender  por  prejudicialidad  el  proceso  ejecutivo  promovido  por  la empresa Arroz Marfil  Hernández y CIA S.C..A. en contra de los esposos Sanabria Mape.   

Para el libelista, la valoración conjunta de  este  documento  con  otros  elementos  de  convicción, determina igualmente la  inexistencia  del  delito  de  extorsión  y  la  culpabilidad, toda vez que deja en evidencia que se trataba  de  una  estrategia para postrar el proceso civil a su inactividad y salvar así  el  inmueble  familiar,  próximo  a  ser rematado, logrando así lo que no pudo  obtenerse    por    la    vía   de   las   excepciones.   Estas   conclusiones,  manifiesta,   “se   sirven   de   máximas  de  la  experiencia  como:  muchos  procesos  civiles  se  suspenden  por la dependencia  causal  de  los  procesos penales, situación prevista en la ley”.   

Insiste,  entonces, en que la desatención a  la  existencia  de  esta  prueba  condujo,  como  en los casos precedentes, a la  violación del artículo 9° ya citado.   

2.4.  Respecto del  acta      de     conciliación     parcial     de     obligación     económica  extraprocesal.   

Denuncia  el  actor que el fallador dejó de  valorar  esta  actuación  celebrada  el  7  de octubre de 2002 ante la Notaría  Tercera  de  Ibagué, en la que constan los términos del acuerdo a que llegaron  Sanabria   Mape   y   BAYONA   LÓPEZ   para  solucionar  el  endeudamiento  del  primero.   

Como  dicha diligencia constituye un negocio  jurídico  lícito propio del derecho privado, su análisis con los elementos de  convicción  ya mencionados, permite concluir la inexistencia del delito y de la  culpabilidad,   pues,   en   sana   crítica   se   diría  que  “con  el  principio  lógico de no contradicción, desde su versión  ontológica  que  nada  puede  ser  y  no  ser  al  mismo  tiempo  y en el mismo  sentido”.   

Así, insistiendo en que todo obedeció a una  estrategia  para  detener  el  proceso  civil, el defensor vuelve a acusar a las  instancias de haber desconocido el artículo 9° del Código Penal.   

3.  Errores  de  hecho por falsos juicios de  identidad.   

3.1. Respecto de la  denuncia    y    posterior    ampliación,   rendidas   por   Arnulfo   Sanabria  Mape.   

Critica el casacionista que el Tribunal haya  utilizado  dichas diligencias como prueba de cargos, citando apartados de lo que  objetivamente  se  dice  en  ellas  para  inferir  la  existencia de la conducta  extorsiva,  coadyuvado  por otros hechos y testimonios con los que determina que  efectivamente Sanabria Mape fue víctima de una coacción.   

Aunque dicho examen, del cual transcribe un  apartado,  dice  apoyarse  en una sana crítica, no apela a ningún postulado de  la  experiencia,  lógico o científico, “por lo que  la   deriva   del  discurso  no  podía  encontrar  resultado  distinto  que  la  confirmación      de      la      sentencia     de     instancia”.   

En refuerzo de lo anterior, el demandante se  refiere   indistintamente   a   la  distorsión  o  el  cercenamiento  de  dicha  testificación,  de  la  cual transcribe dos fragmentos para resaltar que aunque  el  declarante “no recuerda haber observado la orden  de  captura,  como  que  le  hubieran entregado copia de la misma”,  el fallador “dice que sí observó al  orden  (sic) de captura”; y  como  si  fuera  poco, aunque el deponente dice que se  dio  cuenta  que  la  orden  era  falsa  a  raíz  de  la llamada que hizo a los  teléfonos  suministrados por el abogado BAYONA, el juzgador sostiene que eso lo  averiguó posteriormente en la Fiscalía Seccional de Buenaventura.   

En  síntesis,  si  la prueba en comento se  hubiera  analizado  a  la  luz  de  la  sana  crítica  teniendo  en cuenta esas  contradicciones,  y  además  en  conjunto con los testimonios de María Eugenia  Orjuela  de  Sanabria  –con  el  cual  no  es coherente, dice más adelante-, Armando Ávila y Enrique Holmez  Vanegas,  se habría concluido que no hay soporte sobre el hecho constitutivo de  extorsión, en tanto, no se  verificó   la   existencia   de  la  orden  de  captura.  Desdibujado  así  el  constreñimiento,   es   claro  que  con  la  confirmación  de  la  condena  se  infringieron los artículos 9, 10 y 244 de la Ley 599 de 2000.   

