41339(14-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 263.   

Bogotá   D.C.,   agosto   catorce   (14)  de    dos   mil   trece  (2013).    

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  del  libelo  de  casación presentado por el defensor del procesado ANDRÉS  HUMBERTO RAMÍREZ MAYA contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Manizales  el  13  de  febrero del año en curso, a través de la cual revocó la de primer  grado  dictada  el  17 de junio de 2011 por el Juzgado Único Penal del Circuito  de  Anserma que absolvió al mencionado de los delitos de homicidio agravado, en  grado   de   tentativa,   y   porte   ilegal   de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  antecedente  fáctico  que  motivó  el  presente     procesamiento     fue     declarado     por     el     ad-quem,  en  el  fallo impugnado, de la  siguiente forma:   

“Acaecieron  la  noche  del  siete (7) de  septiembre  de  dos  mil  siete  (2007), ente las 8:00 y 8:30 de la noche, en el  interior  de  la  vivienda  ocupada  por  el  señor  Fernando  Antonio  Gallego  Ramírez,  concretamente  en  la parte del solar, ubicado en la carrera 6a entre  calle 7a y 8a de la  localidad de Anserma, Caldas.   

Allí un individuo escondido en los arbustos  de  café,  sin  mediar  palabra,  empezó a disparar el arma de fuego contra la  humanidad  de  Gallego,  quien  optó por cubrirse la cara con su brazo derecho,  extremidad  en  la  que  recibió  tres  impactos,  siendo  atendido  media hora  después  por  su  compañera  permanente,  quien  se  encontraba  fuera  de  la  casa.   

Luego fue trasladado al hospital local y con  posterioridad  a los centros asistenciales de Riosucio y Manizales, donde le fue  salvada  su  vida.  En  su  denuncia  señaló  como autor del hecho, a su primo  hermano        ANDRÉS        HUMBERTO        RAMÍREZ       MAYA”.      

Con  ocasión  del  señalamiento, el 29 de  octubre  ulterior  se llevó a cabo, ante el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal  con   Función  de  Control  de  Garantías  de  Anserma,  audiencia  preliminar  concentrada  durante  la  cual se formuló imputación en contra de RAMÍREZ   MAYA   por  los  delitos  de  homicidio  agravado,  en grado de tentativa, y porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal.  En  desarrollo  de  la  diligencia, la Fiscalía declinó su  solicitud  de  imposición  de  medida  de  aseguramiento  tras verificar que el  imputado  se  encontraba  privado  de  su libertad en establecimiento carcelario  purgando pena por otro delito.   

El  24  de noviembre postrero, la Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación en contra de RAMÍREZ  MAYA  por  las  mismas  conductas  punibles objeto de  imputación   (arts.   27,   103   y   104-7,   del  C.P.,  y  365  ibídem,  modificado por el 38 de la Ley  1142  de  20007),  con  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad prevista en el  numeral   5   del  artículo  58  ejusdem,  cargos  que  reiteró  durante  la  audiencia de formulación de  acusación  celebrada  el  20 de enero de 2009, ante el Juzgado Único Penal del  Circuito de Anserma.   

Ante   ese  mismo  despacho  judicial  se  efectuaron  las  audiencias  preparatoria  y  del  juicio  oral, a cuyo término  emitió  sentencia  el 27 de junio de 2011 a través de la cual absolvió de los  cargos al acusado.   

En    desacuerdo    con   la   anterior  determinación,   interpusieron   en   su   contra  recurso  de  apelación  los  representantes  de  la  Fiscalía  y  de  la  víctima,  siendo  desatado por el  Tribunal  Superior de Manizales, el cual la  revocó en su integridad para,  en  su  lugar,  condenar   al  acusado  como  responsable  de las conductas  comprendidas  en  la  acusación  a  la pena principal de doscientos cincuenta y  seis  (256)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por un lapso de veinte (20) años.  En   la  misma  determinación,  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena y el sustitutivo de la prisión domiciliara.   

