40644(27-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

          Aprobado Acta N° 060.   

Bogotá D.C., febrero veintisiete (27) de dos  mil trece (2013).    

VISTOS  

Acomete  la  Sala  el  estudio  sobre  la  admisibilidad   del   libelo   de  casación  presentado  por  la  defensora  de  CALIXTO      PARRA      GAITÁN      contra  la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  San Gil el 13 de noviembre de 2012, a través de la cual confirmó  la  de primer grado dictada el 6 de agosto anterior por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  del  Socorro  que  condenó  al  mencionado por el delito de actos sexuales con menor de 14 años.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         

         Los    primeros,    fueron   sintetizados   por   el   ad     quem,    de    la    siguiente  forma:   

         “El  acontecer  delictuoso  tuvo  su  génesis en el municipio de  Contratación,  donde  residía  la  menor  Y.M.D.S.1   

,  en  compañía de su abuela. Cerca de su  casa  vivía  CALIXTO  PARRA  GAITÁN,  quien  se dedicaba al corte de cabello y  cuando  veía  a  la  menor  al  pasar  por  el  frente  de  su  casa  le hacía  piropos.   

         Un  día  del  año dos mil siete cuando la menor tenía once años  de  edad  y  se  encontraba  haciendo  aseo  en la casa, su vecino PARRA GAITÁN  aprovechó  que  la  abuela  había  salido  y llegó hasta ella escudado en que  ésta  se  encontraba  sola para realizar en ella actos sexuales consistentes en  tocamientos de sus partes íntimas.   

         Los  hechos  no  fueron  revelados  por  la  menor,  pero cuando su  progenitora  la  castigó  drásticamente,  se informó al ICBF, quien tomó las  riendas  del  asunto  y  separó  a  la  menor de su hogar, para ubicarla en uno  sustituto.   Estando   en   ese  trámite,  la  menor  tomó  confianza  con  la  nutricionista  y  a  ella  le  contó la experiencia vivida, por lo que de forma  inmediata  puso  en  conocimiento  de la Fiscalía, la ocurrencia de estos actos  sexuales, para que los verificara”.   

Lograda la aprehensión del prenombrado, el  27  de  noviembre de 2011 se llevó a cabo audiencia preliminar concentrada ante  el  Juzgado  Segundo  Promiscuo  Municipal con Función de Control de Garantías  del  Socorro,  durante la cual se legalizó su captura, la Fiscalía le formuló  imputación  por el delito de actos sexuales con menor de 14 años agravado y se  lo   afectó   con   medida   de  aseguramiento  privativa  de  la  libertad  en  establecimiento carcelario. El imputado no se allanó a los cargos.   

El 22 de diciembre ulterior, el ente fiscal  radicó  escrito  de  acusación  contra PARRA GAITÁN  por  el mismo delito, reprimido en los artículos 209  y  211-4  del  C.P.,  cargo que reiteró durante la audiencia de formulación de  acusación  celebrada  el  23 de enero de 2012 ante el Juzgado Primero Penal del  Circuito con Funciones de Conocimiento de la misma localidad.   

Ante  este  último  despacho  judicial  se  llevaron  a  cabo las audiencias preparatoria y del juicio oral, a cuyo término  dictó  sentencia  el  6  de  agosto  siguiente a través de la cual condenó al  acusado  a  la  pena  principal de cincuenta y dos (52) meses de prisión y a la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso  como  autor  penalmente  responsable  del delito de actos  sexuales  con  menor  de  14  años, suprimiendo la circunstancia específica de  agravación  deducida  en  la  acusación.  En la misma providencia, le negó al  implicado  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  el  sustitutivo de la prisión domiciliara.   

Contra   la  decisión  del  a-quo,  la  defensa  del  sentenciado, y  éste  directamente,  interpusieron  recurso de apelación, siendo desatados por  el   Tribunal   de   San   Gil  el  13  de  noviembre  postrero,  impartiéndole  confirmación.   

Inconforme  con  lo  decidido  por  el juez  colegiado,  la  nueva  defensora  del  procesado  promovió, en forma exclusiva,  recurso  extraordinario de casación, el cual sustentó mediante libelo allegado  oportunamente,   de  cuya  admisibilidad,  en  punto  del  cumplimiento  de  los  presupuestos   de   lógica   y   adecuada   argumentación,   se  pronuncia  la  Sala.   

LA  DEMANDA   

         En  el  escrito a nombre de CALIXTO PARRA  GAITÁN  se  formulan,  en  su  orden, cuatro cargos,  así:  uno  con  sustento  en  la  causal  primera  de  casación prevista en el  artículo  181 de la Ley 906 de 2004 por “ostensible  error  de  derecho  y aún de hecho manifestado en un consecuencial falso juicio  de  legalidad”;  dos,  por  la  causal  tercera, en  virtud  de “error de hecho y de derecho que influyó  en  el  decreto  de  condena injusta” y “obstencible      (sic)   error   de   hecho,   manifestado   en   un   falso   juicio  de  raciocinio”,  respectivamente,  y un último por la  senda  de  la causal segunda derivado de “ostensible  error  de  hecho,  que condujo a uno de derecho, manifestando en un falso juicio  de      raciocino     y     falso     juicio     de     legalidad”.   

         Primer cargo (único por la causal primera):   

         A  juicio  de  la  censora,  en  el fallo impugnado expresamente se  cambió  el  núcleo  de  la  denuncia y de las versiones rendidas por la propia  víctima  a lo largo de la actuación procesal, en tanto refirió que el agresor  la  había  violado  introduciendo el pene en su vagina, lo cual es constitutivo  del  delito  de acceso carnal violento y no de los actos sexuales por los cuales  su prohijado fue condenado.   

         Además,  destaca,  ello se corresponde con el informe suscrito por  la    médica    forense    Iliana   María   Castro  Navas,  quien  descartó  la violación vaginal, dado  que  la  menor  presentaba  íntegro  su  himen  semilunar  y no ser flexible ni  complaciente,  amén de que la infante informó que inició su vida sexual a los  10  años  de  edad,  expresando  no  recordar  cuándo fue su última relación  sexual,  de  modo  que  “para nada lo anterior versa  sobre  el  tipo  penal  descrito  en  el artículo 209 del C.P., que es la norma  usada  por  los  jueces  singular  y  plural  para  proferir  las  sentencias de  condena”.   

         Con  lo  anterior,  pregona, se desconocieron los parámetros de la  persuasión  racional  para valorar a la testigos en sus diversos componentes, a  saber:  ciencia  del  dicho, carácter responsivo, exacto, completo, constante y  coherente,  con  transgresión,  además,  del  debido  proceso y del derecho de  defensa  de  su  protegido,  pues,  insiste,  la  presunta víctima “describe  una  violación vaginal, nunca se refiere a caricias o  tocamientos  libidinosos  o  morbosos  en otra parte de su cuerpo”.   

         El  ad  quem,  así  mismo, añade, omitió la aplicación de los principios de sana crítica y  favorabilidad,    puesto    que   “la   adolecente  (sic)  concurre a todas sus  salidas,  que  culminan en el testimonio judicial, a mentir de toda mentira, ora  por     la     viloación     (sic)    vaginal,  que  describe,  u ora si el juzgador califica de caricia,  tocamiento   o   inducción   al   sexo   (art.   209  del  C.P.)”.   

         En   su   criterio,   la   experiencia,  la  lógica  y  la  razón  “enseñan que una violación sexual sobre la vagina  o  ano  femenino,  o  masculino;  el  agresor  violento y violador introduce sin  miramiento  su miembro viril hasta el fondo y eyacula; y si la víctima femenina  tiene  un  himen  de  las  características en el informe que tratamos; éste se  desgarra  y  en  su  intelecto  el  ser humano ha interpretado como sinónimo de  virginidad     y     protección    sexual    de    las    niñas”.       

         El  yerro referido, prosigue, es trascendente ya que desencadena la  aplicación  indebida  de los artículos 208, 210, 210 A y 212 del C.P., lo cual  conduce  a  absolver  a  PARRA  GAITÁN,  “pues  se  hubiese  manifestado en su extensión la mentira en la versión de la adolecente  (sic),  quien  acusa  de  violación  vaginal;  pero  en  el  examen  físico científico, se descarta por  hallarse  ante un himen íntegro libre de cualquier desfloración, y por ende no  habría             violación             ni             condena”.          

         De  ese  modo, “de manera parcializada,  antitécnica  y  hasta  torpe, el impugnado Tribunal, Sala Penal San Gil inventa  que  de  seguro,  CALIXTO rozó el pene con la vagina de la menor y lo introdujo  un  poco,  en  una  cavidad  llamada  introito;  y así argumentando confirma la  sentencia  condenando  por  el  supuesto fáctico del art. 209 del C.P., lo cual  trasciende  en  el  uso indebido de una norma legal para condenar sin justicia a  un   inocente   como   el   señor   CALIXTO  PARRA  GAITÁN,  acusado  de  otro  delito”.   

         Corolario  de  lo  expuesto,  depreca  casar la sentencia y, por lo  mismo,   dictar   una   de   reemplazo   por   medio  de  la  cual  “remedie  los  errores  en  que  incurrieron  los  falladores  de  instancia;   materializando   de   manera   efectiva   el  derecho;  impartiendo  absolución  en  consecuencia  a CALIXTO PARRA GAITÁN del cargo por el cual fue  llamado  a  juicio  y  luego condenado”.   

         Segundo cargo (primero por la causal tercera):   

         Señala  que se desconocieron las reglas de apreciación al valorar  la  declaración  vertida  por  la presunta víctima de los hechos, para lo cual  esgrime  las  mismas  razones  consignadas en la censura precedente, esto es, en  cuanto  aludió  a  una  violación vaginal “pero la  Fiscalía  y  los  jueces  de instancia variando el sentido de sus declaraciones  fallan   por   el   tipo   penas   (sic)  inscrito  en  el  art. 209 del C.P. sobre actos sexuales abusivos  con    menor   de   14   años,   diversos   al   acceso   carnal”.   

         Lo  anterior,  aduce, generó “un error  de  hecho  y  de derecho que influyó en el decreto de condena injusta, e ilegal  fundada   en   falsos  razocinios  (sic)”  y  a  la  correspondiente   inaplicación  del  artículo  372  de  la  Ley  906  de  2004  “así como los principios de congruencia, cohesión  y pertinencia”.   

         En   el  acápite  de  “conclusión  y  petición  del cargo” apunta que el testimonio de la  menor,  por  tanto,  fue tergiversado y transmutado por el Tribunal, de modo que  “esta defensa enfatiza que el ser o el deber ser de  la  verdad,  ya sea real o procesal, se torna confuso y degradado al ignorar las  en  (sic)  sentencias  que  tratamos,  la  aplicación del debido proceso; valorando la prueba en forma real  y  rotunda el supuesto injusto en la descripción penal concordante con el dicho  de  la  testigo  y  presunta  víctima”.   

         Para   finalizar,   eleva  idéntica  petición  a  la  del  reparo  anterior.   

          Tercer cargo (segundo por la causal tercera):   

         Expone   que   el   fallo   impugnado   incurre   en   “obstencible    (sic)   error  de  hecho”, por falso raciocinio  en  la  apreciación  de  los  testimonios  del defensor de familia Gonzalo  García  Bautista, del siquiatra  forense    Juan    Arteaga    Medina   y  de  la  médico  forense Iliana María  Castro  Navas, en cuanto dieron cuenta de lo dicho por  la  menor  ante ellos en el sentido de que sufrió un acceso carnal vaginal y no  actos  sexuales,  “afirmación  o versión, la cual  fue  anulada  por  el examen genital practicado por la sexóloga forense doctora  Iliana  Castro  Navas,  que trata sobre himen semilunar íntegro y no flexible y  morfología anal normal”.   

         Acto  seguido,  reitera el argumento de los anteriores reproches en  orden  a  que  según  tales  versiones lo ocurrido sobre la menor fue un acceso  carnal  y  no  actos  sexuales, por lo que, a diferencia de lo señalado por los  juzgadores,  no  son  pruebas  “altamente  creíbles”.  Al  contrario, dice,  configuraron  “estímulo para fallar en error contra  la  versión  que siempre rindió la juvenil, pero el núcleo de la versión del  siquiatra  es  que  la menor fue violada; ya se ha probado generosamente en este  libelo  que  Y.M.D.S. inició su vida sexual a los 10 años de edad (anamnesis),  que  a  los  11  años  era  escolarizada  y  veía  televisión;  luego  tenía  conocimientos  que  le  hacían  diferenciar entre acceso carnal vaginal y actos  sexuales  diversos  al  anterior,  y por si fuera poco, cuando fue examinada por  este    perito    tenía    14    años    y    medio   de   edad”.   

         En  seguida,  advierte que el examen del siquiatra fue “pobre,     precario     y     poco    profesional”,  a  pesar  de  lo  cual  “la defensa  técnica   de  esa  época  no  presentó  cuestionamiento  alguno  contra  este  paupérrimo  concepto”, contrastando con el dictamen  de   la   doctora   Iliana  Castro  Navas,  quien se abstuvo de confirmar o de desechar manipulación sexual  sobre la menor.   

         Los  falladores  de  instancia, pregona a continuación, al momento  de  apreciar  las  pruebas  referidas desconocieron reglas de la lógica y de la  experiencia,  tales  como  la  congruencia  entre  los hechos narrados y el tipo  penal  básico,  coherencia,  credibilidad,  fiabilidad,  seriedad,  sinceridad,  concordancia     y    verosimilitud;     además    de    los    principios  técnico-científicos   sobre  percepción,  memoria  y  naturaleza  del  objeto  percibido.   

         Entonces,  “así  goce  el juzgador de  libertad  subjetiva  en  la  valoración  de  las pruebas y otras evidencias, no  está  autorizado  por  ningún  motivo,  para  cambiar, adecuar o transmutar la  prueba”.   

         Como  los  jueces singular y plural tuvieron una convicción errada  de   la   prueba   testimonial   tornando   ilegal   la  sentencia  “por  cuanto su morfología corresponde a un tipo penal (art. 209  del    C.P.)    nunca    mencionado,   descrito   o   invocado”   por  la  víctima,  procede  casar el fallo en los mismos términos  referidos en las censuras anteriores.     

         Cargo cuarto (único por la causal segunda):   

         Comienza  por  indicar  que  la  sentencia  recurrida  incurrió en  “ostensible  error de hecho, que condujo a error de  derecho,  manifestando  en  un  falso  juicio  de  raciocinio  y falso juicio de  legalidad,  al denominar jurídicamente el supuesto hecho criminal con un delito  que  no es el denunciado, expuesto y descrito por la testigo y presunta víctima  Y.M.D.S.  en  todas  sus salidas, incurriendo así en desconocimiento del debido  proceso,  por  afectación  material, de estructura y de la garantía del debido  proceso,  lo  cual  imprime al proceso y a la sentencia la nulidad taxativamente  descrita  en  el  artículo  447  del  C.P.P.  sistema acusatorio”.   

         Luego  de  insistir  en  el  mismo  planteamiento  de  las censuras  anteriores,   agrega   que   se  vulneraron  las  garantías  reseñadas  porque  “se  traiciona  el  tipo  penal  impuesto  por  la  Fiscalía,  pues  se muta o cambia el tipo punible de actos sexuales diversos al  acceso  carnal  (art. 209 del C.P.), por parte de la testigo- presunta víctima,  que   cuenta,   versione  y  depone  por  acceso  carnal,  abusivo,  violento  y  vaginal”.   

         Añade  que la defensa de la época “no  reacciona  efectivamente  y  se dedica a rebatir los cargos, pero sin potencia o  propuesta  efectiva alguna, que enderezara el proceso en su trámite legal, real  y adecuado”.   

         Y  tras  recabar  en  los mismos aspectos señalados en los reparos  anteriores,  precisa  que  también  se vulneró la presunción de inocencia del  implicado,  dado que “ésta debe ser destronada, por  delitos  probados  que  correspondan  a la verdad real surgida de las pruebas de  cualquier   naturaleza”,  por  virtud  de  lo  cual  “queda  demostrada  por  la  defensa,  la  nulidad  incubada  en  el  proceso  y  la  sentencia  impugnada, por violación al debido  proceso   al   denominar   legalmente   errada   la  denominación  (sic)  del  delito  llamado a regular el  tema  propuesto  en  las  intervenciones y exposiciones de la testigo y supuesta  víctima”,  al  tiempo  que  la  nulidad  se  nutre  “de  las  acciones de hecho y de derecho ejecutadas  por  los jueces singular y plural que degradaron el debido proceso y privaron al  procesado  de  ejercer su defensa, bajo parámetros reales favorable a la verdad  real”.   

         Colofón  de  lo  expuesto,  depreca  casar  la sentencia y, por lo  mismo,   dictar   una   de   reemplazo   por   medio  de  la  cual  “remedie  los  errores  en  que  incurrieron  los  falladores  de  instancia;  materializando  de manera efectiva el derecho disponiendo la nulidad  del  proceso  y  la  sentencia  por  los  vicios  que la afectan y decretando la  libertad de CALIXTO PARRA GAITÁN”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Impera precisar, en primer término, que si  bien  con  la Ley 906 de 2004 se amplió la cobertura para acceder al recurso de  casación   en   tanto   que,  a  diferencia  de  los  ordenamientos  procesales  precedentes,  ahora  es  viable contra todo tipo sentencias de segunda instancia  “en     los     procesos     adelantados     por  delitos”,  sin  que obre restricción alguna en relación con la autoridad que  la     profiere,     y     eliminarse     la    exigencia    del    quantum  de  pena  del  delito,  ello no  significa  que  quien  acuda  a  este  medio  de  impugnación  esté  exento de  satisfacer una serie de requisitos formales.   

Así, de conformidad con el artículo 184 de  dicha  normatividad,  para  que  la demanda de casación sea admitida es preciso  que  se  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales, lo cual  impone  contar  con  interés para impugnar, señalar la causal, desarrollar los  cargos  de  sustentación del recurso y demostrar que es necesario el fallo para  cumplir  alguno  de  los fines establecidos para el recurso en el artículo 180,  siendo  estos, la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías  de   los   intervinientes,   la  reparación  de  los  agravios  sufridos  y  la  unificación de la jurisprudencia.   

Por     consiguiente,    sólo   se   admitirán   las   demandas   que  exhiban  una adecuada  estructura                lógica   y  cuenten   con   una  argumentación  mínima orientada a ofrecer las razones  de  disenso  frente  al  fallo  impugnado,  a más de  persuadir    que    se    precisa    del  fallo  para  lograr alguno de los fines  del  recurso,   taxativamente   contemplados  en  el  aludido     artículo  180.   

Lo dicho en precedencia, sin embargo, no es  óbice         para     que     la     Corte    “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia   planteada”,   como   lo   prescribe  textualmente  el  citado  artículo  184, supere los defectos de la demanda para  decidir  de  fondo,  lo  cual  se  corresponde  totalmente  con  la orientación  marcadamente teleológica que tiene ahora el recurso.    

Con  esa  misma  visión  también se puede  presentar  la  hipótesis  contraria, esto es, que inadmita la demanda no empece  verificar  que  cumple con los reseñados presupuestos lógico-argumentativos al  advertir  que,  acorde con los fines que la orientan, no se precisa del fallo de  fondo.   

Pues  bien,  respecto  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de CALIXTO  PARRA  GAITÁN  desde  ya  se  impone precisar que no  cumple  con  las  exigencias  señaladas  para  su  admisión;  en  tal  sentido  comiéncese   por   advertir   que   salvo  aisladas  referencias,  los   cuatro  reparos  propuestos  poseen  idéntica    fundamentación,    circunstancia    que    permite    su   estudio  coetáneo.   

En  ese  orden,  deviene  diáfano  que los  cargos  no cumplen con los presupuestos de claridad y concisión establecidos en  las  normativas  procesales  referidas,  al  punto  que  ni  siquiera  se  logra  determinar la causal de casación invocada.   

En  primer  lugar,  dado  que  en todos los  reparos   se   utiliza   una  redacción  incoherente  que  dificulta  su  cabal  comprensión.   

         En  segundo  término,  porque  el  solo hecho de ventilar la misma  argumentación,  esto  es,  que  en  el  fallo  impugnado  se cambió el núcleo  fáctico  de  las  versiones  rendidas  por  la propia víctima a lo largo de la  actuación   procesal,  al  amparo  de  tres  causales  de  casación,  pone  de  manifiesto  la  confusión  que  asiste  en torno a su naturaleza y a los yerros  denunciables a través de las mismas.   

         Ello  también  se corrobora, y en tercer  orden,  porque al interior de cada uno de los reparos  se  involucran  de  forma  atropellada    tópicos    que    corresponden    a  diversos    motivos    de    casación,     los     cuales    han     debido     plantearse      por     separado  para  no  generar  confusión, máxime  cuando se advierte que son contradictorios y excluyentes.   

