40264(28-11-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado   acta   N°  436   

Bogotá,  D.  C.,  veintiocho  (28)        de        noviembre     de    dos    mil    doce  (2012)   

V    I   S   T   O  S   

Procede  la  Sala a resolver el impedimento  manifestado  por  la  Magistrada de la Sala Penal de Descongestión del Tribunal  Superior  de Antioquia, Doctora Yamil Cylenia Martínez  Ruíz,  dentro del trámite que se adelanta en contra  de    SERGIO   LEÓN   RIVERA   SUAREZ   y otros.   

ANTECEDENTES  PROCESALES  RELEVANTES   

1.  El  personero  municipal  de  Buriticá  (Antioquia)   denunció  ante  distintas  autoridades  que  el  alcalde  de  esa  localidad,  SERGIO  LEÓN  RIVERA  SUÁREZ, suscribió el  28  de  junio  de  2006 un contrato para la adquisición de cable, en el cual se  presentaron   varias   irregularidades,   tales   como   sobrecostos,  pago  por  adelantado,  incumplimiento  del  proveedor  en  la  entrega del material, entre  otras  anomalías,  en  las  que  se vieron involucrados particulares y diversos  servidores públicos.   

2. Cumplido el trámite correspondiente, el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Santa Fe de Antioquia, el 11 de agosto de  2011,  dictó  sentencia  condenatoria en contra de las personas vinculadas a la  actuación    al    hallarlas   penalmente   responsables,   de   la   siguiente  manera:   

SERGIO  LEÓN  RIVERA  SUÁREZ,  a título de  autor,  de  los  delitos  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales,  falsedad  ideológica  en  documento  público  y  peculado por apropiación. Le  impuso  las penas principales de setenta y dos (72) meses de prisión, multa por  setenta   y   cinco   (75)   salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas por noventa  (90) meses.   

JUAN  PABLO  RAMÍREZ  LONDOÑO,  a título de  interviniente,   de   la  conducta  punible  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y,  a  título  de  autor, del delito de abuso de confianza  calificado.  Le  impuso  las penas principales de cuarenta y cinco (45) meses de  prisión,  multa  de  cuarenta  y  seis  punto  ochenta y siete (46.87) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  en  el  ejercicio de  derechos y funciones públicas por cincuenta y seis (56) meses.   

HERNÁN DARÍO ECHEVERRI OCHOA, a  título de interviniente, de la comisión del delito de contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales.  Le  impuso las penas principales de  cuarenta  y  dos (42) meses de prisión, multa por cuarenta y tres punto setenta  y  cinco  (43.75) salarios mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por cincuenta y dos (52)  meses.   

NELSON DE JESÚS HIGUITA VÉLEZ y  JUAN GABRIEL RÍOS GUIRAL, a  título  de  autores,  del  delito  de  falsedad  ideológica en  documento  público.  Les  impuso  las penas principales de cuarenta y ocho (48)  meses  de  prisión  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas por sesenta (60) meses.   

A todos les negó la suspensión condicional  de  la  ejecución de la pena privativa de la libertad y los condenó al pago en  forma solidaria de $12.778.704, con la indexación correspondiente.   

3.  Apelada  esta  determinación  por  los  defensores  de los sentenciados, fue remitida la actuación al Tribunal Superior  de  Antioquia  para  resolver  la  alzada. Una vez en esa Corporación, mediante  auto  de  23  de  mayo  de  2012,  se  dispuso el envío de las diligencias a la  Magistrada  de  Descongestión,  Doctora Yamil Cylenia  Martínez Ruíz.   

4.  La  funcionaria  en  mención, el 31 de  octubre  de  2012, se declaró impedida para asumir el conocimiento del trámite  aduciendo  que  el Doctor Víctor Alonso Pérez Gómez, defensor de HERNÁN  DARÍO  ECHEVERRI  OCHOA,  es su  abogado   de   confianza  dentro  de  un  proceso  disciplinario.  Indicó  como  fundamento para separarse del asunto lo siguiente:   

“Si  bien  es cierto este proceso se rige  por  la ley 600 de 2000, y el artículo 99 de la obra en mención, no prevé una  causal  tan específica como sí la señala el artículo (sic) 96 numeral 15 del  Código  de  Procedimiento  Penal  actual, considero que se debe recurrir a esta  última  norma, como garantía de imparcialidad y transparencia en el momento de  tomar  decisiones,  máxime  que  en  este caso, el togado en cuestión tiene el  interés  porque  se  revoque  la  decisión  del juzgado y yo soy la Magistrada  ponente para dirimir el conflicto”.   