3.2. Respecto de la  declaración de María Eugenia Orjuela de Sanabria.   

Denuncia el memorialista que sin atender la  sana  crítica,  el  Ad quem  tomó  extractos  de este testimonio para obtener la certeza sobre la existencia  de  la  coacción,  “que  como  medio  llevó  a la  extorsión,  lo  que  devino  en  la  confirmación de la condena”.   

Para sustentar lo aseverado, dice remitir a  las  consideraciones  que  se  hicieron  en el anterior reparo y trasunta varios  apartados  de  la  deponencia,  con el objeto de ratificar que nunca se exhibió  una  orden  de  captura, que BAYONA LÓPEZ y su acompañante se asustaron cuando  supieron  que  pedirían  asesoría,  y  que  si  firmó  un  documento  lo hizo  atendiendo  el  consejo  profesional  del  abogado  Holmez  Vanegas,  que sí la  observó y le aseguró que así saldrían del problema.   

Para  terminar,  el impugnante consigna sus  propias  conclusiones  probatorias,  acorde  con  las cuales el constreñimiento  nunca  existió  y  los  testimonios  de  los  cónyuges  no guardan coherencia,  denotando  así  que  faltaron a la verdad. De ahí que no habiéndose realizado  el  verbo  rector,  la  conclusión  es  la  misma  que  en el caso anterior: la  inexistencia  del  delito  y  la  vulneración  de las citadas disposiciones del  Código Penal.   

3.3. Respecto de la  declaración del abogado Enrique Holmez Vanegas.   

Cuestiona  el recurrente que el juzgador de  segundo  grado  haya  citado  en  varias ocasiones de su fallo a este declarante  para   respaldar   los  testimonios  de  las  víctimas,  dejando  de  lado  que  objetivamente  del  mismo se extracta que no existió constreñimiento alguno ni  determinación de la voluntad de Sanabria Mape.   

Lo anterior desdice del medio coactivo para  la   realización   de   la   extorsión,  pues,  en  sana  crítica  se  diría  “que  si  un abogado, como profesional del derecho,  rinde  testimonio sobre un hecho que presenció, y del que tuvo cuenta por haber  intervenido  como  asesor,  su  dicho  será objetivo respecto del conflicto que  atendió”.   

Para  demostrar  su aseveración, el censor  trae  a  colación  varias de las repuestas de Holmez Vanegas, destacando que no  habla  de  coacción,  constreñimiento,  intimidación,  determinación  o algo  similar,  fuera  de  que no identifica la orden de captura, ni verifica la misma  en  manos  de  la  supuesta funcionaria de la Fiscalía. Y si a ello se suma que  con  el  memorial  que  presentó ante la Fiscalía 41 Seccional de Buenaventura  solicitando  la emisión de resolución inhibitoria, se demuestra que se trataba  de  una  estrategia  para culminar el proceso penal, es clara la inexistencia de  ese  elemento  del tipo, lo cual refuerza la denunciada violación de las normas  anteriormente invocadas.   

Pide,  para  terminar,  que  se  case  la  providencia   demandada,   para   en   consecuencia   emitirse   “la             sentencia             correspondiente”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Múltiples  falencias  se  detectan  en  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de  RICARDO  BAYONA  LÓPEZ,  la cual se  caracteriza  por  la  profusión  en  la  definición  de  los  supuestos yerros  atribuidos  al  Tribunal.  Y  si  se  conoce  que  por  razón  de su naturaleza  extraordinaria,  el  recurso  de casación implica verificar la materialización  de  una  flagrante  violación,  grave y evidente que faculta derrumbar la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  que  llega revestida la sentencia de  segunda  instancia,  ya  se  ofrece  bastante  discutible  significar que un tal  comportamiento  defectuoso  y  violatorio  de  la  ley  sustancial  irradió  la  evaluación    jurídico    probatoria    del    Ad  quem,  facultando  significar errores protuberantes de  hecho  respecto  del  grueso  de  los  elementos  de  convicción allegados a la  encuesta.   

