40291(03-07-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº 208  

Bogotá, D.C., tres (03) de julio de dos mil  trece (2013).   

V   I   S   T   O  S   

Procede la Sala a verificar los requisitos de  lógica  y  debida  argumentación  de las demandas de casación presentadas por  los   defensores   de   LUIS  EDUARDO  FLOREZ  LIÑAN  y   MARLON   ARIEL  GUERRA  MELGAREJO.   

H E C H O S  

Fueron expuestos en el escrito de acusación  en los siguientes términos:   

“El  día  2  de  abril  de  2011, siendo  aproximadamente  las 3:00 A.M., al lado de la cancha del barrio Buenos Aires del  municipio  de San Andrés, en el momento que llegaba a su casa el señor Sherwin  Linero  Flórez  junto  con  su  compañera  permanente  Aichel Jilian Calderón  Humpheis,  fueron  objeto  de un atentando por parte de dos hombres que salieron  del  callejón,  disparándole  en  varias oportunidades a Linero Flórez, (sic)  dando  el  primero  de  ellos en la espalda, motivo este que obligó a Sherwin a  salir  corriendo  con  tan mala suerte que tropezó con un muro de la casa de al  lado   no  pudiendo  de  esta  forma  resguardarse  del  ataque  y  mucho  menos  defenderse.  En  cuanto a Aichel Jilian, no recibió herida alguna, debido a que  el  mismo  Sherwin le gritó que corriera para que se resguardara del ataque….  Se  conoce  dentro  de  la investigación que las dos personas que realizaron la  actividad  delictiva  son  los  aquí  acusados  (LUIS  EDUARDO     FLOREZ     LIÑAN     y    MARLON  ARIEL  GUERRA MELGAREJO) personas  estas  que fueron reconocidos fotográficamente por la compañera permanente del  hoy  occiso… esto teniendo en cuenta las circunstancias narradas dentro de las  diversas  entrevistas  entregadas  por  la  misma en la policía judicial, y por  hechos  posteriores  realizados  por  los  mismos  que  nos  indican que son los  presuntos coautores del homicidio…” .   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Culminado  el  juicio  oral  y anunciado el sentido condenatorio del  fallo  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  San Andrés, estrado  judicial  al  que fueron asignadas las diligencias, se dictó sentencia el 22 de  mayo  de 2012, a través de la cual se impuso a FLÓREZ  LIÑAN  y  GUERRA  MELGAREJO  la  pena  principal  de  prisión  por  cuatrocientos  cuarenta  (440)  meses  y  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por veinte (20) años, al hallárseles coautores  responsables  del  delito  de homicidio agravado (artículos 103, 104, numerales  4°  y  7°,  del  Código  Penal).  En  la  misma  decisión,  se  les negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

2.  Apelada  esta  determinación  por  los  defensores   de   los   implicados,   fue  confirmada   por   el   Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial de San Andrés,   

Providencia y Santa Catalina el 15 de agosto  de 2012.   

LAS     DEMANDAS     DE   CASACIÓN   

Los   defensores   de   los   sentenciados  interpusieron  el  recurso  extraordinario  para  postular,  a través de sendas  demandas,  un  cargo único en  contra  de  la  providencia  de  segunda instancia, al amparo del artículo 181,  numeral  3°, de la Ley 906 de 2004, denunciándose en ambos libelos un error de  hecho por falso raciocinio.   

De manera conjunta, plantean que dicho yerro  acaeció  al  momento  de  valorar  la  declaración  de Aichel Lilian Calderón  Humphies,  toda  vez  que  ésta  rindió  varias  entrevistas  ante la policía  judicial  en  las  que  dio  cuenta de circunstancias excluyentes: Inicialmente,  manifestó  que  no pudo reconocer a los atacantes que ultimaron a su compañero  permanente  debido  a  la  oscuridad en la que actuaron, luego, aseveró que los  responsables  del homicidio fueron las personas que distinguía con los alias de  “El  Cachaco”  y  “Marlito”,  ulteriormente  individualizados  como  los  procesados  y,  con  posterioridad,  adujo  que  los  victimarios el día de los  acontecimientos     usaron     pasamontañas,     lo     que     le     impidió  identificarlos.   