Asegura  que  a  raíz de la investigación  disciplinaria  seguida  en  su  contra,  ha  tenido  que  reunirse con el citado  profesional    de    derecho,    lo    que    le    ha   generado   “gratitud  por  la  defensa  que hace en mi favor” y,  en  esas  condiciones, expresa que es su deseo que no exista el  menor  asomo  de  duda  acerca  de  su  imparcialidad  a  la  hora de desatar la  impugnación.    

5.  Frente  a  esta  manifestación,  los  Magistrados,  doctores  Nancy  Ávila  de  Miranda  y Juan Carlos Cardona Ortiz,  integrantes  de  la Sala Penal del Tribunal Superior de Antioquia, indicaron que  las  causales de impedimento previstas en el artículo 99 de la Ley 600 de 2000,  normatividad  que  rige  este  asunto, no sólo son taxativas, sino que para ser  invocadas  deben  estar  debidamente acreditadas, aspectos que en este evento no  concurren.  De  esta manera, de acuerdo con el artículo 103 ibídem, remiten el  trámite  a  esta  Corporación para que dirima el particular.    

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  La  Sala es competente para resolver de  plano  el  asunto  sometido a su consideración, pues el artículo 103 de la Ley  600  de  2000 le asigna la función de resolver el impedimento proveniente de un  magistrado  de tribunal superior cuando, como en este caso, dicha manifestación  ha sido previamente declarada infundada.   

2. Ahora bien, es necesario señalar que los  motivos  específicos  constitutivos de impedimento o recusación se estatuyeron  en  desarrollo  del  principio  de  imparcialidad,  con  el fin de garantizar al  conglomerado  social que el funcionario judicial llamado a resolver el conflicto  jurídico  es ajeno a cualquier interés distinto al de la recta administración  de justicia.   

Por  tal  motivo,  la  manifestación  de  impedimento  debe  ser  un  acto  unilateral, voluntario, oficioso y obligatorio  ante  la  convergencia  de  cualquiera  de  las  causales  que  de modo taxativo  contempla  la  ley  para  negarse  a  conocer de un determinado asunto y, por lo  mismo,  debe  estar  soportada  dentro  de  los cauces del postulado de la buena  fe1,  pues  este instituto no debe servir para entorpecer o dilatar el  transcurso  normal  del  proceso  penal  o para sustraerse, indebidamente, de la  obligación de decidir.   

2.  La  circunstancia  invocada   por   la  Magistrada     de  descongestión  del Tribunal  Superior  de Antioquia para apartarse del conocimiento  de    la    actuación  -así  lo  reconoce  ella  misma  y  lo recalcan los demás integrantes de la Sala de Decisión-,   no   está  prevista  literalmente      en     el  artículo  99  de  la Ley 600 de 2000  como     causal    de  impedimento,   entonces,  una    aproximación    exegética    a     la  figura         llevaría         inexorablemente   a   concluir   en  la  improcedencia   de   tal  manifestación.      Sin      embargo,  al  plantearse  en  ella variables con  incidencia  en  la  imparcialidad  y  ecuanimidad  de  la  administración de  justicia,   resulta   válido   y   por   demás   insoslayable   verificar   su  alcance,   en   aras  de  salvaguardar  la vigencia de esta garantía fundamental, si es que existe riesgo  o     algún     tipo  de   injerencia   en  la  rectitud   e   independencia   que   deben   guardar  los   jueces  llamados  a  resolver    el    caso.   

No  es  que  la  taxatividad  y  prohibición  de  analogía en la aplicación de las causales de  impedimento   quede   relegada,   ni   mucho   menos,   sino   que  en  el  caso  sometido  a consideración  confluyen    aristas  especiales  que  deben ser  objeto    de   escrutinio   de   cara   a    principios    que    demandan    una   orientación   en   tal  sentido.   

