40743(06-03-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

     FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

Aprobado  acta Nº  069   

Bogotá, D.C., seis  (6) de marzo de dos mil trece (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Milton   Iglesias   Ardila,  contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá el 3 de diciembre de  2012,  mediante  la  cual confirmó la proferida por el Juzgado Octavo Penal del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  el 17 de mayo del mismo año, que lo  condenó   como   autor  de  la  conducta  punible  de  homicidio  en  grado  de  tentativa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  Tribunal de la siguiente manera:   

“…ocurrieron  a eso del mediodía del 2  de  septiembre  de 2009, en la vía pública en donde confluyen la calle 42 y la  carrera  78D  en el barrio Timiza de esta ciudad (Bogotá). Allí se encontraron  Milton  Iglesias  Ardila  y  Giovanny  Basto  Rozo,  quien  habiendo sido amigos  mantenían  de  antaño  una disputa por una deuda económica. El primero salió  de  su  local  comercial  y  vivienda,  el segundo estaba retirando una moto del  taller  de  un  amigo: al toparse se agredieron verbalmente, se tranzaron en una  riña  y  en  medio de ella el hoy procesado hirió con un arma corto punzante a  su  contrincante  en una mano y en la región abdominal, causándole una lesión  en   el   intestino   grueso   que   puso   en   grave   peligro   su  vida  por  hemotorax.   

“Una   patrulla   policial   intervino,  aprehendió  a  Iglesias  Ardila  y  condujo  urgentemente  al  herido  hasta el  hospital    de    Kennedy,    en    donde    se   le   practicó   una   exitosa  cirugía”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General   de  la  Nación  el  2  de  octubre  de  2009,  presentó  escrito  de  acusación,      contra     Milton    Iglesias  Ardila,  por  el  delito  de  homicidio  en  grado de  tentativa.   

3. El expediente pasó al despacho del Juez  Octavo  Penal  del  Circuito con Funciones de Conocimiento de Bogotá, autoridad  que  el  17  de  mayo  de 2012, dictó sentencia de primera instancia, en la que  condenó    a    Iglesias    Ardila    a   la  pena  principal  de  104 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso de la privativa  de   la   libertad,  como  autor  de  la  conducta  de  homicidio  en  grado  de  tentativa.   

4.  Apelado  el  fallo  por el defensor, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el  23  de  noviembre  de  2012, al resolver el  recurso, lo confirmó.   

Contra la anterior decisión, el profesional  del  derecho  que vela por los intereses del procesado  interpuso recurso de casación.   

S  Í  N  T  E  S  I  S   D E L   L I B E L O    

         El  defensor  con  base  en  la  causal   tercera,  según  la  sistemática  reglada  en  el  Código  de  Procedimiento  Penal  de 2004,   presenta un sólo reproche contra el fallo, así:   

Primer cargo  

Acusa  al  sentenciador  de  haber  violado  indirectamente  la  ley  sustancial, al incurrir en un yerro relacionado con las  reglas  de producción de los elementos de conocimiento, vicio que condujo a que  el  acusado  no se le reconociera la causal de ausencia de responsabilidad de la  legítima defensa.   

Después de transcribir las consideraciones  del  fallo  recurrido,  opina  que con el testimonio de Giovanni Bastos Rozo, se  demostró  la  animadversión que existía entre los contrincantes, debido a que  el  día  del  acontecer el citado testimoniante estaba reclamando la moto en el  taller  de  José  Leonel  Portillo;  en  los  momentos  anteriores a los hechos  cargaba  el  respectivo casco conforme lo exige las normas de tránsito; y en la  riña utilizó el mencionado casco y piedras en contra del acusado.   

Manifiesta  que  con  la  versión de José  Ferney  Amaya Sandoval, miembro de la Policía Nacional, se acreditó que había  vidrios  en  la escena de los hechos y ubicados frente al negocio y vivienda del  acusado;  a  éste  no  se  le  encontraron  armas ni tampoco se hallaron en los  sitios  aledaños,  mientras  que con la declaración del acusado se estableció  que  Bastos  Rozo  se  encontraba  en  el  taller; cuando Milton Iglesias Ardila  estaba  pasando  por  el  frente  del  taller  fue  atacado por Giovanni Bastos,  tratando  inicialmente  de  correr  y  posteriormente  le  lanzó  piedras  a su  agresor,  “por  lo  que  se  hizo  detrás  de unas  cabinas  y un carro para protegerse, presentándose la ruptura de los vidrios de  las   cabinas   y   de   las  ventanas  de  su  negocio  y  vivienda”.  Agrega  que  su protegido siempre quiso eludir la riña, pero  recibió  un  golpe  de  su  agresor,  para  luego éste abalanzarse  en su  contra,  siendo  esa  la  razón  por  la  cual  Iglesias Ardila para protegerse  “tomó  un  vidrio  del  piso, fruto de las piedras  contra  las  ventanas  del  negocio  de  billares  de  mi  defendido y trató de  defenderse    y    es    cuando    su   agresor   salió   lesionado”.   

Y con el relato de José Leonel Portillo se  demostró  que es habitante del lugar del acontecer fáctico, que el día de los  hechos  el  señor Portillo se hallaba frente a su negocio; el enfrentamiento de  los  contrincantes  fue intempestivo y no observó el momento en que Bastos Rozo  resultó lesionado.   

Considera que a su representado se le debió  reconocer  la  legítima  defensa,  máxime cuando las versiones de José Leonel  Portillo,   José   Ferney  Amaya  Sandoval  y  Giovanni  Bastos  Rozo  resultan  insuficientes para concluir que no actuó para defender su vida.   

Estima  que se avasallaron las reglas de la  sana  crítica,  en  especial las máximas de la experiencia, en tanto no se dio  por  acreditado  el citado motivo de ausencia de responsabilidad, situación que  incidió  en  el  resultado  final del proceso, por cuanto el procesado terminó  condenado.   

Por  lo  expuesto,  el censor depreca de la  Corte  la  casación  de  la  sentencia  y por lo mismo, dictar una de carácter  absolutorio.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

La   casación   en   la   Ley   906   de  2004   

De   tiempo   atrás   la   Corte   tiene  establecido1,   en   criterio  que  en  esta  ocasión  se  reitera,  que  esta  impugnación  no  ha  sido  concebida  como  un  instrumento que dé cabida a la  continuación  del  debate  surgido  por  razón  del  proceso, pues el mismo se  entiende  culminado,  a  manera  de  instancia  adicional  a  las normativamente  previstas  para el respectivo trámite, sino que por el contrario, corresponde a  una  sede  única en la que se parte del supuesto que el juicio ha terminado con  la  emisión  de  la sentencia de segunda instancia, y que ésta no solamente es  acertada   sino   ajustada   en   un   todo   al  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación compete al demandante.   

Los   intervinientes   en  la  actuación  judicial,  sólo pueden lograr dicho propósito a través de la presentación de  una  demanda  escrita,  en  la  que  se  identifique  la sentencia recurrida, se  acredite  la legitimidad y el interés para recurrir, se expresen con claridad y  precisión  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de  la pretensión, y se  demuestre  la  objetiva  configuración  de  uno  o  varios  de  los  motivos de  casación    taxativamente   previstos   por   el   Código   de   Procedimiento  Penal.   

En el libelo debe demostrarse así mismo, la  necesaria  intervención  de  la  Corte para cumplir, en el caso concreto, uno o  más  de  los  fines  inherentes  al recurso extraordinario, los cuales aparecen  previstos  en  el  artículo  180  de la Ley 906 de 2004. De ninguna otra manera  podrían  ser  entendidas las expresiones contenidas en los artículos 181 y 183  ejusdem,  según  las  cuales, la casación resulta procedente contra sentencias  de  segunda  instancia,  “cuando afectan derechos o  garantías  fundamentales”,  y que en la demanda se  deben    señalar    “de    manera    precisa   y  concisa”,    las   causales   invocadas   y   sus  fundamentos.   

La  Corte  insiste  en  indicar  que  en el  sistema  procesal  reglado  en  la  Ley  906 de 2004, no se exonera al censor de  cumplir  con  unos  mínimos  requisitos  de  forma  y contenido que le permitan  superar  el  necesario  juicio  de  admisibilidad que por ley compete realizar a  esta  Corporación,  con  claro  desarrollo  en  el artículo 184 del mencionado  estatuto,  que  la  faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en las  cuales  se  establezca  que  el  impugnante  carece  de interés, o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  o  se  dejan  de desarrollar clara y  precisamente  los  cargos  que  a su amparo pretendió formular, “o  cuando de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso”.   

Entre    los   mencionados   requisitos  establecidos  en  el  original artículo 183 de la Ley 906 de 2004, esto es, con  anterioridad  a  la modificación introducida por el artículo 98 de la Ley 1395  de    20102,  se destaca que al actor corresponde interponer el recurso dentro  de  la  oportunidad legalmente prevista, es decir, dentro del término común de  los  60  días  siguientes a la última notificación de la sentencia de segunda  instancia,  y la carga de acreditar la existencia de interés, en orden a acudir  en sede extraordinaria.   

