40447(24-04-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JOSÉ  LUIS      BARCELÓ  CAMACHO   

Aprobado    acta    N°    124   

Bogotá,    D.    C.,    veinticuatro         (24)  de abril  de dos mil trece (2013).    

V   I   S   T   O  S   

La Corte se pronuncia sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de revisión presentada por la apoderada de MARTHA  ROSA  GUERRERO  PEDRAZA  contra la  sentencia  emitida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá, el  16  de  julio  de  2010,  a  través  de la cual la declaró coautora penalmente  responsable de la conducta punible de tortura agravada.   

  H   E   C   H   O  S   

Se  aprecia  en  las  copias  adjuntas  a la  demanda,  que  el ad quem los  consignó en los siguientes términos:   

“En   razón   a  los  problemas  de  drogadicción   que   afrontaba  el  menor  D.A.V.M1,  su  padre,  Orlando  Vargas  Cárdenas,  lo  internó  el  14 de noviembre de 2003 en la Fundación Centro de  Rehabilitación  “El  Alfarero”,  de  la  cual Henry Cipagauta López era su  Director  y  MARTHA ROSA GUERRERO PEDRAZA (sic)   se  desempeñaba  como  psicóloga,  allí  duró hasta el 23 de diciembre cuando lo  sacaron  a  solicitud  del menor, supuestamente por los maltratos que recibía y  ante  la  promesa  de éste de no volver a consumir estupefacientes, no obstante  el  24 de diciembre del mismo año recayó en la droga y lo volvieron a llevar a  dicha  fundación,  sin  embargo,  contrario  a  la  rehabilitación querida, se  observó  en  el  menor el sometimiento a maltratos físicos y psicológicos que  le  generaron  graves  problemas de salud mental, tratados en la Unidad de Salud  Mental del Hospital Santa Clara”.   

LA DEMANDA DE REVISIÓN  

La accionante invoca como causal de revisión  la  prevista  en  el artículo 220, numeral 3°, de la Ley 600 de 2000, esto es,  “Cuando  después  de  la  sentencia  condenatoria  aparezcan  hechos  nuevos  o  surjan  pruebas,  no  conocidas  al  tiempo de los  debates,  que  establezcan  la inocencia del condenado, o su inimputabilidad”.   

Luego  de  criticar  la  manera  en  que los  juzgadores  de  instancia  analizaron los medios de conocimiento aportados a las  diligencias   y   cuestionar  las  conclusiones  a  las  que  arribaron  en  sus  decisiones,  reseña  la  situación  emocional del menor para el momento en que  ingresó  a  la  fundación  “El Alfarero” con el propósito de señalar que  era  improbable que su estado psíquico hubiese sufrido menoscabo a consecuencia  de  las  supuestas  torturas  a  las  que  allí  se  vio sometido. Esto porque,  asevera,  el cuadro de esquizofrenia que le fue diagnosticado venía gestándose  de  tiempo  atrás  y  no  se  desencadenó mientras estuvo internado; ahora, si  ocasionalmente  se  desplegó  en el centro de rehabilitación fuerza física en  su  contra,  “sólo fue para inmovilizarlo ante sus  comportamientos      agresivos      y      de     rebeldía”,     considerando  injusta  la  condena de su prohijada, pues el cargo de  psicóloga  lo ejercía solo medio tiempo y sus funciones estaban limitadas a la  coordinación de actividades lúdicas.   

Por  otra  parte,  advierte  la presencia de  incertidumbres  que  colocan  en entredicho la responsabilidad de su poderdante,  trayendo  a  colación  una tarjeta de felicitación que le fue remitida por los  internos   el   día   de   su   cumpleaños   “con  dedicatorias  llenas  de aprecio, afecto, amor y cariño, por su labor en pro de  su  rehabilitación”,  la  cual  aporta en fotocopia  auténtica  y  que,  estima,  infirma  los  fallos  de  instancia  al referir un  sentimiento  de  gratitud  incompatible  con  actitudes  de  complacencia  o  de  participación  en  los  actos  vejatorios  materia  de  juzgamiento,  según lo  indicado por varios declarantes.   

En   estas   condiciones,  atribuye  tales  señalamientos  en  la animadversión de los testigos hacia los otros procesados  y  en  la exageración que respecto de algunos comportamientos hicieron personas  adictas   a  sustancias  alucinógenas,  allegando  la  declaración  extrajuicio  de  Henry  Armando Chávez  Puerto,  quien  también  estuvo  confinado  en  la  fundación El Alfarero para  tratamiento,  donde  manifestó su desconcierto por la determinación emitida en  disfavor  de  la  única  persona que, adujo, se preocupaba por la situación de  los  adolescentes,  reiterando así la accionante que no existía en el trámite  la certeza necesaria para proferir sentencia condenatoria.   

Anexó  con  la demanda un memorial suscrito  por  la  condenada,  en  el cual insiste en el “alto  grado  de  duda  sobre  la ocurrencia de los hechos”,  junto  con  poder  conferido para actuar, los documentos aludidos, copias de los  fallos  emitidos  y  la  constancia  de su ejecutoria.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  De  conformidad con lo establecido en el  artículo  75,  numeral  2°,  de    la   Ley   600   de  2000, la Sala es competente  para  conocer  de  la  acción  de  revisión  presentada  por  la  defensora de  MARTHA     ROSA    GUERRERO    PEDRAZA,  atendiendo  que  se  promueve  contra  una  sentencia  dictada en  segunda   instancia   por   un   Tribunal   Superior   de   Distrito   Judicial,  pronunciamiento     que     ya     se     encuentra     en     firme.   

2.  Ahora  bien,  según  lo ha decantado la  jurisprudencia,  la  acción  de revisión es un mecanismo judicial especial que  constituye  una  excepción al principio de la cosa juzgada, en tanto que por su  conducto  se  busca  dejar  sin  efectos  la  intangibilidad  de la declaración  contenida  en  sentencia  ejecutoriada,  si  se  acredita  la  configuración de  cualquiera  de las causales previstas para ello, en este caso, las del artículo  220 de la Ley 600 de 2000.   

El   carácter   inmutable  del  instituto  jurídico  que se pretende remover, implica una serie de exigencias formales que  debe  cumplir la demanda de revisión, contempladas en el artículo 222 ibídem,  que  han  de  acatarse  so  pena  ineludible  de  su  inadmisión.  Y uno de los  requisitos  establecido  en  el canon en cita, es que el libelo debe precisar la  causal  que  invoca  y  los  fundamentos  de  hecho y derecho en que se apoya la  solicitud.   

3. En este evento, se tiene que la acción se  ampara  en  la causal tercera de revisión, es decir, en la aparición de hechos  o  pruebas  nuevas respecto de las cuales el sentenciador no tuvo oportunidad de  pronunciarse  por  no  haberlas  conocido  y que, de manera inexorable, permiten  concluir  la  inocencia  o  la inimputabilidad del procesado frente al acontecer  fáctico   por  el  que  fue  condenado,  o  bien  sea  que  por  su  entidad  y  trascendencia,   hacen  discutible  la  determinación  adoptada  en  el  fallo.   

En   ese  orden  de  ideas,  la  Corte  ha  puntualizado  que no son los hechos o las pruebas que dejaron de incorporarse al  proceso  por  ser  desconocidas  las que dan lugar a su revisión, sino aquellas  que   sin  mayor  dificultad  resquebrajan  la  providencia  atacada;  en  otras  palabras,    las    que   ab   initio   transmiten   la   credibilidad   suficiente   para   cuestionar   la  declaración    de    justicia    efectuada    por   la   judicatura2.     

4.  Cotejando  este  marco conceptual con la  propuesta  argumentativa  que  ocupa a la Sala, se advierte que la accionante se  limitó  a  allegar  copia  de  los  fallos  de  instancia  con su constancia de  ejecutoria,  fotocopia  autenticada  de  una  tarjeta  de felicitación remitida  aparentemente  a  la procesada el día de su cumpleaños, en la que se consignan  mensajes  de  consideración  por  personas  que  en  su  mayoría  no  aparecen  identificadas,  y  la  declaración extrajuicio de Henry Armando Chávez Puerto,  en  donde  afirma  que  ésta es inocente de los cargos endilgados, sin acometer  ningún  razonamiento  que  indique  la  manera  en que los citados elementos de  conocimiento  comportan  el  calificativo de prueba nueva, ni tampoco enseña el  porqué  tendrían  la  fuerza  demostrativa  suficiente  en orden a remover las  conclusiones  de  la  sentencia.  En  contrapartida,  la  libelista  se dedica a  plasmar  una  exposición  subjetiva  del mérito suasorio que en su sentir debe  deducirse  de  estas  y  de  las  demás  pruebas  debatidas  en  la actuación,  desconociendo   que   la  revisión  no  es  una  continuación del proceso   penal   que  culminó  con  la  ejecutoria  de  la  decisión  judicial  que  hizo  tránsito  a  cosa  juzgada,  ni  es  sede  para  revivir  la     controversia  jurídico-probatoria  llevada  a  cabo   en  un  trámite       ya  finiquitado.   