3. Así, no puede  pasar    desapercibido    que    la    situación    fáctica    expuesta    en   la   manifestación   de  impedimento  contrae  factores que permiten vislumbrar  cómo  el  ánimo  de  la  funcionaria     podría     estar     afectado  por  una coyuntura   con  la  facultad  de  permear  la irrestricta aplicación del  ordenamiento jurídico:   

El   hecho  de   que   uno  de  los  defensores   en   esta   actuación  a  la  vez  sea  abogado    de    la  funcionaria  en otro proceso, genera inquietud en la  transparencia    del    presente   trámite   por   el   vínculo   que    ella    asevera   surgió   con  ocasión  del  mandato profesional allí encomendado,   el  cual  si  bien  por regla general debe mantenerse al margen de cualquier  otra   consideración,  es  factible  que  de  lugar  a    sentimientos    de    aprecio    -o   incluso  de  censura-   por   la   naturaleza   emocional  propia   del  ser  humano  cuando  se  trata  del  ejercicio  y  salvaguarda  de        sus       propios       litigios.     

Por   lo   tanto,   en   el  sub  examine  las razones aludidas por la  Doctora   Martínez  Ruíz  superan  el  alcance  gramatical  restringido  del artículo 99 de la Ley 600 de  2000,  y  ponen  en  evidencia  la  materialización  del  impedimento,  pues es  imperioso  su  reconocimiento  ante  la  necesidad  de  asegurar la garantía de  imparcialidad  que  se  pretende  proteger  con el instituto, contexto que en el  pasado ya había sido examinado por la jurisprudencia:   

“…Para la Corte es claro que el hecho de  ser  el  defensor  del procesado el mismo abogado que representa al Juez en otro  proceso,  podría  tener  incidencia  en la ecuanimidad y transparencia que debe  reinar  en  la  administración de justicia, pero no por ese hecho objetivamente  considerado, sino cuando converge una de estas circunstancias:   

4.1-. Que actualmente el Juez sea deudor del  abogado con ocasión de sus honorarios profesionales.   

Eventualidad  que  constituye  la  causal  autónoma  de  impedimento  prevista  en  el  numeral  2°  del artículo 99 del  Código de Procedimiento Penal.   

4.2-.  Que  entre  el  Juez y su apoderado,  ahora  defensor  del  procesado,  se  hayan gestado lazos de amistad suficientes  para perturbar la independencia del funcionario judicial.   

Posibilidad   contemplada   como   causal  autónoma    de    impedimento    en   el   numeral   5°   del   artículo   99  ibídem.   

Sobre el mismo tema, confrontar, además del  anterior:  auto  del  16  de  noviembre de 1990, M.P. Dr. Jorge Enrique Valencia  Martínez;  y  auto del 3 de diciembre del mismo año 1990, M.P. Dr. Juan Manuel  Torres                 Fresneda.”2   

Se   trata,   entonces,  de  una  postura  hermenéutica  que  ya  ha  sido  contemplada  por  la  Corte  en atención a la  importancia  de  resguardar  la garantía a un juicio imparcial y justo, derecho  fundamental   reconocido   en   distintos  Tratados  Internacionales3 aplicables en  virtud  del  principio  de integración previsto en el artículo 2 de la Ley 600  de  2000.  Y  es  que  no  puede  pasarse  por  alto, se insiste, que la Doctora  Martínez  Ruiz,  de  forma  expresa,  develó  que la citada relación profesional ha originado un trato que  trascendió  a  la  cordialidad  y reconocimiento hasta llegar a la gratitud, lo  que  razonablemente  permite  inferir  como su ecuanimidad puede verse afectada,  toda  vez  que esa asociación cliente-abogado es apta para propiciarle interés  en  el  asunto (causal primera) o, según se anotó, ocasiona que sea su deudora  (causal  segunda),  o  porque la afinidad de intereses laborales e intelectuales  en  el  proceso  disciplinario  obnubilaría  su  capacidad de decisión (causal  quinta), debido a la defensa desplegada en su causa.   

Por  eso  es  que  esta  circunstancia  fue  regulada  por el legislador penal, y en la Ley 906 de 2004 constituye una causal  autónoma  de  impedimento:  “Que  el juez o fiscal  haya  sido  asistido  judicialmente, durante los últimos tres (3) años, por un  abogado  que sea parte en el proceso” (artículo 56,  numeral 15).   