Al  demandante igualmente compete señalar,  además,   con   absoluta  precisión,  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar y sustentar de manera clara el reproche que  a  su  amparo  pretenda  proponer  y  demostrar con la nitidez requerida, que la  intervención  de  la  Corte  en  el  asunto  particular, resulta necesaria para  cumplir  alguna  de las varias finalidades previstas para el recurso, tales como  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes  en  el  proceso,  la  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En   dicho   sentido   la   Sala   tiene  establecido:   

“La   debida  sustentación  del  cargo  propuesto  implica  para  el  censor,  entre  otras exigencias, desarrollarlo en  forma  completa,  conforme  al  principio de sustentación suficiente, de suerte  que  la demanda se baste a sí misma para lograr la infirmación total o parcial  de  la  sentencia,  según  el  caso,  y  hacerlo  de manera clara y precisa, en  términos  tales  que  el  alcance de la impugnación surja nítido, para que el  juez   de   casación   pueda   dar   a   los   reproches   planteados  adecuada  respuesta.   

“También   es  exigencia  indeclinable  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para la realización de  los  fines  de  la  casación,  lo  cual  significa  que  la demanda, además de  hallarse  adecuadamente  presentada y debidamente sustentada (idoneidad formal),  debe  ser fundada (idoneidad sustancial), es decir, estar razonablemente llamada  a   propiciar   la   infirmación   total  o  parcial  de  la  sentencia,  o  un  pronunciamiento unificador de la Corte sobre el tema debatido.   

“A   esta  conclusión  se  llega  tras  consultar  el  contenido del artículo 184 ejusdem, donde se incluye como causal  de  no selección de la demanda de casación, el que se advierta fundadamente de  su  contexto  que no se precisa del fallo para cumplir alguna de las finalidades  propias  del  recurso,  es  decir,  que  no  sea  necesario para materializar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  la  reparación de los agravios inferidos a éstos (artículo  180)”3.   

En todo caso, la adecuada sustentación del  recurso,   sin   la   cual  no  es  posible  acceder  a  éste,  “exige  que  el  demandante  demuestre  que  el juzgador cometió un  error  al  tomar  la decisión, bien de juicio (in iudicando) o de actividad (in  procedendo),  para  cuyo efecto no basta afirmar que una determinada infracción  se   cometió,   sino  que  es  necesario  precisar  en  qué  consistió,  qué  repercusiones   o   implicaciones   tuvo   en   la   decisión  recurrida,  qué  consecuencias  desfavorables  se  derivaron  de ella para la parte impugnante, y  por  qué  la intervención de la Corte es necesaria para el cumplimiento de los  fines   del   recurso”4.     

         

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación de la infracción indirecta de la ley material   

         

         

En  esta  modalidad  de  vulneración de la  norma,  se acepta que el error del  juzgador ocurrió de manera mediata, es  decir,  en  la  elaboración  del  juicio  de  hecho  derivado  de errores en la  apreciación  de  la  prueba, falencia que se ve reflejada en la aplicación del  derecho.    

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete  enseñar  a  la  Corte  en qué consistió el error en la  valoración  de  los  medios  de  convicción,  es  decir,  si fue de hecho o de  derecho  y  el  falso  juicio  que  lo determinó, esto es, si es de existencia,  identidad, raciocinio, legalidad o convicción.   

Y   por   último,  evidenciar  cómo  el  mencionado  vicio,  incidió  en la aplicación del derecho, en la medida en que  se  seleccionó  una  norma  que  no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se  excluyó  otra  que  sí  resolvía todos los extremos de la relación jurídico  procesal.   

Calificación de la demanda  

         De  entrada  la  Sala advierte que el único cargo postulado por la  defensa  contra  el  fallo del Tribunal, no reúne los presupuestos de lógica y  debida fundamentación para su admisibilidad. Veamos:   

         El  censor  acusa que el juzgador incurrió en yerros al valorar la  prueba  de carácter testimonial, situación que condujo a que no se reconociera  que  el  procesado actuó, en orden a defender su vida. Sin embargo, la Corte en  espera  a que enseñara en qué consistió la clase del error, esto es, de hecho  o   de   derecho  y  el  falso  juicio  que  lo  determinó,  dedicó  la  labor  argumentativa  a  presentar  una  personal opinión, en relación con el mérito  suasorio  dado a unos declarantes que a su juicio, mostraban la citada causal de  ausencia de responsabilidad.   