Inconforme  con  la determinación adoptada  por  el  ad-quem, la defensa  la  recurrió  extraordinariamente,  para lo cual allegó oportunamente demanda,  sobre  cuya  admisibilidad,  en  punto  del  cumplimiento de los presupuestos de  lógica y adecuada argumentación, se pronuncia la Sala.   

LA  DEMANDA   

         Propone  dos reparos contra el fallo con fundamento en las causales  primera   y   tercera   de  casación  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004.   

         En  procura  de  establecer  la  admisibilidad  de las censuras, la  Sala,  en  el  siguiente  acápite  considerativo,  inicialmente compendiará su  fundamento   y,  acto  seguido,  expondrá  su  criterio  sobre  el  particular.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.  Primer  cargo  (principal). Causal primera, falta de aplicación  por  desconocimiento de los postulados de presunción de inocencia e in dubio pro reo:   

         Para  el  actor,  el ad quem dejó  de aplicar “una norma del bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  o legal llamada a regular el caso. Ello  con  una  interpretación errónea del art. 7 del C.P.P. pues exige a la defensa  prueba  que  conduzca  a  la  certeza de inocencia y condena por existir duda de  dicha responsabilidad”.   

Acto seguido, señala que de acuerdo con la  Constitución  Política  es al órgano persecutor al que corresponde aportar la  prueba  de  cargo y no a la defensa; sin embargo, el Tribunal así se lo exigió  “en  cuanto  a  que el señalamiento de la víctima  era  por  retaliación  contra  el  acusado  por los conflictos anteriores entre  éstos”.   

De  esa  manera,  sostiene,  “el      Tribunal     Superior     de     Caldas     (sic),  aplica en contravía el in dubio  pro  reo  al  desestimar  las  pruebas de la defensa por no darle certeza en los  descargos  y  utiliza  la  duda  que  genera  la  única declaración del único  testigo  de  la  Fiscalía  como  prueba suficiente para condenar”.             

Después  de  explayar,  bajo  el  prisma  jurisprudencial  y  doctrinario,  en  torno  al  vínculo  entre el principio de  presunción   de   inocencia   y   el  in  dubio  pro  reo,   afirma,   en  el  capítulo  de  “la  incertidumbre”,  que, contrario  al    convencimiento    del    a    quo,  el Tribunal  “estimó   válidas”,   las  manifestaciones  de  la  víctima  Fernando  Antonio  Gallego  Ramírez, sin  considerar que:   

i)  A  su  propia  compañera, Deicy   Ladino  Medina,  y  al  policial  Sosa      Morales,  inmediatamente  ocurrieron los hechos, les dijo que no había visto a la persona  o personas que atentaron contra su vida.   

ii)  El  Tribunal  no pudo descalificar los  testimonios  de Luz Edilma Rendón Tabares,   su  hijo  Juan  David  Ossa  Rendón  y     la    esposa    de    éste,    Adriana    María    López    Medina,  “personas  serias,  a  las  cuales  no les asistía  ánimo  alguno  de  inclinar  la  balanza  de la justicia a favor o en contra de  alguno  de  los  extremos  del  proceso, quienes pudieron ver a los tres sujetos  altos  y  delgados, que sin embozos pasaron por su solar, ingresaron al solar de  la  casa  de  Fernando  Antonio  Gallego Ramírez y dispararon solamente en tres  ocasiones,  que  no en seis veces, y luego sin disimulos abandonaron el lugar”  y,   

iii)  Tampoco  expuso  las  razones  para  descalificar   el   testimonio   vertido  por  María  Cristina  Moreno  Gallego, sobrina de la víctima, al  indicar   que   RAMÍREZ   MAYA    se  encontraba  en  su  casa  para  el  momento  del  atentado a su  tío.   

