41330(17-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  

JOSE LUIS BARCELO CAMACHO  

Bogotá     D.C.,     diecisiete  (17)  de mayo de dos mil trece (2013).   

MOTIVO DEL PRONUNCIAMIENTO  

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  7º,  numeral  2º,  de  la  Ley 1095 de 2006, el suscrito Magistrado  resuelve  la  impugnación  formulada  contra  la decisión de 4 de mayo de 2013  mediante  la  cual una Magistrada del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,       -Sala  de  Extinción de Dominio-, negó  la  acción  de  hábeas  corpus  interpuesta a través de abogado por LISBETH JOHANA CASTILLO GARCÍA.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

    

1. El      3         de         mayo  del año en curso, por conducto de  apoderado,    LISBETH   JOHANA   CASTILLO   GARCÍA  promovió  acción pública de hábeas corpus ante la  Sala       Penal      del       Tribunal         Superior         del           Distrito     

Judicial de Bogotá  -Sala   de   Extinción   de  Dominio-,  para  que  se le conceda la libertad, por  considerar  que   en  el proceso que se le sigue  como coautora del delito de  secuestro     simple  agravado,  ante el Juzgado  Trece    Penal    del  Circuito   con  función de conocimiento de esta  ciudad                  -adjunto-,   desde   la   fecha   de  la  formulación  de la acusación, ocurrida el 6 de marzo  de  2013,  transcurrieron más de ciento veinte (120)  días  sin  que se haya dado  inicio al juicio oral.   

Indica que acudió  ante    el    Juez    Treinta    y    Siete   Penal  Municipal  con  función  de control de garantías de  Bogotá    para    que    le   otorgara    la    libertad    por             vencimiento   de  términos,  la  cual  fue  negada,  decisión  que  recurrida en apelación fue  confirmada  por el Juzgado Cuarenta y Ocho   Penal  del  Circuito    con    función    de    conocimiento.   

2.  Con el fin de  verificar  los fundamentos del mecanismo constitucional promovido, la magistrada  del    Tribunal    Superior    del    Distrito    Judicial    de    Bogotá  -Sala de Extinción de Dominio-,  a  la  que correspondió resolver el amparo, ordenó practicar   inspección judicial    a  los  expedientes  contentivos  del  proceso  penal  seguido  contra  la actora  y otros y del trámite de la solicitud  de  libertad que en relación con ese asunto promovió  CASTILLO  GARCÍA  a través de apoderado, verificando  los siguientes hechos relevantes:   

2.1. El   Juez  Treinta  y  Dos  Penal Municipal con función  de control de garantías  de Bogotá, en audiencia  preliminar  realizada el 7 de julio  de      2011,      impartió      legalidad  a  la  captura  de  LISBETH  JOHANA CASTILLO GARCÍA, Luis  Fernando   Coronado   Castellanos  y  Eduardo  Ramón  González  Rivera,  y  el   delegado   de   la  Fiscalía  General  de  la  Nación   les   imputó  el  delito  de  secuestro  simple  agravado, y por solicitud de éste les impuso  medida  de  aseguramiento  privativa de la libertad,  sin   beneficio   de   excarcelación,   para   lo   cual   ordenó  librar  las  correspondientes boletas de detención.   

2.2. La Fiscalía  General  de  la Nación radicó escrito de acusación  contra    CASTILLO    GARCÍA    el   5        de        septiembre    de    2011,    por   la  descrita    conducta  punible,  correspondiendo al Juzgado Trece Penal del  Circuito  de  Conocimiento, que fijó el 5 de octubre  siguiente  para  adelantar  la  audiencia  respectiva.  Sin  embargo, llegado el  día    señalado,  el  apoderado  de  Luis  Fernando   Coronado   Castellanos,   solicitó   aplazamiento   de  ésta,    para   prepararla   en  debida  forma,  por  lo  que  el  juez  fijó   de   nuevo   el   21   del   mismo   mes   y   año.   

Para   la   citada   fecha  el  ente instructor solicitó aplazamiento, por cuanto la Fiscal de  conocimiento  había  sido  incapacitada  médicamente,  para lo cual allegó la  respectiva  constancia,  por lo que se reprogramó la citada audiencia para el 3  de  noviembre  siguiente,  día en que se dio inicio  formal a la acusación contra CASTILLO GARCÍA y otros.   