         En  esa  desafortunada  labor argumentativa, el libelista procede a  presentar  unas  originales inferencias, en cuanto a lo que se acreditó con las  declaraciones  de  Giovanni  Bastos  Rozo,  José  Ferney  Amaya Sandoval, José  Leonel  Portillo  y  por  supuesto, con la que rindió el procesado en el juicio  oral,  público  y concentrado, para luego concluir que el sentenciador vulneró  las  reglas de la sana crítica, en especial las máximas de la experiencia, sin  enseñar  a  la Corporación cuál fue el hecho generalizado que fue desconocido  por el Tribunal al apreciar la comunidad probatoria.   

         

En  tal  medida,  se  colige  que el censor  desconoce  los  presupuestos  de  lógica  y debida fundamentación del error de  hecho  por  falso  raciocinio,  en tanto pretende que se le reste credibilidad a  unas  versiones, con argumentos particulares que no demuestran la existencia del  vicio invocado.   

         Recuérdese  que cuando la censura se intenta por la vía del error  de  hecho  por  falso raciocinio, al actor compete indicar cuál es el principio  de  la  ciencia,  la  ley  de  la  lógica  y/o  la  máxima  de  la experiencia  quebrantada,  de  qué  manera  lo  fue  y  su  puntual  incidencia con la parte  dispositiva    de    la    sentencia    recurrida,    evento    que   aquí   no  ocurrió.   

         De  otro  lado,  valga resaltar que el tema de la legítima defensa  fue  estudiado  por  la  Corporación  de  segundo grado, infiriéndose que este  motivo  no  se  estructuraba,  en  orden  a  eximir  a  Iglesias  Ardila de todo  compromiso penal.   

         En  efecto, el juzgador no desconoce que el acusado y el victimario  se    enfrentaron    violentamente,   luego   de   que   aquel   “acometiera  por tercera ocasión contra la persona que le debía la  exigua  suma  dinaria, encontrando en ésta una respuesta igualmente beligerante  con  los  medios  que  tuvo a mano y que dirigió contra su oponente”.   

         Por  tanto,  reconoció  que  en este asunto se suscitó una riña,  esto  es, “una situación de hecho en la que mutua y  voluntariamente  dos  o  más personas se atacan con el fin de ocasionarse daño  al  cuerpo  o la salud. La riña, se ha dicho, es un combate singular y violento  entre  dos  o más personas que despliegan sus fuerzas generando la probabilidad  de daño para los contrincantes”.   

         En  esa  medida, advirtió que fue el acusado quien dio inicio a la  pendencia,   “  que  aceptó  el  otro  contendor,  liándose  a  golpes,  y  luego el primero usó un arma corto punzante, mientras  que  la  hoy víctima empleó los elementos contundentes que tuvo ocasionalmente  a  su  disposición,  no  se  aprecia  que  en  detrimento  del  primero  de los  mencionados  se  hubiese  desnivelado  el  equilibrio  de  fuerza  en contienda,  generando  un  riesgo  superlativo  en  su  contra,  como para entender, como lo  pregona  la  defensa, que tal circunstancia habilitó su posibilidad y capacidad  de  legítima  defensa,  en  cuanto  causal  excluyente  de  su  responsabilidad  penal.   

“Por el contrario, deberá reconocerse…  que  la  legítima  defensa estaría de lado de quien se ve sometido a una riña  imprevista,  no buscada por él, inesperada o fortuita, que no es ni mucho menos  el  caso  del  señor  Iglesias,  como  si  lo  es  en  relación  con  Giovanni  Rozo”.   

En tales condiciones, la Sala inadmitirá la  demanda.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  cuyo  trámite  fue  señalado  en auto del 12 de diciembre de  2005, adoptado en el radicado 24322.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

        1.      INADMITIR   la  demanda de casación presentada por  el  defensor  de  Milton  Iglesias Ardila.   

2.  De conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

         

         

        Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                     GUSTAVO E.  MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                                       JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA         

JAVIER     DE    JESÚS    ZAPATA  ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  auto de casación del 5 de diciembre de 2007. Rad. 28653.   

2 Ley  1395  de 2010. Art. 98. “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo  183. Oportunidad.  El  recurso  se interpondrá ante el Tribunal dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  última  notificación y en un término posterior  común  de  treinta (30) días se presentará la demanda que de manera precisa y  concisa señale las causales invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

3 Cfr.  por   todos,    auto   de   casación   de   9   de  junio  de  2008.  Rad.  29019.   

4 Cfr.  Auto casación de 26 de septiembre de 2007. Rad. 28053.     

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