4.  Recapitulando,  si  bien  es cierto las  causales  de  impedimento  son  taxativas  y  en este trámite no son aplicables  prima   facie   aquellas  previstas  en  la  Ley  906  de  2004, por tratarse de un proceso sometido a los  lineamientos  de  la  Ley  600  de  2000,  en  este  evento concreto las razones  esbozadas  por  la  Magistrada  de  descongestión se aprecian válidas desde la  teleología  del instituto, contando con la virtualidad de encuadrarse en varias  hipótesis  de  esta  última  codificación  que  dan  lugar  a  separarse  del  conocimiento  del  caso, pese a no haber sido invocadas con esa denominación, y  sobre    su   alcance   existe   precedente   jurisprudencial   que   las   hace  admisibles4.   

Igualmente,  la funcionaria que se declaró  impedida   indicó   de   manera  expresa  cómo  su  neutralidad  se  encuentra  comprometida  por  el  agradecimiento  que,  dice,  le  prodiga  al defensor del  procesado       ECHEVERRI       OCHOA,   en   un  escenario   tal  que  puede  afirmarse  que esa manifestación supera la cortesía de las relaciones sociales  y  constituye  el reconocimiento de un suceso que, eventualmente, puede poner en  vilo  su  imparcialidad,  desdibujándose  la  garantía de ecuanimidad que debe  transmitirse no sólo a las partes sino a toda la sociedad.   

Así, esta Colegiatura estima viable acceder  al  impedimento  manifestado,  pues  el motivo que imposibilita a la funcionaria  judicial   actuar   con  objetividad,  lejos  de  ser  impreciso  o  figurar  en  afirmaciones  abstractas,  aparece  claramente  concretado  en  los sentimientos  derivados  del proceso disciplinario al que hizo alusión, con las consecuencias  que en derecho ello acarrea.   

Ningún  elemento  de  juicio se tiene para  concluir,  al  contrario  de lo que apreciaron los demás integrantes de la Sala  Penal  del Tribunal Superior de Antioquia, que esta es una expresión carente de  contenido  porque  la  llamada  a  resolver  el conflicto es quien se encarga de  proponerlo,  al  aceptar  la  presencia  de  una  intrusión en su carácter, de  índole  personal,  que  precisa  el  que sea marginada del asunto. Lo anterior,  porque  la  figura  del  impedimento constituye un instrumento procesal que debe  aplicarse  teniendo  en  cuenta  el  respeto a los derechos fundamentales de los  intervinientes  y  de  acuerdo  con  la  necesidad  de  lograr la eficacia de la  administración          de         justicia5,  lo  que  impele a buscar la  efectividad      del      derecho     sustancial6         como   criterio    de   interpretación   de   las  normas  que  lo   

consagran   y   desarrollan7.    

5.  Las  anteriores son razones suficientes  para  que la Magistrada YAMIL CYLENIA MARTÍNEZ RUIZ se  separe   del   conocimiento   del   presente  asunto,  comoquiera  que,  al  encontrar la Corte acreditados  los  motivos de impedimento alegados, lo declarará fundado.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

PRIMERO:             DECLARAR         FUNDADO   el   impedimento    manifestado    por    la  Magistrada  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  de Antioquia, Doctora Yamil Cylenia  Martínez  Ruiz.  En  consecuencia,  se le separa del  conocimiento    de    este    proceso.   

SEGUNDO: Devolver  la  actuación  al Tribunal Superior del Distrito Judicial de Antioquia para que  se   integre   la   Sala   de   Decisión   que   habrá   de   continuar   este  trámite.   

TERCERO:  Contra  esta decisión no procede recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                 FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                       GUSTAVO    ENRIQUE    MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                           JULIO    ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Artículo 16 Ley 600 de 2000   

2  Rad. 19797, auto de agosto 27 de 2002   

3  Declaración  Universal de los Derechos del Hombre de  1948,  artículo  10;  Pacto  Internacional  de Derechos Civiles y Políticos de  1966,  artículo  14,  numeral  1  (Ley  74  de  1968); Convención Americana de  Derechos Humanos de 1969, artículo 8, numeral 1 (Ley 16 de 1972).   

4  Además de los autos consignados en precedencia puede  consultarse  el  Radicado  36936, auto de 13 de julio de 2011, cuya ratio  decidendi  es la que se aplica en  este evento por tratarse del mismo tema a resolver.   

5  Artículo 9 Ley 600 de 2000   

6  Artículo 16 ibídem   

7  Artículo 24 id.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *