41626(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 279  

Bogotá  D.C.,  veintiocho (28) de agosto de  dos mil trece (2013)   

VISTOS  

Acomete la Corte el estudio de las exigencias  de  crítica,  lógica y suficiente sustentación del libelo casacional allegado  por  el  defensor  de  CARLOS  ADOLFO  DÍAZ GUERRERO  contra  la  sentencia de segunda instancia emitida por  el  Tribunal  Superior  de  Armenia  el  24  de  abril  de  2013, por cuyo medio  confirmó  parcialmente  el  fallo  condenatorio  proferido  el 6 de febrero del  mismo  año por el Juzgado Tercero Penal del Circuito por el delito de homicidio  culposo  y  modificó la pena fijándola en 32 meses de prisión, multa de 26.66  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e inhabilidad para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por el lapso de la sanción principal. De igual  forma,  declaró la prescripción de la acción penal en relación con el delito  de lesiones personales.    

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  17  de  septiembre de 2006, a eso de las  5:30  p.m.,  a  la  altura  del  kilómetro  97  más  900  metros  de  la  ruta  Bogotá-Cali,  el  vehículo  de  placas  YAQ-306  afiliado a la empresa Expreso  Palmira,   conducido   por   CARLOS   ADOLFO   DÍAZ  GUERRERO,  se salió de la vía y se volcó ocasionado  la  muerte  de la señora Marleny Alzate de Enríquez,  así  como  lesiones  a  siete  pasajeros  más.    

Con  fundamento en los anteriores hechos, el  13  de  abril  de  2010  la  Fiscalía  acusó ante el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de  Armenia  a  CARLOS ADOLFO DÍAZ GUERRERO  por  los delitos de homicidio y lesiones personales de  índole  culposos.  El 8 de julio de 2011 se surtió la audiencia preparatoria y  el  debate  público  se concretó en sesiones del 15 de febrero y 28 de mayo de  2012,  a cuyo término se profirió sentido del fallo de carácter condenatorio.   

La  sentencia  se emitió el 6 de febrero de  2013    y    en    ella    se   condenó   a   DÍAZ  GUERRERO  por  los cargos contenidos en la acusación,  imponiéndosele  44  meses  de prisión, multa de 37 salarios mínimos mensuales  legales  vigentes,  interdicción  en  el  ejercicio  de derechos y funciones en  igual  lapso  y  privación del derecho a conducir vehículos automotores por el  término de cuatro años.   

Impugnado  el  fallo  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior  de  Armenia  lo  confirmó  en  cuanto  a la sanción por el  punible     de     homicidio     culposo,     modificando     el    quantum punitivo para fijarlo en 32 meses  de  prisión,  multa  de  26.66  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo  periodo  de  la  sanción  principal.  Así mismo, declaró prescrita la acción  penal  en  relación con los punibles de lesiones personales y, en consecuencia,  ordenó  la  preclusión  de la actuación. Finalmente, concedió la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

Contra  dicha  sentencia  el  defensor  de  CARLOS    ADOLFO    DÍAZ   GUERRERO   interpuso  recurso  extraordinario  de casación y allegó en tiempo  el respectivo libelo.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004, el libelista formula un único cargo  contra   la   decisión   del   ad  quem   con   base  en  el  cual  pide  casar  el  fallo  y  absolver  al  procesado.   

En  apoyo  del  reparo  transcribe abundante  literatura  en torno a los principios de presunción de inocencia e in  dubio pro reo, luego de lo cual colige  que   CARLOS   ADOLFO   DÍAZ   GUERRERO  fue  condenado  sin  que  se  probara  de  manera  contundente  su  responsabilidad,  pues,  en  su  opinión,  la  principal causa del accidente la  constituyó  un  percance ocurrido cinco días antes, cuando un camión cisterna  lleno  de  combustible se volcó derramando el líquido sobre la vía, incidente  demostrado   con  los  documentos  introducidos  por  el  patrullero Yanni David Quintero Chaverra.   