No  haber  procedido  de esa forma, como se  extrae  de  los  artículos  183, modificado por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y  184  de  la Ley 906 de 2004, configura    desconocimiento abierto  de  principios  regentes  de  la  actividad  casacional  en procura de conseguir  escritos  que  satisfagan  las  exigencias  argumentativas propias de este medio  extraordinario   de  impugnación  de  naturaleza  rogada,  tales  como  los  de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales, coherencia, no exclusión y no contradicción.   

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Además,  cuando  se  involucran propuestas  antagónicas  en una misma censura, como aquí sucede, como son la violación de  la  ley  sustancial  a  consecuencia  de yerros en la valoración probatoria, en  cuyo  caso  se  acepta  la validez de la actuación procesal (yerro in  iudicando o de juicio), y la nulidad,  como  lo  dice la libelista por vulneración del debido proceso y del derecho de  defensa,  en  donde  precisamente  se reniega de ese aspecto (yerro in   procedendo   o  de  procedimiento),  evidente  aflora  la  violación  de  los  postulados  vistos que diferencian la  casación  de  los  demás  medios  de  impugnación,  constituyendo tal actitud  motivo   suficiente   para   inadmitir   las   censuras   que   evidencien   tal  incorrección.   

Más aún cuando al interior de cada uno de  los  cargos,  al  referir  a  los  defectos de apreciación probatoria del fallo  impugnado,  alude  indistinta y simultáneamente a errores de hecho y de derecho  y  a  los  diferentes  falsos juicios que los configuran, sin considerar que los  primeros  se  verifican por falsos juicios de existencia, identidad y raciocinio  y,  los  segundos,  por  falsos  juicios de legalidad y convicción. El desorden  conceptual impone recordar la esencia de cada uno de esos yerros.   

              

         Pues  bien, la violación indirecta de la  ley  sustancial,  causal  en  la  que se matriculan este tipo de errores en esta  sede  y  que  corresponde  exclusivamente a   la   causal   tercera  de  casación del artículo 181 de la Ley  906  de 2004, se presenta en  virtud  de  los  denominados  errores  de  hecho y de  derecho, conceptos diversos  que  ontológicamente no se  pueden  asimilar  como  lo  hace en forma recurrente   la  demandante.    Así,  como  ya  se  anunció,  los  primeros  se  originan  en  falsos  juicios  de  existencia,   falsos  juicios  de  identidad  y  falsos  raciocinios;   los  segundos,  por  su parte, en falsos juicios de legalidad y de convicción. Sobre  su   esencia   y   forma   de   ataque   es   preciso   tener   en   cuenta   lo  siguiente:   

–  El  error  de  hecho por falso juicio de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio  de  prueba  es  excluido de la  valoración  efectuada  por  el  juzgador  no  obstante  haber  sido allegado al  proceso  en  forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión) o porque lo  crea  a  pesar  de  no  existir  materialmente  en  el  proceso  (suposición  o  ideación), otorgándole un efecto trascendente en la sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  controvertida  y  en  favor  del  interés  representado -lo cual  comporta  la  necesidad  de  demostrar  que  el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

–  El  error  de  hecho  falso  juicio  de  identidad,   por   su  parte,  se  verifica  cuando  el  juzgador  tergiversa  o  distorsiona  el  contenido  objetivo de la prueba para hacerla decir lo que ella  no  expresa  materialmente.  También  se  ha  expuesto  que en esa modalidad de  desacierto  en  la  apreciación  de  las pruebas igualmente incurre el juzgador  cuando  toma  una  parte  de  la  prueba  como  si  fuera el todo, en tanto ello  constituye  una  forma de distorsión, pues, en su proceso de valoración, se le  suprimen   apartes  trascendentes,  omitiendo  de  esa  manera  su  apreciación  integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde  esa  perspectiva,  resulta necesario  para  quien  propone  esta clase de error, ante todo, individualizar o concretar  la  prueba  sobre la cual recae el supuesto yerro; luego, ha de evidenciar cómo  fue  apreciada  por  el  fallador  señalando  de  qué  forma  esa  valoración  tergiversa  o distorsiona su contenido material, esto es, puntualizando la   supresión  o  agregación  de  su  contexto  real  para de allí inferir que en  realidad   se  alteró  su  sentido.   Acto  seguido,  debe  establecer  la  trascendencia  del  yerro frente a lo declarado en el fallo, es decir, concretar  por  qué la sentencia ha de mutarse a favor del demandante, ejercicio que lleva  inmersa  la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede  mantener   con  fundamento  en  las  restantes  pruebas  que  lo  sustentan.  Y,  finalmente,  se debe demostrar que con el defecto de apreciación se vulnera una  ley sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

– La última de las modalidades de error de  hecho  es  por  falso  raciocinio,  el  cual se configura cuando el sentenciador  aprecia  la  prueba  desconociendo  las  reglas  de  la  sana crítica, esto es,  postulados     lógicos,     leyes     científicas    o    máximas    de    la  experiencia.   