La  profusión argumental en la demanda, se  significa  desde  ya,  hace  ver  que lejos de confeccionar un cargo concreto de  inescapable  violación,  el  libelista  busca  hallar  un escenario adecuado, a  manera  de  tercera  instancia, para facultar introducir su particular análisis  de  lo  arrojado  por  las  pruebas,  en  contravía  de  lo  contemplado  en la  providencia atacada.   

Son, como se dijo, 8 cargos desarrollados en  3  capítulos,  los  cuales  serán  respondidos  a  continuación,  en el orden  propuesto por el actor.   

1.  Violación directa de la ley sustancial  por interpretación errónea.   

El defensor toma a su amaño dos frases del  fallo  del  Tribunal,  para  acusarlo  de  haber  interpretado  erróneamente el  artículo  244  del  Código  Penal  que  tipifica  el  delito  de  extorsión,  pues,  utiliza  expresiones  como  “engaño insuperable o la astucia”   para   derivar   el  constreñimiento  inserto  en  la  norma,  imprimiéndole así una definición y alcances que no tiene.   

Pero  no  es  esa  selección  acomodada  y  fragmentaria     el    único    yerro    en   que   incurre   el    demandante,    quien   además    de    incumplir    la    obligación   de   dar  a  conocer y confrontar los  argumentos  completos  que  esgrimieron  los  falladores  para  concluir    estructurada  la      conducta  punible           de           extorsión,      omitió   realizar   un  exhaustivo  análisis  jurídico  sobre el ilícito  en  comento,  dado que acá  la  discusión  es de puro derecho, teniendo en cuenta  la vía de ataque casacional optada.   

No  bastaba, entonces, con exteriorizar su  desacuerdo  y  sustentar  su  postura con afirmaciones  genéricas  acerca  de  lo  que  debe  entenderse por  “constreñir”,  pues,  un  planteamiento en estos  términos,        insiste        la       Sala2,         desconoce  que  en la violación directa  el  memorialista debe tomar  el  texto  de  la sentencia y sobre su construcción, sin referirse a los hechos  establecidos,  los cuales debe aceptar a plenitud, mostrar el error de juicio en  que  incurrió  el  sentenciador, fenómeno que no acontece en el evento que nos  ocupa,   en   tanto   cita   como   fuente  de  sus  aseveraciones  dos  frases  que elige a su arbitrio, con  desprendimiento  de  los razonamientos y relaciones argumentativas contenidas en  la   sentencia,   por   manera   que  el  ataque  resulta  ininteligible  y,  en  consecuencia,  se demanda imperiosa su desestimación, ante la falta de claridad  y precisión en su indicación, exposición y fundamento.   

Y  es  que  la  omisión   de  transcribir  completamente     lo     disertado     por     las  instancias   impide   a   la   Corte   conocer   el  contenido  íntegro  de las  disquisiciones   de  los  juzgadores  y,  en especial, la forma en que abordaron el análisis de la figura  delictiva por la que finalmente condenaron al procesado.   

En   tal   forma,   si  se  atuviera  la  Sala  a  las aseveraciones  convenientemente  escogidas  por  el  impugnante,  parecería  claro  que  el  juzgador de segundo grado hizo  derivar  el elemento constreñimiento inserto en el tipo, de acciones que apenas  configuran      “engaño      insuperable     o  astucia”,  soslayándose   que   en  la  extorsión  “se socava la autonomía  personal   a   través  del  constreñimiento,  hasta  la  aniquilación  de  la  voluntad”3.   

Sin embargo, una  mirada    objetiva   al   fallo   del   Ad   quem  permite  determinar  que  sus  consideraciones  sobre  el  tópico,  fueron  de este  tenor:   

“El  artículo  244  del  Código Penal,  utiliza       el       verbo      ‘constreñir’,  que  no  es  otra  cosa  que  obligar  o  compeler por fuerza a  alguien,  bien  sea  física o psicológicamente, para que haga o ejecute alguna  cosa, con un propósito ilícito de contenido económico.   

En  el  caso  sub  examine, como se dejó  plasmado  en  el  fallo de primer grado, no sr encuentra duda alguna en punto de  la  existencia  de  esa  fuerza que doblegó la voluntad de los sujetos pasivos,  porque  se  tiene  que  el  acusado  se aprovechó de una situación ciertamente  vulnerable de sus víctimas para lograr su propósito criminal.   