En  los  anteriores  términos,  estima que  razón    asistió    al    a    quo   cuando  aplicó  la  figura  del in dubio  pro  reo  tras  encontrar que no había certeza sobre  “determinados  hechos  claves, como la ‘existencia    de    la    conducta  punible’    o    la  ‘responsabilidad   del  procesado’, ‘necesariamente  se  abre  paso  a  la  incertidumbre’…”,  pues no se logró desvirtuar la  presunción  de inocencia que ampara a su defendido, concepto que hace parte del  debido    proceso    establecido    en    el    artículo   29   de   la   Carta  Fundamental.   

A  continuación, advierte que “como  lo  tiene  sentado la jurisprudencia de esa Honorable Sala  de  Casación  Penal, cuando el ataque casacional se funda en un desconocimiento  del  principio  in dubio pro reo como resultado de errores de hecho o de derecho  en  la valoración probatoria, debe desarrollarse al amparo de la causal primera  prevista   en   el   artículo   207  del  C.  de  P.  Penal/2000”.              

Luego concluye que al excluirse en este caso  las  normas  sustanciales  reguladoras  de  los  postulados  de  presunción  de  inocencia    e    in   dubio   pro   reo  se impone casar el fallo y, en su lugar, absolver al procesado de  los cargos imputados.   

         Consideraciones:   

La censura objeto de análisis no cumple con  las  exigencias  legales  señaladas  para  su  admisión,  por  las  siguientes  razones:    

i)  No  obstante  invocar  expresamente  la  causal  primera  de  casación  y  como sentido de violación la interpretación  errónea  del  artículo 7° del estatuto procesal penal, la propuesta no cumple  con los presupuestos inherentes a su naturaleza.   

Lo  anterior, porque es de la esencia de la  causal  invocada, esto es, la violación directa de la ley sustancial, sujetarse  a  los  fundamentos  fácticos  y  probatorios  de  la decisión impugnada, como  quiera  que  el  error se contrae a un debate puramente jurídico que deviene de  la  falta  de aplicación (no se selecciona la norma llamada a regular el caso),  de  su  aplicación  indebida  (se escoge para solucionar el caso una preceptiva  que  no  es  atinente)  o  de  su  interpretación errónea (en donde si bien se  selecciona   la   normativa   correctamente,  se  le  otorga  una  hermenéutica  equivocada).   

De modo que, aun cuando esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de la ley sustancial, contemplada en el numeral tercero del artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  a condición de que el censor demuestre que el  fallador  incurrió  en  errores de hecho o de derecho, los primeros producto de  falsos  juicios  de  existencia,  de identidad o raciocinio y, los segundos, por  los  llamados falsos juicios de legalidad o de convicción, que a su vez generan  violación  de  la  ley  sustancial,  bien porque el precepto aplicado no debió  serlo   o   en   cuanto   se   dejó   de   aplicar  el  llamado  a  regular  el  caso.    

Justamente por la disímil esencia entre las  dos  causales  aludidas,  se  colige  también  que son excluyentes y, por ende,  deben  ser  formuladas a través de reparos independientes, con el fin de evitar  la  vulneración  de  principios regentes de la materia casacional, como son los  de  autonomía  y  no  contradicción,  consagrados  en  procura de preservar la  claridad  y concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y  estudio.   

Contrariando  las  premisas  anteriores, en  este    primer    reproche   formulado   por   el   defensor   de   RAMÍREZ  MAYA,  se  insiste, incurre en  dicha  falencia  cuando  anuncia  que  tiene  sustento  en  el motivo primero de  casación  y,  acto  seguido,  en  su  desarrollo, se aparta de los presupuestos  fácticos  y probatorios del fallo, al señalar que de la prueba existente en el  proceso  no  se  extrae  la  responsabilidad  de  su  prohijado en las conductas  atribuidas.   

Todavía peor cuando aduce expresamente que  el  Tribunal  en  la  decisión confutada inaplicó el  “in  dubio  pro  reo  al  desestimar las pruebas de la defensa” y  que ello fue producto “de errores de  hecho   o   de   derecho   en   la   valoración   probatoria”,   refiriéndose  concretamente a la valoración de los testimonios de  la     víctima     Fernando    Antonio    Gallego  Ramírez,      su     compañera     Deicy  Ladino  Medina  y  del uniformado  Sosa  Morales, así como de  Luz Edilma Rendón Tabares,  Juan  David  Ossa  Rendón,  Adriana    María    López   Medina   y      María     Cristina     Moreno  Gallego.   