En   tal   supuesto   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,  está  compelido  a demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un   fallo   esencialmente   diverso   y   favorable   a  los  intereses  de  su  representado.   

–  El  error de derecho por falso juicio de  legalidad,  a  su  vez,  tiene  ocurrencia  por doble vía. La primera, también  conocida  como  aspecto  positivo, se verifica cuando a un medio de prueba se le  confiere  validez  jurídica  tras suponer que satisface las exigencias formales  de  producción  sin que en realidad las siga y, la segunda, o aspecto negativo,  se  configura frente a la situación contraria, esto es, porque se considera que  no las reúne, cumpliéndolas.   

En   ambos   casos  se  exige  del  actor  individualizar  la  prueba sobre la cual recae el vicio, especificar cuál es la  formalidad  legal  omitida,  por  lo  que  es  necesario  referir a la norma que  contiene  la formalidad y señalar su trascendencia en relación con el fallo o,  dicho  de  otro  modo,  que  al marginarla y confrontarla con las demás pruebas  cuya  validez  no  se  encuentra  comprometida,  en  caso  de  que  existan, las  conclusiones  y  el  sentido  de  la  sentencia  sufren  modificación de manera  favorable  para  el  interesado.  Si lo decidido no varía, la invalidación del  medio  de  prueba  carece  de  trascendencia  para  casar  el  fallo; pero si la  invalidación  de  la  referida prueba ilegal conduce a una providencia diversa,  el  yerro  se  torna  trascendente  e  impone  casar  el  fallo y proferir en su  reemplazo  la  decisión  que se ajuste a la nueva valoración probatoria.   No  escapa  a  su  demostración,  como  es  innato  a  todos  estos  yerros, la  obligación  de corroborar que con el defecto de apreciación se vulnera una ley  sustancial por falta de aplicación o aplicación indebida.   

– El error de derecho por falso juicio de  convicción,  para  finalizar,  se  produce cuando se valora una prueba haciendo  caso omiso del predeterminado crédito que la ley le ha otorgado.   

Con  el fin de demostrar adecuadamente este  yerro,  el  casacionista  debe identificar el medio de prueba que en su criterio  fue  apreciado  contrariamente  al  valor  otorgado  por  la  ley;   luego,  precisar  el  o  los  preceptos  legales  en  virtud  de los cuales se asigna un  específico  valor  probatorio al medio de prueba;  después, determinar la  trascendencia  que  tuvo  la  incorrecta  apreciación del medio de prueba en la  decisión  impugnada  y  en  favor  del interés representado, lo cual comporta,  como  ya  se  ha  precisado  frente  a los supuestos anteriores, la necesidad de  demostrar  que  el fallo atacado no se mantiene con otros elementos de juicio y,  por  último,  establecer  la  forma  como  se  violó  la ley sustancial con el  defecto  de  apreciación,  bien  por  falta  de  aplicación  o por aplicación  indebida.   

Al  margen de la denominación empleada, lo  que  sí  debe aflorar claro en el texto del libelo casacional, si de exponer un  error  de  apreciación  probatoria  se  trata, es un desarrollo consecuente con  alguna  de  las  modalidades  vistas,  cumpliendo  las exigencias argumentativas  señaladas,  so  pena de rechazo de la pretensión, pues la Corte no se ocupa en  esta  sede  de  la  confrontación entre el ejercicio valorativo contenido en la  sentencia   y  el  criterio  subjetivo  del  casacionista,  ni  mucho  menos  de  desentrañar  propuestas  confusas,  ininteligibles, contradictorias o ambiguas,  atendida  la  naturaleza extraordinaria del recurso y su carácter esencialmente  rogado.     