Es cierto que el proceder del enjuiciado,  como  se  expondrá  en líneas posteriores, no estuvo integrado de la violencia  física,  sino  que  más  bien  consistió  en  un  engaño,  en astucia, en un  convencimiento  de  una  situación  que no era real (orden de captura de una de  las  víctimas),  pero  que afectó la voluntad de los sujetos pasivos de manera  psicológicamente        violenta,        para       que       éstos         cumplieran   con   su   exigencia,   como  lo  señalan  de  una  manera clara los medios       de       prueba, que han sido criticados por la defensa.   

(…)  

Para  la  doctrina nacional: ‘Constreñir  consiste  en el empleo  de  la  violencia moral por parte del sujeto activo sobre la persona del pasivo,  a  fin  de  doblegar su voluntad para que haga, tolere u omita algo. No basta al  simple  amenaza,  pues  se  requiere  que  la  víctima  pierda su libertad y se  pliegue  a  la  exigencia  del  victimario  al  hacer  u  omitir  lo éste (sic)  exija…’.   

En  el presente asunto, si bien es cierto  las   víctimas  fueron  inducidas  en  error  al  exhibírseles  una  orden  de  privación  de  libertad, evento de cierta recurrencia en nuestro medio, de ahí  que  el  legislador la haya previsto como circunstancia de agravación punitiva;  lo  real, cierto y categórico, es que a dicha falacia se llegó a través de la  fuerza   moral  que  se  le  infligió  al  aprovecharse  de  la  situación  de  desconcierto,  consternación,  confusión  y, obviamente el ánimo de no perder  uno  de  los  bienes  jurídicos  más  preciados  del ser humano, como lo es la  libertad,   lo   que   hace   que  se  configure  la  extorsión en el grado de  consumada,   si   se   tiene   en   cuenta    que    el    patrimonio    se  afectó con la entrega de  un  vehículo marca Mazda y las medidas cautelares    que    afectaron  el  inmueble de MARÍA EUGENIA  ORJUELA DE SANABRIA.   

Debe    señalarse    que   esa   violencia   moral   en  el  caso   concreto  de  las víctimas, no pudieron  superarla;  y  es  que  el  acontecer  que se revisa en el asunto objeto de este  proceso  fuere  rodeado  de las condiciones idóneas para su materialización ya  que,  se  repite,  fueron  efectivas  para  que  a los sujetos pasivos no se les  permitiera   resistir   esa   fuerza  que  finalmente  terminó  doblegando  sus  voluntades  con la firma de los documentos en la Notaría Tercera de Ibagué. No  le  era  exigible  otro  comportamiento  diferente a la suscripción del título  valor  (pagaré),  carta  de  instrucciones  y  acta de conciliación que fueran  puestos  de  presente  por el sujeto activo del comportamiento, porque lo que se  pretendía  era  resguardar  el derecho a la libertad personal de SANABRIA MAPE,  quien  sería aprehendido en caso de no proceder como se hizo, como ya se había  anunciado  por  parte del victimario ante la exhibición de una orden de captura  en   su   contra,  que  finalmente  resultó  siendo  falsa.   

(…)  

Por  el contrario, lo que logra deducirse  como  ya  se expuso en acápites anteriores, es que a esa negociación se llegó  por  el  constreñimiento  desplegado  por el abogado que tenía su fuente en la  presentación  de  la  falsa orden de captura en contra de ARNULFO SANABRIA MAPE  que  anuló  su  libertad  de  determinación y la de su esposa, no quedándoles  remedio  distinto  que cumplir con lo que se estaba poniendo para firmar, con el  único fin de que no perdiera su libertad”.   

Con    base    en   lo   expuesto,   el  fallador  de  segunda  instancia  concluyó categórica y enfáticamente que lo procedente “era  endilgar  el  delito  de  extorsión,  ya  que  lo  que se  presentó  fue  una  verdadera  violencia  moral  acorde  con  la jurisprudencia  patria”,    de    la   que   cita   un             apartado   a  continuación.   

Así las cosas,  no  es cierto que el Tribunal haya dejado de lado analizar la configuración del  verbo      rector      “constreñir”  para  entender tipificada la conducta punible de extorsión.   

