40332(12-12-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 458  

          Bogotá    D.C.,    diciembre    doce   (12)   de   dos   mil   doce  (2012)   

VISTOS  

Emprende  la  Corte  la constatación de las  exigencias   de   censura  lógica  y  suficiente  acreditación  en  el  libelo  casacional    presentado    por    el    defensor   del   acusado   PABLO  ENRIQUE  MEJÍA VÁSQUEZ, contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Montería  el  22  de  junio  de 2011, confirmatoria de la dictada el 29 de octubre de 2010  por  el Juzgado Penal del Circuito Especializado Adjunto de la misma ciudad, por  cuyo  medio  lo  condenó  como  coautor  penalmente responsable del concurso de  delitos  de  homicidio en persona protegida en Ricardo  Antonio   Molina  Osorio  y  Ronald  de  Jesús  Berdugo  Molina,  y concierto para  delinquir agravado.   

HECHOS  

          Los   sucesos   que   dieron  lugar  a  este  averiguiatorio  fueron  sintetizados  por  el  Tribunal  en el fallo de segundo grado, en los siguientes  términos:   

“El  día 19 de  mayo  de  2007, el grupo Gaula del Ejército Nacional de la ciudad de Montería,  presentó  a  dos jóvenes sin identificar, como abatidos en combate, el cual se  llevó  a cabo en la vereda La Cumbia del municipio de Tierralta (Córdoba), que  de  acuerdo  a  las  investigaciones  fueron  identificados como Ricardo Antonio  Molina  Osorio y Ronald de Jesús Berdugo Molina. Estas personas fueron enviadas  al  lugar  donde  se  presentó  el supuesto combate por un grupo de individuos,  entre  los  cuales  se  encontraban  los hoy acusados, teniendo estos un acuerdo  previo  para  engañar  a  sus  víctimas  con  promesas  de empleo y mejorar su  condición  de  vida,  para así trasladarlas al lugar donde serían ultimadas y  presentadas  a  la opinión pública como delincuentes que habían sido dados de  baja por el Ejército Nacional”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Inicialmente  el  Juzgado  Veintinueve  de  Instrucción  Penal  Militar de Montería dispuso la correspondiente indagación  preliminar,  pero  luego remitió la actuación a la justicia ordinaria el 29 de  junio  de  2007.  La  Fiscalía  declaró abierta la instrucción, en cuyo marco  vinculó  mediante  indagatoria a PABLO ENRIQUE MEJÍA  VÁSQUEZ,  resolviéndole  su situación jurídica con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posible  coautor  del  concurso  de  delitos de homicidio en  persona     protegida     en     Ricardo    Molina  Osorio y concierto para delinquir.   

Cerrada  la  investigación,  el mérito del  sumario  fue  calificado  el 25 de febrero de 2009 con resolución de acusación  en   contra  del  mencionado  ciudadano,  como  probable  coautor  del  concurso  homogéneo   de   delitos   de  homicidio  en  persona  protegida  (Ricardo   Antonio   Molina   Osorio  y  Ronald  de  Jesús  Berdugo  Molina),  concursante con el punible de concierto para  delinquir agravado.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Montería, despacho que una vez  realizada  la  audiencia  pública  remitió  al  actuación  a  su homólogo el  Juzgado  Adjunto  de  Descongestión  de  la  misma  especialidad  en la capital  cordobesa,  el  cual  profirió  fallo  el 29 de octubre de 2010, por cuyo medio  condenó  a PABLO ENRIQUE MEJÍA VÁSQUEZ a  la pena principal de cuatrocientos cincuenta (450) meses y un (1)  día  de  prisión,  multa  por  3575  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por ciento  noventa  y  cinco  (195) meses, como coautor del concurso de delitos por el cual  fue acusado.   

          En  la  citada decisión le fue negada al procesado tanto la condena  de  ejecución  condicional,  como  la  prisión  domiciliaria sustitutiva de la  intramural.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  de  Montería  la  confirmó  mediante  fallo del 22 de junio de 2012,  contra    el    cual    el    defensor   de   MEJÍA  VÁSQUEZ  interpuso  recurso  de  casación  y allegó  oportunamente el respectivo libelo.   

LA DEMANDA  

          Luego  de  hacer  in  extenso  una  reseña  de  la  actuación  procesal  y  de  las  anteriores  impugnaciones  de  la defensa, bajo la égida de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el defensor denuncia la violación indirecta de los artículos  29  y  288  de  la  Carta Política, 232, 238 y 284 a 287 de la Ley 600 de 2000,  derivada de errores de hecho por falso juicio de identidad.   

En  el  desarrollo  de  la censura, luego de  referir  que  el  Tribunal declaró responsable a su asistido por considerar que  hacía  parte  de  una organización dispuesta para reclutar jóvenes humildes a  fin   de   que  miembros  de  Ejército  Nacional  realizaran  falsos  positivos  causándoles   la   muerte,   advera   que   se   desconocieron  los  siguientes  hechos:   

          PABLO  MEJÍA  era  amigo de Ricardo  Antonio  Molina y vivía cerca de  él,  sin  que cambiara de sector, amén de que enfrentó las acusaciones de los  familiares     del     occiso;    no    se    estableció    que    PABLO  hablara  con  quien  llamaba desde  Montería  a  preguntar  por  las  víctimas;  no  hay  prueba de que el acusado  supiera     que     a     Ricardo     y  Ronald se les  causaría la muerte como parte de un plan criminal.   

          En  la misma época de ocurrencia de los hechos las AUC reclutaron a  desmovilizados  que  luego  fueron presentados como muertos en combate. Desde la  fecha  de ocurrencia de los hechos en mayo de 2007 hasta cuando se descubrió el  procedimiento   que  causó  la  muerte  a  las  víctimas,  las  cuales  fueron  identificadas    (febrero    de    2008),    transcurrieron   cerca   de   nueve  meses.   

          Señala  que  “no existe ninguna prueba  que  indique  que Pablo hubiera participado en hechos similares a aquellos o que  hubiera contemplado hacerlo”.   

         Advera  que “se funda el fallo en hechos  inferidos  en forma errónea, al considerar que no se logró demostrar que Pablo  Mejía   conocía   el   plan   criminal   o  lo  llegó  a  conocer”.  “Esta  inferencia  o  conclusión  lleva   al   ad   quem   a  establecer  que  hubo  coautoría  impropia  en  los  delitos”  por  los cuales fue condenado.           

          Resalta  que  su  asistido no tenía el dominio funcional del hecho,  además no se concertó para acordar la muerte de las víctimas.   

A partir de lo anterior, el defensor solicita  la   casación   del   fallo   a  fin  de  garantizar  los  valores  y  derechos  fundamentales,  así  como la unificación de la jurisprudencia, “prevalencia   y   aprestigiamiento  (sic)  de          la          justicia”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Ha dilucidado de tiempo atrás la Colegiatura  que  en  el  examen  de admisibilidad de los libelos casacionales le corresponde  constatar  que los recurrentes formulen los reparos conforme a los requisitos de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente  definidos  por  el legislador y  desarrollados  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario  no  se  convierta en una tercera instancia.  Tales  exigencias  se  orientan  a  conseguir demandas enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  postulación  y  demostración  de los cargos propuestos, en cuanto resulten inteligibles por ser  precisos  y  claros, pues no corresponde a la Sala en su función constitucional  y   legal  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias alegaciones de los impugnantes en casación.   

          Además,  de  acuerdo  con  el  artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante carece de interés o la demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

Definido  lo  anterior  se tiene que como el  recurrente  invoca  la  presencia  de  errores  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad,  conviene  rememorar  que tal especie de yerro tiene lugar cuando los  falladores   al   ponderar  el  medio  probatorio  distorsionaron  su  contenido  cercenándolo,   adicionándolo   o   tergiversándolo,   motivo   por  el  cual  corresponde  al demandante identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el  elemento  de  convicción  y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos  producidos  a  partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte resolutiva de  la sentencia atacada.   

Sobre  la acreditación de dicho error se ha  puntualizado  que  no puede sustentarse con el simple planteamiento del criterio  subjetivo  del  recurrente acerca de la prueba cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación demostrar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustancial en el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustantiva de la sentencia atacada  con  la  corrección del error y la debida valoración de la prueba, en conjunto  con  las  demás, obligaciones no asumidas en forma alguna en este asunto por el  casacionista.   

          En  efecto,  encuentra  la  Corporación  que  el  actor reprocha al  ad   quem   por   inferir  “en  forma errónea” que  el  acusado  conocía  el  plan  criminal,  a  partir  de  lo  cual  edificó la  demostración  de  la  coautoría  material  impropia,  discurrir ajeno al falso  juicio  de  identidad  de  naturaleza  esencialmente  objetivo-contemplativa,  y  propio  del  error de hecho por falso raciocinio de índole valorativa, falencia  que  obviamente  le impide estructurar en debida forma la censura, dando lugar a  un  proceder  ambiguo e impreciso que se desentiende de lo exigido en el numeral  3º  del  artículo  212  de  la  Ley 600 de 2000, al señalar que la demanda de  casación    debe    contener   “la   enunciación   de   la   causal   y  la  formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y  precisa   sus   fundamentos  y  las  normas  que  el  demandante  estima  infringidas”  (subrayas fuera de  texto).   

          Igualmente  observa  la  Corporación  que el recurrente se limita a  ofrecer  su  particular visión de las pruebas, sin adentrarse a señalar en que  consistió  la  adición,  cercenamiento  o tergiversación de ellas, con efecto  trascendente en la declaración de justicia cuestionada.   

          Palmario  resulta  que  si  la  crítica  casacional  apunta  a  las  inferencias,   deducciones  o  conclusiones  de  los  falladores,  tal  discurso  corresponde  al error de hecho por falso raciocinio, el cual acontece cuando las  pruebas  son  tenidas  en  cuenta,  pero  en  su  valoración  los  funcionarios  quebrantan  las  reglas  de  la  sana  crítica,  esto  es, los principios de la  lógica,  las leyes de la ciencia y las máximas de la experiencia; en tal caso,  es  deber  del  recurrente expresar qué dice concretamente el medio probatorio,  qué  se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el mérito  persuasivo  otorgado,  determinar  el postulado lógico, la ley científica o la  máxima  de  experiencia  cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo a  la  par  indicar  su  consideración  correcta,  identificar la norma de derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente aplicada y  finalmente,  demostrar  la trascendencia del yerro expresando con claridad cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable  obligación  de  acreditar  que  su  enmienda  da lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los intereses de su representado, proceder que en este  asunto no emprendió el demandante.   

Sobre el particular es oportuno destacar que  el  casacionista  nada  dice  acerca de lo expuesto ampliamente por Marlys  Selina  Pérez  Martínez en punto  de    la    intervención    de    PABLO    ENRIQUE  MEJÍA  en  la  consecución  de  las víctimas, cuyos  apartes son trascritos y comentados en el fallo de segundo grado.   

También  se  tiene  que  el  recurrente  no  explica  de  qué manera debe unificarse la jurisprudencia en punto de los temas  propuestos,  y  tampoco  identifica  decisiones  contradictorias o vacíos sobre  algunos aspectos.   

Ahora, si bien el censor considera vulnerados  en  forma  indirecta  los artículos 232, 238 y 284 a 287 de la Ley 600 de 2000,  encuentra  la Sala que dichos preceptos no tienen la condición de sustanciales,  en  cuanto no definen conductas delictivas o hacen referencia a la punibilidad o  a  la  responsabilidad,  sino  que sólo tienen la virtud de servir como medio o  instrumento   para  arribar  a  los  fines  de  las  disposiciones  sustantivas,  equívoco  que  se  desentiende de la preceptiva contenida en el numeral 1º del  artículo  207  de  la referida normativa procesal, según la cual, la casación  procede  “cuando la sentencia sea violatoria de una  norma     de     derecho    sustancial”  (subrayas fuera de texto), cuya cita  resulta    inexcusable    (numeral    3º   del   artículo   212   ejusdem),  razón  de  más para advertir  incorrecciones   lógicas   y   de   fundamentación  en  la  presentación  del  cargo.   

Como viene de verse, es claro que en evidente  olvido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la que se encuentra  revestido  el  fallo, el casacionista únicamente orientó su esfuerzo a exponer  su  particular  ponderación  probatoria  o a denunciar incorrecciones, pero sin  detenerse  a  observar  las  reglas  propias  de  este  medio de impugnación de  naturaleza  extraordinaria, cuando no, a desentenderse de otros medios de prueba  que dan pábulo al fallo objeto de sus censuras.   

Las   citadas  falencias  imposibilitan a la Sala acometer el estudio del libelo, pues si éste  no  corresponde  a un alegato de libre confección, su presentación con base en  asertos  inexplicados  y  sin  atenerse  a  alguna  de  las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que  lo  gobiernan,  obliga  a  la Corporación a inadmitirlo de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el artículo 213 de la Ley 600 de 2000, pues en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se encuentra facultada para enmendar los errores del actor.   

         Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación  de  derechos o garantías, como para que tal circunstancia impusiera  el  ejercicio  de  la  facultad oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador a la Corte en  punto de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   presentada   por             el   defensor  del  procesado    PABLO  ENRIQUE  MEJÍA VÁSQUEZ, por las razones expuestas en  la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                   JULIO        ENRIQUE        SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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