              

Es  lo  que  precisamente  ocurre  con  la  totalidad  de  las censuras formuladas en la demanda presentada por la defensora  de    CALIXTO   PARRA   GAITÁN   al  confundir  todas  las  causales  y nociones de error viables en  esta  sede,  sin  reparar  que  con  esa  actitud  abandona  la coherencia de su  argumentación.     

Pero  ni  aún  con extrema laxitud podría  aceptarse  que  al  margen  de  los yerros de argumentación reseñados subsiste  alguna  crítica  con  la potencialidad de derruir el fallo, pues en el fondo lo  que   persigue,   frente   a  su  planteamiento  principal  según  el  cual  el  sentenciador  no se sujetó a lo narrado fácticamente por la propia víctima en  cuanto  lo  que  padeció  fue  un  acceso  carnal vía vaginal y no meros actos  sexuales  y  que por estar descartado pericialmente el primero se infiere que la  menor  miente,  es  imponer su visión personal sobre la prueba que sustentó el  fallo  en  esa  materia  (fundamentalmente  el  testimonio  y  demás  versiones  ofrecidas  por  la  menor  y la prueba pericial que desvirtúa el acceso carnal)  sobre  el del fallador de segundo grado para quien lo que se extrae de la prueba  es  que  en  la  agresión  se  dieron  fueron  actos  de rozamiento del pene de  PARRA GAITÁN con la vagina  de   la   menor   agredida  y  no  de  penetración2.   

Al  respecto,  bastante se ha insistido por  esta  Sala  en el sentido de que el recurso de casación no está concebido para  zanjar  discusiones  que surjan de la convicción personal que se tenga sobre la  apreciación  probatoria, aún disfrazadas bajo la supuesta violación de reglas  de  la sana crítica, pues no constituye una tercera instancia y porque el fallo  sometido  a  revisión  llega  a  la  sede  cobijado por la doble presunción de  acierto  y  legalidad, la cual no decae con la simple exposición de un criterio  particular,  según ya se anotó en este caso confuso y contradictorio, sino con  la  demostración  de  errores trascendentes que socaven su constitucionalidad o  legalidad.   

     

Lo  mismo  debe  decirse  en  torno  a  las  aseveraciones  de  la  demandante  contenidas en todas las censuras acerca de la  transgresión  a  las  garantías del debido proceso y derecho de defensa, tanto  porque  cuando  no  tienen  carácter enunciativo, simplemente coinciden con los  mismos  argumentos  ofrecidos  en  torno  al  desconocimiento  de  los términos  fácticos  de  las  versiones  rendidas  por  la víctima, discusión de índole  probatoria que no tiene cabida en esta causal.   

Las falencias indicadas atentan contra la  claridad  y  concisión  que  legalmente  se exige de la demanda, acorde con las  preceptivas   destacadas   al  inicio  del  este  acápite,  pues  no  obra  una  argumentación  coherente  dirigida a demostrar los errores atribuidos al fallo,  circunstancia   que,  consecuentemente,  torna  ineludible  su  inadmisión,  de  conformidad  con  lo  normado  en  los  artículos  183  y  184 de la Ley 906 de  2004.   

Se arriba a idéntica conclusión, además,  porque  del  contenido  de  la  demanda  y  de  la revisión de la actuación no  encuentra  procedente  la Sala la necesidad en este caso de superar los defectos  reseñados  en procura de cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario  previstos en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.    

         

Ahora bien, habida  cuenta  que  contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia de  conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 184 de la misma codificación  adjetiva,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  que se aplique el referido instituto procesal, habrán de acatarse  las  reglas  fijadas  por  la  Sala  en  tal sentido3.   

         

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada   por   la   defensora  de  CALIXTO  PARRA  GAITÁN,  por  las razones consignadas en la anterior  motivación.   

         

De conformidad con lo dispuesto en el inciso  segundo  del  artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos  referidos  en  el  acápite  final de esta determinación, contra esta decisión  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ   MUÑOZ                     GUSTAVO       ENRIQUE       MALO      FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                        JULIO   E.  SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Como  esta  providencia puede ser publicada, se omite  el  nombre de la menor, a tenor de lo normado en el numeral 8° del artículo 47  de  la  Ley  1098  de 2006 “por la cual se expide el  Código   de   la   Infancia  y  la  Adolescencia”.   

2 Pág.  20 del fallo de segundo grado.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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