En  esa  medida,  la  Corte  advierte que  el recurrente  ha  hecho  una  lectura  acomodada  y  descontextualizada   de  la  providencia    demandada,   pues,   a  pesar  del  completo  análisis  allí  contenido, apenas   toca   dos  frases  elegidas  caprichosamente,  con  el  propósito de   asegurar   que   el   Ad   quem  desdibujó  el  sentido  y  alcance   del   elemento   del   tipo   referido   a   la   conducta   o   verbo  rector.   

Siendo  claro,  entonces,  que  el censor  parte   de   una  premisa  falsa  y  acomodada  que  lejos  está  de  sustentar  la  interpretación  errónea  denunciada,  el cargo  primero será rechazado.   

2. Errores de hecho por falsos          juicios de existencia.   

Los  predica  el  libelista  respecto         (i)   del  documento  contentivo  de  la  denuncia  escrita  formulada  por  Arnulfo  Sanabria  Mape;  (ii) del  memorial  mediante  el cual el abogado Enrique Holmez Vanegas  solicitó     la     emisión    de    resolución  inhibitoria en el trámite adelantado contra Arnulfo  Sanabria   Mape,  en  la  Fiscalía  41 Seccional de Buenaventura; (iii)  del  documento  contentivo  del  auto  del  15  de  junio  de  2005, mediante el cual el Juzgado Quinto Civil del  Circuito  de  Ibagué dispuso suspender por prejudicialidad el proceso ejecutivo  promovido  por la empresa Arroz Marfil Hernández y CIA S.C..A. en contra de los  esposos     Sanabria    Mape;    y    (v)  del acta de conciliación parcial  de obligación económica extraprocesal.   

Es así como consigna sus propio análisis  de  esos  elementos  de  juicio  para  sostener,  en  términos  generales, que si hubiesen sido apreciados  de  manera  conjunta  con  el  aporte  probatorio, se  habría  concluido que la  denuncia       formulada       por      el      delito      de      extorsión  fue  una  estrategia  para  contrarrestar  los efectos del trámite civil que se adelantaba en contra de los  Sanabria  Mape,  en  el  curso  del  cual estaba próximo a rematarse uno de los  bienes    del    haber    conyugal.   Esta  circunstancia,  opina, es  violatoria      del      artículo     9°     del     Código     Penal,  habida  cuenta  que  determina  la  inexistencia  de  la  conducta  punible  imputada,  así  como  del elemento  culpabilidad.   

Ocurre  sin  embargo,     que     el     actor    nunca  da  a  conocer lo que objetivamente señalan esas probanzas  –simplemente   las  reseña  y  analiza  acorde  a  sus  intereses-,  ni mucho hace saber cuál fue,  entonces,   el   fundamento   probatorio  que  tuvieron  en  cuenta  los  jueces  A  quo  y  Ad    quem    para    declarar    la  responsabilidad  de  su  prohijado  en el  ilícito  de               extorsión.   

Lo   anterior   obliga   a  aclararle  que  respecto  de  este tipo de ataque casacional por  omisión  en la valoración de la prueba, ha señalado la Corte que es deber del  casacionista concretar en  qué  parte  del  expediente  se ubica ésta, qué objetivamente se establece en  ella,  cuál  es  el  mérito  que le corresponde siguiendo los postulados de la  sana  crítica  y  cómo  su  estimación  conjunta en el arsenal probatorio que  integra  la  actuación,  da  lugar  a  variar las conclusiones del fallo y, por  tanto,  modificar  la  parte  resolutiva  de la sentencia objeto de impugnación  extraordinaria4.   

Nada   de  ello  hizo  el  defensor,  quien  de las exigencias de  fundamentación  antes  citadas,  la  única  que  cumple  es  la  de indicar la  ubicación  de  los  medios suasorios ignorados, pero se abstiene de señalar lo  que  objetivamente  se  establece  en  ellos,  lo  cual no puede suplirse con un  resumen  fragmentario  y  acomodado  de  sus  contenidos,  o  con  apreciaciones  generales   que   parten,  en  ambos  casos,  de  una  percepción  subjetiva  y  personalísima de lo que arrojan dichos elementos de juicio.   