2.3.   Dentro  de  dicha  diligencia se resolvió            una   petición  de  nulidad elevada  por  el  apoderado  de  la  aquí  accionante,  la  cual  fue resuelta de manera  negativa  a  sus pretensiones, motivo por el cual fue  recurrida  y confirmada   por  el  ad  quem.  Dicha  audiencia  terminó  en  sesión del 1º de marzo de 2012 y allí se fijó el 23  del  mismo  mes y año para realizar la preparatoria;  no  obstante,  por  petición  expresa  de  los  apoderados  judiciales  de  los  acusados,     ésta     se    trasladó  para  los  días  13 y 14 de junio siguientes, dejando expresa  constancia  por  parte  de la señora Juez que “ese  término      no     sería     atribuible     al  Despacho”.   

2.4.  Se  constató  además que dos días  antes  de  las  fechas  programadas,  nuevamente  los defensores de los acusados  solicitaron   aplazamiento   de   la   diligencia  preparatoria,  procediendo  a  señalarse   como   nueva   fecha  el  31  de  julio  y  primero  de  agosto  de  2012,   pero   en  esa  oportunidad,  el  abogado  de  las  víctimas  elevó  petición  para  que la misma no se llevara a cabo por imposibilidad de asistir,  quedando  entonces  fijada  para los días 16 y 17 de  agosto siguientes.   

Una  vez  instalada  la  audiencia el 16 de  agosto  señalado,  el  abogado de LISBETH  JOHANA CASTILLO GARCÍA, solicitó variación de la naturaleza  de   la   audiencia  preparatoria,  por  la  de  preclusión,  manifestando  que  “…los términos para el conteo de la libertad de  su     prohijada     correrán     a    cargo    de    la    defensa”.    Acogida    la   petición,   se  elevó  la  solicitud  de  preclusión  de la actuación procesal a favor de los acusados con fundamento en  la   causal   descrita   en   el   numeral       1º       del  artículo 332 de C.P.P.   

2.5. El   6   de  septiembre  de  2012,  el  Juzgado  Trece  Penal  del  Circuito  con  función  de  conocimiento  -adjunto-  de  esta ciudad, negó la preclusión  solicitada,  al  considerar  que la causal aducida corresponde al surgimiento de  circunstancias  objetivas  y  no  a  la determinación de la tipicidad del hecho  punible,  por cuanto este aspecto se desarrolla en el  juicio  oral,  providencia  que  recurrida por la defensa, fue confirmada por la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de Distrito Judicial de Bogotá, mediante proveído de 30 de enero de  2013.   

2.6.   En cumplimiento de lo dispuesto  por  el  superior,  el  Juzgado  de conocimiento,  mediante  auto del 15 de febrero de  2013, señaló como fecha  para    llevar   a   cabo   la   audiencia  preparatoria  el  23 de abril siguiente,  interponiéndose  recurso  de  apelación contra las decisiones  negativas, entre otros, por los defensores.   

2.7.   Se  constató  además  que  el  6  de  marzo de 2013, el Juez Treinta y Siete Penal  Municipal  con  función de control de garantías negó la libertad solicitada  por  los defensores de LISBETH JOHANA CASTILLO  GARCÍA y Luis Fernando Coronado  Castellanos,       por      vencimiento      de  términos    y    concedió    el    recurso    de  apelación,  el cual fue  confirmado  por  el  Juzgado  Cuarenta y Ocho Penal del Circuito con función de  conocimiento de esta ciudad.   

DECISIÓN IMPUGNADA  

Luego  de  la  práctica  de  la  inspección  judicial   ordenada   por   el   a  quo  al  proceso  penal  que  se  adelanta  contra la ciudadana LISBETH  JOHANA  CASTILLO GARCÍA y otros, la Magistrada del Tribunal Superior de Bogotá  –Sala  de  Extinción de  Dominio-   mediante  providencia  de  4 de mayo pasado,  negó el  hábeas    corpus   al  considerar  que en el caso concreto, no obstante no existir duda que el término  fijado  por el legislador para iniciar el juicio oral es de 120 días,  que  la  actuación  se  adelanta  contra tres personas y que el delito por el que se  procede  es  de  competencia de los jueces penales del circuito, se advierte que  el  juicio oral no ha podido iniciarse por circunstancias ajenas al juzgador y a  la administración de justicia, pero imputables a la defensa.   