Estas inconsistencias, sostienen al unísono,  minan  la  credibilidad  del  señalamiento que la mencionada efectuó en una de  esas  oportunidades,  el  cual,  a  la  postre,  fue  el pábulo de la decisión  condenatoria.  En  consecuencia,  tal  determinación vulnera los parámetros de  apreciación  del testimonio contemplados en el artículo 404 de la normatividad  en  cita, sobre todo, porque al contrario de lo narrado por la señora Calderón  Humphries  cuando aseveró que los atacantes se dieron a la fuga de manera rauda  después   de  cometer  el  homicidio,  FLOREZ  LIÑAN  adolece  de  limitaciones  físicas  que  le  impiden  correr.   

De este modo, solicitan casar la sentencia y,  en   su   lugar,   la   emisión   del   fallo   de   reemplazo   de   carácter  absolutorio.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. Con la reseña de las demandas se advierte  de  antemano  cómo  en  ellas  brilla  por  su ausencia cualquier parámetro de  lógica  jurídica  con  la  que  ha de invocarse la intervención de la Sala en  sede   extraordinaria,   circunstancia   que   derivará   en   la  inadmisión de las mismas.   

2.  El  proceso penal se caracteriza por una  serie  de etapas concatenadas, revestidas de un plexo de garantías, durante las  cuales    se   somete   a   controversia   de   la   jurisdicción   un   asunto  jurídico-procesal   cuya  discusión  culmina  con  la  sentencia,  la  que  es  susceptible  de  impugnación  por  vía  de  la  apelación  en  aras de que la  inconformidad  de quien la interpone, sea solventada por el superior jerárquico  del  funcionario  que  emitió  la  decisión  para que la confirme, modifique o  revoque, cuando a ello hubiere lugar.   

Esto  explica  porqué  el  debate sobre las  aristas  de  interés  para  el  ejercicio  de la acción penal culmina en tales  escenarios,  es  decir,  durante  el  decurso de las instancias, previéndose la  existencia    de    la    casación    solamente    cuando    por   específicas  causales1,  se  pretenda  un estudio respecto de la legalidad de la sentencia  por parte de la Corte Suprema de Justicia.   

No  se  trata,  entonces,  de  prolongar  la  controversia  que  feneció  con  la emisión de una providencia amparada con la  presunción  de  acierto  y  legalidad,  ya  que  esta  decisión únicamente es  discutible  mediante  de  la demostración de errores atribuibles al juzgador y,  de  tal  magnitud, que solo con la casación pueda restaurarse la legitimidad de  la pieza procesal atacada.   

En   ese   orden,   existen   parámetros  conceptuales  que  hacen  de  la  demanda  correspondiente un escrito sometido a  estrictas  y  específicas  reglas  de  postulación,  el cual bajo la égida de  principios  como  el  de  autonomía,  limitación, prioridad, entre otros, debe  bastarse  a  sí  misma para demostrar  la existencia del yerro planteado y  también  su  trascendencia,  bajo  la  premisa  fundamental  de  que  la simple  discrepancia  de  criterios no es un tema con la viabilidad de ser auscultado en  sede extraordinaria.   

3. Lo anterior se menciona para recalcar que  ninguno  de  estos  aspectos  lógico-conceptuales  fueron  considerados por los  recurrentes,  porque  únicamente  plasmaron  en  sus  escritos ideas abstractas  carentes  de  contenido  argumentativo y descontextualizadas desde todo punto de  vista,  si  de  derruir  la  presunción de legalidad de la sentencia atacada se  trataba.   

Toda  vez que la confección de las demandas  es  prácticamente idéntica, a estas le son aplicables de forma simultánea las  siguientes observaciones:   

3.1.  Basta  confrontar  el contenido de los  cargos  únicos  para cotejar  que  no  superan  la  mera inconformidad de los impugnantes con la decisión del  Tribunal,  al  subsumir  los  reproches  un  criterio  subjetivo  que,  por más  respetable  que  sea, únicamente resulta admisible para el debate propio de las  instancias,  limitándose  los defensores a anteponer el mérito suasorio que en  su  sentir  debió  conferírsele  a  la declaración de Aichen Lilian Calderón  Humphies,  a  la  valoración  que  de  esta dicción efectuaron los juzgadores,  pasando  por  alto  que  la  postura  de  los  últimos es la que prima al estar  cobijada  con  la  presunción  de  acierto y legalidad de la que se dio cuenta.   