Tal   desarrollo   resulta  eventualmente  compatible  con  el  escenario  que  ofrece  la  causal  de violación indirecta  contenida  en el numeral 3° del artículo 181 de la Ley 906 de 2004 y no, valga  decir,    en    el   de   la   pretextada   violación   directa   de   la   ley  sustancial.   

Corolario de lo dicho, la violación directa  de  la  ley  sustancial  no  era la vía apropiada para impugnar la decisión de  acuerdo  con  el  planteamiento  del  censor y, por lo mismo, incurre en defecto  determinante  de  la  inadmisión del libelo, cuando, so pretexto de tal motivo,  involucra  una  discusión  referida  al mérito probatorio, atentando contra la  necesaria  diafanidad que debe aflorar del escrito casacional.      

ii)  Por  otro  lado se ha de destacar que,  como  lo tiene discernido la Sala, cuando se trata de atacar la vulneración del  principio   de   presunción   de  inocencia  por  inaplicación  del  instituto  in dubio pro reo surgen dos  vías,  a  saber:  la  violación  directa,  seleccionada  por  el  actor,  y la  violación indirecta.   

Si  se  trata  de la primera opción, en el  desarrollo  y  acreditación  del cargo le corresponde al actor demostrar que el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la  conducta  o la responsabilidad del procesado y que, pese a  ello,  profirió  sentencia de condena con exclusión evidente de las normas que  regulan  el fenómeno del in dubio pro reo,  cuando  le  correspondía,  en  consonancia  con su exposición,  absolver.   

Y,  si  es la segunda, esto es, si el vicio  denunciado  se  fundaba  en  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, es  necesario   señalar   si  ello  acaeció  a  consecuencia  de  los  errores  de  apreciación   probatoria  con  entidad  de  derruir  el  fallo,  a  saber:  los  denominados  errores  de  hecho  por falso juicio de existencia, falso juicio de  identidad  o  falso  raciocinio,  o de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio  de  legalidad,  cometido  que, de manera alguna, tampoco asume el  impugnante.   

   

Ello, en cuanto el casacionista no centra la  discusión  en  la  demostración  de  uno  cualquiera de los aludidos yerros de  apreciación  probatoria, sino que la reduce al esbozo de su disparidad personal  frente  al  criterio  del  Tribunal  en  punto  de  la valoración de la pruebas  testimoniales  reseñadas, a pesar de que bastante se ha insistido por esta Sala  en   el   sentido   de   que   el   recurso  no  está  concebido  para  dirimir  cuestionamientos  surgidos  a  partir  de  la  convicción personal que se tenga  sobre la apreciación probatoria.   

Con tal postura se desconoce que el recurso  de  casación  no  constituye  una  tercera  instancia y que el fallo sometido a  revisión  llega  a  la  sede  cobijado  por  la  doble presunción de acierto y  legalidad,  la  cual  no  se desvirtúa con la simple exposición de un criterio  particular,  dicho  sea  de paso tampoco clara y suficientemente explicado, sino  con   la   demostración   de   errores   trascendentes   en  detrimento  de  su  legalidad.   

Las  falencias  referidas  de  la  censura  imponen su inadmisión.   

2.  Segundo  cargo  (subsidiario).  Causal  tercera,  violación  indirecta de la ley sustancial por falso raciocinio:    

          En  la  valoración  de  la prueba, dice el actor, se desconocieron  postulados   lógicos,   leyes  de  la  ciencia  y  reglas  de  la  experiencia,  “es  decir  los principios de la sana crítica como  método de valoración probatoria”.   

         Acto  seguido,  recalca  que  la  única  prueba  incriminatoria en  contra  de  su  prohijado es el señalamiento directo de la víctima, pero éste  contiene  “grandes  contradicciones  y  narraciones  ilógicas  que  rompen  las  reglas de la experiencia y van en contra de la sana  crítica”.   