Hizo  un  recuento de los aspectos relevantes  que  han  impedido  llevar a cabo el juicio oral, señalando que “la  totalidad  de  días transcurridos desde la formulación de la  acusación  -1º  de  marzo  de  2012-,  a  la  fecha en se decidió la presente  acción  constitucional -4 de mayo de 2013-, han transcurrido doscientos setenta  (270)  días  (sic),  de  los  cuales,  doscientos  treinta  y cuatro (234), son  imputables  a  la defensa” de LISBETH JOHANA CASTILLO  GARCÍA,  sin  considerar los días que resultan de la solicitud del defensor de  Coronado   Castellanos   y   González   Rivera,   que   también   integran  la  defensa.   

Concluyendo  que  la  diferencia con cargo al  Estado,  es  muy inferior a los ciento veinte (120) días exigidos para pedir la  libertad  y  que  como  se  observa  que  el  defensor  de  CASTILLO  GARCÍA ha  adelantado   actuaciones   tendientes   a   dilatar   el  inicio  y  consecuente  culminación  del  juicio  oral,  ordenó  la  compulsa  de  copias  para que se  investigue  si  el  comportamiento  desplegado  por  el  profesional del derecho  tipifica alguna de la faltas previstas en la Ley 1123 de 2007.   

LA IMPUGNACIÓN  

El  representante  de  la   accionante  interpuso  recurso  de apelación contra la anterior determinación argumentando  que  con ella se desconoció la decisión de los Juzgados Cuarenta y Siete Penal  Municipal  con  función  de  garantías  y  Veintisiete  Penal del Circuito con  función  de conocimiento, despachos que conocieron las solicitudes de libertad,  y  en  cuanto  a  la posible responsabilidad en la suspensión del conteo de los  términos éstos fueron descontados a cargo del defensor.   

Para  el impugnante, la Magistrada de primera  instancia  no  tuvo  en  cuenta que las mismas ya fueron objeto de análisis por  parte  de  los mencionados juzgados cuando hicieron los cómputos respectivos de  acuerdo  con  el  numeral  5º del artículo 317 de la Ley 906 de 2004, violando  así  el principio universal de la cosa juzgada y del  non bis in idem.   

Aclara   que   la   Magistrada  expone  que  “desde   la   formulación   de   la   acusación  -1º  de marzo de 2012-, a la fecha en que se decide  la  presente  acción  constitucional  -4  de  mayo  de  2013-, han transcurrido  doscientos   setenta   (270)   días…”  , precisando que dicha afirmación no es acertada, ni    refleja    la    realidad   natural   del   transcurso   del  tiempo,  pues “entre  el  1º  de  marzo  de  2012  y  el  4  de mayo de 2013 existe un periodo de 430  días”, para lo cual anexa un cuadro discriminado de  los  cómputos,  indicando  que  se  deben  descontar  297 días imputables a la  defensa.   

Con base en lo anterior solicita revocar el  pronunciamiento  apelado,  para  en  su  lugar  declarar  procedente el amparo y  conceder  libertad a LISBETH JOHANA CASTILLO GARCÍA.   

CONSIDERACIONES  

1.  El  suscrito  Magistrado  es  competente para conocer en segunda  instancia  de  la  impugnación  interpuesta contra la decisión a través de la  cual  se  negó  la  solicitud  de  hábeas  corpus  presentada por el apoderado  de   LISBETH  JOHANA  CASTILLO  GARCÍA,  dado  que  el  numeral  2º del artículo 7º de la Ley 1095 de  2006       dispone      que      “…cuando  el  superior jerárquico sea un juez plural, el recurso  será   sustanciado   y   fallado  integralmente  por  uno  de  los  magistrados  integrantes  de  la  Corporación,  sin  requerir  la  aprobación  de la sala o  sección  respectiva.  Cada uno de los integrantes de la Corporación se tendrá  como juez individual”.   

2.     Previamente     a    resolver    lo    pertinente, necesario es recordar que el hábeas  corpus  es  una  acción  constitucional  orientada a la protección del derecho  fundamental  a  la  libertad, cuyo alcance está determinado por los tratados de  derechos  humanos  ratificados  por  Colombia,  específicamente  la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos  de  San  José de Costa Rica suscrita el 22 de  noviembre  de  1969  y  aprobada  mediante  la Ley 16 de 1972, que dispone en el  artículo 7, numeral 6:   

“…toda  persona  privada de la libertad tiene derecho a recurrir ante un juez o tribunal  competente,  a  fin  de  que  éste decida, sin demora, sobre la legalidad de su  arresto  o  detención y ordene su libertad si el arresto o la detención fueran  ilegales.  En  los  Estados  Partes  cuyas leyes prevén que toda persona que se  viera  amenazada  de ser privada de su libertad tiene derecho a recurrir ante un  juez  competente  a  fin  de  que este decida sobre la legalidad de tal amenaza,  dicho  recurso  no  puede  ser  restringido  ni  abolido.  Los  recursos podrán  interponerse      por      sí      o      por      otra     persona”.   

