40573(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER  ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 208   

Bogotá D.C., julio tres (3) de dos mil trece  (2013).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada  por  el  defensor  del  procesado  JOHN  JAIRO  MOSQUERA  NAVARRO.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. El mencionado, en  su  condición  de  alcalde  de  Quibdó  (Chocó), fundamentado en una urgencia  manifiesta  inexistente, celebró con Francisco Amado Valencia Salas el contrato  039  del 8 de julio de 2005, por el cual el último, a cambio de $93.500.000, se  obligó  a  suministrar  la  mano  de  obra necesaria para la construcción de 6  aulas  y  una  unidad  sanitaria  para  la  Escuela del Barrio El Poblado de ese  municipio.   

2.  Al  proceso,  iniciado  el  24  de  febrero  de  2006, fue vinculado mediante indagatoria JOHN  JAIRO  MOSQUERA  NAVARRO,  a  quien  la  Fiscalía  le  resolvió  la situación  jurídica  el  2  de  mayo  de  2007  y  acusó  el 19 de junio siguiente por la  conducta  punible de contrato sin cumplimiento de requisitos legales, sancionada  con  pena  de 4 a 12 años de prisión. Esta decisión fue confirmada en segunda  instancia el 25 de septiembre de 2007.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  26  de  marzo  de 2009 el Juzgado 1º Penal del Circuito de Quibdó  absolvió  al  acusado.  El  Fiscal  apeló  ese  pronunciamiento  y el Tribunal  Superior  de  Quibdó,  Sala  Penal  de  Descongestión,  por  intermedio  de la  sentencia  recurrida  en casación, dictada el 12 de junio de 2012, revocó  el  fallo  de  primer  grado  y  condenó a MOSQUERA NAVARRO, por el cargo de la  acusación,  a  48  meses  de  prisión,  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término y multa equivalente a 50  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.  Se  le  otorgó  la  prisión  domiciliaria.   

LA DEMANDA:  

1.  Expresó  el  casacionista  que  el juzgador violó indirectamente la ley sustancial en virtud  de errores de hecho y de derecho.   

Se incurrió en falso juicio de legalidad en  relación  con  el  testimonio  que  tomó en cuenta el Tribunal para revocar la  sentencia  absolutoria  de  primera  instancia.  Y  en falso juicio de identidad  “tanto  en  lo  que  tiene  que  ver con valoración  probatoria   contraria  al  planteamiento  del  juez  para  absolver” (sic).   

Los  yerros  denunciados  son  trascendentes  porque   le   vulneraron   al   procesado  sus  garantías  fundamentales,  como  “la verdadera valoración de las pruebas debidamente  decretadas    e    incorporadas    al    proceso”,  requiriéndose  entonces  la  intervención  de  la  Corte  para  que  repare el  agravio.   

No  excluir  del  proceso  “la  prueba ilegal” y sustentar la condena  en  “prueba  de  referencia  inadmisible”,   significó   el  desconocimiento  de  los  presupuestos  para  condenar   exigidos   por   la   ley.  Inclusive  de  admitirse  “que    toda    la    prueba   fue   legalmente   aducida”,  resulta  indudable  que  de  no haberse presentado los errores  “señalados”,    el  ad  quem  habría arribado a  una conclusión diferente.   

De otra parte, “no  haber  razonado  con apego estricto a las reglas de la sana crítica”  significó  la vulneración de los principios de presunción de  inocencia  e in dubio pro reo.   

El  juzgador,  en  fin, dejó de aplicar los  artículos  29  de  la  Constitución  y  7º y 232 del Código de Procedimiento  Penal.   

La solicitud del censor es que la Corte case  la  sentencia  y  absuelva  a  su representado. De no cumplir la demanda con los  requisitos  legales,  pide  que  de oficio se protejan al procesado sus derechos  fundamentales.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  El  recurso de  casación,  como  en  muchas  oportunidades  lo  ha señalado la Sala, no es una  tercera  instancia  del  proceso  penal  ni un escenario apto para desaprobar de  cualquier   manera   las   conclusiones   de   la   sentencia   o   el  trámite  procesal.   

El    mismo1  está limitado a los posibles  errores  susceptibles  de  cometerse  en un proceso, los cuales se sintetizan en  los  motivos  legales  que  lo  hacen  procedente,  para  el  presente  caso los  previstos  en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000, con sujeción a la cual la  defensa presentó la demanda.   

Si  la  legalidad  de  la  sentencia  está  condicionada  a  una  actuación  surtida  con  observancia del debido proceso y  respeto  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes,  las irregularidades  lesivas  de  la  estructura procesal o de esas garantías hacen parte del objeto  del  recurso  extraordinario  y,   de  acuerdo  a como lo tiene definido la  Corte,  deben  plantearse  individualmente si son varias las ocurridas (teniendo  en   cuenta  que  el  orden  lo  determina  la  capacidad  invalidatoria  de  la  irregularidad),   definiéndose  en  cada  caso  el  tipo  de  vicio  denunciado  –de   trámite   o   de  garantía—,  el carácter  sustancial  del  mismo,  el  momento  procesal  desde  el cual se debe anular el  proceso   y   la   razón  por  la  cual  es  necesario  acudir  a  ese  remedio  extremo.   