Ahora  bien,  aun  cuando mencionaron en sus  libelos  que  dicha  valoración  estaba  viciada  por  un  falso raciocinio, de  ningún  modo  explicaron  si el error se produjo por conculcar las reglas de la  ciencia,    los    principios   de   la   lógica   o   las   máximas   de   la  experiencia2,  siendo  la  manifestación  en  este  sentido  genérica, estando  vedado  a  la  Corte,  en  virtud  del  principio de limitación, examinar cuál  sería    la   hipotética   violación   cometida3.   Así  mismo,  pese  a  que  tangencialmente   el  apoderado  de  GUERRA  MELGAREJO  indicó  que  era inviable la identificación que hizo  la  declarante  en cita de los atacantes que perpetraron los hechos, al señalar  que   “una   persona   colocada   en   las  mismas  circunstancias  debió  actuar  de  manera  instintiva  para  proteger  su  vida  lanzándose  al  piso  o  mediante el emprendimiento de la fuga”, agregando  que  la  memoria  en  esas condiciones no puede registrar  incidencias  distintas  a  la  búsqueda de amparo, la afirmación no constituye  como  tal  una máxima de la experiencia susceptible de análisis en atención a  que  dicho silogismo no supera la mera opinión acerca  del  comportamiento  que  debió  asumir  la testigo en un contexto específico,  postura   que   carece  del  carácter  universal,  general,  con  vocación  de  permanencia   en   el   tiempo,   notorio   y   con  criterios  de  validez  y  facticidad  en  un espacio socio histórico determinado,  que            las            caracteriza4.  Así,  basta con precisar lo  cuestionable  que resulta ser la observación del togado, pues ante un suceso de  extrema  gravedad  que culminó con la muerte de su pareja, bien pudo la señora  Calderón  Humphies fijar en su psiquis los pormenores de la situación acaecida  por  su inusitada connotación, incluyendo las características de los atacantes  y,  en  especial,  cuando  su fisionomía no le era novedosa por el conocimiento  previo que tenía de ellos.      

3.2. De la misma manera, en ambas demandas se  obvió  acometer la proposición jurídica completa del cargo, ya que se omitió  indicar  las  normas sustanciales transgredidas como consecuencia de la presunta  irregularidad  denunciada,  aunado  a  que  el razonamiento a partir del cual se  predica  un  yerro  no  se  complementa  con el análisis conjunto de las demás  pruebas  sobre  las  que  no  recae  crítica  alguna  y  frente a las cuales se  asume    aceptación  en  cuanto  su  correcta  apreciación,  verbi  gratia,  el  testimonio  de Eileen  Yanina  Galvis Simancas, quien reportó la forma en que recibió de GUERRA  MELGAREJO una misiva en donde éste  reconocía    su    participación    en   los   acontecimientos   investigados,  estableciéndose  a través de estudio grafológico, que fue él quien la había  elaborado.   

3.3.  Planteadas así las cosas, surge claro  que  los  demandantes  no  agotaron la lógica formal que orienta la exposición  del  yerro  denunciado y mucho menos en su discurso aciertan en la presentación  adecuada  de un error con la entidad suficiente para desquiciar las conclusiones  del  fallo,  lo  que  deriva  en  que  los  reproches  no  tengan  vocación  de  prosperidad.   