La  Corte Constitucional en la sentencia C-  496 de 1994, al respecto puntualizó:   

“Ahora bien,  el   alcance  de  la  garantía  de  Hábeas  Corpus  debe  ser  determinado  de  conformidad  con los tratados de derechos humanos ratificados por Colombia (C. P  art.  93)  ¿Cuál es entonces el contenido de esta garantía dentro del sistema  interamericano?  Para ello conviene retomar nuevamente los criterios de la Corte  Interamericana,  máximo  intérprete  judicial de los alcances normativos de la  Convención  Interamericana. Según este tribunal, el Hábeas Corpus, reconocido  en   el  artículo  7-6  de  la  Convención,  sólo  adquiere  su  pleno  sentido  protector  a  la  luz de los principios del debido  proceso  contenidos en el artículo 8º de este mismo instrumento internacional,  puesto  que  ésa  es la forma de realizar el principio de la efectividad de los  medios  procesales  destinados  a  garantizar  los  derechos humanos”.            (Subrayas           ajenas          al          texto).   

Por  ello,  el legislador al expedir la Ley  1095  de  2006, mediante la cual reglamentó el artículo 30 de la Constitución  Política,  en  el  artículo  7  estableció  que  la providencia que niegue el  hábeas  corpus  podrá  ser impugnada, dentro de los tres días siguientes a la  notificación,  sin establecer la exigencia de sustentación, armonizando de esa  forma  con  la  naturaleza  preferente  y  sumaria que a tal acción atribuye la  Constitución y la ley en cita.   

3. En  cuanto  a  lo  que  constituye  el  objeto  de  este  mecanismo de  protección,  el  hábeas  corpus  es a la vez garantía de inviolabilidad de la  libertad  personal, derecho fundamental y acción constitucional destinada a ser  ejercida    en    cualquiera    de    los   siguientes   eventos:   i)  cuando  la  persona  es  privada  de  libertad  con  violación  de  las  garantías  constitucionales  o  legales,  y  ii) cuando la privación de  la libertad se prolonga ilegalmente.   

En los casos a que hace referencia la segunda  hipótesis,  es  decir,  cuando la privación de la libertad está respaldada en  providencia  judicial,  las  solicitudes de libertad deben formularse dentro del  proceso  penal  respectivo  y  haciendo  uso de los recursos legales existentes.  Solamente  se  justificaría  la  procedibilidad de la acción de hábeas corpus  cuando  la  decisión  judicial constituya una auténtica vía de hecho o cuando  contra  la  misma  no proceda recurso de apelación1.   

Además,   de   acuerdo   con   reiterada  jurisprudencia   de   la   Sala   de   Casación   Penal,  si  bien  el  hábeas  corpus no necesariamente es  residual    y    subsidiario,    cuando    existe   un   proceso   judicial   en  trámite,   no   puede  utilizarse   con   ninguna   de   las   siguientes   finalidades:   i)    sustituir   los   procedimientos  judiciales  comunes  dentro  de  los  cuales  deben formularse las peticiones de  libertad;  ii)  reemplazar  los   recursos   ordinarios   de  reposición  y  apelación  establecidos  como  mecanismos  legales  idóneos  para  impugnar  las decisiones que interfieren el  derecho  a  la  libertad  personal;  iii)  desplazar  al  funcionario  judicial  competente;  y  iv)   obtener   una   opinión  diversa  —a manera de instancia  adicional—   de   la  autoridad   llamada   a   resolver   lo   atinente   a   la   libertad   de  las  personas.   

Del caso concreto  

1.  La petición  de  hábeas  corpus  que  ocupa  la  atención  de este Despacho está dirigida a que se determine si ante  el  vencimiento  de  los  términos  legales para dar inicio al juicio oral y la  negativa  de  los  jueces de garantías de conceder la libertad provisional a la  procesada  por  la  causal  establecida  en  el artículo 317-5 de la Ley 906 de  2004,   resulta   procedente   el   amparo   constitucional   especial   de   la  libertad.   