         Refiere,  de  una  parte,  al  hecho de que mientras en la denuncia  manifestó  que la ropa del agresor era blanca, en el juicio sostuvo que portaba  camisa  negra.  Así  mismo, al sostener cuando ingreso al hospital que no quiso  hablar  con  la  Policía  pues  le  generaba  desconfianza pero sí lo hizo con  integrantes  de  la  SIJÍN,  lo  cual  configura  desconocimiento  de reglas de  experiencia,  “pues todos sabemos que si la víctima  es  un  delincuente  dedicado  al expendio de estupefacientes siempre va a tener  mayor  desconfianza por los miembros de la SIJÍN que de la Policía uniformada,  porque  quien  lo  persigue  y  hostiga  siempre  es  la SIJÍN y no la Policía  uniformada,  por  ello  no  guarda  ninguna  lógica  que  no  declare  ante  un  uniformado  por  desconfianza  o  le  mienta  diciendo que no vio nada por estar  oscuro  y sí narre posteriormente a los investigadores de la SIJÍN quienes son  su enemigo natural”.   

         Igualmente,  aduce,  riñe  con  la  lógica  y  las  reglas  de la  experiencia  su  manifestación  en cuanto a que logró reconocer como agresor a  su  primo  y  no a quienes le acompañaban, “pues si  su  primo  lo  iba a atacar sin cubrirse el rostro, lo lógico es que se lleve a  otros  conocidos  suyos  para que le ayuden en el atentado, pues lo mismo da ser  reconocido  o  no por el agredido, ya que está seguro que lo va a matar, por lo  que  no  es  necesario  traer  gente  de  otro  lado, lo que resulta más caro y  complicado.  La experiencia nos enseña que se llevan desconocidos a un atentado  cuando  no  se  quiere ser reconocido y por ende el agresor conocido se cubre el  rostro si participa en el atentado”.   

         En  este  caso, añade, si víctima y acusado son primos y viven en  un  municipio  pequeño  “lo  normal  es  que si lo  reconoce  a  él, igual reconoce a todos los que lo acompañan, pues normalmente  son conocidos suyos”.   

         Además,  indica,  las  reglas  de la sana crítica enseñan que la  declaración  de  un  delincuente  “se  recibe  con  beneficio  de  inventario  y  mas  (sic) aun   (sic)  si  esta  (sic)      declarando  contra  alguien  de  quien  piensa  asesino  (sic) a su hermano,  por    lo    que   su   declaración   debe   ser   inmaculada   y   sin   tacha  alguna”.           

         Encuentra   así,   por  tanto,  que  el  testigo  único  presenta  problemas  de  rememoración  en  relación  con  el  color  de  la camisa de su  agresor,  en  cuanto  a  las  condiciones  de  luminosidad  en el patio y porque  inicialmente  manifestó  a  su  ex  esposa,  como  ella misma lo depuso, que no  había  visto  quien  realizó  el atentado en su contra, pero después terminó  incriminado a su prohijado.   

         Enseguida,  advierte  que  “no hay sana  crítica  cuando no se le cree a ciudadanos honrados y sin antecedentes penales,  que  no  tienen  interés  en el resultado del proceso declaran bajo juramento y  afirman  todo  lo  contrario  a  la  víctima,  desmintiendo  su  versión sobre  visibilidad  y reconocimiento de la víctima, quedando claro que esa noche en el  patio  no  había  luz  y  por  ello  la  víctima  no  pudo apreciar quienes le  disparaban”.   

         Lo  anterior,  pregona, sin dejar de lado el valor que surge de los  atestado  por  Luz  Edilma  Rendón,  Juan David Ossa  Rendón  y  Adriana María  López   Medina¸   quienes   en  sus  declaraciones  señalaron  haber  observado  a  tres  hombres  disparando  contra el ofendido y  ninguno  de  ellos es el aquí procesado, al tiempo que indicaron que sólo hubo  3 disparos y no 6, como lo afirmó la víctima.   