Tampoco  menciona cuál es el mérito que  les  corresponde  siguiendo  los postulados de la sana crítica, ya que aventura  conclusiones  sin  un análisis previo en el que sustente debidamente las reglas  de  la experiencia, los postulados de la lógica o las leyes científicas que se  desconocieron  en  este evento, para luego de ello enseñar cómo su estimación  conjunta  en  el arsenal probatorio que integra la actuación, da lugar a variar  las   conclusiones  del  fallo  y  mutarlo  favorable  a  los  intereses  de  su  representado.  Para  ello,  debió sopesar, como lo hicieron las instancias, las  pruebas  que  fueron  tenidas  en  cuenta  para deducir la responsabilidad de su  prohijado.   

De  igual modo, critica abstractamente lo  analizado  y resuelto por los falladores, pero nunca transmite la argumentación  contenida  en  sus  providencias,  privando  a la Corte de conocer los apartados  completos  en  los  cuales  se hace el análisis referente a la existencia de la  conducta  punible  y  la responsabilidad del acusado, lo cual era imprescindible  para  determinar  la  base de sus conclusiones y verificar efectivamente si hubo  una  omisión  o  si  se  trata  de  una  valoración  errada,  en  cuyo  evento  estaríamos frente a un error de hecho por falso raciocinio.   

Vale   decir,  en  ningún  momento  se  reprodujo  el  texto  de las sentencias en los cuales se establece el fundamento  de  la  responsabilidad,  dejando  huérfana  de definición de trascendencia la  crítica  planteada, la cual no puede sustentarse en un determinado análisis de  la  prueba, pues, ello es subjetivo, se queda en el campo meramente especulativo  y  no  es suficiente para fundamentar el reproche, dado que, debe reiterarse, la  pretensión  de  remover  la  presunción  de acierto y legalidad que reviste el  fallo  impugnado  en virtud del error propuesto, conlleva a la confrontación de  la  información  excluida con la suministrada por los elementos probatorios que  sí  fueron valorados y con los hechos y premisas que se fijaron a partir de los  mismos,  con  el  objeto  de demostrar que se declaró probado un acontecimiento  que  no  corresponde  a  la  realidad  que  subyace  en  el  proceso5.   

En  este  caso,  entonces, el actor nunca  ataca  la prueba que fundamentó la condena de su defendido, toda vez que centra  su    análisis    en  aseverar   que   la   denuncia   por   extorsión  es  una  estrategia  para  conjurar  los  efectos  de  un  proceso civil, como si esa circunstancia por sí  sola    fuera    suficiente    para    desdibujar    la   comisión   de   dicho  ilícito.   

De todos modos, a pesar de que lo anterior  es  suficiente  para  rechazar  los  cargos  que  se  originan   en   supuestos  errores  de  hecho      por      falsos     juicios     de     existencia, no está por demás señalar que  nuevamente    el    demandante    parte   de   una  premisa  falsa  y acomodada, toda vez que las pruebas cuyo examen echa de  menos,  sí  fueron  analizadas  por  las  instancias, solo que les otorgaron      un     valor     diferente     al      que      ahora      pretende  introducirles.   

Fíjese,  por  ejemplo,  que en el tercer  capítulo  postula  un  error de hecho por falso juicio identidad respecto de la  denuncia  y  posterior  ampliación  rendida  por Sanabria Mape, demostrando con  ello que esa testificación sí fue valorada por las instancias.   

Entonces,  para  el Tribunal siempre fue  claro  que  paralelo a éste proceso, cursaban dos trámites judiciales más: el  penal   en   contra   de   SANABRIA   MAPE   por   el   delito  de  hurto,  impulsado  en  la Fiscalía 41  Seccional  de  Buenaventura,  y  el  ejecutivo  civil  en  contra del mismo y su  cónyuge, ante el Juzgado Quinto Civil del Circuito de Ibagué.   

Pero, que entre  las   partes   haya   habido   una  negociación  o  acuerdo  que  consta  en  acta,  que  la  misma fue  uno  de  los argumentos para pedir inhibición en el proceso penal, que  la  denuncia  se haya presentado un año después de ocurrido  el   hecho,   o  que  incluso  en  el  proceso    civil   se   haya   dispuesto  la  suspensión  por  prejudicialidad,  no  son  argumentos  para  determinar inexistente el delito de  extorsión,  sobre  todo  cuando  del  estudio  probatorio el juzgador concluyó  que   “a  esa  negociación  se llegó por el constreñimiento desplegado  por  el  abogado  que  tenía su fuente en la presentación de la falsa orden de  captura   en  contra  de  ARNULFO  SANABRIA  MAPE  que  anuló  su  libertad  de  determinación  y  la de su esposa, no quedándoles remedio distinto que cumplir  con  lo que se estaba poniendo para firmar, con el único fin de que no perdiera  su libertad”.   