2.  Para  dar  respuesta  satisfactoria  a  la  problemática  que  entraña  la  solución del  presente  asunto se disertará en primer lugar sobre el concepto plazo razonable  y,  a  partir  del  alcance  de dicho postulado, se examinará la posibilidad de  estar  ante  una vía de hecho en los pronunciamientos judiciales que negaron la  petición de libertad invocada.   

Los   términos  procesales  y  el  plazo  razonable   

No existe un rasero universal sobre los plazos  que  tienen  las autoridades para tramitar la investigación y el juzgamiento de  una  persona  acusada  de la comisión de un delito, en tanto los Estados tienen  un  alto margen de discrecionalidad para establecer los términos en que se debe  cumplir  un  proceso,  cuestión  que  resulta  similar  a lo que ocurre con los  recursos  que se autorizan para discutir las providencias judiciales dado que en  algunos  casos  cuando  el  problema  debe  ser resuelto por la máxima Corte de  justicia  resulta  inadmisible  la  existencia  de  la apelación u otro recurso  similar,  situación que se enmarca dentro del denominado derecho de los pueblos  y su libre autodeterminación.   

Con todo, la jurisprudencia de la Sala ha sido  reiterativa  al  señalar  que  los  términos son de riguroso cumplimiento y no  puede  dejarse  su  aplicación  al  arbitrio  de  los  empleados o funcionarios  judiciales2.  Si  tal cosa se permitiera, desaparecería la seguridad jurídica  que  de  ellos  dimana,  quedando  sujeto  el  proceso  a  las  interpretaciones  caprichosas  de  quienes  en  un  momento  dado  deben  darles  su  curso en las  actuaciones encomendadas.   

El anterior entendimiento no constituye cosa  diferente  que  hacer  realidad  el  imperativo  constitucional  previsto en los  artículos  29 y 228 que establecen como elemento del debido proceso su trámite  sin  dilaciones  injustificadas  y la necesidad de observancia con diligencia de  los  términos  procesales so pena de sanción por su incumplimiento, previsión  que   también   estableció   el   legislador  en  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración de Justicia, artículo 4°.   

Al   respecto   la   Sala   ha  precisado  que:   

“La vulneración al debido proceso por la  dilación  de  los  términos,  no  surge  automática  del  mero transcurso del  tiempo,  sino,  como  lo  indica  el  propio  texto  constitucional,  de que esa  extensión  sea  injustificada,  esto  es,  que no obedezca a ningún motivo que  pueda ser calificado como razonable.    

Ahora  bien:  resulta  claro  que  para el  Estado,  que  finalmente es en quien radica la acción penal, existen múltiples  y   variadas   sanciones   procesales   y   extraprocesales   por  la  dilación  injustificada  de  los términos de actuación en los asuntos penales.  Las  causales  de  libertad  por vencimiento de términos, son de las más conocidas;  y,  la  prescripción  de  la  acción  es  la  más  grave de todas3.”   

Y  en  los  supuestos  de  privación de la  libertad se ha insistido en que:   

“En  un  Estado social y democrático de  derecho  la  privación de la libertad física no puede ser indefinida, sino que  está  sometida a unos limites temporales, dentro de los cuales se deben cumplir  actuaciones  tendientes  al  pronto adelantamiento del proceso penal, so pena de  que  la  persona,  como  consecuencia  de  esa  morosidad,  justificada o no del  aparato jurisdiccional, recobre su libertad…   

Por otra parte, la razón por la cual se le  señaló  al  aparato de justicia un plazo máximo para calificar el mérito del  sumario,  cuando  hay  procesado preso, se debió a la necesidad de imponerle un  límite  para  evitar  que  las  personas  permanecieran  indefinidamente en tal  estado  y  en  investigación, sin que se les formulara pliego de cargos, lo que  resultaba  atentatorio no sólo del derecho a la libertad sino de la presunción  de  inocencia.  Pero,  infortunadamente, la experiencia demostró que fijado ese  plazo,  el  Estado se limitaba a formalizar el pliego de cargos, pero que no era  diligente  en  el  adelantamiento  de  la  etapa  de juzgamiento, prolongándose  también   indefinidamente  la  privación  de  la  libertad  y  anulándose  la  finalidad  buscada con el plazo señalado para calificar el mérito del sumario,  por  lo cual hubo necesidad de señalar un nuevo término para que, en el evento  anterior,  el  juez  verificara  la  audiencia,  so pena de dejar en libertad al  acusado si no lo cumplía.   