Muestra   palpable   de   la   equivocada  percepción  que tiene la actora del instituto, es que  retomó  en  la demanda los  argumentos  defensivos  elucubrados  ante  la  primera  instancia y después     replicados     en     la  apelación,  como  si  la  revisión   fuese   una   oportunidad   in  extremis  para  procurar el éxito de  sus  pretensiones,  ahora,  con  el  agregado  de  una  tarjeta  de  cumpleaños  que  por  sí  misma  es  insuficiente  para  poner en  entredicho      la      múltiple     prueba    testimonial    y   documental  que   de  forma  coincidente  reportó  el   compromiso   de   GUERRERO  PEDRAZA  en  los  abusos físicos y  psicológicos  de  los  que fueron víctimas varios internos de la fundación El  Alfarero.                Igualmente, la  retractación          en         declaración  notarial  de Henry Armando  Chávez     Puerto    resulta    inane,   no   solo   porque  la  jurisprudencia  ha  establecido  que  en  estos  casos  no  se  sabe  donde  está  la verdad y  que,       por  tanto,    el   fallo  permanece  con  la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad, mientras   no   se   haya   determinado   mediante  el  respectivo  pronunciamiento         sustancial  sobre  el  particular3;  sino  además porque el citado en su  nueva  versión  atribuye el actuar de la implicada en la presunta manipulación  que           supone           ejercieron         los   otros   procesados,    en    condiciones    abstractas    y    genéricas  que riñen con el grado de precisión  con     el    cual    inicialmente    la  señaló  como gestora directa     de     los    suplicios  irrogados  en su contra y  de     los     demás    pacientes    del   centro   de   rehabilitación4.       

5.  Por  lo tanto, es necesario reiterar que  tratándose  de la causal aludida esta no cobija casos en los que el demandante,  a  partir  de  una  particular  valoración  de  las  normas  y de los hechos en  contraposición  a  lo  resuelto en el fallo objeto de acción, considera que el  sentenciado  no  es  autor  o  partícipe  de una determinada conducta ilícita,  porque  esta  clase  de  discrepancias  sólo  tienen  cabida en el curso de las  instancias  o  a  través  de  los recursos, no en sede de revisión, se repite,  donde  no  hay  lugar a revivir discusiones fácticas o jurídicas ya definidas,  toda  vez  que, al igual que la casación, no es una prolongación del juicio ni  una           tercera           instancia.5   

Así mismo, debe recordarse que la acción es  de  naturaleza  rogada,  o sea, impone una carga argumentativa idónea que ha de  contar  con  el  respaldo objetivo o probatorio pertinente para poner de relieve  la  eventual  injusticia que pudo haberse cometido en el curso del proceso penal  y  que conduzca a colegir que la decisión allí adoptada es incongruente con la  verdad  material, por lo cual no tienen cabida planteamientos especulativos que,  como  en  este  caso,  dejen  al  azar y a la libre interpretación del operador  jurídico  el  posible  asidero  del  reclamo  efectuado,  ya que, se repite, la  remoción    de   la   res   iudicata   procede  únicamente  ante  la  indiscutible  demostración  de  una  injusticia que imponga su corrección.   

Entonces, ante el evidente incumplimiento de  los  presupuestos  de  admisibilidad  legalmente  establecidos  y  la defectuosa  postulación  de  la  demanda de revisión, la decisión que se impone ha de ser  su inadmisión.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  revisión,  presentada  a  través  de  apoderada,  contra el fallo  proferido  por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Bogotá el 16 de  julio  de  2010,  mediante  el  cual  se  sancionó  penalmente  a  MARTHA ROSA GUERRERO PEDRAZA.   

Contra  la  presente  decisión  procede  el  recurso de reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                       GUSTAVO    ENRIQUE    MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                                                           JAVIER ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

        Secretaria                    

1  No  se  revela  el  nombre  del  menor  conforme  el  principio  de protección a la intimidad y reserva de identidad consagrado en la  normatividad  relacionada con el tema, véase Convención sobre los Derechos del  Niño  aprobada  mediante  Ley  12  de 1991, artículo 16; Decreto 2737 de 1989,  artículos  174 y 301; Ley 1098 de 2006, artículos 33, 47, numeral 8, 153, 193,  numeral 7; entre otras disposiciones.   

2  Cfr.  entre  otros, Rad. 20605, auto de 25 de octubre  de 2004, Rad. 38249, auto de 19 de diciembre de 2012   

3  Cfr.  Rad.  20204,  auto  del  8  de octubre de 2004,  reiterada en Rad. 21675, auto de 26 de enero de 2006   

4  En   el  fallo  de  primera  instancia  se  aprecia:  “En  efecto,  sobre  el  particular, Henry Armando  Chávez  Puerto  puntualizó:  “…cada vez que me iban a sacar mis padres, la  doctora  MARTHA GUERRERO,  el  delincuente  Henry  Cipagauta,  ellos  manipulaban  la  gente para que no me  sacaran…”;  agregando  que dicha acusada era una de las personas que espiaba  y  vigilaba  a  los internos en las visitas, para impedirles que enteraran a sus  familiares   del  maltrato  que  recibían…  También  dijo  “…La  doctora  MARTHA  GUERRERO  era la  que  le decía a Elbert que sí le podía quitar el tapabocas para poder ingerir  los  alimentos  en  las  horas  de  comida,  o  era  la  que  nos  levantaba  la  sanción…”.   (Cfr.  Fl.  56 y s.s sentencia  del  Juzgado  Séptimo  Penal del Circuito Especializado de Bogotá)   

5  Cfr.   Rad.  10685,  sentencia  de  6  de  marzo  de  2001     

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