         Tales  testigos,  advera,  no fueron impugnados en su credibilidad,  ni   se   presentó   prueba   que   refutara  sus  aseveraciones,  “por  lo  que  no  se entiende cómo el juez de segunda instancia  pasa  por  alto  esta  prueba  y  no le hace una crítica capaz de desvirtuar su  veracidad,  simplemente  se  limita  a  darle  credibilidad  a  la  víctima sin  controvertir   con   seriedad   y   argumentos   válidos   las   versiones   de  descargo”.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  el  fallo  recurrido,  pues  el  Tribunal  con  la  determinación de revocar la  absolución  dispuesta  en  primera  instancia  desconoció  la  presunción  de  inocencia  de  su  defendido  “como consecuencia de  errores  de  hecho y de derecho en la apreciación de las pruebas”.   

         Consideraciones:   

En este segundo cargo del libelo se propone  expresamente  un  error  de  hecho por falso raciocinio, mas lo cierto es que el  planteamiento  no  compagina  con  su  naturaleza,  ni  con  ningún  otro vicio  admisible en esta sede extraordinaria.   

Según  criterio  reiterado  de la Sala, se  incurre  en  esta  modalidad  de  yerro  cuando  el  juzgador  pondera  un medio  probatorio  desconociendo  las  pautas  de la sana crítica, esto es, postulados  lógicos, leyes científicas o máximas de la experiencia.   

Por tanto, para que una propuesta basada en  esa  modalidad  de  error  tenga  asidero,  el  demandante está compelido, como  primera  medida,  a identificar la prueba sobre la cual recae el yerro; luego, a  establecer  el  mérito otorgado al medio de convicción en la sentencia y, a la  vez,  a  señalar  con  claridad cuál es el postulado de la sana crítica en su  criterio  vulnerado, esto es, el principio lógico, la máxima de la experiencia  o la regla científica quebrantada.   

Acto  seguido  debe proceder a vincular esa  apreciación  con  la  pauta  aludida demostrando en dónde radica el desvío y,  por  último,  está  obligado a precisar la trascendencia del error frente a la  ley  sustancial, lo cual le exige exponer los argumentos conducentes a demostrar  que  la sentencia impugnada se debe modificar en favor del interés representado  como  consecuencia  necesaria  del  error,  tarea que, ineludiblemente, entraña  abordar   la   totalidad   de  los  medios  de  persuasión  en  los  cuales  se  sustenta.      

En  la  censura objeto de estudio pareciera  inicialmente  que  el  censor  tiene  claridad  acerca de la modalidad del error  invocado,  pero  la  argumentación  presentada  dista  de  la forma correcta de  demostrar  un  falso  raciocinio  en  la apreciación probatoria, acorde con los  parámetros vistos.   

Lo  anterior,  porque  si bien refiere a la  transgresión  de  máximas de la experiencia y de la lógica, la argumentación  se  torna  confusa  cuando  más  adelante  anota  que es preciso casar el fallo  impugnado  “como consecuencia de errores de hecho y  de  derecho  en  la  apreciación  de  las pruebas”,  haciendo  abstracción  que el falso raciocinio representa un verdadero error de  hecho y no de derecho en tal labor.   

El panorama se complica más cuando a la par  controvierte  el  fallo  impugnado  por  no  haber  apreciado los testimonios de  Luz   Edilma   Rendón,   Juan  David  Ossa  Rendón  y  Adriana  María  López  Medina,   quienes  en  sus  declaraciones habrían señalado que observaron a  tres  hombres  disparando  contra  el  ofendido  y ninguno de ellos era el aquí  procesado,  además  de desmentir algunas circunstancias que rodearon los hechos  expuestas  por  la  víctima;  empero, tal propuesta no se acompasa con el yerro  pretextado,  sino  con una modalidad diversa de error de hecho, concretamente en  el  denominado  falso  juicio  de  existencia  por  pretermisión  de  medios de  prueba.   