4.  No  obstante, no puede pasar por alto la  Sala  que los juzgadores incurrieron en un dislate al darle capacidad probatoria  a  las  entrevistas  rendidas por Calderón Humphries previo al juicio, toda vez  que  las  mismas  no  constituyen medios de conocimiento autónomos sino que son  actos  de  investigación  que  tuvieron  incidencia  en la declaración rendida  ulteriormente.  Esta  última  es  la  prueba  a  ser valorada por la judicatura  conforme   con   el   principio   de   inmediación5,    por    lo   tanto,   las  manifestaciones  anteriores, de acuerdo con la jurisprudencia de la Sala, tienen  efectos  precisos:  refrescar  memoria  o para impugnar la credibilidad de quien  acude  como  testigo  a  declarar  en el juicio oral6,  lo  que  ocurrió  en  este  asunto   durante   el   interrogatorio   y  el  contrainterrogatorio7,   cobrando  vigencia,  entre  otros, los artículos 206, 347 y 403, numeral 4, de la Ley 906  de  2004, ya que los planteamientos de la Fiscalía durante la práctica de esta  prueba,  decretada  a  su  favor  y  de la defensa en forma directa, permitieron  poner  en  entredicho  el  alcance de la versión suministrada durante el juicio  por  la declarante, llegándose por esa vía a una conclusión suasoria análoga  a  la  elucubrada  por  los falladores. Esta coyuntura, entonces, termina siendo  inane,  pero  se  pone  de  relieve  en  ejercicio  de la labor unificadora y de  rectificación  que  le  asiste  a  la  jurisprudencia  de la Corte.8   

   

5.  Recapitulando, se tiene que los censores  se  apartaron  de la dinámica conceptual connatural al recurso extraordinario y  pretendieron  hacer  prevalecer  su inconformidad asimilando que la casación es  una  especie  de  tercera  instancia en la cual a través de un escrito de libre  confección  podían  cuestionar  de  cualquier  modo  las decisiones judiciales  producto  de  un  proceso penal, cuando ello no es así, atendiendo que se trata  por naturaleza de un juicio lógico-jurídico a la sentencia.   

Por  lo expuesto, al carecer las demandas de  casación  del  desarrollo  argumentativo  propio de esta sede extraordinaria, y  por  no advertirse de su contexto que se precise de un fallo para cumplir alguna  de  las  finalidades del recurso, conforme con el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,   serán  inadmitidas.  Además,  del  estudio  del  expediente  no  se vislumbra violación de derechos  fundamentales  o  garantías  de los sujetos procesales en condiciones tales que  den  lugar  al  ejercicio  de  la  facultad oficiosa de índole constitucional y  legal   que   al   respecto   le   asiste   a   la   Sala   para   asegurar   su  protección.   

6.  Por  último, debe recordarse que contra  esta  determinación  procede  el  mecanismo  de  insistencia de acuerdo con los  lineamientos  precisados  en  la  providencia  del  12  de  diciembre  de  2005,  proferida en el radicado 24322.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas   por  los  defensores  de  LUÍS EDUARDO FLOREZ LIÑAN y MARLON  ARIEL GUERRA MELGAREJO.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, es viable la presentación del mecanismo  de insistencia.   

Comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal  de  origen y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         GUSTAVO    ENRIQUE    MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR OTERO                                                    JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Artículo 181 de la Ley 906 de 2004   

2  Cfr.  Rad.  21042,  sentencia  de 1 de junio de 2005,  entre otras   

3  Sobre  este y otros principios que rigen la casación  puede consultarse Rad. 33559, auto de 18 de agosto de 2010   

4  Cfr.  Rad.  16472,  sentencia  de  21 de noviembre de  2002,   Rad.   31795,   sentencia   de   16   de   septiembre   de  2009,  entre  otras   

5  Cfr. artículo 379 de la Ley 906 de 2004   

6  Cfr.  Rad. 25738, sentencia de 9 de noviembre de 2006  y Rad. 31001, sentencia de 21 de octubre de 2009   

7  Cfr.  Récord  37:20  y siguientes, sesión de juicio  oral  de  31 de enero de 2012, Récord 53:30 y s.s., sesión de 2 de febrero del  mismo año   

8  Bajo  esa  perspectiva  igualmente  se hace necesario  precisar  que  los  postulados  aludidos por el Tribunal Superior de San Andrés  con  respecto  a la prueba de referencia, a partir de la cita de la sentencia de  la  Corte  emitida  el  8 de noviembre de 2007, en el radicado 26411, a la fecha  han  sido  replanteados,  para  lo  cual la Sala se remite a lo dicho en el Rad.  31614,  sentencia  de  22  de  julio  de  2009  y Rad. 38773, sentencia de 27 de  febrero de 2013, entre otros.     

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