Las  demás  incorrecciones  susceptibles de  discutirse  en  casación  están  vinculadas  al  contenido  de  la  sentencia,  probatorio y jurídico.   

Al examinar los medios de prueba el juzgador  puede  incurrir  en  errores de hecho o de derecho. Los primeros ocurren si deja  de   apreciar  pruebas  válidas  que  obran  en  el  proceso  o  supone  medios  demostrativos  (falso  juicio  de  existencia),  cuando  tergiversa su contenido  haciéndoles  decir algo que objetivamente no dicen (falso juicio de identidad),  o  al  apreciarlas  con  desbordamiento de las reglas de la sana crítica (falso  raciocinio).  Y  los  segundos,  si  toma en consideración pruebas inválidas o  tiene  como  tales  pruebas  válidas (falso juicio de legalidad) o  estima  que  la  prueba  tiene  tarifa  legal,  no  teniéndola, o estando sujeta a ella  desconoce  el  valor  o la eficacia probatoria asignada por la ley (falso juicio  de convicción).   

En todos esos casos la eventual violación de  la  ley  sustancial  es  indirecta  pues  se  produce  a través del yerro en la  apreciación  probatoria  y  es  deber  de  quien la postula precisar el tipo de  error,  identificar  la  modalidad  y  acreditarlo,  sin  soslayar  la  carga de  demostrarle  a  la  Corte  que  si  no se hubiese presentado la orientación del  fallo   habría   sido   distinta,   lo   cual   equivale   a   desvirtuar   sus  fundamentos.   

Pero  si  es  el  contenido  jurídico de la  sentencia  el   objetado  por  el  recurrente,  le está vedado discutir la  apreciación  probatoria  porque en esa hipótesis la transgresión de la ley es  la  consecuencia  directa  de un error estrictamente de derecho, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

Por fuera de las comentadas irregularidades,  previas  al  fallo  o  derivadas  de  él,  resulta  improcedente  el recurso de  casación  y  por  tal  razón  es importante para el sujeto procesal demandante  entender  la  lógica  del  proceso, reflejada toda ella en las causales legales  dispuestas  para  la  utilización del medio de impugnación extraordinaria, las  cuales,  a  diferencia  de  como  se  piensa,  no sugieren la idea de un recurso  técnico  y  hostil   a  la realización de sus propias finalidades sino de  uno  que  en  atención  a su naturaleza rogada exige un mínimo de precisión y  coherencia  en  la manera de la presentación del caso al Tribunal de Casación,  ante  el  cual  no  puede  venirse  con  vaguedades  o  a buscar  análisis  probatorios  de  instancia,  sino  con  la claridad suficiente para expresar con  toda  naturalidad  qué  error  trascendente  cometió el juzgador y aportar los  argumentos pertinentes para persuadir acerca de su ocurrencia.   

Comprender lo anterior llena de contenido la  exigencia      legal      de      “claridad     y  precisión”  en  la  enunciación  de  la  causal de  casación  invocada en la demanda y en la formulación del cargo, prevista en el  artículo  212-3  del  Código  de Procedimiento Penal de 2000 y manifiestamente  insatisfecha en el presente caso.   

2.   Aunque  el  casacionista  precisó  en el único cargo de la demanda que la sentencia violó  indirectamente  la  ley sustancial debido a errores de hecho por falso juicio de  identidad  y falso raciocinio,  y de derecho por falso juicio de legalidad,  ni  siquiera  precisó  en  qué medios de prueba recayeron las equivocaciones y  mucho  menos  acreditó  su  trascendencia.  Se  limitó  a afirmar, sin ninguna  fundamentación,  que  su  representado  debía ser absuelto y como no fue así,  sino   que   se   le   condenó,  entonces  se  le  conculcaron  sus  garantías  fundamentales.   

Así  las  cosas,  ante  la  falta  total de  desarrollo  de  la censura, no hay lugar a la admisión de la demanda. Tampoco a  casar  de  oficio  la  sentencia  en  consideración  a  que una vez revisada la  actuación  no se evidencia quebrantamiento alguno de los derechos fundamentales  de los sujetos procesales.   

Por  lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor  del       procesado       JOHN      JAIRO      MOSQUERA      NAVARRO.   

          Contra   esta  decisión  no  proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE    Y  CÚMPLASE.   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                      FERNANDO CASTRO  CABALLERO                            

                 

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ              GUSTAVO         ENRIQUE        MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  .  Así  lo  sostuvo  la  Corte  en  el auto de casación del 14 de febrero de 2006  (radicación  23.639)  y  se  recordó  en  el  del  14  de  septiembre  de 2009  (radicación 32.126).     

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