Tal   forma   de   concebir   el  ataque,  acompañada,  por  lo  demás, de evidentes errores de redacción que dificultan  su  comprensión,  configura  quebranto  de principios basilares de la actividad  casacional  en  procura  de  conseguir  demandas  que  satisfagan las exigencias  argumentativas   propias   de  este  medio  extraordinario  de  impugnación  de  naturaleza  rogada,  tales  como  los  de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.   

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Contrario  a  lo  que se persigue con estos  postulados,  en  este  reparo, como ya se expuso, se involucran  propuestas  antagónicas,  como  lo  es  la  violación  indirecta  de la ley sustancial con  fundamento   en   un  error  de  hecho     por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  y el falso raciocinio originado en la desatención de  pautas  de  la sana crítica respecto de las mismas pruebas, en cuanto configura  un imposible lógico que sean ignoradas y, a la vez, valoradas.   

Adicional  a  lo  expuesto, ninguna de las  reglas  de  la sana crítica en las que se basa el impugnante para sustentar los  yerros de valoración probatoria tienen tal connotación.   

Previamente, adviértase cómo el censor de  forma  indistinta  alude a postulados de la lógica y máximas de la experiencia  sin reparar que, por su naturaleza, son disímiles.    

De  cualquier forma, ninguna de las reglas  referidas,  ser  insiste,  ostenta  la  pretensión  de  universalidad  que debe  caracterizarlas,  en  tanto  no  resultan ser cosa distinta a la exposición del  particular e íntimo punto de vista sobre su valor.   

         Palmario  se  torna  lo dicho, para empezar, frente a las supuestas  contradicciones  en que habría incurrido  el ofendido sobre aspectos tales  como  la vestimenta que portaba el agresor, condiciones de luminosidad del lugar  en  donde  tuvo ocurrencia el atentado y manifestaciones sobre autoría que hizo  poco  después  de sucedido, con lo depuesto posteriormente por él en el juicio  oral,   lo   cual  de  manera  alguna  estructura,  como  lo  afirma  el  actor,  vulneración  de  reglas de experiencia, sino la convicción subjetiva que tiene  sobre  dicha  declaración,  opuesta, desde luego, a la credibilidad que para el  Tribunal ofrece.   

Menos  aún  adquiere  dicha categoría el  planteamiento  de  que  la víctima es un delincuente y que, por tal condición,  acostumbra  a  confiar  más en los integrantes de la Policía y no en los de la  SIJÍN,  ante quienes reveló la identidad de su agresor, en cuanto el organismo  que  los  “persigue y hostiga siempre es la SIJÍN y  no   la   Policía   uniformada”.  Al  sostener  lo  contrario, colige, su dicho pierde todo mérito.   

         Aún  aceptando  el  supuesto  de  que el ofendido desarrollaba una  actividad  delincuencial  en  tanto  se dedicaba el expendio de estupefacientes,  como  él  mismo  así  lo reconoce en su testimonio, ningún sustento razonable  tiene  la  construcción  expuesta  por  el  libelista, pues la lucha contra las  formas  de  criminalidad  por  igual  compete  a los diferentes estamentos de la  Fuerza  Pública  y  no  es  cierto  que,  por  regla  general, los delincuentes  confíen  más  en  alguna  de  estas  entidades.  Es  evidente,  por  tanto, el  carácter especulativo de esa afirmación.   

         Tampoco  erige postulado alguno de la sana crítica la aseveración  enunciada  conforme a la cual el testimonio del ofendido no reviste credibilidad  dado  que  es  ilógico que reconociera a su primo y no a los demás sujetos que  lo  acompañaron  tratándose  de  personas  de su mismo entorno. Este supuesto,  ciertamente,  lejos está de constituir un actuar generalizado o constante, pues  igualmente  es  viable  que  un  delincuente  se  haga  acompañar  de  personas  desconocidas  como  conocidas  para  la  víctima  con  el  fin  de  asegurar la  comisión  del  ilícito,  lo cual dependerá de las circunstancias particulares  de   su   comisión   y   del   plan   criminal   desplegado   en   orden  a  su  materialización.   