Argumentos   que   nunca  confronta  el  memorialista,  quien insiste en consignar sus propias conclusiones probatorias  y    construir    unas  supuestas  reglas de la experiencia que no son tales,  vr.gr.,  afirmar  que  la  intención del denunciante  era  “mudar su condición de demandado y denunciado  por  la de víctima”, no  pasa     de    ser    una    inferencia    personalísima    del    impugnante  que no tiene ese carácter,  como  tampoco  lo  ostenta  su  afirmación  en  el  sentido  de que “en  el ámbito del derecho diría que todo abogado extiende una  consulta  considerando las consecuencias posteriores del actuar jurídico, desde  luego  en  beneficio  del cliente”, como si ello no  fuera un deber inherente al ejercicio profesional del abogado.   

Y  más  desatinado aún es postular como  regla  de  la  experiencia, el que “muchos procesos  civiles  se  suspenden  por  la  dependencia  causal  de  los  procesos penales,  situación   prevista   en   la  ley”,  pues,  se  trata   de  un  aspecto  legal  que  se  encuentra  regulado  en  la  respectiva  codificación.   

En  suma,  como  los errores de hecho por  falsos    juicios   de  existencia  denunciados  no  se  presentaron,  se  impone  la  inadmisión de la  censura fundamentada en ellos.   

3. Errores de hecho por falsos juicios de  identidad.   

Los  postula  el  recurrente respecto del  examen  de  las  declaraciones  rendidas  por Arnulfo  Sanabria          Mape          –denuncia  y   ampliación-,   María   Eugenia   Orjuela   de  Sanabria  y  el  abogado  Enrique  Holmez  Vanegas,  de  quienes  toma  varias  repuestas  para  luego  decir  que  el  fallador  las  distorsionó  o  cercenó  –términos que utiliza  indiscriminadamente-  y  concluir,  a  partir  de  su  particular análisis de la prueba, que si hubiesen  sido  apreciadas a la luz  de  la  sana  crítica,  teniendo  en cuenta además que no hay coherencia entre  ellas,   se   habría  determinado  que  nunca  se  exhibió  orden  de  captura  alguna,  descartándose  así      el     elemento     constreñimiento  y,  en  consecuencia,  la  configuración  del  delito de extorsión.   

No   comparte,  por  consiguiente,  que  el    fallador   haya  utilizado     las     testificaciones   de   los   esposos  Sanabria  Mape  como  prueba  de cargos, citando apartados de lo que  objetivamente  se  dice  en  ellas  para  inferir  la  existencia de la conducta  extorsiva,  y que se haya  valido   de   la   deponencia   de   Holmez   Vanegas   para  respaldar  las  de  aquellos.   

Pues  bien, en  la   formulación   del   reparo,   el  censor  deja  de  lado que recurrir al  error  de  hecho  por falso juicio de identidad obligaba un análisis diferente,  ha          dicho          la         Corte6, en el que determinase cuál  es  el apartado testifical tergiversado, cercenado o adicionado por el Tribunal,  no  limitándose  a anteponer sus propias conclusiones, en típico alegato libre  que  pasó  por  alto  certificar  cuál es el ostensible yerro del Ad  quem,  pues,  ni  siquiera postula  adecuadamente   si  este  proviene  de  tergiversar,  cercenar  o  adicionar  el  contenido     de     la     prueba    –el   libelista,   se  repite,  los  utiliza  indistintamente-, desde luego, abordando uno  por  uno los medios probatorios, para ver de significar cuál en concreto fue el  apartado  agregado,  cercenado  o  tergiversado.  Ya  luego  de  esta  tarea era  menester  definir,  con un nuevo análisis del acervo probatorio en su conjunto,  cómo  los yerros tuvieron tal trascendencia que la decisión, corregidos ellos,  habría  de  mutar  favorable  para el acusado BAYONA  LÓPEZ.   