Como se ve claramente, la finalidad de los  dos  numerales  fue  la  misma,  esto  es,  evitar  que  a los procesados se les  prolongara  indefinidamente  la  privación  de  su  libertad física sin que el  Estado  cumpliera  con el deber de administrar una justicia pronta y eficaz, por  lo  cual  la  interpretación  que  pretende hacer el recurrente, con base en la  pura   exégesis   o   literalidad   del   precepto  es  inaceptable4.   

A  su  turno, la Corte  Constitucional  también ha sido explícita al advertir que:   

El debido proceso en lo penal se manifiesta  en   tres   principios   fundamentales…:  el  debido  proceso  sin  dilaciones  injustificadas,   la   favorabilidad   y   la  norma  posterior.  La  expresión  “dilaciones  injustificadas”  del  artículo  29  de  la  Constitución debe ser  leída  a  partir  del  artículo  228  ídem  -cumplimiento de los términos- e  interpretada  a  la  luz  del  artículo  7.5 de la Convención Americana de los  Derechos  Humanos, esto es, “dilaciones injustificadas” debe entenderse que como  “un  plazo  razonable”  que  es  necesario  cumplir5.   

Acerca  del  concepto “plazo razonable”  previsto  en  los  artículos  7.5 y 8.1 de la Convención Americana de Derechos  Humanos  se  ha  dicho  reiteradamente que, de acuerdo con los desarrollos   hermenéuticos  de  la  Corte Europea de Derechos Humanos retomados por la Corte  Interamericana,  si bien no admite una definición sencilla es necesario para su  cabal  entendimiento  tomar  en  cuenta tres elementos  para  determinar la razonabilidad del plazo en el cual se desarrolla el proceso:  a)  la  complejidad del asunto; b) la actividad procesal del interesado; y c) la  conducta    de    las    autoridades   judiciales6.   

Resulta   evidente   que   los  artículos  7.5  y  8.1  de  la  Convención Americana persiguen  justamente  el  propósito  que las cargas que el proceso penal conlleva para el  individuo   no  se  prolonguen  continuamente  en  el  tiempo  y  causen  daños  permanentes7.   

En  el presente asunto se tiene establecido  que  entre  la  formulación  de la acusación por parte de la Fiscalía ante el  Juzgado  de  conocimiento (1º de marzo de 2012) y la fecha de presentación del  hábeas corpus (4 de mayo  de   2013)   ha   transcurrido   un  plazo  de  430  días  contados  de  manera  ininterrumpida,  pero  que  a  este  lapso  se  le  descuentan   234  días  imputables  a  la  defensa,  por  lo  que el tiempo a cargo del Estado es de 196  días.   

De  acuerdo  con  lo  manifestado  por  la  Magistrada     del     Tribunal     Superior     de     Bogotá     –Sala     de     Extinción    de  Dominio-   se  considera  que  el  amparo  solicitado no tiene vocación de  éxito,  toda  vez que si bien han transcurrido más de 120 días desde la fecha  de  la  presentación del escrito de acusación sin que se hubiera dado inicio a  la  audiencia  de  juicio  oral, ello se debe  al comportamiento desplegado  por  el  apoderado  judicial  de  CASTILLO  GARCÍA,  que  conllevó a que no se  realizara  dentro  de  los  términos  fijados  por  el  legislador la audiencia  preparatoria.   

Además  su petición de preclusión de la  acción  que,  pese  a  su  improcedencia, evidenció un comportamiento ajeno al  principio  de  lealtad,  por una injustificada dilación, para ahora reclamar en  su  favor  -vencimiento  de  términos-  y  consecuentemente,  la libertad de su  prohijada,  como  si   el  tiempo  transcurrido   fuera imputable a la  administración de justicia.   

Por lo que se observa que el proceso se ha  desarrollado  en  un  lapso que no resulta irrazonable, y que el artículo 317-5  de  la  Ley  906 de 2004 está orientado a casos de inactividad procesal, lo que  no  ocurre  en  el  presente  evento  en el cual se ha observado diligencia, sin  incurrir  en prolongación injustificada de términos por parte del Estado, pero  sí por parte de la defensa.   