         Por  último, mucho menos puede aceptarse como regla de experiencia  para  valorar  el  testimonio los antecedentes o la actividad delictiva de quien  lo  rinde,  en contraste con el mayor valor que surgiría para el que no ostenta  tal  condición,  pues,  como  lo  tiene  sentado la Sala, en decisión también  citada      por     el     ad     quem:   

“La  Corte  encuentra  contradictorio el  argumento,  en  tanto  la  premisa  inicial  de  que  el pasado delictivo de una  persona  no  puede  sustentar  la  credibilidad de su relato, resulta negada sin  explicación  alguna,  pues  cuando menos se exigía un razonamiento respecto de  si  el caso analizado constituía una excepción a la regla propuesta. Lo cierto  es  que,  sin  más, la tesis se niega para, finalmente, tener como no confiable  el testimonio por provenir de quien tiene antecedentes penales.   

Si   bien   no   lo   pone    de    manifiesto,   la   deducción   del   Tribunal   comportaría    que   dentro   del   normal   desenvolvimiento   de   las  cosas  en el  diario   vivir    se    constituye    en   un   parámetro   admisible    que    el    pasado   criminal    de    un  individuo   lo   convierte,   sin  más,   en  un   testigo   mentiroso,  y,   correlativamente,  que  las   personas   sin   antecedentes   criminales  siempre  declaran  la  verdad.  Las  dos  posturas resultan igual de desatinadas, por cuanto carecen de  soporte  en  la realidad. No resulta exótico encontrar personas sin tacha penal  alguna  que  falseen la verdad, como otras que, habiendo pasado por los estrados  judiciales,   se   deciden   por  narrar  lo  realmente  acaecido”1.   

A cambio, entonces, de exponer reglas de la  sana  crítica  desconocidas  en  la  sentencia confutada, el actor opta por dar  rienda  suelta  a  su modo particular de apreciación con el objeto de que no se  otorgue  valor  probatorio  al  medio  de  convicción  principal  sobre el cual  descansó  el reproche penal edificado sobre su protegido, el cual, como bien lo  consignó  el  Tribunal,  encuentra  respaldo  en  otros  medios de prueba, cuya  existencia  es  por  completo  omitida  por  el  demandante, en detrimento de la  trascendencia del ataque.        

En  este orden de ideas se concluye que en  esta  censura,  como  en la anterior, el censor se limita a exponer abiertamente  su  criterio  personal  en  punto  de  la  valoración  de algunas probanzas, en  actitud  contraria  a  la  esencia  y naturaleza de este medio extraordinario de  impugnación.   

Los  defectos  argumentativos  puestos  de  manifiesto,  permiten a la Sala razonablemente concluir que la demanda no cumple  con  las  exigencias  contenidas  en  las  normas legales, motivo por el cual se  impone  su  inadmisión,  pues no obra una adecuada ni suficiente argumentación  dirigida  a  demostrar  los errores atribuidos al fallo, circunstancia que torna  ineludible  su  inadmisión,  con sujeción a lo normado en los artículos 183 y  184 de la Ley 906 de 2004.   

Se arriba a idéntica conclusión, además,  porque  del  contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no  encuentra  procedente  la Sala la necesidad en este caso de superar los defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos  en  el  artículo  180  ibídem.    

Ahora      bien,     habida  cuenta  que  contra  esta  decisión procede el mecanismo de  insistencia  de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  artículo  184 de la  misma      codificación     adjetiva,  impera  precisar  que  como  dicha  legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, habrán  de    acatarse   las   reglas   fijadas   por   esta  Corporación   en   tal  sentido2.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada  por el defensor  de   ANDRÉS   HUMBERTO   RAMÍREZ  MAYA,     por     las    razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                     GUSTAVO           ENRIQUE           MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                    JAVIER             ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1  Sentencia de agosto 31 de 2008, rad. 31761.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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