Así  mismo,  aduce,  el  fallo  confutado  desestimó   la  explicación  teórica  ofrecida  por  el  perito  Juan   Pablo   Arrubla  Vélez  sobre  la  interacción  pavimento-combustible  por  ser  meramente  académica  y no haber  tenido  contacto  con  la  escena  del  accidente.  Sin embargo, el Tribunal sí  valoró  la  experticia  que  determinó  el desgaste de las llantas del bus, el  cual  se hizo sin ningún instrumento técnico. En ello observa contradicción y  falta  de  equidad  en  los parámetros de ponderación usados para analizar los  peritajes,   lo   cual   genera   duda   razonable   que   impide   condenar  al  procesado.   

Concluye que ante la inexistencia de certeza  sobre  la responsabilidad del acusado, resultaba imperativo aplicar el principio  del   in  dubio  pro  reo,  máxime  cuando  hace  parte  del  artículo  29  de la Constitución Política.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De conformidad con el artículo 184 de la Ley  906  de 2004, para que la demanda de casación sea admitida es preciso acreditar  la  afectación  de  derechos  o garantías fundamentales, lo cual impone contar  con  interés  para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar los cargos de  sustentación  del  recurso  y  demostrar que es necesario el fallo para cumplir  alguno   de  los  fines  establecidos  para  el  recurso  en  el  artículo  180  ibídem,  siendo  estos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios sufridos y la unificación de la  jurisprudencia.   

Por  consiguiente,  sólo  se admitirán las  demandas  que  ostenten  una  adecuada  estructura  lógica  y  cuenten  con una  argumentación  mínima  orientada  a  ofrecer  las razones de disenso frente al  fallo  impugnado,  a  más  de  persuadir  que  se precisa del fallo para lograr  alguno  de  los  fines  del  recurso,  taxativamente  contemplados  en  la  ley.   

Lo  dicho en precedencia, sin embargo, no es  óbice         para    que    la    Corte    “atendiendo  a  los  fines  de  la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia    planteada”,   como   lo   prescribe  textualmente        el       citado       artículo       184       ibídem,   supere  los  defectos  de  la  demanda  para  decidir  de  fondo,  lo  cual  se  corresponde  totalmente con la  orientación   marcadamente  teleológica  que  tiene  ahora  el  recurso.    

Con  esa  misma  visión  también  se puede  presentar  la  hipótesis contraria, esto es, que se inadmita la demanda a pesar  de   verificarse   el  cumplimiento  de  los  reseñados  presupuestos  lógicos  argumentativos  al  advertirse  que, acorde con los fines que la orientan, no se  precisa del fallo de fondo.   

Esta  concepción  teleológica  del recurso  también  lleva a exigir para la admisión de la demanda que aflore la necesidad  del  pronunciamiento  de  fondo para satisfacer alguno de sus fines previstos en  el artículo 180 del estatuto procesal.   

Sobre  esta  exigencia,  conviene precisarlo  desde  ahora,  el  libelo  no incluye ninguna argumentación sólida y coherente  que  indique la razón por la cual resulta necesario que la Corte emita fallo de  casación,  esto  es,  si  se  requiere  para obtener la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  inferidos  a  estos o la unificación de la jurisprudencia. Dicha  falencia  devela  el  incumplimiento  del  presupuesto de debida fundamentación  propio   de   todo   libelo  casacional,  motivo  suficiente  para  decretar  su  inadmisión.          

   

Lo anterior con mayor razón si se considera  que  la  necesidad  del fallo no surge del contexto del libelo, pues el mismo se  circunscribe  a  proponer  la  vulneración  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de las pruebas, sin indicar en qué clase de error incurrieron los  falladores.   

En efecto, el yerro aducido por el libelista  constituye  la  forma  mediata  de violar la ley sustancial y a él se llega por  errores  de  hecho  o  de derecho. Los primeros se originan en falsos juicios de  existencia,  falsos juicios de identidad y falsos raciocinios; los segundos, por  su  parte,  en  falsos juicios de legalidad y de convicción. De esta manera, la  Sala  advierte  cómo  el  demandante  en  su  única  censura  no satisface los  presupuestos  de  claridad,  precisión y coherencia exigidos por la ley para el  recurso  de casación, pues ni siquiera señala la especie de error cometido por  el fallador.   

Con   todo,   atendiendo   la   precaria  sustentación  del  libelista,  la  Sala  colige  que  el  cargo  se  orienta  a  cuestionar  el trabajo de ponderación de algunos medios de convicción, censura  que  se  acerca  al  denominado falso raciocinio, el cual se configura cuando el  sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo las reglas de la sana crítica,  esto  es,  postulados lógicos, leyes científicas o máximas de la experiencia.   

En   tal   supuesto   le   corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada.  Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

Pues bien, el demandante se limita a referir  el  desconocimiento de las reglas de apreciación de las pruebas en punto de dos  dictámenes  periciales  acopiados  en  el  juicio,  sin  referir  el  contenido  completo  de cada uno, ni relacionar qué infirió el fallo de cada uno de ellos  ni cuál debió haber sido su correcto entendimiento.   

Tampoco  determina  el postulado lógico, la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  desconocida  ni  demuestra la  trascendencia  del  error expresando con claridad cuál debe ser la apreciación  conjunta  de  aquellas  con  el  restante  material  probatorio  y,  menos aún,  acredita  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar  a un fallo esencialmente  diverso y favorable a los intereses de su representado   

De esta manera, el libelo sólo consignan los  reparos  del  demandante respecto de la ponderación probatoria del ad   quem   en  punto  de  los  aludidos  dictámenes,  evidenciándose  que  la  censura  no cumple las exigencias de una  demanda  de  casación,  pues  el  reproche  se  circunscribe a sostener que los  falladores  aplicaron  reglas  disímiles  para  apreciar  las  pericias  y  que  debieron  darle  crédito a la experticia practicada a instancias de la defensa,  sin  señalar  ni  demostrar  el  yerro  lógico  argumentativo  atribuido  a la  sentencia.   

En punto de la vulneración del in  dubio  pro  reo, la Corte ha precisado  que  el  desconocimiento  de  este  principio  puede argumentarse por violación  directa  de  la  ley  sustancial  o por violación indirecta. En el primer caso,  cuando  el  juzgador,  a  pesar  de  reconocer  la  falta  de  certeza  sobre la  responsabilidad  penal,  condena.   Y, en el segundo evento, cuando el juez  condena  porque  considera  que  existe  prueba  que  conduce a la certeza de la  responsabilidad,   más   allá  de  toda  duda,  no  existiendo  tal  medio  de  convicción,  caso  en  el  cual la censura debe proponerse con fundamento en la  causal  tercera,  por  errores de apreciación probatoria, con indicación clara  de  la  clase  de  error  de hecho o de derecho cometido, el cual, además, debe  demostrarse.   

A pesar de la anterior exigencia, como se ha  precisado  con  antelación,  el  censor  incumplió  con la carga argumentativa  mínima  de  la  causal  seleccionada,  pues no señaló el tipo de error en que  incurrieron   los   falladores  y,  menos  aún,  acreditó  su  configuración,  situación  que  impone  la  inadmisión  del  cargo,  máxime cuando la Sala no  advierte   la   concurrencia   de   la   falencia   atribuida   a  la  sentencia  demandada.   

En efecto, nótese cómo el Tribunal explicó  por    qué   le   dio   crédito   al   dictamen   rendido   por   José  Iván  Marulanda  Herrera en punto  del  desgaste  de  las  llantas  y  no  le otorgó igual mérito a la pericia de  Juan  Pablo  Arrubla  Vélez  sobre  la interacción del pavimento con el derrame de crudo, al señalar que el  primer  perito  estuvo en contacto con el objeto de la experticia, esto es, tuvo  percepción  directa de las condiciones del objeto examinado,  mientras que  el  segundo  sólo  emitió  un  concepto de tipo académico sin acudir nunca al  lugar  de  los  hechos  para  verificar  si  su  conclusiones aplicaban al caso.   

“Emerge evidente  para  este  evento  en  particular,  que  no  concurren  las características de  imprevisibilidad,  irresistibilidad  e  inevitabilidad  del  resultado a las que  alude  la  doctrina,  pues además de que no es viable predicar la existencia de  los  fenómenos  en  los que la defensa sustenta su tesis, si se tiene en cuenta  que  fue  el  propio  Químico  JUAN  PABLO ARRUBLA VÉLEZ quien admitió que su  trabajo  es  netamente académico en la medida que le solicitaron la emisión de  una  explicación  teórica  sobre la interacción del pavimento asfáltico ante  el  derramamiento  de  crudo  y las difíciles situaciones climáticas, y que en  ese  orden  de  ideas, no se trasladó al lugar ni verificó si realmente había  presencia  de  petróleo  sobre  la  vía  o  en las llantas del automotor, debe  tenerse  en  cuenta  que  esa circunstancia, plenamente conocida por el acusado,  pues  él  observó  días  antes  el  volcamiento de la tractomula cisterna que  derramó  el  combustible,  fue controlada por el INVÍAS mediante la aspersión  de  aserrín  y  el lavado con un carro bombero; de ahí, (sic) que la causal de  exoneración  de responsabilidad invocada no encuentre respaldo en los medios de  conocimiento  allegados  a la actuación”1.         

De   esta   manera,  no  se  configura  la  contradicción  y  falta  de  equidad pregonada, resultando infundado su reparo,  máxime  cuando  el  demandante  no se refiere a los múltiples medios de prueba  analizados  y  a  los diversos argumentos otorgados en la sentencia para colegir  la   configuración   de  certeza  más  allá  de  toda  duda  razonable  sobre  responsabilidad     de    CARLOS    ADOLFO    DÍAZ  GUERRERO.   

Por tanto, la censura se limita a pregonar la  presencia  de  duda  en  la  actuación,  olvidando  que  no  basta  indicar  su  configuración  para  que proceda su reconocimiento, pues, además de ello, debe  demostrarse  su  existencia con el suministro de argumentos sólidos, lógicos y  concretos.  En  ese orden, el libelo no desarrolla ningún error de apreciación  probatoria  con  la  aptitud de derruir el fallo, puesto que se orienta, bajo el  rótulo  de  haberse  incurrido  en  el referido yerro, a confrontar el criterio  personal   del   demandante   con   el   plasmado  en  la  sentencia  impugnada,  desconociendo  que  esa actitud riñe con la naturaleza del recurso, en tanto no  constituye  una  tercera  instancia.  Tampoco compagina con la noción de error,  pues  el  asunto  se circunscribe a enfrentar dos puntos de vista sobre un mismo  tópico,  insuficiente, por lo demás, para resquebrajar la doble presunción de  acierto   y  legalidad  que  gobierna  al  fallo  cuando  arriba  a  esta  sede.   

Las  falencias  anotadas  imposibilitan a la  Sala  emprender  el  estudio  de  fondo  del  libelo,  pues si no se trata de un  alegato  de  libre  confección,  su  presentación  sin  atenerse  a las reglas  lógicas  y argumentativas que gobiernan este recurso, impone su inadmisión, de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, pues en  virtud  del principio de limitación propio del trámite casacional, la Corte no  se  encuentra facultada para enmendar tales incorrecciones, máxime cuando no se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación  procesal,  violación  de  derechos o garantías del procesado, como  para  adoptar  la  decisión  de superar los defectos de la demanda y decidir de  fondo.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR        el        libelo  casacional  presentado por el defensor de CARLOS  ADOLFO  DÍAZ  GUERRERO  por  las  razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                       FERNANDO  ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                     GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                  JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Folio 376 de la carpeta única.     

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