Esta   Corporación   tiene  dicho  que  la  contabilización  de los términos debe realizarse ininterrumpidamente cuando se  trate   de   causales   de   libertad  provisional8,    criterio    que    viene  refrendando constantemente.   

No  obstante  lo  anterior,  resulta oportuno  aclarar   que   la   causal   provisional   invocada   no   opera   objetiva   y  automáticamente,  sino  que tiene un condicionamiento previsto en el parágrafo  del mismo canon, según el cual,   

“No habrá lugar a la libertad cuando la  audiencia   de   juicio   oral   no   se   haya   podido   iniciar  por   maniobras  dilatorias  del  imputado  o  acusado,  o  de  su  defensor,  ni  cuando la  audiencia   no  se  hubiere  podido  iniciar  por  causa  razonable.”   

Observado  que  el  juicio  oral  no se ha  cumplido  dentro  del  término  de  los  120 días fijados en los supuestos del  motivo  de  libertad que se aduce, pero por razón de las múltiples solicitudes  de  aplazamiento  de  la  audiencia  preparatoria  que  uno de los defensores ha  reclamado  en  pos de ejercer con plenas garantías el derecho de defensa y que,  precisamente,  tras  acoger  dichas  peticiones,  el  Juez de conocimiento lo ha  diferido  en  varias  oportunidades, por lo que el juicio de razonabilidad sobre  los  motivos  que  rechazan  la  libertad  sale  avante  en  las decisiones así  adoptadas  y,  por  ende,  nugatoria  la  viabilidad  misma de la acción por no  configurar esas decisiones vías de hecho.    

Por lo demás,  también  lo  ha  señalado  la  doctrina  de la Corte, la eventual libertad por  vencimiento  de  términos,  configura  una  típica  sanción  al Estado por la  inercia  demostrada en el regular adelantamiento de los procesos, pero no cuando  superar  los  mismos  se  explica  a  través  de la propia dinámica de cuantos  intervienen  en su consolidación integral, esto es, cuando el propio devenir de  la  actuación  comporta  su  eventual  superación9.   

Por  manera  que  la  conclusión  no  puede  diferir  de  la que  asumió la Magistrada del Tribunal Superior de Bogotá  -Sala  de  Extinción  de  Dominio-  al  negar por  improcedente la acción  promovida   por   LISBETH    JOHANA   CASTILLO   GARCÍA   a   través   de  apoderado.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  el  suscrito  Magistrado  de la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de  la república y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR   la  decisión  impugnada  por  medio de la cual una Magistrada del Tribunal Superior  de   Bogotá   –Sala  de  Extinción     de     Dominio,     denegó    el    amparo    de    hábeas           corpus  impetrado  por  LISBETH  JOHANA  CASTILLO GARCÍA a través de apoderado.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase el expediente al Tribunal de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr.   Corte   Constitucional,  Sentencia  C-10  de  1994   

2 La  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, en auto de 7 de septiembre  de  1999,  radicación  15043, reiterado en la providencia de 19 de diciembre de  2000,  radicación 16172, entre otras, concluyó que “los actos procesales han  de  cumplirse  en  los  plazos  y  oportunidades  señalados por la ley o, en su  defecto, por el director del proceso, ya que son perentorios”.   

3  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, sentencia de casación de  25 de febrero de 2004, radicación 21284.   

4  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, auto de 9 de marzo de 1999,  radicación 15157.   

5  Corte Constitucional, sentencia C-557/92, salvamento de voto.   

6  Corte  Interamericana de Derechos Humanos, Caso Genie Lacayo vs. Nicaragua, Caso  Suárez  Rosero  vs. Ecuador, Caso Cantos vs. Argentina, Caso Ricardo Canese vs.  Paraguay.  En  igual  sentido  Caso  19 Comerciantes vs. Colombia; Caso Hilaire,  Constantine  y  Benjamín  y  otros.  Y  Comisión  Interamericana  de  Derechos  Humanos,  Jorge  A.  Giménez  vs.  Argentina,  dictamen  de la Comisión, entre  otros.   

7  Así  lo  ha  expresado  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 1° de  marzo  de  1996,  dictamen  de  la  Comisión  en  el caso Jorge A. Giménez vs.  Argentina.   

8  Radicado 30363 de febrero 4 de 2009 (hábeas corpus).   

9  Radicado 40819 de marzo 1º de 2013 (hábeas corpus     

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