Además de que el actor no cumple con los  anteriores     derroteros,     parte     de     una     premisa     equivocada,  como es la de afirmar que  el   Tribunal   sustentó   la  determinación  del  constreñimiento   a  partir  de  algunas  frases  extractadas  de  los  citados  declarantes,  cuando  es  lo cierto, como quedó evidenciado en las respuestas a  los  anteriores  reproches,  que  realizó  un amplio despliegue argumentativo y  consignó   un  profundo  análisis  probatorio  y  dogmático  para  tener  por  demostrado dicho elemento.   

De  manera  que no puede sustentarse esta  clase  de  yerro  a  partir  de  lo  que el defensor considera que debió ser el  resultado    del    examen    de    los    medios    de    convicción,    pues,  estrictamente no es que el juzgador de segundo grado  haya   cercenado   o   distorsionado   los  testimonios     de  Sanabria Mape, Orjuela de Sanabria y Holmez Vanegas,  sino  que  simplemente  se les brindó credibilidad y  se        estimó       que       los  mismos  eran             idóneos     para     acreditar   la   comisión   de   la   conducta  extorsiva  y,  en  consecuencia,   la   responsabilidad   del  acusado  BAYONA               LÓPEZ.   

En  esa  medida, atendiendo a lo afirmado  por    el    casacionista,    resultan   irrelevantes  sus  conclusiones  en  torno  a  la  exhibición  o  no  de  una orden de captura, cuando no se discute  que  sí se hizo alusión  a  la misma; o que critique que los cónyuges se hayan equivocado por un día en  la  fijación  de  la  fecha  de los hechos, sabiendo que el propio memorialista  hizo  saber  que  la  denuncia  se presentó un año después; o que se interese  tanto  por  la  forma en que Sanabria Mape se enteró de que la orden era falsa,  cuando  lo  relevante  es que espuria o no, existente o no, ese fue el medio del  que     se     valió     el     sindicado     para    constreñirlo.   

Tampoco  tiene repercusión alguna el que  las  víctimas  hayan  suscrito  un  acta  de conciliación por sugerencia de su  abogado,  habida cuenta que ello obedeció precisamente a que su voluntad había  sido  doblegada  a  través de un hecho constitutivo de constreñimiento; ni que  la  denuncia  penal  se  haya  realizado con la finalidad de enervar  los efectos del proceso civil, pues,  estrategia  o  no,  esta consideración del demandante parte de una apreciación  personal  y  no  es  suficiente para controvertir, ni siquiera mínimamente, los  sólidos y completos razonamientos de los juzgadores.   

Así    las   cosas,   como   no   se  demostraron               los  errores  de     hecho    por    falsos    juicios        de       identidad       formulados,      la      tercera censura también será rechazada.   

4. Decisión.  

Acorde  con  lo expuesto en precedencia, la  Corte      inadmitirá      la      demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del sindicado RICARDO BAYONA LÓPEZ, no  sin  antes  señalar que revisada la actuación en lo pertinente, no se observó  la  presencia  de ninguna de las hipótesis que le permitirían obrar de oficio,  de  conformidad  con  el  artículo  216  del  Código de Procedimiento Penal de  2000.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor del procesado RICARDO BAYONA  LÓPEZ,  conforme  con  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo del presente proveído.   

Contra  esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y devuélvase a la  oficina de origen.   

Cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                        FERNANDO A. CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                         JAVIER   DE  JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Esta  decisión  fue  confirmada  por  la  Fiscalía  Cuarta delegada ante el Tribunal  Superior de Ibagué, el 30 de julio de ese año.   

2 Entre  otros,  en  autos del 1° de febrero de 2007 y 5 de mayo de 2010, Radicados Nos.  23.541 y 33.654, respectivamente.   

3 Auto  del 3 de diciembre de 2009, Radicado N° 33.036.   

4 Entre  otras,  en  providencias  del  26  de junio de 2002, 22 de julio de 2010 y 28 de  noviembre    de    2012,    Radicados    Nos.    11.451,    34.367   y   39.628,  respectivamente.   

5  Sentencia  de  13  de septiembre de 2006, Radicado N° 22.581, y Radicado 39.628  ya citado.   

6 Entre  otros,  en  autos  del  26  de  septiembre de 2007, 20 de febrero de 2008, 17 de  junio  y  18 de noviembre de 2010, y 24 de abril de 2013, Radicados Nos. 28.274,  28.915, 34.114, 35.095 y 40.849, respectivamente.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *