41430(17-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

         Aprobado Acta No. 226   

Bogotá  D.  C., diecisiete (17) de julio de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

En esta oportunidad, bajo la ritualidad de la  Ley  600  de 2000, la Sala califica el aspecto formal de la demanda de casación  presentada  por  la  defensora  de  OSCAR  CAMILO  HURTADO  MORALES,  contra  la  sentencia  de  29  de  enero  de  2013  proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  San  Gil, por medio de la cual confirmó la dictada por el Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito Especializado de Villavicencio, de 9 de septiembre de  2010,  que  lo  condenó como autor del delito de tráfico de sustancias para el  procesamiento de narcóticos.   

HECHOS  

El  12 de diciembre de 2005, a las 6:30 a la  altura  del  peaje Pipiral de la vía que de Bogotá conduce a Villavicencio, en  el  momento  en  que la Policía Antinarcóticos realizaba un control al camión  de  placas  ACC  717  en  el  que se movilizaba OSCAR CAMILO HURTADO MORALES, se  estableció  que  transportaba  20 canecas de 55 galones cada una, contentiva de  sustancia  líquida  para lo cual se exhibió una factura de compra en la que se  hacía  constar  se  trataba  de  pentano;  sin embargo, al realizarle la prueba  preliminar  arrojó  como  resultado  se trataba de disolvente alifático No. 1,  también  conocido  como APIASOL, la cual corresponde a una sustancia controlada  por  la  Dirección  Nacional  de  Estupefacientes,  dada  su  utilización como  precursor para el procesamiento de narcóticos.   

ACTUACIÓN RELEVANTE  

1.-  Mediante  resolución  de 6 de marzo de  20081,   la   Fiscalía   dispuso   acusar   a   OSCAR   CAMILO   HURTADO  MORALES,  como  autor  del  delito    de    tráfico    de    sustancias    para    el    procesamiento   de  narcóticos.   

         

Al  no  haber  sido  recurrida  la  anterior  determinación,   el   19   de  marzo  siguiente,  cobro  ejecutoria2.   

2.- Remitido el expediente para adelantar la  etapa  del  juicio,  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  Especializado de  Villavicencio  avocó  el  conocimiento  y  dispuso correr traslado a las partes  para  las  ritualidades  del  artículo  400  de  la Ley 600 de 20003.   

Así, el 28 de mayo del año que corría, se  verificó      la     audiencia     preparatoria4  y  el  18  de noviembre de la  misma  anualidad  se  celebró  la audiencia pública de juzgamiento5, al cabo de la  cual,    el    9    de    septiembre    de    20106,  el  Juzgado Cuarto Penal del  Circuito  Especializado  de  Villavicencio,  condenó  a  OSCAR  CAMILO  HURTADO  MORALES  a  96  meses  de prisión; a la inhabilitación de derechos y funciones  públicas  por el mismo tiempo; ordenó el comiso del camión de placas AAC 717;  le  negó  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena y la prisión  domiciliaria,   como  autor  del  delito  de  tráfico  de  sustancias  para  el  procesamiento de narcóticos.   

3.- Apelada la sentencia por el defensor del  acusado,  con ocasión al Acuerdo PSAA11-8188 la Sala Administrativa del Consejo  Superior  de  la  Judicatura  dispuso  remitirlo por descongestión, al Tribunal  Superior  de  San  Gil,  colegiado  que  el  29 de enero de 2013, la modificó y  redujo  la  pena  de prisión a 72 meses, en lo demás, la confirmó7.   

4.-  En  desacuerdo  con  la  determinación  anterior,  la  apoderada  de  OSCAR  CAMILO HURTADO MORALES interpuso el recurso  extraordinario   de   casación,   aspecto  formal  del  libelo,  que  ahora  se  estudia.   

5.-   El   expediente   ingresó   a  esta  Corporación el pasado 24 de mayo.   

LA  DEMANDA   

Al  amparo del numeral primero del artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, se postula un cargo por la violación indirecta de  la  ley sustancial, fundado en un falso raciocinio, el cual llevó a la falta de  aplicación  de  los  artículos 238 y 277 del mismo ordenamiento, al prescindir  de  evaluar  las  pruebas  en  su  conjunto  y  dejar de estimar los testimonios  conforme a los criterios fijados en la segunda disposición.   

Dice    el  recurrente, que el Tribunal  Superior    de    San    Gil,    omitió   apreciar  varias  pruebas  practicadas durante las etapas de investigación y juzgamiento,     las     que   de  serlo,  generaban  duda  sobre  la materialidad del hecho y  la responsabilidad del acusado.   

Refiere,  que  con  ocasión a la  materialidad  del delito, el Tribunal  valoró el que la sustancia  decomisada   fue   objeto  de  análisis,      los     cuales     concluyeron  se  trataba  de  un  disolvente asfáltico,  el  que es  controlado    por   la  Dirección  Nacional de Estupefacientes, donde para su  comercialización      solamente     se  entrega  a  clientes  externos en la  refinería  de  Barrancabermeja  y  es  muy  parecido  al  Apiasol, suministrado   en   la   refinería  de  Apiay.   

Se  agregó  en  la  decisión,  que  en  la  prueba  preliminar  con  el  reactivo  de MARQUIS se  estableció  que se trataba  de  un   hidrocarburo  y  con base en el oficio 1.175 de 26 de diciembre de  2005  se  solicitó  del Laboratorio Central de Criminalística de la Dirección  Central  de  la  Policía  Nacional  se  analizara la  sustancia,  identificara y estableciera si         correspondía        a        aquellas        vigiladas  por la Dirección Nacional de  Estupefacientes,  del  cual se obtuvo respuesta el 23  de  enero  de  2006 donde se indicó se trataba de un disolvente No. 1, pero sin  precisar    era    o    no    controlado  ni  a  cuál  grupo  correspondía,  pues existen varios de libre  comercialización y sin restricción.   

Ante  estas  dudas,  en  la  etapa  del  juicio   se solicitó al  laboratorio   la   aclaración   y  adición  sobre  si:  i)  el Pentano, era una  sustancia  controlada; y ii)  si el Apiasol es la materia prima para la producción de éste.   

El   laboratorio   contestó,   era   un  hidrocarburo  disolvente  No.  1, sin que quedaran muestras; y que el Pentano no  estaba  sujeto  a control,  donde   para   su   elaboración  se  requería  del  Apiasol,           el           cual  sí  lo  es.   

Destaca,  que  también  se  probó  en  el  juicio,  con  base  en la respuesta de la   Superintendencia   de   Operaciones   de  Apiay,  que  en  sus  laboratorios  no  cuentan  ni han contado con elementos necesarios para realizar  análisis    de   sustancias   y   tampoco   cumplen   funciones   de   policía  judicial.   

Refiere,      que     contrario   a   lo  afirmado  por  el  ad  quem,  en  este  caso no se demostró la materialidad  del  hecho,  porque  en ninguno de los dictámenes practicados a la sustancia se  acreditó se tratara de aquellas sujetas a control.   

Afirma  la  libelista,  que los disolventes  alifáticos  se  encuentran  con disolventes 1, 2, 3, 4, Hexano y Apiasol 1, los  cuales  tienen  diferentes  usos  y  dentro de ellos se hallan otras sustancias,  algunas   objeto  de  control,  otras,  de  libre  comercialización;  y en el caso del Pentano, se encuentra  dentro   de  los  disolventes  1,  el  cual  para  su  elaboración,   requiere  como  materia  prima  el  Apiasol,  ésta  que  si  es  controlada,  pero  que  luego  de su transformación  en Pentano, carece de  restricción.     

Dice,  que  estas  mismas  alegaciones  se  realizaron  desde  el juicio y la sustentación del recurso de apelación contra  la   sentencia   de  primer  grado  y  no  en  vano,  el    Ministerio  Público  durante la instrucción insistió para  que se estableciera si se trataba  de   un   disolvente   alifático   o   por  el  contrario,  era  una  sustancia  controlada,   duda   que   no   fue   despejada,  pues     distante     de     lo     afirmado   por  el  Tribunal,  en  los  dictámenes  entregado por el Laboratorio  de  Criminalística de la Dirección  Central  de  la  Policía Nacional, nunca se precisó  tal condición.   

Expresa, que el segundo punto de análisis  corresponde  a  la  responsabilidad  de OSCAR CAMILO  HURTADO  MORALES,  quien en el momento de la indagatoria señala de forma detallada, como él se comunicó  con  MAURICIO VIVAS, gerente de Agrodel Ltda., a quien había conocido a través  de  su  hermano  Orlando  Vivas,  para la  venta  de  20  canecas  de 55 galones de Pentano, el cual adquiría para de la misma manera  enajenárselo  a  Ramón  Gelves,  el que   requería   del   producto  para  aplicarlo  a  un  cultivo  de  Maracuyá en la región y  debía                  ponerlo    en    el   municipio   de  Acacías.    Aportó  el  número de teléfono  celular    del    comprador    y    la    mercancía    se    la   habían  entregado   el  12  de  diciembre  de  2005  en  un  parqueadero  del  barrio  Galán de Bogotá, desde donde salió a las 3:00 de la  mañana.   

Destaca,  que  Anderson    Piña    Albarracín,   conductor   del  camión,   rindió    indagatoria, relató lo sucedido y adujo, que él  en  compañía  del  acusado  OSCAR  CAMILO  HURTADO  MORALES,  habían  ido  en  ese  mismo  vehículo  de  propiedad  de  la  mamá  de  Mauricio  Vargas, gerente de la empresa Agrodel, a  cargar  en  Pentysol  y  luego  se  había  dejado  el  vehículo guardado en un  parqueadero   del  barrio  Galán.  Señala  que  de  esta versión,     el     Tribunal    no    hizo  referencia             alguna.   

Alega,   que   para   el   ad  quem, el relato del procesado no le  mereció  credibilidad, porque al momento de realizarlo consultó una libreta de  apuntes,  actitud  que no le restaba crédito, pues las reglas de la experiencia  nos  enseñan que cuando una persona está privada de la libertad, rindiendo una  indagatoria  y  que nunca se ha visto involucrado en  hechos  como  los  investigados,  es  lógico  que se encuentre nerviosa, olvide  nombres,     consulte     anotaciones   o   documentos,  sin  implicar  que  se   deba   restar  crédito  a  sus  afirmaciones.  Igualmente  las  reglas de la experiencia tampoco conducen a pensar como lógico  que  las  personas  deban memorizar los nombres y números telefónicos de todas  las  personas  con  quienes  realizan  negocios  a  sí  éstos  sean  ventas de  millonarias proporciones.   

Discute  el  recurrente,   que   le   parece   errada    la    interpretación  del juez de segundo grado consistente  en que:   

“…el     hecho     de  que  Hurtado  Morales  se  hubiera  mostrado  tranquilo  ante  las  autoridades  sea  un  contraindicio  que  lo  favorezca,  esta  actitud no significa que sea inocente,  pues  en este caso se exhibe como una forma de mostrar serenidad para no generar  sospechas,  más  cuando  la  factura  expedida  por  Pentysol  Ltda  le daba el  respaldo a lo que él afirmaba.”   

Porque  la  declaración  del  patrullero  Heriberth  Rubio Parrado no fue valorada, quien informó sobre el comportamiento  del  acusado  HURTADO MORALES y del conductor Piña Albarracín en el momento de  revisar   la   carga   y  notar  que  su  contenido  mostraba  características  similares  al Apiasol. Le  informaron  era  Pentano  y  ofrecieron la colaboración para la realización de  las    pruebas    necesarias,    esperando    hasta   la   obtención   de   los  resultados.   

Reclama         la demandante, que de esta atestación  se  debe  rescatar  la  tranquilidad mostrada por los ocupantes del camión y la  manifestación  del  encausado  sobre  la práctica de la prueba de campo, donde  las  reglas  de  la  experiencia  siempre  han indicado que el comportamiento de  quienes       se       dedican       al       tráfico      de      productos      ilícitos    es   diferente,   porque    corresponde    a   personas  nerviosas,  ofrecen  dádivas  o  recompensas  a las autoridades, se niegan a la  realización   del   análisis  para  la  identificación  de  las  sustancias,  u  ocultan  información  sobre el cómo, cuándo o a  través  de quién las obtuvieron y en este caso, HURTADO MORALES, es la persona  que  les  indica  a  las autoridades para que tomen la prueba por corresponder a  Pentano  el  producto  transportado,  lo  cual  le  daba  el conocimiento que lo  trasportado  era  lícito;  sin  embargo, una vez enterado de los resultados, de  manera  calmada  solicita  se  le  autorice  comunicarse  con  Mauricio  Vargas,  proveedor  del  producto,  comportamiento  que  para el recurrente constituye un  verdadero contraindicio.   

Refiere,   que   también   es             incorrecta   la   interpretación   dada   por   el   ad   quem   a  las  declaraciones  de  Marco   Aurelio   Pacheco   y  Mauricio  Vivas,  al  manifestar  que  junto  a éstos se conformaba una empresa criminal.    Afirma,    que    este  reproche  no  es  cierto,  porque  se   escapa  de  la  realidad  procesal,   al   inexistir   prueba   que   así  lo  acredite.    

Controvierte,  que    al    analizar    en    conjunto   las   atestaciones   de   Pacheco,  Vivas  y  Piña  Albarracín,  es  claro  que fueron los  únicos  en tener contacto  con   la   sustancia   al  cargar  el  camión,  sin  que  el  acusado  HURTADO  MORALES  tuviera  acceso  con la misma     y     por    tanto,  no  se  puede      pensar  que     haya     podido     cambiarla,  con  lo  cual  se puede concluir, no es autor del delito por el  cual fue llamado a juicio.   

Enuncia   como  normas  vulneradas,  los  artículos   29   de  la  Constitución   Política,   238  y  277  de  la  Ley  600  de  2004.   

Solicita  casar  la  sentencia para que en  sede  de  instancia  se  revoque  el  fallo  condenatorio  y  en aplicación del  principio  universal  de in dubio pro reo,    se   absuelva   a   OSCAR CAMILO.   

CONSIDERACIONES  DE LA SALA   

1.- El libelo presentado por la apoderada de  OSCAR  CAMILO  HURTADO  MORALES  en  la  que  se  formula  un cargo por un falso  raciocinio  en  la  valoración probatoria; no satisface los requisitos formales  establecidos  en  el  artículo  212 de la Ley 600 de 2000. Debido a ello, será  inadmitida8.   

Se  debe  precisar  de manera previa, que el  recurso   de   casación  se  rige  por  el  principio  dispositivo,  donde  las  pretensiones  de  la  demanda  delimitan  la competencia de la Sala de Casación  Penal,  excepto  la  nulidad  que puede ser decretada oficiosamente -si  a  ello hubiere lugar- en aras de la  protección de las garantías fundamentales.   

De  este  modo,  no  constituye  una tercera  instancia;  tampoco  consiste  en  someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  esta  sede puede postularse un debate probatorio generalizado como el presentado  por  la  recurrente,  sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa que le es  inherente,  pues  esta  clase  de  impugnación  fue concebida, no como un medio  adicional  para litigar libremente, sino como una excepcional forma de llevar al  conocimiento  del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el fallo  proferido  por  el  ad quem,  por  las  causales  taxativas  señaladas  en  la  ley  y,  seleccionadas  en la  demanda.   

2.- Así, el recurso de casación constituye  un   instituto   procesal  extraordinario  en  procura  de  ejercer  un  control  constitucional,  del  bloque  de  constitucionalidad  y  legal a la sentencia de  segunda  instancia,  por  errores  de juicio o actividad, y como tal comporta la  elaboración  de  un  razonamiento jurídico sobre ésta, siguiendo el derrotero  trazado  en  las causales invocadas, donde se espera del censor, su discurrir de  un  modo  claro  y  profundo,  hasta  demostrar  defectos  protuberantes  en  la  estructura  jurídica  del  fallo,  de tal suerte que no es factible mantener su  vigencia.   

Revisada la demanda, advierte la Sala que se  formula  como  cargo  único inconformidades por la valoración de los medios de  persuasión,  motivo  por  el  cual resulta oportuno precisar, que el manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de apreciación de la  prueba      ha      sido     tratado     en     la  jurisprudencia9  como  violación  indirecta  de  la  ley sustancial por errores de  hecho,  que  pueden ser: falso juicio de existencia, falso juicio de identidad y  falso raciocinio.   

-. En el falso juicio de existencia el juez  omite  apreciar  una  prueba  legalmente  producida  o incorporada al proceso, o  infiere  consecuencias  valorativas  a  partir de un medio de convicción que no  forma parte del mismo por no haber sido producido o incorporado.   

-.  De  su  lado,  en  el  falso  juicio de  identidad  se  tiene  en  cuenta  el  medio  probatorio  legal  y  oportunamente  producido  o  incorporado; sin embargo, al valorarlo lo distorsiona, tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su  contenido  literal,  hasta  llegar  a conclusiones  distintas   a  las  que  habría  obtenido  si  lo  hubiese  considerado  en  su  integridad.   

En  estas  hipótesis,  el  censor tiene la  carga  de  confrontar por separado el tenor literal de cada prueba sobre la cual  hace     recaer     el     yerro,     con     lo     que     el     Ad-quem  pensó ellas decían; y una vez  demostrado  el  desfase,  debe  continuar  hacia  la  trascendencia  de  aquella  impropiedad.   

En  otras  palabras,  quien así alega debe  comparar  puntualmente  lo dicho por los testigos, o lo indicado por las pruebas  de  otra  índole,  con  lo leído por el Tribunal Superior en esas específicas  versiones  testimoniales,  o  con  lo  que  entendió  indicaban  los  restantes  elementos  de  conocimiento;  y todo, con el fin de demostrar el distanciamiento  del  fallo,  con  la  realidad objetivamente declarada por el acopio probatorio,  por distorsión, recorte o adición en su contenido material.   

-.    Por   último   el   falso  raciocinio  al cual dice acudir la  recurrente,  se presenta cuando a una prueba que existe legalmente y es valorada  en  su  integridad, el juzgador le asigna un mérito o fuerza de convicción con  transgresión  de los postulados de la sana crítica; es decir, las reglas de la  lógica, la experiencia común y los dictados científicos.   

Esta  especie  de error exige al demandante  indicar  cuál  postulado  científico,  principio de la lógica o máxima de la  experiencia  fue desconocido por el juez; además, demostrar la trascendencia de  ese   yerro,   de  modo  que  sin  él,  el  fallo  hubiera  sido  diferente;  y  concomitantemente   indicar   cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  el  raciocinio  lógico  o  la  deducción por experiencia que debió aplicarse para  esclarecer el asunto debatido.   

Si  bien  la  libelista  escoge  de  manera  adecuada  la  causal,  al  seleccionar  como  yerro  la  ocurrencia de una falso  raciocinio  por  la apreciación de variados testimonios, no ocurre lo mismo con  la  fundamentación del cargo, la cual es imprecisa, errática y paradigmática,  pues  propuesta  esta  clase  de  error,  conforme  al cual  se parte de la  premisa  consistente  en  que  el  impugnante  acepta la existencia legal de las  pruebas  objeto  del  dislate  y  la exacta valoración de los jueces en toda su  dimensión,  pasa  a desarrollarlo, con el argumento  consistente      en      que      se      dejó     de     lado     apreciar      la      misma  prueba  testimonial,   aspecto  que  excluye  y  es  contradictorio  con  la  censura  planteada  en  que  el  objeto de reclamo se cimenta en  que  a  ellas  el  juzgador  le  asigna  un  mérito o fuerza de convicción con  transgresión  de los postulados de la sana crítica, es decir, las reglas de la  lógica, la experiencia y los dictados científicos.   

Esta   nueva   temática,  -omisión  probatoria-  es  propia  de  otra  clase  de  error,  que  como  se  dejó  acotado,  ha  sido tratada por la  jurisprudencia  de  esta  Corporación  como  falso  juicio  de  existencia  por  omisión.   

La  confusión  del libelista se reitera,  cuando   al  argumentar  el   motivo   de   la  censura,  alega  que  el  Tribunal  soslayó el mandato legal sobre la valoración de todas las pruebas en  su  conjunto y olvidó examinar las practicadas tanto en la instrucción como en  el  juzgamiento,  con  ocasión  a  las  cuales,  habría concluido que    existía    duda   sobre   la  materialidad   del   delito  y  la  responsabilidad  del  enjuiciado.   

Otra  imprecisión  de la recurrente ocurre  cuando  discute,  que  la interpretación dada por el  ad    quem   a   las  declaraciones  de  Marco  Aurelio  Pacheco  y Mauricio Vivas, consistente en que  éstos  conformaban  una  empresa criminal es incorrecta,  al considerar el  demandante,  que tal percepción se escapa de la realidad procesal, al inexistir  prueba    para   así  acreditarlo,  como si su  inconformidad  ahora  fuera  por  un falso juicio de identidad o falso juicio de  existencia       pero      por      suposición,   formas   de   ataque  que  también  desfiguran  el  inicialmente anunciado.   

Del mismo modo y de forma posterior retomó  el  discurso por el probable falso raciocinio basado en que se desconocieron las  reglas  de  la  experiencia que siempre han indicado  que  el  comportamiento de quienes se dedican al tráfico de productos ilícitos  es  diferente  al del acusado y el conductor del camión, pues esa otra clase de  personas  son  nerviosas,  ofrecen  dádivas o recompensas a las autoridades, se  niegan   a  la  realización  del  análisis  para  la  identificación  de  las  sustancias  u ocultan información sobre el cómo, cuándo o a través de quién  las  obtuvieron y en este caso, HURTADO MORALES, es la persona que les indicó a  las  autoridades para que tomen la prueba por corresponder a Pentano el producto  transportado,  lo  cual  le daba el conocimiento que lo trasportado era lícito,  alegaciones  que  van en contravía de los principios de identidad, precisión,      claridad,      no  contradicción   y   autonomía   en  casación,  al  entremezclar  de  manera  inadecuada plurales forma de reproche, disímiles a la  inicialmente  formulada,  que  como  se  expuso tienen diferentes parámetros de  demostración.   

Adicional  a  lo  anterior, se desconoce la  debida  argumentación de la demanda, porque, cuando se esperaba de la libelista  que  presentara  a  la  Corte de forma fidedigna el contenido de cada uno de los  medios  de conocimiento en los que finca el reproche, con ocasión a los errores  alegados,  no  lo  hizo,  simplemente  trajo de ellos, lo que en su sentir y sus  palabras  le resulta de interés y mérito para apoyar la tesis de defensa de la  cual  ahora aspira sea acogida con preferencia a la decantada en las instancias,  sin  cumplir  con  el  presupuesto  mínimo  de  refrendación  exigido  para la  justificación  del  cargo  atrás  enunciado  y por el contrario, exhibir sólo  fragmentos de las pruebas sin respetar su literalidad.   

Así  y  como  consecuente  lógico  de  lo  anterior,   en  el  escrito  se carece del contraste entre lo que realmente  dice  el elemento de conocimiento, lo expuesto por el juzgador en la sentencia y  la  sustracción por omisión, mutación, tergiversación o suposición  de  su  contenido;  o  la  indebida  aplicación  de  las  reglas  de la experiencia  alegadas  por  el  actor,  por  tanto,  la demanda carece de razón suficiente y  debida  demostración  que  le permita bastarse a sí misma, pues este referente  dialéctico  se hace necesario para la acreditación de los yerros anunciados; y  de este modo, se muestra deficiente el desarrollo del cargo.   

Por este camino el libelo termina siendo un  escrito  de  libre  confección,  donde  el  censor  aspira  a  que  su  teoría  defensiva,   per  se,  sea  acogida,  en  preferencia  de  las  declaraciones de justicia expresadas por los  jueces,  inadvirtiendo  que  el  fallo  arriba a esta sede revestido de la doble  presunción  de acierto y legalidad, susceptibles de remover solamente a través  de  la  demostración  de alguna de las causales de casación determinadas en la  ley  y  desarrolladas  conforme  a  las líneas jurisprudenciales, las cuales no  acogió el actor, motivos suficientes para inadmitir la demanda.   

De  otra  parte,  encuentra  la  Corte  y  atendiendo  los  fines  del recurso extraordinario, que en procura de la defensa  de  las  garantías  fundamentales  debe pronunciarse de oficio en el asunto, al  advertir  que  la  legalidad  de la pena fue vulnerada al aplicar en el presente  caso  los  incrementos punitivos de la Ley 890 de 2004, cuando no había lugar a  ello  y  como  consecuencia  de  lo  anterior,  al  dejar de imponer la sanción  punitiva  que  normativamente correspondía, posterior al fallo se corrobora que  la  acción  penal  se  halla  prescrita, afectaciones del debido proceso que se  deben restaurar.   

CASACION OFICIOSA  

Como  lo  precisó  esta  colegiatura en la  sentencia  de  12  de  septiembre de 2007 (radicación No. 26967), pese a que se  inadmitirá  la  demanda,  es factible enmendar de manera inmediata un yerro que  conspira  contra  una  garantía  fundamental  del  implicado,  sin necesidad de  surtir   el   traslado   al   Ministerio   Público   para   que  conceptúe  al  respecto.   

Para  entrar  en  materia, debemos traer el  contexto  de  la  imposición  de  condena,  en el cual advierte la Sala, que el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito Especializado de Villavicencio al proferir la  sentencia  de 9 de septiembre de 2010, luego de adecuar la conducta reprochada a  HURTADO  MORALES  al  delito  descrito  en  el  artículo  382  de la Ley 599 de  200010,  dispuso,  para  efectos de la individualización y determinación  de  la  pena  a  aplicar la modificación contenida en el artículo 14 de la Ley  890 de 200411   

,  que  la  incrementa  en  esta  clase  de  punibles  a  una  prisión  de  96  a  180  meses, selección normativa, que fue  confirmada  por  el  Tribunal Superior de San Gil, distrito judicial al cual fue  enviado  el  expediente  por  el  Consejo  Superior  de la Judicatura dentro del  programa de descongestión judicial.   

De   este   modo,   las   dos  instancias  desconocieron  el  principio de legalidad de la pena12,   pues   para   el  12  de  diciembre  de  2005,  fecha  en  que  ocurrieron los hechos en el peaje Pipiral,  lugar   que  territorialmente  se  encuentra  dentro  de  la  jurisdicción  del  municipio  de Villavicencio, en ese distrito judicial, conforme a la gradualidad  de  entrada  en  vigencia  de  la  Ley  906  de 200413, el sistema penal acusatorio  propio  de  este  ordenamiento  no  había  entrado a regir, lo fue, conforme al  artículo  53,  ibíbem, a  partir  del  1°  de enero de 2007; por tanto, la aplicación de los incrementos  punitivos  establecidos  en  el  artículo  14 de la Ley 890 de 2004, no habían  entrado  a regir y los extremos a tener en cuenta en el proceso de dosificación  correspondían  a  los  fijados en el artículo  382 de la Ley 599 de 2000,  es  decir, una pena comprendida entre los 60 y 120 meses de prisión, la cual es  por crecer inferior a la escogida por los juzgadores.   

La  Jurisprudencia  de esta Corporación ha  reiterado,  que  la  aplicación  de  la  Ley  890  de  2004  y  sus incrementos  punitivos,  están  condicionados  a  la vigencia de la Ley 906 de 2004, dada la  metodología   de  justicia  premial  que  ésta  consagra  en  los  eventos  de  aceptación  de  cargos, preacuerdos y negociaciones, soportada en la filosofía  del  ahorro de instancia, sin que sea viable aplicar a los procesos sometidos al  rito  de  anteriores  ordenamientos instrumentales, específicamente los regidos  por la Ley 600 de 2000, como ocurre al presenta caso.   

Esto   ha   dicho   la   Sala14:   

“El Tribunal al momento de dosificar la  sanción  tuvo  en  cuenta el incremento punitivo previsto en el artículo 14 de  la  Ley 890 de 2004, cuando ello no podía ser jurídicamente posible ya que los  hechos  acaecieron el 29 de junio de 2007 en Valledupar, Distrito Judicial en el  cual  aún  no  se había implementado el sistema procesal acusatorio, -se dio a  partir del 1° de enero de 2008-.   

La     Corte     en     precedentes  oportunidades15,  ha  clarificado  que  el  incremento  general  de  penas  contemplado  en el artículo 14 de la Ley 890 de  2004  se  ha  de aplicar a eventos que se rigen por el sistema acusatorio. Así,  al  analizar la exposición de motivos de esa preceptiva modificadora de algunos  apartes  del  Código  Penal  de  2000  verificó  que  estuvo  encaminada  a la  implementación  del nuevo sistema procesal, específicamente, por la filosofía  de   los   mecanismos   de  colaboración  con  la  justicia,  como  acuerdos  y  negociaciones,  ante  las  correspondientes  rebajas  punitivas  que  ameritaban  ajustar   las   disposiciones  sustantivas  para  permitir  así  un  margen  de  negociación en aras de la proporcionalidad de la sanción.   

(…)  

Por lo tanto, ante el desconocimiento del  principio   de   legalidad   de   la   pena  y  en  la  redosificación  que  se  impone,…”   

Y de forma reciente se reiteró16:   

“Tal incremento punitivo, como se verá,  echa  raíces  en  la  implementación  del  esquema  procesal penal introducido  mediante  el  Acto  Legislativo  N°  03  de  2002,  cuyo art. 4° facultó a la  Comisión  Redactora para expedir, modificar o adicionar el Código Penal, a fin  de armonizarlo con el “nuevo sistema”.   

Así  se  desprende  tanto de los motivos  expuestos  en  los  Proyectos  de  Ley Estatutaria N° 01/2003 Senado y 251/2004  Cámara  como  de  las  discusiones  llevadas  a  cabo  en  el marco del proceso  legislativo.   

Efectivamente,  según  se advierte en la  Gaceta  del  Congreso  N°  345  de  2003,  donde se publicó el Proyecto de Ley  Estatutaria  N°  01/2003,  el  art.  48  contemplaba un aumento generalizado de  penas  de  prisión  en  los  tipos  penales contenidos en la parte especial del  Código Penal, propuesto en función de los siguientes argumentos:   

‘El artículo  cuarto  transitorio  del  Acto  Legislativo  03  de 2002 facultó a la Comisión  Constitucional  Redactora  para  expedir, modificar o adicionar el Código Penal  en    aquello    relacionado    con    el    nuevo  sistema.   

La reciente reforma al Código Penal, que  entró  en vigencia a partir del 24 de julio de 2001, exigía de la Comisión un  cuidadoso  y  equilibrado estudio, pues si bien con la Ley 599 de 2000 se había  logrado    la    adecuación   de   la   normatividad   penal   al   bloque   de  constitucionalidad,  también  se  avanzó  hacia un derecho penal de bases más  sólidas  y  modernas  que  en  este  momento  está siendo desarrollado por los  funcionarios   judiciales,   en   general,  y  especialmente  por  la  doctrina,  creándose  una “nueva  escuela” de  pensamiento  basada  en  la Constitución  Política,  en  los  instrumentos internacionales y en la jurisprudencia,  con  sólidas raíces en la ciencia y en la vivencia de nuestro país.   

[…]  

Así,  en  ejercicio  de  un  verdadero  equilibrio,  se unieron el reconocimiento por la tarea emprendida hace dos años  y  la  necesidad  de  velar  por  el  cumplimiento  de protección a la sociedad  colombiana,  con  la  adopción de normas que de manera estricta pero respetuosa  del  mandato  constitucional,  permitan el cumplimiento de los fines de la pena,  como   son  la  prevención  general,  la  retribución  justa,  la  prevención  especial,   la   reinserción   social  y   la   protección   del  condenado.  […]   

Atendiendo  los  fundamentos  del sistema  acusatorio,  que  prevé  los mecanismos de negociación y preacuerdos, en claro  beneficio  para  la  administración  de justicia y los acusados, se modificaron  las  penas  y  se  dejó  como  límite la duración máxima de sesenta años de  prisión,  excepcionalmente,  para  los  casos  de  concurso  y,  en general, de  cincuenta              años.’   

De  esta  manera,  desde los antecedentes  más  remotos  de  la  Ley  890  de  2004,  fácil se advierte que el propósito  asignado  al  aumento  generalizado  de  penas,  hoy  concretado  en su art. 14,  surgió   como  medio  idóneo  para  permitir  la  aplicación  de  acuerdos  y  negociaciones.   

Luego  de  haberse presentado la ponencia  para  primer  debate,  en  la  cual  los  referidos  aumentos de penas figuraban  individualizados    frente    a    cada   tipo   penal   (art.   10)17,   la  Comisión       Primera       del       Senado18  modificó la propuesta de  efectuar  los  incrementos  de manera singularizada, para acoger una fórmula en  la  que aquéllos habrían de aplicarse a la totalidad de delitos consagrados en  la parte especial del Código Penal.   

Así,  entonces,  el  mencionado  art. 10  quedó del siguiente tenor:   

‘Las penas de  prisión  previstas  en  los  tipos  penales contenidos en la parte especial del  Código  Penal se aumentarán en la tercera parte en el mínimo y en la mitad en  el  máximo.  En  todo  caso, la aplicación de esta regla general de incremento  deberá  respetar  el  tope máximo de la pena privativa de la libertad para los  tipos  penales  de acuerdo con lo establecido en el artículo 2° de la presente  ley…19.’   

A la hora de efectuar dicha modificación,  en  el  informe de ponencia para segundo debate se enfatizó en que las reformas  al  Código Penal se fundamentan en el propósito de acompasar las disposiciones  sustanciales  con  la  estructura  del  esquema  procesal  previsto  en  el Acto  Legislativo   03  de  2002.  Al  respecto,  se  lee  en  el  aludido  documento:   

‘El  citado  texto  del  artículo  4° del Acto legislativo 003 de 2002 señala con claridad  que  la  modificación  y  adición  de los cuerpos normativos correspondientes,  incluidos  en  la  ley  estatutaria  de  la  administración de justicia, la ley  estatutaria  de  hábeas  corpus,  los  Códigos Penal, de Procedimiento Penal y  Penitenciario   y   el   Estatuto   Orgánico   de  la  Fiscalía,  tienen        el       propósito  exclusivo   de   adoptar  el  remozado  sistema  de  procedimiento  penal y, por tanto, las disposiciones  que  pueden  ser  objeto  de  valoración  por  parte  del Congreso deben  guardar  relación  directa  con aquellos asuntos que en el  Código  Penal  aluden  a  aspectos que permiten el cabal desarrollo del sistema  acusatorio.’   

En  ese  contexto,  ya  en  lo alusivo al  aumento de penas, la Comisión de Ponentes planteó:   

‘Por  las  anteriores  razones,  se hace necesario replantear el modelo de aumento de penas  del  proyecto.  Para  el  efecto,  la  Comisión  de  Ponentes  ha  considerado  que  deben  eliminarse  las penas específicas de los  delitos  que  fueron  listados  en  forma separada de la regla general. Así, se  propone  un  aumento  general  de  penas  mínimas  y máximas para mantener una  proporcionalidad  razonable  entre la sanción correspondiente a estos delitos y  la   del  resto  de  conductas  contempladas  en  el  Código  Penal.  Esta  modificación  exige,  en  todo  caso, que se adicione el  texto  del  artículo  respectivo con una disposición que establezca que en los  delitos  en  los  que se aplica la pena más alta de prisión contemplada hoy en  el  código 40 años, se tendrá como pena máxima el nuevo límite de 50 años,  y  no  el de 60 años que se obtendría al aumentar el máximo de acuerdo con la  regla  general.  Esta  disposición  cubrirá, en consecuencia, las conductas de  genocidio,  homicidio agravado, homicidio en persona protegida, toma de rehenes,  desaparición   forzada  agravada  y  secuestro  extorsivo  agravado.  Una  pena  superior  a cincuenta años procedería, entonces, solo en los casos de concurso  de    hechos    punibles    tal    y    como   ha   quedado   dicho.’   

Desde entonces, la referida redacción se  mantuvo     en     los     mismos     términos20,  al  tiempo  que,  en  el  transcurso  de  los  debates,  las células legislativas mantuvieron consciencia  sobre  la  naturaleza  instrumental  del  aumento  de  penas, en referencia a la  aplicación  de  un  esquema  procesal  contentivo  de  mecanismos  de  justicia  premial.  De tal suerte, en el informe de ponentes de la Comisión Primera de la  Cámara  de  Representantes,  de  cara  al  primer  debate  en  esa Corporación  –tercero en el trámite legislativo– se expuso:   

‘Así pues,  el  texto  aprobado por el Senado está conformado, por una parte, por una serie  de  disposiciones  relativas  a la dosificación de la pena, por otra parte a la  creación  de  nuevos  tipos  penales  o  a  la  modificación o adición de los  existentes,  y en tercer lugar por la modificación parcial de las disposiciones  vigentes   sobre   la  libertad  condicional  y  suspensión  de  la  ejecución  condicional de la pena.   

El primer grupo de normas, que corresponde  a  los  artículos  1°,  2°,  3°, 4° y 9°, está  ligado  a  las  disposiciones  del  estatuto procesal penal de rebaja de penas y  colaboración  con  la  justicia,  que le permitan un  adecuado  margen  de  maniobra  a  la  Fiscalía,  de modo que las sanciones que  finalmente   se   impongan   guarden   proporción   con   la  gravedad  de  los  hechos,   y   a  la  articulación  de  las  normas  sustantivas    con   la   nueva   estructura   del   proceso   penal21   

.’  

Finalmente,  luego  de  las  respectivas  conciliaciones22   

, se expidió la Ley 890, promulgada en el  Diario  Oficial  N°  45.602 del 7 de julio de 2004, en la cual se incorporó el  actual art. 14, transcrito anteriormente.   

Bien  se  ve,  con  base  en  la anterior  reseña,  que  el  plurimencionado aumento de penas se justificó bajo un único  supuesto:   potencializar  la  aplicación  de  los  acuerdos,  negociaciones  y  allanamientos,  a  fin  de  mantener los márgenes de proporcionalidad estimados  por el legislador al expedir el Código Penal.   

Así, el Estado le otorgó a la Fiscalía  un  margen  de  movilidad,  en  términos  de  rebajas  punitivas,  para ofrecer  acuerdos  y  estimular  las aceptaciones de cargos. Empero, a fin de mantener, o  si  se  quiere,  actualizar las valoraciones referentes a los límites punitivos  implementados  en el Código Penal, se incrementaron las penas con el propósito  de  preservar  la proporcionalidad con la gravedad de los delitos y no incurrir,  de  esa  forma,  en  eficacia procesal, pero con protección deficiente desde la  óptica   del  derecho  penal  sustancial  y  las  exigencias  constitucionales.   

Esa comprensión, valga resaltar, ha sido  acogida  y ratificada por la Sala en varios pronunciamientos. Por ejemplo, en la  sentencia  del  1° de junio de 2006, dictada dentro del proceso radicado con el  N° 24.890, esta Corporación puntualizó:   

‘Para llegar  a  tal conclusión, la Sala examinó el contenido de los debates que precedieron  a  la  aprobación  de  la  Ley  890  de  2004  al  interior  del Congreso de la  República  (Proyecto  de  Ley número 251 de 2004 en la Cámara y 01 de 2003 en  el  Senado),  en  donde  se  concluyó  fundamentalmente  que  por virtud de los  mecanismos  de  negociación  y  preacuerdos  estipulados  en  el nuevo sistema,  resultaba  indispensable  incrementar  las  penas  establecidas en la Ley 599 de  2000  para  permitir  un “margen de maniobra a la Fiscalía” e imponer penas  que  “guarden  proporción  con  la  gravedad  de  los  hechos”.’   

En  sentencia  de  21  de  marzo de 2007,  proferida   dentro   del   proceso   N°   26.06523,   la  Sala  expuso  que,  “como  la  razón de ser del aumento general de penas previsto en el artículo  14  de  la  Ley  890  del  2004  fue habilitar los mecanismos de allanamientos y  acuerdos   que  surgen  de  la  implementación  del  denominado  sistema  penal  acusatorio  de  la  Ley 906 del mismo año, su aplicación queda supeditada a la  vigencia gradual de éste”.   

En   consonancia  con  tales  premisas,  ejerciendo   su   función  de  juez  de  aforados  constitucionales,  la  Corte  clarificó  que  a  los  congresistas  responsables  penalmente  no les resultan  aplicables  las  penas  con el incremento del art. 14 de la Ley 890 de 2004, por  cuanto  su  juzgamiento  se  adelanta  bajo  los  parámetros  de  la Ley 600 de  200024.  En  función  de  dicha  tesis,  se  efectuaron  las siguientes  consideraciones:   

‘Tales  decisiones  conllevan ni más ni menos a la ruptura de una línea de pensamiento  que  el  máximo  organismo  de  la  jurisdicción  ordinaria,  en  su  función  unificadora  de  la jurisprudencia se ve obligada a recoger en esta oportunidad,  reafirmando  el  criterio  de que la ley 890 de 2004  tiene  una  causa  común y está ligada en su origen y discurrir con la ley 906  de  2004, por manera que el incremento punitivo de su artículo 14, sólo  se  justifica  en  cuanto  se  trate de un sistema procesal  premial  que  prevé  instituciones  propias  como  el principio de oportunidad,  negociaciones,   preacuerdos  y las reducciones de penas por allanamiento a  cargos.   

Desde esta perspectiva, el incremento del  quantum  punitivo  previsto  en el artículo 14 de la ley 890 de 2004, no aplica  al  trámite  especial  para aforados de la ley 600 de 2000, en cuanto desconoce  el  querer  y  voluntad  del  legislador  en  punto  a  la  distinción  de  dos  procedimientos   que   sólo  son  compatibles  cuando  medie  el  principio  de  favorabilidad,  sin  que  existan  en  esta  oportunidad  motivos poderosos para  variar  la doctrina jurisprudencial reiterada, sobre la imposibilidad de aplicar  el  sistema  general  de  agravación  punitiva  del  citado  precepto,  a casos  rituados  bajo  el imperio de la Ley 600 de 2000, sin importar la condición del  procesado.’   

De  este modo y como no fue reclamada en la  demanda,  para restablecer en el presente asunto la garantía de legalidad de la  pena,   se   deberá   casar   de  oficio  el  fallo  recurrido.   

En  este entendido advierte la Sala, que la  ley        preexistente        –artículo  382  de  la  Ley  599 de 2000-,  establecía  una sanción de 60 a 120 meses de prisión, parámetros a partir de  los  cuales  se debería realizar una nueva dosimetría punitiva, si antes no se  anotara,       que       con       ocasión      al      nuevo      quantum,  la  acción penal se encuentra  prescrita,  evento que ocurrió con posterioridad al momento de ser proferida la  sentencia  de segundo grado y con antelación a la llegada del expediente a esta  sede, la cual también deberá declararse.   

Prescripción de la acción  

En efecto, como se destacó en la reseña de  los  antecedentes  procesales,  la resolución de acusación quedó ejecutoriada  el      19      de      marzo      de      200825,    una   vez   notificada  personalmente, sin que contra ella se interpusiera recurso alguno.   

En   aquella  fecha  se  interrumpió  la  prescripción  de la acción penal y a partir del día siguiente, se reanudó el  cómputo  de  los  términos,  en  la  forma  establecida en el artículo 86 del  Código   Penal   (Ley   599  de  2000),  el cual dispone:   

“Interrupción  y    suspensión   del   término   prescriptivo   de   la   acción.  La  prescripción  de  la  acción  penal  se interrumpe con la  resolución acusatoria o su equivalente, debidamente ejecutoriada.   

Producida  la  interrupción del término  prescriptivo,  éste  comenzará  de  nuevo  por  tiempo  igual  a  la mitad del  señalado  en el artículo 83. En este evento el término no podrá ser inferior  a cinco (5) años, ni superior a diez (10) años”.   

El  artículo  382    del    Código    Penal   de   2000, vigente al tiempo de los hechos,  sanciona  el delito de tráfico de sustancias para el  procesamiento   de   narcóticos,  con  una   pena  máxima  de  prisión  de  10 años.   

En    este    orden,    este        guarismo              -10  años- se debe reducir en  la  mitad,  conforme  al  último  inciso de la preceptiva evocada, el     cual    equivale         a         5 años, el  que  aplicado  al caso en  estudio,       permite      establecer      como  término de prescripción  para   el  punible  citado  en 5 años.   

Ahora,  este  lapso contabilizado desde  la   ejecutoria   de   la  acusación  -19   de   marzo  de  2008-,     se   verificó     el     pasado    18  de  marzo  de  2013,  fecha para la  cual,  luego  de  haber  sido interpuesto el recurso  extraordinario    de   casación,   el   expediente  aún  no  había  llegado  a  esta  Corporación  y  se   encontraba   en   el   Tribunal   Superior  de  Villavicencio corriendo el traslado de 30 días para  la      presentación      de     la     correspondiente     demanda.   

De esta manera, ninguna actuación diversa a  la  declaratoria  de  extinción  de  la  acción penal por este punible resulta  viable  en  el  presente asunto; así la Corte lo declarará y cesará de manera  oficiosa el procedimiento.   

Así mismo, el juzgado de primera instancia  deberá  realizar  las  anotaciones  que  se  deriven  de  lo  decidido  en esta  decisión incluso el levantamiento de los diferentes gravámenes.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República  y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.-          INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por  la  defensora  de  OSCAR  CAMILO HURTADO MORALES, conforme a lo  expuesto en la parte motiva.   

2.-  Casar  de  oficio   el   fallo  recurrido  para  restablecer  la  garantía  de  legalidad  de la pena y eliminar el incremento punitivo contenido  en  el artículo 14 de la Ley 890 de 2004, aplicado indebidamente por los jueces  de instancia al presente caso.   

3.-   Declarar  prescrita  la  acción  penal por el delito de tráfico  de sustancias para el procesamiento de narcóticos.   

4.-  Ordenar, en consecuencia, la cesación  del  procedimiento  adelantado  en contra de OSCAR CAMILO HURTADO MORALES por el  delito    de    tráfico    de    sustancias    para    el    procesamiento   de  narcóticos.   

5.-  Disponer  que  el  Juzgado  de primera  instancia se realicen las anotaciones y cancelaciones pertinentes.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y    cúmplase.   

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                                            FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO                                                          

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                      GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria.    

1  Cuaderno No. 1, folio 279.   

2  Cuaderno No. 1, folio 302.   

3  Cuaderno No. 2, folio 5.   

4  Cuaderno No. 2, folio 29.   

5  Cuaderno No. 3, folio 134.   

6  Cuaderno No. 3, folio 149.   

7  Cuaderno del Tribunal, folio 3.   

8  “Artículo 213. Calificación de la demanda. Si el  demandante  carece  de  interés  o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos se  inadmitirá  y  se  devolverá  el  expediente  al  despacho  de origen. En caso  contrario  se  surtirá  traslado  al  Procurador  delegado  en  lo penal por un  término    de    veinte    (20)   días   para   que   obligatoriamente   emita  concepto.”   

9 Auto  de casación de 9 de octubre de 2009, radicación No. 29949.   

10  “Artículo   382.  Tráfico  de  sustancias  para  procesamiento  de  narcóticos. El que ilegalmente introduzca al país, así sea  en  tránsito,  o  saque  de  él,  transporte,  tenga en su poder elementos que  sirvan  para el procesamiento de cocaína o de cualquier otra droga que produzca  dependencia,  tales  como  éter  etílico,  acetona, amoníaco, permanganato de  potasio,  carbonato liviano, ácido clorhídrico, ácido sulfúrico, diluyentes,  disolventes  u  otras sustancias que según concepto previo del Consejo Nacional  de  Estupefacientes  se  utilicen  con  el mismo fin,  incurrirá  en prisión de seis (6) a diez (10) años  y  multa  de  dos mil (2.000) a cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

Cuando la cantidad de sustancias no supere  el  triple  de  las  señaladas  en  las resoluciones emitidas por la Dirección  Nacional  de Estupefacientes, la pena será de cuatro  (4)  a  seis  (6)  años  de prisión y multa de diez  (10)  a  cien (100) salarios mínimos legales mensuales vigentes.” (Destaca la  Sala).   

11     “ARTÍCULO  14.  Las penas previstas en los tipos penales  contenidos  en la Parte Especial del Código Penal se  aumentarán  en  la  tercera parte en el mínimo y en la mitad en el máximo. En  todo  caso,  la aplicación de esta regla general de  incremento  deberá respetar el tope máximo de la pena privativa de la libertad  para  los  tipos penales de acuerdo con lo establecido en el artículo 2o.  de  la  presente  ley.  Los artículos 230A,                      442,                      444,                      444A,                      453,                      454A,                      454B               y              454C  del  Código  Penal  tendrán  la  pena indicada en esta ley.”  (Destaca la Sala).   

12 El  artículo    6°   del   Código   Penal   dispone:  “Legalidad.  Nadie podrá ser juzgado sino conforme  a  las  leyes preexistentes al acto que se le imputa,  ante  el  juez  o tribunal competente y con la observancia de la plenitud de las  formas  propias  de cada juicio. La preexistencia de la norma también se aplica  para el reenvío en materia de tipos penales en blanco.   

La  ley permisiva o favorable, aun cuando  sea  posterior  se  aplicará, sin excepción, de preferencia a la restrictiva o  desfavorable. Ello también rige para los condenados.   

La  analogía  sólo  se  aplicará  en  materias      permisivas.”      (Destaca     la  Sala).   

13  “Artículo  530.  Selección de distritos judiciales. Con base en el análisis  de  los  criterios anteriores, el sistema se aplicará a partir del 1º de enero  de  2005  en  los distritos judiciales de Armenia, Bogotá, Manizales y Pereira.  Una  segunda  etapa  a partir del 1º de enero de 2006 incluirá a los distritos  judiciales  de  Bucaramanga,  Buga,  Cali,  Medellín,  San  Gil,  Santa Rosa de  Viterbo, Tunja y Yopal.   

En  enero  1º de 2007 entrarán al nuevo  sistema   los   distritos  judiciales  de  Antioquia,  Cundinamarca,  Florencia,  Ibagué,     Neiva,     Pasto,     Popayán     y  Villavicencio.   

Los distritos judiciales de Barranquilla,  Cartagena,   Cúcuta,  Montería,  Quibdó,  Pamplona,  Riohacha,  Santa  Marta,  Sincelejo  y  Valledupar, y aquellos que llegaren a crearse, entrarán a aplicar  el sistema a partir del primero (1º) de enero de 2008.”   

14  Sentencia   de   casación   de   10   de   octubre  de  2012,  radicación  No.  39536.   

15  V.gr.  auto  de  23 de febrero de 2006 (Rad. 24890) y  sentencia de 21 de marzo de 2007 (Rad. 26065).   

16  Sentencia   de   casación   de   27   de   febrero  de  2013,  radicación  No.  33254.   

17  Gaceta del Congreso N° 642 de 2003.   

18  Gaceta del Congreso N° 066 de 2004.   

19  Gaceta del Congreso N° 111 de 2004.   

20  Cfr.    Gacetas    del    Congreso    N°    135,    137,    142    –aclaratoria–   y   178   de  2004.   

21  Gaceta N° 178 de 2004.   

22  Gacetas N° 284 y 287 de 2004.   

23  Ratificada  mediante múltiples sentencias: 29/07/08,  rad. N° 27.263 y 23/01/08, rad. N° 28871, entre otras.   

24  C.S.J.   –   Sala  de  Casación  Penal,  sent.  de  única  instancia  del  18/01/12, rad. N° 32.764.   

25  Cuaderno No. 1, folio 302.     

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